Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a sus creadores.

Makoto nunca pudo cuidar de alguien tan dedicada y cariñosamente como lo hacía con Haruka.

Empezó a darse cuenta de que sus sentimientos iban hacia otro rumbo para con su amigo el primer año de preparatoria, claro que nunca fue como si no le gustaran las chicas, pero él no tomaba el sentimiento de amar a alguien tan a la ligera, no era un romántico en ese sentido como Rin lo era, de hecho se consideraba a sí mismo como un torpe en el ámbito, sin embargo, sabía muy bien la diferencia entre amar y querer, por lo que atesoraba ese sentimiento como su todo.

El imaginarse un día sin estar al lado de su mejor amigo lo hacía sentir incómodo y algo desorientado por lo que rechazaba lo que fuese para no truncar su rutina. Realmente apreciaba el tiempo que pasaba con él. Cuando una chica se le confesaba, muy a pesar de que no le gustaba hacer o ver llorar a una chica, no tenía otro remedio más que rechazar sus sentimientos de manera rápida y cuidadosa.

Para la perspectiva de Makoto, Haruka nunca presentaba un mínimo interés por las chicas o los temas banales de romanticismo y sus derivados, parecía que a pesar de su popularidad con las chicas, casi igual que la de Makoto, realmente los sentimientos de las chicas lo tenían sin cuidado. Y el oji esmeralda tenía toda la razón puesto que según todos sus amigos, lo único que el azabache necesitaba para sobrevivir era agua, caballa y Makoto. El castaño ante esa suposición simplemente se sonrojaba y sonreía divertido.

Conforme los años pasaban, ambos parecían vivir en una burbuja rutinaria donde terceros parecían no ser invitados, y los únicos que entraban en esa burbuja notaban la fuerte unión que estos tenían.

La única pelea que fue bienvenida en esa burbuja había sido expulsada en menos de una semana. Y eso no cambio inclusive al entrar a la universidad, la época cuando se mudaron a Tokio.

Para Makoto esa estabilidad era sumamente satisfactoria, vivía ajeno a todo lo demás que no fuese cumplir su sueño y el tener a la persona que amaba cerca de él, realmente era feliz. Haruka parecía aceptar aquello casi de manera natural por lo que Makoto podría vivir así para siempre y no tener conflicto con aquello.

Nunca supieron que eso cambiaría al cumplir los veintitrés años.

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-Hola, ¿Cómo te fue en tu viaje? ¿Te divertiste? - pregunto un feliz ojiverde a su amigo que ordenaba unas cosas en su estancia del departamento sacándolas de una gran maleta azul.

Antes de agacharse para poder ayudarle a su amigo a ordenar, pudo identificar un ruido hecho por una tercera persona, la misma que salía de la cocina de Haruka ante la sorpresa del castaño.

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Por condiciones de la carrera que estudiaba, el azabache tenía que viajar algunas veces para poder probar sus habilidades con profesionales internacionales, y ese día no era la excepción, puesto que el mayor había llegado horas antes de un viaje no muy lejos del mismo Japón.

Makoto tenía la costumbre de ir por su amigo al aeropuerto para recibirlo cada vez que salía fuera, pero justo ese día, varias tareas universitarias se le habían acumulado por lo que telefónicamente se había disculpado con su amigo avisando ir en la tarde a visitarlo.

Al entrar sin avisar al departamento de su compañero como siempre lo hacía (desde que ya no tenía sentido tocar ya que siempre el ojiazul dejaba abierta la puerta para él) pudo percatarse de dos pares de zapatos en la entrada, los de su amigo, y unos que pertenecían claramente a una chica.

Y efectivamente…

Una chica muy bonita de cabello castaño, ondulado y largo hasta la cintura, ojos mieles, piel blanca y algo alta, se acercaba hacia ellos con timidez en el semblante.

Esta al verlo lo saludo cortésmente mientras se mostraba educada haciendo reverencia.

Makoto aun sorprendido, como el caballero que era, saludo a la chica igualmente algo torpe.

