Disclaimer: Los personajes de este Fic no me pertenecen.
Perdón por la tardanza u_u. Estuve cubriendo como reportera un evento de deportes, haciendo crónicas y de aquí para allá x_x aparte no tuve internet por varios dias dejándome fuera de mi zona y con chance de actualizar hasta ahora.
Sin más, ¡Muchisimas gracias por sus comentarios! n_n, enserio leo algunos reviews que me dejan de wuoh O_O :$$$$.
El de dientes afilados arrastraba al ojiazul por los pasillos del hospital con cuidado de no ser descubiertos por los guardias o alguno que otro enfermero.
El delfín no se quejaba, pero tampoco se dejaba arrastrar tan fácilmente, había decidido seguir al pelirrojo con algo de enojo interior y una cara póker.
-Que estas…-
-Cállate- callaba Rin sigiloso y con voz baja al de ojos mares vigilando de reojo que nadie les siguiera el paso.
-Solo dirígeme hasta la habitación de Makoto, tú sabes dónde está ¿No? ¿O me equivoco? –dirigía su mirada a Haruka. Este solo le devolvió un gesto de obvia molestia.
-Gira hacia a la derecha y sigue el camino… - su cara póker había sido reemplazada por una menos seria llena de duda.
De un momento a otro, evadiendo personal y uno que otro paciente, ambos llegaron a la habitación donde se encontraba su amigo. El de dientes afilados con mucho cuidado abrió la puerta para que ambos entraran cerrándola tras de sí.
Dentro, Haruka apretaba los puños fuertemente y sus pupilas se achicaban mientras yacía postrado frente a una camilla. Sentía que su corazón dejaría de latir en cualquier momento para volverse un invierno encapsulado.
Rin solamente veía a lo que era su amigo, con mucha tristeza en su pecho y un rostro completamente serio. No debía ni quería mostrarse débil ante aquella situación.
…
El castaño que era su amigo, segunda madre, y confidente, se encontraba en la cama del hospital con el semblante pacífico y su boca tapada por una máscara de oxígeno.
La ropa ensangrentada había sido reemplazada por una enorme bata blanca que le cubría desde los hombros hasta sus tobillos. Tanto sus brazos como su cuello, se encontraban vendados casi en su totalidad, estaba lleno de cables extraños y delgados por todos lados, la mayoría de ellos ocultos debajo de la bata en la parte donde esta le cubría el pecho. El suero entubado que colgaba de bolsas plásticas se encontraba clavado en sus brazos debajo de algunas vendas que parecían haber sido levemente forcejeadas.
Enteramente todos los tubos de suero y los cables que le cubrían, se enrollaban en él como serpientes enroscadas a punto de devorar una presa.
…
El ruido de máquinas en el ambiente era lo que reinaba en el lugar.
Cuando el pelirrojo salió de aquel trance volteo a ver a su acompañante infiltrado sintiendo como nuevamente su corazón se comprimía dentro de él.
El ojiazul tenía el rostro lleno de impacto y terror. Leves lágrimas se habían dejado escapar de sus ojos dejando un recorrido por toda su mejilla izquierda que era la visible para Rin. Nada que hubiera visto antes se le comparaba a ese rostro totalmente asustado.
Aun así… el pelirrojo no podía dejar de ver ese acto como un leve acto de hipocresía.
Sentía tristeza y enojo mezclados dentro de sí. ¿Cómo habían dejado llegar tan lejos aquella situación?
Vaya par de tontos… le angustiaba y molestaba de sobremanera como ambos se complicaban tanto las cosas.
Sabía que no era su culpa, ni la de Makoto, ni la de sus amigos universitarios, ni la de Haru o su novia. Mas al ver al ojiverde de aquella manera, y el como Haruka parecía cada vez más perdido y quebrado sentía un pavor enorme adentrándose en su ser que le molestaba. Como si nadie fuera a sobrevivir a aquello.
Debía de actuar en ese momento…
-Haru… ¿Que tanto quieres a esta persona…? - soltó el pelirrojo sin más.
El azabache volteo algo extrañado interrogándole con la mirada limpiando sus lágrimas con la palma de su mano.
-Lo digo… porque sé que solo hay una persona por la quien Makoto hizo todo esto… - dijo mirando el cuerpo dormido frente a ellos.
Haruka le veía con un toque de desconfianza.
-¿Qué?... ¿Quién?- parecía un tanto reacio a contestar empezando a impacientarse.
-Tu… -
El ojiazul abrió los ojos ampliamente ente la extraña y absurda acusación, el otro se veía tan tranquilo diciendo eso que le llenaba de coraje interno.
Probablemente Makoto me odie por hablar sobre esto… pensaba el tiburón.
Rin, veía que el hidrofilico empezaba a abrir sus labios para hablar lleno de ira en sus ojos con un rostro un tanto más compuesto.
-De qué estás hablando… Yo nunca hice o haría algo contra… -
-Probablemente esto te parezca escalofriante… o alguna broma, pero sabrás que no tengo tiempo para estar bromeando o tu humor para reírte de mis ocurrencias… - le dijo nuevamente interrumpiendo su coraje mientras le miraba fijamente.
Haruka lo veía con el rostro ahora estoico notablemente, enfadado internamente sin ánimos de hablar más.
-Cuando éramos niños, Makoto desarrollo la capacidad de sentir lo que tu sientes… haciéndole inestable emocionalmente en muy pocas ocasiones. Siempre te protegió… como a nada en este mundo - trataba de darle un sentido serio a su explicación, más no era sencillo dejándose llevar por su lado sensible, él mismo sabía que se escucharía incoherente y absurdo ante la persona frente a él aun usando todas las maneras de explicar posibles.
-Makoto tiene la habilidad, de sentir cuando alguien más te hace daño o te toca… no ocupo ser un genio para saber que por eso se hacia esas cortadas, probablemente trataba de alejar esas sensaciones de su cuerpo- se cruzó de brazos mientras veía como el gesto impasible de su compañero cambiaba a uno de no entender nada.
-… Tch – chasqueó frustrado el pelirrojo llevando su cabello hacia atrás con su mano derecha.
-Te lo pondré así… - ahora observaba a su amigo en camilla con la mirada triste.
– Simplemente… imagina poder sentir cuando dañan, abrazan, besan… o acarician a la persona de la que estás enamorado profundamente y atesoras como a nadie, tú también… querrías arrancarte la piel trozo por trozo si pudieras- término formando una mueca triste con los labios cerrados.
El ojiazul se mostraba levemente cabizbajo notablemente enfadado.
Estaba harto de aquella plática.
Con un semblante a la defensa…
Simplemente estallo.
-¡NO ME JODAS!, ¡¿DE QUE DEMONIOS ESTAS HABLANDO?! Ni Makoto ni yo tenemos culpa de esto… ¿QUÉ PIENSAS GANAR CONTANDO EXTRAÑOS CUENTOS SOBRE ÉL? ¡¿Para esto me trajiste hasta aquí?!- gritaba el azabache a un volumen suficiente para no ser escuchados desde los pasillos.
Su contrario le veía con una mueca ladina al parecer molesto.
-¡DIME QU… - no pudo continuar hablando, el pelirrojo lo tomaba inesperadamente de los hombros y lo estampaba contra la ventana de la habitación que daba hacia los pasillos con mucha fuerza.
El cielo azul agradable, que parecía desafiar al tiempo y adornaba al ambiente, empezaba a tornarse de un color negro, un negro color brea que nada se le asemejaba a la bonita noche que esperaba.
Su rostro se mostraba interrogante e incrédulo, varado en un punto de aquella playa, ante el repentino y extraño cambio climático, más no le producía miedo.
Le hacía preocupar…
Repentinamente y ante el crecido lúgubre clima, el chico orca inmediatamente atinó a mirar a su izquierda al océano que empezaba a tornarse tormentoso y violento.
