Hola!

Falta poco para el final del segundo libro y es por eso que necesito hacerles dos preguntas muy importantes. La saga Amos y Mazmorras cuenta con 8 libros en total, lo que nos da cuatro parejas, así cada pareja tiene dos libros. El primer libro fue este con Sakura y Sasuke, el que sigue es sobre la hermana de Sakura, en este caso Ino e Itachi, el siguiente: Naruto y Hinata y por ultimo Karin y Suigetsu, mis preguntas son las siguientes:

1.-¿Quieren que siga adaptando los libros que siguen? Y de ser así:

2.-¿Quieren que sea con las parejas antes mencionadas o al Sasusaku todo?

De verdad que es muy importante leer su opinión para comenzar las adaptaciones o dejar la saga hasta este libro. Sin más aquí están los capítulos del día de hoy, que los disfruten!


«Siempre igual: te atan las manos a la espalda y, entonces te empiezan a picar los ojos y la nariz».

-No voy a permitir que te toquen. No entraremos a la final. Lo tengo decidido. Controlaremos a los Villanos desde otro lado y haremos la redada en el momento adecuado..

Saku estaba estirada sobre él. Acariciaba su pecho y disfrutaba de las caricias de las manos de Sasuke sobre su espalda y sus nalgas desnudas. Lo habían hecho dos veces más; y estaban cansados. Saku tenía la piel de las nalgas rojas y Sasuke lucía arañazos en la espalda y el pecho.

Después de la actividad sexual, el agente Uchiha había aprovechado para explicarle todo lo descubierto hasta ahora.

—No puedes hacer eso. No podemos hacer eso.

—Quiero que pronuncies la palabra de seguridad, Saku. Que en el momento en el que no puedas más, la digas. No quiero que esa gente juegue contigo.

—Ya veremos. Mañana debemos dejar el hotel e irnos a Saint Croix, a Norland. Es allí donde se celebra la última jornada y la posterior final — susurró Saku sobre su pecho—. Estamos tan cerca... ¿Sabes qué?

—¿Qué?

—Hoy he recibido una invitación directa para encontrarme con los Villanos.

—¿Hoy? ¿Cuándo? —su asombro se reflejó en su voz.

—Antes de bajar a la fiesta. Salí del vestidor y me encontré con el sobre en el suelo. Una limusina me vendría a buscar y me llevaría hasta ellos.

—¿Y... no lo has hecho? No me lo puedo creer —sonrió—. ¿Te has quedado aquí? ¿Por qué? Siempre haces lo que te da la gana.

—No lo he hecho porque no quería molestarte. —Levantó el rostro de su pecho y acarició su barbilla con el índice—. Porque lo he visto demasiado arriesgado; no me ha dado buena espina. Además, querían que fuera sola.

—Bien. —Sasuke masajeó su nuca y besó su coronilla y su frente—. Ya nada tiene buena pinta, Saku. Le estamos viendo las orejas al lobo, y no me gusta.—La abrazó con fuerza y cogiéndola de las axilas, la levantó por encima de él como si fuera una cría—. Mañana llega el final. Nosotros no tendremos que participar en la jornada, pero debemos investigar los alrededores de las islas y recoger las armas que ha dejado la estación base para nosotros. Las han dejado en Buck Island, al lado de Saint Croix. Así que no debemos movilizarnos mucho.

—Sí. —El pelo rosa de Saku caía en cascada y los ocultaba a ambos del mundo.

—Casi lo hemos conseguido —la dejó caer poco a poco sobre su cuerpo y los tapó a ambos con la sábana.

—Casi —sonrió, dejando que Sasuke la cubriera de atenciones.

—Buen trabajo, agente Haruno. El FBI estará muy orgulloso de tener a una agente tan valiosa en sus filas.

—Gracias, señor. Pero todavía no formo parte del FBI. —Y, después de todo, tal vez no quisiera formar parte de él. Pero eso se lo guardaba para ella.

Con ese pensamiento, y los balsámicos besos de Sasuke sobre sus párpados y sus mejillas, Saku se durmió. Quedaban cuatro horas para el amanecer y necesitaban descansar antes de afrontar la final de Dragones y Mazmorras DS.

La habitación estaba en silencio, no habían pasado ni dos horas después de que se durmieran cuando Sasuke abrió los ojos y se encontró con Saku amordazada, mirándole de hito en hito, igual de sorprendida que él. El agente intentó hablar, angustiado, pero tenía cinta en la boca y tampoco podía emitir ni un sonido.

No podían moverse. Les habían inyectado una especie de paralizante o alguna droga parecida.

Unas manos duras y exigentes los levantaron a los dos y les colocaron de rodillas frente a frente.

—Tapadles los ojos y atadles las manos a la espalda.

Sasuke y Saku parpadearon incrédulos ante lo que les estaba sucediendo. Eso no entraba en sus planes. La voz era la de una mujer soberbia; y ellos conocían a esa mujer con aires de grandeza.

—Los Villanos os esperan. —Guren se alejó de la esquina menos iluminada de la suite y apareció vestida toda de látex, con un látigo en la mano y una táser en la otra—. La puta ha rechazado la invitación —gruñó dándole un latigazo doloroso a Saku en los muslos desnudos—, y eso los ha puesto muy nerviosos. Ahora os quieren a los dos. —Esta vez, el latigazo golpeó en la espalda de Sasuke.