-Mucho gusto mi nombre es Nakamura Mikoto, pero puedes decirme Mikoto, es un gusto al fin conocerte- saludo la chica.

-Mucho gusto… Mikoto…, yo soy Tachibana Makoto, pero también puedes llamarme por mi nombre…- respondió algo desorientado.

El ojiverde sentía algo extraño formarse dentro de él, un sentimiento angustioso que le hacía doler el pecho, un miedo empezaba a apoderarse de su cuerpo.

Dias antes de la llegada de su amigo, cuando dormía pequeñas siestas por las tardes después de la universidad, el ojiverde despertaba alterado por una intranquila sensación de roce en sus labios. Su mente se imaginaba lo que aquello podía significar pero le parecía absurdo al conocer perfectamente a su amigo, por lo que se esperaba hasta que la sensación se fuese de sus labios poco a poco….

Su tranquila vida diaria había terminado.

A pesar de estar frente al delfín, la voz de su amigo hablándole parecía distante a sus oídos.

-Makoto…-

El castaño simplemente no podía creerlo, probablemente estaba dormido o algo, su corazón se aceleraba asustando sus sentidos.

-Mikoto es… -

No era cierto

-Es mi novia...

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Quería que fuese una gran mentira.

Una mentira, un sueño o una broma muy pesada. Más sabia que Haruka nunca se prestaba para bromas.

Miraba por la ventana de la cafetería de la universidad hacia el cielo. Su bandeja de comida seguía intacta, realmente su apetito se había esfumado.

Se sentía extraño.

El día anterior torpemente había tratado de conocer un poco más a su nueva "cuñada", que resultó ser una persona tan linda e inocente que simplemente no pudo odiarla. Al verse sumamente frustrado, decidió dejar a la mitad su comida hecha por la misma, y simplemente abandono el hogar del azabache con la pobre excusa de que "tenía algo que hacer".

Por supuesto su mejor amigo pudo ver la mentira tras sus excusas, pero al verse distraído por la chica se despidió de él con cara de aceptación a medias.

Makoto no sabía si esa habilidad que tenían los dos de poder leer sus pensamientos con una mirada terminaría siendo algo muy bueno o algo muy malo para él. Tras su despedida cerró la puerta del departamento de su amigo para correr al suyo a pesar del mal tiempo que avecinaba la ciudad.

Simplemente suspiro por centésima vez en lo que llevaba del día, dejo de mirar hacia la ventana y se levantó de su asiento para irse a clases ignorando completamente su alimento intacto encima de la mesa.

...

El ojiverde caminaba por los pasillos del instituto tratando de enfocarse en lo aprendido de la clase que acababa de tener. El mantenerse ocupado sería una buena opción para disipar la tristeza de su corazón.

Sin siquiera saberlo, su amor de la infancia había rechazado sus sentimientos sin tener conocimiento de estos.

Tendría que superar su amor no correspondido y ser feliz por su amigo, después de todo no todo estaba perdido, tendría la amistad de su amigo para siempre y con eso le bastaba.

Decidió rendirse.

Por su bien y el de los dos.

Mientras estuviera al lado de Haru, viéndolo cumplir sus sueños a la par que el cumplía los suyos todo estaría bien para él. La amistad se basaba en el apoyo, en las buenas y en las malas, y él sería eso y más.

Ese había decidido que sería su plan para superar su enamoramiento de años más había olvidado un detalle muy importante…

Antes de llegar a la salida del instituto paro en seco.

Su estómago se revolvió bruscamente y su corazón dolió al sentir un leve roce en sus labios. El roce se fue prolongado por un momento hasta hacerse más fuerte y sensible en sus labios.

Makoto sabía lo que eso significaba y el pecho le empezaba a doler en demasía, quería que la sensación desapareciera como anteriormente pasaba, pero esta simplemente no se iba, y eso también significaba una cosa.

Un beso sumamente profundo….tal vez.

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-…- Haruka realmente estaba anonadado. Mikoto prácticamente le había robado un beso mientras caminaban de regreso a la universidad.

