«No importa cuán grandes sean las lágrimas de una sumisa; será amada y venerada por cómo las deja caer».
Plancha del Mar
Saint John
El maldito parche le picaba y presionaba su ojo demasiado. La ropa de pirata era agradable, pero Sasuke no se sentía cómodo en absoluto.
La Plancha del Mar era un restaurante muy espacioso y sibarita, ubicado en el interior de la isla. Habían dispuesto varias mesas a lo largo y ancho de la enorme sala y estaba todo decorado con motivos filibusteros. Las luces azules simulaban el interior del mar y teñían las pieles de los asistentes de ese color celeste.
Los participantes, todos vestidos de piratas, bucaneros y doncellas, disfrutaban caracterizados tal y como estaban, con sus antifaces dorados, negros, rojos, blancos... y parches de todas formas y de todos los colores.
Una mascarada pirata. Algunos incluso bromeaban con sus espadas falsas, fingiendo que eran temerarios corsarios.
Sasuke había pasado una tarde horrible: pensando en Saku constantemente y temiendo que Itachi le hiciera cosas que ella no estaba dispuesta a aceptar. El amo podría darse cuenta de lo poco familiarizada que estaba su compañera con el BDSM y podría sospechar sobre su verdadera identidad.
Como mínimo, no entendería qué hacía una mujer como Saku en un torneo de practicantes avanzados de dominación y sumisión.
Se fue al baño de hombres del restaurante para remojarse la cara y secarse el sudor.
¿Y si Itachi le había hecho daño? ¿Y si la había sometido? Para colmo, no había señal audiovisual de la cámara de su collar de sumisa, ni tampoco audio de los micros. Era como si estuviera en paradero desconocido y se la hubiese tragado la tierra.
Naruto, con una impecable camisa blanca, un güito con elegantes plumas blancas y pantalones negros con botas, entró al baño y se dirigió a lavarse las manos, posicionándose justo al lado de Sasuke.
—King.
—Tigretón.
—El calor es insoportable, ¿verdad?
—Sí, lo es. Y todavía más vestidos así.
Sasuke tenía la vista clavada en el espejo, mirando su propio reflejo, húmedo y goteante por el agua.
—¿Todo bien? —preguntó Naruto, a través del cristal, haciendo referencia a la misión.
—Sí. Ya queda poco para la final, ¿verdad?
No habían podido hablar todavía. Mei tenía ocupado a Naruto; aunque esperaba que esa noche, de madrugada, pudieran quedar en el hotel o en las afueras para dialogar largo y tendido sobre los avances de Amos y Mazmorras.
Naruto parecía cansado y preocupado por algo. Sasuke hacía tiempo que no veía a su amigo tan cariacontecido. La última vez que lo vio así fue un año atrás, cuando sufrió todo aquel rocambolesco incidente. Tema que, por cierto, nunca había vuelto a sacar con él, pues comprendía que Naruto continuaba violentado por los recuerdos.
—¿Puedo hacerte una pregunta indiscreta, Tigretón?
—Me la harás igual.
—Bien visto. ¿Por qué has eliminado a Hinatication? ¿Por qué esa necesidad de jugar en pareja con Mei? ¿Tanto te molestaba la otra sumisa?
Los ojos de Naruto desafiaron al agente Uchiha a través del espejo.
—Lo hecho, hecho está. Soy muy celoso de mis amas y necesito que me presten toda la atención. No deben haber distracciones y me gusta monopolizar.
Sasuke entrecerró la mirada y, aunque estaba lejos de dar esa respuesta como buena, decidió no molestarle más. «No deben de haber distracciones», curiosa contestación.
—¿Sabes algo de Lady Nala? —preguntó el sumiso rubio.
—Solo que Itachi la traerá de nuevo a la Plancha del Mar.
—¿Crees que habrá jugado con ella?
—Espero que no; o me enfadaré mucho —amenazó entre dientes.
—Es una posibilidad. Prepárate para cualquier cosa.
—¿Como qué?
Naruto se secó la cara con una servilleta de papel del dispensador y se dio la vuelta para salir del baño.
—Sin contrato, sin edgeplay establecido como pareja y sumisa, sin nada de nada... —enumeraba mientras se dirigía a la salida—. Solo la palabra de seguridad podía salvar a Nala. Si no la ha pronunciado en ningún momento, Itachi ha podido empujarla hasta hacerle lo que él quisiera. Ese amo tiene unos apetitos insaciables. Todo el mundo apuesta a que Lady Nala ha caído en sus redes.
—¿Sabes algo de él que yo no sepa? —preguntó interesado.
Aquella tarde, el equipo estación le había informado sobre los datos personales de Itachi: nacionalizado en Estados Unidos, provenía de una familia de Moscú y se dedicaba a la Bolsa. En sus ratos libres era amo; y también cobraba por ello. Entrenaba a las sumisas para prepararlas en juegos colectivos.
