Disclaimer: Los personajes de este fic no me pertenecen

Nota:Hola! Un saludo nuevamente y sé que realmente no tengo perdón de ninguno de los dioses posibles TTnTT muchas gracias por seguir a esta irresponsable, pero la verdad es que entre de cocinera tres meses y medio y la verdad que me consumía mucho tiempo XDDDDDD en fin seguiré subiendo este fic porque me gusta mucho y así, aunque sé que siempre le meto mucha intensidad *w* *inserte meme de gibi*

Ambos se miraban fijamente, frente a frente en la estancia de aquel departamento.

Una de las manos de ambos se encontraba en malas condiciones, vendada y con rastros de absorción de sangre por donde se le viera en aquel torniquete que servía de drenador. Esta pasaba de la tela blanca a ser parte del diseño de la misma de una manera obviamente dolorosa.

Ninguno de los dos se miraba ni hacía algún gesto que no fuese una infinita serenidad llena de tensión interna.

Afuera del departamento, nuevamente se escuchaba como la lluvia se dejaba caer, pero con mayor potencia, llevándose a su paso las hojas de las ahora ahogadas plantas en los maceteros de su terraza.

Estas corrían por el minúsculo caudal, al igual que sus ánimos al ver de nuevo obstáculos contra su oportunidad de poder progresar en lo que ahora ya ambos sabían y sus corazones dictaba.

El azabache, claramente más tenso que el ojiverde, se aferraba fuertemente de la manta que le cubría mirando como el semblante tranquilo del otro le regalaba un poco de paz a sus tormentosos ojos mares hechos tifón.

Ante aquello, el mayor solo podía regalar una mirada llena de culpa y algo parecido a un miedo creciente en su interior.


¡Crash!

La chica afuera en el pasillo, casi sobre el marco de la puerta, daba un brusco brinco corporal debido al susto ante aquel feroz ruido, haciéndole levantar el rostro instantáneamente reflejando una mueca sorprendida en un rostro completamente horrorizado.

El delfín por su parte, a pesar de haberse percatado de aquel enorme estruendo, mantenía una expresión totalmente fuera de sí. Sus ojos se encontraban contraídos por sus pupilas y una leve sombra cruzaba por su frente dejando a relucir una total impresión.

Su mano derecha, para impresión de la chica frente a él, empezaba a abrirse dejando a la vista una horrible cortada enorme desde el inicio de sus nudillos hasta el final de su muñeca empezando inmediatamente a sangrar.

Para Haruka, el dolor punzante de la cortada fresca había pasado a segundo término.

En su mente, una sola palabra se repetía miles de veces dejándole incapaz de oír lo que acontecía a su alrededor.

Bebé…

Totalmente dentro de aquel trance, Mikoto veía como hasta su posición lentamente llegaba el amigo castaño de su exnovio con el dorso de su mano completamente ensangrentado.

Pero ignorando aquella herida, para ella sí que era una total sorpresa.

Un flashback repentino crudamente llegaba a la mente de la ojimiel recordando como Haruka besaba a la persona frente a ella de una manera tan dulce y dolorosa a la vez, rompiendo en pedazos su corazón que de por sí, estaba casi totalmente segura de no haber sido cien porciento amada en su tiempo por aquel que ahora parecía perdido en su mundo frente a la realidad.

Fuera de la mente de la chica ante aquel amargo episodio, Mikoto solo hacia una mueca de molestia mirando pesadamente a Makoto que tampoco le veía con toda la alegría del mundo sin siquiera tratar de disimularlo bajo esa máscara de aparente calma.

El ojiverde, a pesar de regalarle en aquel marco de la puerta una mueca llena de amabilidad hecha línea con sus labios, le observaba con unos ojos verdes similares a una planta venenosa a punto de atrapar a un indefenso insecto en la selva.

Unos verdes asfixiantes como las algas engañosas en el fondo del mar que confunden y llegan a matar hasta el pez más intrépido.

-Creo que… aquí afuera no es un buen lugar para hablar, parece que de nuevo se avecina una tormenta- decía Makoto tomando la mano del ojiazul que sangraba abundantemente de entre los dedos de una manera cuidadosa pero posesiva.

La ojimiel con más detenimiento, observaba como la mano del más alto se encontraba totalmente en peor estado, goteando rojo abundante al parecer sin sentir alguna clase de dolor ante tal herida.

Sin decir nuevamente nada a los presentes, el ojiesmeralda jalaba rápidamente de Haruka pasando por la estancia directamente hasta el lavatrastos dentro de la cocina.

Makoto, un poco más en la realidad que el otro, abría la llave del grifo empezando a lavar fuertemente la mano del azabache que abría fuertemente sus ojos percatándose al parecer, de lo que estaba sucediendo.

La herida empezaba a aclararse de entre toda esa sangre con agua como una simple cortada capaz de curarse por sí sola.

Con unas cuantas muecas de dolor, Haruka volteaba su mirada hacia el que le ayudaba notando como el menor apretaba fuertemente con sus dientes su labio inferior cerrando levemente uno de sus ojos.

Te está doliendo… pensaba el delfín volteando nuevamente a su mano completamente limpia de sangre con aquella cortada de la que lentamente empezaba a emanar sangre un poco menos oscura que antes.

Mikoto por su parte, entraba tranquila a aquel departamento notando sus alrededores y abriendo fuertemente sus ojos.

Miraba atentamente como en una ventana corrediza que funcionaba como puerta hacia un balcón adornado de flores y plantas que habían sido ahogadas por la lluvia, un puño de sangre se marcaba en una parte donde, cerca del puño marcado, parecía faltar una buena parte de la ventana que se manifestaba como cientos de pedazos de cristal en el suelo, donde algunos cristales se teñían de rojo sangre mientras otros simplemente se dejaban yacer en el lugar como simples trozos de lo que antes era una perfecta ventana sin grietas.

-Vaya tonto…- susurraba la chica mirando aquella hazaña.

Pasando a ignorar aquello que crispaba sus nervios, la chica simplemente tomaba lugar en el suelo tomando un cojín que funcionaba como asiento en aquella estancia japonesa, mirando como el castaño que aún no conocía del todo, vendaba en la cocina la mano de Haruka que se mantenía con aquella mirada serena e indescifrable.

La nadadora discretamente y con sus ojos cansados empezaba a llorar nuevamente alejando algunas lágrimas del borde de sus ojos con sus dedos, adornados de unas uñas decoradas hermosamente de color pastel.

De una manera cuidadosa, y el ruido de la lluvia empezando a caer afuera de nuevo, el más alto terminaba sus, algo toscos, cuidados médicos para necesitadamente tomar fuertemente y algo brusco de las mejillas ahora pálidas de Haruka depositando un suave y casto beso en sus labios trayéndolo de aquel trance casi totalmente de nuevo a la realidad.

Simplemente con aquel beso y esa mirada que le regalaba Makoto al alejarse, el mayor sabía y sentía como aquella persona frente a él le decía "Todo estará bien" de la manera única en la que aquellas habilidades especiales entre ellos les permitía hacer.

Mikoto solo agachaba el rostro hacia el hueco hecho por sus piernas dobladas sin percatarse de aquel acto repentino dentro aun de la cocina.

Aun con la presencia de aquella chica, Makoto tomaba fuertemente de los hombros del ojiazul llevándole lentamente a aquella estancia.

Al observar mejor la estancia, Haruka miraba con detenimiento la misma imagen, que al igual que Mikoto, podía describir como un total arranque de ira peligroso.

Sentándose con poca voluntad, en unos cojines solitarios frente a Mikoto con la pequeña mesa como intermedio, ambos observaban frente a ellos a la chica que les miraba un poco desafiante y al parecer llena de miedo en sus ojos.

Haruka sabía que aquella escena no tenía para donde ir a excepción de que el empezara a hablar, aunque en su interior, este deseaba que aquello simplemente fuese un mal sueño del que en cualquier momento se tuviese que despertar.