La chica se aferraba con algo de fuerza hacia su persona intensificando el beso e incomodándose un poco.

Anteriormente ya se habían dado besos, pero estos eran apenas un roce que no le hacían sentir nada. El ojiazul supuso que en los noviazgos esos momentos tenían que pasar, Mikoto era su primera novia por lo que pensó en aprovechar cada instante para poder "experimentar".

Dejo a Mikoto hacer su voluntad aceptando el beso.

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El ojiverde empezaba a desesperarse.

No le gustaba para nada esa sensación.

Apresuro el paso para poder salir rápido del instituto empezando a rasgarse los labios con sus uñas en desesperación por alejar la sensación, lagrimas por si solas empezaban a salir de su ojos sin percatarse de que gracias a sus uñas había logrado hacerse pequeñas cortadas en sus labios que empezaban a sangrar.

Tan distraído iba para poder salir rápidamente del edificio que no se percató de que chocaría con un compañero suyo hasta que este estuvo en el suelo maldiciendo.

-¡OYE IDIOTA!, FIJA….-el chico callo su queja al percatarse de los ojos llorosos y la boca sangrante de su compañero que lo miraba de reojo algo alterado.

-Oye…,e-estás bien?- poco le importo al chico frente a Makoto que este le hubiese tirado ante todos sus amigos, puesto que la apariencia del castaño era la de alguien que acabase de ser asustado por algo grave.

-¿Oye… tu eres de nuestra clase no?- comentaba ahora un chico rubio más alto que el ojiverde que se situaba a lado del otro que había sido arrollado literalmente por el castaño. El chico que yacía en el piso se levantó de este algo aturdido sin quitar la vista de Makoto.

-Pe-Perdón… - se disculpó Makoto sin seguir con la plática o respondiendo siquiera la incógnita del chico más alto que él, siguió su camino mientras tapaba su boca un poco menos alterado, ya no sentía el roce profundo de antes, pero ahora le ardía la boca entera.

A pesar de que todo había sido muy rápido, para el habían sido los momentos más eternos y agobiantes de su vida.

Al llegar a su departamento se dirigió a su cuarto rápidamente, dejo su mochila a un lado de su cama acostándose en está y mirando hacia el techo algo perdido con leves cortadas en los labios que empezaban a hincharse un poco.

Fue entonces cuando un recuerdo invadió su cabeza atrayéndolo a la realidad. Su bizarra realidad.

¿Qué harás cuando él se enamore?

Recordó las palabras de su amigo pelirrojo

Esa habilidad te hará sufrir

Las palabras de Rin en aquel entonces no le hicieron pensar mucho, aquel entonces, cuando todo seguía su curso y no tenía que preocuparse de que su amigo lo fuese a hacer sufrir.

A ti te gusta el ¿no?

Makoto se mentiría así mismo si dijera que le gustaba su amigo.

A él no simplemente le "gustaba" su mejor amigo, el ojiverde AMABA a su mejor amigo. Y en el mayor sentido romántico posible.

Había aprendido a aceptar ese sentimiento con el pasar de los años a pesar de las consecuencias que le trajera en el futuro, ya fuese el rechazo social o el de inclusive sus seres queridos. Pero nunca creyó que entre una de esas consecuencias al amar tan fuerte a su mejor amigo, serian el sufrir un dolor tan extraño y horrible como el que sentía en ese momento.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un sonido agudo que interrumpió su trance.

El timbre estaba sonando.

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El hecho de tener visitas sin aviso previo se le hacia sumamente extraño, por lo que rápidamente espabilo y limpio con la manga de su camiseta las pocas lagrimas que empezaban a salir de sus ojos esmeraldas para poder dirigirse a abrir la puerta.

Y ahí estaba

La razón de todos sus complejos se encontraba afuera de su puerta con el ceño fruncido y sorpresa en su mirada.

-¿Qué te paso?- pregunto el ojiazul con el ceño enfocado en la boca de su amigo y en sus ojos semillorosos.

Maldición.

