Disclaimer: Los personajes de este fic no me pertenecen

Hola! Un saludo! Ya no voy a dar excusas por que la verdad la inspiración no venia u_u. Estoy estudiando una ingenieria y la verdad los últimos meses han sido de locura pfff XDDD Y pues hasta hoy Vengo como Santa Claus en Navidad con dos capitulos :3 XDDDDD Intensos :OOOOOOOOO.

Trate de hacer algo de lemon y raramente estoy satisfecha con los resultados xDDDD. no se como le hacen para escribir sin estar gritando todo el tiempo XD.

En fin Gracias a los que todavia siguen esta historia (*o*)! que ya llegara a su fin u_u

A un punto pasado de la medianoche, en un punto aparentemente no tan tranquilo de la ciudad, Haruka con inquietud podía observar a lo lejos un edificio prolongado conforme la negra motocicleta se iba acercando a este, de manera inmediata podía notar que aquel lugar, era probablemente el sitio acorde a donde el menor haría la entrega de la misma.

Su mirada que yacía observativa poco a poco se volvía nuevamente tranquila pasando en su garganta un poco de saliva desde su boca seca, analizando segundo a segundo la forma que tomaba el lugar conforme se acercaban.

El camino después aquella parte donde había descubierto al ojiverde soltando unas cuantas lágrimas había transcurrido más calma de lo que había pensado, sin algún toque de incomodidad y angustia como antes solía sentirse cuando ambos tenían los pensamientos revueltos.

Solamente le acompañaban, la misma vista de aquellos paisajes que antes le habían maravillado cubiertos por un manto oscuro lleno de luces y estrellas que brillaban apacibles y se hacían enormes conforme la carretera se volvía más solitaria a sus lados, solo con ellos dos como los únicos que le recorrían aquella noche.

Haruka dentro de su corazón sentía que nada más hacía falta, solo ellos dos y el viento pegando contra sus cuerpos a una velocidad promedio en medio de la nada era algo que le llenaba por completo en aquel día perfecto.

Kilómetros después, el titilar de las luces de la ciudad a la lejanía conforme se alejaban de aquel sitio era lo único que le regresaban a realidad de golpe.

Una realidad que no era tan mala.

El edificio frente a ellos era de lo más común por fuera.

Una simple construcción escondida entre tantos edificios de en aquella inmensa ciudad, algo sucio y un poco desgastado posiblemente a los años trascurridos desde su construcción.

Fuera de la construcción, vitrales coloridos dejaban ver luces provenientes desde adentro acompañadas de una fuerte música algo escandalosa pero pasable para el gusto de Haruka.

Con total inseguridad dentro de sí, escuchaba claramente como desde aquel edificio la música hacia retumbar los vitrales. Rápidamente podía concluir que a ciencia cierta un poco más de fuerza en aquellas ventanas podría en cualquier momento hacerlas estallar y dañar a los que pasaran por debajo de estas.

En cualquier momento, o en ese instante.

Saliendo completamente de sus pensamientos, y en vista de que Makoto apagaba el motor de la motocicleta en un lugar parqueado del lugar, cuidadosamente se dictaba a bajar de la misma quitándose el casco en el proceso al igual que el castaño.

Un tanto molesto, Haruka fruncía su ceño al percibir rápidamente alrededor de ellos un olor abundante parecido a algo más fuerte que el de los cigarros comunes los cuales Makoto solía fumar de vez en cuando.

Acostumbrándose a aquella molestia, solamente se limitaba a observar como el más alto tomaba su celular entre sus manos marcando números e instantáneamente soltando una sonrisa normal al momento de al parecer ser correspondida su llamada por el otro lado de la línea.

Con el ceño fruncido pero una actitud todavía calma, observaba a cierta distancia como el ojiverde se acercaba hasta su persona tomándole de la mano sin algún tipo de vergüenza de que alguna persona que pasara por aquel lugar les viera.

-Vamos Haru- escuchaba decir al ojiverde de una manera alegre mientras empezaban a caminar en dirección directa al edificio.

Ante tal movimiento por parte del otro, sus sentidos rápidamente se tensaban sin demostrarlo tanto externamente observando algo desinteresado a su alrededor.

En aquel lugar dentro del centro de la ciudad, sus ojos azules se contraían inmediatamente cuando estos daban inmediatamente con unos cuantos sujetos fumando cerca de la entrada de un viejo túnel vial cercano al edificio, mismos que consigo acarreaban enormes perros con correas de cadena.

Volteando su cabeza a la dirección contraria debido al disgusto, podía observar no muy a lo lejos a una pareja recargada fuera de otro edificio en el cual, un chico besaba de una manera no muy sana a una chica la cual era probablemente su novia que parecía un tanto fuera de sí al no poder siquiera pararse correctamente en la acera.

Con aquella imagen mental del lugar, el ojiazul solo deseaba que Makoto rápidamente terminara sus asuntos para poder alejarse lo más posible de todo aquel lugar.

Inmediatamente, como si sus pensamientos hubiesen sido escuchados, miraba atentamente como del edificio el cual aún estaban afuera, de la puerta principal la cual se encontraba resguardada por algunas chicas de apariencia sospechosa las cuales su vestimenta no dejaba nada a la imaginación, el amigo rubio de la universidad de Makoto salía un tanto escandaloso seguido de otro chico fornido quien al parecer ya conocía al ojiesmeralda puesto que inmediatamente cuando llegaban con este, un abrazo un tanto feroz casi había hecho destantear el equilibrio del castaño arrancando el agarre de sus manos de un solo tajo sin lastimar a ninguno de los presentes.

Makoto se mostraba sorprendido y feliz, mientras el nadador de estilo libre se mostraba molesto e indiferente ante la persona que se le presentaba enfrente.

La falta de calor en su mano y la sensación molesta del abrazo rápidamente se hacía presente mirando la escena frente a él.

-¡Makoto!, ¡Cuánto tiempo!- saludaba escandalosamente feliz el sujeto deshaciendo el abrazo mientras palmeaba el hombro del castaño. –Luces bien-.

-Cuanto tiempo, que bueno volverte a ver- saludaba Makoto sin escándalo cerrando sus ojos en una sonrisa.

-Escuche por parte de mi hermana todo lo que sucedió aquel día en el club, yo no estaba en la ciudad en aquel entonces ya sabes, pero que bueno que pudiste salir de esa- decía el sujeto al novio del nadador lleno de confianza ante un tema muy delicado al parecer de Haruka.

-No hay problema... –mostraba Makoto una sonrisa llena de sinceridad –Tanto Yuki, como Takashi y Kentarou estuvieron ahí siempre apoyándome, así que al contrario yo les debo mucho a ellos- soltaba tranquilo recibiendo únicamente un gesto triste por parte de Haruka el cual no era captado por ninguno de los presentes siquiera el de ojos verdes.

Terminado aquel agradecimiento, el más alto de todos tocaba el hombro de Makoto en gesto de amistad, recibiendo una sonrisa por parte del de ojos bosques acompañado de una risilla por debajo.

Sin despegar su profunda vista de los recién llegados, el delfín observaba algo fiero como el sujeto el cual no conocía aun centraba por primera vez la vista en su persona con el entrecejo un tanto fruncido.

-¿Y tú quién eres?- cuestionaba el recién llegado al ojiazul recibiendo un signo de molestia por parte del más bajo.

Ante aquel gesto Makoto simplemente sonreía observando extrañamente intimidante al hermano de Yuki.

-El es… -

-Soy Haruka, la pareja y mejor amigo de Makoto- soltaba el azabache con énfasis a los presentes con la mirada estoica de siempre tomando nuevamente la mano del mas alto de ambos sin importarle ya una pizca la presencia de los amigos de Makoto.

Tanto el chico fornido como Kentarou mostraban unos ojos totalmente abiertos, donde a pesar de que el ojiverde y el hermano de Yuki en parte ya conocían la relación de su amigo con el chico frente a él, el hecho de verlo tan agresivo como se mostraba Haruka en aquel momento, era algo que realmente les tomaba por desprevenidos.

-Oh, entonces es un gusto- soltaba tranquilamente el presente al nadador quien no dejaba su actitud defensiva a pesar de que internamente se encontraba un tanto desconfiado.

-Créeme amigo que ser portero de lugares como estos te hace alguien totalmente inmune a los estereotipos- decía al aire el sujeto sin perder aquella postura intimidante y amigable quien a la vez palmeaba el hombro del más bajo en signo de llevadera. El azabache simplemente asentía calmo a aquel sujeto aun alerta de cualquier movimiento.

Makoto y Kentarou totalmente fuera de aquel ambiente repentino se mostraban uno completamente sonrojado, mientras el más alto algo sorprendido y con rostro de diversión ante tal escena.

Haruka solamente cortaba aquel ambiente devolviendo un simple saludo informal al chico rudo sin algún signo de querer seguir aquel tema o inclusive la conversión, al contrario del chico quien parecía ignorante de aquel humor.

-¿Vienes a devolverle su motocicleta a Takashi?- repentinamente hablaba Kentarou al castaño obteniendo la atención de todos los presentes.

-Sí, gracias- soltaba agradecido el chico orca al conocer la paciencia de su pareja con personas con la actitud del hermano de Yuki -¿Sabes dónde está?- preguntaba Makoto al más alto.

-Probablemente este con Yuki… un día de estos golpeare tan fuerte a ese chico que mi hermana no lo podrá reconocer- soltaba rudamente el hermano de la chica cruzando los brazos de manera agresiva ignorando el gesto de tensión por parte de todos los presentes con excepción de Haruka.

-Uhmm, si…, como sea, tendremos que entrar a buscarlos porque al parecer esos tontos no tienen los celulares a la mano- respondía Kentarou un tanto disimulado saludando a unos chicos desconocidos que desde un lugar de la calle le saludaban por igual a lo lejos.

– Aparte de que…- hacia una pausa mientras encendía un cigarro disgustando únicamente a Haruka quien no mostraba gesto de incomodidad. - Muchos querrán hacerte algo de platica, después de todo estuviste y hasta la fecha aún estas en boca de todos por aquel incidente del club el cual por nuestra culpa tuvieron que cerrarlo- terminaba el rubio ojiverde emanando algo de hipocresía y humo al momento de saludar a algunas chicas que pasaban a entrar directo al edificio ruidoso, a su vez, estas observaban discretamente entre susurros al castaño ojiverde perdiéndose de un momento a otro en la entrada llevándose consigo a las demás chicas que se encontraban en la entrada.

