Disclaimer: Los personajes de este fic no me pertenecen
Hola! Un saludo! Este es el segundo capitulo de los dos que subi XDDDDD para que no haya confusión :3
En fin Gracias a los que todavia siguen esta historia (*o*)! que ya llegara a su fin u_u
Este capitulo puede tener contenido sensible para algunas personas OJO. Puede tener referencias a una serie tailandesa que también pertenece a sus productores n_n
-…¿mmm?... la tarea, si, si la traigo… - balbuceaba entre sueños el ojiverde a orilla de la cama de su amante en paños menores entre abriendo sus verdes ojos que parecían aun no salir completamente de entre sueños.
-la…tare…-
-…-
-…-
-¿tarea?-
-¡LA UNIVERSIDAD!- abría sus ojos completamente.
-¡Haru! ¡Despierta!, tenemos que…. ¡WAAAA! ¡AUCH! Duele…-
Con la rapidez de su despertar, el menor había olvidado completamente su posición cayendo de sentón a un lado de la cama despertando por consecuencia al chico al lado suyo quien se revolvía sobre el colchón.
-¿Estas bien?-preguntaba Haruka encima de la cama sentándose un poco desubicado, desviando a la vez la mirada sobre su persona para taparse con la cobija al descubrirse aún desnudo.
-Si…- le miraba el ojiesmeralda aun el piso observando después como uno de sus codos empezaba a sangrar al haber caído sobre un objeto puntiagudo que sobresalía del buro.
-Oh no…- miraba aquella parte de su cuerpo.
Pero, lejos de dolerle un poco esa herida, inmediatamente ambos fruncían el ceño y solamente Makoto entreabría su boca al percatarse de un suceso extraño en aquel preciso momento.
-¿Cómo?...- era lo único que había alcanzado soltar Makoto ante lo que sus ojos presenciaban.
Ambos igual de atónitos, notaban como a diferencia del codo sangrante de Makoto, el del ojiazul se veía completamente limpio de algún rasguño para al efecto de la habilidad.
Ante la vista del menor, el azabache rápidamente se estiraba de la cama bajándose de esta sorprendiendo y ruborizando un poco al chico orca debido a su condición, ignorando completamente el sonrojo de su novio, el delfín rápidamente se ponía su traje de baño autodenominados boxer para situarse a la altura de Makoto.
Como si de algún experimento se tratara, el mayor inmediatamente tomaba de sus propias blancas mejillas empezando a estrujarlas de una manera cómica según Makoto con un rostro de no tanta importancia por lo que hacía.
A experiencia propia conocía la piel delicada de su novio ojiverde y su tendencia a sonrojarse.
Frente a frente, ambos miraban fijamente aquella acción. Poco a poco, los ojos del contrario, caían en la verdad de lo que estaba pasando.
-Debe ser una broma- soltaba el delfín con un rostro molesto, soltando sus mejillas rojizas por los pellizcos suspirando por ultimo al no encontrar un sentido a aquello.
-Supongo que esto no duraría para toda la vida- miraba Makoto de una manera sorprendida al chico frente a él dejando completamente a un lado el asunto de su codo que al parecer había parado de sangrar.
-Debe ser porque tomaste todo mi se..-
-¡Haru!- resoplaba Makoto avergonzado en aquella altura.
-Aun así, no entiendo- soltaba Haruka aparentemente serio.
-Créeme yo estoy tan sorprendido como tú- decía Makoto besando lentamente los labios del contrario en un descuido por parte del otro, Haruka solo respingaba. –Pero, por lo menos, esto es algo que nunca perderá su efecto- decía deteniendo sus labios en el contrario inmediatamente observando como el azabache salía de su trance enrojeciéndose un poco su cara.
Sin más, este salía enteramente de la habitación dejando a Haruka quien ahora yacía levemente sentado debajo del pie de la cama.
Como puedes actuar tan tranquilo con algo así… pensaba Haruka mirando su pulcro codo sin algún toque de daño. Suspirando profundamente se levantaba de su posición saliendo por igual de la habitación a preparar la comida debido a lo tarde que era.
…
Dentro del baño, Makoto mojaba su brazo entero dejando correr la sangre cuajada de su codo junto al agua del grifo mirando profundamente aquella parte de su cuerpo como si fuese a desaparecer.
¿Hemos perdido la habilidad?... pensaba un poco triste el castaño.
Cerrando sus ojos dispuso de cerrar de la llave del grifo empezando a notar, como extrañamente su estómago se revolvía de una manera curiosa haciéndole sentir una cálida sensación. Ante tal extraño suceso como todo lo demás que ahora le sucedía, rápidamente bajaba la vista a su abdomen.
-Creo que enfermare- soltaba suspirando volviendo a su actitud tranquila y alegre de siempre.
Semanas después de aquel episodio, las vidas de ambos habían girado casi completamente a un entorno más estable.
Ya dudas de sus sentimientos no existían.
Todo aparentemente marchaba bien, a pesar de tener aun la tarea de proteger a aquella chica que ahora también era parte de sus vidas.
El entrenamiento y la universidad era parte primordial de las vidas de Haruka y Mikoto. Makoto por su parte hacia todo esfuerzo por seguir con buenas notas en la universidad partiendo equivalentemente su tiempo para poder sobrellevar la responsabilidad que ahora había tomado.
Después del incidente de la fuente, los amigos universitarios de Makoto, ya enterados por Takashi, constantemente trataban de entablar una conversación con él respecto al tema, sin embargo, este siempre manipulaba de alguna manera el hilo de la conversación para no sacar el tema a discusión, llevándose siempre quejas de Takashi y comprensión por parte de Kentarou.