Instantáneamente, sus pies se movían contra voluntad hacia aquel mar que parecía arrástralo cual canto de sirena a un marino.
Con el agua salada casi hasta la cintura, y ya muy distanciado de la anterior playa, pudo distinguir una figura conocida que daba la impresión de estarse ahogando…
Entrecerró fuertemente los ojos solamente para poder identificar, cómo aquel que parecía luchar contra corriente se trataba nadie más ni nadie menos que aquel que amaba con todas sus fuerzas.
Un susto enorme le había atacado y un terror inundo su ser.
Empezó a nadar lo más veloz que podía y a contramarea dificultosamente para poder llegar hacia la persona, cada vez que su mirada se encontraba con aquel cielo de brea, podía ver como las nubes grises en este empezaba a avanzar de manera rápida. Los cúmulos de agua grises se deshacían y se formaban a velocidad un poco más rápida al promedio de lo que lo hacían las nubes normalmente.
A tan solo centímetros de este, estiro todo su brazo en búsqueda de alcanzarlo… Tenía que alcanzarlo.
Ahora, tanto Rin como Haruka, forcejeaban tratando de que los golpes del otro no llegaran fácilmente a sus personas. El ambiente se había tornado agresivo y ninguno de los dos parecía querer hacer las paces o tener la intensión de parar.
El ojiazul tomaba fuertemente del puño del otro que le apresaba contra la ventana que daba al pasillo del hospital, mas al voltear rápidamente hacia Makoto pudo ver como este débilmente, empezaba a levantar el brazo tratando de alcanzar algo.
-¡… !-
Sus ojos se abrieron ampliamente perdiendo fuerza en sus sentidos.
Esa acción, logro distraerle a gran escala para que el otro en breve ventaja lograra darle un fuerte golpe estrellando la mitad de su rostro contra la ventana.
A pesar de aquello, el ojirojo también miraba de reojo las acciones de Makoto llenándose de una feliz adrenalina.
Lo sabía… pensaba Rin.
El silencio le había inundado.
Ya no sentía el mar en su cuerpo.
Ni tranquilidad.
Ni aquella brisa que le acariciaba antes de ir a salvar a Haruka.
Haru…
Todo se había vuelto oscuro y un dolor increíblemente fuerte se posaba en su mejilla. Su cuerpo igual dolía pero no tanto como su cara.
Haru…
Ruidos de pitidos y estruendos levemente fuertes se escuchaban a la cercanía.
Haru…
-Ha… ru…-
El ojiazul veía sorprendido, aun forcejeando con Rin y a contra la pared, como la mejilla de Makoto se tornaba violentamente roja.
Escuchaba como Makoto levemente se quejaba roncamente mientras llevaba su brazo extendido hacia su boca para con suma dificultad empezar a quitar la máscara de oxígeno de su rostro.
Un sentimiento extraño le inundo al reconocer que la mejilla de Makoto se mostraba roja y amoratada justo donde había sido golpeado por Rin anteriormente.
Mentira… pensaba Haruka.
El azabache sabía que Rin no se iba a detener tan fácilmente, conocía medianamente su actitud, mas al ver la mirada un poco distraída del de ojos carmín, en cuestión de un momento a otro logro soltar un golpe directo a su rostro haciéndolo retroceder un poco.
-… ¿¡Por qué haces esto…!? - soltó el de ojos zafiros mirando a Rin lleno de rabia mientras este parecía completamente fuera de sí al mostrarse con superioridad y furioso por el golpe. Ambos respiraban entrecortado.
La tensión en el ambiente se había prolongado olvidando todo lo que no tuviera que ver con la pelea en aquel momento…
Ambos, repentina e inmediatamente recuperaban sus sentidos y detenían sus bruscos movimientos mirando a ver a la camilla donde se situaba su amigo.
Makoto, había despertado…
El ojiverde repentinamente había despertado reposando ambos brazos a sus lados, aferrado con sus dedos totalmente a las sabanas del colchón jalando sin intención y bruscamente demás los cables que tenía incrustados en el cuerpo.
Su rostro reflejaba confusión total.
Al ver el rostro impactado del castaño, tanto Haruka como Rin parecían expectantes tratando de dar algo de tiempo al recién despertado para analizar su entorno. Ellos estaban igual de sorprendidos y confundidos como él.
Makoto suavemente iniciaba a tomar los cables extraños que se pegaban a su pecho y se encontraban sujetos a maquinas que marcaban ciertas líneas de pulso de manera consecutiva. Al soltarlos nuevamente en su posición anterior, con mucho miedo y seriedad tocaba ambos lados de su cabeza luciendo totalmente desorientado.
A pesar de la impresión y de estar en un modo defensivo debido a la riña anterior, el azabache algo confundido pudo darse cuenta inmediatamente por sus acciones que el recién despertado estaba próximo a tener un ataque de pánico, las manos de Makoto temblaban y sus pupilas habían pasado a ser pequeños puntos negros en sus ojos.
Sin pensarlo mucho, casi por inercia el delfín tomo fuertemente de la mano de su amigo para poder tranquilizarle.
Haruka sabía de antemano, y podía afirmar con suma arrogancia, que el más alto, a pesar de ser mucho más grande y fornido que él, solía buscarlo para refugiarse y apoyarse de él en situaciones que le descontrolaban o le llenaban de pánico cual pequeño minino a su dueño. Así que aquello se le podía considerar más un reflejo que cualquier otra cosa.
Pero últimamente todo había cambiado…
Con un dolor punzante en el pecho que le atravesaba desprevenido, veía como el otro rechazaba su toque apartando bruscamente su mano aun con confusión en su rostro.
Aquello para nada le había gustado. Más al ser rechazado simplemente bajo su mano mirándole fijamente con un rostro muy fuera de su habitual actitud.
-Makoto-
Se escuchó en la habitación agudizando los oídos de todos los que se encontraban presentes.
-Mentiste…- soltó Rin mirando a aquel que le miraba confundido –Dijiste que lo que le hiciera, no te dejaría marcas… lo siento- decía mientras una sonrisa sincera se plantaba en su rostro.
El castaño le devolvía un gesto seco tratando de comprender sus palabras sin reflejar algún signo de querer hablar. Su rostro nuevamente se tornaba confundido para finalmente voltear a mirar a su amigo de la infancia que permanecía estático y con el entrecejo fruncido.
Sus ojos verdes rápidamente se situaban en una de las mejillas del ojiazul que se encontraba roja y ya algo amoratada. Miro a Rin una vez más, observando su rostro levemente lastimado por igual para unir las piezas y dar con la explicación a su disculpa anterior.
Sabía a donde llevaba todo aquello al sentir también dolor en su mejilla.
Así que… ya lo sabe… pensó tristemente.
-Rin… - comento Makoto por primera vez con la voz sumamente rasposa y temblorosa -¿Do-Dónde estoy? Que paso… -Tocaba su mejilla que dolía en demasía.
Rin lo veía asemejándolo a cual cachorrito con su patita dañada sin mucha gracia. Aun así, dentro de él se encontraba furioso por lo que aquella mirada la dejaba pasar sin afectarle en lo absoluto comprimiendo sus instintos de asesino.
-Tú dime…, Estas aquí porque casi mueres por sobredosis de drogas. ¿Cómo demonios pudo pasar eso? ¿Y a ti de todos?- respondía sin más haciendo énfasis en sus palabras.
Makoto lucía estático. Mostraba una seriedad muy cruda que llenaba de un sentimiento extraño y vacío a los que se encontraban de pie.
No era normal, ni algo que les hiciera sentir una feliz comodidad como siempre este les hacía sentir con su cotidiana sonrisa.
Las máquinas de la habitación empezaban a pitar fuertemente en señal de una aceleración cardiaca.
-Oi, tranquilízate… - le decía por debajo Rin con los brazos cruzados mirando hacia la máquina de pulso –Todavía te encuentras débil y recién acabas de despertar de un coma… créeme que de no ser así, te golpearía por las idioteces que hiciste… - soltaba sin ningún tipo de delicadeza.