El azabache miraba aquel gesto rápido molesto internamente empezando a estrujar un tanto más fuerte la mano de Makoto.

Sin palabra alguna, el castaño rápidamente volteaba a mirar al chico al lado suyo recibiendo una mirada aparentemente seria para los demás.

Quiero ir a casa…

Solo será por un rato, no me separare de ti en ningún momento…

Obteniendo solo un nuevo estrujamiento de dedos por la mano del delfín, el ojiesmeralda cambiaba su semblante a uno más serio mirando nuevamente a sus compañeros.

Con la paciencia un tanto menos alterada, el azabache simplemente agarraba fuertemente de la mano del ojiverde empezando a seguir a los otros dos chicos frente a ellos que platicaban de lo más trivial.

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Sus ojos azules, en breves lapsos quedaban entrecerrados debido a la cantidad de fuertes luces que reinaban el lugar, su mente se llenaba de una molestia innecesaria ante tal cantidad de ruidos a los que no estaba acostumbrado.

La música la cual era escandalosa, se le metía a la cabeza de una manera en la cual le hacían sentir en momentos extrañamente mareado. No le agradaba nada aquel lugar.

Tanto los chicos frente a él, como Makoto a su lado, caminaban guiándole por un estrecho pasillo lleno de luces de neón color verdes que fácilmente dejarían confundido a un ratón, aquella teoría que por alguna razón empezaba a darle extrañamente gracia probablemente por la mezcla de música y luz que empezaban a confundirle.

Conforme entraban por el lugar, podía notar algunos chicos cayéndose en las esquinas dentro de aquel pasillo como si fuese lo más divertido del mundo, algunos que otros fumando fuertemente de una especie de cigarro el cual varios compartían sin alguna higiene, y una que otra pareja teniendo sexo como si nadie les pudiese ver.

Que clase que lugar es este… pensaba el mayor conforme observaba todo aquello tal cual delirio de medianoche.

Volteando a mirar en breves instantes al menor al lado suyo con un rostro calmo y serio, internamente el ojiazul no podía imaginar cómo pudo haberla pasado su mejor amigo de la infancia en un ambiente tan fuera de sí como aquel sin su compañía.

Y aunque Makoto le repetía más de mil veces al día que la culpa no era absolutamente de nadie, Haruka algunas veces no podía dejar de pensar el que hubiese pasado si tan solo se hubiese mantenido en aquella burbuja tranquila de ignorancia en la cual ambos vivían.

Distrayéndose y saliendo completamente de aquel trance, el de ojos zafiros notaba como el agarre que mantenía con Makoto se deshacía lentamente cuando todos ya estaban situados en una parte dentro del lugar llena de luces color pastel y un simple balcón viejo que daba a las afueras desde un segundo piso.

Al notar como Makoto empezaba a ser saludado por todos los presentes, el azabache simplemente decidía apartarse del lugar hacia el balcón notando como el mismo daba vista a una colina calle abajo llena de farolas rotas, edificios desconocidos y un parque con juegos abandonado.

Realmente odiaba aquel lugar, y apretando sus puños suavemente contra el barandal para no provocar algún tipo de sensación dolorosa que le delatara, lentamente el ojiazul cerraba sus ojos de manera fuerte sintiendo el leve viento que recorría sobre su cara, viniendo repentinamente a su cabeza, en manera de flashback los ojos dolosos e indescifrables de Makoto en aquellas imágenes mentales que le habían atacado la vez que le había besado en el hospital.

Aquel cine mental no dejaba de presentarse últimamente en su cabeza en ocasiones, como algún tick mental que le recordaba de tajo todo lo pasado, y para su desgracia, solo momentos tristes. La vida que habían tenido ambos en la preparatoria le parecía tan lejana que pasaba a ser de último término dentro de su cabeza.

Porque no se van… pensaba Haruka abriendo los ojos perdido en la vista del balcón.

Simplemente, odiaba aquellos recuerdos.

-Haru… ¿Haru? ¿Estás bien?-

Sintiendo como rápidamente su pulso cardiaco empezaba acelerarse, el ojiazul rápidamente salía de aquel trance mirando como la persona que ahora reinaba en su mente se situaba atrás suyo mirándole preocupado.

Mostrando un poco de alteración, el azabache cerraba sus ojos calmándose rápidamente, ahora, Haruka era el que tenía que controlarse para no poder ser leído por su novio telépata.

-Si… estoy bien… - se mostraba serio -¿Terminaste?- respondía fugazmente a un Makoto que parecía obviamente no convencido del todo. Este soltaba el barandal del balcón al cuál había permanecido aferrado acercándose frente a Makoto.

En cierto punto, él ojiverde dentro de su mente sabía completamente que aquella actitud descuidada no iba de Haruka, le estaba ocultando algo. Pero en aquel lugar simplemente no se podía dar la libertad de discutirlo.

-Si pero…- su voz tenía el tono total de atraer malas noticias.

-Al parecer Takashi y Yuki están… perdidos en algún lugar por aquí, por lo que tendremos que esperar un momento más en lo que los encuentran- respondía a la interrogante el más alto rascándose la nuca leves segundos con un toque de disculpa en su rostro.

El rostro enojado de Haruka nuevamente hacia presencia asustando un poco al castaño que rápidamente entendía sin palabras el disgusto de su pareja por aquella situación.

El ojiverde tensaba sus hombros levemente dirigiendo su atención únicamente a la persona frente a él.

-Oye, Haru… te prometo, que en cuanto veamos a Takashi nos iremos tan rápido como sea posible- contestaba el chico orca a su novio tomando con su pulgar e índice la mejilla de este con delicadeza siendo inmediatamente apartada su mano en un solo golpe por el más bajo.

Abriendo fuertemente los ojos, Makoto veía como las mejillas del ojiazul se coloreaban de color carmesí a pesar del gesto desinteresado que mostraba su rostro. El en respuesta, sencillamente soltaba un gesto divertido y tenso ante las acciones nada comunes del otro.

Sin agregar algo más a la conversación ambos dirigían sus pies hacia una pequeña mesa de billar situada en el fondo de la habitación donde varias de las personas que el más alto había saludado anteriormente, los recibían con saludos informales y una que otra mirada de interrogación percibidas únicamente por Haruka.

No queriendo entablar conversación alguna con algún presente y sin a la vez querer verse de alguna manera grosero, el azabache disponía sentarse en un banco alto cerca de la mesa de billar únicamente observando los movimientos de su novio de una manera tranquila y un tanto obvia.

Como si de un deporte se tratase, el ojiazul observaba los gestos en el rostro de Makoto de una manera discreta, percatándose inmediatamente como este ya estaba en modo de jugador serio dispuesto a no perder. Y Haruka sabía perfectamente que su novio entrado en aquella fase ya nadie lograba sacarlo con facilidad.

Tan solo unos minutos pasados, el delfín sentía el rostro arder y simplemente volteaba toda su cara a otro punto de la habitación al percatarse a sí mismo encontrando un tanto atractiva la mirada competitiva del menor sobre los demás jugadores que parecían solo fanfarronear en aquel juego por lo malos que eran en comparación al castaño.

Para el delfín, era completamente extraño y nuevo el como ahora iba encontrando ciertos detalles en Makoto que terminaban ahora enamorándole y coloreaban extrañamente su rostro de carmín.

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Veinte minutos pasados de juego y el ojiazul estaba a nada de irse de aquel lugar.

Empezaba a preguntarse seriamente si en algún otro universo pudiese haber sido algún asesino a sueldo o algún famoso mafioso.

Sin percatarse del cómo, el ojizafiro observaba como poco a poco unas cuantas personas iban llegando a la posición de aquel apartado lugar, algunos simplemente a observar el juego, mientras algunas chicas rodeaban al ojiverde semejándoles a pirañas acechando.

No le agradaba en absoluto.

Lentamente había observado como algunas inclusive se habían atrevido a tocar algún hombro de este con la excusa de darle apoyo en el juego. Veía desinteresado externamente como algunas chicas en especial veían a su ya denominado novio de manera lasciva sin acercarse lo suficiente aún.

Siendo el mismo un hombre, empezaba a sentirse extraño y ridículo por aquella situación en la que se encontraba comprendiendo inmediatamente que una situación como aquella ya no era justificable como antes, ahora, tenía todo el derecho de sentirse de aquella manera.

Sintiéndose un poco apartado, Haruka se abría paso entre las personas llegando fácilmente hasta una posición al lado de su novio observando como este se percataba inmediatamente de su presencia.

Makoto por su parte sonreía discretamente mirando únicamente al nadador.

-¿Qué sucede Ha…-

-¡Makoto!-

Con mucho enojo dentro de sí, Haruka miraba como el ojiverde era interrumpido de dirigirle la palabra por un sujeto de apariencia yakuza quien le abrazaba en un gesto de confianza.

Por igual observaba a su vez con el entrecejo fruncido, como algunas chicas, muy lindas para su gusto, con ropa ridículamente ceñidas al cuerpo y mucho brillo en los labios, que casi se pegaban contra el ojiesmeralda ante la ahora cuestionable inocencia del castaño que no parecía percatarse de aquel hecho al ahora seguir jugando como si su vida dependiera de ello.

El mismo empezaba a asquearse al empezar a sentir los gestos amables de las personas sobre su novio.

Que molesto… pensaba Haruka alejándose de ahí tomando nuevamente asiento al lado del amigo rubio del castaño en unos sillones mullidos color blanco, un tanto alejados de la mesa de billar internamente decepcionado y lastimado por la actitud distraída de Makoto hacía su persona. De manera sorpresiva, observaba un tanto contrariado como el amigo de Makoto inhalaba unas líneas blancas por sobre una mesa blanca y mullida frente a ellos poniendo al último de su acción un gesto de satisfacción y una amplia sonrisa.

Desviando su vista del sujeto, y observando casi en cámara lenta todo a su alrededor, un lugar al que nunca había deseado entrar, repentinamente sus azules ojos se percataban como el chico se paraba del asiento aparentemente al baño dejando a su paso una bebida llamativa arriba de una mesa frente a los sillones.