Pero él sabía totalmente que no era ningún sueño, a excepción de que el castaño estuviese soñando lo mismo. Cosa que ya antes había pasado.

-¿Cómo estas tan segura de afirmar algo como eso…?- soltó el azabache lo más recto y serio que su persona llena de incertidumbre se lo permitió, que a pesar del valor que demostraba, inclusive sus manos temblaban ante aquella sorpresiva realidad.

Haru… pensaba el más alto que se mantenía tranquilo mirando al chico a su lado.

La chica miraba algo incomoda al chico frente a ella volteando a mirar de reojo al ojiverde que le regalaba algo de confianza en un gesto al contrario de como antes le miraba de manera asesina.

Sin deambular demasiado en miradas la chica tomaba un poco de confianza de aquel gesto.

-Esto me lo confirmo… - contestaba Mikoto tomando un diminuto bolso color café que colgaba de ella sobre su femenino vestido sacando de este unos papeles doblados.

Con cuidado, la chica los desdoblaba poniéndolos en la mesa acomodando nuevamente su bolso en el lugar anterior bajando un poco la mirada. La palabra incomodidad, era simplemente un adjetivo calificativo para su rostro.

Igualmente con mucho cuidado, el ojiazul tomaba de aquellos documentos desdoblándolos con sus manos medianamente dañadas, empezando a observarlos con todas sus pupilas temblorosas. Makoto simplemente se levantaba del lugar hasta su cuarto, regresando casi enseguida con unos lentes de lectura tomando por igual de los papeles para leerlos a la par del otro.

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Hospital Central de Tokio Fecha Vigente

Paciente: Nakamura Mikoto

Síntomas: Anexos al formato de diagnóstico.

Pruebas de laboratorio: Anexos al formato de diagnóstico.

Pruebas realizadas por ultrasonido:….Positivo

Pruebas de sangre realizadas: …Positivo

Prueba de orina y extras:….Positivo

Tiempo de gestación: … 2 Meses quince días

XXXX

XXXXXXX-Tokio.

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Los ojos de ambos destellaban, unos llenos de pánico, mientras los otros de una manera tranquila inyectada de tristeza y una extraña curiosidad.

Literalmente aquel tiempo, era el aproximado del que llevaban la chica y el ojiazul separados desde su rompimiento.

-Un bebé… - hablaba Makoto mientras los otros dos en la habitación daban un pequeño y brusco brinco corpóreo probablemente por el cambio de sonido en el ambiente silencioso que les rodeaba sumado a la lluvia torrencial que nuevamente azotaba la ciudad.

Entre los tres, un extraño ambiente de genuina tensión empezaba a formarse.

Las cejas del más alto de todos se caían más de lo normal en su rostro, dando una apariencia triste, el otro de ojos azules se tornaba totalmente serio y contrariado, parecido a estar asustado, mientras la chica parecía incomoda y acongojada por igual.

-Creo que… - sonaba nuevamente repentina la voz de Makoto.

–Te-Tengo que cambiar estas vendas- sonreía -tendré que ir a un centro médico cerca para… -

-No seas tonto, hay un huracán afuera- interrumpía Haruka al castaño mirando como el ojiverde apretaba su mano lastimada para después apartar su mirada probablemente sin alguna represalia para el otro y guardando todo en su interior.

El futuro nadador simplemente soportaba el repentino dolor de su propia herida mientras veía como su exnovia le miraba con total atención e incomodidad con aun lágrimas en sus ojos.

-Desde….- interrumpía su pregunta al parecer formulando algo en su mente para dejarlo salir.

-Desde cuándo empezaste a sentir que estabas… -de nuevo cortaba sus palabras al no hallar una expresión correcta a ello, realmente le era dificil. Mikoto mostraba una mueca algo triste mientras ponía su rostro lo más serio y maduro.

Mikoto suspiraba al parecer con mucha incomodidad abriendo con molestia su boca para hablar.

-No hace mucho… me levantaba con simples mareos y vómitos que a veces me raspaban la garganta, supuse que eran por el entrenamiento por el que estoy bajo régimen siempre. Al igual que… -sus mejillas se coloreaban- mis periodos suelen ser irregulares por el mismo régimen de ejercicio, así que nunca sospeche de esto hasta que… bueno… tuve que hacerme unos chequeos a petición de una de las entrenadoras por una competencia femenil no muy cercana, así que ahí descubrí… la razón de mis malestares… - termino algo intimidada por los rostros de los chicos que le observaban con total desconcierto pero total atención.

-Realmente… yo no quería esto… - decía Mikoto deshaciendo aquel duro rostro empezando a soltar unas pocas pero pesadas lagrimas desde sus ojos hasta el término de su mentón -Yo… no... – las lágrimas, ahora parecían evitarle el hablar correctamente haciéndose un llanto un tanto más grande que el anterior. Se estaba quebrando.

Ante aquella escena, Makoto se levantó tranquilamente de su lugar regresando a su habitación el par de gafas, volviendo de esta aun pálido con una manta afelpada y de color verde envolviendo instantáneamente a la chica en toda esta sin llegar a formarse un abrazo.

Mikoto con sus dedos finos, sentía la suave tela de la manta empezando a llorar aún más intensamente que antes.

Ante aquello, ambos chicos simplemente esperaron que se tranquilizara. Makoto tomaba fuertemente de la mano herida de Haruka por debajo de la mesa dejándole sentir al otro una ira y un miedo descargados desde el toque de sus yemas, hasta el último roce de piel.

Ambos se miraron en un instante hablando con aquel poder telepático que solo ellos poseían.

Déjala descargarse hasta que cesen sus lágrimastambién debe ser duro para ella…

Lo se


Ahora ambos se encontraban frente a frente en aquella estancia con la lluvia cayendo fuera en intervalos molestos.

La cortina de agua iba y venía de una manera casi frustrante probablemente para los desafortunados que estuviesen bajo su manto en aquella ya noche.

-Aún no puedo creer que haya llorado hasta quedarse dormida- hablaba por primera vez Makoto en todo ese intervalo de tiempo con un rostro profundamente triste poniendo a un lado la manta que le cubría observando aparentemente serio al otro –las mujeres sí que son asombrosas- suspiraba.

El ojiazul a diferencia, inmediatamente le observaba con un semblante aparentemente molesto.

-… -

Pero a pesar de que su rostro se mostraba así, un leve destello de aquella oscuridad que se había desvanecido después de hablar con Makoto en aquella bañera, regresaba cubriendo sus ojos al oscuro que anteriormente le caracterizaba.

Ante aquel repentino cambio en sus ojos, el castaño le daba la tangente a aquel cambio mostrando la misma seriedad con la que el delfín le miraba pero con sus ojos temblorosos. Aquellos ojos empezaban a avisarle cosas nada buenas.

Con lentitud, el menor observaba como la mano de Haruka levemente se elevaba en posición de sujetar su cabello de manera desinteresada.

Makoto expectativo observaba aquellas acciones, terriblemente hipnotizado cual marinero al canto de sirena.

El mirarle ahora era completamente diferente a cuando su amor le era unilateral.

El ojiazul inmediatamente tornaba una mirada nueva repleta se seriedad hacia el que se situaba frente a él, mostrando unos ojos mares a punto de ahogar a un barco. Haciendo caer de nuevo poco a poco en la realidad al otro.

Que sucede Ha… trataba de hablar Makoto con su pensar al otro aun embelesado por la acción.

Bruscamente, ojos verdes se contraían mientras azules zafiros se tensaban.

El azabache con lentitud y algo tembloroso, se levantaba de su posición mientras rápida y hábilmente llegaba a los trozos de cristal tirados en el suelo.

Makoto salía completamente de aquel trance mirando con extrañeza y preocupación al otro por sus acciones.