Yuki a excepción de los otros, había terminado sacándole la verdad a Makoto con el sentido de chica que poseía. Después de todo, Makoto le debía una con respecto a la chica del club.
Era una chica después de todo, y una muy inteligente. Y el castaño confiaba suficientemente en ella como para poder inclusive pedirle consejo en el caso.
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-No comprendo porque aceptaste algo como eso, quiero decir, la chica es la ex novia de tu novio, y… para colmo tienen que cuidarla embarazada, es algo muy complicado cariño- decía la de ojos purpuras estirando sus piernas en búsqueda de mover el columpio en el que se balanceaba.
El ojiverde simplemente miraba el acto infantil de la chica tomando con sus manos de las cadenas que sujetaban el columpio sobre el que estaba sentado.
-Yo sé que esto está mal, pero, ella no tiene culpa de nada, además…- se paraba del juego quedando completamente frente a la chica que le miraba seria en señal de no querer seguir jugando. Ante tal actitud de la chica, el ojiesmeralda abría sus ojos ampliamente por un instante volviendo estos a su normalidad ladeando su rostro que se mostraba incómodo.
-Es algo que no puedo explicar Yuki-terminaba cerrando sus ojos y abriéndolos mostrando un rostro serio.
Yuki por su parte se paraba del columpio sacando un cigarro de su bolsillo para encenderlo ante la mirada del más alto.
Sin dejar su rostro serio, la chica daba una calada al cigarro ya encendido dándole la espalda a Makoto quien se sentaba en el columpio un poco menos motivado.
-¿Sabes que es lo que más me incomoda de todo esto?... -soltaba la chica volviendo su cuerpo frente al ojiverde que se sorprendía ante tal cambio de humor.
-¿Q-Qué?- decía un tanto no convencido soltando una sonrisa.
-Que no se si felicitarte, desearte suerte, o compadecerme de ti- gritaba al hablar la chica dejando caer el cigarrillo de su boca para su decepción, ambos miraban el cigarro tendido en el suelo. – O tal vez celarte de que últimamente acapares parte de la atención de Takashi- Makoto abría de nueva cuenta los ojos sorprendido soltando una risilla indescriptible.
Con un pequeño puchero la misma volvía a sentarse en el columpio al lado de un sonriente Makoto que sonreía cerrando sus ojos.
-Supongo que gracias, y, nunca pienses eso… Takashi sin ti no sería como es-decía Makoto para después empezar a ver como la chica a lado suyo tomaba un fuerte impulso empezando a balancearse fuertemente.
-¡Sí, tienes razón!- gritaba la chica.
Sonriendo en sus adentros, el también comenzaba a darse impulso para darle alcance a la chica que le retaba entre el subir y bajar de aquel juego.
Internamente volvía a sentirse pequeño, alguien tan pequeño, que en instantes su mente volvía al pasado comenzando a pensar lo que la palabra bebé conllevaba.
Sin darse cuenta, el impulso de sus pies se había detenido junto con su elevar notando como la chica parecía haberse percatado de su cambio de humor.
-¡¿Pasa algo?!- gritaba Yuki en el aire observando a Makoto.
Ante el grito el castaño rápidamente volvía de su trance riendo torpemente.
-N-No, nada- sonreía dejando de lado sus pensamientos empezando a dejarse llevar por el juego.
-¡Ten cuidado!- gritaba el ojiverde a la chica que parecía elevarse aún más, al grado que pareciese que iba a darle la vuelta entera al juego.
-¡Si mamá!- gritaba la chica sonriendo.
Ante tal acusación, Makoto solamente sonreía cuando repentinamente, levemente podía sentir como su estómago se revolvía de una manera cálida y extraña parecida al de aquella vez en su baño.
Sin prestarle mucha atención al movimiento dentro de su abdomen, nuevamente volvía al juego dejándose llevar por la locura de Yuki.
…
A pesar de todavía sentir su mente fresca de todos los sucesos vividos gracias a su descuido, extrañamente un nuevo sentimiento en su pecho empezaba a correr haciendo más perspicaz su sentido de la protección.
El perder la habilidad lentamente notaba como las cosas a su alrededor se volvían más importantes.
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Al igual que Makoto, Haruka había retomado nuevamente sus actividades universitarias de una manera profesional tratando de evitar a toda costa competencias fuera de la ciudad por el estado de la castaña.
Mikoto por su parte seguía ignorándole entre clases solo hasta el punto donde tenían que verse a la entrada del instituto.
Todo aparentemente había adoptado una rutina y todo marchaba mejor a la percepción de ambos.
Todo, a excepción de una pequeña cosa que empezaba a molestar en demasía al ojiazul.
…
Makoto se estaba encariñando demasiado con el bebé de Mikoto.
…
Conforme los dias pasaban, cada vez que los tres se encontraban en convivencia dentro del apartamento, el azabache extrañamente podía notar como el aura maternal con el que siempre había cargado Makoto se expandía diez veces más de lo usual en el ambiente. Sus preocupaciones aumentaban y su rostro se volvía alegre cada vez que veía a la chica.
Y contrario a los primeros dias, Mikoto por su parte empezaba a entablar conversaciones decentes con su amante de una manera que le incomodaba, aunque muy dentro de él, aquello le parecía bien si la meta de la chica era madurar con respecto a la situación en la que vivían.
Especialmente ya que ahora el anterior abdomen plano que poseía Mikoto empezaba a hincharse un poco mostrándose tal cambio debido a los usuales vestidos que la chica solía usar, unos destapados del estómago y otros en conjunto a top y falda.