En aquel momento, el delfín notaba como sus ojos quedaban un tanto hipnotizados, observando aquella copa llena de un líquido en diferentes tonalidades fuertes y suaves de azul.

Curioso y neutro, con su cabeza recostaba en su brazo derecho que se encontraba recargado al sillón, observaba como el agua de la bebida se tornaba de un azul claro en la superficie mientras su fondo era azul oscuro con toques traslúcidos, recordándole inmediatamente el mar, su obsesión, en su esplendor.

Trayéndole a la memoria el ferviente escenario en el cual el antiguo Makoto había salido, y se le había declarado de una manera tan romántica y torpe, que había llenado su ser de tanta ternura y un poco de impaciencia a pesar de ser ambos hombres.

Veía aquel azul empezando a tener nuevamente la necesidad de regresar a aquel mar, aventarse a este y nadar para alejar la incomodidad y los celos que empezaba a llenar su cabeza.

Empezando a sentir repentinamente sed, el azabache tomaba cuidadosamente aquella copa entre sus manos observándola embelesado. Empezando a odiar aquel ambiente nuevamente miraba a su novio pasando a ignorarle tal como él lo estaba haciendo.

Tonto, Makoto… pensaba empezando a beberla sin dudas y como si de agua se tratase terminándola en tres simples tragos.

En cuanto la copa estuvo completamente vacía, el nadador sentía como repentinamente su garganta empezaba a arder quemándole el esófago, mientras a su vez, un fuerte aroma a alcohol inundaba sus fosas nasales.

Makoto simplemente tosía y tragaba en seco notando el drástico ardor en la garganta, preocupándose inmediatamente empezaba a buscar a Haruka entre lo que estaba a su vista.

Empezando a sentirse un tanto extraño, el ojiazul rápidamente se paraba del asiento en el que se situaba empezando a caminar directo hacia algún baño cerca.

Saliendo de aquella habitación, podía notar como la luz verde que no le había cegado anteriormente tanto iba desapareciendo empezando a ser reemplazada por varias luces mientras la música iba subiendo de volumen y se volvía nuevamente molesta a sus sentidos, confundido, observaba los lugares alrededor en búsqueda de algún baño.

Lentamente, sentía como poco a poco la música a su alrededor empezaba extrañamente a distorsionarse.

Haruka empezaba a caer en la cuenta de que probablemente aquella bebida tenía mucho que ver con su situación actual

Eso no era alcohol… pensaba.

Rápidamente y para su suerte, sus ojos daban con un lugar al que podía asemejarle como los baños ya que aún se encontraba en cuatro de sus cinco sentidos, sin siquiera fijarse, de manera inmediata el azabache entraba a aquel lugar abriendo una de las casetas de los baños cerrándola a su paso.

Ya dentro de esta, el sólo de manera rápida se provocaba el vómito apuntando todo su cuerpo hacia el escusado, su estómago nuevamente se revolvía dando paso al vómito mismo que calaba desde su interior saliendo expulsado inmediatamente. Con la necesidad de agarrarse de las paredes, el nadador simplemente se agachaba lo suficiente para no caer de lado por el mareo que empezaba a atacar de nuevo su cabeza.

Terminada su acción, con cuidado y de manera lenta Haruka cerraba de la tapa del inodoro sentándose encima de ésta tomando su cara con las manos tratando de esperar a que el mareo dejase su cabeza por completo, internamente agradecía que la música que aún le aturdía, dentro de aquel baño parecía no tener el mismo efecto que afuera de este.

Mientras dejaba que el tiempo transcurriese, poco a poco los sonidos se volvían más perceptibles, y de manera lenta su cuerpo empezaba a controlarse de cualquier efecto que aquella bebida le estuviese provocando.

Saliendo de aquel momento de tensión, sus ojos se abrían fuertemente escuchando como una persona hacía presencia en aquel baño.

-¿Ha..Haru?, ¡Haru! ¿Estás aquí?-

Ante aquel sonido, el ojiazul rápidamente abría la caseta en la que se situaba.

Makoto por su cuenta al verle simplemente soltaba un suspiro poniendo de manera seguida un gesto de disgusto.

-Haru- soltaba Makoto tomando de la puerta de la caseta mirando al chico que aún se encontraba sentado sobre el toilet.

Este le miraba de manera seria mientras Haruka lucía un tanto desinteresado. Makoto internamente notaba inmediatamente como el mayor le observaba de manera seria, pero extrañamente sus mejillas empezaban a tintarse de rojo, e indudablemente, gracias a Kentarou ya sabía el motivo de aquel tinte.

-Haru…- suspiraba -No debes de moverte por este lugar sin decirme antes… es muy peligro…-

Repentinamente, las palabras quedaban atoradas en la boca del castaño empezando a escuchar como unas personas entraban al baño, tanto él como Haruka tensaban sus personas debido a la situación en la que se encontraban, pero lo que realmente había atraído su atención, era el ridículo hecho de que aquellas voces no eran lo cercano a un hombre.

Sin pensarlo dos veces, Haruka jalaba del menor dentro de la caseta cerrándola instantáneamente con el pie. Makoto algo aturdido permanecía a espaldas contra la puerta mientras su novio frente suyo le miraba hacia arriba de manera seria internamente asustado.

Su cara hacía un gesto de confusión olvidando casi por completo el mareo que le estaba atacando empezando a escuchar mejor su alrededor.

Ambos permanecían estáticos mientras su alrededor se volvía tenso.

-Amiga, arréglate mejor ese collar-

-Claro que no, mírate… ¡Luces pálida como Geisha*!-

-Cierra la boca envidiosa-

Estaban en apuros.

Maldición… pensaba el ojiazul inmediatamente cayendo en la noción de que había entrado para su suerte, nada más y nada menos que en el baño de las mujeres.

Habían entrado al baño de mujeres por equivocación.

Rápidamente, ante la situación ambos mantenían su mirada hacia algún lado mientras su cabeza trataba de formular alguna manera de salir de ahí sin ser vistos.

Makoto mordía de su labio inferior tomado de las paredes del baño mientras el nadador se mantenía frente a él con un gesto de incertidumbre.

Entre ideas, el sonido de las voces de las chicas empezaba a ser molesto entre risas y chismes, Haruka quien se había mostrado firme, empezaba poco a poco a tambalearse.

Makoto observaba como su pareja frente a él se mostraba serio como de costumbre pero su cuerpo parecía decir todo lo contrario al moverse lentamente como si fuese a caer en cualquier momento. Lucía mal.

La situación no marcaba ningún punto a favor para ambos, internamente, Makoto empezaba a dudar si mantenerse escondidos ahí fuese a dar igual que el estar afuera, el mismo sabía que en ese lugar gente antes que ellos había hecho peores cosas y él desgraciadamente no era para nada la excepción.

-Haru…- susurraba para el chico frente a él captando su atención.

El nadador alzaba la mirada poniendo toda su atención en el otro. Makoto dejaba una sonrisa tranquila al aire.

Susurraba –Creo que…- repentinamente, su voz nuevamente se quedaba a medias, todo marchaba hipotéticamente normal hasta un punto donde la mención de un nombre en específico en la plática de las chicas afuera, les habían hecho tensar completamente su cuerpo dejando atrás sus susurros empezando a llamarles por completo la atención aquella charla que al principio parecía algo trivial para su interés.

-¿Esta aquí Tachibana?- preguntaba una de las chicas.

-Sí, y al parecer trajo a ese amigo suyo con el que siempre está-

Haruka bajaba su rostro tenso atrayendo inmediatamente la atención de Makoto.

-Oh me imagino quien es, es ese chico que me vio salir de su departamento una vez, debo admitir que si me dio algo de vergüenza, pero, es muy guapo también, tal vez podamos intercambiar – soltaba entre risas la otra chica.

Makoto inmediatamente pasaba a reconocer aquellas voces mostrando un pálido rostro de tensión hacia la pared frente suyo. Haruka por su parte, no podía distinguir muy bien la voz de la chica pero empezaba a caer en la noción del relato que ambas estaban llevando. El de ojos zafiros sencillamente cerraba sus ojos tratando de escuchar la plática apaciguando a la vez el mareo que empezaba a molestarle.

-Es muy popular, me molesta un poco que no me haya llamado ni una sola vez después de aquello, pero debo decir que, fue de las mejores experiencias comparada con cualquiera de los chicos que usualmente me invitan a salir, no me arrepiento, digo… nadie es tan amable y feroz en la cama a la vez…- la voz algo engreída de la chica iba tomando forma en la mente de Haruka conforme su risilla se volvía fuerte.

Sus ojos empezaban lentamente a tensarse conforme ambas seguían hablando mientras lentamente podía sentir como los brazos del otro empezaban a rodearle fuertemente aprisionándolo en un abrazo forzoso.

-No presumas tanto que conmigo también estuvo, y solo él sabe quién de las dos le agrado más, tu opinión no cuenta-

Rápidamente, la mirada del mayor se alzaba entre los brazos del otro lanzando una mirada triste al menor quien simplemente salía de manera inmediata de su trance deshaciendo con ira el abrazo de la persona frente suyo. De manera rápida, Haruka observaba confundido como el más alto alzaba sus manos lentamente llegando hasta sus orejas, tapándolas sorpresivamente rápido.

¿No quieres que escuche, lo que ya se?… le reprendía con su azulina mirada a Makoto quien solo cerraba sus ojos como si fuese culpable de todo lo malo en el mundo.

-Como sea, hoy le hablare de nuevo- decía la chica.

-Imposible, todas quieren hablar con él- se defendía la otra.

-¿Uh? no si yo le veo primero, además, solo él conoce que yo…xxx… con… xxx-

Ambas empezaban a reír en manera absurda mientras la plática parecía subir de tono y no dar fin. Cada cosa que salía de sus bocas conforme la plática avanzaba empezaba a tomar otro rumbo aparentemente sin importarles si alguna otra chica fuese a entrar al baño.

Conforme las risillas aumentaban, el ojiazul lentamente empezaba a aclarar su mente empezando a transformar sus risillas en aquellos gemidos agudos los cuales ahora empezaba a recordar con claridad cada vez que pacientemente esperaba con tristeza que las sesiones de sexo del castaño terminaran las pocas veces que había llevado chicas a su departamento.

Inmediatamente, sus ojos empezaban a mostrarse inquietos mirando a la persona frente a él de manera seria, dentro suyo, nuevamente los recuerdos empezaban a hacer fuertemente daño en su corazón.