El espectador de aquello violentamente se paraba por igual de su lugar sintiendo un dolor intenso en la herida que aún no cicatrizaba.

Con rapidez sentía igualmente como su garganta se contraía haciendo el mismo un gesto de dolor poniendo sus manos en su propio cuello tratando de tranquilizarse.

-¿Q-Qué ha… ces? Deten-Detente... – soltaba el castaño ahora asustado por el repentino suceso.

Un rayo alumbraba repentinamente la estancia dando a relucir al ojiazul quien tranquilamente y casi de manera sádica había tomado un trozo de los cristales enterrándoselo en la herida reciente causada por Makoto.

Rápidamente, y sin medir consecuencias, el menor hacia acto de taclear al ojiazul tomándole fuertemente de los hombros y tumbándole contra el piso de la estancia.

-¡DETENTE!- gritaba el chico orca.

Solo el rebote del cuerpo de Makoto hacia presencia en el suelo de la estancia seguido por el del otro que en vez de sujetarse del más alto, había optado por soltar su agarre cayendo de espaldas del otro lado un tanto adolorido muy lejos de los cristales.

Inmediatamente e interrumpida la acción, ambos se levantaban de su posición sentándose nuevamente y por costumbre volteándose a ver.

Rápidamente, verde se encontró con el azul, dándole suficientes pistas a Makoto para encontrarle una razón a una parte de todo aquel repentino acto de autoviolencia.

Sin más preguntas, el más alto pasaba de la sorpresa y el temor, a una sonrisa triste en segundos.

Las manos temblorosas que anteriormente le habían lastimado, y unos ojos mares a punto de desbordarse en un llanto furioso, le decían fácilmente cómo aún no estaba totalmente perdonado por sus actos promiscuos durante aquellas semanas.

Y no podía culpar a Haruka por aquello…

Con dificultad, el ojiesmeralda se levantó rápidamente de su lugar inclinándose de rodillas frente al otro que parecía poseído. Con mucho esfuerzo de por medio, este tomo las manos del otro de tajo en acto de tranquilizarle empezando una pequeña y suave riña de manos.

Déjalo... tranquilízate… por favor… pensaba el más alto.

Lentamente Makoto tomaba fuertemente de la mano herida de Haruka ante la recién expectativa del mayor empezando a lamer la sangre que emanaba de esta. Los labios del castaño rápidamente se delineaban de carmín oscuro mientras otra mano trataba de alejarle con ira.

El mayor por el contrario, en un movimiento brusco apartaba la boca que le curaba tumbando el cuerpo del más corpulento hacia el suelo.

Ambos frente a frente, Haruka atrapaba con su palma del cuello de Makoto apretándole fuertemente empezándolo a ahorcar.

Makoto sin expresión observaba como la ira acumulada en el otro empezaba a hacer efecto al no ver alguna intención del otro en soltarle.

-Es…pera… nhg- empezaba a quejarse el ojiverde al sentir la presión en su garganta.

El dolor era tan intenso que apenas podía formular palabra alguna.

A punto de caer en locura, el mayor un poco fuera de trance pudo observar como el ojiesmeralda le sonreía pacíficamente en vez de detenerle como anteriormente lo había hecho.

Instantáneamente, Makoto observaba como Haruka empezaba a toser violentamente deteniendo todo acto sentándose al lado suyo, a la vez que cuando su cuello fue soltado, el igualmente soltaba un quejido fuerte empezando a toser a la par.

-Es… - tosía –inútil- soltaba Haruka sin dejar de toser.

Ambos al instante yacían sentados en la estancia debido a la pequeña trifulca tosiendo fuertemente por unos segundos. Makoto algo más pesado que el ojiazul.

Recuperando la postura, lentamente los dos se miraban con una mano en sus cuellos tratando de recuperar aire y a la vez empezando a sentir como el dolor se disipaba.

- ¿Te arrepentiste al último?- preguntaba el ojiverde confundido y adolorido mirando a su agresor.

-No… solo que al sentir lo mismo que tu mis manos se debilitaron y ya no pude continuar- soltó sin rodeos el ojiazul con un tono molesto mirando indescriptiblemente triste al más alto.

Makoto únicamente le devolvía el mismo gesto triste y confundido.

-¿Por qué tu…-

-Ahora…- interrumpía tosiendo el azabache mientras a la vez su voz era dificultosa de salir.

-Podrás acostarte con quien se te antoje yo no diré nada- susurro fuertemente el delfín por debajo mirando como el otro le miraba atentamente mientras fruncía su mirada en señal de decepción.

Un rayo fuertemente de nueva cuenta se dejaba iluminar y escuchar por toda la estancia haciendo un poco más triste aquel ambiente.

La lluvia aumentaba su caída haciéndose el ruido predominante a las afueras.

Pero haciendo toda la contraria, inmediatamente el ambiente perdía la creciente tensión al predominar un rostro amable, paciente y arrepentido en el lugar.

Al instante, Haruka salía de su burbuja de ira remplazándola por un rostro confundido y aun dolido.

-Sé que tienes miedo, y es algo inesperado… pero algo así no va a hacer que me separe de tí… -tomaba de las manos frente a él un tanto ya calmas.

- Haru… -miraba al más bajo que también ahora le observaba -aún si eres tú el que trate de alejarme, tratare de recuperar tu completa confianza cueste lo que cueste… aun así tenga que subirme en un barco tan grande como el que se nos presenta ahora- cerraba sus ojos abriéndolos al instante llenos de decisión y sin ninguna perturbación volteando la mirada hasta su contrario.

-Un bebé no es algo malo Haru, ya sabremos qué hacer para poder ayudar a Mikoto en lo que ocupe- soltaba aquello con una sonrisa de aparente calma.

El mayor le observaba con el semblante confuso aun molesto.

-Makoto… - su voz sonaba áspera.

–Te amo- contesto el ojiverde con su rostro ahora mirando hacia la ventana corrediza que permanecía con un hueco y trozos de vidrio esparcidos teñidos de carmín.

-Por favor…- su voz se tornaba quebrada.

-No me alejes otra vez de tu lado…- callaba cerrando sus ojos.

Ante aquella respuesta, el de ojos zafiros abría ampliamente los ojos desvaneciendo a la par aquella sombra que cubría su color azul lleno de viveza.

-No hables sin pensar… - decía el mayor buscando de la manta que le cubría con anterioridad al no tenerla tan lejos.

Makoto con una sonrisa tierna, dejaba las manos del otro para estirar su propio brazo empezando a besar serenamente su propia muñeca en la mano no dañada observando recelosamente como el otro se sobresaltaba con el roce.

Haruka inmediatamente le volteaba a ver con su cotidiano serio rostro. No cabía en su mente como algo tan sencillo hacia erizar cada parte de su piel como si de un susto se tratase.

A manera de pago y jugando el mismo juego, el ojiazul totalmente estoico, nuevamente alzaba de su brazo para de manera lenta empezar a rozar y acariciar su muñeca con el borde de sus labios de una manera suave, aunque al contrario del otro, siguiendo un rastro sobre todo su brazo hasta donde su flexibilidad le permitió, observando de reojo como el otro se erizaba completamente ante el toque tornándose sus mejillas coloradas.

Cualquiera que se les viese, posiblemente los describiría como mininos acicalándose tras haberse herido brutalmente.

-Perdón… - soltaba el mayor por último aclarando con ello todo el sentimiento que se desenvolvía en su ser al saber que Makoto aun en esa circunstancia no le dejaría a la deriva. Algo que ya sabía, pero necesitaba confirmar.

También te amo… decían sus ojos que aún no eran leídos por el menor.

Con el semblante sonrojado y aun embelesado por los roces, el de ojos bosques lentamente se acercaba a Haruka tomando con cuidado de su brazo donde yacía su mano lastimada, jalándolo hasta su propio regazo envolviéndolo en un posesivo abrazo dejando al otro en una posición sumamente cómoda entre su cuello y hombro.

