Disclaimer: Los personajes de este Fic no me pertenecen.

PD: Me tarde un poco en subir la continuación ya que como siempre, la inspiración venía y luego se iba, venía y se iba… en fin siempre que escribo escucho algo de Psyko Punk o de Segal xp (Y) (Y) . Y muchas gracias por sus reviews! XD, en serio me sentí bien potato al leer algo del manual de fanfiction, aunque todavía no lo manejo muy bien XD y por el rating a lo mejor me regañen ya que manejare temas algo fuertecillos Dx.

Sin más Arigatou! :3333

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-¿E-Estas seguro que es igual a tomar una bicicleta?...-

-¡Si descuida!, solo que no presiones tan fuer….-

-¿Qué? Es…pe… ¡RAAAA!...-

Takashi con los ojos totalmente abiertos veía al castaño acelerar encima de su negra motocicleta después de haber jalado bruscamente el gatillo de arranque haciéndolo avanzar sin reparo alguno, mas sin embargo su preocupación se disipo después de ver como Makoto con casi nada de dificultad tomaba control de esta.

Al parecer el ojiverde aprendía rápido…


Mientras los días pasaban, Makoto fue acostumbrándose a tomar un nuevo tipo de rutina descabellado junto con sus nuevos amigos universitarios.

Había días que al salir de la universidad, solían ir a cualquier parque para practicar saltos estilo "parkour" o simplemente perder algo de tiempo charlando de cosas triviales o aventuras un tanto escandalosas de Kentarou. Makoto al principio solo observaba con el ceño fruncido y preocupado que nadie fuera a lastimarse haciendo saltos de bardas tan altas, pero tiempo después se había aventurado a practicar un poco aquel "deporte" terminando por gustarle en algún punto.

Yuki solo se carcajeaba internamente al ver como grupos de chicas se amontonaban en aquel parque para ver a su novio, Kentarou y a otros chicos, pero sobre todo a Makoto, haciendo ejercicio, puesto que este en su inocencia en determinado tiempo terminaba quitándose la camisa a diferencia de los otros para continuar con lo suyo totalmente al margen de lo que causaba a tercero(a)s.

También algunas noches solían andar en la moto de Takashi.

El oji gris al parecer, tenía un gusto por las carreras y en las noches donde no iban al antro, solían ir a autopistas cerradas a carreras clandestinas a simplemente hacer competencias un tanto tranquilas para matar el tiempo y ganar algo de dinero.

Makoto, al igual que con lo de los saltos, se mostraba un tanto reacio el asistir a ese tipo de eventos un tanto peligrosos, más sabia que últimamente hacia un tanto más de caso a sus impulsos que a su raciocinio.

Cuando finalmente cedió, se encontró a si mismo aprendiendo a andar en moto anotando otra cosa nueva a su lista de cosas que nunca se imaginó hacer. El sentir el viento chocando contra su rostro simplemente era algo que le gustaba, para él era lo igual a volar. Tan peligroso pero liberador a la vez.

Otros dias, en su intento por evitar un poco la soledad, simplemente acompañaba a Yuki de compras.

Takashi no se consideraba el típico novio que se prestaba a cargar las bolsas de su novia y esperaba por horas mientras hacía compras, según este, "simplemente no era lo suyo", y al no ser un tipo celoso al confiar plenamente en su novia se sentía tranquilo al saber que el oji esmeralda la acompañaba puesto que así nadie se animaría a acercársele, además de saber que este tenía el equivalente de su propia fuerza para protegerla de cualquier cosa.

Y en cierto punto a Makoto le agradaba.

Tantos nuevos rostros, nuevos desafíos, nuevas distracciones.

Aunque por supuesto que no todos los dias eran de fiesta.

A pesar de la actitud totalmente desinteresada por las clases de sus compañeros de ocio, Makoto no faltaba un solo día a la universidad, por muy fuertes resacas que tuviera, su sentido de responsabilidad hacia todo lo que tuviera que ver académicamente, seguía intacto.

Todas esas distracciones probablemente lo hubieran hecho realmente olvidar su situación con el ojiazul, mas este aun lo hacía sufrir realmente sin intentarlo.

A pesar de haber tenido años de práctica para manejar las sensaciones de Haruka en su cuerpo, ahora cuando las sensaciones del azabache aparecían y estremecían su piel poniéndola de gallina, no sabía si manejarlas para bien o para mal. Al saber que estando ellos dos solos en la grande ciudad solo había una persona que las podía provocar, vivía con un poco de agonía en su interior.

Se sentía un poco masoquista el a veces imaginar el cómo sería el vivir a flor de piel las relaciones sexuales sin realmente estar haciéndolo. Al planteárselo terminaba con el estómago revuelto y mucha confusión dentro de sí.


Cuando sabía que eran abrazos…

Si se encontraba solo, simplemente terminaba dándose un baño para dispersar la sensación de su piel. Cuando estaba con sus compañeros, simplemente tendía a aceptar la sensación con mucho dolor en su corazón hasta que esta se disipaba.

Cuando sabía que tomaban su mano…

Si se encontraba solo, rasgaba sus muñecas hasta hacerlas sangrar para concentrarse en otro tipo de sensación, prefería el dolor de sus brazos sangrantes al cariño de la tercera. Si se encontraba con sus compañeros, se concentraba plenamente en lo que estaba haciendo para ignorar el roce, ya fuese estando en moto o haciendo ejercicio.

Cuando sabía que eran besos…

Si estaba solo, la mayoría del tiempo la ira lo dominaba aventando contra la pared todo lo que se interpusiese en su camino, sintiéndose mal consigo mismo después, o rasgándose la boca hasta que la sensación pasara. Si estaba con sus compañeros, simplemente apretaba sus labios fuertemente optando en alguna parte de su camino, por la nueva alternativa del fumar.