Saku gritó para que Guren parara, pero el ama no tenía ninguna intención de hacerle caso. Dos armarios encapuchados, vestidos de negro, custodiaban a la dómina.

—Me temo —dijo Guren pasando los dedos por el látigo y después saboreándolo con la lengua—, que os han descubierto, chicos. La selva era demasiado grande para vosotros.

Saku y Sasuke se miraron el uno al otro.

¿Por qué? ¿Quiénes les habían descubierto? Tenían las bases de datos privados completamente modificados, nadie conocía su verdadera identidad. ¿Cómo habían revelado sus identidades?

—Os llevaré frente a Tiamat. Ellos decidirán qué hacer con vosotros.

Con esas palabras, Guren salió de la habitación con aires de grandeza. Los dos hombres armario cargaron con los cuerpos de Saku y Sasuke, cubriéndolos con bolsas protectoras de equipaje.

Nadie sabría que, en realidad, acababan de secuestrar a dos agentes del FBI.

Una vez en el puerto, los subieron a una lancha y los tiraron de mala manera al suelo. Los dos se golpearon la cabeza al hacerlo.

Sasuke sentía que el corazón se le iba a salir por la boca. Acababan de llevárselos del hotel y desconocían adónde los llevaban.

Estaban en serios problemas.

Media hora después, los dos gigantes volvían a cargarlos; y después de caminar con ellos durante lo que parecieron ser horas por lo que se parecía a un terreno arenoso, les internaron en una especie de gruta.

Sasuke escuchaba los sonidos de las estalactitas gotear sobre el suelo húmedo y encharcado. Y también los pasos de los matones y el sonido de los tacones de Guren hacer eco.

Sabía que Saku tenía un localizador en el collar de sumisa y, también, una cámara. Pero aquello estaba muy oscuro. ¿Grabaría buenas imágenes?

El equipo estación no debería tardar en llegar y socorrerlos.

Les quitaron las bolsas y los dejaron a los dos en el suelo, recolocándolos de rodillas. Después, les descubrieron los ojos. Ambos parpadearon; lo primero que hicieron fue buscarse el uno al otro. Saku frunció el ceño: Sasuke tenía un nuevo golpe en el pómulo.

—Tiamat y Venger no tardarán en llegar —aseguró Guren tomando del pelo a Saku.

Esta se quejó y apretó los ojos con fuerza

—Tú, pequeña zorra, me eliminaste a la primera de cambio. Vas a pagar por ello. —Guren le colocó un arnés de poni.

Saku odiaba esas prendas porque los hacían parecer animales. «Sí; ya me imagino cómo voy a pagar», pensó Saku.

Sasuke luchaba por liberarse de la mordaza y desatar las cuerdas de sus manos, pero le era imposible. Mientras tanto, los dos guardaespaldas le ponían un único slip de cuero negro con una cremallera en la parte anal.

—No me lo hubiera imaginado de ti, King. Que te conformaras con alguien como ella. —Guren se dirigió a Sasuke y lo tomó de la barbilla con fuerza, dejándole la marca de los dedos. Sus ojos negros echaban chispas—. Y lo que no sabía era que ocultabais vuestras verdaderas identidades. Por suerte, hay alguien aquí que os conoce y ha abierto la caja de Pandora —Guren prestó atención—. Creo que oigo el motor de su lancha. Ya están al llegar.

Saku y Sasuke se miraron el uno al otro, incrédulos ante las palabras de Mistress Pain. Estaba claro que Sombra espía les había tomado el pelo a todos. Pero, ¿quién les conocía? ¿Quién sabía que eran agentes federales?

—Estoy convencida de que esta sorpresa no la vais a olvidar nunca en la vida —aseguró Guren.

A través de la entrada de la gruta, se acercaron seis personas, vestidas con túnicas negras y capuchas amplias. Llevaban unas máscaras doradas; dos de ellas sonreían y las otras cuatro tenían un rictus triste.

Una de ellas era una mujer, más bajita que el resto. Y esta y otro hombre, muy alto, ayudaban a caminar al más corpulento y alto de todos, cuya máscara sonreía. Ese individuo cojeaba un poco y tenía los puños apretados, como si sintiera mucha rabia o mucho dolor.

Saku tragó saliva y Sasuke intentó caminar de rodillas hasta donde ella estaba; pero uno de los gorilas lo tiró al suelo al darle una patada por la espalda.

—Aquí os presento a Tiamat —dijo Guren acariciando su látigo arriba y abajo—. Cómo sabéis, es un dragón de cinco cabezas. A ver, ¿cuántas personas hay aquí? Uno, dos, tres, cuatro, cinco, y el que viene de más, seis—contó señalando con el dedo. Exhaló como si estuviera cansada y levantó a Saku por el pelo.

«¡Zorra! ¡No me toques! Sasuke, por Dios...» , desvió la mirada hacia el moreno, que intentaba levantarse.

El hombre enmascarado dio un paso al frente, asegurándose de que el más grande de todos se mantenía en pie.

—Quítale el esparadrapo, Mistress Pain —pidió educadamente. Tenía un marcado acento sureño.

Guren se lo arrancó sin ceremonias. Saku se relamió los labios y movió los músculos faciales. Le había escocido.

—Seguramente estés un poco aturdida, ¿verdad, Saku Haruno?

Saku dio un respingo y miró a Sasuke de reojo.

—Sí, jovencita. Te conozco perfectamente.

—¿Quién eres? —preguntó sin miedo.