El ojiverde había olvidado el punzante dolor de su boca hasta que su amigo se lo hubo recordado. Había olvidado el hecho de que gracias a su desesperación, ahora parecía haber peleado con un gato realmente furioso.

-¿Esto? Nada grave, tropecé en la salida de la universidad tirando a un compañero de mi clase sobre la banqueta- Por lo menos había cierta verdad en su excusa –Fue muy doloroso por cierto- trato de disimular una pequeña risa, como si realmente hubiese pasado algo muy gracioso.

El más bajo lo miro unos segundos más para después suspirar y pasar a la casa de su amigo como si sus visitas, fuesen cosa de diario.

-Ten más cuidado, sueles ser algo torpe en ese aspecto-

-Lo tendré en cuenta- término la pequeña plática el castaño cerrando su puerta detrás de sí.

...

Makoto y Haruka se encontraban sentados en el piso de la pequeña estancia del castaño, cada uno frente al otro como siempre lo hacían en sus pláticas más serias.

Al no ver iniciativa en el azabache de empezar una plática, el castaño decidió aclarar ciertas dudas por su cuenta.

-Así que, Mikoto… ¿Cómo paso?- empezó a cuestionar el más alto con una sonrisa fingida y tranquila a la perfección.

-También nada, va a la universidad conmigo- afirmo para callar enseguida. Al ver el rostro del castaño de querer saber más acerca de su vida de noviazgo continúo hablando algo fastidiado.

-No fue la gran cosa, realmente, ella me hablo primero muy insistente…, empezamos a tener pequeñas pláticas hasta que ella se confesó primero y la acepte, nunca pensé que le gustara en ese sentido…-

-¿Y a ti te gusta en ese sentido?- interrumpió preguntando el castaño algo cabizbajo y con la vista tapada por su cabello algo crecido, realmente necesitaba saberlo, aunque esto le destrozara por completo.

El de ojos zafiro alzo la mirada algo confuso y levemente ruborizado, realmente esos temas no se le daban bien, pero Makoto era alguien importante para él, por lo que al igual que su amigo solo pudo bajar la mirada a algún punto muerto de la mesa frente a ellos para contestar algo irritado.

-No me desagrada- concluyo cabizbajo y con el cabello tapando su vista. –Algún día tenía que pasar, ya no somos niños-

Ambos seguían con la mirada baja perdidos cada quien en su mundo y mirando la mesa como si fuese lo más interesante del universo.

El sonido de las cigarras avecinando la noche entraban profundamente al departamento por lo que el ambiente momentáneamente se tensaba.

-Perdón por no habértelo contado…-

-Te felicito- el castaño alzo la mirada para poner la sonrisa más grande que su rostro le permitió hacer – al parecer serás en primero de los dos en tener novia, llevas mucha ventaja, tendrás que aconsejarme en un futuro ne?... Haru-chan- realmente intentaba sonar lo más creíblemente posible ante su sorprendido amigo. Jugaba con fuego al mirar los ojos del contrario, se arriesgaba a destapar su verdadero sentir ante el otro.

Haruka solo pudo volver a su estoica mirada –Deja el chan…. - sentencio dando por terminado el tema.

Makoto sonrió nuevamente al verse salvado para después seguir hablando de trivialidades con su mejor amigo, nada en el mundo cambiaría eso, su amistad, desgraciadamente para el más alto, era algo irrompible que ahora era seguro, duraría una vida.

Para Makoto la contestación desinteresada de su mejor amigo, había sido la mejor prueba que pudo obtener para saber cómo le iría de ahora en adelante.

Al irse Haruka de su casa despidiéndose secamente como siempre pero con un aura más tranquila, se acostó nuevamente en su cama pero esta vez, solamente unos segundos fueron suficientes para que de sus ojos descendieran grandes y gruesas lagrimas saladas, que estas se aumentaron al recordar que su mágica habilidad siempre le recordaría que la persona que amaba, era amada por alguien más…

Que correspondía a alguien más…

Su llanto se intensifico pesadamente hasta quedar dormido.

Continuara….