Sabía que estaba mal, sabía que se estaba perdiendo así mismo….

Aun así prefería desquitarse entumeciendo un poco la boca a aguantarse y desgarrarse los labios… a pesar de sentir un dolor muy grande, ya no se permitía a si mismo el llorar.


Aunque Makoto internamente seguir luchando consigo mismo, había tomado la costumbre de asistir a todo tipo de antros con sus compañeros por las noches.

Los primeros intentos de beber siempre habían terminado con el totalmente ebrio.

Casi siempre amanecía tirado en la puerta de su departamento, algunas veces hasta con golpes en algunas partes del cuerpo no recordando nada del día anterior.

Después de aquellos primeros intentos, se fue acostumbrando hasta controlar su consciente llevando la sensación de entumecimiento a su cuerpo en vez de almacenarlo en su cabeza.

Amaba cuando su mente estaba fuera de sí y se hundía fuertemente en la música de aquellos lugares. Veía como en cámara lenta, las personas también parecían olvidar sus problemas y se dejaban llevar al igual que él…

Él solo cerraba sus ojos y se dejaba llevar hasta no saber de sí mismo.

A veces bailaba solo, mientras otras ocasiones bailaba con gente desconocida.

También en esos dias había aprendido a lo que Kentarou se refería al momento de hablar de "hierba", aunque en cierto punto ya se lo esperaba.

Cuando entraba en algunos lugares, en antros subterráneos o los mismos que frecuentaban, veía como sus compañeros entraban en concurridas habitaciones, algunas decoradas y otras no, llenas de humo de olor fuerte que lo mareaban.

Makoto no era ningún tonto.

A pesar de su inocencia en esos temas, leía libros y veía muchas películas, por lo que prefería solamente observar hasta que les pasaba el efecto a sus colegas.

Todos los demás aceptaban y respetaban la decisión de Makoto puesto que le habían agarrado cariño a este.

Cuando Yuki y el azabache se ponían extremadamente cariñosos gracias a líneas blancas que inhalaban, el ojiverde prefería irse con Kentarou a charlar en la barra. Y a veces al encontrarse con un Kentarou demasiado relajado y perdido, prefería salir del club a fumar simples cigarros.

Anteriormente en las visitas al parque, odiaba ver fumar a sus compañeros de clase, el castaño aun contaba con sus valores esenciales, pero simplemente lo aceptaba ya que su filosofía era aceptar a los amigos con sus defectos, más un día de aquellos donde no pudo evitar sentir un roce demasiado prolongado en sus labios, en su desespero opto por averiguar si el fumar le tranquilizaría hasta que la sensación desapareciera.

Así fue como termino aprendiendo a fumar. Utilizando el tabaco como una especie de disipador.

Al haberse acostumbrado a la sensación, se había encontrado consigo mismo fumando sin siquiera requerirlo, por lo que sabía que ese disipador, se había vuelto una acción cotidiana de relajación. Probablemente una leve adicción.

Toda la experiencia ganada era una nueva experiencia de libertad. Libertinaje.

Fiestas, el desenvolverse, ir de acá para allá sin ningún tipo de remordimiento, conducir motocicletas ajenas, el beber, el fumar, conocer gente nueva, toda esa combinación de adrenalina que lo hacían olvidarse del dolor en su pecho y la incertidumbre.

Olvidarse de la persona que amo y que trato de proteger como a un tesoro toda su vida y que ahora le hacía sufrir cada vez que su cuerpo se lo recordaba.

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Haruka tenía tiempo sin ver a Makoto.

Desde la vez que se le había caído el celular después de salir de aquel tren en la estación, pocas veces había hablado con Makoto.

Los celulares nunca habían sido su fuerte. Y ahora menos que su pantalla no se podía ver tan claramente.

Ni siquiera respondía los mensajes de su novia, puesto que lo veía algo innecesario al pasar todo el día con la castaña. Obteniendo siempre a cambio una queja triste por parte de esta.

A pesar de la falta de comunicación telefónica, Haruka frecuentaba la casa del ojiverde, a veces por las tardes, otras veces por las noches, mas siempre terminaba regresando a su departamento con la sensación de estarse perdiendo de algo al no encontrarlo nunca en su hogar.

Una vez hasta había llegado a patear la puerta de este al sentir cierto coraje subírsele a la cabeza. Más terminaba viéndolo como un acto patético en su inútil intento por descargar su furia injustificada con algo.

Sabía que una sola llamada serviría para disipar todas sus dudas, mas últimamente sus pláticas telefónicas con el de orbes esmeralda eran secas, a veces ni siquiera les consideraba pláticas al ser cortada la llamada por el mismo castaño al estar sumamente ocupado.

Había muchas cosas nuevas últimamente en su vida. Pero lo más nuevo, era un dolor creciente en su pecho que no le dejaba, probablemente se estaba enfermando y no tenía la más mínima idea de que.


Ya estaba oscuro y el frío abrazaba la ciudad…

Esa noche, de aquellas donde regresaba de llevar a su novia a la estación de trenes, el azabache decidió sentarse en una de las bancas de un parque. Al parecer este se encontraba cerca de lugares concurridos por gente que solía beber, por lo que no planeaba quedarse mucho tiempo sentado a merced de ser asaltado o algo por el estilo. Más a pesar del barullo exterior, el parque se encontraba sumamente tranquilo.

No muy lejos de su propia banca, pudo distinguir unos cuantos juegos para niños abandonados por el tiempo, estos consistían en unos columpios oxidados y una resbaladilla con tubos faltantes en su escalera sumamente oxidada.