—¿Quién soy? —¡Plas! La bofetada que el Villano le dio volteó su cabeza de izquierda a derecha.

Saku se pasó la lengua por el labio inferior y notó el corte sangriento que le había dejado. No sabía quiénes eran, pero eran miembros de la Old Guard con toda seguridad.

—Te conozco a ti. Conozco a tu padre, un héroe de Nueva Orleans. Y conozco a Sasuke, también. Y conozco a los padres de Sasuke. ¡Os conozco a todos! —emitió una carcajada hueca.

Mierda. Si los conocía... Eran de Nueva Orleans. Sasuke prestó atención y observó fríamente la cabeza de Tiamat.

—A ti no te había visto nunca en este mundillo, Saku. Sí había visto a tu hermana... Ino. Pero a ti, no.

—¿Qué... ? ¿Quién... eres?

—¿La pregunta es, quién eres tú? ¿Por qué, siendo policía de Nueva Orleans, estás en este torneo como una joven de padres adoptivos texanos y dices que trabajas en una galería de arte? Te hemos pillado, Saku. Así que no te avergüences y responde a mi pregunta.

Pero Saku no contestó.

El enmascarado se acercó a ella y acarició su pelo rosa.

—No me importa lo que hacéis aquí ni tú ni tu hermana. Ni siquiera qué hace Sasuke aquí. Pero te diré algo: hace seis meses metiste a mi hijo en la cárcel. Eso sí que me importa. Por eso no voy a dejar que pases de aquí.

Saku parpadeó noqueada. ¿Cómo? Al único al que había metido en la cárcel en ese tiempo había sido a Garra... No podía ser. Entonces, no sabían que eran agentes federales... ¿Lo sospecharían?

—¿Crees que Ino fue escogida al azar? —continuó una de las cabezas de Tiamat—. Ni hablar, bonita. Tú metiste a mi hijo entre rejas; por eso, cuando Ino empezó a destacar en el rol y, dos semanas antes del torneo, nos enviaron fotos sobre ella, la reconocimos. Tuvimos que apartarla del sumiso que llevaba con ella.

Sasuke dio un respingo. ¿Jūgo? ¿Ellos mataron a Jūgo?

—Así que pedimos ayuda a Mistress Pain para que hiciera los honores.

—Esa noche estuve con Sasuke en otro local —recordó Guren—; pero cuando recibí la llamada de Tiamat diciendo que tenían a Ino y que, sin embargo, su sumiso quedaba suelto y sospechaba algo, no pude decir que no —sonrió fríamente—. Me encantó jugar con ese hombre...

Sasuke se movió de un lado al otro, gritando, con las venas del cuello hinchadas. Si pudiera, le arrancaría la pierna a mordiscos. Guren acababa de reconocer que había matado a Jūgo.

—¿Mataste a un sumiso? —preguntó Saku desencajada.

Guren se cruzó de brazos, levantó la barbilla y asintió orgullosa.

—¿Y dónde está mi hermana? —preguntó Saku, fingiendo que no sabía la respuesta. No podían sospechar de Ino; ellos tenían que seguir su plan.

—Ahora, un amo la está sometiendo para que se entregue a nosotros —contestó el enmascarado—. Te la quisimos devolver, Haruno, por lo que le hiciste a mi pequeño, y por eso tu hermana está aquí: por tu culpa.

Entonces, no solo era por su perfil. Había una sorprendente rencilla personal catapultada por el encarcelamiento del maltratador de Gaara.

Ino y Saku estaban en el punto de mira de los Villanos incluso antes de empezar el torneo.

—Mi hermana no está aquí por mí. Está aquí porque su hijo es un hijo de puta maltrata...

¡Plas! ¡Plas! Dos bofetadas seguidas y dolorosas. Los nudillos golpearon en sus pómulos y Saku apretó los dientes.

—¡Nos íbamos a conformar con Ino! Pero esto... —observó a los dos—. Es más de lo que esperábamos. ¿Sabes por qué supimos quién eras tú, perra? Ni siquiera nos imaginamos que estabas metida en esto hasta que Guren nos alertó.

Saku negó con la cabeza.

—Mistress Pain nos llamó inmediatamente diciendo que una chica la había eliminado a las primeras de cambio y que no podía continuar en el torneo. Nos dijo que se llamaba Lady Nala. Le pedimos que nos enviara imágenes suyas. Y cuando vimos que eras tú, la hermana de Ino, no nos lo podíamos creer. ¡Dios está de nuestra parte! —alabó alzando los brazos.

«No utilizarás el nombre de Dios en vano», pensó Saku.

—No estamos al tanto de todos los participantes —explicó el líder de Tiamat—: solo de los sumisos que nos facilitan para nuestras... prácticas. El torneo es solo una tapadera y los amos protagónicos y el concurso en sí nos dan igual. Pero descubrirte aquí fue una agradable sorpresa. Porque a quien realmente me apetece destrozar es a ti.

Sasuke, que estaba de rodillas en el suelo, comprendió que las llamadas que recibía Guren al celular móvil de Luisiana, eran de ellos. Guren estaba en contacto con los padres de Gaara. Y no solo eso; ahora entendía por qué Gaara había estado en el baile de la mansión LaLaurie: porque él formaba parte del mundo BDSM de la Old Guard, como sus padres. Increíble.

—¿En serio? No me había dado cuenta de que Dragones y Mazmorras DS solo es una tapadera para la Old Guard más radical —repuso Saku irónicamente.