A veces, Haruka solía sentirse un poco celoso de la belleza de la chica cayendo en lo absurdo del sentimiento al considerar quien se había enamorado primero de quien aparte de la misma situación en la que vivían.
Y aunque debía admitir que la chica nunca dejaba de verse bella, también debía admitir que aquello eran cosas vanas para su persona al no ver efecto alguno en su novio.
Lo más raro de la situación era, que a pesar de haber perdido la habilidad corpórea y estarse adaptando a ello, el hecho de que cuando estaban tanto el ojiverde como Mikoto en la habitación arreglando asuntos médicos acerca del bebé o cualquier otra cosa referente a eso, el ambiente se envolvía en un aura cálido y burbujeante, cosa que antes se sentía como una fuerte tensión.
Ante aquel ambiente, el delfín no podía evitar sentirse asfixiado terminando la mayoría de las veces despejando su mente en el balcón del departamento que tenía con el ojiverde.
En definitiva, algo en aquella nueva conexión no le empezaba a gustar para nada.
…
Los tres volvían de la universidad del azabache y la chica, caminando por la avenida concurrida de Shibuya, El castaño más alto y el azabache se encontraban detrás de la chica quien solo tecleaba en su celular riendo aparentemente de algo divertido.
La mirada del ojiazul ante la poca importancia del saber el porqué de las risas, se volvía hacia su amante notando como este, extrañamente, se encontraba en modo serio hipnotizado observando dentro de una tienda a lado suyo mientras los tres esperaban el cambio del semáforo para poder pasar.
Con curiosidad, una sensación tibia sorprendía su ser al notar como aquella tienda se especializaba en ropa de bebe y productos derivados. Sin preguntar, guardaba aquella imagen en su mente al preguntarse qué era lo que sucedía con su ahora novio.
…
Pasados los dias el azabache había sorprendido a su novio en situaciones como aquella, seguidas veces.
Consternado internamente, notaba también como Mikoto por el contrario parecía muy poco interesada en asuntos de aquella índole.
Empezaba a preocuparse.
Una preocupación densa, mas por las consecuencias, que por los intereses de la chica.
Mikoto casi iba para tres meses y dos semanas, y le sorprendía como en los entrenamientos la chica no parecía querer bajar ni un poco su ritmo sorprendentemente pesado para una mujer embarazada.
Sin embargo, a pesar de su preocupación, su actitud reservada le impedía interrogar a la chica con la que últimamente su único medio de comunicación se había vuelto el chico el cual parecía sumergido en una burbuja de colores.
Una situación incómoda, tediosa y nada ventajosa para la manera en la que vivían.
Y se estaba hartando. Tenía que hablar con Makoto.
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-¿Dónde está Mikoto?- preguntaba el ojiesmeralda a su amante quien salía de la puerta trasera del instituto como ya se habían acostumbrado a hacerlo.
La tarde amenizaba por lo que el clima del atardecer contrastaba para dar a una tranquila noche.
-No se siente bien, se quedó un tiempo en el baño para vomitar- decía fríamente para después voltear el rostro hacia la repentina enojada mirada del más alto.
Debes acompañarla… decía la mirada de Makoto.
Aun así, extrañamente Haruka observaba como las palabras de su amante nunca salían de su boca causando tensar su propia mirada ante tal extraño suceso.
Con el entrecejo fruncido se ponía a observar como repentinamente el rostro de Makoto se contraía levemente para después empezar a toser fuertemente.
-¿Que, sucede?- decía el azabache tratando de acercarse a este.
-No lo… se- tosía – No es nada, no te preocupes…- seguía tosiendo empezando a agachar su cuerpo inclinándose hacia unos arbustos cercanos.
Esto ahora realmente empezaba a preocupar al mayor, con un poco de torpeza tomaba de la espalda del castaño sobándole para tranquilizarse.
-¿Te sientes mejor?- decía Haruka percibiendo un poco más pausada la respiración del más alto.
-Sí, pare…- volteaba su rostro hacia enfrente.
Para su sorpresa, el ojiazul se alejaba rápidamente de su amante mirando como repentinamente el menor empezaba a vomitar de manera brusca en los matorrales del instituto con la ventaja de que ningún alma se encontraba a sus alrededores.
Haruka por su parte abría fuertemente los ojos viendo aquello en cámara lenta sintiendo repentinamente el mundo sobre sus hombros.
Después de unos cuantos espasmos, y fluidos corporales afuera del estómago del ojiverde, este se sentaba un poco débil en la banqueta limpiando descuidadamente rastros de vomito de su mentón. Por inercia el delfín se sentaba a lado suyo limpiando parte del vomito de su novio con su mano observando como este trataba de recuperarse de aquel episodio.
Casi de manera inmediata, sentado sin hacer algo más por Makoto, su mirada se desviaba de este segundos después notando como la ojimiel salía del edificio con apariencia débil y el rostro empapado.
-Perdón, hoy creo que el bebé se excedió, nada grave- decía la chica pasando al lado de ellos siguiendo el camino de una manera desinteresada, como si la acción anterior fuese algo ya rutinario –Me iré adelantando- soltaba sin voltear a ver a los chicos.
A diferencia de la despreocupada actitud de la chica, Haruka rápidamente volteaba a ver al menor sorprendiéndose por el impacto en la mirada verdosa de aquel que se paraba de su posición un poco destanteado.
Sus ojos esmeralda se encontraban brillantes, pero al mismo tiempo preocupados, una sensación que hacía sentir mariposas revoloteando violentamente dentro del estómago de Haruka.
-¿Qué fue eso?- decía Haruka a su novio que aun parecía procesar la escena anterior.