Por un momento se dedicó a pensar en todos los niños que probablemente habían disfrutado de aquellos juegos en sus años de gloria. De un momento a otro, como si de hologramas mentales se trataran, visualizó a Makoto y el jugando en aquellos juegos recordando así sus años en los que la vida era menos complicada y el ojiverde por nada se separaba de su lado.

Makoto…

En su intento por disipar la imagen y el recuerdo de su cabeza para enfocarse en otro punto del parque pudo distinguir no muy a lo lejos a un chico fumando a las afueras de un lugar que parecía un club.

Abrió ampliamente los ojos sintiendo nuevamente dolor intenso en su pecho.

El ojiazul, de no conocer perfectamente a su amigo, hubiera apostado lo que fuera por que aquel chico recargado en la pared fumando era su amigo, más el rostro del chico había sido tapado por un sujeto mucho más alto que el susodicho interponiendo lo demás a su imaginación.

Decidió que debido al sueño ya empezaba a tener alucinaciones y con el susto a flor de piel, se levantó del lugar para dirigirse nuevamente a su departamento.

Llegando a la tranquilidad de su departamento, recuerdos de su infancia llegaban a su cabeza más fuertemente mientras entraba a su tina llenándola con agua tibia y su pequeño delfín de juguete.

-¿Por qué se toman de las manos siempre?-

-¿Son novios o algo por el estilo…?-

-No, es imposible, son muy guapos-

-Posiblemente están atados con una cuerda invisible-

-Siempre están juntos, es algo extraño-

-Yo pienso que es genial, tener alguien así…-

-Es como si su mente estuviera conectada-

-Escuche que Tachibana rechazo a otra chica nuevamente, seguro que es por Nanase… -

Siempre le había parecido absurdo como la gente los catalogaba desde que eran niños.

De raros, inocentes, de casados…, siempre había sido molesto, pero poco le importaba, porque en cierta parte sabía que tenían algo de razón.

En todos sus recuerdos, no había ninguno donde el castaño no apareciese. Se le hacía absolutamente normal también, el aceptar que quería seguir viendo en sus fotos futuras a la persona que mejor lo entendía a lado de él.

El estar días sin ver a su amigo, era algo realmente nuevo para él, lo hacía sentir extraño e inconforme en cierta manera.

Aunque podía admitir que el tener a la castaña, en algunos momentos, le hacían el olvidar un poco ese sentimiento de dolor en su pecho.

Sabía que en algún momento de su vida debía de separarse de su amigo, y eso realmente le molestaba, le hacía pensar de más.

A pesar de estar enamorado del agua y la caballa, desde que habían salido de la preparatoria y después de ver lo importantes que eran las decisiones que tomaba, Haruka se la pasaba pensando acerca del futuro y sus consecuencias, obviamente entre ellas, se encontraba el riesgo de romper su burbuja de estabilidad que tenía con Makoto, puesto que según lo tradicional, la vida del japonés común era lograr un puesto asalariado o en su caso una carrera o un sueño, para después buscar una chica con la cual casarte, tener hijos y ser "feliz".

Cada punto siempre le causaba cierto conflicto.

Él ya había conseguido la visión de un sueño gracias a sus amigos, pero nunca había tenido ni querido una novia, el conseguir novia o casarse lo tenían sin cuidado, pero sabía que el no contar siquiera con la experiencia, le haría tener consecuencias en un futuro.

Mikoto, desde que la había conocido, le trasmitía cierta familiaridad, por lo que había visto muy conveniente el que ella se declarase disipando un poco su conflicto interno.

Al fin y al cabo ella había sido la primera en hablarle, era persistente, muy torpe para algunas cosas, apestaba al cocinar, parecía caerle bien a todo el mundo, actuaba como madre en ciertas ocasiones y contaba con una sonrisa apacible que le hacía sentir conformidad.

A veces al compararla, un sentimiento cálido y extraño le hacía pensar que la persona que realmente le gustaba…, era su amigo.

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*Música Trance y Hard Style

La música sonaba fuerte en aquel lugar.

Ya había bebido algo, mas sin embargo una intranquilidad inundaba su pecho, sin siquiera ser la media noche.

Sentía todo su cuerpo acalorado…

Esa mañana, en el receso para comer, había hablado telefónicamente con Rei y Nagisa al recibir una llamada suya.

Al parecer todo iba de maravilla. Siempre que estos le hablaban se sentía lleno de alegría puesto que le recordaban a si mismo cuando estaba en la preparatoria y le alegraban el día a pesar de que este estuviera nubloso. Más sabía que en aquellos dias de escuela, nunca veía nubloso el entorno como lo hacía constantemente ahora.

Después de colgar la llamada, un sentimiento de culpa había albergado en su conciencia.

Sabía que podía contarle a sus amigos acerca de su condición, puesto que ellos al saber el secreto le entenderían mejor y le ayudarían a controlarlo de alguna manera u otra, más en cambio sabía que las cosas que últimamente había hecho no tendrían el visto bueno por estos solo terminando por preocuparlos, por lo que optando una actitud un poco más masoquista y un tanto "responsable" decidió guardar su aflicción para sí mismo antes de preocupar a las personas que más quería…

El repentino cambio corporal lo había tomado por sorpresa mientras miraba a un Kentarou que peleaba algo bebido con otro sujeto en una competencia de pulso con el brazo. Obviamente Kentarou iba a ganando.

Con algo de preocupación y las mejillas totalmente sonrojadas, aún sobrio, opto por ir a uno de las zonas cerradas donde sabía que se encontraban Takashi y Yuki celebrando su "aniversario", simplemente para poder despedirse y correr a su departamento.

La necesidad le pedía enormemente un baño de cuerpo entero por horas para disipar aquellas sensaciones.

Al dispersarse entre la gente, entro a una de las zonas encontrándose con los sillones de neón vacíos y lo que parecía el bolso de Yuki.