—Me sorprendes, Saku —confesó—. Eres una descarada. La noche anterior, Guren os quiso separar con la fotografía del teléfono, pensó que sin que Sasuke te protegiera, podríamos cogerte y prepararte para nuestro juego. Pero salió mal. Incluso esta mañana, con lo del trío, esperábamos una división absoluta entre vosotros; pero, entonces, esa metomentodo de la Reina de las Arañas decidió jugar contigo.

—Vosotros no jugáis —replicó Saku en voz alta—. No sé lo que hacéis...—mintió—. Guren ha reconocido haber matado a Jugo. ¡Secuestrasteis a mi hermana! Iréis a la cárcel. Os lo prometo —espetó furiosa.

—Silencio. Las afrentas se pagan. —Rasa cerró el puño en su pelo y le dio un violento tirón—. Tengo algo preparado para las hermanas Haruno. Tú y tu hermana pagaréis por lo que le hicistes a mi Gaara.

«Piensa lo que quieras, cerdo, pero Ino no es solo una sumisa. Es una agente del FBI y está acompañada de un miembro de la SVR. Os vais a cagar».

Si entre los miembros de Tiamat se encontraba el padre de Gaara, Saku podía entender muchas cosas que no le habían cuadrado en el torneo. Por ejemplo, las bebidas de ron facilitadas en las dos últimas noches, que las confeccionaba la destilería de Nueva Orleans de la que los padres de Gaara eran propietarios. Era una familia muy rica y poderosa, incluso más que la de Sasuke, y tenía amistades en círculos políticos. Incluso, alguna vez, había colaborado en las campañas publicitarias de los partidos republicanos. Pero nunca se imaginó que la familia Sabaku No, que venía de linaje francés, estuviera involucrada en un torneo de BDSM; y no solo eso, que además era uno de los miembros que formaban parte de los Villanos. Siempre pensó en ellos con lástima, porque les había salido un hijo enfermo y agresivo, que maltrataba a las mujeres... Ahora, podía comprender por que Gaara tenía esas tendencias violentas. Posiblemente, lo habría aprendido de sus padres.

Ino le había dicho que los Villanos eran todos gente de mucho dinero y muchísimo peso en la sociedad personas que, curiosamente, eran adictas al sadomasoquismo antiguo que dio origen a la Old Guard. ¿Por qué? No lo sabía, eso tenían que averiguar. Tal vez no había un por qué. Tal vez había gente así; y punto.

—Eres Rasa Sabaku No—anunció Saku en voz alta—, y la mujer debe ser Karura Sabaku No, tu esposa. No hace falta que llevéis las máscaras. El olor a podrido me llega desde aquí.

—Puta. —Otra bofetada más.

Saku tomó aire para calmarse. El pelo rosa desordenado le cubría el rostro; y los miró a través de los mechones, con los ojos verdes y claros como faros.

—Habéis cometido un delito al facilitar botellas enteras de vuestro ron con crystal y popper —espetó—. No hacéis exportaciones a no ser que vosotros traigáis vuestro producto aquí. Y es lo que habéis hecho... Como agente de la ley que soy, os lo debo comunicar. Como practicante de BDSM, os diré que no me gusta que me droguen. Además, sois cómplices directos de homicidio. Si queréis, os leo vuestros derechos. Os va a hacer falta. —Saku necesitaba ganar tiempo. Al menos, para retrasar su tortura.

Rasa miró a su mujer y esta se encogió de hombros. Ambos se echaron a reír.

—¿Estás de broma? —preguntó la mujer—. ¿Sabes lo que vamos a hacer contigo?

Karura acercó al hombre cojo y renqueante que tenía la máscara puesta.

—Nos vamos a encargar de que Gaara os deje como vosotros le dejasteis a él. ¿Eh, Sasuke? —preguntó Rasa inclinándose hacia Sasuke—.¿Qué te parece? ¿Llorarás cuando veas cómo le da su merecido a Saku? ¿La querrás igual luego? Y ,después, Gaara te reventará por dentro y por fuera, ¿eh, machote? —Le dio una cachetada en la cara—. Qué pena, el heredero de la cadena algodonera más importante de Estados Unidos hallado muerto y descuartizado en una gruta de las Islas Vírgenes — proclamó imaginándose un titular.

Sasuke se removió como un toro e intentó embestirlo con un grito.

«No la toquéis u os mataré uno a uno», se dijo.

Saku no quería mirar al hombre que tenía ante ella, pero era inevitable no hacerlo. La mujer le quitó la máscara con cuidado y apareció el impresionante y desfigurado rostro de Gaara.

Saku se echó a llorar por la impotencia y la rabia. ¿Es que nunca se iba a librar de él?

—Saku, cielo —susurró la mujer—. Le daré el pésame a tu madre por haber perdido a sus dos hijas, tan bonitas, en tan poco tiempo. Esto, después de lo que has hecho con mi hijo, no podía acabar de otra manera. ¿Nos comprendes?

—Comprendo que sé demasiado sobre vosotros. Y comprendo que vuestro hijo, que debería estar hospitalizado para luego entrar en la prisión estatal, está aquí, libre. ¿Habéis pagado mucho para liberarlo?

Karura pareció encogerse de hombros.

—El dinero nunca fue un problema. Y nuestro hijo merece nuestras atenciones. Él no sabe canalizar sus tendencias. Pero nosotros le enseñaremos.