-Haru…- soltaba quebradamente Makoto en un susurro para la oreja del otro en la palma de su mano–No escuches- susurraba soltando algunas lágrimas.

Poco a poco Makoto podía notar como los ojos del azabache se cerraban dando paso a lagrimas desbordarse sobre sus mejillas.

La sensación de aquellos recuerdos empezaba a llenar el cuerpo de Haruka de un hormigueo indescriptible el cual empezaba a subir a su cabeza de manera rápida.

El único recuerdo de los sonidos lascivos de aquellas chicas haciéndolo con la persona que más amaba nuevamente empezaba a carcomer su corazón de una fría manera convirtiendo aquella situación en un horrible dejavu.

Makoto por su cuenta, culpable de sus actos empezaba a captar como el cuerpo del otro empezaba a temblar probablemente para desbordarse en un llanto cargado de ira mucho más fuerte.

Rápidamente las pupilas de sus ojos se dilataban.

Odiaba ver a Haruka llorar.

Su mirada verdosa se ensombrecía y una sonrisa emergía pequeña de sus labios.

Sin previo aviso el menor en un movimiento brusco soltaba de Haruka, rápidamente sin pensarlo el ojiverde alzaba de su pareja tomando ambas de sus piernas entre sus brazos de una manera muy comprometedora obligándole al cuerpo del otro a abrazarse del suyo por el fuerte agarre entrelazando las piernas por sobre sus caderas, en aquella posición, el más alto miraba embelesado del sorprendido rostro del ojiazul e inmediatamente sin pensarlo su boca atrapaba de un tajo la del otro.

Haruka, totalmente sorprendido, empezaba a corresponder del otro sintiendo como el agarre del ojiverde se volvía más fuerte en su trasero. Sin pensarlo igualmente, dejando a un lado su malestar, el azabache dejaba atrás todo dolor tomando del rostro de Makoto para dar firmeza a los besos sintiendo como la lengua del otro se abría paso entre sus dientes convirtiendo aquel beso de un momento en otro en algo más pasional y húmedo.

-¿Qué… es eso?- un susurro quieto se dejaba escuchar -¿Quién está ahí?- soltaba una de las chicas.

Repentinamente y de manera lenta, una de las manos de Haruka dejaba del rostro de Makoto en un desliz que recorría centímetro a centímetro desde la mejilla de este hasta su hombro. El castaño, sintiendo aquella caricia recorrer su cuerpo, entre besos ponía una sonrisa mientras podía escuchar como de manera brusca el cerrojo de la caseta del baño tronaba dándole a entender las intenciones de Haruka con aquel cambio de actitud.

Tan pronto y la puerta se abrió, ambos salían de la caseta en aquella posición continuando besándose de una manera lasciva y poco a poco más desesperada.

Las chicas quienes todavía permanecían ahí, quedaban completamente mudas ante la escena. Una de ellas, simplemente dejaba caer su bolso tomándolo después torpemente del suelo.

Rápidamente, el ojiverde tomaba más fuerza en su agarre ahora sobre las piernas del otro llevando al de ojos zafiros por arriba de los lavamanos recargando el cuerpo de su novio encima de la porcelana, lentamente, el cuerpo de Haruka se estampaba contra el enorme espejo frente a los baños mientras el otro continuaba besándole de manera pasional. La saliva de ambos empezaba a charpear entre sus bocas en el lapso de tomar aire para poder respirar mientras la escena continuaba en la marcha.

Internamente, el delfín mantenía su mente en blanco sintiendo como Makoto con sus movimientos hacia rebotar su cuerpo contra el espejo de manera suave, recuperando lentamente la noción de su postura, el de ojos azules solo ladeaba lentamente su cabeza mirando a las chicas a lado suyo.

Estas, quienes mantenían la mirada fija en ellos, tenían los rostros completamente rojos. Una de ellas, la chica del bolso, mantenía una expresión confundida fijando sus ojos en los de Haruka de una manera dolida.

Lentamente, el azabache empezaba a reconocer el rostro de aquella chica dejando soltar algunas lágrimas mientras el otro continuaba besándole.

Todavía era doloroso para su persona.

Makoto por su parte, dejaba la boca de su novio arrastrando su boca y su lengua por toda la barbilla del mayor hasta su cuello dejando un indecente recorrido. Posicionado en aquel lugar, este simplemente empezaba succionar de la piel nívea del otro con una expresión parecida a la de una bestia con dias de ayuno.

El reflejo del castaño frente al espejo era totalmente el de la lujuria viva mientras sus mejillas ya se mostraban totalmente rojas.

El nadador quien se mantenía fuera de sí mirando a las chicas dejando al otro comer de su cuello, simplemente tomaba posesivamente de la cabeza del otro poniendo un gesto lascivo mientras su cuerpo era ahora fuertemente azotado contra el espejo conforme los besos de Makoto tomaban posesión de él e iban bajando desde su cuello hasta su pecho aun cubierto.

Él es mío… era todo lo que el rostro de Haruka mostraba a las chicas quienes lentamente comenzaban a irse del lugar, la chica del bolso, probablemente la más dañada por la situación, quedando a tan solos segundos de salir de la puerta, lanzaba el dedo medio de su mano izquierda contra el ojiazul dando vuelta el rostro en un gesto arrogante desapareciendo inmediatamente del lugar.

El azabache cerraba sus ojos mientras sus mejillas sonrojadas y calientes mostraban un leve gesto triste.

-Ya puedes parar… ya se fueron-soltaba casi sin aire el ojiazul al castaño.

Makoto por su parte, simplemente hacia caso omiso de la voz que le hablaba continuando con sus besos hacia la persona que amaba.

Haru te amo… se sentía culpable, realmente culpable.

-Makoto…-

Te amo…

-Mako…ngh-

Te a…

-¡DETENTE!- soltaba de manera brusca el nadador pateando con su rodilla las costillas del otro.

El ojiesmeralda simplemente dejaba su labor soltando un quejido leve volteando a mirar al chico frente a su persona.

-¿Qué suce…-

-Ya se fueron-

-¿Y qué tiene que ver?- susurraba el menor mirando de manera seria y aun embelesada el rostro del otro.

El ojiazul por unos segundos abría de manera sorprendida los ojos pasando a cerrarlos cansadamente, Makoto por su parte ponía un rostro levemente triste agachando la mirada hasta un punto perdido entre las piernas del otro.

Internamente, el ojiverde no dejaba de sentirse culpable por todo el daño que había hecho a su pareja, y la tristeza en el rostro de Haruka a estas alturas simplemente era algo imperdonable para su conciencia.

Rápidamente, Haruka abría sus ojos escuchando el silencio frente a su persona, lentamente, leía el rostro de su pareja sintiendo una punzada dentro de su pecho al ver el rostro decepcionado del otro.

Dentro de sí, Haruka sabía que probablemente, algunos de sus traumas simplemente quedarían en su corazón de manera indefinida alojándose dentro de ellos como yagas sin sanar, pero ambos tenían culpa de sus errores, y él sabía que debían de curarse únicamente apoyándose entre ambos. Uno curando al otro.

-No quiero hacerlo… por un motivo tan estúpido- soltaba reposando su cabeza contra el espejo. –Te amo- sonreia.

Makoto, quien permanecía a la deriva de la situación, simplemente alzaba su rostro mientras sus ojos pasaban nuevamente a su habitual modo caído y alegre que le diferenciaban al percatarse de manera inmediata como su novio le sonreía de una manera tranquila. Este solo dejaba salir una risa pequeña abrazando al mayor entre sus brazos para bajarle al suelo.

-Oye, no es necesario que hagas eso, no soy una chica- soltaba serio el azabache a su novio quien le sujetaba la mano saliendo del lugar.

-Eso ya lo sé- soltaba Makoto en una enorme sonrisa.


Con el rostro sintiendo hervir por primera vez en su vida, el azabache sentía como sus sentidos le fallaban empezando a sentir las piernas débiles.

Al parecer, el efecto de aquella bebida empezaba a hacer efecto en su cuerpo.

Conforme ambos salían del baño de una manera cuidadosa, el ojiazul podía ver como varias chicas le miraban por sobre el rabillo del ojo de una manera extraña, aun así, este simplemente mantenía su vista en dirección al chico frente a él quien sujetaba fuertemente de su mano arrastrándole por el lugar.

A pesar de aquel mal momento en los baños, el sentimiento que extrañamente empezaba a invadir a Haruka en aquel momento le hacía tranquilizarse un poco y le alejaban de aquellos malos recuerdos. De alguna manera, el delfín no sabía cómo Makoto con un simple beso lograba tranquilizarse y regresarle a su actitud normal en cuestión de minutos.

Sabía que en alguna parte de sí mismo, por mucho que el aclamara ser alguien de espíritu libre, Makoto era la única persona la cual podía manejar con sus palabras y acciones aquel espíritu hasta hacerlo trizas.

Y él nunca desobedecería.

Con aquello en mente, rápidamente sentía como la mano de otro apretaba suavemente su agarre deteniendo su paso cerca de la barra de bebidas para encararle, el mayor simplemente cerraba sus ojos ante el retumbar de la música contra sus sentidos.

Makoto por su parte, observaba internamente preocupado como un color violento a rojo empezaba a invadir sobre las mejillas del ojiazul.

Ya está empezando a hacer efecto… pensaba el menor en un gesto amable ocultando su preocupación de la persona tras de él.

Mirando a Makoto frente a él, el azabache podía ver como el otro tomaba todo su rostro entre las palmas de sus manos y con un gesto serio besaba su nariz.

-¿Cómo te sientes?- preguntaba Makoto atento al ojiazul quien parecía un camarón debido al rojo de sus mejillas.

Sin embargo, Haruka se limitaba a observarle de manera atenta con un gesto que extrañamente empezaba a parecer divertido. El ojiesmeralda atento abría sus ojos lentamente percatándose de aquel súbito cambio.

-¡Hey!...¡Makoto!-

Rápidamente, el ambiente era cortado por Takashi y Yuki quienes felices llegaban a tropezones hasta la posición de ambos. El ojigris suavemente daba un empujón en el hombro a Makoto en un gesto de hermandad mientras la chica daba pequeños besos en las mejillas del castaño en un inocente saludo.