-Posiblemente el alimento de la universidad me cayó mal - soltaba Makoto mirando la silueta de la chica que ya llevaba buen camino recorrido.
-Tenemos que alcanzarla- soltaba repentinamente con una sonrisa cambiando su rostro de confusión a uno más calmado, ofreciendo su mano a Haruka el cual igual cambiaba su expresión.
Sin tomar la mano ofrecida, este simplemente pasaba de esta para seguirle el paso consiguiendo una sonrisa por parte del menor.
-Vamos- decía mirando nuevamente la sonrisa de Makoto quien se ponía a lado suyo para empezar a caminar rumbo a su departamento.
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Constantemente aquel tipo de situaciones se empezaban a dar seguidas veces. A pesar de que Haruka era muy inteligente, aquella perspicacia era un talento nuevo que iba adoptando.
El mayor con un hueco dentro de su estómago empezaba a notar como los antojos de Mikoto, sorprendentemente eran casi los mismos que su amante empezaba a adoptar.
Últimamente se sentía un tanto ofendido al ser el único de los dos en comer caballa puesto que repentinamente el castaño había empezado a asquearse por aquel pescado que tanto amaba.
También, cada vez que sorprendía a Mikoto vomitando cuando les acompañaba por las mañanas, notaba extrañamente como el ojiverde le hacía compañía en la misma actividad al soltar la mayoría de las veces su alimento casi a la par de la chica.
Un caso siniestramente a veces divertido para el delfín que miraba sorprendido como su amante y su compañera a veces se peleaban los lavabos del departamento para vomitar.
Ante tal suceso ya raro para ambos, habían optado varias veces de visitar médicos en tiempos muertos, sin embargo ninguno había podido darles un diagnóstico exacto ante tal suceso.
A veces las excusas eran simple cansancio, y otras veces eran estrés universitario. Cuando acompañaban a Mikoto al doctor, lejos de aclarar sus dudas siempre terminaban con más al recibir varios discursos de padres con síntomas así.
Poco a poco Haruka caía en la misma conclusión una y otra vez al ver varios cambios nuevos en su novio con respecto los dias pasaban.
Y sabía que Makoto también podía darse cuenta, pero tenía la certeza de que el ojiesmeralda quería pretender ignorarlo..
…
Makoto podía sentir el embarazo de Mikoto.
Y definitivamente ese bebé era suyo.
…
Ante tal descubrimiento, solo podía sentir su corazón estrujarse de un dichoso pero a la vez amargo sentimiento, y aun para su libre pensamiento, empezaba a madurar mentalmente con respecto a dejar a la chica entrar a su vida sin dejar de estar siempre en primer lugar dentro de su corazón aquel que ya no era más una parte de su vida y ahora se había convertido de una manera poco usual en toda esta.
La brisa de una tarde fría parecía avecinarse.
Haruka rápidamente salía del instituto rumbo a su departamento.
Aquel día Mikoto había amanecido con la presión baja, por lo que tanto Makoto como el la habían llevado al médico, el cual solamente le había recomendado extremo reposo.
Llevándole después al departamento de ellos y regresando cada quien a sus respectivos institutos.
Afortunadamente, el de ojos zafiros agradecía internamente que aquello no afectara por igual a su novio quien solo se mostraba cansado ante sus ojos. El hecho de que Mikoto no tomara los medicamentos y no cumpliera con las recetas médicas realmente le molestaba.
…
Últimamente podía notar como la chica había dejado de tomar sus medicamentos y parecía muy poco maternal con respecto a su estado. No quería saber en si nada acerca del bebé que llevaba dentro.
Aquello le preocupaba aún más, sabiendo que probablemente su novio también empezaba a sentir un poco aquella condición.
Se había vuelto casi un hobbie para él, el observar las acciones de ambos conforme los dias pasaban, las acciones que compartían, hábitos nuevos, simplemente puros cambios, y aunque sabía no era ningún experto en el tema, de vez en cuando había optado por leer artículos con respecto a embarazos y el bebé.
Una sensación jovial y a la vez de terror constantemente le atacaban.
Aquella habilidad nuevamente hacía de las suyas.
…
Una corriente repentina revolvía sus lacios cabellos oscuros a un lado haciéndole sentir una especie de mal presentimiento.
Saliendo de sus pensamientos, de manera inmediata empezaba a sentir como su olvidado celular dentro de sus pantalones, con el que a petición de Makoto nuevamente había tenido que cargar para cualquier emergencia parecida a la de ese día en la mañana, empezaba a vibrar y a sonar con un tono polifónico predeterminado.
Con su mano derecha buscaba entre sus bolsillos aquel aparato, al alzarlo, el azabache serio como siempre abría de este cambiando drásticamente su expresión a una de desinterés y leve sorpresa al notar el nombre de la persona que le llamaba.
-Hola, ¿Cómo sigues?- respondía fríamente.
-Hola- contestaba la chica sin soltar una palabra más del otro lado de la línea captando el ojiazul aquello como algo anormal.
Esperando algo más por parte de la chica, Haruka optaba por bajar las escaleras de la estación para tomar su ticket correspondiente.
-¿Cómo te sientes?-preguntaba el chico con el teléfono al odio un tanto interesado más en el bebé que en la chica.
Sin embargo, para su inquietud, Haruka notaba como un sonido parecido al de un quejido callado salía de la boca de la chica al otro lado de la línea sin contestarle a su pregunta.
-Yo, so-solo te hable porque, q-quería preguntarte algo- hablaba la chica al parecer recuperando su voz de una situación desconocida para el azabache.