—Sois unos sádicos. ¡Habéis creado a un monstruo! Aunque puede que vosotros también lo seáis.

La suave risa de Karura puso la piel de gallina a Saku.

—No somos monstruos, querida. Hacemos lo que hacemos porque podemos. Y hemos decidido que a ti se te ha acabado el tiempo.

«¿Los iban a matar?».

Pero Saku no la oía. Solo veía a Gaara cernirse sobre ella.

El hombre tenía las mejillas inflamadas y una cicatriz que le cruzaba la frente. Los dos ojos estaban coagulados, hinchados y rojos, y le faltaban casi todos los dientes. Gaara cara de ángel, se había convertido en Gaara el adefesio. Sasuke había sido su cirujano; no había duda.

—Tú y Sasuke os quedareis aquí con Gaara y Mistress Pain —explicó Karura con voz de institutriz—. Dejaré que ellos se tomen la revancha que desean y, después, si todavía seguís en pie, os vendremos a buscar para llevaros a nuestra noche de Walpurgis. —Dio dos palmadas como una niña pequeña y se echó a reír—. Os encantará. ¿Guren?

—¿Sí, Maitress Karura?

—El viaje ha sido muy duro para Gaara. Le estamos pinchando esto para el dolor. —Le enseñó un pequeño neceser negro en el que había varias jeringas—. Él ha querido estar aquí y no perderse el espectáculo; sobre todo al saber que teníamos a Saku. Pero el vuelo le ha pasado factura. Dale esto si ves que desfallece, ¿de acuerdo? —Le entregó un bote de morfina—. Hará que no sienta el dolor y se espabilará.

—Sí, maitress —Guren inclinó la cabeza en señal de respeto.

—Disfruta de tu sumiso, Sombra. Tengo entendido que este amo siempre te gustó. Ahora es tuyo. Dale su merecido.

—Lo haré —aseguró el ama, dedicándole una mirada venenosa a Sasuke—.Las traiciones no deben pasar desapercibidas.

—El potro y la cruz están en el interior de la gruta —dijo Rasa—.También hay cadenas en las paredes de la roca. Utilizadlas y, después, recogedlo todo como siempre. Os esperamos en Ruathym a las doce de la noche para iniciar nuestro Walpurgis. Cuando lleguéis, dad la señal y encended la hoguera y las antorchas. Cuando veamos el fuego encendido, apareceremos.

«¿Ruathym? ¿Qué parte de las islas pertenece a Ruathym?», se preguntó Sasuke, luchando por deshacerse de las cuerdas y rogando para que no le hicieran daño a Saku. Estaba sumido en la desesperación. El juego, las dificultades del torneo y el miedo por que Saku fuera sometida no tenían nada que ver con lo que sentía ahora. Su vida pendía de un hilo; porque, si lastimaban a Saku, lo lastimaban a él. Tenía que encontrar el modo de salir de ahí.

Afuera ya había amanecido. La claridad del día alumbraba la espectacular gruta en la que se encontraban. ¿En cual de las Islas Vírgenes los tenían confinados?

La última jornada de Dragones y Mazmorras DS empezaría en nada.

¿Qué haría Naruto cuando viera que no estaban en su habitación? ¿Y la estación base? Ya deberían saber lo que estaba pasando.

—Allí estaremos —contestó Guren a las órdenes de Rasa. Karura se acercó a su hijo, que no dejaba de mirar a Saku, y le dijo:

—Cariño, mamá y papá te esperamos en la isla. Devuélvele cada golpe, amor mío. —Le acarició la mejilla mientras se lamentaba de su aspecto.

Después de esas instrucciones, los miembros de Tiamat dejaron a Sombra espía y a Gaara con Saku y Sasuke en una gruta desconocida.

Los dos guardaespaldas levantaron a Sasuke por los hombros y lo mantuvieron en pie para llevarlo a rastras al interior de la gruta.

Gaara empujó a Saku para que caminara delante de él.

El efecto del paralizante había durado muy poco.

Sasuke miró a Saku por encima del hombro.

Esta frunció la frente, asustada. Él desvió los ojos a su espalda.

Ella estudió sus manos maniatadas y se dio cuenta de que Sasuke tenía una piedra negra afilada entre los dedos, y estaba cortando la cuerda que lo ataba sin que los demás le atendieran. ¿Cuándo la había cogido? Era del suelo de la cueva...

¿Tendrían una posibilidad antes de empezar a ser castigados? Ojalá que sí; porque Saku temblaba tan solo con pensar en el látigo de Gaara, o cosas peores, rozando su piel.

Media hora después, se hallaban en el interior de aquella cueva natural.

El potro, la cruz y las cadenas, se encontraban medio iluminadas por la claridad que entraba de la gruta, y lo que les daba un aspecto más desafiante y tétrico del que en realidad tenían.

¿Cómo un hombre que había recibido soberana paliza y que había quedado inconsciente podía estar frente a ella seis días después de tamaña tunda? Eso sí, estaba presente, pero con un aspecto deplorable y deforme, incluso baboso. La boca hinchada no parecía cerrársele bien, y los fluidos manaban de ella. Las cicatrices y los puntos de los hilos resaltaban, rojas, y un poco infectadas. Los ojos inflamados y con derrames le lloraban. Estaba convencida de que Gaara no veía bien, pero como los animales carroñeros, seguía el olor del miedo y encontraban a sus víctimas gracias a ello.