-¿Dónde se habían metido? Y….-lentamente, el azabache disponía a inspeccionar el rostro del ojiverde lentamente. Makoto totalmente inmóvil miraba algo extrañado a ambos de sus amigos un poco intranquilo con la situación.

Takashi en un cambio drástico de humor simplemente cerraba sus ojos irrumpiendo totalmente su aura pacífica.

-Y ahora, porque han llorado ustedes dos…- interrumpía Takashi con el ceño fruncido volteando por una décima de segundo hacia Haruka.

Al margen de la situación Kentarou de manera tranquila llegaba adhiriéndose a la charla manteniéndose a la expectativa al lado de Yuki. -¿Qué sucede?- resaltaba el motociclista un poco más tranquilo.

Por otro lado, el castaño repentinamente sentía un jaloneo detrás de él. Las mismas chicas que anteriormente le había visto en el baño y que ahora podía reconocerlas mejor le volteaban completamente.- Queremos hablar contigo-

Y claramente por sus rostros, Makoto podía adivinar que nada bueno saldría de aquello.

El azabache sin algún agarre simplemente mantenía su humor actual ignorando completamente al ojigris.

Sin remordimiento, Takashi era ahora la persona de su menor agrado, y en aquel momento, extrañamente el desagrado aumentaba al igual que el mareo dentro de su cabeza.

-Vámonos a casa- decía el azabache nadador a su reciente amante tratando inútilmente de sostenerse al no mantener el equilibrio por mucho tiempo, sin percatarse, accidentalmente en vez de halar a su novio vagamente distinguia a una chica de cabello plateado que le veia con desagrado.

-Oh eres tu- decia la chica aparentemente molesta al chico frente a ella.

Haruka un poco más firme miraba desinteresado a la chica encontrando a Makoto con la mirada.

-Makoto.. Vamo…-

Repentinamente, los presentes se quedaban perplejos mientras el ojiazul cerraba los ojos.

Ante la vista de todos, la chica con molestia habia vertido toda la bebida que antes yacía en su mano sobre el nadador. Ahora el olor a alcohol llenaba las fosas del ojiazul quien. Abriendo sus ojos, el azabache únicamente miraba a la chica seriamente sin deje de querer decir algo.

Makoto por su parte, sí que se encontraba molesto, rápidamente, su mano tomaba de un tajo la de la chica quitándole el vaso de la palma.

Su mirada de desaprobación, lentamente se desvanecia al notar como el ojiazul empezaba a irse del lugar sin poder seguir el paso correctamente.

-¡Haru! Espera…- El ojiverde rápidamente soltaba de la chica para atrapar el cuerpo del otro, con ninguna otra intención que cargarle para llevárselo. Pero ante aquel movimiento, el delfín rápidamente pasaba a golpear de la mano que le sujetaba ganando una mirada sorprendida por parte de Makoto, viendo la consecuencia de sus actos, el mayor lentamente trataba de recuperar el control de su propio cuerpo empezando a alejarse de la escena dejando a todos atrás suyo.

¿Haru?… miraba y pensaba confundido el castaño observando la figura de la persona que queria, debido al repentino cambio en el humor de Haruka.

¿…?...

-Makoto- le hablaba Takashi por detrás empezando a notar lentamente como algunas personas dejaban de bailar iniciando a observarles entre susurros y alguna que otra mirada de confusión.

El castaño simplemente volteaba a ver a su compañero con confusión en su mirada.

-Tengo que irme… -

-Sabes que puedes recurrir a nosotros cuando quieras, siempre estaré ahí para apoyarte, todos nosotros…- soltaba Takashi de manera seria un poco fuerte para su gusto.

Makoto simplemente le miraba sorprendido cambiando su rostro por el de una sonrisa.

-Están malinterpretando las cosas, Haru no…-

- Te dije que ya no quería ver lágrimas en tu cara, eres mi amigo y todos te estimamos-

De nueva cuenta, la voz de Takashi se hacía fuerte al oído, y aquello no le agradaba en lo absoluto al castaño.

-Puede que sea todo para ti, pero no tolerare que otra estupidez de tu…-

Un golpe fuerte se dejaba escuchar.

Repentinamente, Makoto abria nuevamente sus ojos.

-¿¡Yu-Yuki!?- soltaba rápidamente.

-¿Ca-Cariño?- soltaba Takashi aparentemente divertido.

Frente a su persona, Makoto miraba como la chica del cabello platinado y Yuki rápidamente se habían abalanzando contra ellas al suelo, como un leopardo a una gacela, utilizando su propio peso cayendo ambas en medio de la pista de una manera brusca y peligrosa.

En un movimiento audaz, Makoto asombrado podía ver como su amiga universitaria ya tenía entre las piernas a la otra chica quien parecía querer darse por vencida en cualquier momento.

Sus ojos verdes trataban de procesar aquella escena mientras observaba a la vez como su amigo parecía más orgulloso que preocupado por la situación.

-¡Eso te pasa por meterte con el querido de mi amigo!-

-¡Suéltame!- gritaba la chica inútilmente ante la fuerza de la otra.

-Creo que deberías aprovechar para sacar a tu novio de aquí- escuchaba el ojiverde decir a su amigo motociclista.-Aprovecha que Yuki tiene la situación bajo control- soltaba con una sonrisa.

¿Bajo control?… se preguntaba internamente Makoto ante la situación.

-Sí, creo que eso estaría bien- decía buscando con la mirada al delfín aun sin procesar por completo la situación.

-Umm, ¿Y Ha….-

-Hablas de eso…- soltaba Takashi, señalando a su lado.

Rápidamente los colores del castaño desaparecían al ver a Haruka desmayado al lado suyo con una expresión divertida en su rostro.

-¡Haru!- soltaba preocupado Makoto tomando entre sus brazos al mayor cargándolo en su hombro tal cual saco de papas.

Makoto simplemente observaba paralizado a medias, como la persona más tranquila y estoica que conocía sonreía de una manera torpe.

-Tú no sabes nada… -subía Haruka su mirada empezando a hablar entre la semiconcienia totalmente nockeado.

-Que poco aguanta- soltaba Takashi con una sonrisa resignada en su rostro ayudando a Makoto acomodándole al otro en su hombro.

-Inclusive sigo viendo a mi ex novia, que carajos con eso…- escuchaban tanto Takashi como Makoto decir al ojiazul sacando un respingo en los hombros de Makoto.

-¿Qué?- soltaba Takashi confundido.

- No es mi culpa que saliera embarazada…- susurraba el de ojos zafiros al amigo de Makoto quien automáticamente recibía una mirada contrariada y ceño fruncido por parte del compañero del castaño.

Makoto a su vez abría fuertemente los ojos empezando a tornarse su rostro un poco sombrío y serio.

-¿Qué significa eso?- preguntaba Takashi a su compañero interrogante.

–No alejen a Makoto de mí… - soltaba Haruka desmayándose aparentemente por completo cayendo su rostro totalmente contra la espalda de Makoto.

-Tenemos que irnos, gracias de nuevo- soltaba Makoto rápidamente a un azabache totalmente confundido.

No queriendo responder los interrogantes rostros llenos de estupefacción de sus compañeros los cuales habían permanecido detrás de su conversación con Takashi todo el tiempo, el ojiverde ágilmente salía de aquel lugar sin hacer algún otro comentario cargando consigo al de ojos quien parecía querer despertar de nuevo.

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Finalmente, después de casi treinta minutos avenida abajo, con intervalos en los que el ojiesmeralda bajaba de su hombro al chico ya fuese para dejarle vomitar en plena avenida, o a veces simplemente por cansancio, habían llegado a su departamento compartido subiendo casi sin dificultad alguna las escaleras del lugar.

Como si de una costumbre aprendida se tratara, el castaño rápidamente abría la puerta de su hogar con Haruka sobre si, dirigiéndose inmediatamente al cuarto del azabache sin quitarse zapatos algunos en el proceso.

Ambos dentro de la pequeña habitación, Makoto con cuidado tendía a su amante boca abajo en su cama mirando como este parecía estar dormido.

Con cuidado alguno de no despertar al otro chico, el ojiverde se despojaba de sus zapatos y de su chaqueta en un perchero cercano, quitándole en el proceso los zapatos al delfín y coloreándose completamente su rostro al despojarle de sus ropas sucias y vomitadas para cambiárselas por un pijama, extrañamente sin algún pensamiento lujurioso en mente, cobijándolo por último con una frazada color celeste.

Terminadas sus acciones, el menor lentamente pasaba a sentarse al borde de la cama a un lado de esta.

Más relajado, sus ojos verdes se centraban en la poca luz que emanaba una lámpara en forma de caballa arriba de un buró cerca de la cama del azabache, dicha misma que iluminaba aquel pequeño rincón de la oscura habitación casi de manera completa.

En plena calma de la madrugada, sus brazos se postraban cruzados encima de sus rodillas flexionadas frente a él, en pleno signo de entrar dentro de una grande inquietud interna.

Dentro de su cabeza emanaba, la imagen de confusión en el rostro de su compañero y sus amigos, al igual que la voz dolida de su amante, un gesto que jamás había visto tan vivo en el ojiazul, ninguna vez antes. Una tristeza que casi le hacía equivalencia a la seriedad de su rostro. Algo no tan nuevo, pero que le asustaba de alguna manera.

–No alejen a Makoto de mí… -

Con aquellas palabras retumbándole la conciencia, el castaño reposaba sus piernas estiradas en el umbral de la habitación posando a sus lados los brazos y ladeando muy poco su rostro con tristeza en este.

Tal vez, Haru estaría mejor sin…

-Deja de pensar cosas inútiles… - hablaba una segunda voz en la habitación interrumpiendo completamente los pensamientos del ojiverde.

Este mismo abría ampliamente sus ojos por cuatro segundos, siguiéndole después un rostro calmo con una sonrisa pacífica.

-Oh, Haru… ¿Tienes mucho despierto?-

-No- respondía simple como siempre Haruka a la interrogante. –Me duele un poco la cabeza… -

El mayor se situaba boca arriba en la mullida cama con sus mares ojos levemente entrecerrados. Ya no estaba dormido, pero aun así sus sentidos no estaban completamente al corriente de las cosas debido a la resaca que empezaba a hacerle estragos.