-Si…dime- hablaba suavemente completamente inquieto por dentro.
-¿Llegaste alguna vez a quererme tanto como amas a Makoto?-
…
Ante tal pregunta el ojiazul detenía su andar ya con su ticket de tren en mano empezando a notar como aquella pregunta no le había gustado para nada.
A pesar de la situación, Haruka sabía por el tono de voz de la chica que ella hablaba en serio con respecto a su interrogante. Gracias a Makoto, este había aprendido con el paso de las semanas que las chicas eran molestas al momento de actuar por mero impulso.
-Me di cuenta muy tarde que siempre le había querido, logrando solo lastimarlos tanto a él como a ti… lo siento Mikoto-soltaba cerrando sus ojos siendo totalmente directo y sincero con la pregunta de la chica.
-Ya veo- respondía la chica del otro lado empezando a quejarse nuevamente.
Nuevamente, el delfín notaba como la ojimiel parecía estar en medio de algo, aun así, su mente y sus oídos no podían dar por sentado alguna otra cosa que no fuese lo sumamente extraño de aquella conversación y el sentir de preocupación que aquello le provocaba.
-¿Recuerdas a-aquella vez, cuando… nos dimos nuestro primer beso, y dijiste… que había sido el primero que tú dabas?-mencionaba la chica dejando soltar una respiración cansada del otro lado.
-Si- susurraba serio.
-Y entonces yo empecé a llorar como niña pequeña mientras… t-tu solo me mirabas diciendo que no tenia que no llorar por algo tan tonto-
-Si…- esa afirmación había salido de la boca del ojiazul un tanto en un suspiro obligado. Le incomodaba en absoluto recordar algo tan cursi y más si era algo que afectaba a la chica y que ya no involucraba a Makoto.
Aun así, a pesar de todo, Haruka era un hombre, derivado a ello los momentos junto a Mikoto los había guardado como un buen episodio de su vida.
No la odiaba ni la quería, pero en ese instante podía decir a los cuatro vientos que ya no sentía nada por ella más que la esperanza de una amistad posible.
Por su hijo o hija.
Por Makoto.
-Sabes, para mí si fuiste alguien con quien planee… toda una vida, pero nunca pensé quedar en una situación como en la que estamos ahora-reía.
-Supongo… que nadie lo quería- mantenía su estoico rostro de nuevo empezando a mirar el túnel por donde llegaría su tren ya con la paciencia acabándose.
Extrañamente un temblor empezaba a llenarle el pecho debido al incomodo cambio de tema que se había tornado extraño.
Al parecer, los pequeños quejidos que soltaba Mikoto de vez en cuando se habían detenido del otro lado de la línea, por lo que sea lo que estuviese haciendo Mikoto en ese momento, ya no era de su interés.
Pero extrañamente, no podía calmarse del todo.
-En fin, ya caí en la conclusión de que nunca me veras de la manera en la que le miras a él-
Empezaba a escuchar dubitativo como la voz de la chica cambiaba drásticamente.
El nadador al otro lado de la línea, apretando del aparato empezaba a escuchar intranquilo y con un poco de ansiedad como la voz de la chica empezaba a sonar rasposa, como si un nudo no le dejara soltar completamente todo lo que tenía que decir.
Algo estaba mal.
-Mikoto…¿Dónde estás, iré por…-interrumpía su hablar escuchando repentinamente como la chica empezaba a respirar dificultosamente.
-Te….pu…edo, pedir un- respiraba profundo – favor…- escuchaba decir a la ojimiel.
-Mikoto… -su voz ahora sonaba más grave, empezaba a preguntarse muchas cosas notando como las luces del tren se iban acercando poco a poco hasta la oscura estación.
-¿Falta nghh…mucho, pa-para que llegues al… haaaa….departamento?-
Aquella pregunta que soltó la chica realmente había sido un balde de agua fría que calaba dentro de su ser. Su corazón se aceleraba mientras se debatía si en regresar a su departamento, o ir a la casa de la chica.
-N-No-
-Bien, porque, necesito ayuda…estoy perdiendo mucha sangre y… ngggh…Ma-Makoto… está paralizado en el marco de la puerta-
Después de eso, un estruendoso chirrido se dejaba escuchar mientras la llamada seguía del otro lado del teléfono.
Frente a él, el tren pasaba silbando poderoso, mirando solamente su rostro petrificado reflejado en las ventanas de los vagones mientras el tren poco a poco se detenía
-Mako… ¿Q-Que?- decía sintiendo como su cuerpo empezaba a llenarse de una adrenalina que conocía y ya no había sentido desde aquella vez que Makoto había caído en el hospital.
-¿Mikoto?... ¡Mikoto!-gritaba al celular, sin embargo del otro lado ya no podía escuchar claramente sonido alguno que le diera pistas.
Le habían colgado.
Con rapidez el azabache se metía dentro del vagón sin siquiera sentarse en los asientos desocupados empezando a marcar torpemente en las teclas de su celular el número de su pareja.
Responde, maldición responde… se decía mentalmente notando como la contestadora lo mandaba a buzón de voz cada vez que sentía por fin le responderían.
Rindiéndose, este metía el teléfono dentro de su bolso esperando impaciente por casi veinte minutos un camino en tren que parecía eterno.
En cuanto este lo dejo en la estación correspondiente, el azabache rápidamente se dispuso a bajar abriéndose camino entre la gente llegando a la calle camino a su hogar.
Mientras corría, este sentía como la ventisca helada que le revolvía los cabellos seguía su curso ajena a los escalofríos que provocaba en el cuerpo del nadador.