Al leer el ambiente opto por sentarse al disiparse un poco el calor corporal de su piel. Más segundos después se arrepintió de no haber corrido hasta su departamento.

Como si se tratara de una mala broma, precipitadamente sintió una acumulación de cosquilleo en su cuello, la sensación se asemejaba al succionar de la piel fuertemente, mientras también sentía que toqueteaban su espalda como si de muchas manos se trataran.

Al ver sus nulas opciones de distracción, su cuerpo se tensó fuertemente, su pecho subía y bajaba haciendo notar su acelerada respiración, dejándose hacer por aquellas sensaciones, bajando la mirada hacia la mesa frente a él.

En esta, se mostraba una bolsa pequeña con polvo blanco al lado de la bolsa de Yuki. Al verla, Makoto simplemente se tensó más de lo que ya estaba.

Para tratar de concentrarse en otra cosa, con el ceño fruncido, el cuerpo algo rígido, y su pecho bajando y subiendo bruscamente, opto por rasguñar su cuello hasta sangrar considerablemente para tratar de concentrase en el dolor, más al parecer esta optativa no parecía tener efecto alguno, puesto que las sensaciones se avivaban más en su cuerpo.

Era horrible.

Al terminársele las opciones, tomo la pequeña bolsa al lado del bolso de Yuki y la vacío sobre la mesa, al no saber realmente lo que estaba haciendo, simplemente tomo un poco del polvo entre sus dedos e inhalo todo lo que le permitió aquella acción.

Ni cinco minutos bastaron para empezar a sentir toda su mente dormirse mientras su alrededor se volvía distorsionado y la música se dispersaba. Ante tal mareo, opto por cerrar los ojos mientras las sensaciones que aquellas manos le proporcionaban se disipaban lejos de su cuerpo.

Sin saber de sí mismo.


El de ojos zafiro entraba a su tina para relajarse un poco.

Era temprano y un día feriado.

Ya llevaba mucho tiempo pensando cosas innecesarias por lo que realmente lo necesitaba.

El anterior día había terminado con una pelea fría* entre su novia y él por lo que la oji miel no había ido a su casa esa mañana.

Probablemente se encontraba muy nerviosa por los planes que tendrían ese día.

Sin pensárselo más, opto por zambullirse y dejar al agua hacer lo suyo.

Notaba que con el pasar de los dias el dolor en su pecho estaba haciéndose cada vez más intenso por lo que ya no podía simplemente ignorarlo.

Tenía que hablar con Makoto.

Con sumo cansancio, jalo su pantalón del piso para tomar su celular entre sus manos y abrirlo para tratar de buscar el número de contacto del castaño aun con la pantalla dañada.

Al encontrarlo, tecleo para empezar a llamar sosteniendo fuertemente el celular en su oreja.

-…-

-…-


El ojiverde se despertaba algo mareado en algún punto de su departamento sin realmente saber dónde se encontraba. Solo sabía que era día feriado por lo que no estaba tan preocupado por faltar a la universidad.

El sonido de su celular lo había despertado, miro a su alrededor para encontrarse con la pareja de novios abrazados durmiendo plácidamente en un futón y a Kentarou igualmente dormido abrazado de un gran oso de peluche que el día anterior Takashi le había regalado a Yuki por su aniversario. Rió un poco en sus adentros ante tal graciosa imagen.

Tristemente se preguntó si él también se veía así de exagerado cuando se abrazaba de su amigo cuando se asustaba años atrás.

Cuando espabilo, también pudo distinguir a varios chicos y chicas dormidos y desparramados por todo su departamento como si de su hogar se tratara. Definitivamente los sucesos de la noche anterior eran un misterio para él hasta ese punto.

Con un poco de dolor de cabeza, se dispuso a tomar su celular envolviéndolo en sus manos topándose con su reflejo en la ventana; en el leve espejo que esta le regalaba, pudo distinguir largas y finas cortadas en su cuello que lo obligaron a tocarlas para comprobar que realmente estaban ahí.

En un impulso de alejar las sensaciones, había terminado dañándose gravemente. Eso sí podía recordarlo claramente.

Podía recordar también que después de que el efecto había pasado, recibió un gran regaño de parte de su amigo azabache y la pelirroja. Y a pesar de no estar totalmente arrepentido, la culpa lo ataco ferozmente tiempo después al ver la cara de angustia de Yuki sobre él, sus ojos magenta* solían ser muy penetrantes cuando se ponían serios.

También al parecer había terminado revelando el sexo de la persona que amaba recibiendo solo comprensión y alguna que otra leve broma de parte de Kentarou.

A pesar de las malas influencias que eran, sus compañeros demostraban tener un gran corazón y mucha tolerancia.

Sus pensamientos no tomaron profundidad para recordar los sucesos después a eso al ser interrumpidos por el insistente sonido de su celular.

Tomo el aparato dispuesto a contestar nuevamente cuando vio el nombre del contacto de procedencia de la llamada.

/0/0/0/

Llamada entrante:

Haru

/0/0/0/

Ahora completamente despierto dudo en contestar la llamada, pero al ver que esta era la numero quince de entre las pérdidas que tenia del mismo número decidió contestar.

Apretó el botón de responder y acerco el aparato a su oído.

-B-Bueno-

-Makoto… iré a tu departamento esta tarde a las seis, así que espero encontrarte en el para cuando vaya…-

Instantáneamente pudo reconocer que realmente era su amigo. Sabía que su amigo siempre se ahorraría tiempo en saludos para ir directo a su objetivo.

-Claro, te espero- respondió el castaño con una voz tranquila y fingida para escuchar después el sonido de que la llamada había sido colgada desde la otra línea.

Con algo de ira dentro de sí, cerró su celular soltando un suspiro mirando nuevamente su reflejo en la ventana para después disponerse a despertar a sus compañeros y a las visitas.