A parte de sus voces discontinuas, el sonido de las cigarras era lo único que predominaba el ambiente y los acompañaba en aquella madrugada ya casi dando paso al amanecer en una ciudad donde asombrosamente el ruido aun no salía.

-Si tú también bebiste… ¿Porque luces tan normal?- hablaba secamente Haruka hacia el techo de la habitación.

-No lo sé… - pausaba -Creo que me acostumbre rápido o algo así- Makoto respondía igual de simple a la seria cuestión.

-Imposible… - susurraba el mayor a Makoto aun sin mirarlo ni moverse un centímetro.

El menor inmediatamente soltaba una sonrisilla cerrando sus ojos en el proceso.

-La primera vez que tome algo así y adulterado, solo recuerdo haber despertado en el piso con raspones en el cuerpo, completamente sin saber nada de lo que había pasado y con muchas personas dormidas a mi alrededor- soltaba por ultimo otra risilla seguido de un suspiro.

Pero muy a diferencia de su actitud parecida al recordar un buen momento de la vida, Makoto volteaba su rostro a mirar por encima de la cama encontrando a su amante con un gesto de no sentir gracia alguna ante su comentario.

Makoto simplemente pasaba saliva en su garganta guardando aquella simple posición.

-¿Recuerdas… aquella vez cuando nos perdimos en el centro comercial? –hablaba el ojiazul nuevamente en su típica voz calma siendo únicamente observado por aquellos ojos verdes que tanto amaba.

-Si… -

-Yo recuerdo como cuando mientras nuestras madres nos buscaban, tú no parabas de llorar y de jalar del dobladillo de mi camiseta- soltaba un hondo suspiro. –Nunca olvide… como esa vez mientras yo decidí esperar paciente en aquel lugar cerrado, tú tratabas de llevarme para buscarlas por nuestra cuenta aun cuando no dejabas de temblar y jalar de mí. Y aunque fue muy molesto para mí en aquel entonces, e incluso me rehusé completamente a moverme de aquel lugar asegurándote de que todo estaba bien… ese día pude darme cuenta que tu probablemente me causarías muchos problemas cuando creciéramos - decía aquello con cierta molestia en su voz calma siendo el sentimiento inmediatamente captado por Makoto.

–También que… podrías llegar a hacer cosas importantes sin mí a tu lado… y, con el tiempo… mi independencia solo había podido salir por ocasiones hasta que necesitaba sentir tu presencia a lado mío para poder sentirme tranquilo… creo que inconscientemente pude darme cuenta que en mi futuro tu siempre contabas como parte de este… Makoto… - pausaba

–Yo… soy el que más te necesita…- terminaba de hablar el azabache resaltando sus palabras calmándose nuevamente el ambiente de la habitación.

Con aquellas palabras aun resonando en el cuarto, el ojiverde nuevamente volteaba su rostro a sus piernas estiradas cerrando sus ojos pasando a suspirar.

-Creo que esa bebida estaba muy cargada- hablaba en un susurro normal sin dejar de ver sus piernas estiradas. Sus ojos brillaban cual estrellas al escuchar tales palabras salir de la boca de Haruka, pero no quería ser engañado por la persona que amaba mientras estuviese bajo los efectos de una bebida.

Sin aviso alguno, este se paraba de su posición subiéndose a la amplia cama, abriéndose un lugar al lado de Haruka quien solo le daba espacio para acomodarse sin despegar sus azules ojos del techo.

Ahora ambos miraban hacia el techo de la habitación.

Con mucha delicadeza, Makoto lentamente entrelazaba sus dedos en la mano de su amante haciendo sentir al otro tortuosamente cada roce en el proceso. Como un castigo.

-Lo que hacia tu amigo Kentarou en aquel lugar... No puedo imaginarte haciendo una cosa así… -

A diferencia del pacifico semblante del azabache, los suaves movimientos de su mano y todo el cuerpo del menor empezaba a tensionarse fuertemente al recordar aquellos dias donde su única salida era aquella mala vida hundida y sobre estudio, una optativa para calmar sus ansias ante tal habilidad.

-Yo tampoco- respondía sencillamente el castaño deteniendo sus acciones sin soltar de aquella mano, haciendo sentir al ojiazul por primera vez en su vida, como aquella voz parecía no querer hablar sobre un tema que les involucrase a ambos al respecto.

-¿Hace cuánto acabaron tus terapias?-

-Hace unas semanas fue la última-

-¿Te has estado cuidando?-

-Si-

-Hoy no lo hiciste…-

Repentinamente el silencio se daba a reinar en la habitación.

Siendo sorpresivamente interrumpido por una risa.

Una risa de Haruka.

Makoto confundido, volteaba un poco su rostro ladeando una sonrisa pequeña que lentamente empezaba a transformarse en una risa.

Ahora, ambos reían extrañamente en la calma de la madrugada que se dejaba sentir en el cuarto.

-Creo que al final… si termine matando a Makoto- soltaba el ojiazul en un susurro secando su risa por una más sarcástica, hablando por primera vez en segunda persona a pesar de que el individuo se encontraba al lado suyo.

El castaño solamente fruncía un poco la mirada volteando hacia el chico al lado suyo que aun miraba el techo como si fuese lo más interesante del mundo.

-Tú también has cambiado mucho, algún día teníamos que cambiar… - soltaba el ojiverde mirando de nuevo al techo. –Cuando algo te molestaba pasabas a ignóralo –reía secamente.

-Entonces me conoces muy poco - se escuchaba la voz del azabache molesta y un poco entumecida, probablemente por la resaca.

Mas el silencio seguido de aquella cuestión automáticamente daban una respuesta a la misma.

-Creo que si- respondió el chico orca a Haruka al lado suyo tratando de dar un ultimátum a esa platica, quedando ahora ambos boca arriba mirando el blanco techo de su apartamento.

-Ya es tarde, Mikoto debe…-

Repentina y bruscamente, las palabras del azabache quedaban atoradas en su garganta, al sentir como Makoto al lado suyo se paraba bruscamente posándose sobre su persona tomando posesivamente sus muñecas contra la cama y por encima de sus hombros, con una mirada totalmente penetrante.

Sus propios ojos se abrían fuertemente ante la sorpresa del acto. Sintiendo el leve temblor de las manos del ojiverde sobre su piel.

Ante tal duda, instantáneamente segundos después, volvía a su común rostro estoico encarando al otro con la mirada.

-Estas temblando… ¿A que le tienes miedo?- preguntaba en un susurro como si aquella escena fuera la más común del mundo. Su mejor amigo de la infancia y ahora amante, se encontraba encima suyo sujetándole suavemente con una mirada llena de un sentimiento el cual era nuevo, mas pasional, pero lleno de miedo.

-No lo sé…Solo, esto es nuevo… y…-

-No digas mentiras-.

Los verdes ojos de Makoto se abrían ampliamente sin perder aquel toque lascivo y serio.

-No digo mentiras…-

Miraba como el peliazabache bajo su cuerpo volteaba la mirada hacia un lado tapando sus ojos por consecuencia con su algo crecido cabello regresando instantáneamente la mirada a Makoto llena de ironia.

-No lo pensarías tanto si fuera mujer… ¿Verdad? No soy una chica- soltaba el ojiazul con la voz un tanto rasposa, un sonido igual al de un nudo enorme formándose en la garganta.

Imágenes instantáneas de las chicas con las que había estado venían a la mente de Makoto recordando cómo sin dificultad, había aprendido a desabrochar brassieres como si de un simple juego de competencias se tratase.

La persona debajo suyo era el amor de su vida, su amante, su mejor amigo, su futuro, y aun así, empezaba a reconocer el hecho de que una hora antes al desvestirle, había sentido su rostro derretirse poco a poco en vergüenza sin algún tipo de pensamiento de lujuria.

Definitivamente no era lo mismo.

-Es cierto… tú no eres una chica- soltaba el castaño en un susurro amable y un tanto divertidamente sarcástico hacia la persona debajo de él.

De repente, Haruka escuchaba como algo se rompía. Parecido al sonido de una tela separándose instantáneamente para convertirse en harapos.

-Ma…- sus palabras se veían bruscamente interrumpidas al sentir como la persona encima suyo cubría sus ojos en totalidad con una habilidad sorprendente, tomando rápidamente su cabello hacia atrás sin lastimarle en lo más mínimo. Sin poder dejarle quejarse y de una manera casi tierna, sentía igualmente como el castaño le despojaba de su suave camisa para dormir, dejando completamente su dorso al descubierto.

El de ojos zafiros solo podía erizarse y sentir un poco de miedo, al preguntarse si eso también era una de las cosas que había aprendido el ojiverde con sus nuevos amigos.

Con su vista totalmente obstruida, el mayor sin alguna oposición y ante los ruidos de su amante, escuchaba como nuevamente tela era hecha trozos, empezando a sentir ahora un poco más intensamente los toques de la otra persona que transmitían un instantáneo cosquilleo desde sus muñecas hasta su estómago, sus muñecas, las cuales sentía como eran atadas a un barrote horizontal que sobresalía de su cama que hacia como soporte de cabecera de su colchón.

Al ya no sentir a Makoto al lado suyo, su respiración empezaba a acelerarse, y al intentar patalear, sentía como sus piernas solamente podían doblarse por la parte de las rodillas pero no daban más.

Estaba atado.

El nadador sentía como una especie de adrenalina empezaba a subir a su cabeza, hasta que lentamente empezaba a sentir como el peso extra en la cama volvía.

-Makoto…-

-Es cierto Haruka, no eres una chica…- repentinamente el ojiazul sentía como toda la parte izquierda de su cara cosquilleaba por el aliento cálido que le susurraba en la oreja, una sensación realmente fuerte que empezaba a revolverle el estómago.

Con mucha incertidumbre, sorpresivamente sentía como ahora la mano de la persona que le susurraba tocaban sus mejillas suavemente, sintiendo como la yema de un dedo pulgar tocaba su labio inferior abriendo su boca levemente cerrándola igual de suave y delicado.

Sus oídos y su cuerpo instantáneamente podían distinguir el segundo peso subiendo a la cama, al parecer su pareja se había subido a ésta causando el rechinido del mullido colchón.

Sentia como el segundo peso se postraba suavemente sobre él en su abdomen libre sin aplastarle, con cada una las sus piernas a lado de su torso. Un sentir acalorado se apodero de sus mejillas y su cabeza al poder distinguir, como la persona sobre el hacía fricción en su cuerpo parecido al de las piernas en boxers. Definitivamente la única prenda que vestía su amante.