—Nada importante —confesó Naruto—. Pero su reputación le precede. Además, esto es Dragones y Mazmorras DS, él se llama Itachi y es un Amo del Calabozo —levantó la mano y se despidió de él—; si eso no te acojona, entonces no sé qué lo hará. No necesitas saber nada más para comprender que es capaz de todo. Te esperamos en nuestra mesa. Van a traer la comida y tengo hambre.
Sasuke asintió y acabó de secarse la cara. Tiró la servilleta a la basura, siguió a Naruto y añadió:
—Ya... Pero yo también soy capaz de todo —murmuró en voz baja.
Cuando llegaron a su mesa, Sasuke se quedó de piedra al encontrarse con alguien con la que no esperaba dar esa misma noche.
Mistress Pain le estaba saludando coquetamente, vestida de doncella y mirándolo hambrienta.
—¿Pain? —Sasuke se sentó a su lado incómodo con su presencia. Cuando Saku la eliminó no se habían podido despedir y su salida del torneo había sido muy ruda y poco ceremoniosa—. ¿Qué haces aquí?
Guren se encogió de hombros y le tomó del brazo, pegando sus voluptuosos pechos a su bíceps. El vestido que llevaba, blanco y rojo, no era nada recatado; y los pezones estaban a punto de salírsele del corsé.
Sus ojos le devoraban.
—Bueno, soy una importante mistress, King. ¿No lo recuerdas?
—Por supuesto que sí, mistress.
—Puede que no pueda jugar en el torneo por las manipulaciones de esa arpía de pelo rosa que tienes como pareja; pero los organizadores quieren que siga participando de los eventos extraoficiales del juego. Soy un reclamo para el torneo; más o menos como lo puede ser Karin.
Sasuke sonrió con frialdad. Nadie se comparaba con Karin; y Guren estaba muy lejos de alcanzarla, por muchas razones que él no iba a señalar.
Mei puso los ojos en blanco y Naruto aprovechó para beber de su copa de vino tinto; todos pensaban igual.
—¿Y dónde está ella? —preguntó Guren pasándole la mano por la nuca morena, frotando el pelo pincho que nacía corto y con fuerza.
—Les robaron los objetos; e Itachi, el Amo del Calabozo, la reclamó para él —explicó Mei, que llevaba un disfraz de pirata y dos moños en lo alto de la cabeza. Ella prefería el estilo más masculino, y su antifaz tenía lentejuelas brillantes negras y blancas.
—Oh. —Guren estudió la reacción de Sasuke y arqueó una ceja oscura y perfectamente delineada—. Te la has sacado rápido de encima, ¿eh? — Apoyó la mejilla en su hombro y se frotó contra él como una gata en celo.
—En realidad, yo me negué, pero Lady Nala no es nada dócil. —Bajó la mirada para amonestar a Guren—. Y, aunque lo que hizo contigo fue escandaloso, son las reglas del juego, Mistress Pain. Es una chica muy competitiva y una buena jugadora —estaba excusándola.
Guren levantó una copa despreocupada y exclamó:
—Entonces, ¡por Lady Nala! Y por Itachi. —Miró a Sasuke de reojo—. Si crees que Lady Nala ha salido intacta de su estancia con él, estás muy equivocado, amigo. Itachi se tira a todo lo que se mueve.
Sasuke no brindó; a diferencia de Mei y Naruto, que sí lo hicieron.
El agente Uchiha estaba cada vez más convencido de que Naruto intentaba emborracharse para olvidar y no pensar.
En otra mesa más alejada, las Criaturas empezaban a animar el cotarro.
Suigetsu, por su parte, no dejó de mirar a Sasuke. El amo, vestido todo de negro, con el pelo recogido hacia atrás, levantó su copa y sonrió como si supiera el calvario que estaba pasando, disfrutando de ello.
En otra, Karin y sus acólitas arañas, todas amas, bebían y brindaban por lo que la noche les deparara.
Más al fondo de la sala se había montado una especie de pasarela, seguramente para algún espectáculo; y como la sala era muy grande, las mesas se habían dispuesto alrededor del tendido. Y, aun así, había mucho espacio para moverse.
En un lugar como aquel, todo el mundo quería devorar a todo el mundo de algún modo. La competitividad se exponía a la máxima potencia; el honor y el orgullo eran una enorme baza que utiliza pero si, además, existían viejas rencillas, entonces el torneo se convertía en realidad en un maravilloso, sexy, sensual y sádico campo de batalla.
Sasuke se llenó la copa de vino y la bebió toda de un trago.
Joder, tenía una gran habilidad para granjearse enemigos.
Después de la cena, la gente estaba mucho más animada gracias a los efectos de una buena comida a base de todo tipo de vegetales, mariscos a la plancha y el ron cajún Spice, que no dejó de correr por todas las mesas.
Sasuke oteó la botella y leyó la inscripión de la etiqueta. Era un ron que solo había visto en Nueva Orleans; pero, al parecer, también lo comercializaban en las Islas Vírgenes, seguramente porque era la bebida de los piratas y las islas fueron frecuentadas y conquistadas por ellos.
Los camareros retiraron las mesas y poco a poco dejaron la sala vacía, a excepción de la barra de cóctel abierta y disponible para todos.
Miró su reloj: eran ya las doce de la noche.