Por su parte el ojiazul se había exaltado un poco al escuchar la voz de su amigo después de mucho tiempo sin verlo, sin saber que decir o que hacer, simplemente colgó la llamada, para después, sentir algo de decepción por sí mismo y culpa al no saber cómo actuar. Dentro de sí, sabía que podía confiar con el castaño, más sabia que algo estaba sucediendo o le afligía.


Llegada la tarde el nadador de estilo libre caminaba por las calles de Tokio rumbo al departamento de su mejor amigo. El día propiciaba a que pronto nevaría por lo que iba algo más abrigado de lo normal.

La noche anterior había tenido algunos problemas con Mikoto, en algunos aspectos en los que sabía que tanto él, como Makoto, eran inexpertos. Por lo que realmente necesitaba tranquilizarse ese día.

Al llegar a la casa del castaño, pudo distinguir un olor fuerte a cigarro más lo ignoro al suponer que algún vecino de Makoto fumaba y por esa razón, el olor se disipaba en todo el pasillo.

Toco la puerta. Y esta se abrió.

-Hola… Cuanto tiempo, pasa… - Makoto le ofreció pasar con la voz un tanto rasposa.

Su amigo parecía el mismo de siempre, aunque a su parecer se veía un poco más pálido, podría decir que incluso había bajado un poco de peso puesto que sus rasgos faciales se encontraban más afilados, más dedujo que todo era culpa de la universidad, ya que este tenía puestos sus lentes de lectura y un suéter color azul pálido que cubría todo su cuello.

Makoto por su parte se había "preparado mentalmente" para poder hablar con su amigo sin dejar relucir que había cambiado en algunos aspectos. Muy temprano había mandado a sus compañeros a sus hogares aunque no había podido disipar el olor a cigarro del todo.

Era cierto que el ambiente dentro de la habitación era algo tenso, puesto que ambos sabían que la rutina había desaparecido casi por completo. Ambos habían optado por sentarse quedando frente a frente en aquella pequeña estancia.

El castaño sabía que el ojiazul no hablaría del tema sin que él lo expusiera para discutirlo. Simplemente decidió otorgar el tema de la conversación al azabache.

-Entonces… a que se debe tu visita- Aun así, empezó la plática como siempre lo hacía para liberar el pesado ambiente.

-…- El ojiazul solo lo miraba, como analizando sus facciones. Ante esto Makoto opto rudamente por mirarlo a los ojos sin ningún arrepentimiento.

Haruka hacia un deje de incomodidad mientras veía como los ojos de Makoto no brillaban como siempre cuando entablaban una conversación. Se veía muy cansado, su mirada era apagada, e indago más en el rostro de su amigo para descubrir pequeñas cortadas en sus labios, estas eran casi invisibles, pero al enfocarse bien en el rostro del otro lograban verse con claridad.

Makoto al sentirse demasiado expuesto, opto por voltear la mirada a algún punto vacío de la habitación.

A veces olvidaba que su amigo también podía leerlo casi totalmente bien, como él lo hacía con él. CASI.

-Esto… te traeré algo de beber… - atino a levantarse el ojiverde para evadir el rostro de confusión de su amigo ante su repentina excusa para salir del margen.

Haruka definitivamente sabía que Makoto le estaba ocultando algo. Después de todo el olor a cigarro que anteriormente había detectado, se concentraba fuertemente en la casa su amigo.

Al no recibir respuesta alguna de su amigo, el castaño se sentó nuevamente en su puesto con una taza de chocolate caliente sus manos y un té para su amigo.

-¿Todo está bien?…..-

Parecía como si a Haruka algún gato le hubiese comido la lengua puesto que solo enfocaba su ceño fruncido al rostro del otro. Claramente el ojiesmeralda sabía que el otro tenía mucho que decir.

Al suspirar y enfrentar nuevamente el rostro de su amigo, pudo distinguir un punto enrojecido y algo morado en el cuello del otro que se había estado escondiendo en el hueco entre su mentón y su cuello.

Al notar la mirada pasmada de Makoto sobre su cuello, el delfín supo exactamente cuál sería la próxima pregunta del castaño hacia él.

-Ayer casi… tenía relaciones sexuales con Mikoto- soltó el ojiazul desviando la mirada.

Makoto repentinamente se llenó de un agudo dolor dentro su pecho.

-Oh… - soltó algo bajo.

Ante el repentino golpe de dolor sus manos se tambalearon apretando fuertemente la taza de chocolate de entre sus manos. Realmente no sabía qué hacer o responder ante eso.

Por lo menos, ya sabía el motivo por el cual las sensaciones del día anterior no se iban de su cuerpo rápidamente como siempre y el por qué las sensaciones habían subido de tono y de sobremanera.

Reprimió las ganas de querer quejarse apretando los labios fuertemente para levantar el rostro con una cara seria y actuando con cierta y fingida indiferencia.

-¿En serio?, Mikoto… realmente es muy valiente – comento el ojiverde a su amigo sacándole un sonrojo repentino mientras este aun parecía persistente a observar otro punto de la habitación.

Makoto por su parte fue lo único que pudo soltar ya que dentro de su boca tenía los dientes lo más apretados que podía.

-Es algo importante para ella… pero ninguno de los dos estaba listo, por lo que hoy se quedara a dormir, ayer… me asustaba el lastimarla o algo…- el azabache se veía algo indiferente pero incomodo al comentar sus planes. Realmente no estaba acostumbrado a hablar acerca de esos temas.

Makoto por dentro se estaba quebrando con cada palabra que salía de la boca de su amigo. A pesar de estar feliz por él, no podía evitar el saber las consecuencias a equivalencia de aquello. Veía con un poco de ironía la ética de su amigo al no querer lastimar a la chica. Sin embargo, aún era considerado alguien de confianza para el de ojos zafiros.