-¿Por qué… -

-Definitivamente, tu cuello no es seco como el de las chicas- la voz juguetona de Makoto sobresalía contra la calma de la madrugada.

Con repentina contradicción en sus pensamientos por aquello, Haruka sentía como el cuerpo sobre él se movía lentamente hacia su persona, empezando a sentir como una boca realmente caliente empezaba a chupar literalmente de su cuello sin alguna clase de piedad.

Probablemente por tener la vista obstruida, las sensaciones en todo su cuerpo se intensificaban de una manera asfixiante, pues cuando aquellos labios succionaban más fuerte de su cuello, aquellos dientes le mordían, y una respiración caliente se dejaba sentir cerca de su oreja izquierda, el éxtasis hacían encorvar su cuerpo ante el otro más grande al punto de lastimarse las muñecas con aquello que las sujetaba.

Cada vez que la intensidad de la boca de Makoto succionaba más fuerte de su cuello y dejaba pequeños recorridos de saliva, su cuerpo daba espasmos más fuertes ante el otro como si de una bestia atrapada se tratase.

-¡Deten…-

Repentinamente la boca que se entretenía en su cuello empezaba a recorrer el mismo hasta llegar a su rostro que se mantenía alzado boca arriba debido a la excitación, la lengua del menor había recorrido desde su barbilla hasta llegar a la altura de su propia boca, abriéndose paso entre sus labios para abrirlos lentamente, sintiendo como entre aquellas aberturas la punta de su lengua y la de Makoto se tocaban tortuosamente, sintiéndose atrapado entre aquel fino roce que había sido detenido y que empezaba a provocarle pequeños gemidos que el azabache evitaba dejar escapar.

Sintiendo como su cara empezaba a mostrar angustia, parecida a la de un niño cuando quiere un dulce.

Una cara vergonzosa.

-Tu boca es… - sentía el aliento cálido susurrarle dentro de la boca -Definitivamente más linda y fina que la de una chica- instantáneamente y antes de poder quejarse de aquella descripción, sus quejas sin salir fueron acalladas cuando los labios de aquella boca tomaban por completo su boca en un beso profundo, juntando dentro completamente sus lenguas que ansiaban tocarse provocando sensaciones algo más allá de la excitación dentro de su ser.

Algo especial.

El beso era realmente profundo, puesto que este le provocaba contraerse de la espalda nuevamente ante la exagerada excitación que este le producía.

La habilidad hacia su efecto.

Entre sus labios y los de su besador, no había un solo agujero por el cual pudiera pasar el aire, por lo que empezaba a sentir como su mente era nublada por aquel beso, ahora realmente agradecía a sus habilidades de natación el poder aguantar más la respiración que cualquier humano promedio, aunque sabía que la persona que le besaba no le superaba por mucho en ese ámbito. El beso inmediatamente empezaba a intensificarse más cuando su propia persona un tanto desorientada por la situación, empezaba a corresponder al menor derivado a la excitación. El azabache sentía como el calor acumulado en su estómago empezaba a cosquillear y bajar hasta la parte baja de su cuerpo.

Cuando empezaba a sentir que la falta de aire le haría morir de asfixia, el otro cuerpo soltaba bruscamente su boca dejando hilos de saliva cayendo por su barbilla y por aún lado de su boca, se sentía algo avergonzado por eso, mas no podía hacer nada, estaba completamente fuera de sí.

Sentía a la par como el otro cuerpo sobre él, trataba de recuperar la respiración liberando pequeños espasmos que hacían cosquillear su estómago, él también estaba ocupado tratando de recuperar la respiración liberando a su vez pequeños espasmos, al parecer tenía que practicar un poco más el ámbito del buceo.

Makoto por su parte observaba totalmente embelesado y superior al chico bajo su persona.

Sus verdes bosques capturaban detalle a detalle los pequeños espasmos, la respiración que parecía dificultársele, y los pequeños gemidos sin salir totalmente del delfín que le hacían parecer tan vulnerable a sus ojos.

Observaba a Haruka con sus brazos por encima del cuerpo totalmente atados al igual que sus ojos, su cara totalmente enrojecida, hilos de saliva pegados al lado de su boca, y el cabello que empezaba a tornarse sudoroso, ambos totalmente en la misma condición a diferente manera, debido a la habilidad que ahora ambos compartían.

Así que… esto es un fetiche… pensaba el chico orca con vergüenza.

Un acto asombroso y peligroso, aunque no menor de significativo que lo de la playa.

Con aquellas sensaciones quemándole por dentro, el ojiazul sentía como la mano que se había depositado ahora en su barbilla recorría lentamente su cuello hasta llegar a su pecho tocándole enteramente, provocándole reacciones instantáneas debido al tortuoso roce.

-Tu pecho es… plano y formado,... no podrías amamantar aunque quisieras Haru-chan…- escuchaba como la voz entrecortada e infantil del castaño empezaba a corromperle la mente, mientras la boca de Makoto de una manera demasiado dulce, empezaba a recorrer todo el exterior del centro de su pecho, imaginando fácilmente como la saliva que le recorría aquel lugar podía transformarse en miel verdadera en cualquier momento. Su rostro se tornaba caliente y aseguraba tornarse aún más colorado cuando habilidosamente, los dientes del otro empezaban a mordisquear y a succionar de uno de sus pezones juguetonamente mientras que una mano jugaba con el otro por igual cual niño pequeño, haciendo sentirse al de ojos mares en un calor extraño. Aquel acto totalmente le provocaban un feliz cosquilleo interno al punto de empezar a dejar salir uno que otro gemido que no se retenía totalmente en su boca que aun ardía por aquel beso fugaz.

Con vergüenza total, y debido a su ceguera, imaginaba como Makoto se colgaba de su pecho de una manera juguetona provocándole todas aquellas sensaciones llenas de deseo.

Quería ver el rostro del ojiverde, una cara que anteriormente nunca antes había imaginado ver. Puesto que sabía que todo lo que él estaba sintiendo… Makoto también tenía que estarlo sintiendo.

Mientras sabía que su rostro se había tornado colorado por aquellos penosos pensamientos, los labios que jugaban con sus pezones, se apartaban de su cuerpo dejándole con una semiexcitación formada en estos quemándole fuertemente. Empezaba a no poder soportar los gemidos dentro de su boca.

-Mako…to… deten…-

Con la vista aun obstruida, y las palabras nuevamente atoradas en la boca, podía sentir lentamente como su amigo empezaba a acomodarse de diferente manera recorriéndose hacia atrás.

-…-

-Tu abdomen es sedoso, casi de porcelana, y tu cintura más provocativa a mis ojos que la de cualquier chica-

Definitivamente cada descripción se volvía más vergonzosa que la anterior.

-Calla…- suspiraba Haruka enojado.

Repentinamente y sin aviso, como todo hasta ese punto, unos labios sedosos y todavía húmedos se posaban sobre su abdomen deslizándose sobre este llegando hasta su ombligo donde estos empezaban a succionarle alrededor con mucha suavidad, inmediatamente, dichas succiones lentas y húmedas, provocaban dolorosas cosquillas al azabache haciéndole de vez en cuando soltar pequeñas risillas aun con su cara deshecha en excitación.

Unas risillas muy dulces a los oídos de Makoto, quien también soltaba unas leves risas por el efecto de los roces en su propio estómago.

Lindo… pensaba el chico orca ante tal sonido, de nueva cuenta totalmente concentrado en su tarea.

Makoto, con su rostro envuelto en una excitación sofocante igual o peor a la del chico bajo a él, dejaba aquel jugueteo en el abdomen del mayor tomando con sus manos los pantalones para dormir de Haruka debajo suyo empezando a bajarlos rápidamente, observando los cambios de color en el rostro rojo del chico bajo su persona.

Dejaba a su ser disfrutar de aquel momento como si del último instante de su vida se tratara, deshacer completamente al ojiazul que no le podía ver y hacer de su ser completamente suyo.

Pero sabía que tenía que ser cuidadoso, puesto que aún no conocía totalmente las nuevas consecuencias de la habilidad en su propio cuerpo.

El azabache terminaba de descubrir que para la vergüenza no existían límites, puesto que sentía sus mejillas explotar debido al comprobarse totalmente desnudo después de aquel acto rápido, debido a la fricción de sus piernas y al cosquilleo de la brisa de la intemperie con toda el área de su pelvis.

Rápidamente, sentía un fuego intensificarse al borde de la locura dentro de su estómago cuando Makoto nuevamente volvía a concentrase al área debajo de su ombligo, sintiendo como su pene se endurecía aún más de lo que ya estaba en cuestión de segundos haciéndolo avergonzar demasiado al punto de sentir ahogarse en su propio sudor. No podía siquiera imaginar la cara del otro ante tal imagen.

Que aunque claramente ambos conocían todo del otro, el acto que ahora realizaban no tenía punto de comparación en ningún ámbito.

Ahora en total desnudez, su cuerpo expuesto y excitado, podía sentir vergonzosamente como su pene rozaba entre el cuello y el pecho de la persona que le succionaba dejando marcas por debajo del ombligo, empezando, por alguna pervertida razón, a elevar su excitación, comenzando a apretar los dientes para no soltar los gemidos que de vez en cuando salían de su boca calmos, ocultando completamente todo lo que por dentro se derretía.

El ojiverde lentamente y para sorpresa del mayor empezaba a bajar lentamente de aquella zona, llegando triunfante al miembro erecto que anteriormente le hacía cosquillas, envuelto en un aura de completo deseo ilimitado.

-Y definitivamente… - escuchaba Haruka aquel susurro totalmente excitado que hacían su cuerpo encorvarse debido de la proximidad del aliento del ojiverde con su miembro.-Esto ninguna chica lo tiene- decía dulcemente el menor

-¡…!-

….

Como si de alguna paleta se tratara, Makoto tomaba del miembro del ojiazul cuidadosamente con su mano derecha empezando a lamerlo desde donde este iniciaba hasta la punta, usando toda su lengua para lamerlo lascivamente humedeciendo con su propia transparente saliva por donde pasaba, el cuerpo de su amigo se retorcía bruscamente hacia arriba lastimándose nuevamente las muñecas con los pedazos de retazos que había arrancado de su propia camisa que ahora ataban de estas.

