Disclaimer: Los personajes de este Fic no me pertenecen.

Nota: Una disculpa mega enorme otra vez u_u, la universidad succiona a uno de verdad X:X, e irte de juerga lo es peor si te excedes, así que un consejo es que no lo hagan n l(°O°)/. En fin muchas gracias por sus comentarios! son geniales y muchos realmente me sacan una que otra sonrisa extremadamente happy ¡! XD.

En fin muchas gracias de nuevo!.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

-Hijo, cualquier cosa que necesites… háznoslo saber por favor. Tienes nuestro número así que no dudes en llamarnos si nuevamente tienes impulsos extraños en mente querido- decía la madre del ojiverde a su hijo quien le regalaba una sincera sonrisa llena de cariño.

-Claro que si mamá- decía este abrazando a su progenitora cariñosamente.

En cuanto Makoto se hubo separado de su madre, su hermana menor corrió a este para abrazarle fuertemente mientras él le devolvía el gesto lleno de ternura casi levantándola del suelo debido al abrazo a pesar de que esta ya no era tan pequeña.

-Cuídate mucho Oni-chan- le dijo suavemente la niña mientras le apretaba y lo soltaba con algunas lágrimas en sus ojos –Ten cuidado, la próxima vez que te visite, no quiero volver a verte así- deshacía su abrazo del más alto sin soltar sus mano manos que se entrelazaban.

El castaño simplemente mantenía su sonrisa mientras lentamente soltaba la mano de su hermana quien hacia acto de sonreír para dirigirse hasta su madre.

-Claro que si- le respondió Makoto.

Su hermano menor y gemelo de la anterior, después de aquello solo choco puños con el ojiesmeralda dándole un veloz abrazo mientras se regalaban entre ambos una enorme sonrisa genuina de hermandad. Makoto se decía internamente que extrañaría aquellos gestos infantiles en los que ambos se le abalanzaban como koalas humanos. Un orgullo interior de hermano mayor le lleno al ver como crecían estos y como lo había hecho el mismo.

-Makoto- ahora su padre se dirigía a él directamente mientras éste le veía totalmente atento lleno de arrepentimiento sumado a respeto en sus ojos.

El mayor hizo acto también de dirigirse al chico de ojos azules postrado a lado de su hijo atento a sus palabras que le miraba con igual respeto como Makoto.

-No olvides ir a tus terapias Makoto. Los doctores se comunicaran con nosotros para informarnos a cerca de tus avances, así que, espero todo salga bien –le miro en reprimenda.

-Si tomamos estas decisiones fue porque confiamos en ustedes al cien porciento. Así que entre ustedes apóyense como siempre y espero no se vuelva a repetir otro suceso igual- mencionaba el mayor con un severo tono de voz mientras esta se tornaba suave poco a poco.

-Cuídense, nuevamente les cedo nuestra confianza así que no lo desperdicien. Te quiero hijo- decía el mayor palpando el hombro de su hijo con mucho sentimiento paternal.

El ojiazul por su parte, hacía acto de tocar lenta y suavemente su propio hombro mientras asentía respetuosamente al hombre frente a él mostrando una pequeña reverencia como afirmación positiva al padre de su amigo acerca de la condición antes expuesta.

Toda la familia Tachibana por igual se despidieron nuevamente ahora de ambos chicos para después dar la vuelta, y entrar dentro del vagón de aquel tren que les llevaría de regreso a su pueblo natal.

Los dos nadadores que se quedaban en la estación, agitaban sus manos en signo de despedida mientras lentamente acortaban sus movimientos al no ver más a la familia del ojiverde.


El castaño había durado en recuperación aproximadamente dos semanas más después de su nada normal encuentro con Haruka, hasta que su cuerpo fue totalmente liberado de las toxinas de una extraña droga que le había sido subministrada aquel día.

Una semana antes de salir de recuperación, tanto Rei como Nagisa y Rin, habían regresado a sus respectivos lugares de residencia para volver a retomar sus vidas universitarias normalmente.

El pelirrojo había sido el más reacio al momento de tener que partir.

Le angustiaba de sobremanera el como aquellos dos tomaban una situación totalmente pequeña convirtiéndola en algo exagerado probablemente debido a la falta de comunicación verbal entre sus personas al ya contar con la habilidad de poder telepáticamente hablar entre ellos de manera, casi, exacta.

Pero todo y sus dudas, este tuvo que partir sin más preámbulos gracias al tener que retomar sus entrenamientos debido al tiempo invertido en aquel hospital, y al convencimiento de Sousuke vía telefónica de una manera la cual nadie pudo conocer. Dejando toda su confianza, en aquel que había sido el detonador de toda aquella situación.

De aquella manera, solo su familia, y Haruka después de sus también entrenamientos universitarios, estuvieron a su cuidado hasta que aquellas intravenosas y todos los demás cables le fueron retirados por completo. Además de sus alocados compañeros, que a pesar de las advertencias, seguían trayendo consigo un escándalo al momento de convivir con el chico orca en aquel hospital.

En esos días, sorprendentemente el ojiverde también había recibido llamadas de preocupación de parte de los padres de su amigo azabache, que a pesar de su rutina pesada, habían recibido la noticia de su accidente de manera imprevista de parte de sus propios padres, por lo que estos habían estado sumamente aliviados al momento de escucharle hablar por el celular de su propio hijo que sin tanto escándalo les había recibido la llamada.

Todo un mar de sucesos se había construido durante todo el transcurso de su estadía en aquel hospital.

La mayoría de los doctores del hospital veían el caso del ojiverde como algo parecido a un milagro, una hazaña médica digna de apreciar, o a la fuerza de voluntad más grande que hubiesen visto en sus vidas, puesto que la última semana fue especial y únicamente para liberarle de todo tipo de sustancia nociva que tuviese en el cuerpo.

La combinación de alcohol y venenos nocivos que su organismo retuvo por un tiempo, habían sido los suficientes como para haberle matado en un pestañeo.

Pero afortunadamente no lo hicieron.

Y todos lo agradecían, sobre todo Makoto.

Durante aquellos últimos días de estadía, el de ojos verdes también se puso al corriente felizmente acerca de la vida de sus pequeños hermanos. Las últimas noticias sobre los vecinos de las casas colindantes de aquel pueblo, sobre sus amigos, su vida escolar, calificaciones, alguno que otro gusto nuevo, etc.

Pudo darse cuenta graciosamente como mientras cada día su hermano menor adoptaba una actitud un tanto reservada y masculina, su hermana iba haciéndose más social e hiperactiva al momento de tratar a los que le rodeaban, sacando una que otra sonrisa a su propia persona.

Todo aquello, a pesar de ser pequeñeces, solo iba incrementando la culpa en la conciencia de Makoto, haciéndole ver los pros y los contras acerca de la actitud que había adoptado gracias a su habilidad.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

El azabache a pesar de mantener un ritmo ejemplar en su universidad, y ser uno de los mejores en cuanto a tiempos respecto a carreras, a pesar de no ser lo suyo la competencia, todo aquello pasaba a último término cuando se trataba de apurar su ritmo de vida para poder ir hasta aquel hospital y acompañar a su amigo lo que restaba de la tarde.

Cuando estaban solos, a pesar de conocerse de toda la vida, no podían evitar darse cuenta de la inmensa tensión que se tornaba entre ellos haciéndoles incomodar la mayoría de las veces.

El castaño solo sacaba temas triviales con una voz falta de entusiasmo mientras el otro enfocaba sus ojos azules a él haciendo como que ponía atención mientras su mente se perdía en pensamientos tristes la mayoría del tiempo.

Ninguno de los dos, por nada del mundo trataba de sacar el tema con relación a lo sucedido aquel extraño día.

Aquel día, cuando el menor encontró a su amigo casi encima de su persona hecho un mar de lágrimas, después de haber despertado con todo su cuerpo quemando en calor, su boca completamente mojada levemente entumecida, y una clase de sobreexcitación que le llenaba todo el cuerpo de intensas sensaciones nuevas.

Makoto no sabía porque aquel que tanto amaba y también le hacía sufrir, lloraba entre sus brazos intensamente y se disculpaba arduamente.

Ni Haruka sabia porque empezaba a desarrollar aquella tan extraña habilidad de Makoto que le habían hecho ver los sentimientos del ojiverde de una manera tan rápida, intensa y triste a la vez.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Derivado a aquello, Haruka había optado por arreglar sus sentimientos de una buena vez.

-Mikoto… - decía el azabache a la chica que situaba frente a él con su bolso de entrenamiento en sus manos y el cabello sumamente mojado a pesar de la nieve a su alrededor.

Ambos habían terminado su arduo entrenamiento rutinario bajo techo por lo que ya se situaban fuera del complejo universitario frente a frente. En un espacio alejado de la muchedumbre agregándole un poco más de frio al clima.

-Quiero terminar… - su expresión se mantenía neutra.

Mikoto abría ampliamente sus mieles ojos.

-¡¿Por qué?! ¡¿Qué hice mal?!- preguntaba la chica empezando a notarse en su rostro una severa acumulación de agua salada en sus lagrimales.

-… - Porque… pensaba el delfín mirando inquietamente a Mikoto.

El azabache estaba exhausto mentalmente.

Le resultaba sumamente difícil explicarle a la mujer frente a él sus razones para acabar una relación tan corta y de una manera tan fría.

Observaba bajando su inquietud, a la chica frente a él.

Esta podía situársele como la perfección andante, alguien comprensiva y que siempre trato de dar lo mejor de sí misma por él en muchas situaciones.

La mejor novia… La mejor chica… La mejor futura esposa…

Más no era lo cercano a lo suficiente.

Dentro de su corazón, un sentimiento extraño había empezado a formarse llenando su cabeza únicamente con imágenes mentales de Makoto y recuerdos de su infancia. Tanto felices como tristes.

Cuando recuerdos felices venían a su cabeza, no podía evitar soltar una que otra sonrisa seca al aire sintiendo nuevamente como aquellas mariposas que sintió anteriormente, creaban un cosquilleo en su interior parecido a un calor interno lleno de vida y placer por las pequeñas cosas.

Pero para su mala suerte, cada vez que regresaba al hospital y veía aquella mirada que le miraba con cansancio e incomodidad, las imágenes tristes que le hicieron llorar aquella vez, regresaban de golpe a su cabeza para hacerle caer en la realidad.

Una realidad donde aquella felicidad y regocijo internos y externos habían desaparecido casi por completo. Todas aquellas mariposas parecían triturarse bruscamente dándole paso a un revoltijo estomacal nada agradable.

Quería esa sonrisa llena de vida de vuelta.

Solo para él.

Como siempre había sido.