-Estarán bien, descuida. Solo te puedo desear suerte ya que… tu sabes… no se nada respecto a eso, y… ten cuidado de no cometer algún error, ambos sabemos las consecuencias de no cuidarse cuando se hace "Eso"…- comento Makoto haciendo énfasis algo desconcertado por su propio consejo.

-Makoto… Que ocultas- repentinamente el ojiazul lo encaraba algo fastidiado.

-¿Eh?- el ojiverde lucia sorprendido, como cual cachorro siendo regañado.

Haruka empezaba a tener un mal presentimiento al ver los ojos opacos de su amigo. Empezaba a tener la necesidad de querer quedarse con él esa noche, algo le decía que todo en su amigo estaba mal por una razón. Apretó los labios y suspiro para levantarse del lugar con una mirada de susto repentino. Su pecho le empezaba a doler demasiado.

-Que suce… ¿Haru?…- al ver el acto, el chico orca se levantó a la par del otro.

-Me tengo que ir, ya está oscureciendo y probablemente Mikoto ya me esté esperando – soltó tomando su chamarra para después girar el picaporte de la puerta. Se giró para enfrentar al otro y despedirse.

-Ma…-

-No te preocupes, siempre estaré… para lo que necesites- decía Makoto con una sonrisa que el ojiazul pudo reconocer como nueva. Esta se veía exactamente a la que siempre le regalaba, mas al sentir el dolor en el pecho, esta se volvía vacía por algo.

Tenía miedo de irse, algo no estaba bien.

-Cuídate… - el ojiazul volteo su mirada para salir por la puerta cerrándola tras de sí.

Makoto ante tal acto mostraba un rostro totalmente confundido a una puerta cerrada y fría.

Al salir del trance, tomo su celular amargamente para marcar un número en especial.

-Takashi…, Si, Si ¿Donde los veo?... Está bien- colgó para disponerse a cambiar.

No tenía tiempo que perder.

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Caída la noche, al llegar al lugar donde estaban sus compañeros, los saludo como todos los días, pero particularmente, con la mirada más opaca que cualquier otro día desde que lo habían conocido.

Sin dudarlo siquiera y ante la mirada sorprendida del azabache y la pelirroja, el ojiverde intercambiaba algunas palabras con un grupo de chicos a los que Yuki particularmente conocía. Estos intercambiaban saludos de mano con Makoto para después dirigirse a entrar al club.

Takashi no veía con buenos ojos aquella acción puesto que conocía un poco la actitud honesta del castaño, sin embargo al ver que este simplemente se les unía con una sencilla sonrisa opto por dejarlo ser y entrar al club.

*Música Hard Style / Segal

Makoto ingreso a las habitaciones blancas repletas de neón líquido y para decoración que estaban escondidas donde en una de ellas ya se encontraba Kentarou. Takashi algo extrañado tomaba la mano de su novia para sentarse en los sillones al lado del castaño y Kentarou.

El ruido de la música aturdía a Makoto.

Rápidamente y a la par de Kentarou, como si de competencia se tratara, vertió parte del polvo sobre la mesa haciendo una línea para inhalarla inmediatamente. Al término simplemente hizo un gesto de incomodidad nasal para después dejar acostar su cabeza en el respaldo del sillón con un aire de satisfacción y una sonrisa ladina.

La música poco a poco comenzaba empezaba a tomar profundidad para después empezarse a tonar un poco acelerada a sus tímpanos.

-Wow, vas algo rápido ¿eh?- comentaba Kentarou algo ególatra.

El ojiverde no contesto al sentirse sumamente aturdido.

Al encontrar algo acelerado su pulso, se levantó de los sillones para dirigirse a la pista de baile, y descargar algo de energía en esta.

Takashi al no ver razones en la actitud del chico ojiesmeralda suspiro tomando a su novia para dirigirse a otro tipo de sala, algo más privada.

Kentarou por su parte se abría campo en el sillón para dejar al efecto hacer lo suyo.

El castaño se sentía como en una nube que flotaba, las luces de su alrededor se distorsionaban y le parecía muy divertido, sabía que estaba bailando, pero realmente no podía sentir nada, se había vuelto uno con la música al momento de cerrar sus ojos y dejarse llevar por esta, la gente a su lado empezaba a bailar junto con él….


El ojiazul estaba sumamente nervioso mientras que el dolor de su pecho no se iba. Tenía la necesidad de llamar a Makoto pero debido a la situación era lo último que pensaba.

Mikoto tenía un tiempo considerable que no salía del baño, por lo que los nervios le estaban ganando.

A punto de querer salir de su propio departamento gracias a los nervios nada notorios en su estoico rostro, escucho la puerta del baño abrirse.

Su rostro póker como siempre, cambio a uno levemente impactado cuando vio a su novia salir del baño.

Esta vestía una lencería de encaje color verde y negro con un gran moño color verde entre sus senos, nada fuera de lo normal que fuera caer en fetiche, aunque si parecía realmente avergonzada. A los ojos del ojiazul, la chica realmente se veía muy hermosa, con su cabello castaño suelto y sus mejillas sonrojadas, por lo que el pánico dentro de él había crecido un poco más.

Vio a la chica acercarse a él algo nerviosa, por lo que cuando esta toco el borde de la cama, al estar cerca de ella en su habitación oscura tomo su rostro para empezar a besarla.


*Música

Había estado en trance y bailando por alrededor de veinte minutos hasta sentir que el efecto estaba pasando y un calor se apoderaba de su piel, por lo que ahora se encontraba bebiendo con unos chicos desconocidos en la barra.