-Verás que todo saldrá bien… - susurraba para el ojiazul deshaciendo poco a poco el abrazo y dejando que el otro se acomodara entre sus piernas aun cuando este parecía externamente falta de importancia por su posición.

Ahora el pecho del ojiesmeralda, se había convertido de nueva cuenta en un cómodo respaldo para la espalda del mayor.

–Sabes... es extraño pero, en vez de enojarme o frustrarme, siento como… rápido y fuerte crece una extraña conexión con aquella pequeña criaturita dentro de Mikoto, como si… emanara cierta parte de ti que me agrada- soltó todavía en un susurro el menor mirando la noche que ya hacía horas había caído sobre la ciudad y se dejaba ver por todos los rincones oscuros del departamento en compañía del ruido de la lluvia. –Mikoto tendrá que aprender a compartir- terminaba.

El azabache simplemente desviaba sus ojos a ningún punto específico de aquel lugar.

-Embarazo psicológico… - respondía Haruka quedándose levemente dormido recostado y envuelto en el cuerpo del otro – y ese bebé no es mío-.

El chico orca por su parte soltaba una risa suprimida por debajo, mostrando para el ambiente una amplia sonrisa que se desvanecía observando como el otro se dormía inmediatamente casi como si de una orden para el subconciente del ojiazul se tratase.

Esta habilidad… es aún más extraña… pensaba para así mismo observando a través de aquella ventana corrediza rota sin ningún miedo de la oscuridad.

No importa si estas a mi lado… con aquello en mente Makoto notaba como el mismo estaba cayendo en la semiconciencia abrazando posesivamente como a un muñeco de trapo al chico dormido encima de su cuerpo.


Un nuevo mañana salía a deslumbrarse para la ciudad de Tokio mostrando con ella un sol resplandeciente casi sin ningún rastro del invierno que había azotado la ciudad semanas antes. El sol hacia su tarea secando todo el desastre torrencial que se había dejado caer el día y la noche anterior.

Y aunque aún faltaban semanas para la primavera, el clima parecía no darle tregua a los residentes dejando al azar el pronóstico para realizar sus actividades diarias.

Makoto se despertaba algo confundido notando como su cuerpo se encontraba sobre una superficie dura y a la vez suave. Algunos recuerdos de sus dias de juerga se hacían bruscamente presentes en su cabeza.

Con lentitud el castaño abría los ojos topándose con un impedimento para poder levantarse al sentir un peso extra sobre su cuerpo que le tenía contra el piso extrañamente atrapado en una nube de comodidad.

Una sonrisa surco sus labios y con suavidad se paró sobre sus codos recordando como el azabache y él, se habían quedado dormidos en la estancia de su departamento después de tanto drama en aquella noche notando como el otro permanecía todavía dormido sobre su cuerpo.

Es extraño que aún no esté en la bañera… pensaba el ojiverde mirando hipnotizado aquel sereno semblante, inmediatamente notando como el ojiazul abría lentamente sus ojos percatándose de su posición.

-Buenos dias- decía Makoto con una sonrisa tierna hacia el que aún se espabilaba sobre su cuerpo.

El ojiazul simplemente le miraba serio con sus mejillas empezando a enrojecerse.

Qué lindo… pensaba de nuevo el menor cerrando sus ojos mostrando una sonrisa total al otro.

-Buenos dias… -

Ante aquellas palabras provenientes de una femenina voz, ambos se paraban de la estancia perdiendo sus anteriores posiciones con un Makoto totalmente desubicado y a la vez adolorido.

-Buenos dias- soltaba fríamente el azabache a la chica notando como esta le retaba con la mirada de una manera molesta y a la vez otro sentimiento que no podía descifrar.

-¿Cómo te sientes?- pregunto el más alto a la chica ignorando la tensión en el ambiente.

-Estoy bien,… gracias- contestaba Mikoto desconfiada del castaño sin mirarle a los ojos, internamente, la chica empezaba a sentir cierta extraña apatía por Makoto de una manera desconocida para ella.

Con aquella incomodidad, todos nuevamente se sentaban desplazados en aquella estancia a excepción del azabache que ahora se concentraba en buscar cosas en la cocina, probablemente para preparar el desayuno.

Mikoto no miraba a Makoto pero sabía que este si la miraba.

-¿Tus padres lo saben?- pregunto el ojiverde a la de ojos miel con tranquilidad en su voz de una manera tan espontánea que los formalismos no habían sido necesarios.

La chica ante aquella interrogante cambiaba su mirada a la de una total aburrición mirando por primera vez a los ojos en aquella mañana al que la cuestionaba.

-Nadie lo sabe… eso afectaría mi carrera, los exámenes no pude entregárselos a mis entrenadores por lo que tampoco la universidad está enterada- decía cambiando su semblante a uno triste. –Me afectaría totalmente…-

-Entonces… te propongo mantenerlo así hasta que el bebé nazca- proponía seriamente el castaño a la chica frente a él.

-¿QUE?- abría la chica ampliamente su mirada.

El ojiazul por su parte dejaba todas sus actividades dentro de la cocina con sus sentidos paralizados ante lo antes dicho por Makoto, su rostro totalmente contrariado solamente quedaba a la vista del calentador sin mostrarse aun a los terceros en la estancia.

Que está diciendo… pensaba.

-Sí, es repentino, pero no le veo otra opción, tu solo debes preocuparte por cuidar de ti y el bebé, hasta –su voz se tornaba irónica -… Hasta que nazca para poder confirmar que realmente ese bebé sea de Haru o no- respondía el castaño totalmente concentrado en aquel abdomen todavía plano de la chica, como si aquella parte de la chica le hipnotizara totalmente en un trance de paz.

Algo extraño le estaba pasando.

-Propones que… ¿Entre los tres le cuidemos?- hablaba la chica confundida y su entrecejo fruncido abrazando su estómago en reflejo.

-Si… -

Ahora Mikoto algo extrañada observaba a los chicos en aquel departamento.

Notaba extrañamente, como a pesar de en cierto punto haber sido indirectamente ofendida por el chico frente a su persona, sentía que cierta parte dentro de ella necesitaba ser protegido por aquellas personas que le acompañaban.

Uno algo embobado con su estómago y maduramente serio, mientras el otro en la cocina algo cuestionable y una mirada sin emociones lleno de frustración interna.

-…-

-Está bien- respondía mirando seriamente a su exnovio que al instante evadía contacto con su mirada.

Haruka por su parte dejaba cociendo una olla de vapor volviendo molesto a la estancia.

Sabía que aquella convivencia no traería nada bueno, pero empezaba a notar como su ya no solamente amigo de la infancia, iniciaba a encariñarse extrañamente con aquel ser de una manera tierna, casi maternal.


Con aquella condición, un nuevo mes se hacía presente mientras la chica pasaba la mayoría del tiempo en aquel departamento bajo los estrictos y repentinos cuidados de ambos.

Los tres guardaban aquel secreto codiciosamente.

Dos en parte por su estricta universidad deportiva, y otro por su amplio corazón y un extraño raciocinio que empezaba a emanar cierta aura de felicidad.

A pesar de que la situación era completamente culpa suya, el ojiazul no podía entender cuál era la causa de aquel desplante de amabilidad exagerada por parte de su ahora enamorado.

Pero responsabilidades eran responsabilidades, y amor era amor, cosa que ellos ya lo vivían desde que nacieron.

Fuera de esa situación un tanto colaborativa y descabellada, Haruka en su interior dudaba completamente que aquel producto fuese de su sangre.

No es que desconfiase de aquellas pruebas, ni de los médicos o los científicos, inclusive del extraño comportamiento de Makoto, pero él no había llegado a conocer en su totalidad la personalidad de la chica o si tenía alguna otra relación aparte de él, lo que lo hacía sumamente extraño.