El aire está más denso, que aquella vez… pensaba sintiendo como todas las peores situaciones se venían a su cabeza bombardeándolo de pánico.
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Sumamente agitado por el maratón que había recorrido hasta las escaleras de los departamentos, el ojiazul rápidamente subía de las escaleras.
Por algún motivo dentro de él, este subía de los escalones con precaución, notando como todo aparentemente estaba normal.
Inmediatamente, al llegar al penúltimo escalón, repentinamente sus pupilas se achicaban dentro de sus mares ojos y sus sentidos empezaban a alterarse al notar como escalofriantemente, un rastro de sangre acababa en el último escalón.
Un rastro, proveniente de la puerta abierta de su departamento.
Todo su cuerpo se tensaba, y la adrenalina que le había dado impulso disminuía poco a poco. Su cara empalidecía inmediatamente junto con todo su cuerpo.
Con algo de temor creciente en su cuerpo, el ojiazul caminaba rápidamente notando como la suela de sus zapatos creaba un rechinido escalofriante conforme la sangre cuajada se pegaba a sus pies.
Un sonido que probablemente nunca olvidaría en su vida.
Lentamente, el azabache se percataba de que la puerta de su departamento se encontraba sin seguro, con sigilo, este entraba a su departamento abierto notando inmediatamente como todo se encontraba exactamente en su lugar, el rastro de sangre empezaba desde la puerta que daba hacia el pasillo del departamento, como simples gotas, pero la estancia de su hogar a su vista parecía aparentemente normal.
Extraño… pensaba empezando a observar el lugar.
Mientras más se adentraba al recinto, exactamente al marco del baño, el lugar que él y Makoto constantemente resguardaban, rápidamente el terror inundaba su ser al ver como aquellas simples gotas, se hacían pequeños charcos de carmesí oscuro más profundo conforme se acercaba al baño.
Raro… tan tranquilo… pensaba.
Con muchas dudas dentro de sí, el de ojos zafiros rápidamente despejaba totalmente la puerta del baño de su camino, notando como sus dedos se agarraban fuertemente de la madera del marco de la puerta haciéndola rechinar, como si estuviese esperando el ataque de un asesino.
…
¿Mako…
-¡…!-
…
…
…
Su mente hacia un shock.
Repentinamente, un fuerte vuelco hacia revolver su estómago haciéndole devolver su comida de un solo vuelco en el piso de la puerta.
El nadador tomaba fuertemente del marco de la puerta alejándose un poco de aquel lugar.
Su mirada se había tornado asustada y su cuerpo temblaba.
Cuando su estómago por fin empezaba a darle tregua, rápidamente su mente de nueva cuenta le hacía entrar en razón haciéndole sostenerse hasta quedar apoyado en el marco de la puerta del baño.
Rápidamente, sus ojos se desviaban de aquel baño hacia el pasillo que daba a la estancia tratando de olvidar aquella imagen dentro del escusado.
Con las fuerzas que poseía, el delfín rápidamente se dirigia hasta el lavabo de la cocina abriendo la llave del grifo empezando a mojar su rostro con el agua que finamente se acumulaba entre las palmas de sus manos.
Mojaba y mojaba su rostro, sin embargo, el agua que tanto le tranquilizaba, no podía darle por sentado la realidad de lo que había visto en aquel baño.
Aun con el cuerpo tembloroso, Haruka tomaba del bolso que colgaba de su espalda tomando el celular guardado. Algo titubeante abriendo de este empezaba a llamar nuevamente a Makoto.
Esperando a que la llamada empezara a realizarse, inmediatamente sus ojos se abrían y su mano apretaba más del aparato. Sus oídos se agudizaban y sus ojos permanecían contraídos.
El nadador de estilo libre aun con el teléfono al oído en espera de ser contestado, había empezado a caminar por inercia hacia el cuarto del castaño siguiendo un segundo tono polifónico ajeno al de su celular,
Abriendo la puerta, su ser se asustaba por completo al mirar como el celular de Makoto se encontraba tirado en el suelo junto a todas sus cosas desparramadas fuera de su mochila que parecía había caído desde su cama.
Un tanto hipnotizado en aquella escena, colgaba de su celular tomando del teléfono en el suelo abriendo instantáneamente de este observando todas las llamadas perdidas realizadas por el en pantalla.
Por igual, cuando se levantaba de aquella posición tambaleándose un poco rápidamente sus ojos captaban una hoja de papel por encima de la cama de Makoto.
Completamente desesperado tomaba de la hoja abriendo sus ojos hechos tormenta y, entrando de nuevo en la realidad, acomodaba su mochila tras de sí tomando un enorme abrigo de Makoto que se situaba arriba de la cama ignorando el perfecto clima que se situaba afuera.
Lleve a Mikoto al hospital
Aquellas palabras mal escritas en un fondo blanco arrugado rápidamente desquebrajaban su corazón mientras se encontraba desesperado al no tener la mínima idea de todo lo que estaba pasando.
Su mente era un caos que aumentaba conforme salía disparado del departamento.
Sus pies ya no podían más.
Había recorrido todo aquel camino con la mente llena de dudas y terror.
Totalmente cansado, el ojiazul tomaba del agarre de la amplia puerta de cristal del edificio que era un hospital adentrándose a este.
Dentro del hospital, en algún punto de su caminar, el ojiazul perdía su mirada en los sucesos a su alrededor, todo se volvía un blur conforme la gente iba y venía.
Cerca de un área que ya conocía gracias a Mikoto, instantáneamente su atención era captada.