¿Cuándo se suponía que iban a traer a Saku? Dio otro sorbo al ron y esperó a que la bebida orleanina apagara las llamas de su ansiedad.
Entonces, la pasarela se iluminó con los focos.
La música tronó a través de los altavoces; y la fiesta, la verdadera fiesta del ambiente, comenzó. Todos vitorearon y alzaron sus espadas.
En aquel momento, apareció Saku, vestida a caballo entre pirata y libertina, con su sombrero negro de lacitos y plumas rojas y su vestido extracorto con ribetes negros. Las botas de plataforma con tacón le hacían parecer más alta de lo que en realidad era.
La joven se quedó quieta en medio de la pasarela, permitiendo que el foco la iluminara bien; aunque mantenía la cabeza inclinada y sus ojos verdes ocultos tras un antifaz negro, cubierto por el ala del sombrero.
La letra de Masquerade de BSB acompañaba su performance.
Sasuke abrió los ojos al verla, petrificado, con la botella de ron a medio camino de su boca. Sus pies, envueltos en las botas tomaron vida propia y le acercaron a la pasarela. Quería recogerla y sacarla de ahí, asegurarse de que estaba bien, de que Itachi no se había aprovechado de ella.
Saku atrajo a la multitud como polillas a la luz. La joven tenía una cuerda entre las manos y emprendió la marcha por la pasarela, moviendo las caderas al ritmo balanceante de la música. A medida que caminaba, las sumisas, que estaban atadas por sus collares a la cuerda que ella sostenía, iban apareciendo en escena, apoyadas sobre manos y rodillas, con sus trajes de látex y sus cabezas todas cubiertas con las máscaras, como si Saku estuviera exponiéndolas en un torneo de belleza canina.
Era ella quien las mostraba a la multitud. Y no se sentía excesivamente bien con ello, pues sabía en qué estaban metidas; que las drogaban para estar ahí y que las domaban. Pero, por otra parte, conocía que estaban bajo la doma de un miembro de la SVR, y que él no permitiría que les hicieran daño. No obstante, Itachi debía mantener su papel hasta el final; como ella, como Sasuke, como Ino y Naruto...
Infiltrarse suponía implicarse, comprometerse. Fingir que eras quien no eras. Aunque, a veces, ni uno mismo sabía quién era en realidad.
¿Dónde estaba Sasuke?
Saku se levantó el ala del sombrero y buscó entre la multitud de piratas, a ver si encontraba al alto agente del FBI.
En ese momento, Itachi se pegó a su espalda y le puso las manos en la cintura, meciéndose con ella al mismo ritmo, de un lado al otro, moviendo la cadera.
El corsario Itachi, sin camisa, con su cresta mohicana y un parche en uno de sus ojos rojos era, sino un pirata, un mafioso punk ardiente y conquistador que hacía las delicias de todas las féminas con su porte altivo y a la vez pícaro.
Los invitados aplaudieron y silbaron, pidiendo más de su particular espectáculo, anhelando que cruzaran esa línea entre lo decente y lo que definitivamente se volvía perverso y sexual.
Sasuke apuró la botella de ron, inmóvil y turbado por el espectáculo que estaban dando Saku e Itachi. En realidad, no hacían nada, pero lo hacían todo. Su manera de moverse, de tocarse, de sonreírse y provocarse... El modo que tenía Saku de mirar, tan sensual. Y, además, no había soltado la correa de las sumisas; ahora todas caminaban en círculo alrededor de ellos.
Itachi se frotó contra sus nalgas y levantó las manos de Saku para que rodeara su cuello y se colgara de él.
Guren se colocó detrás de Sasuke y se alzó de puntillas para murmurarle al oído:
—¿Y dudas de que no se han acostado? —Se echó a reír—. Mira qué cara tiene ella. Y cómo la mira él. Estos dos se han dado un homenaje a tu costa. Huelen a sexo. De hecho, me han dicho que han visto a Itachi, en su casa de Peter Bay, follando con una mujer de pelo rosa en pleno porche.
Sasuke apretó los dientes, intentando no hacer caso de las palabras ponzoñosas Ama Switch.
—Mientes.
—¿Por qué habría de hacerlo?
—Porque estás enfadada con ella.
—Es cierto; no me gustó lo que me hizo. Pero, ¿vas a dejar que se rían de ti, King? —continuó Guren—. Te están provocando. Ya todos vieron cómo perdiste la partida esta mañana; y ahora te está avergonzando... Y mira lo que tengo para demostrarte que no miento. —Guren le enseñó el iPhone. Había una fotografía de una chica abierta de piernas con el rostro levantado hacia el cielo y el pelo rosa cayéndole por la espalda. No podía identificar su rostro pero, tras ella, había un tío con una cresta como la de Itachi que tenía media cara oculta tras el cuello de la mujer y una mano medio hundida entre sus piernas abiertas y desnudas.
Un músculo descontrolado palpitó en la mandíbula de Uchiha que miró a Guren con estupefacción.
—Te dije que no mentía —repitió el ama.