Nuevamente el lugar se llenaba de un silencio rompible.
Pero nuevamente se rompía gracias a una voz suave y temblorosa.
-Porque… nunca me hablaste acerca de eso- decía Haruka que se había mantenido al margen, con el rostro entre confundido y una nueva mirada indescifrable.
Llevaba horas comportándose de una manera que nunca lo hacía.
El menor a este finalmente le miraba con completa atención, más se mostraba triste, cansado, y confundido, con ningún signo de molestia o de caer nuevamente en un ataque de pánico, solo unos ojos vacíos en una persona cansada.
-Porque… nunca quise que me miraras, como lo estás haciendo ahora… - la voz seca de aquel postrado en camilla soltó con amargura.
Ambos mantenían la mirada perdida en los orbes del contrario, en un acto parecido a sus pláticas mentales de siempre. Mas los ojos de los dos que se mostraban vacíos confirmaban que aquella lucha mental la llevaban perdida por ambos bandos.
…
Un ruido delicado hacia presencia en la habitación.
-¿Qué hacen ustedes aquí?-preguntaba una enfermera que recién entraba a la habitación, una chica diferente a la que anterior que les había llevado con el doctor que les había dado los resultados de Makoto.
Esta de tez pálida y grandes ojos cafés, hizo un gesto de querer empezar a regañarlos, mas algo inmediatamente le detuvo. Miro incrédula hacia la cama de la habitación observando a Makoto que parecía tener síndromes de alguien que se levanta con una horrible resaca.
Sorprendida, se adentró en la habitación mientras veloz se ponía a revisar corpóreamente al castaño que se mantenía neutro ante las acciones de esta.
Con la velocidad que había entrado, la enfermera salía del lugar sin siquiera mirar a los individuos en aquella habitación probablemente para avisar al doctor de que el paciente había despertado.
Tanto Haruka como Makoto seguían sumidos en su mundo mental mientras la acción había pasado de un instante a otro. Rin solo veía el ajetreo causado por la enfermera no queriendo romper aquellas miradas llenas de tensión.
El doctor que anteriormente les había dado los resultados de su amigo, entraba a paso lento mientras veía con cierto aire de diversión a todos los presentes en la habitación. Este a pesar de verse como un sujeto maduro y de familia, parecía tener un aura de humor rodeándole parecido al de su amigo Kisumi. Este se acercó a Makoto observándole enteramente con la mirada irrumpiendo totalmente aquella lucha telepática.
-Me alegro de que al fin despertara Tachibana- dijo el doctor con una sonrisa confiable – ¿Cómo se siente? – miraba como este parecía todavía adaptarse a la realidad puesto que se veía distraído.
El chico volteo su mirada verduzca hacia la ventana al lado de su camilla que daba hacia afuera del hospital, se perdía en la ventisca que se estrellaba contra la ventana dejando cierta capa de nieve en su borde.
-Estoy muy confundido… digo… recién acabo de despertar en un hospital… y todo me duele- contesto con un deje de tristeza en su voz.
-Está bien, trate de tomarse su tiempo para adaptarse a su entorno, estará a nuestro cuidado por ahora, aunque ocupo que si no recuerda, trate de recordar lo que le sucedió para que terminara aquí. Es de suma importancia para nosotros nos diga cierta información para poder suministrarle medicamentos adecuados sin que vayan a hacer otro efecto por las drogas que consumió- dijo sentándose en la cama tomando suavemente el rostro del castaño.
-Esto, ¿Cómo se lo hizo?- decía mirando fijamente su pómulo rojizo y amoratado de aquel que inspeccionaba. Inmediatamente el doctor volteaba a ver a los presentes encontrándose con estos algo golpeados y su ropa levemente desubicada, el mayor de todos fruncía el entrecejo con un rostro lleno de seriedad.
-Ustedes… ¿le despertaron a golpes?- abría ampliamente sus ojos el sujeto con bata blanca con seriedad, mezclada con diversión en su voz.
-No… - contestaba rápido el de ojos carmín –Solo… tuvimos una pequeña riña entre nosotros- decía desviando la mirada hacia el azabache con un toque de molestia.
-… - El doctor les veía con cierta inseguridad.
Todos se mantenían en silencio mientras el médico soltaba el rostro que mantenía y se paraba nuevamente a un lado de la camilla.
-Bueno, nuevamente me alegro que haya despertado. Soy el doctor Okino y estaré a su disposición para lo que necesite- decía mientras recibía un movimiento de cabeza afirmativo de Makoto tomando nuevamente rumbo para la puerta de la habitación.
-Por cierto, más tarde daré aprobación para las visitas, por lo que deben de retirarse… -
-Perdóneme… -irrumpía Haruka severo -Con respeto le pido por favor me deje quedar para cuidar de Makoto… incluso con su permiso o no, me quedare aquí hasta que el mejore- decía el de ojos zafiros en una media reverencia con el rostro lleno de seriedad.
El doctor solo mostro una sonrisa ladina.
Gracias a que las noticias corrían rápido dentro del hospital, y a que había estado atendiendo el caso de Makoto desde que había entrado al hospital, sabía de antemano todas las escenas que el chico frente a él había armado haciendo mover a los guardias y a uno que otro enfermero para tranquilizarle y sacarle a la fuerza. Probablemente era una pérdida de tiempo llevarle la contraria al chico que había hecho cosas ocurrentes dentro de un hospital solo para mantenerse al lado del paciente.
-Está bien, pero solo tu podrás quedarte, nadie más. Me retiro- término tomando el pasillo y perdiéndose en este.
Ante aquella acción, el tiburón simplemente suspiro cansado mirando hacía su amigo de ojos verdes.
-Es mejor que me vaya, por cierto, llame ayer a Sousuke y le mencione lo sucedido – soltó serio captando la vista de Makoto -Se quedó con preocupación por lo que le hablare para avisarle que ya despertaste, mira que hasta él se preocupa por ti, así que cualquier cosa que necesites… SOLO HABLA – dijo con una mirada amenazadora al castaño.
-Gracias Rin- menciono el ojiverde, soltando una pequeña mueca de sonrisa por primera vez, muy pobre para las hermosas sonrisas que solía regalar.
El otro ignoro el hecho respondiéndole el gesto con una sonrisa mucho más grande y filosa. –Nos vemos entonces, iré a la sala de espera con los otros. Por cierto, tu familia, Nagisa, Rei y unos compañeros universitarios tuyos se encuentran afuera, así que, trata de mejorar esa sonrisa- menciono dándose paso a la puerta de la habitación – Cuídalo, Haru… - cerro la puerta tras de sí perdiéndose igualmente en el pasillo.
Rin regresaba a la sala de espera sentándose nuevamente en su puesto mientras se sobaba los lugares donde su amigo amante del agua le había golpeado. Vaya que lo había subestimado en fuerza física.
Volteo el rostro encontrándose a la castaña novia del ojiazul sentada tranquilamente en aquella sala, se asustó un poco al observar el increíble parecido que esta tenía con su amigo de ojos verdes.
Vaya que ese par nunca dejaban de sorprenderle, podían llegar a ser muy obvios a veces.
Con cuidado, centro su mirada en esta que se mantenía aparentemente perdida en el celular que tenía entre sus manos.
Se acercó a esta un poco más tranquilo internamente.
-Oye… mi nombre es Matsuoka Rin, soy amigo de Haru y Makoto, disculpa, si fui algo grosero hace un rato– decía educadamente e incómodo mientras la chica parecía detener sus dedos que anteriormente escribían.
-No hay problema, es un gusto, nuevamente, mi nombre es… puedes decirme Mikoto – le respondió con un gesto de educación y una voz tranquila. Su aspecto daba un aire a la misma calidez de una madre amorosa. Aunque no inspiraba confianza.