Aquello, eran dos pequeños bultos que lloraban dentro de burbujas transparentes que eran llevados por dos enfermeras, las cuales, lentamente se detenían mientras podía notar inmediatamente como le observaban de manera amable para después seguir en lo suyo.
Conforme las incubadoras tomaban su rumbo, jaladas por las enfermeras, recuerdos invadían la mente de Haruka quien aún confundido temblaba un poco.
Imágenes violentas de lo que se situaba en ese instante en su baño invadían sus pensamientos haciéndole revolver el estómago.
Las voces de las personas se volvían lejanas mientras un hueco inundaba su pecho.
No sabía que pensar, ni sabía qué hacer, el solo hecho de querer saber la situación de Makoto en ese momento le movían con una fuerza sorprendente para poder caminar y encontrarle.
Rápidamente salía torpemente del trance notando su posición.
-Buenas tardes, estoy buscando a Nakamura Mikoto- preguntaba a la asistente que se postraba detrás de una ventanilla frente a él.
Se impacientaba notando como la chica frente a él le miraba confusa con sus dedos aun clavados en el escritorio de la computadora frente a ella.
Observaba como la chica empezaba a teclear nuevamente buscando al parecer su petición. El delfín sin tiempo que perder apretaba sus puños mirando estoicamente a la chica.
-Parece que… la trajeron porque sufrió un a-aborto, soy su novio- decía notando como sus labios temblaban al pronunciar aquella extraña palabra y a la vez afirmar una mentira igual de hiriente.
-¡Oh!- soltaba la chica rubia frente a él con un gesto triste -Oh si, umm esta es el área en el que se encuentra, perdón pero en este tipo de casos no muy fácilmente se deja pasar a terceras personas a ver al paciente- terminaba señalando con sus dedos el área indicada sobre una hoja de color rosa a través del cristal.
-Y, lo siento mucho- terminaba la chica inclinando la cabeza hacia su persona. Haruka simplemente tomaba nota mental de aquel papel inclinando su cuerpo sin pronunciar nada más.
Aceleraba su andar perdiéndose en aquel lugar lleno de alegrías para unos y recuerdos tristes para otros. Incluyéndose a él mismo en el grupo de los otros.
Perdido en pensamientos, rápidamente seguía el camino señalado en las hojas notando un tanto a lo lejos dos figuras que se postraban sentadas afuera de lo que según el mapa era la habitación de Mikoto.
Con algo de miedo creciendo en su interior, este alentaba su paso notando como aquellas figuras se presentaban como Makoto y su amiga de la universidad.
Un tanto confundido por la situación, este se situaba ya a un metro de ambos cuando rápidamente podía notar un aura triste en aquel ambiente.
-¿Ma-Makoto?- preguntaba dudoso logrando atraer únicamente la atención de Yuki.
-Hola Haruka… saludaba la chica mirándole triste.-Ocupo hablar contigo ¿podemos?- se levantaba la chica.
El nadador por su parte se asustaba en demasía al notar inmediatamente el rostro claramente traumado con el que cargaba Makoto en aquel momento. Las facciones de su pareja se mostraban hipnotizadas mirando al frente mientras una sombra oscura mecía sus ojos de los cuales lagrimas no paraban de salir cayendo libremente en el piso sin ser retiradas.
Por igual podía notar como una bolsa de suero se encontraba inyectada a uno de los brazos del ojiverde proporcionándole aquel líquido sin saber el porqué.
Sin saber qué hacer, este seguía a Yuki por un camino colindante a la posición de Makoto notando como esta se paraba repentinamente encarándole.
Inmediatamente un golpe sordo se escuchaba sintiendo inmediatamente como la mano de la chica le había proporcionado una cachetada.
Haruka solo volteaba su rostro confundido notando como la chica le veía furiosa con algunas lágrimas en sus ojos.
-¿POR QUE SIEMPRE LE HACES LLORAR?- escuchaba gritar a la chica hacia su persona.
-No entiendo porque ambos pensaron que era buena idea jugar con algo tan delicado como esto… realmente… ¡NO LO ENTIENDO!- observaba como la chica no se contenía para nada al momento de cuestionarle.
-Yo tampoco lo entendía hasta que le vi con esa sonrisa…- soltaba Haruka serio mientras una sombra cruzaba su mirada.- Y sabes que todos ustedes también lo veían-
Yuki por su parte apretaba los labios mirándole obviamente enojada.
-Necesitas hablar con ella…- decía la chica recuperando su postura –No sé porque lo hizo pero… debe estar peor que todos nosotros- soltaba pasando de Haruka regresando al parecer al lado del castaño.
Mirando como la silueta de la chica se alejaba, su mente se volvía confusa recordando de nueva cuenta aquella escena que le había devuelto todo su desayuno de un tajo. Empuñando sus manos este volvía a la habitación notando como ya ninguna de las figuras anteriores sentadas ahí se encontraba.
Con algo de miedo, trataba de pensar tranquilamente antes de abrir la puerta.
Tenía miedo.
Pero más terror había sentía al recordar el rostro traumatizado de Makoto lleno de lágrimas.
…
Viendo la puerta frente a él, lentamente abría de ésta notando como una chica parecida a Mikoto pero de cabello rubio se encontraba al lado de su exnovia quien solo parecía estar conectada a monitores aparentemente bien.
En cuanto su mirada hacia cruce con la de Mikoto, extrañamente podía sentir como aquella cálida sensación había desaparecido por completo.
-Con que tú eres… - escuchaba Haruka la interrogante por parte de la rubia quien asombrosamente tenia las mismas facciones de Mikoto, pero más maduras.