Saku e Itachi seguían bailando y, entonces, el ruso le dio la vuelta y la encerró entre sus brazos para hundir el rostro entre su cuello y casi parte de su escote.
Sasuke no lo podía soportar. Saku podría interpretar un papel, pero Guren tenía razón. Parecía más descansada, más segura de sí misma, más... tranquila. ¿A qué era debido?
¿Sería verdad el rumor de Guren? ¿Y esa foto? ¿Itachi tenía una casa en Peter Bay? ¿Qué coño habían hecho? La imagen era borrosa, no se veía bien del todo.
¿Qué había hecho Itachi con ella? ¿No se suponía que Saku debía permanecer quieta como un mueble? ¿Por qué bailaba con él? Aunque haber permanecido quieta en su casa tampoco le impediría al amo follársela si así lo quisiera.
Mierda, qué putada.
Suigetsu subió al escenario, así de repente.
«Éramos pocos... Eso sí que no», pensó Sasuke.
Saku se tensó cuando sintió otras manos en sus caderas. Miró por encima del hombro, para ver quién se había unido al baile, pensando que era Sasuke que había ido a buscarla, y se encontró con el apuesto rostro de Suigetsu. El hombre se pegó a su espalda e hicieron un sándwich con ella al tiempo que le ofrecía una botella de ron cajún Spice.
«Bueno, bien. Bebamos un poco», pensó Saku para no huir atemorizada de esos dos hombres llenos de testosterona.
Sasuke apretó los puños, reconcomiéndose a cada vuelta y cada meneo que daban los tres, solapados pierna con pierna, cadera con cadera.
—¡Que empiece la fiesta! —exclamó Karinn sobre la mesa, moviendo las caderas y alzando los brazos por encima de su cabeza, agitándose el pelo rojo y animando a todos los asistentes a bailar y a mirarla. Cómo no.
A algunos no les interesaba el baile, solo querían desencadenar a las sumisas y empezar a jugar con ellas y a practicar.
A otros solo les gustaba mirar a Karin. Pero la gran mayoría se puso a bailar bajo su orden.
Ocuparon la pasarela y toda la sala, meciéndose unos con más psicomotricidad que otros, pero moviéndose y bailando, al fin y al cabo.
Saku no lo estaba pasando mal: a ella le gustaba bailar y los dos hombres lo hacían muy bien pero, en realidad, solo quería bailar con uno.
Lo buscó entre gorros, sombreros, parches y antifaces... Buscó al león, al Rey de la selva.
Y, de repente, lo vio, con el pelo erizado, enseñando los colmillos. Y le acompañaba alguien que ella misma había eliminado: Mistress Pain.
Sasuke, consciente de que Saku le miraba por encima del hombro de Itachi, tomó a Guren de la mano y la acercó a su cuerpo para bailar con ella.
Saku no supo cómo encajar lo que veía. Había echado a Guren, ella la había eliminado de la competición, ¿qué hacía allí sobando a Sasuke?
Guren no tardó ni dos segundos en rodear su cuello con los brazos y plantarle un besazo en toda la boca.
Saku abrió la boca, confundida y alterada por ver que Sasuke ni siquiera se apartaba, el cretino. Ella estaba en medio de una performance para el torneo, ¿es que acaso no lo sabía? ¿Qué estaba haciendo con Guren?
¿Por qué se dejaba tocar por ella? No es que tuviera que permitírselo, porque él no estaba obligado a comportarse ni a mantener las formas; en cambio, ella, sí.
—Bebe y baila, Nala. No le mires tanto —le dijo Suigetsu con suavidad.
Saku asintió, afectada, y se bebió la botella de ron de golpe, sin detenerse y todo ello moviéndose al ritmo de la música.
Sasuke miró a Suigetsu, lanzándole dagas con los ojos.
Guigetsu se pegó más a ella; y Saku supo que a ese juego de desafíos y estudio de campo podían jugar todos.
¿No se trataba de eso? ¿De sobrepasar los límites? Aun así, Sasuke le había prometido, y le había asegurado, que era un amo que no compartía. ¿Por qué no subía al escenario y la sacaba de ahí, aunque fuera a rastras? ¿Por qué no demostraba que le importaba? En vez de estar alegre por verla, se comportaba como si le importara un comino.
Sasuke sobó las nalgas de Guren y le metió la lengua en la boca.
Saku no podía apartar la mirada de él. El agente estaba provocando de algún modo; pero estaba llevando el juego demasiado lejos, porque mientras besaba a Guren, la miraba a ella como diciéndole: «¿mira, ves qué bien estoy?».
Saku cerró los ojos para soportar la increíble amargura que le barrió de dentro hacia afuera, como una supernova. Apoyó la cabeza en el pecho de Suigetsu, un poco mareada por beberse toda la botella de ron casi de golpe.
Miró a Sasuke a través del antifaz mientras Suigetsu le besaba la mejilla y deslizaba los labios a través de su cuello.
Itachi estudió a Saku y vio que se comportaba de manera más desinhibida. Los Villanos mirarían aquella fiesta televisada, el local tenía cámaras. Saku se estaba comportando como debía: sin miedos, llamando la atención. Pero lo hacía porque quería que su amo fuera a por ella; y el tipo se estaba dando un festín con Mistress Pain e ignoraba a su verdadera compañera.