Y Saku tenía miedo.

Los dos guardaespaldas la colocaron en la cruz y ataron las correas de sus manos, extendiendo sus brazos por completo. Le quitaron el collar de sumisa y lo tiraron al suelo, para sustituírlo por uno con parches interiores.

—Lanza descargas eléctricas —dijo uno de los guardaespaldas, vestidos, con ropas negras. Se parecían muchísimo, pero uno era rubio y el otro moreno. ¿Serían hermanos?—. Como las correas de los perros que, al ladrar, reciben un pequeño spray amargo en la boca, ¿sabes? Pues esto es igual, pero con la electricidad.

A Sasuke lo colocaron delante de ella, de rodillas, para que viera todo el espectáculo.

De repente, Guren se agachó ante él y le sacó el esparadrapo con fuerza. Después, le besó en los labios, pero el agente Uchiha retiró la cara.

—¿Así que Mistress Pain es Sombra espía? —preguntó Sasuke con desdén—. Tú eras la chivata de los Villanos. Ellos conocían todos los entresijos de los concursantes gracias a ti. Y seguro que tú elegías a los sumisos y sumisas que decidías llevarles, ¿verdad? ¡Sin su consentimiento! —gruñó enfadado.

Guren admiró las facciones de Sasuke. Era tan guapo, y estaba tan mal aprovechado...

—¿Qué es lo que te molesta, corazón? No te molesta que yo forme parte de los Villanos: te molesta el no haberte dado cuenta.

—Sí, eso sin duda. Pero no vas a salir impune, Guren.

—Claro. —Guren sacó una bolsita de su pantalón de látex negro y le enseñó el paquete de guiches. Las puntas de su corta melena morada acariciaron su barbilla y después, se colocó uno de sus guiches entre los dientes para sonreírle y mostrárselo sin subterfugios—. Lo primero que haré contigo es meterte el guiche entre el ano y los huevos. Siempre quise hacértelo, pero sabía que no me ibas a dejar. Porque eres un amo y no aceptas que nadie te domine, ¿cierto? Pero ahora estás bajo mi bota; y harás lo que yo te diga.

—Mataste a mi mejor amigo, puta —susurró entre dientes—. ¿Acaso crees que te lo voy a perdonar?

—Tendrás que hacerlo, querido. —Se sacó el abalorio de los dientes y jugó con él entre sus dedos—. O no podrás ir al cielo con cuentas pendientes.

—¡¿Por qué lo hiciste?! ¿Por qué haces esto?

Guren parpadeó, como si aquella pregunta estuviera fuera de lugar o su respuesta en realidad fuera más obvia de lo que él creía.

—Porque puedo, King. Porque puedo.

—¿Porque puedes? ¿Qué tipo de respuesta es esa, perra?

—Bueno —Guren se levantó—, es la única respuesta válida, la única verdadera. La sensación de tener el poder de decidir quién vive y quién muere, quién sufre más y quién menos. —Alzó la bota y le dio una patada en la cara a Sasuke—. ¿Ves? Te tengo en mis manos, y ¿qué me detiene de matarte o no hacerlo, de hacerte rogar para que me detenga, o de hacerte suplicar para que acabe contigo? Nada. Nada me lo impide, Sasuke. Y, como puedo, lo hago. Es como ser un dios en la Tierra. Nosotros, los Villanos, somos como dioses.

—No, Guren —escupió la sangre de su boca—. No sois dioses. Estáis enfermos y sois unos asesinos. Eso es lo que sois.

—Piensa lo que quieras. Y disfruta de la sesión que Gaara le va a dar a Saku. Esta cueva se va a teñir de sangre... Vosotros dos —ordenó a los guardaespaldas—. Id a cubrir la entrada y vigilad que no entre nadie por sorpresa.

Los dos hombres se alejaron. Parecían dos moteros ángeles del infierno.

Saku apretó los puños al ver que el enorme villano deformado tomaba entre las manos, un flogger de nueve colas con pinchos y clavos en los extremos.

—¡No lo hagas, por favor! —gritó Sasuke pidiendo misericordia—. ¡Házmelo a mí! ¡Yo te hice eso! —gritó a Gaara—. No la toques a ella... A ella no.

¡Zas! El primer latigazo lo golpeó a él por la espalda. Y había sido Guren quien se lo había dado, con un flogger exactamente igual que el de Gaara.

Sasuke cayó hacia adelante, conmocionado y dolorido por los extremos cortantes de los pinchos. Iban a hacer una carnicería.

—¡Sasuke! —gritó Saku tirando de las correas. En cuanto gritó, el collar de sumisa le dio una descarga eléctrica lo que hizo que apretara los dientes con tanta fuerza que se mordió la lengua. Pero la electricidad atenuó el dolor del primer latigazo de Gaara. No notó los clavos arañando las costillas y la cadera izquierda y, aunque sabía que la había herido, el hecho de que no le hubiera dolido le tranquilizó. La carne se despertaría luego. Pero, para entonces, cuando su cuerpo reaccionara, puede que ella ya estuviese muerta. Y lo agradecería...

Sasuke sacó todo su coraje en cuanto vio que Gaara le daba el segundo latigazo a Saku. La cuerda que mantenía atada a sus manos cedió bajo el filo de la piedra negra que agarraba desde que los internaron en las profundidades de aquel agujero, y aunque sintió que Guren gritaba asombrada y le daba el azote para que se detuviera, no le importó.