La mirada que esta le regalaba exclusivamente a él por las mañanas, incluso cuando entre los dos se ignoraban en los entrenamientos, a excepción de cuando la acompañaba hasta la entrada por petición de Makoto, sabía que le obsequiaba odio puro parecido al de una chica despechada según las películas que había visto junto al castaño.

Lo que lo hacía aún más fuera de credibilidad.

Pero los tres ya tenían un acuerdo, y si Makoto decía que todo estaría bien, todo estaría bien. Él confiaba en él, aparte de que aquel bebé no tenía culpa alguna de los errores de sus progenitores.

Cuando este naciera, el mismo fríamente se mentalizo de realizar a ambos pruebas de ADN con dinero de sus padres, no para deslindarse de aquella responsabilidad, sino porque odiaba las mentiras y más una que arruinara su estilo de vida por completo.

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El único que realmente parecía feliz con toda aquella situación era el ojiverde.

A pesar de mantener aquello como un secreto por el bien de todos, el mismo dividía ciertas cosas en la rutina de todos para poder verificar que a Mikoto no le faltase nada. A pesar de que sus muestras de preocupación no siempre eran bien recibidas por la chica.

El mismo sabía que a pesar de la incómoda situación en la que se encontraba, no podía evitar sentir la necesidad de proteger a ese bebé con todas sus fuerzas para que naciese bien.

Al pensar en aquella situación, donde aquella pequeña persona azabache le saludara con aquellos pequeños ojos que en la novedad le miraban entre sueños color verde esmeraldas, sonrisas llenas de cariño se formaban en sus labios empezando a ser notadas por las personas a su alrededor.

Makoto estaba en su auge.

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-Desde que salimos de tutorías te noto más sonriente que nunca… ¿Es por ese cabeza de aire come pescado?, digo, jamás había visto esta sonrisa tuya tan… ¿viva?- le cuestionaba Takashi algo sonriente y con sinceridad.

Pero aquella sinceridad había sido tan directa que todos los presentes le observaban. Yuki más que todos le miraba sonriente y pícaramente.

-Cielos, a veces dudo de tu hombría amor, ¿Cuándo fue la última vez que me observaste tan detalladamente para notar algo como eso en mí?- soltaba Yuki recibiendo solo a cambio una mirada confundida de su novio.

El ojiverde solo soltaba una pequeña risa.

Tanto sus amigos de universidad como él se encontraban en una cafetería fuera del instituto.

Un establecimiento un tanto bizarro pero no tan fuera de lo normal a como estaban acostumbrados sus compañeros. Buena música se dejaba escuchar dentro del lugar.

Kentarou se mantenía con un cigarrillo en la boca, mientras Takashi tomaba de una bebida energética y Yuki se apegaba al ojigris de una manera melosa. El castaño a la par se situaba al lado de todos en aquella mesa circular un poco pequeña para todos.

-Sí, realmente siento que vuelvo a ser yo de nuevo- respondía sencillamente el de ojos verdes tomando un vaso de té entre sus manos empezando a beberlo suavemente. La herida que antes adornaba su mano, en ese instante, era una simple marca que aún no cicatrizaba completamente.

-Ahora tienes de nuevo aquella sonrisa parecida a la de tu foto en la pantalla de tu celular- decía Yuki mirando feliz al ojiverde que le miraba confundido para después por igual regresarle una sonrisa.

El ambiente era de total tranquilidad. Una que llenaba de paz la cabeza anteriormente revuelta de Makoto.

-Qué carajo… -soltaba Takashi al aire -En fin… lo siento pero, aun no me convence del todo ese sujeto, tiene algo que me impide hacer sentir siquiera apatía por él. Inclusive su amistad aún se me hace algo imposible- decía Takashi tomando igualmente de su bebida –Pero pareces feliz así, y somos amigos así que supongo que debo ir haciéndome la idea-

Makoto ante aquello no pudo mantener su sonrisa tan vivaz cambiándola a una más tranquila.

-Gracias por preocuparse por mí, pero, yo fui el único que tuvo la culpa de aquel incidente… solo agrave la situación, y al parecer todavía tendré que remediarlo con creces… - comento el ojiverde a sus amigos tomando sin problema un cigarrillo de una caja en la mesa recibiendo solo un gesto de disgusto por parte de Kentarou.

-Si es por lo que pienso creo que tendrás que esforzarte más que eso, por ahí escuche que últimamente te habías ganado cierta reputación entre algunas chicas de la universidad, enserio que ustedes llevan todo al extremo- comento sin rodeos el rubio quitando el cigarrillo de la boca del castaño.

Este solo pudo mirarlo con cierta vergüenza mientras la pareja presente solo miraba aquella escena en total confusión.

Makoto rápidamente aun en aquel modo volvía a su bebida con cierta tristeza en su semblante.

-Gracias a todos de nuevo, sin ustedes probablemente no estuviera ahora aquí, aunque… -cerraba sus ojos en señal de continuar.

-Takashi, esto, ocupo un favor- hablaba el ojiverde al que aún no parecía digerir del todo aquel cambio de ambiente.

-… ¿Que sucede?-centro un poco más su atención el azabache alto a su compañero quien ya consideraba lo consideraba como uno de sus mejores amigos, parte de su pequeño grupo.


Una semana ya había pasado.

Haruka despertaba en su recamara con los ánimos hechos polvo. La rutina de entrenamiento ahora lo pulverizaba, a la vez que tanto él como Makoto se encargaban de cuidar de Mikoto hasta, según su amigo, la llegada de aquel bebé.

Cosa que le irritaba.

La chica por su parte se iba y venía a su departamento constantemente, más no vivía con ellos por lo que aquello le tranquilizaba. Al fin y al cabo sus sentimientos ya estaban aclarados.

De un instante a otro, a pesar de que la situación en aquel ambiente era de lo más raro del mundo, se sentía calmo al saber que el menor siempre estaba ahí para crear esa alegría y esa paz que en su corazón le hacían sentir que lo demás no importaba, inclusive la mirada prepotente de Mikoto.

El mismo empezaba a mirar con una nueva perspectiva el punto de Makoto con respecto a cuidar de aquel ser, que muchos en muchos meses más llegaría a sus vidas.

Volteaba su cuerpo a medias en aquella cama mirando la fea cicatriz en el dorso de su mano.

Entre aquellas sabanas, muy dentro de él también se imaginaba el cómo sería amanecer ambos a los costados de un pequeño bebé que les mirara curioso con ojos color verde esmeralda.

Pero el ver aquella cicatriz, simplemente recordaba el hecho de él como por sus sexos nunca hubiese tenido aquel tipo de pensamientos que involucraran a Makoto de aquella vergonzosa manera.

Me pregunto… ¿Cuánto durara esta tranquilidad?... pensaba suspirando fuertemente.

Cerraba su mano en puño frente a él para después dejar yacer nuevamente esta sobre las sabanas.

Sin mucho ánimo, se levantaba de la cama quedando sentado en ésta notando la soledad en toda la habitación.

Percatándose un poco más del ambiente, y saliendo aún de su despertar, de manera seductiva el delfín palmeaba sus mejillas un tanto fuerte mirando hacia la puerta con cierto tic de diversión.

Una masoquista diversión.

Lentamente pellizcaba de estas sintiendo como el dolor se disipaba de manera rápida entre su rostro. Sin dejar de observar la puerta.

-… -

-… -

-… -

Con algo de rapidez, notaba como esta era abierta un poco escandalosamente por el menor algo adormilado y el cabello medio alborotado hacia un lado. Un poco crecido a comparación de cuando habían llegado a la ciudad.

-¡¿Haru?! ¡¿Estas… bien?! ¿Qué sucede?- soltaba el ojiverde tallando uno de sus pómulos rojizos.