Eso no era bueno para la misión. Allí había mucha tensión.
Itachi la besó en la comisura del labio mientras Suigetsu lo hacía en el hombro, moviéndola al mismo ritmo, meciéndola como olas a la deriva.
La música se deslizó bajo la piel de Saku, ácida, llena de palabras repletas de verdad. La sala rebosaba de anhelo, al menos por su parte. Con las ganas que tenía de regresar con Sasuke... Y el hombre no hacía otra cosa que comerle los labios a Guren. Pero, ¿por qué? ¿Qué pretendía con eso? Ella le quería; deseaba ser ella quien bailara con él.
Sasuke se movía de vicio, el condenado. Karin lo sabía; Guren, también.
La que no tenía ni idea de cómo bailaba era ella. «Es una mascarada, una parada del amor. ¿No te vas a quedar para bailar conmigo?», tarareaba
Saku mentalmente con la vista fija en Sasuke.
En aquel momento llegó Karin y se unió al baile de Guren y Sasuke.
«Perfecto, otro trío más», pensó la joven, amargamente. ¿Por qué la pelirroja se metía siempre en medio? ¿No podía estarse quietecita?
Pero Karin no miraba a Sasuke mientras lo tocaba y se ponía de puntillas para lamerle el cuello. Karin, con su vestido de doncella color violeta y su antifaz negro, solo tenía ojos para... Saku alzó los ojos por encima del hombro y se encontró con Suigetsu, que miraba de igual modo a Karin.
«¿Pero qué está pasando aquí? ¿Nos estamos utilizando entre todos?», pensó confusa. Era como un duelo entre la Reina de las Arañas y el Príncipe de las tinieblas.
Suigetsu deslizó la mano, poco a poco, por su estómago.
Karinn hizo lo mismo con Sasuke, pero hacia abajo...
Sasuke dejó de besar a Guren y admiró a Karin por encima del hombro.
—¿Karin? —preguntó sorprendido.
Saku y Suigetsu, que miraban los movimientos del otro trío, se tensaron a la vez sobre la pasarela. «No se atreverá a...», pensaron los dos a la vez.
La mano de Suigetsu, que estaba decidido a provocar un altercado, se posó a la altura de pecho izquierdo de Saku, que se tensó al contacto. Justo en el mismo momento, Karin tocaba todo el paquete de Sasuke.
Todos sabían lo que estaban haciendo.
Saku pensó que o se detenía, o lo que sucediera esa noche no iba a tener vuelta atrás. Ella no quería acostarse con Suigetsu, ni con Itachi. No quería estar con ellos. Su cuerpo era suyo; y solo Sasuke podía hacerse cargo de ella.
No iba a sentirse cómoda con nadie más.
Sasuke permanecía quieto mientras Guren sonreía a Karin y al mismo tiempo mordía levemente el cuello de Sasuke; mientras, le frotaba su erección entre sus dedos.
Las dos amas miraron a Saku con malicia.
Y la joven no lo soportó. No estaba acostumbrada a esos juegos; y no quería llegar más lejos. La gente era libre de hacer lo que quisiera; de acostarse con quien le diera la gana, de hacerlo a la vez con veinte personas diferentes si eso les placía y se sentían bien haciéndolo; pero dudaba de, si ella lo hacía también, poder levantarse a gusto consigo misma al día siguiente.
Por esa misma razón, apartó a Itachi, que le presionaba la entrepierna con su muslo, y retiró las manos de Suigetsu de su cuerpo. Con rostro desafiante y asqueada por la situación, se levantó el sombrero y saludó a
Sasuke despectivamente. «Que lo disfrutes, capullo. Yo me retiro».
Sasuke la saludó a su vez, desganado. Se llevó a Guren de la mano, tomando la de Karin también, y le preguntó a la Reina:
—¿Vienes?
—¿Contigo, King? ¿Adónde? —preguntó sorprendida, pero también sin perder su típica seducción.
Sasuke no contestó. Solo la miró fijamente, inmovilizándola con sus ojos negros consumidos por la rabia y los celos. ¿Tenía que explicárselo?
No. No hacía falta dar detalles... La pelirroja echó un vistazo a la pasarela.
Suigetsu bebía ron y levantaba la botella, saludándola con gesto inapetente.
Karinn parpadeó y, sonriendo fríamente, tomó la mano que Sasuke le ofrecía, para irse de la fiesta con él y Mistress Pain.
Saku, desolada y un poco aturdida por el alcohol, bajó de la pasarela con los ojos verdes llenos de lágrimas; se llevó otra botella de ron de la barra y salió a trompicones del local, escuchando las últimas palabras de la canción. Masquerade. Masquerade.
Sasuke se había ido con dos mujeres... Con dos enemigas: Karin y Guren. Y no era tan estúpida como para no saber lo que iban a hacer los tres juntos... Y no tenía nada que ver con jugar al Twister. Se iban a tocar, se iban a besar... Y él lo permitiría. Así de fuertes eran las cosas que sentía
Sasuke por ella. Es decir: una mierda.