El de dientes afilados le miraba con cierta inseguridad en la mirada. Era una chica muy común y bonita para estar con alguien tan serio como el obsesivo hidrofilico.
-Por cierto… como diste con el hospital- pregunto sin perder su aura cool y relajada.
La chica solo sonrió
–Creo que… no me llamaría a mí misma su novia si no supiera algo tan sencillo como eso – respondió tranquila tomando nuevamente rumbo a apretar teclas de su celular y a dar indirectamente por terminada la plática.
Rin simplemente suspiro desinteresado y antes de darse cuenta, se quedó dormido en la silla de aquella sala de espera ante las lejanas risas de Nagisa que se escuchaban llegando a su lugar.
Dos horas después, el pelirrojo se hubo despertado algo asustado por gimoteos y sollozos felices. Al parecer, el doctor hasta ese momento había ido hacia aquella sala de espera para dar la buena noticia de que Makoto ya había despertado.
Aun así, la situación del castaño aun tornaba a que las visitas serian programas al siguiente día por lo que todos optaron por pasar nuevamente otra noche en el hospital en espera de poder ver al chico, incluidos Takashi, Yuki y un Kentarou, que se encontraba fumando fuera del edificio a consecuencia de ansiedad.
Todos se encontraban seriamente aliviados y entusiasmados con aquella noticia. Especialmente la familia del castaño que parecía salir de una burbuja llena de tristeza y estrés.
-Rin…, cariño, ¿Dónde está Haruka?- preguntaba la madre del ojiverde sentándose al lado de este con un rostro tranquilo pero levemente preocupado.
-Oh… -hizo un gesto de sorpresa al percatarse de no haber comentado con anterioridad la situación en aquel cuarto, más no podía explicar que ellos habían sido los que habían despertado a su hijo sin sonar incoherente al revelar la extraña habilidad. Solo quedaría patético.
– Al parecer, fue el primero en enterarse por lo que hizo lo posible por que le dejaran estar en la habitación de Makoto antes que nadie, perdón, por no habérselo mencionado- respondía con cansancio en su voz y una sonrisa divertida al recordar tan fuera de sí al ojiazul.
La madre su amigo al principio se había mostrado sorprendida, mas segundos después una sonrisa amable adornaba su rostro dándole tranquilidad al otro.
-Entonces… creo no se puede hacer nada, aquellos dos siempre fueron inseparables, no cabe duda – soltó una risilla suave y maternal dando un suspiro cansado al término de esta.
–Sabes Rin, desde que ellos eran unos niños muy pequeños, la madre de Haruka y yo siempre pensamos… que cuando aquellos dos crecieran, mi hijo terminaría enamorándose de Haruka o viceversa…- soltaba tranquila, sorprendiendo internamente a Rin quien cambiaba su rostro a uno atento.
-Claro que cuando descubrí que había sido mi hijo el primero en caer, como cualquier madre me asuste al principio y no supe que hacer ante aquello, pero al ver su sonrisa enormemente alegre cuando se iba o regresaba a casa, me hacía sentir que aquello no importaba si podía seguir viendo a mi hijo así de feliz por siempre,… ahí fue cuando me di cuenta… que el amor de una madre no tiene límites – termino cerrando sus ojos pacíficos regalándole una sonrisa al de ojos carmín.
-Claro que- suspiraba y abría sus ojos -Nunca pude saber si aquello terminaría unilateral o no – soltaban los labios de la mujer –Solo espero, que eso no tenga nada que ver con esto que acaba de suceder, conozco a mi hijo y se… que algo como eso no es motivo suficiente para hacerlo actuar tan imprudente, aunque viendo las acciones de Haruka, ahora no sé qué pensar- su voz se apagaba en tono de estar cayendo en brazos de Morfeo. Su esposo que recién llegaba se acomodaba al lado suyo y la abrazaba por los hombros acomodándole para dejarla descansar.
Rin veía con los labios cerrados hechos una sola línea y los ojos llenos de respeto a aquella mujer que se encontraba tan tranquila al lado suyo. Era enserio que las madres podrían llegar a ser sumamente perspicaces para ciertas cosas.
Después de aquello simplemente no pudo encontrar palabras para continuar con aquella conversación, aunque sabía de antemano que una contestación no era tan necesaria de todos modos.
Al parecer, los únicos despistados en aquella situación, eran los que se encontraban en la calma habitación de aquel hospital.
Los copos de nieve azotaban fuertemente contra la ventana que daba hacia afuera en aquella habitación.
A pesar de ser un nuevo día ya, aquella parecía una tormenta que tomaba menos fuerza con cada segundo que pasaba, no tenía para cuando parar. Dentro del hospital, el ruido de las maquinas, la muchedumbre y el rápido ajetreo de la gente que entraba y salía de habitaciones desaparecían el ruido de la tormenta exterior casi por completo.
La habitación del castaño de un día a otro ya estaba adornada con una cantidad considerable de arreglos florales deseando una recuperación pronta y alguno que otro regalo como peluches o arreglos de vidrio. Al parecer, la noticia de su accidente en aquel club había llegado a ser popular entre la poca gente que le conocía en aquella ciudad, puesto que entre los presentes habían remitentes que ni siquiera recordaba conocer y alguno que otro de personas de Iwatobi.
Vaya que las noticias corrían rápido.
Afortunadamente, sabía por el doctor y los remitentes que el incidente no había llegado tanto al grado de llegar a oídos importantes como sus profesores o al comité de estudiantes de su universidad. Eso de verdad hubiese sido trágico para sus planes futuros.
-Haru… ¿Cuánto tiempo permanecerás aquí?... Tienes que ir a entrenar… - preguntaba Makoto algo cansado. Este no llevaba ni veinte minutos de haber despertado, usando ese tiempo hasta ahora observando al azabache que parecía estar haciendo una especie de arte con algunas flores de los adornos que le habían regalado.
-Me iré hasta que te vayas- le respondió terminando de arreglar las flores dentro de un jarrón de manera bella y artística.
El ojiverde le miraba tranquilamente con una mueca de cansancio sumándosele un suspiro.
…
Ambos se habían mantenido indiferentes a la situación después de que Rin se fuera de la habitación. Makoto mantenía una actitud callada mientras que el otro se mostraba algo autista en sus acciones, un poco más exagerado en su actitud inexpresiva e indiferente de siempre. Ambos mantenían su mirada alejada del otro y un silencio adornaba la habitación a excepción de cuando el doctor de vez en cuando regresaba por información de parte de Makoto o cuando ambos habían dormido en la calma de la noche, Makoto en la cama, mientras el ojiazul en un asiento acolchonado a su lado algo alejado.
…
-¿Qué pasa con Mikoto?... no deberías preocuparla- mencionaba este cerciorándose del clima fuera de la habitación de un momento a otro.
Haruka no le miraba, este se mostraba tranquilo tomando un nuevo regalo diferente al anterior hecho de vidrio para adornarlo, probablemente al igual que el otro.
-Está en la sala de espera… hace unas horas le mande un mensaje para tranquilizarla y mandarla a su casa, pero al parecer decidió quedarse acompañando a todos los demás… - respondió al parecer desinteresado.
-Ya veo… - atino a decir el castaño mirando fijamente al chico que se encontraba sentado a lado suyo a la orilla de la ventana que era golpeada por la fuerte ventisca.
Haruka se sentía demasiado tranquilo, pero a su vez sabía que aquella acción de arreglar las flores artísticamente eran solo un camuflaje para evitar una examinación visual por parte del otro.
Un sentimiento extraño se había hundido en su ser al saberse amado románticamente, en todos los sentidos por el chico que le hablaba con aire curioso y cansado.
-Makoto… -
-¿Si?… - su voz se destacaba cansada.
-… ¿Puedes prometerme… que dejaras aquellas cosas?… - soltó con su mirada enfocada aun en el adorno.
El ambiente era apacible más el delfín se sentía más inseguro que nunca de todo el tiempo que llevaba conociendo a aquel chico.