El azabache que aún mantenía una de sus manos en la mejilla, simplemente le observaba estoico con estrellas a su alrededor en señal de estar satisfecho con algo.

Ante aquello, el más alto espabilaba completamente soltando una amplia sonrisa.

-Eso es nuevo… - soltaba el chico que se encontraba aun en la puerta con un gesto de complicidad y leve sorpresa por tal actitud en el usual pasible chico.

-Por cierto, Haru… intenta cambiarte lo más pronto posible, hay un lu…. Uhmm, quiero ir a dar un paseo… - decía Makoto sonriente.

-Podemos ir en la tarde- respondía el ojiazul dejando aquel modo juguetón regresando a su carácter usual de siempre.

-Hasta donde vamos tendrá que ser desde temprano, así que, andando- dijo por último el castaño antes de abandonar aquel marco.

Aun en aquella cama el mayor simplemente miraba algo poker y molesto el marco abandonado.

¿Qué estará tramando?... pensaba.


-No subiré a eso –decía Haruka al chico frente a él postrado arriba de una motocicleta negra con toda la pinta de ser propiedad de sus amigos universitarios.

Ambos ya habiendo comido la caballa suficiente para la sobrevivencia del azabache habían bajado las escaleras de los departamentos, con un Haruka algo molesto por la actitud algo distraída del otro. Solamente el hecho de notar aquella motocicleta sabía que nuevamente se llevaría una sorpresa de aquel que últimamente no dejaba de sorprenderle.

-Vamos… no te preocupes, se lo que hago- respondía sonriente Makoto dentro de un casco empezando a encender el monstruo que montaba.

Ya deja de ocultarme cosas… pensaba el mayor algo dudoso y con el semblante un poco triste subiéndose en la parte posterior de la motocicleta. Siguiendo después algunas indicaciones del menor poniéndose por igual un casco y para no quemarse las piernas con el escape.

Ya ambos en esta, el menor arrancaba a conducir sintiendo las manos del ojiazul aferradas a su pecho.

Con algo de gracia, el ojiverde podía sentir todo el pavor que el otro emanaba con su toque probablemente ante la nueva experiencia.

Y aquello no había cambiado inclusive cuando salieron de los límites de la ciudad.

El camino cambiaba de perspectiva para ambos, los ojos azules del chico en la parte detrás de la maquina ahora resplandecían ante los cambios del paisaje.

Le parecía extraordinario internamente el drástico cambio de simples pastizales, a campos llenos de flores y colores llenos de vida.

A una alta velocidad, el azabache sentía como los cabellos de su frente se mecían hacia atrás y de vez en cuando se encontraban estorbándole la vista haciéndole cerrar sus ojos levemente en protección.

En la euforia del momento, Haruka impulsiva y lentamente dejaba de apretar fuertemente la espalda del otro empezando a perder el miedo ante tal experiencia y comenzando a llenarse su espíritu de un sentimiento parecido al de cuando nadaba.

Empezaba a disfrutarlo.

Con la mirada hacia el frente y conduciendo aquella veloz máquina, el ojiverde sentía como su cuerpo se aligeraba tanto externa como internamente.

Ante el cambio, sus labios se tornaban en una hermosa sonrisa dentro del casco al saber que Haruka empezaba a disfrutar aquello y a confiar en él.

Con algo de diversión, el castaño repentinamente aceleraba un poco más la motocicleta provocando a su vez que el mayor atrás se aferrara de su cuerpo fuertemente en acto reflejo.

Su mirada azulina solo se tornaba nuevamente seria y sin nada de gracia ante aquellos nuevos arranques de actitud por parte del menor.

Gracioso… pensaba el azabache ante el suceso y el cambio brusco de velocidad, sus uñas apretaban fuertemente del cuerpo del otro logrando transmitir su desconformidad.

El conductor simplemente soltaba una de sus inconfundibles risillas amables ante aquello.

Lo siento… pensaba Makoto siguiendo el camino frente a él con una sonrisa de oreja a oreja.

-…-

El algún punto del camino, en una colina despejada y llena de árboles coloridos y frondosos, el mayor se sorprendía al percatarse desde aquellas alturas el majestuoso océano que tanto amaba y vivía lleno de su preciada agua.

Sin alguna oportunidad de hacer preguntas, el de ojos zafiros solo seguía aferrado al cuerpo del otro preguntándose los por que de todo aquel suceso.

Haruka solo empezaba a recordar cómo se había percatado de la extraña actitud de Makoto hacía con él, pero el conteo de todas las nuevas cosas que iba poco a poco descubriendo en el menor dejaban su mente pendiente de un hilo del que molestamente ahora no podía sujetarse del todo por más que lo intentaba.

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-¡Llegamos!, Ya puedes bajar- soltaba el ojiesmeralda a su acompañante estacionando la motocicleta y apagando el motor al instante.

Con ternura miraba como el otro bajaba de la misma cuidadosamente y quitándose el casco, dejando a la vista aquellos ojos brillantes que salían a la luz cada vez que el ojiazul veía enormes cantidades de agua.

El chico orca simplemente salía de su trance ante tal vista enfocado en dejar todo en buen estado.

Ambos se situaban en un vacío puerto de turistas, por lo que dejar la motocicleta en un punto apartado de sus personas no era ningún problema.

Sin hacer preguntas, el mayor veía como Makoto bajaba por igual de la motocicleta acercándose hacia su persona.

A Haruka le era extraordinario, el cambio notorio entre ambos cuerpos conforme el tiempo había pasado.

Algo que con el paso del tiempo había notado, pero nunca lo analizaba a profundidad. Una sombra enorme contra la suya más menuda.

El como Makoto había crecido tanto a diferencia suyo, sus brazos, sus piernas, y toda su complexión, que ahora le parecían tan inmensas. No podía pensar el como la vida había juntado a dos personas tan diferentes entre sí, con aquellas características tan únicas y perceptibles.

Al igual que le era imposible, el encontrarle una explicación al porque una persona con la complexión del ojiverde se dejaría dominar en mente y posiblemente cuerpo totalmente por alguien como él.

Le parecía una simple jugarreta de la vida algo así de posible, solo el hecho de tener aquellas habilidades fuera de lo humano entre los dos era tan especial, que de vez en cuando lograban sacarle escalofríos.

-¿Sucede algo?- escuchaba Haruka frente a él saliendo de sus pensamientos percatándose de la cercanía del castaño.

-No… nada- con aquella simple respuesta el nadador volvía su atención al lugar donde se encontraban, tratando de encontrarle un motivo a todo aquello.

Makoto ante tal comportamiento natural del chico frente a él, solo sonreía como siempre suspirando al último. No había nada que no amara del chico frente a él, inclusive aquella actitud que ante los demás pareciera falta de importancia por todo.

Y a pesar de las dificultades que su relación conforme a ese punto atraería, y que al parecer el destino le gustaba jugar con sus mentes, trataría de luchar de una vez por todas, y ser absolutamente egoísta por primera vez en su vida por algo que realmente quería.

Sin preguntas o siquiera pronunciar palabra alguna, el menor tomaba por completo la mano de Haruka empezando a sentir una inmensa tranquilidad conforme las yemas de sus dedos rozaban la piel del otro.

Claramente con eso podía saber que le costaría acostumbrarse completamente a aquellos roces tan vivos puesto que ahora ambos podían sentir lo que el otro sintiese aun sin involucrar a terceras personas. Prácticamente la habilidad sería hasta el momento algo nuevo tanto para el ojiazul, como para él.

-¿Puedo saber porque hemos venido hasta aquí…? – cuestionaba el azabache sin soltar el agarre del otro varados en aquel puerto de ubicación desconocida.

Ante la interrogante el ojiverde solo miraba con ternura al otro sin responder su pregunta empezando a llevarle de la mano escaleras abajo conduciéndole a la orilla del mar.