-Nnnngh… Deten.. ghaaaaaa- los gemidos de Haruka salían fuertes al ambiente.

Parece que esta es la única parte de nuestros cuerpos que no sufre el efecto de la habilidad… pensaba el menor dentro de su cabeza ante tal curioso descubrimiento.

- Nngh..Ma…MAKO- el azabache había dejado de apretar los dientes para gemir fuertemente a causa de lo que su amante ahora le hacía, su cuerpo se retorcía logrando solo lastimarse, mientras su mentón lo tenía hacia atrás, con la boca totalmente abierta e hilos finos de saliva saliendo por un lado de estar perdido totalmente en placer.

El ojiesmeralda subía la vista observando aquel rostro, percatándose inmediatamente de la perdida condición de su amante.

Con una sonrisa en su rostro, tomaba suavemente del falo introduciéndolo en su boca lentamente, para cuando de manera inmediata sentía que ya no podía introducirlo más en ésta, sin las dudas que antes le carcomían, empezaba rápidamente a realizar un vaivén de arriba hacia abajo masturbando con sus labios aquella parte de Haruka, iniciando a escuchar placenteramente como su amigo empezaba a gemir de manera brusca.

-¡ahhh!...¡Nnngh!..¡E..ESPE!…¡Deten!..mmm…¡MA!….haaaa….haaaa- pero el escuchar eso solo lograba alentarlo para aumentar sus movimientos.

-…Nngh…Mmph..Ma...ko…¡ME!….Me…Ven..deten…nggh- la respiración de Haruka era entrecortada, ninguna frase la podía acabar y su pecho subía y bajaba ahora rápidamente. Ante tal acto las vendas que obstruían la visión de Haruka caían completamente de sus ojos.

Tu esencia… pensaba Makoto totalmente concentrado en su tarea lleno de líquido preseminal escurriéndole de entre los labios empezando a masturbarse el mismo.

Repentinamente el de ojos esmeralda podía identificar como el azabache estaba a punto de venirse, así que de una manera muy sorpresiva, el chico orca aprisionaba la punta del pene con su boca, sintiendo segundos después, como un viscoso liquido se vertía desde su garganta para pasar a su esófago, levemente atragantándose con la esencia de su amigo cuando este de manera increíble empezaba a correrse de nueva cuenta. El por su parte sintiendo venir a su amigo dentro de su boca no pudo evitar venirse a si mismo en su propia mano debido a la exagerada excitación que le envolvía.

Al sentir completamente el poco líquido espeso dentro de su boca, Makoto dejaba el miembro del ojiazul parándose un poco siendo totalmente observado por Haruka completamente descompuesto quien mantenía sus piernas abiertas contra él otro.

Ante la descompuesta cara del mayor, Makoto lentamente empezaba a tragar el semen dentro de su boca, entrecerrando sus ojos de una manera sensual y posesiva, mirando como empezaba a componerse el cuerpo debajo de él que le observaba y que flexionaba sus rodillas coloradas en búsqueda de estabilizar su respiración.

Terminada aquella acción, y mirando como el azabache parecía componerse de nueva cuenta, el castaño temerariamente disponía a tomar nuevamente el miembro del otro para tratar de excitarlo de nueva cuenta.

-¡¿Qué?!...No…No… - pensaba Haruka en su mente de manera extremista.

Empezando a caer en desesperación al sentir como nuevamente Makoto tomaba de su miembro para realizar probablemente un acto parecido al anterior, el azabache con fuerza inmediata tiraba de una de sus muñecas empezando a jalar del agarre rompiendo completamente del trozo de tela que le tenía sujeto.

Casi al mismo tiempo, con las manos sueltas, tiraba del antifaz improvisado que ya no le obstruía para nada la vista, logrando apoyarse en uno de sus codos observando encima suyo al chico que lamia su pene en semierección de nueva cuenta.

-Deten… nnnhg… MAKOTO DETENTE…- ordenaba mirando como el universitario menor alzaba la mirada aturdido cayendo completamente de nuevo en la realidad.

Con un poco de vergüenza, y un sentimiento grande y caluroso apoderándose de su ser, Haruka observaba como el ojiverde le miraban de manera intensa, completamente aun hipnotizado, y las mejillas coloradas hasta las orejas, con restos visibles de semen aun cayendo de su boca acompañados de unos labios levemente hinchados probablemente de tanto succionar que se apoyaban en su pene erecto de una manera tierna y embelesada.

Empezando a caer de nueva cuenta en aquel ambiente del que sabía no tendría salida, miraba atentamente como el menor dejaba aquel acto aun sobre su hombría, regalándole una sonrisa calma y llena de amor por sobre su cuerpo.

-Haru, tu eres en definitiva para mi… mucho mejor que cualquier persona que pudiera conocer, mejor que una chica, mejor que todo… pero, tengo miedo que esto aún sea un sueño en el cual quede atrapado después de aquel día…-

El mayor observaba con detenimiento y una cara igual de descompuesta la del otro, como Makoto dejaba todo lo que hacía a la parte baja de su cuerpo, alejándose rápidamente de su persona desatándole completamente.

Sintiendo de nueva cuenta sus pies y muñecas libres, a oscuras notaba como Makoto se acercaba hasta el abrazándole después como si fuese lo más preciado que tuviese en todo el mundo, tomándole completamente a pesar de su vergonzosa y completa desnudez.

Sintiendo como las manos del otro en su desnuda espalda, menuda a comparación del otro, en vez de transmitir completa lujuria como anteriormente lo hacían, ahora le transmitían un calor pacifico que le llenaban el corazón, de una enorme paz.

La resaca se había ido completamente.

–Ojala, fuera posible… embarazar un hombre- susurraba el ojiesmeralda al odio de Haruka. –Yo tampoco soy una chica Haru… -su voz se tornaba triste –lo siento-.

El de ojos zafiros ante aquel deseo, simplemente cerraba sus ojos de manera silenciosa sintiendo como ambos empezaban a caer de lado sobre la cama aun envueltos en aquel abrazo posesivo.

Con calma, el ojiazul empezaba a sentir como su rostro se reponía de aquel anterior acto, mirando como Makoto tomaba de la cobija celeste a los pies de ambos envolviéndolos bajo aquella suave tela.

-¿Que harás con esto?- preguntaba el de ojos zafiros algo susurrante y en su común voz calma aun rasposa al chico frente a él, al sentir, como mientras sus piernas se entrelazaban, el nuevamente erecto miembro de Makoto golpeaba en su muslo de una manera un tanto inquietante y vergonzosa.

El castaño solamente sonreía calmo ante la pregunta, mientras frente a frente, con los dedos de su mano izquierda empezaba a tomar de la derecha de Haruka observándola dedo por dedo con sus ahora brillantes verdes como si fuese lo más extraordinario del mundo.

-Llevo mucho tiempo aprendiendo a controlarme en situaciones ummmm como estas- su mirada se coloreaba de rojo violento de nueva cuenta- … estaré bien- entrelazaba con sus dedos, los dedos de la mano con la que jugaba y a la vez observaba –Lo único que quiero es que tu entiendas cuanto te amo… quiero estar, así contigo…- decía dejando el agarre para tomar de nueva cuenta la muñeca que sostenía besándola suavemente. –Completamente mío-

-Lo siento por lastimarte…-soltaba por ultimo mirando aun intensamente la piel lastimada que se mostraba frente a sus labios.

Ante aquello, el mayor fruncía el ceño, soltándose suavemente del agarre de Makoto, volteando rápidamente su brazo percatándose de que se había lastimado ambas muñecas durante aquel acto de amor, totalmente improvisado y brusco.

Sonriendo de repente para su persona y pasando su sonrisa por alto para el ojiverde, Haruka tomaba rápidamente del brazo del otro, observando detalladamente, como marcas yacían en las muñecas de Makoto, recordando de nueva cuenta la habilidad que hasta ahora les había hecho pasar amargas, tristes y divertidas situaciones que de una manera cruel les iba juntando más día a día.

-Tonto, es estúpido disculparte por algo así- soltaba Haruka al chico frente a él cerrando sus ojos en el proceso, sacando una risilla hermosa por parte del ojiverde.

Haruka conservaba aquellas risillas en su mente joven, como tesoros que empezaban a emerger de nueva cuenta, valiosos e irremplazables. Algo insignificativo para los demás y todo para él.

Perdóname por no poder decirte esto con mi voz… pensaba el azabache ante sus pensamientos abriendo de nueva cuenta sus ojos mirando hacia el pecho del chico frente a él.

-Pero si puedo leerlo en tu mirada- hablaba Makoto observando los ojos de Haruka quien alzaba la vista y ahora también le observaba con sus ojos un tanto más abiertos que los suyos.

-No hagas eso-decía el mayor al chico frente a él sintiendo como el sueño iba ganándole por completo siendo envuelto completamente en el abrazo de Makoto debajo de aquellas cobijas.

Debajo de la cobijas, el mayor notaba como extrañamente, sus ojos empezaban a perderse entre sueños observando el abdomen de Makoto, un bien formado cuerpo joven de la persona que amaba.

Extrañamente, dentro de sí empezaba a tener la necesidad de acariciar esa parte de la anatomía del menor, recordando enteramente como Makoto tendía a observar de aquella manera protectora el vientre de Mikoto.

Con aquel sentimiento, notaba como empezaba a entrar en sueños mientras el otro había pasado a acariciar de sus cabellos haciéndolos hacia atrás en un intento por arrullarle. Triunfando en la tarea completamente.

Creo que tendré que inventar alguna excusa para faltar a la universidad… pensaba feliz el ojiverde ante aquella problemática viendo como el rostro que anteriormente se mostraba preso de la excitación ahora se acurrucaba en su pecho causándole paz interior.

No puedo imaginarme… como será cuando, realmente hagamos esto hasta el final… pensaba el castaño tornándose su rostro colorado avergonzado en todos los sentidos.

Tenía que controlarse.

Con aquello en mente rápidamente se enfocaba en los ruidos mañaneros de la gran ciudad que ya empezaban a escucharse.

La ciudad empezaba a despertar, y ellos apenas iban a dormir.

….

Continuara…

*Joven japonesa instruida desde pequeña en el baile, canto, música, en las artes de la conversación y de servir el té, para entretener y hacer compañía a los hombres.