Saku se quitó el sombrero, con la garganta dolorida por las lágrimas sin derramar, y cruzó el salón hasta llegar a la terraza.
—Aire, aire... Necesito respirar. —El ron estaba delicioso; tenía ese gusto picante y cajún que la trasladaba y la hacía viajar hasta Nueva Orleans.
Pero empezaba a tener unos efectos muy raros en ella... Le hormigueaban la piel y los labios, y le ardía el bajo vientre—. Qué extraño... —murmuró llevándose la mano a la barriga.
Saint John vivía ajeno a la fiesta de piratas de la Plancha del Mar. A lo lejos, los barcos iban y venían, y la música caribeña volaba desde la playa hasta el balcón. Se apoyó en la baranda de madera e hizo caso omiso de las parejas que estaban haciéndose arrumacos en las esquinas del cenador.
Apartó su antifaz para colocárselo como una diadema que sostuviera su pelo rosa, y sorbió sus lágrimas.
—Estúpida. Tonta —se decía a sí misma sin dejar de beber de la botella
—. ¿Qué creías que iba a pasar? —susurró con el corazón encogido. Si tenía alguna duda de lo que sentía por Sasuke, esa misma noche se había borrado de un plumazo. Estaba enamorada de él: le quería. Y no transigía con la idea de que otras mujeres pudieran tocarle. Si ya se ponía enferma al pensar en las mujeres que había tenido a su cargo en el pasado... Verlo en directo, besando a otras y disfrutando de sus tocamientos descarados, la había destrozado.
Y el muy cerdo lo estaba haciendo a propósito, como si la castigara por algo. ¿Por qué? ¿Por bailar con Itachi? ¿Qué pensaba que había hecho con él? ¿Sasuke estaría actuando por despecho o porque en realidad era así de frío y sin escrúpulos? Además, se había ido con dos mujeres; y lo había hecho delante de todos, dejándola a ella en ridículo. ¿Quién se iba a creer que era tan buena en sus prácticas si Sasuke la abandonaba por otras?
En el interior del restaurante, Saku era muy consciente de que Itachi estaba jugando con Ino, y la tenía boca abajo sobre sus rodillas. Le iba a hacer un buen spanking.
—Te dije que te haría daño.
Ya conocía aquella voz educada y medio aristócrata. Era la de Suigetsu.
—Te dije que no tiene respeto por nada ni por nadie —le recordó el hermoso amo.
—Es extraño que os llevéis tan mal habiendo sido tan buenos amigos antes —murmuró Saku secándose las lágrimas disimuladamente—. King tiene una mala impresión de ti también.
—Sí. Él lo niega todo. Y seguramente hoy también negará que está haciendo un trío con Mistress Pain y Kar... La Reina de las Arañas. ¿Y tú le creerás?
Saku se encogió de hombros. ¿Qué iba a creer ella? No creía en nada, ni en nadie. Pensaba que podía confiar en Sasuke, en sus palabras, en lo que sucedió la noche anterior... Pero no era así. Se pasó los dedos por el tatuaje de la pieza de puzle. Estaba cicatrizando muy bien y ya no tenía el plástico, pero requería otra limpieza y más crema cicatrizante.
—¿Qué hace aquí Mistress Pain? La eliminé.
—Al parecer, la organización y los Villanos han pedido que ella se presencie en las cenas y los eventos extraoficiales del torneo. Les gusta. Guren es una atracción para ellos.
—Guren es una arpía ególatra y fría; y no entiendo cómo Sasuke ha podido coger e irse con ella...
—A Sasuke le gustan así. —Suigetsu se apoyó en la baranda hasta que se tocaron hombro con hombro—. Por eso tú no pintas nada con él.
Saku sonrió con amargura.
—Tampoco pinto nada contigo. Eres un Amo Criatura.
—Solo es un papel. —Suigetsu se giró para mirarla a los ojos. Le retiró un mechón de pelo rosa y le acarició con suavidad—. No soy tan malo.
Saku miró su mano, asombrada. Suigetsu no se estaba cortando. La luna iluminaba sus facciones cinceladas; sus ojos clamaban por un poco de cariño y de amor correspondido.
Su imagen, todo lo que él desprendía, era arrebatadora; y seguro que habría miles de mujeres dispuestas a entregarse a él. Miles de mujeres libres.
Pero Saku no podía ofrecerle eso. Y menos cuando sabía que el príncipe lo hacía por venganza: porque quería devolverle lo que fuera que le hizo Sasuke años atrás. Nunca se prestaría a jugar así de sucio.
Ella quería a Sasuke.
Se fijó en la llave en forma de trisquel que tenía tatuada el príncipe en el interior de la muñeca.
Y eso le recordó a otro tatuaje, con una simbología parecida, que había visto en la muñeca de la Reina de las Arañas. Miró a Suigetsu a los ojos; y después estudió de nuevo el tatuaje. Aquellas eran marcas simbólicas de pareja.