-Yo… No creo po…- Makoto no pudo terminar la frase al escucharse un estruendo fuerte haciéndole cerrar sus ojos al instante debido al reflejo de protección. Al abrirlos, se encontró con la mirada estoica del azabache enfocada en el adorno de vidrio, ahora totalmente hecho pedazos en el piso.
Haruka reacciono rápidamente tratando se levantar los trozos de vidrio del suelo estirando sus dedos para alcanzarlos con deje de ser algo molesto.
-¡Haru!, ten cuida… -
-¡Tch…!- -¡Auch!- sonó un quejido y un chasqueo de cada uno en aquella amplia habitación.
Al parecer, al momento de querer alzar un gran trozo de vidrio, el mayor no logro percatarse de una hendidura doblegada sobresaliente cortándose instantáneamente el borde del pulgar derecho produciendo un rápido dolor punzante.
Inmediatamente, se acercó a una pequeña mesa en aquella habitación cubriendo la herida con un pañuelo, más su curación se detuvo al ver a Makoto directamente.
El menor tenía un rostro sumamente serio y levemente sombrío mientras miraba fijamente como el borde de su pulgar sangraba hasta su muñeca.
Pero… esto solo pasaba si involucraba terceros… pensaba Makoto asustado internamente, mostrando una cosa totalmente diferente por fuera.
Haruka veía esto totalmente impresionado y algo asustado atinando a volver a ver su propia herida.
Sin pensarlo mucho, tomo otro pañuelo sobre aquella mesa para después sentarse en el borde de la camilla de su amigo tomando suavemente la mano del oji esmeralda colocando fuertemente el trozo de tela en su herida para formar un torniquete.
Makoto mostraba un rostro serio observando fijamente al fin, la mirada intrigante y extrañamente abierta del otro.
Al parecer aun le miraba con aquella mirada que nunca hubiese deseado ver.
Te conozco tan bien que duele… pensaba el de orbes verdes.
-Me di cuenta desde aquella vez que casi te ahogas en aquel rio cuando éramos niños – hablo mostrando una repentina y pequeña sonrisa ladina.
-… - el otro alzo la vista relajando su persona regresando a su rostro de siempre con cierto brillo muy pequeño en su mirada al percatarse de aquella diminuta sonrisa.
Le agradaba saber que aun Makoto le podía leer los pensamientos al no saber cómo expresarse. Y más en aquella situación donde su lado más inseguro estaba a flor de piel. Le gustaba como no era necesaria tanta palabrería de su parte.
-En ese entonces se desato como una enfermedad repentina, recuerdo como temblaba de miedo al pensar que fantasmas provocaban esto- mencionaba soltando una pequeña risa de un recuerdo agradable.
-Nunca supe si contaba con esta "habilidad" desde antes ni cómo se creó, simplemente llego un día a mí y tuve que aprender a vivir con ello- decía haciendo énfasis manteniendo la pequeña sonrisa con sus ojos cerrados –Pero… - abría sus ojos - Esta al parecer fue perdiendo fuerza con el pasar de los años hasta solo poder sentir cuando alguien te toca con un sentimiento verdadero de por medio… o si alguien hería o te causa dolor, pero estas cortadas… es nuevo – decía sin deshacer el agarre del otro que se mantenía en su mano.
Al parecer su habilidad había adoptado una característica nueva.
Cerro los ojos un momento para respirar profundamente, se sentía pesado y triste. Los volvió a abrir siendo recibido por el mismo semblante azul que ya tenía tiempo haciéndolo sufrir a mares.
De un momento a otro, Haruka ya no parecía tan fácil de leer.
-¿Y… desde cuando yo… te gusto?- soltaba dudosamente el mayor quien apretaba su agarre accidentalmente provocando sacar más sangre de la herida del otro tiñendo la tela del pañuelo de un color carmín.
-… -
Ante esa interrogante, el ojiverde no pudo evitar sonrojarse violentamente desapareciendo casi totalmente el aura abrumadora que le rodeaba, ignorando completamente el dolor provocado por aquellas manos.
Aun así, no dejaba de mirar a los ojos a su amigo en busca de su rechazo, repulsión, la combinación de ambas, o todo lo contrario.
-Me di cuenta que me gustabas en el sentido romántico en el primer año de preparatoria, aun así, siempre te he considerado, como la persona más valiosa para mí… perdóname, si te sientes traicionado o decepcionado con estos sentimientos- el chico deseaba con todas sus fuerzas que su amigo se fuera para poder soltar el nudo en su garganta que se empezaba a crear.
La máquina de pulso cardiaco marcaba una normal aceleración cardiaca pitando consecutivamente más fuerte. Aun se encontraba adolorido por todo el cuerpo, más sabia que su corazón, ni con todas las medicinas del mundo lograría curarse de aquello.
En la habitación se creó un silencio casi absoluto con el más alto acumulándosele líquido salado en sus ojos tratando a toda costa de que estos no se desbordaran en llanto.
Makoto mentalmente se decía que si las lágrimas le salieran tal cual niño pequeño, no escondería su rostro. Pensaba no ser más un cobarde. Era suficiente.
Estaba harto de esconder sus sentimientos al final dañándose solo a sí mismo.
Al fin había perdido contra su paciente personalidad. ¿Qué más importaba hasta aquel punto?
La nieve seguía cayendo en la ventana de aquella habitación, donde lo único que ahora reinaba eran los ruidos de los monitores de pulso controlándose lentamente.
-…-
-Perdón… - la voz del azabache repentinamente cortaba el ambiente capturando la vista de Makoto haciéndolo perderse en sus azulinos mares y en sus repentinas palabras.
-Porque tendrías… - respondía el otro mirando como el agarre del otro en su mano se deshacía suave y delicadamente.
-Sí, si tengo… -
El tiempo nuevamente se detenía.
Ambos enfocaban sus miradas, uno postrado en aquella camilla, mientras el otro se situaba sentado frente a este sin ningún tipo de incomodidad. Ya no había secretos, ya no había un vacío, solo dos personas fuera de dudas y llenas de conflicto interno.
Dos simples pares de ojos que se observaban con intensidad.
-Ma… -
-Me siento cansando… - cortaba el ambiente el castaño cerrando suavemente sus ojos y recargándose en la cama de manera cómoda mirando nuevamente hacia la ventana. Al parecer la tormenta había cesado minutos antes mostrando una mañana gris.
-… - el azabache salía del trance al haber sido interrumpido algo incómodo mientras se paraba de la camilla dirigiéndose nuevamente a su lugar al lado de la ventana.
La nieve había cesado de caer del gris cielo, cesado, como la tormenta en su interior.
Nagisa picoteaba las mejillas del pelirrojo en un afán de despertarlo después de que este se hubo dormido nuevamente al igual que todos durante la noche, solo que esta vez, este parecía tener el sueño demasiado profundo. Cuando el rubio aumento la fuerza de los toques fue cuando pudo despertarlo riendo por la expresión asustada del otro al despertar.
-¡HAHAHAHAHAHAHAHA! ¿Cómo es que eres muy puntual para todo con un sueño tan pesado? ¡Podrían hacerte cosas sucias mientras duermes Rin-chan!- decía el rubio divertido levantándose de su asiento para escapar de un tiburón asesino recién despertado.
El de dientes afilados, totalmente sonrojado, iba a retomar su venganza hasta que la voz de cierto doctor se escuchó.
-Buenos dias a todos, al parecer el paciente ya se encuentra un poco mejor, así que por grupos se les dará oportunidad de pasar un rato más tarde- decía este con tranquilidad y profesionalismo.
-Muchas gracias doctor- comento el padre del castaño feliz de que su hijo se encontraba despierto, y sobre todo, un poco mejor.
-Por cierto… el joven Nanase se niega a salir de la habitación, por lo que espero no haya ninguna otra pelea de por medio en la habitación… - decía este con tranquilidad, levemente desviando sus ojos a Rin que inmediatamente había entendido la indirecta de aquello.