-Lo siento Mikoto- respondía a la chica la cual había cambiado su frágil rostro femenino y sufrido a uno lloroso y serio lleno de ira en sus ojos.

Mikoto, de un movimiento a otro, había alzado su mano en acción de soltar una cachetada a aquel que se situaba frente a ella.

Mas sus ojos mieles solo atinaron a abrirse completamente deteniendo la mano en el aire.

El chico frente a ella se veía totalmente neutro como siempre, la misma actitud serena con la cual probablemente ninguna persona pudiera adivinar que estuviese pensando, acompañado por sus mejillas rosas probablemente debido al frio.

Pero, a pesar de aquella característica externa, sus ojos se encontraban totalmente expresivos y a la merced, de una manera que nunca le había visto desde que le hubo conocido. Se veían opacos, faltos de vida, como si en algún punto del camino de regreso a su hogar, este fuese a aventarse de cualquier puente que le pusiesen en frente sin pensarlo dos veces.

La castaña súbitamente bajaba su brazo y su mano incluidos, cerraba sus ojos tranquilamente y giraba completamente su cuerpo empezando a andar en dirección contraria a la de aquel individuo que ahora le veía retirarse sin soltar ninguna palabra más, ni un gesto o despedida alguna.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Tres dias antes de salir de su recuperación, había llegado el momento de tomar decisiones con respecto al transcurso del tratamiento de Makoto.

Debido a que su caso no pudieron concordarlo como algo accidental, ni se pudo encontrar a las personas que le habían suministrado a aquellas drogas inyectables, y gracias a la poca información proporcionada por el propio Makoto, su caso medico fue declarado como un intento de suicidio.

Donde los pocos que sabían la única verdad de las causas, tampoco podían negar que todo lo hecho por su amigo y compañero se le asemejaba casi en todo a aquella declaración.

Ante aquello, la recuperación del castaño fuera del hospital tenía que darse a tratar como de alguien con un antecedente suicida, lo que conllevaba tanto como tratamiento psicológico, como visitas cortas a centros de rehabilitación sobre drogas.

Derivado a información gracias a Takashi, el ojiverde no fue totalmente internado en un anexo debido a que fue comprobado que el consumo de aquellas sustancias solo había sido por única vez, dejándole libre de solo ir uno que otro día para ver su avance psicológico y respecto a su recuperación sin adicción como consecuencia de aquellos tóxicos.

Como el tratamiento y su procedimiento de recuperación solo podían darse en centros especializados dentro de Tokio, este no tuvo otra alternativa que quedarse en la ciudad, a pesar de que los dias libres de universidad estaban próximos debido a las celebraciones de invierno.

Y a causa de la reciente desconfianza de los padres del ojiesmeralda sobre este, y a una pequeña nueva pelea física entre Takashi y Haruka debido a la fricción de personalidades, Makoto no tuvo otra opción más que tomar la oferta de vivir por un tiempo junto con el de ojos azules para, según sus padres, "cuidarse entre ambos" con la cómoda ventaja de un espacio más grande para estudiar, sumado a menos paga en renta.

Así que inmediatamente este estuvo fuera de aquel hospital, con ayuda de su familia, tuvo que vaciar sus cosas de su antiguo departamento, al igual que su amigo de la infancia, para mudarse con juntos en un departamento algo más grande y nuevo sin queja alguna, ante la mirada triste y vacía que últimamente estos se intercambiaban.

Su familia decidió guardar unos días más, procurando lograra adaptarse a su nuevo espacio sin caer nuevamente en la rara situación que antiguamente le había orillado a, según los doctores, un suicidio fallido.

La mayoría de los sucesos hasta ese momento habían pasado en un abrir y cerrar de ojos para todos.

Especialmente para aquellos que parecían perder poco a poco, la comunicación telepática que alguna vez gozaban…


Después de haber despedido a los padres del castaño, ambos caminaban serenamente sobre una vereda no tan lejos de la anterior estación, de vuelta a su departamento evadiendo la nieve que se acumulaba en el camino y caía sobre ellos.

A comparación de sus caminatas alegres y pacificas en su pueblo natal, ambos se situaban caminando hombro a hombro y completamente abrigados, atentos al camino en un silencio sepulcral.

De vez en cuando, el ojiazul miraba de reojo al chico a su lado viendo como este escondía sus manos entre sus bolsillos con una actitud relajada ignorándole completamente sin un afán de empezar alguna platica como siempre lo hacía desde que lo conocía, o inclusive lo hubo hecho de vez en cuando en aquel hospital.

Haruka solo bajaba la mirada, un poco triste internamente sin demostrarlo tanto por fuera enfocando su mirada en el camino, tratando a la vez de esconder su sentir a aquel que seguía ignorándole desde hace tiempo.

A pesar de parecer mantener un perfil bajo casi la mayoría del tiempo, este realmente odiaba ser ignorado, y más si aquel que lo hacía, era aquel chico que no parecía percatarse de su sentir.

Sintiendo como el frio calaba algo más que sus huesos, ambos continuaron aquella caminata por las calles de una ciudad, que empezaba a tornarse un real lugar de tormento.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Cuando se situaron frente a su departamento, el castaño saco unas llaves de su pantalón sin mucho escándalo, poniendo de un solo movimiento la llave en la cerradura color cobre frente a él, abriendo la puerta principal con la misma paciencia que le caracterizaba desde hace tiempo, dándose paso en la entrada y dejando su chaqueta azul no tan exageradamente gigante en un perchero cercano, dirigiéndose sin decir alguna palabra, directamente a su cuarto.

El otro por su parte hacia la misma acción, dejando su sudadera del equipo universitario sumado a una chaqueta color blanco en el mismo perchero, pero a diferencia del otro, dirigiéndose a la cocina con un rostro completamente serio.

Si les preguntasen a las personas que convivían en su alrededor en ese momento, con que palabra pudieran describir el color de los ojos de aquellos dos en una expresión, probablemente la respuesta exacta en la que podrían concluir con aquella interrogante fuese: ¿Tenían color?

Después de un rato, donde la claridad del día pasaba a ser un simple rastro del atardecer de invierno, Makoto salía de su habitación con algunos papeles en mano dirigiéndose al pequeño balcón que contenía el nuevo departamento en el que vivían.

Este había sido llenado de flores en macetas arregladas de una manera hermosa, mientras sus dueños, cada uno por su cuenta cuidaba de aquella flora en su departamento, especialmente de los pequeños maceteros que se encontraban colgados desde pequeños barandales sujetados desde el balcón del piso situado arriba del suyo.

Sin cerrar la mampara, el más alto se recargaba sobre el balcón observando la vista invernal exterior. Miraba con curiosidad, con sus ojos verdes y vacíos, como un gato delgado pasaba sobre los tejados de las casas continuas de una manera intrépida y flexible.

Este de un momento a otro, dejo aquella escena para sacar de entre sus pantalones una pequeña caja de cigarros mientras hacía acto de prender uno llevándose el pequeño tubo de tabaco hasta su boca empezando a fumar dando una calada tranquilamente mirando concentrado los papeles en su mano desocupada.

Ya me lo esperaba… pensaba el ojiverde mirando aquellos documentos y exhalando humo de su boca.

Repentinamente, este sintió como unas manos ajenas le quitaban aquel objeto de la boca aventándolo a la deriva desde aquel balcón dejándole con una mueca en sus labios parecida a una sonrisa triste con sus ojos igual de faltos de interés como últimamente se situaban para la persona frente a él un tanto molesta.

-No creo que debas hacer eso si estas en tratamiento- le decía el azabache mirándole con el ceño fruncido y una clara señal de enfado tratando de evadir la mirada de aquel que recibía aquella reprimenda.

-Descuida… - mantenía Makoto la leve mueca en su rostro.

-Esto es lo único a lo que no se le puede considerar una droga en si, por eso no está prohibida, gracias por preocuparte- decía mientras se recargaba cruzando sus brazos en el borde de la pared del balcón, observando hacía abajo tratando de asegurarse que el cigarro no le hubiese caído a nadie o nada importante.

-No lo hagas en mi presencia- le sentenciaba el de ojos zafiros mientras regresaba a la cocina sin ánimos de continuar aquel altercado.

Ante su partida, el castaño simplemente deshacía su leve sonrisa dedicándose a mirar intensamente a los papeles que se situaban en sus manos ya sin ánimos de encender otro cigarro.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

El menor de ambos, fervientemente quería probar una teoría.

Una teoría basada en solo películas y datos inservibles de internet.

No podía consultar por ningún lado alguna cura contra aquella extraña habilidad, ni podía simplemente reemplazar sus terminales nerviosas y toda su piel de la noche a la mañana para algún remedio inmediato.

Así que sin alternativa, quería probar si de alguna manera u otra, el estar lejos del de ojos azules pudiera hacer algún efecto y minimizar el alcance de su habilidad de una manera en la cual ambos pudiesen vivir una vida normal, alejados el uno del otro.

El poder ir a América de intercambio, había caído del cielo, una ayuda derivado a su suerte y a su arduo trabajo universitario.

Quería dejar ser feliz, al que ahora vivía de alguna manera atado a él por alguna clase de lastima y a producto de la petición de sus padres.

Lo odiaba.

Y todo aquello por el defecto con el que había nacido y a la idiotez que había cometido para poder escapar de su realidad.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Con la vista enfocada nuevamente en la calle, el ojiverde exhalaba una pequeña cantidad de vapor gracias a al frío de manera cansada, mientras doblaba sin cuidado alguno aquellos papeles metiéndolos en el bolsillo de su pantalón.

Unos papeles finamente entintados que ahora resultaban un balde de agua fría en plena tormenta de nieve.

###################

A quien corresponda:

Se le informa que su solicitud ha sido retenida por un periodo de seis meses hasta nuevo aviso debido a inconvenientes exteriores y personales con el solicitante.

Favor de pasar a Rectoría por más información o comunicarse al XXX-XXX-XX-XX.

###################

Tenía que ser una broma.

El ojiesmeralda lentamente estiraba sus brazos en signo de entumecimiento mientras dejaba aquel balcón cerrando la puerta corrediza tras de sí, volviendo tranquilamente de nuevo a su habitación, y saliendo a los minutos de esta con una manta afelpada color verde sobre su cuerpo vistiendo una ligera camisa color naranja pastel y los mismos jeans azules que había utilizado para ir a la universidad.

Haruka por su parte, había dejado sus actividades ya terminadas en la cocina, tomando del perchero una ligera sudadera color blanco muy afelpado, igualmente con los mismos jeans que había utilizado para ir a la universidad calzando unos calcetines muy coloridos y llenos de vida como complemento.