Las escaleras de piedra al lado del puerto, eran la única manera de poder bajar a nadar a la playa puesto a que el mismo, era por muy sobre el nivel mar.

Cuando ambos estuvieron pisando completamente la arena de la orilla de la playa, el de ojos zafiros notaba como la mirada del menor se perdía en la espuma que dejaban las olas al romper con la arena. Sus ojos verdes se pintaban de unos ojos puramente llenos de tristeza.

Ante aquel rostro que no podía descifrar, el azabache surcaba una mueca triste cerrando sus ojos empezando a sentarse en aquella orilla doblando sus rodillas, abrazando a su persona de una manera tranquila.

Saliendo completamente de su mundo, el ojiesmeralda volteaba a observar las acciones de Haruka totalmente impactado al ver como este no se entregaba completamente al inmenso mar frente a él.

-Ha… -

-Me molesta no poder leerte cuando pones esa mirada… - le interrumpía el mayor que miraba aquel océano como si se tratase de una mera obra de arte en un cuadro de museo.

Makoto aun algo contrariado volvía a su mirada triste anterior cerrando sus ojos sentándose al lado de Haruka de una manera tranquila.

-Lo siento Haru… es solo que- miraba el castaño por igual hacia el mar frente a él de una manera menos triste, inclusive una sincera sonrisa pintaba su rostro.

-Al mirar este mar frente a mí, recuerdo un sueño que tuve cuando probablemente estaba debatiéndome entre la vida y la muerte en aquel hospital…- suspiraba una risilla -En aquel sueño, realmente nada más importaba a parte del mar en el que flotaba y el que regresaría con mi familia y contigo, pero… aquella tranquilidad mientras flotaba borraba todo dolor en mí, todo recuerdo, inclusive deje de flotar para caminar en una playa tranquila parecida a esta y probablemente de no ser por Rin, me hubiese quedado caminando en aquella orilla del mar por siempre hasta que tu presencia llegara a mi lado, o tal vez… nunca lo hiciera- cortaba aquel recuerdo el ojiverde sintiendo como el mayor dejaba apoyada su cabeza en uno de sus brazos aun sin mirarle.

Sintiendo aquel toque, Makoto cortaba su explicación sin dejar aquella cómoda posición contemplando el cuadro frente a él.

-¿Quieres ir a nadar?- instintivamente pregunto Makoto al chico al lado suyo sintiendo como el otro no hacia ningún movimiento.

-No… - respondió Haruka quitando su cabeza del hombro del castaño quedando en una posición tranquila.

-¡¿QUÉ?!-se paraba precipitadamente de su lugar el castaño ante la inusual contestación casi cayendo para atrás -¿Te sientes bien?, ¿Quieres que regresemos? ¿Te duele algo?- preguntaba algo alterado Makoto al chico sentado frente a él.

Repentinamente, Makoto algo sonrojado empezaba a escuchar la inusual risa de Haruka desbordándose.

Extrañamente, el ojiazul reía solamente para él con una hermosa sonrisa en su rostro, y a pesar del incomodo ambiente que el mismo había creado por algo tan nostálgico, aquella actitud completamente diferente del mayor en realidad eran como un paraguas en un fuerte día de lluvia para el sentir de Makoto.

Sin decir más, Haruka rápidamente se paraba de su posición tallando un poco sus ojos disponiendo a desvestirse completamente ante el otro que aún se encontraba probablemente contrariado por sus gestos.

-Vamos- decía el azabache al aire agachando un poco su cuerpo besando fugazmente la mejilla del más alto, disparándose inmediatamente después hacia el mar frente a ellos.

Makoto aun sonrojado, surcaba una inmensa sonrisa en su rostro desvistiéndose rápidamente dejando ver un nuevo traje de baño parecido al de cuando estaban el club de Iwatobi, que a diferencia del otro, unas líneas color naranja surcaban el traje, mismas que hacían resaltar el como a pesar de ya no nadar, Makoto seguía con aquella envidiable musculatura.

A pesar de que ahora ambos estaban completamente desequilibrados en tanto a lo que se denominaba velocidad y nadar en general, el ojiesmeralda disfrutaba sentir el agua salada envolver su cuerpo mientras el azabache nadaba en plena libertad sin cronómetros ni entrenadores que le estuvieran diciendo que hacer todo el tiempo, cosa que con el tiempo había aprendido a no odiar, pero si le restringían un poco de su libertad al momento de disfrutar una de las cosas que más amaba.

Ambos en algún momento, habían terminado nadando tomados de la mano flotando boca arriba ante un cielo plenamente despejado.

Al parecer cuando ambos disfrutaban del mismo tipo de sensaciones, estaban incrementaban considerablemente a un punto donde la fobia del más alto por el majestuoso océano desaparecía totalmente. Aunque Makoto sabía completamente que sus habilidades no tenían nada que ver con lo que a perder sus miedos se refería cuando se encontraba con Haruka

Conforme la tarde pasaba, como si de dos niños pequeños se tratasen, Makoto proponía carreras entre ellos, donde en todas siempre él era el que salía perdiendo. Cuando el castaño se cansaba, simplemente se dejaba acostar en la orilla dejando que la espuma limpiara sus pies nunca perdiendo a Haruka de su vista observando a su vez, como muy pocos turistas empezaban a llegar a aquel lugar que al azar Kentarou le había recomendado.

Una vez que sentía su cuerpo completamente descansado, este volvía al lado del ojiazul para seguir divirtiéndose con el otro que parecía disfrutar completamente de aquel día.


Llegado completamente el atardecer, Haruka se situaba sentado nuevamente frente aquel horizonte en una zona apartada de los turistas, a lo lejos, sus ojos veían como el castaño regresaba hacia él con palillos de pescado para ambos. Ya los dos vestían sus ropas correspondientes debido a que el castaño al parecer, había traído nuevos cambios de ropa junto a sus toallas correspondientes dentro de los asientos de la motocicleta.

Haruka con aquello comprobaba que probablemente aquel viaje no había sido del todo espontáneo.

-Gracias- soltó el azabache una vez que el menor se sentó al lado suyo y le dio su comida correspondiente.

Makoto simplemente soltaba una sonrisa disponiéndose a comer de su palillo.

El atardecer dejaba asomarse un poco frente a ellos mientras la gente retozaba a los alrededores gustosa. Ambos comían de su merienda mientras el frio viento se dejaba sentir en vista de una noche que sería fría.

-Parece que poco a poco la playa fue llenándose de otros visitantes- decía el más alto sosteniendo el palillo ya sin comida entre los dedos mirando al chico al lado suyo.

Haruka simplemente le miraba cabizbajo aparentemente concentrado en su comida.

-Yo aún… no comprendo porque nos trajiste hasta aquí… - soltaba el ojiazul terminando su comida parándose enseguida para tirar ambos palillos ya sin carne alguna en un bote de basura cercano.

Nuevamente regresando al lado del castaño, Haruka observaba como Makoto ya había guardado todas sus cosas en una mochila color verde algo pequeña.

-Ven, vamos acompáñame- decía Makoto para el ojiazul tomando su mano nuevamente guiándole de nuevo por aquellas escaleras hacia el puerto arriba aun en presencia de algunos visitantes.

A pesar de que ese tipo de acciones usualmente le molestaban en demasía, el azabache internamente tenía que reconocer que aquellos gestos nuevos en Makoto le parecían adorables.

No sabía en qué punto de aquellos meses había empezado a reconocer cosas que anteriormente ni pasaban por su cabeza y que a la vez que le avergonzaban inmensamente.

No podía dejar de culparse por haber esperado a que el chico que ahora le guiaba suavemente escaleras arriba, hiciera todas aquellas cosas que casi le llevaban a morir, y le habían hecho sufrir a él también, una vez se dio cuenta de sus propios sentimientos.