Estos a la par, hacían pequeños concursos sobre quien tomaba más copas que los demás. El ojiverde sin ninguna restricción, había decidido unírseles teniendo ya un buen nivel de alcohol algo subido en el cuerpo, mas parecía poco importarle, bebía y bebía sin reparo llegando en algún punto a tomar de la botella de la cual se servían los pequeños tragos dejándola hasta la mitad.

A pesar de sentir que los sentidos le fallaban, seguía bebiendo como nunca.


Todo era nuevo, las caricias, los besos.

Tener gimiendo a la chica debajo de él y explorar su cuerpo sin remordimientos realmente era algo totalmente nuevo. Debía admitir que todos los nervios que había sentido momentos antes habían desaparecido ante la adrenalina del momento.

Se sentía en cierta parte como en una nube de relajación que se extendía por todo su cuerpo.

Más no era totalmente agradable.

Besaba lentamente a la chica en el vientre cuando nuevamente crecía un dolor agudo en su pecho haciéndolo molestar.


Sentía su cabeza girar por todo el lugar. A pesar de estar extremadamente mareado, la sensación de estar totalmente entumecido le hacían sentir tranquilo. En algún momento del festín de bebidas con los chicos, estos lo habían arrastrado con su consentimiento a medias a una de las habitaciones blancas, solo que la diferencia, era que esta estaba un tanto alejada de las demás habitaciones.

A paso un tanto torpe decidió sentarse en uno de los sillones de neón sintiéndose algo aturdido por el color azul neón que retumbaba en las paredes blancas que rodeaban la habitación.

Con las mejillas un tanto coloradas hasta las orejas, trataba de visualizar a alguno de sus compañeros entre la gente, más el mareo siquiera le permitía ver y ubicar a la gente alrededor de él, por lo que dejo a la música retumbar en sus tímpanos mientras descansaba su cabeza en el respaldo del sillón.

Al sentir recuperar un poco de campo de visión, fue cuando pudo distinguir a unos cuantos chicos que anteriormente bebían con él, alrededor de si mismo inhalando el polvo blanco que anteriormente el había consumido desde las mesas frente a ellos.

En su intento por tratar de moverse, sintió como tomaban su brazo izquierdo. Al momento de levantar el rostro con el ceño un tanto fruncido y la mirada ensombrecida, pudo distinguir borrosamente como una chica rubia con una especie de jeringa tomaba su brazo algo descubierto para después inyectarle un líquido de un color indistinguible.

Se sorprendió internamente a si mismo cuando no pudo siquiera sentir el pinchazo de la aguja que le había traspasado la piel. Lentamente, observaba como el líquido en el contenedor de la jeringa desaparecía poco a poco empezando a ser parte de su corriente sanguínea.

La chica que se veía algo peor que él, según su restringida visión, simplemente había tirado la jeringa para después ser arrastrada por uno de los chicos con los que había estado bebiendo hasta otra de las habitaciones.

Nuevamente su visión se había distorsionado aún más por lo que relajo su cabeza en el respaldo del sillón totalmente mareado con los ojos cerrados, dejando salir una sonrisa algo divertida al saberse muy confundido.


Como le había recomendado su amigo, atino a sacar un condón nuevo de su cajonera para proceder a ponérselo, nuevamente había entrado en aquella nube de calor mientras besaba a su novia ojimiel.

Con nada de torpeza se lo puso ante la mirada colorada de Mikoto, está por supuesto ya no tenía nada encima.

La chica era bella de pies a cabeza.

Con algo de torpeza se había dedicado a prepararla, puesto que había investigado un poco del tema, y no quería dañarla.

El azabache tomaba con delicadeza sus piernas dando a entender a su novia lo que procedería a hacer.


El ojiverde realmente no sentía nada y ahora se dejaba llevar por él ambiente.

Los ruidos a su alrededor habían pasado a ser simples balbuceos y un torrente de música algo dispersa.

Al levantar su cabeza del respaldo del sillón de neón pudo distinguir a la gente a su alrededor algo distorsionada.

Con mucho esfuerzo, y el cabello tapando un poco su opaca mirada, se dispuso a llegar al baño de aquel lugar al sentir fuertes ganas de querer vomitar tras un mareo repentino.

Al pararse sentía que estaba a punto de desmayarse, por lo que atino a apoyarse de algunos sillones para poder llegar a su objetivo.

Mientras pasaba por un angosto pasillo que le dirigía a los baños, sentía fuertes punzadas de dolor en su cabeza y que la conciencia se le apagaría en cualquier momento. Podía distinguir el ruido de la música a su alrededor, mas su cuerpo estaba demasiado entumecido como para siquiera sentirse a si mismo.

Entrando a la puerta del baño aparentemente vacío, antes de llegar siquiera a las cabinas de los retretes, empezó a vomitar sin siquiera prevenirlo, al tratar de limpiar el vómito de su boca con la manga de su chaqueta café pudo distinguir que lo que había vomitado era… sangre pura.

Al sentir su cuerpo fallarle, con horror pudo distinguir, mas no sentir totalmente, como caía de rodillas en su propio charco de sangre.

Con dificultad tomo de la manija de una de las casetas de los baños para poder levantarse, dirigiéndose a los lavabos con cierta dificultad, mas al mirarse al espejo lo único que distinguía era un reflejo borroso que se tambaleaba. Su mareo equivalía a como si hubiese subido a una montaña rusa más de treinta veces.


Ante la vista que la chica le proporcionaba solo pudo temblar agravando el dolor en su pecho. Algo le hacía sentir un mal presentimiento, más sin pensarlo introdujo su miembro en la chica lentamente para empezar a embestirla delicadamente para momentos después intensificarse.

Ahora la chica estaba aún más entrada en la situación con el cabello pegado en su frente debido al sudor mientras gemía a no más poder. El ojiazul hacia lo mismo al sentirse acabar en cualquier momento.