Con suma tranquilidad, ambos se situaban sentados en el piso de la estancia acomodados frente a frente con una pequeña mesa japonesa entre ellos que contenía dos enormes tazones de comida recién hecha que extrañamente no contenían ni una pizca de rastro de caballa en ellos.

Ante aquel gesto, el más alto solo pudo soltar un leve deje de sorpresa interna sin demostrarlo por fuera mientras el otro ni se inmutaba de aquel gesto siguiendo disfrutando de aquel platillo de manera silenciosa y calmada, como la mayoría de sus acciones en sí.

Desde que ambos optaron por compartir departamento debido a las circunstancias, Makoto podía observar y saborear claramente como las comidas que el otro preparaba se daban a expresar de una manera cálida o fría, al ser casi vetado indirectamente de aquel lugar al solo ocasionar desastres sin reparo.

Con el paso de los días, y su experiencia de años, había podido aprender a identificar los sentimientos expresados en los platillos de Haruka casi tan bien como su mirada de manera telepática.

Y para el ojiverde resultaba gracioso, como en esos dias podría jurar que todas las comidas que preparaba el azabache, expresaban tristeza, calidez y amor juntos. Casi engañándole el hecho de que este ya no usaba su pescado favorito en la mayoría de lo que comían.

El más alto solamente podía deprimirse un poco más y a la vez alegrarse al pensar que tal cambio, era constantemente ocasionado por la novia del de ojos azules.

Al término de aquella casi cena, el más alto agradecía sus alimentos mientras disponía a levantarse a lavar su tazón, dejándolo en los demás trastos para nuevamente encerrarse en su habitación a descansar debido a la falta de tareas universitarias por los cortes vacacionales que el día anterior a ese habían ya iniciado.

El otro simplemente le veía irse de manera callada sin mostrar su disgusto con aquella acción, levantándose de aquel suelo para disponerse a levantar su tazón sucio.

Mirando aquel tazón todavía medio lleno de comida, Haruka no podía evitar pensar que todo se había complicado para mal.

Quería hablar con Makoto…

Pero constantemente cuando sus labios mostraban signos de querer abrirse, estos sencillamente se cerraban para nuevamente guardar todo lo que su persona deseaba decir.

Tenía que hablar con Makoto…

Tener conversaciones triviales nuevamente, no tener que pensar mucho para encontrar algún tema de conversación, saber que este siempre iba a calmar su tormenta interior con simples palabras cariñosas y absurdas, inclusive escuchar ese Haru-chan que siempre le sacaba de quicio pero interna y profundamente le agradaba.

Saber que todavía le amaba…

Su boca solo exhalaba un pequeño suspiro al ver como el tazón a medio comer se desparramaba sobre el agujero en el lavatrastos.


Como siempre desde el tiempo que llevaban ahí, los festejos de año nuevo en Tokio se hacían de manera colosal.

Los edificios se llenaban de luces, la torre Sky Tree se llenaba de turistas y los templos se atestaban de personas en búsqueda de hacer peticiones de fortunio.

Tanto el azabache como el castaño, se mantenían sumamente abrigados y con sus palmas juntas, rezando en un templo de colores vibrantes. La gente que se amontonaba dentro de aquel lugar tropezaba de aquí a allá buscando un buen lugar para poder pedir sus deseos haciendo de vez en cuando perder la coordinación a ambos que se mantenían sumidos en su mundo.

Después de casi desfallecer asfixiados, ambos se habían encaminado hasta la avenida principal de aquella ciudad, en el corazón de Shibuya, con el mismo silencio de siempre.

Donde cuando todo el barullo por el año nuevo había comenzado, el único momento en el que no había importado nada más, había sido cuando la mirada de Haruka se perdió en el diminuto brillo que los ojos de Makoto mostraron al momento de que los fuegos artificiales empezaron a hacer la cuenta regresiva de que un año nuevo se acercaba.

Que más daba si Makoto le ignoraba.

En ese momento, lo único que sus pupilas admiraban, era aquel gesto infantil y sorprendido que el más alto mostraba admirando aquellas pantallas llenas de color y los fuegos artificiales en el corazón de aquella inmensa ciudad.

El tiempo parecía pasar en cámara lenta en aquel instante, entre toda la gente que reía y se admiraba de aquello. Una noche llena de color y regocijo.

Mientras uno se había sentido en el centro del universo, el otro había admirado todo el universo… en una sola persona.


Tan rápido como la transición del día a la noche, los festejos de año nuevo, y los demás días otorgados habían pasado para dar nuevamente paso a los días normales de universidad, convirtiéndose en semanas.

Makoto a pesar de tener clases únicamente por la mañana, las tardes las aprovechaba para poder ir hasta aquel centro de rehabilitación para sus terapias post-suicidio, donde además de darle pláticas, enfermeros verificaban que ninguna droga fuese sido consumida hasta el día vigente.

Haruka por el contrario, contaba con horarios quebrados dándole muchas facilidades al momento de entrenar, pudiendo evitar así, la mirada penetrante y amarga que Mikoto constantemente le regalaba al momento de hacer entrenamientos mixtos.


El ojiverde se encontraba totalmente concentrado en las clases que impartía el profesor frente a él en una inmensa pizarra que fácilmente abarcaba casi todo aquel salón por completo.

A pesar de no ser tan bueno en Historia y Geografía, Makoto trataba con todo su empeño de poner toda su atención a aquella clase y hacer los apuntes necesarios para poder entender mejor sobre aquella asignatura un tanto quisquillosa para su persona.

En una pequeña distracción, veía graciosamente como los asientos de sus compañeros de juerga se encontraban totalmente vacíos.

Como ya se lo esperaba.

Entre las miradas que dedicaba hasta aquellos asientos vacíos, de un momento a otro pudo percatarse como una alumna totalmente bella y pelirroja, definitivamente de otra carrera, se encontraba con su mirada mientras le regalaba con sus labios rosas llenos de brillo, algo parecido a una sonrisa coqueta para nada discreta.

. ¡…!...

Repentinamente, sus sentidos se espabilaron, sin demostrarlo externamente, no dejando ningún momento de ver a aquella chica que le miraba de una manera extraña y atrevida.

Vaya que habían pasado años desde que alguien le hubiese visto de aquella manera.

Pensaba que lo más probable a aquello, fuese que nunca antes se había dado cuenta de aquel tipo de miradas al ignorarlas monumentalmente por su corazón fielmente atado a su en aquel entonces, amor secreto.

Sin indagar mucho en esas miradas, su atención nuevamente se desvío a las acciones del profesor hasta que la clase dio por terminada.

Con mucha serenidad, y al haber sido aquella su última clase, este fue directamente hasta un pequeño casillero escondido en aquella universidad, cortesía y propiedad de Takashi mientras este se encontraba bajo tutorías intensivas con Kentarou y Yuki, para poder guardar cosas que probablemente solo lograrían estorbarle hasta el camino de regreso a su departamento.

¡¿…?!...

Repentinamente, su piel se erizaba completamente al sentir un leve roce veloz en sus labios.

Hacía mucho tiempo, que extrañamente por alguna razón aquellos toques no se habían dejado sentir en su piel, por lo que la sensación había caído como un golpe sorpresivo a su rostro desprotegido.

Su vacía mirada característica cambiaba drásticamente sin aquel toque vacío a una de angustia llena de ira, mientras con suma fuerza, cerraba el casillero de manera estruendosa asustando a su propio ser al saber que aquella personalidad no iba para nada con la que quería tratar de arreglar después de casi matarse gracias a sus impulsos.

Aun con sus sentidos totalmente encendidos y a flor de piel, volteaba tratando de tranquilizarse para salir de aquella universidad, parando en seco al ver como una persona más baja que él, le miraba recargada desde un casillero conjunto al que Takashi le había proporcionado.


-Qué haces… - preguntaba un levemente desconcertado Haruka a la enérgica chica rubia de ojos carmín que se encontraba frente a él con el rostro sumamente colorado y una mirada extraña en sus ojos sin dejarle saber a este si se encontraba molesta o alterada.

-Tómalo como una pequeña ayuda a una desconocida, ¡por favooooor!, simplemente sígueme el juego- le susurraba la chica mientras el mismo trataba de serenarse después de haber sido besado por aquella chica sin ninguna autorización y de manera sorpresiva.

Repentinamente, el ojiazul veía como de unos arbustos decorados ya totalmente sin nieve aledaños a su posición, un chico de apariencia delincuente y fornida, un poco más bajo que él, salía casi disparado al parecer sin rumbo fijo con un rostro lloroso y exagerado perdiéndose entre la gente que pasaba por aquel instituto.

Con el rostro entre serio y molesto, veía como la chica deshacía cuidadosamente su agarre poniéndose completamente colorada y haciendo un gesto de reverencia.

El de cabello azabache le veía estoico, careciente de curiosidad por aquella situación.

-¡LO SIENTO!, ¡LO SIENTO! , ¡LO SIENTO!- gritaba la chica al chico que parecía carecer de sorpresa ante aquel suceso, haciéndole sentir levemente incomoda ante tanta serenidad.

–Espero… esto no te atraiga problemas- deshacía su pose de reverencia cambiando a un rostro de arrepentimiento.

- Muchas gracias por haberme ayudado, ese chico realmente no sabe cuándo parar… por cierto, soy Hana- terminaba mostrando una sonrisa sencilla levemente aun arrepentida.

El otro que había permanecido bajo un autocontrol impresionante ante aquello, simplemente cerró sus ojos en respuesta

-No importa, ten cuidado al momento de besar desconocidos… puedes meterte en problemas- le reprendió neutro y aparentemente desinteresado haciendo acto de seguir su paso sin tomar mucha importancia a aquella escena.

La rubia le miraba totalmente sorprendida pasmada en el lugar donde se encontraba en aquel momento.

Que amable chico… tan interesante… pensaba la chica formando una sonrisa tierna en su rostro.


Nuevamente, y en aquel mismo día, la tarde se reflejaba entre las casas y los edificios carecientes de luz solar dándole paso a un ambiente un tanto tibio medianamente abrazador pero aun con leves secuelas de lo que había sido un crudo invierno. Las hojas de varios árboles goteaban dando señal a que la nueva estación no estaba tan lejos de llegar.

El primero en haber llegado a aquel departamento había sido el azabache, por lo que se encontraba preparando onigiris gigantes para merendar.

Sentía una completa calma en aquel espacio cuadrado llenándole un poco aquel hueco que se había formado en su pecho desde hace tiempo ya sin poder taparlo con nada.

Con mucha dedicación, terminaba de preparar estos moldeando con sus manos la masa de arroz comprimido a su parecer, haciendo figuras cómicas de decoración con trozos de algas, dándole a uno que otro con forma esférica, sellos característicos tanto de él como de su amigo, acomodándolos por último en un recipiente ovalado lleno de decoraciones un tanto divertidas.