Karin tenía un candado en forma de corazón y Suigetsu tenía una llave.
Oh, vaya. ¿Sería posible que... ?
Abrió los ojos y se llevó la mano a los labios, estupefacta.
—Es Karin.
Suigetsu apretó los labios y dio un paso atrás, alejándose de la conversación y de los recuerdos. Se dispuso a dejarla sola.
—Buenas noches, Lady Nala.
—No, espera. —Saku lo tomó del codo e impidió que se fuera—. Espera, Suigetsu. ¿Es ella, verdad?
—¿De qué me hablas? —replicó muy seco.
—La mujer que te tiene amargado. La mujer que crees que te traicionó. Es Karin .
Suigetsu rio sin ganas.
—No lo creo. Sé que fue así. —Abrió los brazos exasperado—. ¿Con quién se ha ido Karin esta noche?
Saku abrió y cerró la boca como un pez.
—No tienes argumentos para señalar lo contrario —añadió él—. Y no es la primera vez que se acuestan.
—King tiene otra opinión respecto a ese día. Dice que miraste, pero que no viste. Que tus ojos te hicieron creer algo que no sucedió. Y que te equivocaste.
Dio un paso al frente y la arrinconó contra la baranda de madera.
—Ya. ¿Y King se atreverá a decirme esta noche que mis ojos se lo han imaginado todo? ¿Se atreverá a decírtelo a ti? No sé qué tipo de relació tenéis; pero él vino al torneo con otra pareja, que no eras tú. Y después de que tú la eliminaras, esta noche Sasuke se ha ido con esa misma mujer y con mi... Y con la Reina de las Arañas. ¿Por qué crees que lo ha hecho? —le preguntó con inquina.
No lo sabía. No sabía por qué Sasuke se había comportado así. No tenía respuesta para eso; excepto pensar que ella no le importaba tanto como sí le importaba él a ella.
—Yo... No lo sé.
Suigetsu suavizó su expresión, se inclinó hacia ella y le habló con ternura.
—Eres una cachorra de leona enamorada del Rey León. Pero el rey tiene colmillos, auténticos y afilados, y los tuyos son de leche. —Incorporándose de nuevo, tomó su mano y la besó sobre su recién adquirido tatuaje—.Buenas noches, princesa.
—No soy una cachorra.
—Lo que tú digas, preciosa.
Saku le dio la espalda. No quería seguir hablando con él. No quería seguir ahí. Solo quería ir a su hotel, dormir y esperar a que continuase el torneo.
Tenía que ser profesional y explicarle a Sasuke lo de Itachi e Ino.
Pero... ¿Y si iba a la habitación del hotel y se los encontraba en la cama?
El solo imaginarse la escena le produjo acidez de estómago. Si eso sucedía, tenía que comportarse con naturalidad.
Sasuke no la quería, y punto. Pero ella tenía mucho que decirle; y era muy urgente.
—¿Lady Nala?
Saku se dio la vuelta y miró a Naruto. Dios, tenía ganas de hablar con él; y, además, necesitaba un quad que le acercara al hotel en el que ahora se hospedaban.
—Hola, Tigretón.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó preocupado, bebiendo de su ron y ubicándose a su lado. Los dos contemplaban el horizonte paradisíaco nocturno—. Oye, ¿me lo parece o este ron está... alterado? ¿No te encuentras un poco... desinhibida?
—Bueno, me encuentro un poco mareada, creo... —Pero el ardor entre las piernas y la sensación de que cualquier roce la ponía en alerta estaban ahí.
—¿Itachi te ha hecho algo? ¿Te has acostado con él?
Saku puso los ojos en blanco y negó con la cabeza. Naruto siempre tan directo...
—No.
—Eso no es lo que le ha dicho Mistress Pain a Sasuke.
Saku frunció el ceño y giró el rostro hacia él.
—¿Cómo dices?
—He visto cómo Guren le comía la oreja a King diciéndole que te habían visto en Peter Bay con él, con Itachi, en el porche de su casa.
—¡Eso es mentira! ¡Yo no he hecho nada de eso!
—Y... —continuó arqueando sus dos cejas rubias—, le ha enseñado una foto donde se supone que salíais Itachi y tú en una situación muy comprometida.
—¡¿Pero cómo puede ser?! —susurró Saku entre dientes—. Itachi me ha tenido todo el rato bajo privación sensorial. No veía nada y tenía el rostro tapado. He hecho de mesa, Tigretón... Solo de mesa —¿Cómo le decía que había descubierto detalles muy importantes para Amos y Mazmorras?—. ¿De dónde ha sacado esa zorra ese montaje? Es un montaje, Tigretón — aseguró apretándose el puente de la nariz—. Me... me duele la cabeza. Quiero ir al hotel. ¿Me llevas, por favor?
Naruto buscó a Mei con la mirada. Estaba muy entretenida jugando con las sumisas que habían traído Itachi y Saku. Si se iba, no iba a pasar nada; sobre todo teniendo en cuenta la naturaleza de su recién estructurada relación.
Tomó a Saku de la mano y la sacó de la terraza y del restaurante.