Con aquellos pensamientos en mente, Haruka salía de estos únicamente cuando noto como ya ambos se situaban en la orilla de aquel puerto con el mar azotando fuertemente en las rocas debajo de la misma construcción con casi nada de lo que el sol dejaba de su rostro empezando a notarse claramente el cielo oscuro de la noche aun sin estrellas. Sus azabaches cabellos se despeinaban con el fuerte soplar del viento en aquel lugar observando como el chico al lado suyo permanecía recargado de un barandal metálico frente a ellos mirándole como si fuesen los únicos en existencia en el mundo, sin algún tipo de restricción.

Podía saber exactamente como aquellos ojos verdes le transmitían puramente amor de una manera tan melosa, que sentía como su rostro empezaba a tornarse indeteniblemente caliente.

Sin apartar sus ojos del chico al lado suyo, y ahora frente a él, el delfín observaba como las mejillas de Makoto se ruborizaban violentamente hasta las orejas mientras aquella sonrisa que le caracterizaba desaparecía completamente por una mueca seria.

Ante tal cambio de actitud, el ojiazul solamente observaba todas aquellas acciones con el ceño fruncido ante tanta incertidumbre.

El viento nuevamente soplaba alborotando el cabello de ambos.

-Haru…- salía fuertemente la voz de Makoto notablemente nerviosa –Sé... que nuestros sentimientos ya están aclarados, que ambos somos hombres… y que ambos nos hemos hecho mucho daño – se detenía - principalmente yo por ambas partes- resaltaba el castaño con la mirada cabizbaja tomando valientemente las manos del mayor frente a él que le miraba seriamente atento y un rostro sonrojado.

-Pero realmente ahora sé que tú eres la persona con la que quiero permanecer por siempre, no hay nadie más… y a pesar de que sé que aun tu corazón no me perdona completamente, y que un bebé viene en camino… -

-Makoto- hablaba en casi un susurro el más bajo de los dos con una pequeña sonrisa pintada en su rostro. -Calla…-

-Escucha Haru- se interrumpía así mismo el ojiverde sin dejar el agarre de ambas manos que transmitían un sinfín de sentimientos que revolvían los sentidos de ambos. –A pesar de todo eso… yo- yo-

Algo tan fuerte que hasta el propio hilo rojo del destino envidiaba.

-Haru… yo… ¿Quieres… uhm-

El ojiesmeralda sentía como su boca era silenciada por unos labios que extrañamente lograba reconocer con anterioridad, unos suaves labios que hacían rápidamente su cuerpo calentarse y poner su mente en una cuna de tranquilidad.

A pesar de la castidad del beso, el más alto sentía como sus músculos se volvían difíciles de controlar acompañados de un intenso mariposeo en su estómago.

Tomando algo de control de la situación, el ojiverde rápidamente tomaba completamente de las mejillas de Haruka con las palmas de sus manos depositando algunos de sus mechones de cabello detrás de sus orejas. Sintiendo como el delfín tomaba con su mano derecha una de sus manos a manera de aceptación ante tal toque.

Con un poco más intensidad, el beso empezaba a prolongarse un poco más abierto por parte de Haruka, ante la lenta intromisión de la lengua del otro en su boca las mejillas del castaño se tornaban de un rojo más violento sin verse externamente todo aquel movimiento bucal al estar literalmente sus labios pegados como si su vida dependiera de aquello.

Una sensación que Makoto reconocía haberla vivido antes y que para Haruka era nuevamente regresar a aquel paraíso en el que los jugos de aquella boca se volvían en un néctar del que no podría sobrevivir si llegase a faltar.

A punto de perderse ante tal acto, el de ojos verdes sentía como el más bajo dejaba sus labios con la mirada enfocada aun en sus ojos con los pómulos completamente sonrojados, a la par que sabía que él se veía probablemente cien veces más aturdido y sonrojado que el chico frente a él.

-Ya sabes mi respuesta…- lograba soltar el de ojos zafiros hacia el chico frente a él que aún se reponía de aquel beso debido a su borracho rostro totalmente perdido en rubor.

Formando una sonrisa inmensa en su cara, el más alto abrazaba fuertemente al chico frente a él besando su frente.

Un ambiente del que nunca quería salir.

Al instante, los sentidos del mayor se intensificaban al escuchar claramente como estallidos en el cielo se hacían presentes.

Aun abrazado de Makoto, sentía como el más alto tomaba de sus hombros volteándole para abrazarle por detrás sobre estos, dejando a su vista un bello anochecer de playa completo, lleno de fuegos artificiales de intensos colores.

-Creo que esto, ya lo habíamos vivido, pero – reía por debajo el castaño –de un modo un tanto más diferente- terminaba sintiendo el fuerte agarre de Haruka sobre sus manos al identificar el amargo recuerdo contemplando ambos aquel espectáculo de un lugar al que nunca hubiese imaginado ir.

A pesar de los pocos turistas, y de las personas que probablemente les hubiesen visto en su anterior acto, el mayor no podía evitar pensar lo agradecido que estaba con la vida por no apartarle de aquel que le transmitía una inmensa alegría en aquel abrazo del que no quería desengancharse nunca.

Las luces del cielo rebosantes se reflejaban en las pupilas de Haruka mientras Makoto de reojo podía notar satisfecho como su ahora oficial pareja se aferraba fuertemente del él de una manera especial.


Después de que el espectáculo de fuegos artificiales hubo cesado, ambos se encontraban guardando nuevamente la pequeña mochila verde en el asiento de la motocicleta.

-De nuevo a casa- soltaba el ojiverde a su ahora amante. El castaño contaba ya con su propio casco entre las manos dispuesto a ponérselo a parte de sus típicos lentes de lectura debido a que el camino por las noches era menos visible que en el día.

-¡Ah!, casi lo olvido… esto, cuando te deje en el departamento tengo que llevarle la motocicleta de nuevo a… un amigo- mentía pobremente a Haruka con el conocimiento de la apatía que tenía este por su amigo universitario – por lo que podrás hablarle a Mikoto para preguntarle si tomo las pastillas que el doctor le recomendó- terminaba el de ojos bosques con un tono amable poniéndose el casco y subiéndose a la motocicleta inmediatamente asustándose debido a la fuerte mirada de molestia que transmitía el delfín hacia su persona. – ¿Ha-Haru?... -

-Te acompaño, ambos iremos a entregar la motocicleta- sentenciaba el azabache sentándose detrás del chico orca arriba de la moto abrazándose de este de una manera posesiva como si de algo usual se tratara.

Ante tal comportamiento, Makoto simplemente sonreía encendiendo el motor de la motocicleta obteniendo el equilibrio de la misma para después salir hacia el camino de regreso a la ciudad.

En el camino, el castaño sentía como de sus ojos leves lágrimas empezaban a salir de una manera molesta, puesto que aun en su mente, no cabía el asimilar todos aquellos actos y situaciones nuevas que empezaba a vivir con la persona de la que anteriormente, el solo permanecer a su lado funcionaba como consuelo ante sus propios sentimientos.

Él tampoco sabía desde cuando había empezado a ser un libro abierto con respecto a sus sentimientos, puesto que conforme los años pasaban, había, casi, aprendido perfectamente a ocultar su tristeza o los signos de aquella habilidad de todos.

Y ahora, el simple abrazo posesivo del otro sobre su persona, era un sueño del que no quería despertar.

Repentinamente, sentía como las manos del otro le abrazaban fuertemente por debajo de la chaqueta sintiendo como el otro le transmitía tranquilidad y una calidad con aquel simple toque.

-Concéntrate en el camino- soltaba Haruka suavemente a Makoto dando a entender rápidamente que ya tenía conocimiento de su condición.

Con aquellas palabras, las lágrimas de los ojos del menor rápidamente pasaban a parar para secarse aun sin el contacto del viento sobre sus ojos para obedecer al mayor.

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Continuara…