Tenía que arreglar las cosas.

Tomar por primera vez el valor para hablar con Makoto sobre su nueva habilidad, sobre su situación con Mikoto, y por último, sobre sus nuevos sentimientos…

Tiempo después de acabar aquella preparación culinaria, el delfín salió al balcón posando su brazo en el barandal de concreto, recostando su cabeza en la palma de su mano derecha, observando detalladamente como la nieve había dejado de caer del cielo, derritiéndose la sobrante lentamente en grandes gotas de agua que probablemente se secarían entrada la primavera.

Aun ante tal cambio climático, observaba como su aliento seguía convirtiéndose levemente en vapor al momento de exhalar para comprobar la temperatura fuera del edificio.

Sin ánimos de continuar aquello, y dejando de admirar aquella fría naturaleza, se dispuso tranquilamente a entrar de nuevo a la estancia del departamento.

Aun sin mover un centímetro la ventana corrediza, se detuvo parando en seco…

Repentinamente había empezado a notar como la temperatura de su cuerpo empezaba a aumentar considerablemente haciéndole sentir completamente incómodo.

¿Qué está sucediendo?… pensaba el ojiazul sintiendo como una sensación enfermiza y acalorada empezaba a recorrerle desde la boca hasta su esófago, de manera repentina y brusca.

Aquello no le gustaba para nada.

Aun sin entrar siquiera a su hogar, trato inútilmente de controlar sus palpitaciones cardiacas respirando fuertemente el frio aire exterior obteniendo como consecuencia calar secamente sus pulmones haciéndole toser varias veces.

-¿Q-Qué me… está pasando?- decía para sí mismo sintiéndose ahogarse mientras veía en aquella ventana corrediza su propio reflejo. Miraba como en la parte baja de una de sus clavículas un golpe parecido a un moretón aparecía de poco a poco.

¡…!

No puede…

Sin aviso, sus pensamientos se cortaban en el frio aire observando a través del amplio cristal de la ventana corrediza, como su compañero y dudablemente ahora amigo entraba a su departamento azotando descuidadamente la puerta principal con movimientos rápidos y brutos.

Makoto…

Sus ojos se tornaban ampliamente sorprendidos al mirar, como este sin dificultad, cargaba entre sus brazos a una chica pelirroja mucho más baja que él mismo mientras ambos se besaban sin reparo de una manera desesperada y tosca.

La chica, de apariencia muy bella, se sujetaba fuertemente con sus piernas de la cintura del castaño mientras este la cargaba sin ningún problema abarcando todas las piernas de ésta hasta su trasero proporcionándole besos por casi todo el rostro.

El más alto parecía un animal salvaje que fácilmente no había comido en semanas carroña alguna.

Observaba en shock, como ambos pasaban la estancia del lugar entre besos profundos, alguna que otra caricia y risas, encerrándose finalmente en el cuarto de Makoto como si nada más importara.

Estaba totalmente impactado.

Un zumbido fuerte inundaba sus oídos empezando a entrar un trance extraño donde no entendía nada.

Con mucha dificultad en su respiración, e infernalmente caliente de todo el cuerpo, este abría la ventana corrediza de manera discreta, deteniendo sus movimientos en la pequeña estancia notando como los anteriores habían tirado varias cosas en su paso al tropezar con varios objetos que anteriormente yacían acomodados.

De entre todos aquellos objetos regados por el suelo, el delfín se agacho pudiendo distinguir inmediatamente un cuadro enmarcado con una fotografía vieja de ellos.

Una foto donde, a diferencia de aquella foto de sus celulares, ambos se mostraban de pequeños. Él con su mejilla parchada por una bandita curativa enorme y su rostro impenetrable característico, mientras el pequeño ojiverde se mostraba con una sonrisa enormemente alegre tomados ambos de las manos en la arena de su pueblo costero con un inmenso puerto rocoso como fondo.

Una de las fotos más antiguas a como lo recordaba.

Notaba como el zumbido de sus oídos se iba esparciendo de manera rápida dando paso a un hueco enorme en su pecho que se perdía entre tantas sensaciones que le atacaban en el momento.

Con cuidado, tomaba la fotografía entre sus manos reparando sus ojos azules en aquella sonrisa cura enfermedades que extrañaba en demasía.

Al sentir como nueva y bruscamente su cuerpo aumentaba considerablemente de temperatura, dejaba la fotografía caer haciendo acto de correr a encerrarse en el baño que colindaba con las demás habitaciones del departamento desvistiéndose inmediatamente de pies a cabeza a excepción de su traje de baño que lo había adoptado ya como ropa interior.

Sin esperar demasiado, abría con fuerza la llave del grifo mirando como el agua llenaba poco a poco la bañera esperando cual manta a un niño pequeño, con mucha dificultad y desesperación hasta que esta alcanzara su punto máximo de llenado.

Tratando de ignorar todos los ruidos y gemidos obscenos que provenían de la habitación aledaña, Haruka momentáneamente reparaba en un pequeño espejo entre las baldosas de aquel baño viendo como todo su cuello y dorso se encontraban llenos de marcas rojizas.

Su mente se encontraba echa un verdadero caos doloroso.

Se recriminaba internamente el haber sido algo estúpido de su parte el nunca preguntar cuáles eran las características de aquella habilidad a su amigo cuando había tenido la oportunidad.

Mínimo, sabía que cada vez que se hacía daño, el otro también tenía que soportarlo, por lo que con todo su autocontrol a flote, entraba en la bañera ya llena sabiendo lo que se avecinaba si el otro estaba manteniendo relaciones sexuales en ese momento.

No quería dañar a su amigo con sus acciones, ni tener que vivir esa horrible experiencia.

Su cuerpo temblaba bruscamente dentro de aquel líquido que consideraba su protección mientras dejaba a las caricias hacerse en su cuerpo de manera inevitable.

Soltando indeseadas lágrimas gruesas, escuchaba como los gemidos de la chica incrementaban empezando a escuchar como el ojiverde también dejaba salir unos cuantos quejidos placenteros.

En suma desesperación, hizo acto de introducir su cuerpo totalmente en aquella bañera para poder así eliminar cualquier ruido externo, que de solo escuchar los ruidos obscenos de aquellos que ni se percataban de su presencia, le provocaba unas terribles ganas de regresar todo lo que aún no había comido aquel día de un solo tajo.

Dentro del agua, el ojiazul se preguntaba internamente si todas esas molestias corpóreas las había tenido que sufrir el otro cuando Mikoto le proporcionaba aquellos gestos de amor a su cuerpo de manera placentera y sin detenerse al momento de tener por primera vez relaciones sexuales.

Realmente era horrible.

Cuando regreso su cabeza a la superficie pudo darse cuenta como descaradamente los ruidos y gemidos prevalecían, mas su voluntad por no hacer algo impulsivo no le permitía hacer nada más que acostar su cabeza de lado en aquella tina de baño con cada brazo aferrado a los bordes de la tina de manera aterrorizada y sus ojos totalmente abiertos esperando a que todo acabara prontamente dejando a sus lágrimas hacerse en su rostro póker de siempre.


¿Por qué se encontraba besando descontroladamente a aquella chica?

A esas alturas ya no lo sabía.

Entre caricias y locura, en la caja de calor que ahora era su cuarto, recordaba engañosamente cómo la chica sin rodeo alguno, se le había insinuado entre aquellos casilleros mientras el trataba de evadir sus palabras de manera educada.

Al principio se había asustado, toda aquella atención de parte de una desconocida que en su vida recordaba haber intercambiado siquiera un hola como saludo, parecían como un verdadero juego del destino para probarse así mismo su resistencia ante las malas tentaciones de la vida como lo habían sido aquellas drogas.

Su personalidad amable realmente no parecía funcionar, contra aquella persona un tanto entusiasmada en agradarle a su persona sin siquiera conocerle.

La pelirroja en algún punto de las evasiones ya le acompañaba en su caminata diaria para volver a su departamento.

Ante su inútil intento por sacarse a esa chica que parecía demasiado ignorante ante su incomodidad, decidió seguirle la corriente solo hasta estar seguro de que ésta se encontraba en total disponibilidad a dejarle e ir por otro rumbo un tanto seguro para una chica tan linda como ella.

La caminata de ambos siguió hasta un punto donde la fémina descaradamente había optado por tomar su mano deteniendo ambos su andar ante las dudas crecientes del castaño, que ahora le gritaban que saliera corriendo de aquella situación.

Ante el detenimiento, la chica aprovechó para jalar a su acompañante que no parecía estar totalmente en contra de aquello hasta un punto oscuro de un callejón escondido entre aquella avenida, para total sorpresa del ojiverde.

En aquel punto andrajoso y vacío de la calle, alejados de la muchedumbre, esta tomaba entre sus delicadas dos manos la mano del más alto depositándola sin ningún tipo de pudor en uno de sus grandes pechos.

Makoto internamente era un descontrol de pensamientos.

-Creo que sabes mis intenciones… desde el primer día que te vi en aquella clase, lo que quiero contigo es puramente físico- decía la chica como si aquello se tratara de un simple juego de niños –Y por lo que he oído… parece que no te asustan los retos… - terminaba con una sonrisa lasciva llena de un aparente deseo.

Ante aquello, la mirada sonrojada del ojiesmeralda en aquel rostro aparentemente serio se extendía hasta sus orejas viendo a su compañera frente a él.

Extrañamente para su manera normal de pensar, tan razonable y llena de conciencia de sus actos, lo único que llenaba su cabeza en aquel momento era como yacía trunca su oportunidad de alejarse de aquel que ya no sabía si todavía amaba, y el como quería conseguir por sí solo, una oportunidad para deshacerse completamente de aquellas sensaciones.

Como aquel roce que anteriormente se había presentado en sus labios.

Reconocía desconocer completamente la vida de su amigo en el presente, y no sabía si su relación con Mikoto había pasado completamente a otros niveles.

Viendo a la chica realmente bella frente a él, tan dispuesta a probablemente llenar aquel vacío, a su mente llegaban de golpe las palabras de Yuki en aquel hospital.

Te conozco y mereces ser correspondido totalmente, no a la mitad ni por partes pequeñas, las personas a tu alrededor te aprecian mucho por lo que no vuelvas a cometer una estupidez como esa…

Makoto sabía que aquella chica algo impaciente por su respuesta no tenía ninguna intención de algo serio.

No era tonto.

Pero también sabía que la única manera de poder lidiar con aquellas sensaciones que proveían al otro de manera azarosa, hasta el día de tener nuevamente la oportunidad de poder irse de aquella jugada de la vida a otro lugar más lejano, era con algo que le hiciera su equivalente.