Para él solo contaba Saku y lo que sufría a manos de ese despojo humano. La cuerda cedió, y libre, arremetió contra la espalda de Gaara, que cayó hacia adelante, lanzando el flogger por los aires.

Sasuke únicamente disponía de sus puños y su furia violenta. Gaara intentó darse la vuelta, pero Sasuke era especialista en lucha libre y no se lo permitió.

Saku lloraba. Para Sasuke solo valía que su leona estaba rugiendo entre lágrimas de dolor. La iba a vengar; porque habían hecho daño a la mujer que amaba y que poseía su corazón, y esta vez, no iba a tener clemencia con Gaara.

—¡Chicos, ayudad! —clamó Guren a los dos guardaespaldas que se habían ido hacía un rato.

Sasuke se sentó sobre la espalda de Gaara, cogió su cabeza echándosela hacia atrás con las dos manos y, con un giro seco hacia la derecha, le rompió el cuello. Otro latigazo de Guren le dio en la espalda, pero apenas lo sintió.

El cuerpo roto de Gaara se desplomó sin vida hacia adelante.

¿Por qué lo había matado? ¿Lo había matado porque sabía hacerlo? ¿Porque podía? ¿Porque ese engendro de Satán se lo merecía? Las razones ya no importaban; para él solo contaba que nunca, jamás, podría volver a poner sus viciosas y manchadas manos sobre su Saku.

—Jo-der... —exclamó Guren yendo a por Sasuke con una táser—. ¡Lo has matado...!

—¡Sasuke, vigila! —exclamó Saku renqueante y débil por el dolor, sufriendo una nueva descarga en el cuello.

Sasuke se agachó y le hizo la cama a Guren, que, como una fiera, se abalanzaba sobre él dispuesta a electrocutarlo. La lanzó por los aires como haría The Rock en sus tiempos de Pressing Catch y esta cayó de espaldas sobre el suelo duro y húmedo, quedándose sin respiración y dándose un duro golpe en la cabeza.

Sasuke la miró desde su posición. Vestido solo con el slip y el arnés... Un metro noventa de puro músculo y rabia animal.

Guren luchaba por devolver el aire a sus pulmones. Tenía los ojos negros demasiado abiertos y estaba asustada porque creía que iba a morir.

No era más que una mujer con ínfulas de divinidad que vivía en una realidad que solo estaba en su cabeza.

Nadie era Dios. Sin embargo, todos podían ser demonios.

Las personas tenían malicia o no la tenían. Y eso era lo que diferenciaba a los unos de los otros. Guren tenía malicia en su sangre, igual que los Villanos; y la diferencia entre ellos y el resto del mundo era que los Villanos preferían utilizarla. ¿Por qué? Porque podían.

—Sasuke... —lloró Saku—. Bájame...

A Sasuke se le rompió el corazón al escuchar el llanto y la pena de Saku en ese momento. La obedeció inmediatamente. La liberó de las correas, ayudándola a mantenerse en pie.

Saku alzó las manos hacia su collar, y Sasuke se lo quitó rápidamente.

—Quítame... Quítame esto...

—Ya está, nena. Ya está... Fuera esta mierda. —Tiró el collar muy lejos de la vista de Saku. La tomó del rostro y juntó su frente a la de ella—.¿Cómo estás, vida? Tenemos que irnos de aquí corriendo, antes de que lleguen los dos orangutanes. No tenemos mucho tiempo. ¿Puedes caminar?

Ella no cesaba de llorar. Miró el cadáver de Gaara con desprecio y, después, apartó un poco a Sasuke para dirigirse con lentitud hasta el cuerpo de Guren, que seguía luchando por recuperar el oxígeno.

—Tenía una táser... —murmuró Saku buscando el aparato por el suelo, hasta que lo divisó.

—Saku, vámonos... —Sasuke miró la entrada por la que vendrían los dos vigilantes encapuchados.

—No. Espera. —Con manos temblorosas, agarró el aparato eléctrico y observó a Guren, que la miraba asustada e insegura, arrastrándose por el suelo para alejarse de ella—. Ven aquí —Saku se agachó y, dolorida como estaba, agarró el tobillo de Guren y la arrastró hasta ella—. Vas a ver cómo se siente. —Lo ubicó entre las piernas de la dómina sádica y añadió—:¿Quieres saber por qué hago esto, perra? Porque puedo. —¡Trrrrrrr! La electrocutó hasta que se desmayó y quedó inconsciente.

El instinto animal de Saku, la ley de la selva, barría su cuerpo y su mente, y clamaba venganza. Pedía hacer daño como querían hacerles a ellos. Ojo por ojo. Por eso no podía ser una agente del FBI. Porque ya no tenía compasión para los demás.

Sasuke entrelazó los dedos con su mano libre y tiró de ella gentilmente.

—Salgamos de aquí, Tormenta.

Saku ni siquiera sonrió. Se secó las lágrimas de consternación, terror y rabia, y siguió los pasos de Sasuke.

El interior de la gruta estaba oscuro, pero la claridad que llegaba de afuera ayudaba a encontrar claros por los que poder caminar.

Sasuke miró a Saku por encima del hombro, pidiéndole que hiciera el menor ruido posible. Pero ella era muy consciente de que intentaban escapar y no iba a cometer el error de llamar la atención.

Oyeron los pasos apresurados de los dos orangutanes, que habrían oído el eco de socorro de Guren. Corrían y decían comentarios entre ellos.