Rin solo volteo a verlo cansado y feliz, cruzando sus brazos por igual y se sentó olvidando por completo a Nagisa que suspiraba aliviado de haberse librado de aquello.
-Sus mentes han de estar hechas un lio, ¿Qué tratas de conseguir Haru?… - atino a decir Rin por debajo y así mismo sin ser escuchado por los demás. Al contrario de mostrarse enojado, una sonrisa divertida dibujaba su rostro tratándola de esconder de aquellos presentes.
Makoto nuevamente despertaba en ese día algo asustado ante la mirada de su amigo que le observaba levemente asustado y con cierta confusión en su ceño desde aquel asiento que se había convertido ya en su propiedad. Al parecer, las medicinas hacían que el ojiverde dormitara por pequeños tiempos, pero en esos intervalos de tiempo, su mente no lograba descansar del todo.
Había caído en cuenta de la realidad en la que se había encontrado aquella casi fatídica madrugada, gracias al doctor que lo había puesto al corriente de la situación en los tiempos donde este iba a revisarle.
Se sentía realmente mal moralmente. Las escenas de la noche anterior iban y venían borrosas a su subconsciente, sumados a fuertes dolores de cabeza cada vez que llegaba a un punto de estar cayendo en sueño. Realmente se sentía afortunado de seguir vivo después de casi lograr un suicidio con tantos químicos dentro de su cuerpo. Tuvo que tomarse su tiempo para poder procesar toda aquella información dada por el doctor una vez que fue soltada hacia su persona.
La fuerte música, la euforia, el alcohol en su boca, el inhalar aquello, el dolor corporal, los sujetos con los que había bebido, la chica borrosa, la inyección, la tristeza, las luces confusas, el casi ahogarse, la sangre, más sangre y más sangre, la llamada, aquella solitaria playa, las sirenas de la ambulancia, los gritos, todo venía a su mente golpeándolo como un enorme tráiler de culpa.
De no haber sido por la mano que repentinamente le sujetaba fuertemente en ese momento, probablemente se hubiera quebrado hasta llorar nuevamente, sin embargo solo pudo asentir ante aquella culpa y apretar la mano que le sujetaba mostrando una mueca incomoda.
Independientemente de los términos en los que se encontraban, y de gustarle a aquel que sujetaba de manera protectora, Haruka estaba dispuesto a dar todo su brazo de ser necesario para hacer que aquel que tembloroso trataba de alejarle, volviera a dar una autentica y enorme sonrisa como las típicas que hacían tranquilizar a su propio ser.
La tarde había caído rápidamente, dándole paso a un cielo despejado a pesar de que el frio invernal aun calaba los huesos con fuerza.
El azabache se encontraba en el cómodo asiento a lado de la camilla de su amigo haciendo algo de origami mientras este nuevamente le observaba curioso y sereno sentado para recibir visitas.
Las personas que amaba, lentamente empezaban a entrar a la habitación una por una.
Los primeros en entrar habían sido los padres y hermanos del castaño, que instantáneamente al verle, estos le estrujaron con todas sus fuerzas recordándole cuanto lo amaban, con su madre desbordando en llanto y su padre con algunas lágrimas en los ojos en un rostro lleno de seriedad.
Sus hermanos llenos de alegría aun estando un poco desinformados de la verdadera situación en la que se encontraba su hermano.
Lo último que Makoto había querido presenciar en su vida, ahora se reflejaba observando como su madre amorosa y siempre gentil, trataba de apaciguar su llanto fracasando en ello.
Se sentía realmente un idiota por provocar aquello.
Después de un momento lleno de lágrimas, la plática familiar había dado comienzo por una seria advertencia de parte de su padre para hablar después acerca del asunto que lo había llevado ahí. Makoto se sentía terrible el haber decepcionado así a sus padres, mas simplemente decidió afrontar las consecuencias de aquello aceptando la advertencia mostrando nuevamente respeto y amor hacia sus progenitores.
A pesar de ya no ser tan abiertos y juguetones como antes, su hermana se mostraba más protectora en la situación haciéndole un mar de preguntas a su lado cuidadosamente mientras su hermano suspiraba cansado y divertido ante la actitud empalagosa de su gemela.
Como me hacía falta esto…
Prometo no volver a defraudarlos… pensaba Makoto.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Los siguientes en entrar a la habitación fueron sus amigos de vida Nagisa, Rei y Rin.
El ultimo hizo ademan de sentarse a lado del hidrofilico al ya estar al tanto de la toda la situación en aquel cuarto.
El rubio por su parte, al ver a Makoto se abalanzo a este como si de un enorme peluche se tratara con mucha alegría en su rostro.
-MAKO-CHAAAAAN!-
-Nagi… sa… -
A pesar de verse un poco más maduro, el rubio seguía siendo igual o peor de hiperactivo a como solía ser en la preparatoria.
El de lentes por su parte, se soltó a llorar seriamente ocultando su mirada bajo sus lentes, mas aquello no logro engañar a nadie ya que después era tranquilizado por los brazos de Nagisa y el peluche humano que se estiraba con mucho cuidado tratando de no jalar las agujas que le suministraban suero.
Segundos después de entrar en un ambiente tranquilo, y el de lentes algo más calmado, el entorno nuevamente se descompuso cuando alguien soltó un gran quejido seguido de un sollozo.
Ahora era el turno de Nagisa, quien trataba de alejar las lágrimas de sus ojos con empeño ante la mirada triste de su amigo ojiverde.
-No vuelvas a hacer esas cosas por favor, ¡Tú no eres así! ¡PUDISTE HABER MUERTO!, Mako-chan… por favor, todos nos preocupamos mucho por ti, ¡Tienes que prometerlo! - termino el ojirosa con la mirada colorada y el ceño fruncido, este fácilmente, parecía un pequeño pomerania enfurecido a punto de morder a aquel que le miraba.
-Te lo prometo, nunca más… - le contesto Makoto haciendo una sonrisa de arrepentimiento. El rubio comúnmente alegre solo pudo abrazarlo nuevamente hundiendo su cabeza en el dándole un pequeño golpe en la espalda como reprimenda.
-Duele… - comento repentinamente el ojiazul con un pequeño quejido siendo solamente escuchado por el pelirrojo que se encontraba a su lado. Ante tal acto este lo miro sorprendido mientras el delfín hacia ademán de pedirle guardar el secreto con su dedo índice, mostrando falta de emoción como siempre lo hacía.
Rin le veía con el ceño fruncido, reflejando la necesidad de respuestas ante aquel acto, mas solo recibió silencio por parte del otro, al parecer, nunca contaría con la misma habilidad de Makoto para entenderle o ser entendido para expresarse de una manera menos difícil con el otro. Su calma llegaba a agobiarle de sobremanera a veces.
Después de una plática algo más alegre sobre las últimas noticias de la nueva universidad donde ahora estudiaban Nagisa y Rei, una llamada telefónica desde el celular de Rin por parte de Sousuke, sus excompañeros rivales de Samezuka y Kisumi, y alguno que otro recuerdo de los viejos tiempos, estos dispusieron a retirarse a la sala de espera junto con Rin para dar paso a las siguientes visitas dejando un ambiente familiar y cálido dentro de la habitación.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Segundos después de haberse ido sus amigos, fue el turno de los compañeros universitarios de Makoto quienes se asomaban en el marco de la puerta.
Uno por uno, iban entrando mientras Haruka se ponía a la defensiva a lado del castaño demostrando querer matar con la mirada a los recién llegados.
Realmente no le agradaban. Prefería mil veces la molesta llamada anterior de Kisumi a aquello.
La primera en abrazar al ojiverde fue la chica de cabello igual de rojo que el de Rin pero con mechas color negro quien soltaba unas lágrimas llenas de felicidad al verle completamente diferente a como le habían encontrado en aquel baño.