Saku cerró los ojos y permitió que el viento refrescara su rostro. Naruto conducía el quad biplaza hasta el Westin Saint John mientras ella miraba su botella de ron cajún Spice con creciente curiosidad.
Era increíble que ese ron de Nueva Orleans llegara hasta allí. Lo peor era saber a quién pertenecía su destilería. Pensar en ello hizo que regresaran el frío y el miedo, y el maldito nudo en el estómago.
Pero estaba bien. Ella estaba bien. Y los padres de Gaara, propietarios de la destilería Louisiana cajun Rum, que producía esa bebida tan popular, no tenían la culpa de tener a un hijo que era el mismísimo engendro del diablo.
Esforzándose por eliminar el pensamiento sobre Gaara, se centró en Naruto.
Saku no podía explicarle a Naruto nada de lo sucedido con Itachi, porque los quads disponían de cámaras que televisaban todo para los Villanos; y en la Plancha del Mar tampoco podían hablar de ello por lo mismo. Esa noche, los Villanos no habían acudido; no obstante, lo veían todo.
—¿Por qué Mistress Pain ha hecho eso? —preguntó Saku con el antifaz encima de la cabeza, sacándoselo con rabia. Se le había enredado en el pelo—. Aparte de que porque es una mala pécora, claro.
—Porque sabía lo que provocaría en King —contestó—. Solo basta con ser un poco observador y darse cuenta de que él no te mira como a las demás, Lady Nala. —Aunque en realidad, le hablaba a Saku—. Seguramente, sabía que iba a ofenderlo y que provocaría una reacción en él. Como la que justamente ha provocado. —Se encogió de hombros y giró a mano derecha—. Quería vengarse.
Sí: esa podía ser una excelente razón. Una que ella quería creer.
—Oye... —Saku lo miró por debajo de sus pestañas—. ¿Y se puede saber por qué has echado del torneo a Hina? ¿Cómo eliminaste a un miembro de tu mismo equipo?
—Tres son multitud —repuso Naruto.
Ella se calló y permaneció con la mirada fija en la carretera. Sí, por supuesto que tres eran multitud: Sasuke, Karin y Guren, un espectáculo digno de ver; sin un ápice de corazón pero con mucha pasión carnal. Eran como tres ángeles caídos del sexo.
—¿Estabas enamorado de tu mujer, Naruto? —preguntó sin atender a las consecuencias de su curiosidad. ¿Por qué le había preguntado eso?
El rubio apretó el volante con los dedos y dibujó una fina línea con sus labios. Aquel no era lugar para hablar de ello, pero no pudo resistirse a contestar.
—Todavía sigo enamorado de ella.
—Oh... Y estando enamorado de ella, en caso de que siguierais juntos, ¿habrías hecho un trío con dos mujeres y ninguna ella?
—No. Jamás. Ella... Me era más que suficiente.
Ese hombre había sido tocado y hundido por el amor y el rechazo que comporta el no ser amado con la misma fuerza.
—¿Por qué ya no estáis juntos?
—Porque a veces las cosas se rompen por otros motivos que no tienen nada que ver con el amor.
—Todo tiene que ver con el amor.
—Pues a mí no me sirvió de nada quererla con todo mi corazón —repuso con tristeza—. Hay cosas que se rompen inesperadamente; y, aunque después quieras recomponer los pedazos, ya no vuelve a ser lo mismo.
—¿Lo has intentado?
—No me dejó.
Saku levantó la mirada a la noche estrellada y lamentó que ese agente
guapo y melancólico tuviera que sufrir por un amor no correspondido.
—¿Por qué no te dejó?
—Me puso una orden de alejamiento —contestó sin darle ninguna importancia.
Saku parpadeó confusa. ¿Dónde había oído eso antes? Ah, sí. En el avión de Nueva Orleans a Washington. ¿Qué les pasaba a las mujeres con las órdenes de alejamiento? ¡Si no querían ver a sus ex maridos, que se fueran a otro país! Empezaba a sentirse mareada. Notaba el corazón a revoluciones superiores a las normales y le urgía moverse. Salir de ahí, saltar del quad...
—Yo creo que, si todavía hay amor —musitó con una sonrisa de autocomplacencia—, todo se puede solucionar.
—Eres una romántica.
—Puede ser... Y mira cómo me va —murmuró resoplando y riéndose de sí misma. Sufría por amor. Por un hombre que, antes que hablar con ella, prefería tomarse la venganza por su propia mano.
—Ya casi estamos —anunció Naruto—. Esta isla es muy pequeña.
Saku no había visto el complejo hotelero todavía. Y se quedó pasmada ante su majestuosidad.
Aunque no lo disfrutó mucho, porque la escena de Sasuke le había agriado la noche.
La joven enseñó la pulsera amarilla con los datos biométricos de identidad, y el recepcionista le indicó cuál era su habitación.
Estaba decidida a sacar a esas dos mujeres de la cama de Sasuke. No era tan fría como para permanecer impasible cuando el hombre al que amaba, que era un completo cegato y un zoquete, le hiciera eso delante de todos.
Ni hablar.
