Lo logré. Le conté a alguien mi historia. Ahora solo resta...
—Yuuri.
—Sí, mi nombre, yo– ¿uh?
—Eres Yuuri. Yuuri Katsuki, el hermano de Mari Katsuki... El pequeño por el que el espíritu de una mujer japonesa que se mueve a través del agua asesina a quienes han quedado impunes de crímenes... Yuuri, la razón de que Bloody Mari, exista.
Tengo la boca abierta.
—Tú eres... Bloody Yuuri.
Me río.
—¿Bloody Yuuri? Ese es un apodo cruel, considerando cómo morí.
—Lo lamento —susurra Viktor.
—¿Por qué no has salido corriendo?
—Porque no me harás daño.
—Cierto —asiento y miro hacia el cielo—. Gracias.
—¿Por escucharte?
—Por hacerme compañía, y liberarme.
—¿Liberarte?
—Sí —lo miro, suspirando—, en cuanto este día termine, la dama de negro vendrá a llevarme al otro lado.
—¿Qué? ¡No! —Viktor me sorprende con su reacción y estira su mano hacia mí, que me traspasa sin más. Jadeando, traga saliva—. No puedes... ¡Yuuri no puede irse!, ¡no puedes dejarme solo!
—No estás solo —le aseguro—, todas esas personas de las que me hablaste...
—¡Ninguno de ellos es Yuuri!, ¡me niego a que te vayas!, ¡no puedes desaparecer!
Lo miro largo y tendido. Él intenta tocarme una segunda vez, obviamente sin éxito y se desespera.
—¡Yuuri!
—Viktor, llevo doce años vagando entre el cementerio y esta plaza. Doce años esperando a un ser bondadoso que quisiera oírme... Eres mi salvador.
—¡Me convertiré en tu verdugo si así consigo que te quedes a mi lado!
Niego con la cabeza.
—Por favor... ¡Por favor quédate cerca de mí y no me dejes nunca!
Me pongo de pie, y el vuelve a tratar de tocarme. Sus desesperados intentos y el cómo sus brazos tocan la nada que es mi cuerpo material me incomoda.
—Deja de hacer eso, por favor.
—¡YUURI NO PUEDE SER TAN EGOÍSTA!
Su grito es tan potente y las lágrimas cayendo de sus ojos tan inesperadas, me dejan paralizado. Trago en seco y tiemblo.
—Sí, soy egoísta —concedo— deberías irte —digo después—. Tienes toda una vida por delante... Regresa a casa...
—¿¡CÓMO ME PIDES QUE ME VAYA SABIENDO QUE NO TE VERÉ MÁS!?
Me enfado.