Ya no desgastaría su organismo en drogas benignas, que no solo le habían hecho sufrir hecho a él.

Estaba en su plena juventud, y el amor ya no lo veía una opción inteligente a tomar.

Sin hacer muchas preguntas, y al no tener conocimiento alguno en temas de "aquella" índole, simplemente tomo parte de su propio consejo tomando de una de las manos que le sostenían la suya un tanto avergonzado, pasando sin rodeos a una farmacia cercana de su hogar siendo acompañado a todo momento por aquella chica, que a pesar de sus intenciones, las pláticas momentáneas y de doble sentido que solía sacar hacían reír de vez en cuando al castaño al ser cosas tan ocurrentes y un poco subidas de tono para alguien que aparentaba menos edad de la que probablemente tenia.

Probablemente de no haber escuchado esa clase de chistes entre los amigos de Kentarou, su rostro jamás se hubiese controlado de explotar debido al rojo de su rostro.

Sin mucho más que decir, este por fin se hubo situado frente a la fachada exterior de aquel departamento que aún no sabía cómo denominar, notando como la nieve que anteriormente cubría los árboles y los alrededores empezaba a derretirse, seguramente debido al próximo cambio de estación.

Su raciocinio ante tan hermoso paisaje parecía volver poco a poco dándole más importancia a la persona que se encontraba al lado suyo.

¿Realmente quería hacer aquello?

No tenía ninguna experiencia en aquel ámbito, sabía que a las chicas no se les tenía que utilizar, y lo único para lo que se había probablemente preparado mentalmente, era para como tener relaciones con un hombre al tener una mínima esperanza en su interior de poder estar con aquel que tanto anhelaba.

Nunca con una chica.

Pero a él, le gustaban las chicas.

Con aquello en mente, sus acciones empezaban a decaer haciéndole ver en lo que realmente se había metido.

Miraba de reojo a la chica al lado suyo notando como esta le veía confiada, feliz, pero algo decaída probablemente adivinando su repentino cambio de humor.

Antes de realizar cualquier acción ante su reciente arrepentimiento, sintió como aquellas pequeñas manos le jalaban hacia un lado atrapando su rostro en un repentino beso suave que despacio e inevitable iba convirtiéndose en uno mojado completamente fuera de sus límites.

Sentía como todo su cuerpo entraba en una acalorada burbuja de puro deseo corporal sin poder volver a sus anteriores intenciones de arrepentimiento.

La excitación aumentaba violentamente empezando a acorralar con su cuerpo a contra pared a aquella chica que empezaba a perder todo su anterior signo de dominación ante aquel que ahora la empezaba a dominar tal orca a una pequeña foca indefensa.

Toscamente con sus fuertes brazos, el castaño alzaba completamente a la chica abriendo en su paso la puerta de su departamento olvidándose completamente de lo demás.

Aquella chica era totalmente intensa, y al parecer, esta tenía todas las intenciones de enseñarle lo que hasta ahora nadie le había enseñado.

Tenía que sacar a Haruka de su corazón, para dejarle ser feliz con aquella que quería.


Todo aquel proceso había durado aproximadamente media hora más.

Al instante en el que todas aquellas acciones acabaron, el azabache hizo acto de pararse inmediata y rápidamente de la bañera para soltar violentamente en el toilet todo lo que no había comido aquel día de un solo tirón.

Su estómago se encontraba totalmente contraído y su cuerpo se sentía extraño, corrompido.

Al parecer habían masacrado de un solo golpe, a todas las mariposas que anteriormente trataban de salir de su garganta cada vez que veía a su amigo.

Sin ganas de reparar en su vómito, que probablemente solo eran jugos gástricos, dejaba aquel toilet para mirar nuevamente su reflejo en el espejo entre aquellas baldosas.

Verificaba derrotadamente como nunca nada de lo que hubiese hecho antes con Mikoto, se le podía comparar a aquellos chupetes corporales que parecían haber sido hechos con todas las intenciones del mundo.

Volviendo a su rostro póker de siempre, y tratando de asumir los acontecimientos, espero a que su cuerpo estuviese controlado de los espasmos estomacales.

Segundos después, bajo la palanca del toilet volviendo nuevamente a la bañera ahora completamente desnudo para librar de aquellos roces su cuerpo entero que aun ardía en un desagradable calor lejanamente excitante.

A esas alturas, los onigiris probablemente habían pasado a la historia…


-¡Reiiiiiii-chaaaaaaaaaan!- gritaba un hiperactivo rubio tacleando de un solo abrazo irrazonablemente a un peliazul que se encontraba tecleando su celular de manera tranquila en una pequeña banca en las afueras de aquella inmensa universidad.

Ambos habían optado por seguir carreras universitarias totalmente fuera del ámbito de la natación, pero sin llegar a tales extremos como la universidad en Tokio al conocerse el espíritu aventurero del más bajo y el ojo bueno del otro por las cosas hermosas.

El ojirosa con una inmensa sonrisa, se abrazaba de la espalda del de lentes mientras volteaba a ver discretamente entre las manos de su peluche humano aquel objeto que se había salvado de caer peligrosamente.

-¡Nagisa-kun!, por favor tenga cuidado, puede ocasionar algún accidente- mencionaba cambiando su rostro de sorpresa a uno de completa resignación al ya estar acostumbrado a aquellas acciones.

-¡Que aburrido!- decía el de menor estatura deshaciendo poco a poco su abrazo tornando una pose un poco más calmada tomando asiento al lado del chico sin dejar su enérgica aura dispersarse. A pesar de verse físicamente más maduro, la actitud de Nagisa seguía siendo la misma de un clásico niño pequeño.

-Por cierto Rei-chan, ¿Has sabido algo de Mako-chan o Haru-chan?, ya sabes que no tengo teléfono y no estoy al tanto de nada- mencionaba el de ojos rosas con un rostro de cachorro derrotado volviendo a su típica sonrisa de felicidad contagiosa.

El otro le observaba serio con un gesto de desagrado en su vista, ya que este recordaba exactamente como aquel chico había perdido su celular, mientras regresaban desde sus hogares por los puentes vacacionales nuevamente a la ciudad en la que ahora ambos residían estudiando, de una manera tan ridícula que el simple hecho de recordarlo le hacía dudar como era que se habían mantenido como amigos, y ahora juntos hasta aquellos días.

El de lentes rojos soltó un pesado suspiro volviendo a enfocar su atención a su celular de manera tranquila tornando sus labios en una mueca de gracia visible.

-Ayer después de mi hora de estudio intercambie algunos mensajes con Makoto-sempai y al parecer todo ha marchado bien, y sabemos que si él nos dice que está todo bien, por ende Haruka-sempai también debe de estar igual de bien- dejaba de teclear su celular volteando su rostro notando inmediatamente como el ojirosa indiscretamente echaba miradas a su pantalla mientras su rostro aparentemente feliz se llenaba de una pequeña nube oscura derivada de un sentimiento que ya antes le había visto y había aprendido a reconocer al instante.

-He estado hablando e intercambiando mensajes con Yuki-san al respecto para no dejar ningún cabo suelto con respecto a la estricta vigilancia que acordamos realizar con Rin-san hacia Makoto-sempai, pero al parecer ella y sus compañeros están asistiendo a cursos intensivos para poder pasar unas materias que están a punto de reprobar, por lo que no han visto a ninguno de los dos hasta el día de hoy- terminaba de explicar viendo como el rostro de Nagisa se relajaba poco a poco incrementando su anterior aura feliz que siempre le rodeaba.

-Con que así están las cosas… - mencionaba ahora el rubio de manera casi tan serena haciendo levemente sorprender al de lentes que ahora enfocaba toda su atención al más bajo al lado suyo

– Solo espero que estén dando lo mejor de sí mismos para que no vuelva a suceder algo así. Creo que… de haber estado en la misma situación en la que se encontraba Mako-chan, probablemente yo me hubiese quebrado más rápido de lo que yo mismo pudiera imaginar… - su rostro parecía estarse perdiendo en algún pensamiento profundo al solamente enfocar sus ojos rosas frente a su persona apagándose poco a poco su aura enérgica.

El peliazul que observaba toda aquella escena, miraba serio al pingüino con el entrecejo fruncido.

Rápidamente, de un movimiento a otro hacia acto de guardar su celular en su bolsillo trasero de su pantalón levantándose de la banca tomando fieramente la mano del más bajo mirando como este cambiaba su rostro mirándole ampliamente sorprendido saliendo al parecer de un profundo trance en el cual segundos antes estaba cayendo.

-Nagisa-kun, no te lo quería mencionar pero… al parecer abrieron una nueva heladería afuera del campus donde puedes pedir todos los sabores de helado que tu estomago pueda soportar, y como tú ya sabes, yo no soy un fanático de los helados así que… – decía el de lentes perdiendo sus formalismos al más bajo, tomando de manera intelectual sus gafas con su mano desocupada dándole un aire emocionante y de un total sabelotodo.

El rubio simplemente dejaba aquella aura repentina abriendo ampliamente los ojos permitiendo soltar un inmenso brillo resplandecer en sus ojos tal cual niño pequeño al ver sus regalos bajo el árbol de Navidad.

-¡¿Y QUE ESTAMOS ESPERANDO?! ¡VAMOS! ¡VAMOS!- mencionaba el ojirosa empezando a jalar de aquella mano que no le soltaba por las andaderas de aquel sitio universitario.

Antes de salir del campus, repentinamente el rubio paraba en seco palpando sus pantalones grises entallados en acción de al parecer buscar algo perdido entre sus ropas. Sus ojos se tornaban levemente acuosos mirando al más alto con total desorientación.

-Creo que no traje mi cartera conmigo jeje- decía dirigiéndose a el otro sacando levemente la lengua en una sonrisa con son infantil, cerrando sus ojos sin perder aquella alegría.

El de gafas rojas abría ampliamente los en sorpresa para poner nuevamente su típico rostro de desaprobación ante los actos colosalmente despistados e inmaduros del otro. El adorador de lo hermoso soltaba un suspiro al aire entrelazando aún más sus dedos en aquella mano que era mucho más pequeña a la suya en comparación.

-No hay problema, de todos modos yo te invite desde un principio así que… tomare esa responsabilidad por hoy- terminaba la cuestión el más alto mientras seguía nuevamente con fervor su paso cuidando de no desaliñar su imagen ante la prisa adquirida en su andar.

El más hiperactivo de los dos soltaba risas contagiosas mientras ahora se dejaba llevar por el otro al que graciosamente un rojo teñía todas sus mejillas.