-Hermana… puedes dejarnos solos- soltaba la ojimiel mirando seria y aburrida hasta la otra chica quien inmediatamente al leer al parecer el ambiente, abría ampliamente sus ojos saliendo inmediatamente de la habitación.
Juntos ya solos en la amplia habitación, Haruka observaba como Mikoto le miraba de manera cruda.
…
-¿Por qué lo hiciste?- hablaba Haruka a la chica quien solo cerraba sus ojos abriéndolos de manera fiera.
-Iba a pasar de todos modos… solo acelere el proceso- soltaba la chica ante un azabache que abría sus ojos completamente.
-¿Cómo…-
-Mi cuerpo no iba a poder soportar al bebé, además, únicamente el deseo de Makoto era lo que me motivaba a cuidar de este, nada más… - suspiraba la chica mientras observaba a Haruka.
–Desde el principio… nunca sentí realmente querer tener al bebé aparte que… -volteaba a mirar a Haruka de manera seria.
-¿Tú también viste los ojos de ese bebé? ¿No?... definitivamente nunca lo sentí mío- terminaba la chica cerrando sus ojos desbordando algunas lágrimas.-Lo siento-
Pero a diferencia del dolor de la chica un silencio había inundado fuertemente en la habitación.
-Nunca te quiero volver a ver cerca de Makoto- soltaba Haruka instantáneamente, la chica daba un respingo.
La mirada de Haruka se encontraba con la de Mikoto quien le miraba asustada, probablemente con el cambio de actitud fiero que había adoptado el delfín.
-E independientemente de lo que vivimos… ya no tengo nada que ver contigo a excepción de que somos compañeros, eso es todo… y… yo también lo siento- soltaba Haruka sin más saliendo disparado de la habitación.
Mikoto por su parte simplemente soltaba una mueca de tristeza tapando totalmente su rostro con las manos mientras el llanto dentro de sus ojos empezaba a desbordarse..
…
Fuera de la habitación, el ojiazul inmediatamente buscaba con la mirada a su pareja sin mucho éxito.
Un poco desesperado, hacia conciencia de esperar paciente por el pasillo de la habitación de Mikoto notando como la hermana de esta nuevamente regresaba a la habitación tratando de deshacerle con la mirada.
-Si buscas a Yuki y a tu amigo, tuvieron que llevarlos a otra área por que el chico se desmayó- soltaba la hermana de Mikoto entrando a la habitación de está dejando estupefacto el rostro del azabache quien solo miraba por él pasillo vacío.
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Después de haberse perdido minutos por los pasillos, Haruka había dado con el paradero de su amante y su amiga más rápido de lo que pensaba. Al llegar al área, algo confuso notaba como Makoto se encontraba dormido aparentemente tranquilo mientras la de ojos púrpuras parecía resguardarlo.
Sin hacer mucho ruido, el de ojos zafiros simplemente observaba embelesado por el marco de la puerta el rostro dormido de Makoto.
-Lo siento- susurraba.
Lentamente, este giraba de su cuerpo recorriendo del pasillo del lugar. Situado afuera del hospital, notaba como la noche ya había caído sobre la ciudad. Sin indagar en la bóveda de estrellas, el delfín simplemente tomaba de un taxi indicándole la dirección de su hogar.
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Con sus blancas manos algo rojizas, el ojiazul giraba del cerrojo de la puerta de su departamento notando tranquilidad dentro del mismo.
El sonido de las cigarras era el único acompañamiento que le brindaba la noche dentro de aquel lugar que parecía estrujarle con fuerza el pensamiento.
Dentro del lugar, el nadador simplemente tiraba de las llaves al suelo dirigiéndose hacia la cocina por bolsas y un balde con jabón.
Rápidamente, este tomaba de un cepillo enjabonado dirigiéndose al marco de la entrada del departamento, de manera dura, Haruka se dejaba caer en el piso empezando a tallar con fuerza de las manchas rojizas que llenaban del lugar de un tétrico color.
Conforme la sangre pegada se iba adhiriendo a la espuma que dejaba el cepillo, lágrimas gruesas empezaban a desbordarse del chico delfín mientras sus pupilas iban desapareciendo conforme el piso iba recuperando su color.
Porque… soltaba en sus pensamientos sin notar como en medida que adquiría fuerza tallando del piso sus dedos empezaban a sangrar debido a la fuerza que aplicaba al lugar que ya se encontraba limpio.
Cuando su subconsciente podía darse cuenta de la acción que realizaba, este se paraba del lugar dirigiéndose inmediatamente al baño donde sabía que tenía que terminar lo que tanto como él y Mikoto habían iniciado.
…
…
Lo… siento…
Se repetía constantemente sentado en el marco de la puerta del baño ahora limpio por dentro y por fuera.
Lo siento…
Lloraba tomando su rostro con ambas partes de sus manos tratando de callar grandes gimoteos que causaban espasmos en su cuerpo.
Lo siento…
Lentamente imágenes carcomían su mente de una manera feroz.
Las palabras de Mikoto resonaban en su mente una y otra vez. Cada vez más fuertes y dolosas.
…
¿Tú también viste los ojos de ese bebé? ¿No?...
…
Cayendo de lado sobre el piso, su boca dejaba soltar un quejido de llanto.
La imagen de unos bonitos ojos semidesarrollados extrañamente de color verde flotando sobre el agua era lo único que su mente podía mostrarle.
El color verde que amaba.
El color verde característica de la única persona que sería posiblemente el más afectado por todo eso.
Aquellas gemas esmeraldas que le estrujaban el corazón al saber que Makoto también las había visto.
Lentamente, su llanto empezaba a cesar dando señal de que el azabache había quedado dormido.
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Continuara….