–Qué bueno que ya estas mejor, ¡nos diste un enorme susto Makoto!- soltó la chica aun abrazada del chico estrujándolo cuidadosamente con fuerza.
Atrás de ella se encontraba el chico de ojos grises con apariencia bravucona, y al lado de este el grandulón rubio lleno de alegría en su rostro.
-Makoto en serio que estas mal de la cabeza, ni siquiera yo he terminado así de mal, todos los del club me han preguntado por mensajes sobre tu estado, eres algo así como una leyenda para gente que ni siquiera conozco…- decía Takashi con una sonrisa al castaño mientras este asentía con una sonrisa avergonzado. Aquello no era nada halagador en su condición, más le hacía sentir extrañamente divertido la manera como el otro expresaba aquello conociendo su alocada personalidad.
-Hmph… ¿Leyenda?- interrumpió el hidrofilico totalmente controlado con evidente enfadado en su voz- Por culpa de ustedes casi se muere, no me vengas con estupideces- el ojiazul se levantó de su lugar, encarando a lo lejos al compañero de su amigo.
El azabache perforado solo frunció el ceño mostrando una mirada de superioridad mientras Yuki deshacía su abrazo sobre Makoto poniendo atención al giro del ambiente.
-¿Y dónde estabas tú cuando todo eso paso?, Según todos tú eres su mejor amigo, de no ser por nosotros ahora estaría algunos metros bajo tierra- termino cruzando los brazos sin ningún signo de arrepentimiento ante tan duras palabras.
Haruka solo pudo apretar los puños para después voltear el rostro enfadado hacia la ventana.
El azabache motociclista por su parte veía las acciones de la persona que le había encarado con enfado. Este volteo a ver a Makoto por reflejo encontrándose con una mirada triste que miraba a Haruka con preocupación. Takashi jamás le había visto aquella significativa mirada antes en el poco tiempo que llevaba conociéndole.
Soltó una pequeña risa con un deje de diversión.
-Makoto, amigo, un consejo… si te vas a drogar hasta morir, asegúrate que sea por alguien que realmente valga la pena- soltó mirando a Haruka.
El nadador de estilo libre con aquello había llegado al límite de su poca paciencia, había captado la indirecta no tan indirecta rápidamente y ahora estaba de nuevo a punto de abalanzarse contra el compañero del ojiverde. Takashi hablo ignorando la situación en la que entrarían.
-Por cierto, la chica que lleva tiempo sentada sola allá fuera es tu novia ¿no?, debe de quererte mucho para estar aguantando a alguien tan indeciso y que la ignora, yo a Yuki jamás le quito un ojo de encima- comento parando en seco la furia del otro ignorando la reacción de los demás.
Sabía que estaba mal hacer ese tipo de comentarios frente al castaño, y más en su condición. No daba la razón de cómo alguien tan amable y alegre se aferraba a alguien algo patético a su parecer. No le conocía lo suficiente para juzgarlo, pero sabía que las primeras impresiones siempre decían mucho de una persona.
El azabache nadador salió del cuarto rápidamente ante la mirada aun más preocupada del de orbes esmeralda.
Un silencio después del conflicto había reinado la habitación.
-Perdón Makoto… simplemente no me cae bien, ¿Con que ese es el tal Haru?- comento Takashi relajando sus movimientos mirando nuevamente a su compañero.
-Sí… - suspiro Makoto.
Kentarou que permanecía ajeno a todo aquello decidió entrar en la conversación.
-Cambiando de tema… me alegro que estés bien compañero, de haber estado algo consiente de lo que hacía anoche nunca te hubiera dejado solo, tenía el presentimiento de que algo así te pasaría cuando empezaste a excederte, lo bueno que no pasó nada más, realmente eres fuerte- comento Kentarou recibiendo una sonrisa amable del chico orca, apartándose levemente.
-Perdón que te diga esto Makoto, respeto tu orientación o lo que tu decidas, pero chicos como el solamente hacen sufrir a las personas con sus indecisiones. Te conozco y mereces ser correspondido totalmente, no a la mitad ni por partes pequeñas, las personas a tu alrededor te aprecian mucho por lo que no vuelvas a cometer una estupidez como esa, déjanos ese tipo de vida a nosotros- comento Yuki abrazando a su novio mientras le miraba preocupada.
-Sé que tienes razón, pero la verdad es que… él es la persona a la que más amo y probablemente amare por toda mi vida. Sé que podría simplemente buscar a alguien más y ser feliz, lo he intentado créeme, pero la verdad es que me une a él algo más que un simple amor de la infancia, es algo que nunca me hará poder olvidarle aunque quisiera, desarrolle ese defecto sin saber cómo ni desearlo, y este defecto me atara a él por siempre- hablo el castaño con una sonrisa y dolor en su rostro.
-… La verdad- comento repentinamente Makoto manteniendo la sonrisa hecha por sus labios.
-La verdad… no le he mencionado a nadie esto, pero… me han otorgado hace dias una oportunidad para un intercambio estudiantil a América después de las próximas vacaciones de invierno… no me agrada mucho la idea de viajar tan lejos pero, creo que es lo mejor para mí el ir y alejarme por un tiempo de todos mis complejos- menciono tranquilo.
Los amigos del ojiverde le veían sorprendidos.
Takashi y Yuki le veían especialmente más sorprendidos que nadie mientras se percataban cómo el rubio ojiverde se acercaba al de orbes fuertemente verdes lentamente.
-Makoto – toco su hombro -Mientras te haga feliz, haz lo que te parezca correcto- cortaba Kentarou el aura sorprendida de todos de un solo comentario.
Makoto levemente sorprendido, le regresaba el gesto con un asentimiento de su parte viendo como Takashi y Yuki se componían de nuevo dándole una pequeña felicitación sincera ante lo logrado.
-Creo que deberíamos asistir más a clases- se rascaba Takashi la nuca en signo de estar apenado al no saber muchas cosas que convenían a la escuela. Todavía era un milagro que siguieran en listas.
La habitación se llenaba de un aura llena de diversión dispersando todo lo ajeno.
-Por cierto, no creerás esto - mencionaba Takashi con un tono infantil en su voz cambiando totalmente el tema.
-Después de que llegamos a la entrada del hospital, este tonto cayo totalmente desmayado en las escaleras pálido de pies a cabeza más de lo que normalmente es, al parecer tiene hemofobia y ni siquiera el sabia jajaja- soltaba el azabache golpeando el hombro del rubio en un abrazo amistoso riendo a carcajadas.
-Eso es cierto, tuvieron que inyectarle unas horas suero porque no dejaba de marearse cada cinco segundos- ayudaba Yuki a su novio colaborando a la bulla de este.
Por un instante, todos hablaban de aquel tema poniendo a Kentarou como centro de conversación riendo a carcajadas por breves instantes para después decidir seguir regañando a un Makoto que ahora reía divertido ante sus compañeros.
Haruka se encontraba afuera de la habitación agachado con su espalda contra la pared escondiendo su rostro gracias a su cabello. Apretaba sus rodillas con las palmas de sus manos tratando de calmar su coraje ante la anterior pelea, pero este se vio disipado al escuchar las palabras, sentimientos y planes futuros del castaño.
Algo dentro de él dolió mucho cuando el castaño se refería a su habilidad como un defecto.
Aunque apenas tenía conocimiento de aquello, el delfín sabia claramente que sin aquella habilidad de su amigo, probablemente siempre hubiera vivido ignorante de los sentimientos de este.
Y el saber que este planeaba alejarse tan lejos de su persona le lleno nuevamente de un vacío en su pecho más crudo que el que había sentido aquella noche en la que hubo perdido su virginidad.
Ahora había dañado a la persona más valiosa en su vida…, y a una chica realmente buena sin intenciones malas.
Decidió que era tiempo de madurar.
Makoto dormía tranquilamente en aquella habitación de hospital.