Gracias Rei-chan…

Sin dejar ser visto por el otro, el más bajo ponía una inmensa sonrisa en su rostro llena de ternura viendo como Rei trataba de evadir a las personas hasta aquella heladería que Nagisa, ya conocía de hace días.


Aquello prácticamente se había convertido en algo casi, cotidiano.

Mientras los días pasaban, el ojiverde había adoptado una rutina un tanto absurda en cuanto a mujeres.

Al parecer aquella pelirroja, que ya nunca volvió a aquella estancia, solo había sido el principal detonador de la lujuria del castaño.

Makoto sabía la popularidad con la que su persona contaba en ese ambiente, más no sabía a qué magnitud se desenvolvía aquella popularidad hasta que empezó a darle oportunidad de mantener una relación física, aquellas chicas que anteriormente le buscaban.

No sabía porque había desperdiciado tanto tiempo lamentándose así mismo teniendo un escudo corporal tan fiable como aquel.

Realmente todavía no sabía nada de la vida amorosa de Haruka y Mikoto, inclusive de la vida que ahora llevaba su amigo de la infancia, pero eso había pasado a ser un punto y aparte en su vida en aquel momento.

El ojiazul por su parte seguía sin poder decir nada.

Si algún día alguien hubiese pensado que este tal vez era mudo ante su indescifrable rostro neutro y su antiguo traductor llamado Makoto, ahora su boca se había completamente cerrado.

Aunque sus horarios fuesen quebrados y algo cansados, este siempre regresaba a su departamento con la novedad de aquella rutina en la que el castaño había caído.

No sabía que sentir ante aquello. Simplemente no podía quejarse ante algo que a su parecer no le incumbía.

Una daga se clavaba en su corazón de manera violenta cada vez que observaba como éste regresaba a su departamento en días alternos, saludándole a secas cómo siempre, con marcas en el cuerpo potencialmente diferentes de una manera enfermiza.

Un día, el ojiverde regresaba de la universidad de la mano de una chica de estatura baja, rubia y realmente bella, mientras otro día salía de su habitación una morena de tez pálida completamente aturdida y fresca.

Estas solo veían a Haruka de manera avergonzada o a veces hasta coqueta siendo completamente ignoradas por el delfín que siempre en aquellas situaciones, optaba por tomar baños prolongados dándole la tarea de quitar aquellas molestias a su confiable líquido amante, encerrándose también en aquel cuarto soportando las jornadas que corrompían su mente y cuerpo, desechando en simples vómitos todo lo que en el día hubiese comido.

A veces, el azabache mayor simplemente se encontraba leyendo solo en aquella estancia con temática japonesa, o haciendo una que otra tarea cuando las sensaciones hacían su efecto tensando todo su cuerpo en horror al masoquistamente aguantar hasta que aquellos toques se fueran, algunos inclusive dejándole marcas en el proceso.

Este solamente se encargaba de ocultar perfectamente aquellas marcas al momento de tener que entrenar en su universidad. Y a veces simplemente no entrenaba por aquella causa sin dar explicaciones a nadie.

A pesar de aquello, el ojiesmeralda siempre se daba la tarea de regresar a su departamento conjunto a descansar y cumplir al día siguiente con sus tareas cotidianas de universidad y recuperación ante lo sucedido, aun con la actitud fría que dedicaba a aquel que parecía no importarle tanto sus acciones.

Haruka trataba de aceptar aquello como un castigo o pago del karma al haber hecho sentir así antes a la persona que ahora sin saberlo le hacía sufrir. Y el solamente podía tragarse sus palabras ante aquello.

Lo único que realmente podía agradecer en aquella situación, era que al parecer lo único que aquella habilidad no afectaba, era su aparato sexual por completo.

Desconocía completamente si realmente de entre los dos, fuese el único sin poder sentir el efecto de la habilidad en aquellas zonas tan importantes y erógenas para poder darse el propio acto sexual.


En menos de aquellas semanas, aquella chica de cabello plateado era la número tercero, de las veinticuatro que ahora sumaban, que entraba al cuarto del castaño de la mano de este, de manera fresca y con un aroma corporal completamente sexual.

Haruka por su parte les observaba fijamente desde la cocina siendo totalmente ignorado, tirando inmediatamente en un cesto junto a la cocina todo lo que había estado preparando a su paso para comer nuevamente.

Él, en menos de aquellos días en los que Makoto parecía adoptar otro nuevo y extremo estilo de vida, por el contrario había conseguido bajar varios kilos derivado a aquella situación en la que se encontraba, donde al termino de las sesiones sexuales del otro, terminaba vomitando todo lo que había comido sin piedad alguna por parte de su estómago.

De todas formas lo vomitare… pensaba el ojiazul encaminándose al baño con su estoico rostro de cansancio deshaciéndose en su paso de sus ropas a excepción de su traje de baño y entrando con rapidez a su bañera abriendo la llave del grifo en el proceso sabiendo lo que se venía a continuación.

Sus ojos se abrían vacíos y totalmente sorprendidos al percatarse que ni una sola gota de agua caía desde aquella llave.

¡… ! No…

Con desesperación y el cuerpo tembloroso trataba de abrir forzadamente aquel grifo en búsqueda de agua sin mucho éxito, percatándose como los ruidos en la habitación aledaña empezaban a intensificarse de manera lujuriosa y ruidosa.

Aquello no le gustaba para nada.

Tocaba levemente su cuello con total temblor en sus manos resistiéndose a realizar cualquier acto de atentar contra su persona haciendo acto de acurrucarse en aquella bañera.

Sabía que cualquier cosa que hiciera, el otro la sentiría también, el dolor sobretodo…

Pero poniéndose a analizar la situación de una manera fría y para su desesperación… Su desventaja ante aquello era que el otro nunca había estado consciente la única vez que había tenido el verdadero acto sexual con Mikoto.

Ni probablemente las demás veces en las que las caricias habían ganado demás.

Sus ojos se llenaban de gruesas lágrimas llenas de ira al percatarse de aquella realidad.

No era ni remotamente justa aquella situación.

Con sus manos totalmente temblorosas y un sentimiento profundo de coraje, este empezaba desesperadamente a rasgar de su cuello utilizando las uñas en el proceso sintiendo como estas empezaban a dañarle y a llenarse probablemente de sangre.

Violentamente también tallaba sus brazos viendo como estos enrojecían ferozmente en cada pasada.

Había perdido completamente su autocontrol al no tener aquel líquido que le ayudaba a quitar el asco que sentía al recibir aquellas indirectas caricias.


-Aggh… due… le… -se quejaba por lo bajo el ojiesmeralda sintiendo como un dolor lleno de ardor empezaba a calarle la piel de manera nada piadosa. La chica peligris debajo de él le miraba totalmente extrañada temblando por completo ante las estocadas de este.

-¿Q-Que su… ngh… cede?- le preguntaba la misma atrevidamente sin ánimos de dejar que el otro se separara de ella en aquellas alturas.

Este con aun dolor acumulándose en su cuello, seguía embistiendo a la chica sin ninguna intención de parar aquella acción.

Al parecer, ya tenía tiempo que se estaba convirtiendo en una clase de masoquista.

Su vaivén se dejaba continuar inclusive cuando podía darse cuenta, como la mujer le veía extrañada con el ceño fruncido lleno de preocupación aun en aquella excitación.

Probablemente Mikoto enloqueció… pensaba divertidamente el chico orca poniendo un poco más de fiereza a sus movimientos haciendo enloquecer de placer a la chica abajo suyo que levemente se convulsionaba ante aquel contacto físico tan brutal.


Cuando termino todos sus asuntos físicos con aquella chica, el más alto hizo acto de llevarla hasta la entrada del departamento notando como prendas de ropas del otro se encontraban desparramadas por toda la estancia viendo esto de manera nada extraña al conocer la actitud impulsiva del otro en cosas como aquellas.

Miraba como la chica salía del pasillo, como si nada hubiese pasado entre ellos de manera tranquila y levemente fresca.

Internamente se preguntaba si debía detenerse por lo menos un poco, puesto que desde aquel roce, ya nada se había vuelto a manifestar que le hiciera preocupar de sobremanera.

-A excepción de esto… - se decía así mismo tocando su cuello sintiendo dolor instantáneo.

Cuando hubo cerrado la puerta, con suma tranquilidad tomaba pieza por pieza del conjunto de ropas de su compañero haciéndolo un pequeño bulto con acción de llevarlo hasta el baño donde generalmente se encontraba la ropa sucia del azabache.

¿Hace cuánto habrá regresado?… pensaba.

Soltando un exhalo de cansancio, este hacia acto de abrir la puerta del baño deteniendo todo su cuerpo cuando la puerta del cuarto de baño fue abierta.

El menor veía con los ojos sorprendidos, como el azabache se encontraba sentado en el fondo de la blanca bañera que poco a poco empezaba a llenarse de agua.

Con detalle, observaba como los dedos de este se encontraban manchados de carmín incluidos ciertos rastros de dígitos ensangrentados marcados en la blanca porcelana de la tina.

Con sus verdes ojos miraba como lentamente mientras el agua subía dentro de aquella tina, esta parecía adoptar un color rojo amarillento conforme se acercaba más al rostro del de ojos zafiros.

-¿HA-HARU?- preguntaba el más alto con la mirada sumamente extrañada con aquellos ojos vacíos característicos.

Notaba como un pequeño movimiento del otro parecido a un susto repentino se manifestaba.

-Salgo en un momento, no te acerques- decía quedamente el azabache al ojiverde con una voz completamente baja y rasposa parecido casi a un susurro para sí mismo, que una advertencia para el otro.

A pesar de aquella pobre advertencia, el rostro de Makoto seguía sin mostrar una exagerada precaución a como antes solía reaccionar cuando sabía que algo preocupaba al ojiazul.

El más alto secamente hacía acto de acercarse unos cuantos pasos hasta el que aún no parecía querer mirarle directamente a los ojos.

-Realmente no me interesa mucho lo que hayas hecho con Mikoto Haru, pero tienes que tener más cuidado, sabes que lo que te hagan tambi…-

Sus palabras se detenían al mirar como un objeto azul era aventado por el otro con suma fuerza hacía su persona, esquivándolo al instante por reflejo, viendo como el objeto chocaba contra el espejo entre las baldosas de aquel baño quebrándole en trozos grandes que se dispersaban inmediatamente por el suelo sin dañar a ninguno de los dos en el proceso.

Mirando aquel acto totalmente desconcertado, pudo identificar como aquel objeto azul que se había convertido en arma, era aquel delfín de juguete que anteriormente le había regalado a Haruka de pequeños en su inocente intento por no iniciar una discusión entre ellos.