Sabía que estaba perdiendo la conciencia al no poder ya siquiera sostenerse de aquellos lavabos.

Empezaba a sentirse brutalmente mal.

Repentinamente, otra ola brusca de vomito lo invadió obligándolo a entrar a una de las casetas del baño con mucho esfuerzo, mas su pulso nuevamente se aceleraba al verificar que era sangre lo único que vomitaba. Con sangre escurriendo de la comisura de sus labios decidió sentarse mientras se recargaba en una de las paredes de la caseta.

Su respiración era irregular, muy dificultosa por la sangre, y definitivamente no faltaba mucho para que perdiera la conciencia.

Al tratar de ver la palma ensangrentada de su mano derecha fue cuando pudo darse cuenta que ya estaba empezando a desvanecerse su visión.

Con mucha dificultad hurgo en su bolsillo del pantalón alcanzando a tomar su celular para poder llamar a la persona en la que más confiaba a parte de su mejor amigo. De milagro había atinado su número al ser su segunda opción de marcado.

-…-

-…-

-Bueno… ¿Makoto? -

-Rin…-

- Oi… ¿No crees que es algo tarde para llamar? Que sucede… - El de ojos carmín bostezaba cansado, más repentinamente escuchaba a alguien claramente vomitando del otro lado seguido de un pequeño estruendo.

- ¿Makoto?...- el pelirrojo ahora solo escuchaba música al otro lado de la línea por lo que se había empezado a impacientar.

-¡Oye!, ¡MA..-interrumpió su regaño al escuchar gritos del otro lado de la línea.

-… ¡¿Qué..?!-

-¡¿MA-MAKOTO?! ¡HEY MAKOTO! ¡DESPIERTA! Maldición… ¡Yuki rápido llama a una ambulancia!-

-¡¿QUE RAYOS PASÓ?!-

El pelirrojo despertó totalmente e inmediato al escuchar esas palabras al otro lado de la línea, mas su respiración se vio cortada al escuchar a un chico gritar.

-¡Takashi! ¡Dense prisa! ¡NO ESTA RESPIRANDO!-

-¡REVISA SU PULSO!-

-…N-No lo encuentro… –

- ¡¿COMO QUE…?! ¡REVISA OTRA VEZ! -

Empezó a escuchar a una chica llorar y gritar violentamente.

-¡MAKOTO! ¡RESPIRA! Ma…. –

-¡MALDICIÓN! ¡¿YA LLAMARON A LA AMBULANCIA?!-

-Yuki, tranquilízate -

¿Qué demonios pasaba? Colgó la llamada aterrorizado para llamar a otra persona. Solo esperaba un milagro celestial para que la persona le contestara.


Cuando la chica termino su clímax, él también se vino soltando algo que había parecido un grito dolorido más que un gemido.

Al voltear a ver a su novia vio que esta lo veía algo preocupada.

Ante la mirada de ella, cambio su semblante a uno de interrogativa frunciendo el ceño, pero al instante pudo darse cuenta que el dolor en su pecho había desaparecido reemplazándose por una sensación parecida a un susto antes de caer en picada en una montaña rusa.

Se encontraba llorando.

Estaba llorando.

Con cuidado salió de la chica quitándose el condón el proceso para después tratar de alejar un poco de sus lágrimas con sus dedos.

Se paró de la cama rápidamente mientras que la chica solo se sentaba en esta algo asustada por la actitud de su novio tapándose lo que podía con las sabanas.

-Lo…Lo siento, no se…-los balbuceos llorosos y confundidos del delfín fueron interrumpidos por el sonido de un celular.

Su celular.

A pesar de que no le gustaba cargar con celulares, ese día había sentido la necesidad de cargar con el suyo por lo que lo había llevado en el bolsillo de su chamarra.

Rápidamente se acercó a su chamarra para tomarla del suelo y tomar el aparato tratando de calmar las lágrimas que caían solas de sus ojos. Se sentía algo desesperado.

Al abrir el celular le pareció sumamente extraño al ver el nombre de la persona que le llamaba en la pantalla del celular.

Con algo de extrañeza, su rostro estoico y lloroso, contesto la llamada poniendo el celular en su oído.

-Rin…-

-¡Haru! ¡Dime que Makoto está contigo por favor!-

El ojiazul se sorprendió ante la pregunta y el grito. El pelirrojo sonaba algo exasperado.

-¿Qué? No, no está conmigo, ¿qué sucede?...- respondió Haruka empezándose a expandir la sensación de su pecho haciéndose más agudo.

-¡Trata de comunicarte con él!, moveré mis ahorros para poder ir a Tokio mañana, sin embargo si te contesta, ¡ME HABLAS!- corto la llamada.

La sensación de dolor había aumentado. Veía estupefacto su celular que marcaba la llamada como finalizada.

Sin mirar a Mikoto, empezó a cambiarse ante su novia; esta solo lo observó tomar sus cosas e irse.

Al cerrar la puerta tras de sí, pudo percatarse de la nieve que empezaba a cubrir la ciudad.

Al parecer la noche no pintaba nada bien. Un frío se apoderó de su cuerpo.

Tomo nuevamente su celular entre sus manos para disponerse a hablarle al ojiverde, más a la séptima llamada donde todavía nadie contestaba, sus nervios estaban empezando a dominarlo y sin pensarlo dos veces, emprendió su camino empezando a correr lo más rápido que podía hasta el departamento de su mejor amigo.

A la par que corría, el azabache empezaba a sentir extrañamente en su piel como si varias manos lo tocaran parecido a la sensación de ser examinado, sumado a un frío inmenso que le calaba entero.

Continuara…..

*Pelear sin agredir / Parecido a la ley del hielo.

*Música de referencia.

*Los ojos de Yuki son de color magenta, creo no haberlo mencionado XD.