Hacía ya casi dos horas de que sus compañeros de universidad se habían retirado a la sala de espera dejándole solo y tranquilo.
…
Su amigo de ojos zafiros desde la pelea no había dado señales de querer regresar por lo que ignoro el hecho desahogándose un poco en lágrimas debido a todos los sucesos que habían tornado hasta llegar a aquel lugar. Realmente aquello le había hecho mucho bien para su conciencia. Quedándose después dormido a profundidad.
…
Haruka, por su parte, se levantaba de una banca vacía cerca de la habitación del castaño después de haber esperado todo ese tiempo hundido en sus pensamientos alejado de los sujetos que simplemente le molestaban.
Tenía muchas cosas en la cabeza que simplemente no podía procesar.
Lentamente regresaba a la habitación percatándose de la calma en todo el cuarto y del aroma que ciertas flores desprendían llenando el aire de un toque a rosas mezcladas con flores de sakura.
Nuevamente tomaba asiento en aquel lugar al que solo le faltaba una placa para reclamarse como de su propiedad.
Su mirada seria, y sus pupilas dilatadas, observaban al chico que yacía dormido profundamente en aquella camilla con un semblante en total calma. Atento, se percataba como sus ojos lucían levemente hinchados por debajo en señal de haber llorado lo suficiente hasta caer dormido.
Estaba harto de ver a Makoto llorar.
El hecho de todos los sucesos acontecidos hasta ese punto, pasaban por su cabeza con intervalos que se perdían en algún punto debido a todo lo que se había guardado Makoto hasta ahora.
Independientemente de las extrañas habilidades del castaño, el ojiazul realmente no sabía que pensar respecto a los sentimientos de este. El solo pensar en el ojiverde de manera amorosa, le hacía sentir un enorme revuelco en su estómago difícil de controlar.
Aunque cuando miraba su rostro, por milésima vez podía confirmar de lo estaba completamente seguro.
Definitivamente no podía vivir sin él.
Su presencia era tan necesaria como el aire que diariamente respiraba para seguir viviendo. Como el agua que le hacía feliz, y como la caballa que le mantenía gustoso.
Claro que Mikoto no se quedaba atrás. Era una chica excelente, amable, hermosa y tierna, le había hecho vivir experiencias que jamás había vivido.
Pero sabía que no estaba enamorado de ella…
No había punto de comparación.
Su profundo razonamiento sabía que de estar enamorado de la chica, encontraría la manera de resolver aquello para poder conservar la amistad a distancia con su amigo mientras podría seguir adelante con su relación con Mikoto.
Pero en vez de eso, toda su mente se encontraba hecha un lio, al borde. No lo entendía.
Que molestia… pensaba.
De un momento a otro, su vista se había enfocado en la mejilla del castaño que se mostraba mínimamente rosácea a como se hubo visto el día anterior.
Extraño…
Con mucha delicadeza de no despertar a su amigo, este tomaba asiento a lado de este en la camilla para estirar su brazo tomando con sus dedos levemente su mejilla.
Su cuerpo dio un leve impulso al sentir en su propia mejilla un cosquilleo cálido.
Lentamente, pasaba uno de sus dedos por la línea que formaba el pómulo del otro cerrando sus ojos, concentrándose en como graciosamente un roce delicado recorría su rostro a la par que sus dedos jugaban con las facciones del otro.
No puede ser…
Al parecer es contagioso…
En cierto momento, el ojiazul súbitamente abría los ojos enfocándose en el rostro que parecía dormir muy profundamente. Por precaución, volteaba a mirar las máquinas de pulso percatándose de si este realmente se encontraba bien al no ver ningún signo de querer despertar en Makoto.
Al comprobar que todo estaba bien, su azulina mirada, nuevamente se enfocaba en el rostro del otro de una manera profunda perdiéndose en sus facciones.
Realmente debo solucionar esto…, Makoto… pensaba mientras sus ojos se llenaban de un brillo que no muchas veces mostraba acompañados de una sonrisa como las pocas que solía dar.
Con delicadeza, este cambio su expresión a una seria acercando lentamente su propio rostro al de su amigo abriendo levemente sus labios con un leve rubor en sus mejillas.
Al estar a nada del otro, este atrapo el labio superior del ojiesmeralda con sus propios labios, empezando a abarcar ambas comisuras carnosas del ojiverde en un beso delicado.
Con el simple roce inicial de los labios, inmediatamente toda su boca cosquilleaba.
Con cuidado de no despertar al otro, este daba un poco de profundidad al beso sintiendo como su boca le pedía por mas ante tan repentina y maravillosa sensación.
Su respiración poco a poco se hacía más dificultosa mientras el revuelco en su estómago que había empezado a atacarle segundos antes, cambiaba a una tranquila sensación de calidez parecida a miles de mariposas queriendo escapar por su garganta desesperadamente, produciendo un súbito cosquilleo agradable en su esófago.
El ruido de las maquinas desaparecía, todo se desvanecía pareciendo tan lejano a sus oídos.
Ahora sus ojos yacían cerrados mientras levemente sus parpados se habrían por intervalos dejando a la vista unos ojos totalmente perdidos en aquel beso que se empezaba a tornarse peligroso para su persona. Su trasparente saliva, ahora se combinaba con la Makoto haciendo una mezcla cálida de fluidos entre sus bocas que se movía con el vaivén del movimiento de sus labios.
Cualquiera que le viera en aquel momento, podría confirmar que este literalmente estaba violando la boca del que aun yacía dormido en aquella cama.
Perdido completamente en aquel acto hipnotizador, su mente repentinamente empezaba a llenarse de imágenes mentales continuas que le hacían ir y venir, de aquella montaña rusa de sensaciones nuevas.
Un Makoto mirándole de una manera vacía e interrogativa
Un Makoto con ojos evasivos y una mueca ladina
Un Makoto esperándole solo en las escaleras de su casa
Un Makoto distante
Un Makoto impotente al no poder ayudarle a buscar un sueño
Un Makoto triste deseándole felicidad
Un Makoto cubierto por sangre en una camilla blanca
Makoto lleno de sondas e intravenosas
Unos brazos decorados de cortes
Un cuello sangrante
Un pitido de un corazón dejando de latir….
Makoto llorando con una enorme sonrisa quebrada en su rostro…
…
Los ojos de Haruka repentinamente se habrían soltando gruesas lagrimas separándose bruscamente de Makoto cortando como cuchilla un hilillo de saliva transparente que quedaba como rastro del anterior beso dado y despertando a Makoto a su vez con la respiración sofocada.
Su rostro lloroso y gimoteante, mojaba las facciones de Makoto quien le miraba sorprendido, confundido y preocupado, con las mejillas sumamente coloradas.
-¿Ha…-
-PERDÓNAME, PERDÓNAME POR FAVOR- decía el azabache con dificultad y la respiración dificultosa mostrándose alterado mientras su llanto crecía.
El ojiverde cuidadosamente se acomodaba en la camilla jalando rápido y ágilmente con sus brazos a la persona frente a él encerrándole en un abrazo.
Pero diferente a todas las demás ocasiones en su vida, este no hablo para reconfortar al otro ni para preguntarle sobre su persona. Sus ojos al igual que el otro, desbordaban lagrimas llenas de tristeza que mojaban los hombros del ojiazul que también se encontraba gimoteando imparable.
El llanto de ambos hacía fuertemente eco en la habitación.
…
Ninguna palabra más salió de ellos inclusive cuando sus llantos fueron cesados y el abrazo aun continuaba.
Nadie pidió explicaciones y ninguno volvió a mirar a los ojos del otro de nuevo.
…
Lo único de lo que nadie en aquella habitación se hubo dado cuenta, fue de la presencia de cierta chica de ojos mieles que había presenciado dolida y con un semblante serio toda aquella escena. Con sus pupilas totalmente perdidas en el color de sus ojos, salía silenciosamente del marco de la puerta perdiéndose por el pasillo.
Continuara…