-¡TE DIJE QUE NO TE ACERQUES MAKOTO!- respondía el azabache desde la bañera con las mínimas fuerzas que su cuerpo aun le permitía debido a la mala alimentación que últimamente padecía, evadiendo todavía la mirada de su compañero y cerrando el pequeño grifo que se había encargado de llenar, tardíamente, aquella tina porcelanizada.

Sin indagar mucho en las causas de aquella actitud, Makoto ignoraba las palabras de su amigo acercándose sin parar hasta la bañera notando como el delfín se tensaba con cada paso que el daba hasta su posición.

Totalmente cerca de Haruka, sus ojos se habrían más de lo normal y su respiración se cortaba bruscamente observándolo completamente.

Sumamente pasmado, veía como su amigo de la infancia tenía su cuello lleno de cortadas notablemente recientes y sus brazos se encontraban totalmente rasgados y pobremente hinchados como si hubiese tenido un altercado con algún gato fiero antes de encontrarse en aquella situación.

Ahora mucho más alerta, y con sus gestos llenos de precaución y descontento, Makoto hacia acto de desvestirse rápidamente de la cintura para arriba quedando a medio vestir en unos jeans ceñidos color negro.

Observaba como el otro que aún le evitaba la mirada, parecía tensarse completamente ante aquello.

-¡MAKO..-

-CÁLLATE HARU- interrumpía Makoto la reprimenda del otro entrando lentamente en la bañera haciéndose espacio frente al otro que simplemente flexionaba sus rodillas y sus piernas en totalidad dentro de un aura negra, con el rostro totalmente sorprendido debido a la fuerte voz que con ira le había hecho callar.

Quien es este sujeto frente a mí… pensaba el ojiazul mirando como el de ojos verdes opacos igualitariamente le miraba lleno de vacío.

Makoto ahora observaba totalmente al chico frente a él sin algún cambio en su estado emocional exterior. Indagaba en cada parte visible a su vista frunciendo levemente el entrecejo ante aquella panorámica.

-¿Por qué tienes el cuerpo… lleno de marcas?- le preguntaba el chico orca tal cual padre a su hijo después de haber hecho algo verdaderamente malo.

Ante aquella irónica pregunta, el azabache apretaba los puños de sus manos fuertemente, interpretado ante la vista del otro como un acto de tratar desesperadamente de contenerse de algo por alguna razón, sin querer aun encararle ni decir palabra alguna.

Makoto por su parte, estaba harto de aquellos gestos.

Soltaba una pequeña risa con un deje de cinismo.

-Descuida Haru, cuando me vaya a América, probablemente los efectos de marcas sobre tu cuerpo no sean tan dañinos para mi… solo hasta esos días podrás hacer lo que te plazca sin tener que preocuparte por mí- decía deshaciendo un poco el leve entumecimiento que se empezaba a expandir en su cuerpo moviéndose levemente dentro del agua.

Con aquella actitud totalmente diferente al Makoto que solía conocer, el hidrofilico dejaba aquella actitud esquiva hacia el chico frente a él, encarándole finalmente mostrando unos ojos llenos de un sentimiento que Makoto no pudo reconocer para nada.

Dentro de la tensión en bañera, Makoto veía como repentinamente el otro se movía suavemente hasta sus muslos sentándose completamente en su persona aun dentro del agua, haciendo aquella posición un tanto comprometedora para cualquiera que les viese.

El delfín le encaraba totalmente serio con aquellos ojos que ya no brillaban para nada a como lo solían hacer cuando con tan solo mirarlos, el ojiesmeralda caía más enamorado conforme los admiraba cual zafiros.

Makoto le encaraba totalmente incomodado, pero sereno, con aquellos ojos que ya no brillaban cual joyas verdes que anteriormente provocaban en el hidrofílico un sentimiento parecido al calor de una paz tranquilizante en su inestable mundo mental lleno del concepto "todo el mundo está mal".

De un momento a otro, Haruka fue acercando su rostro al del chico frente a él de manera sumamente triste poniendo ambas manos en las mejillas del ojiverde, depositando lentamente sus labios en una de éstas.

El castaño un tanto sorprendido internamente por aquella acción, cerraba los ojos mientras sentía como aquel beso empezaba a tornarse en un total acto de succionar la piel de manera un tanto violenta.

Sentía la sangre acumulársele empezando a entumecerse de aquel punto izquierdo del rostro.

¿Qué está haciendo?... se preguntaba mentalmente Makoto al no verle una razón a aquella acción repentina y extraña.

Justo cuando sentía su mejilla a punto de derretirse por aquella acción, sentía como el otro dejaba aquella zona sin deshacer la cercanía de sus rostros para depositar un fugaz beso en sus propios labios.

Un beso que por una milésima de segundo, había hecho a su mente obscurecer en un sentimiento enorme de tristeza.

Abriendo los ojos, el más alto veía como el azabache se separaba de su rostro lentamente dejando sus mejillas sin aquel toque tranquilizante, haciendo acto de dejar aquella posición para recargar su espalda bruscamente contra la bañera que aguardaba de ambos con agua ya a medias cubriendo sus cuerpos.

Las pupilas de Makoto repentinamente pasaban a ser pequeños puntos en sus ojos disipando todo aquel vacío que anteriormente le adornaban.

Nuevamente brillaban, pero no por un buen motivo.

La mejilla izquierda del azabache, que anteriormente era blanca y sin algún desperfecto, se encontraba profundamente amoratada y rojiza probablemente por la sangre acumulada en ésta.

El ojiverde, asustado observaba como los ojos del otro ya no mostraban aquel vacío que últimamente le caracterizaban, pasando a ser los mismos mares tormentosos que muchas veces le habían hundido en un solo vistazo, empezando a desbordarse en lágrimas cargadas de un sentimiento que no podía identificar.

Makoto miraba como entre gimoteos y tratando de ocultar su mirada, a Haruka se le dificultaba tratar de pronunciar algún sonido, al parecer tratando de hablar con aquella voz suave que se había vuelto un poco raposa debido a las heridas.

-Ro-Rompí, con Mikoto… hace tiempo- gimoteaba bruscamente.

-Ima… gina, sentir que le hacen eso… a la persona que recién te acabas de dar cuenta que amas sobre todas las cosas… sin… - gimoteaba- sin estar bajo el efecto de alguna droga… -gimoteaba – multiplicado veinticuatro veces- declaraba con evidente ira tratando de quitar algunas lágrimas de sus ojos utilizando sus manos inútilmente al estar ambos mojados dentro de aquella tina llena de agua.

Makoto con los ojos aun contraídos, observaba como la persona frente a él se deshacía poco a poco en llanto de una manera en la que su normal personalidad jamás hubiese permitido.

Mentira… pensaba inmediatamente observando la mejilla purpura del otro.

No puede ser…

Ante aquella verdad, el menor simplemente contraía su rostro fuertemente dando paso a una severa acumulación de lágrimas pesadas en su rostro soltando de su boca el sollozo más doloso que el azabache en su vida hubiese escuchado antes.

Rápidamente y sin aviso, Makoto se desbordaba igualitariamente en amargas lágrimas frente a su amigo, entre hipos descontrolados debido al llanto.

Ahora, ambos lloraban amargamente sin dejar de mirar los ojos del contrario entre sí.

Nuevamente platicaban entre ellos a base de telepatía, pero todo lo que los ojos de uno reflejaban al otro, terminaba por partir ambos corazones de una manera violenta y nada piadosa.

Tanto dolor acumulado, por una extraña habilidad que de ser solo una ventaja especial en una amistad hermosa e irrompible, había pasado a una irremediable maldición para dos personas que habían terminado enamorándose entre sí.


Derivado del tiempo en aquella ciudad, donde ya el frío pasaba a ser historia, pero tampoco los rayos del sol se dejaban ver aún, la lluvia se dejaba caer poderosa y relajante sobre todos los edificios y personas, incluidos los rincones más pequeños de Tokio.

A pesar de no contener rayos, esta se había dejado caer con intensa fuerza aparente al golpear sobre los toldos y baldosas, y mojando sin distinción alguna a los transeúntes que desprevenidos circulaban por las calles de la ciudad sin protección alguna.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-..-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Cuando los ojos de ambos se hubieron secado en aquella bañera blanca y amplia, llena de agua entre rojiza y clara, el más alto había hecho el acto indudable e impulsivo de tomar al otro entre sus manos depositando la espalda del delfín en su pecho rodeándole con sus amplios brazos la mayoría de su dorso en un abrazo sumamente posesivo, en un esfuerzo por aferrarse a este para tratar de tranquilizar sus violentos gimoteos que habían quedado como secuelas probablemente por los bruscos sollozos que ambos habían mantenido por minutos.

Tiempo después de que las pequeñas convulsiones del otro fueron cesadas con leves arrullos y mimos físicos por parte de Makoto, ambos habían quedado en aquella cómoda posición en la que el castaño hacia acto de acariciar con sus propias mejillas los hombros desnudos y menudos del otro, llenándose de una sensación placentera mirando el agua con sus verdes ojos seriamente rojizos e hinchados.

Extrañamente escuchaban como aparentemente afuera había empezado a llover debido al sonido de caída de lluvia que se dejaba escuchar desde la única y cerrada ventanilla dentro de aquel baño en el departamento.

-Makoto… - hablaba repentinamente el ojiazul sin romper aquella atmosfera llena de calma recargado sobre el cuerpo del castaño con un rostro sumamente tranquilo, igualmente con sus ojos rojizos e hinchados debido a tanto llorar.

-Hmmm ¿Si? ¿Qué sucede?- contestaba con preguntas un tanto desorientado el menor a su amigo depositando su mentón en el hombro derecho del más bajo sin dejar aquella tranquilidad que ahora le llenaba de una paz gloriosa.

-…Quiero asesinarte… -decía recargando suavemente su cabeza en la del otro cerrando sus azules ojos en el proceso.

Escuchaba como Makoto dejaba soltar una leve risa sincera y tierna como anteriormente lo hacía a cosas que le parecían adorables.

-Puedes hacerlo, pero… no sé si eso también te mataría a ti Haru- cerraba levemente sus ojos abriéndolos serenamente.

–No se los límites de esta habilidad, pero, probablemente tú ya sabes si nos afectara a ambos o sólo a mí… - terminaba de decir sintiendo totalmente como el corazón del otro empezaba a acelerarse repentinamente.

Ante aquel gesto involuntario, el corazón del propio Makoto empezaba a acelerarse a la par debido al júbilo del momento.

-Probablemente… - respondía el otro relajando sus latidos poco a poco abriendo sus ojos tan serio a como siempre solía serlo.

- Haru… -

-¿Hmm?... –

-Perdóname por favor-

Ante aquella disculpa, la mirada del mayor inmediatamente decaía un poco deteniéndose en el suelo del baño donde yacían aquellos trozos de espejo.

Con detenimiento observaba como en algunos trozos semilevantados, el reflejo de Makoto abrazando a su persona se observaba en su esplendor sintiendo como nuevamente aquellas mariposas que aparentemente habían muerto, resucitaban de una manera cálida y revoloteante dentro de su esófago.

-Makoto…- alzaba su rostro nuevamente sintiendo unas leves lágrimas en su hombro desbordarse de manera repentina e inexacta hasta el agua de la bañera.

-Dime-

-¿Cuánto tiempo llevamos siendo amigos?-

El ojiverde sentía como sus repentinas pequeñas lágrimas se detenían bruscamente ante aquella interrogante, reemplazando aquel gesto con una sonrisa verdaderamente feliz.

Aquella pregunta traía consigo, experiencias y agradables fotografías mentales a la mente de ambos.

-Estoy a tu lado desde que tengo memoria Haru, y realmente no sé a qué punto empezó la amistad entre nosotros, pero en vista de que no somos familiares… supongo que probablemente desde ese entonces- respondió el de ojos bosques con su usual facilidad para dejar en claro un punto al momento de expresarse. El mismo se preguntaba donde había dejado esa parte de su personalidad en aquellos meses de locura.

-Probablemente porque ambos somos hombres, jamás planteaste el que tu mejor amigo terminaría enamorándose de ti como si de una chica se tratara, y, probablemente jamás me habías mirado de aquella manera por el mismo motivo. Es completamente normal debido a nuestra relación un tanto extrema de confianza, digo, no cualquier chico puede leer los ojos de otro sin sentirse incómodo-

Haruka abría ampliamente sus ojos sintiendo como el abrazo del otro se aferraba más fuerte a su persona lastimándole un poco. Nuevamente Makoto había adivinado sus pensamientos, y sin siquiera mirar a sus ojos.

-No digas que somos raros Makoto… - respondía ante aquello el azabache pellizcando su propia mejilla escuchando como el que le abrazaba empezaba a quejarse debido al dolor.

Sintiendo la reprimenda en su piel, Makoto empezaba a reír un tanto ruidoso.

Ante aquellas repentinas risas, el mayor dejaba su acción para inmediatamente hacer acto de voltear levemente su cabeza, mirando sorprendido como aquellas risas eran acompañadas de aquella hermosa sonrisa que hacía algún tiempo ya no veía en el rostro de Makoto debido a todos aquellos sucesos que la habían hecho extinguir en su totalidad.

Sabía que si en su vida, aquella sonrisa prevalecía llena de alegría y calma a la vez, todo estaría bien a pesar de que la lluvia exterior se llevara a todo el mundo a su paso.

-Gracias… - hablaba el mayor nuevamente en su posición anterior recargando su cuerpo en el pecho de Makoto que dejaba las risas conservando solamente una fina línea feliz con sus labios.

-¿Gracias? He… ¿Por qué?- preguntaba el castaño recargando su propio cuerpo en la blanca bañera tratando inútilmente de poder dar con esos ojos azules para buscar la respuesta que prevalecían ahora cerrados para su suerte.

Por existir… pensaba Haruka en su mente escuchando como el otro se quejaba infantilmente en su intento por saber el significado de sus palabras.


La lluvia exterior había dejado de caer en aquella ciudad dejando pequeños ríos de agua que se perdían en el alcantarillado de las calles, dejando un aroma a tierra mojada por algunas zonas de Tokio cubriendo con el manto de la noche aquel día que había sorprendido a los residentes con aquella cortina de agua que probablemente les traería consecuencias de salud a los desprevenidos.

Con el cielo ahora totalmente despejado de las nubes de invierno, la luna se dejaba observar resplandeciente invitando a todos observarla por los menos un momento ante tal majestuosa vista entre un cielo estrellado.

Después de conservar una plática algo más trivial entre ellos, ambos habían hecho acto de bañarse uno por uno, notando como definitivamente algo había cambiado.

Simplemente la temperatura de ambos cambiaba al notar como un simple baño turnado y común entre ellos, hacia a su corazón acelerar de una manera vergonzosa y cálida.

Ambos con toallas en sus cuerpos, hacían acto de recoger el espejo roto con sumo cuidado tirando todo rastro de aquellos objetos punzocortantes en un pequeño cesto dentro del baño.

En aquella tarea, Makoto observaba con discreción, como la toalla alrededor del cuello del ojiazul se tornaba un tanto rojiza.

Deducía internamente como aquello era probablemente derivado a las horribles cortadas que se volvían frescas al ya no estar dentro de aquel líquido vital que las limpiaba segundo a segundo borrando rastro de sangre de ellas.

Agarrando un trozo de aquellos espejos faltante por tirar, observaba como el efecto en su propio cuerpo no había sido tan atroz, al solo tener en su cuello rasguños nada exagerados ni sangrantes a comparación del otro que sus cortadas aun sangraban manchando la toalla que le envolvía aquella zona.

También observaba con detenimiento, como las facciones de Haruka se habían vuelto más afiladas y demacradas, su preocupación interna aumentaba al pensar que probablemente el delfín hubiese descuidado su alimentación a consecuencia de todos sucesos vividos hasta ese día.

Al ver así de afectada a la persona que confirmaba todavía amar, exhalaba fuertemente cubriendo su rostro con toda la palma de su mano derecha.

Soy un tonto… pensaba Makoto recordando poco a poco sus actos, pensando que definitivamente se había dejado llevar nuevamente por sus impulsos ante su desesperado intento por evadir los efectos de la habilidad sobre su cuerpo.

Nuevamente había herido a alguien importante para él.

Su mundo entero…

-Makoto-

Ante aquella voz, el ojiverde deshacía su acción notando como el mayor le miraba con preocupación dentro de aquel rostro neutro que le caracterizaba desde la niñez.

-Hay que salir a comer, yo invito- decía el ojiesmeralda tratando de calmar a esos mares que le observaban preocupados y algo dudosos.

Ante la invitación, el mayor rápidamente ataba cabos en su cabeza poniendo una sonrisa sincera, de aquellas que raramente salían de los labios de Haruka para mostrarse a los demás de manera natural causando envidia instantánea a cual lo viera, definitivamente Makoto le conocía muy bien.

Yo también extrañaba tu sonrisa… pensaba el castaño mostrándole una última sonrisa al ojiazul que reflejaban aquellas palabras retirándose a cambiar al igual que el otro para poder ir al lugar prometido


Un nuevo día había llegado, y a pesar de que ninguno de los dos había podido dormir aquella noche, el haberla gastado entre pláticas mayoritariamente habladas por el castaño, y arreglando uno que otro cabo suelto, había sido lo mejor del mundo. Y al parecer todo había acabado siendo un mal de malentendidos para bien de ambos.

Aquella noche había sido testigo de cómo ambos en aquel balcón, tomaban de la mano del otro entrelazando sus dedos mientras sus miradas y la boca del más alto contaban un millón de historias entre si bajo la noche estrellada que se presentaba después de haber sido un torrencial de lluvia sorpresivo pesar de ser para los meteorólogos, un suceso sumamente extraño en aquella época del año.


El ojiazul se encontraba estático en el marco de su puerta.

Mikoto, con su misma presencia dulce y femenina de siempre, se hallaba con largas lágrimas en sus ojos y mucha seriedad al parecer con total incomodidad en su rostro.

Su cabello castaño algo más largo, caía en uno de sus hombros, mientras un vestido floreado color verde le hacía ver más hermosa de lo que siempre daba a relucir.

Algo no andaba bien.

El castaño que se encontraba dentro del departamento en aquel momento, debido a ser un día de descanso, se levantaba tranquilamente de la estancia para salir al pequeño balcón dejando la ventana corrediza abierta disponiéndose a prender un cigarro tomándolo tranquilamente entre sus dedos para después encenderlo y cruzar sus brazos recargado en el portón de la ventana fumando de una manera serena y preocupada, escuchando levemente la plática que se efectuaba en la puerta.

Algo no anda bien… para que una chica llore así… pensaba Makoto tratando de controlar la presión dentro de su corazón al ver nuevamente a aquella chica tan cerca del azabache.

-Mikoto…- decía Haruka totalmente serio con el entrecejo levemente alzado e internamente sorprendido.

-Perdona que llegue así de repente, pero… realmente necesito hablar contigo- mencionaba la ojimiel, un poco más calmada en cuanto a llanto.

-No creo que este bien… - menciono secamente el azabache tratando de salir de aquella situación. Hacía tiempo que no escuchaba una palabra de los labios de Mikoto y verle repentinamente después de estar lleno mentalmente de sentimientos encontrados, simplemente le atraía amargos recuerdos.

La mujer que se encontraba frente a él cambiaba su actitud calmada, a una impaciente de un momento a otro.

Ésta movía ligeramente sus manos en el dobladillo de su vestido, observando tristemente con sus ojos algo fieros al que se encontraba frente a ella.

-Realmente ocupo hablar contigo-

-…Perdón, pero no tenemos nada de qué hablar-

-Pero… -

-Mikoto… -

-Escucha… -

-No… -

-Vamos a ser papás-

Haruka había quedado petrificado.

-¿Q-Qué…-

-E-Estoy embarazada… vamos a tener un bebé… - agachaba su rostro la chica mientras lagrimas caían de entre su oculta mirada para depositarse rápidamente en su mentón.

Repentinamente y dentro del amplio departamento, un ruido potencialmente fuerte se dejaba escuchar.

Este iniciaba como el crujido de una poderosa grieta en un gran ventanal que empieza a abrirse para dar paso a romperse en cientos de trozos más pequeños disparados al aire.

¡Crash!

La chica afuera en el pasillo, casi sobre el marco de la puerta, daba un brusco brinco corporal debido al susto ante aquel feroz ruido, haciéndole levantar el rostro instantáneamente reflejando una mueca sorprendida en un rostro completamente horrorizado.

El delfín por su parte, a pesar de haberse percatado de aquel enorme estruendo, mantenía una expresión totalmente fuera de sí. Sus ojos se encontraban contraídos por sus pupilas y una leve sombra cruzaba por su frente dejando a relucir una total impresión.

Su mano derecha, para impresión de la chica frente a él, empezaba a abrirse dejando a la vista una horrible cortada enorme desde el inicio de sus nudillos hasta el final de su muñeca empezando inmediatamente a sangrar.

Para Haruka, el dolor punzante de la cortada fresca había pasado a segundo término.

En su mente, una sola palabra se repetía miles de veces dejándole incapaz de oír lo que acontecía a su alrededor.

Bebé…

Continuara…