Sasuke obligó a Saku a esconderse detrás de una roca. Cogió la táser de las manos de su compañera y se llevó el índice a la mano para que guardara silencio.

Ella asintió.

El primer orangután pasó de largo; y el segundo que lo seguía, que poseía un walkie, se convirtió en la primera presa del león.

El agente salió de su escondite, rodeó su cuello con uno de sus brazos y le puso la taser debajo del oído. El tipo, al sentir la descarga, tiró el walkie al suelo y eso hizo que el primero se diera la vuelta y sacara una pistola de su cinturón.

Disparó dos veces y las dos balas impactaron en el cuerpo de su compañero que Sasuke utilizaba de escudo. Cayó hacia atrás por el impacto del metal en la carne; y tanto él como el agente del FBI colisionaron en el suelo.

El moreno, poseedor de la pistola, se acercó a Sasuke, que había quedado completamente expuesto. Lo apuntó al pecho.

—¡No! —gritó Saku saliendo de su escondite.

El hombre levantó la mirada hacia la chica, sonrió y apretó el gatillo.

¡Boom!

Saku cerró los ojos. No quería mirar. No quería creer que todo hubiera acabado así.

El hombre seguía apuntando a Sasuke, que estaba inmóvil, con los brazos estirados hacia adelante, cubriéndose.

¡Boom! Otro disparo.

Saku no sabía de dónde venían los tiros, pero no impactaban en Sasuke. Lo hacían en el pecho y el estómago del hombre vestido de negro.

Un paso atrás. Dos. Tres. Y su cuerpo lleno de músculos y anabolizantes cayó desplomado.

A pocos metros de Sasuke, aparecieron Kiba y Shino, cargados con linternas y pistolas, avanzando como un perfecto escuadrón de policía, un pie delante del otro. Con el antebrazo haciéndoles de soporte, cubriendo medio rostro.

—¡¿Sasuke?! —gritó Shino—. ¿Estás bien?

Saku salió de su escondite y corrió a socorrer a Sasuke, que se levantaba ladeándose. Él abrazó a Saku y apoyó la barbilla sobre su cabeza, tranquilizándola.

—Sasuke... Dime que estás bien.

—Sí, joder... —Respiró más tranquilo. Había visto la vida pasar en décimas de segundo; y se había dado cuenta de lo mucho que le faltaba por hacer y decir. No podía morir aún. No cuando quedaba tanto por lo que luchar—. Sí... ¿Y tú, nena?

—Me duele un poco... Pero estoy bien, creo.

—¿Sí? —Le levantó la barbilla y secó sus lágrimas con los pulgares—.¿Sí? Déjame ver... —revisó los cortes de sus rodillas y los rasguños y las incisiones de los clavos de los floggers—. Lo sé. Sé que duele...

—¿Y tú? —preguntó ella, pasando las manos por su pecho azotado y cortado—. ¿Tú estás bien?

—Sí, también...

Kiba y Shino barrían el lugar y avisaban a las unidades base sobre lo que había pasado. Necesitarían refuerzos para limpiar la cueva.

—El collar lo ha grabado todo —aseguró Shino—. Nos ha dado la posición exacta de dónde estabais y hemos ido a buscaros. Naruto llamó minutos después de vuestro secuestro diciendo que no os encontraba en vuestra habitación.

Saku se sentó en una roca, todavía temblorosa, y Sasuke se acuclilló frente a ella.

—Gracias, chicos. Nos habéis salvado la vida —repuso Sasuke.

—Todo esto apesta, señor —pronunció Shino—. Tenemos a Sombra espía inconsciente y a dos cadáveres. Uno de ellos, el hijo de dos miembros de Tiamat, los cuales son propietarios de la destilería más importante de Luisiana. Lo que hemos grabado es oro. Ya casi los tenemos.

—Pero no es suficiente. Ellos esperan que Guren y Gaara asistan a Ruathym. Han quedado a las doce de la noche allí.

—Ruathym es Savana Island, señor —señaló Kiba acercándose para ver el estado de Saku—. ¿Cómo estás, agente Haruno?

—Estoy bien —contestó débilmente—. Solo un poco sobrepasada por todo, pero se me pasará.

—Puedes dejarlo aquí, Saku —sugirió Sasuke, poniéndole ambas manos sobre los muslos—. Ya has hecho demasiado, agente Haruno.

—Ni hablar. Tú tampoco estás en condiciones. Estás como yo... —Lo miró de arriba abajo. Los dos estaban hechos unos zorros, pero continuarían; porque eran cabezotas y porque era su misión—. Karura dejó una bolsa de inyecciones contra el dolor para su hijo Gaara. Podríamos utilizarlas ahora.

Sasuke sonrió y negó con la cabeza. Saku no se iba a rendir; y más ahora que pensaba que lo de su hermana era culpa de ella.

—Saku.

—¿Qué? —preguntó seca.

—Nada de esto —retiró el flequillo rosa que le cubría los ojos preocupados— es culpa tuya. Tú has sido la clave para que resolviéramos el caso.

—No lo hemos resuelto. No lo resolveremos hasta que no desenmascaremos a Venger y a todos los Villanos para los que trabaja. No son solo ellos, hay más —expuso desesperada—. Yo no sabía que Gaara tenía algo que ver con esto... No se me ocurrió...

—Es normal, nena. No lo sabía nadie. Pero estás haciendo un trabajo impecable. Y tienes que seguir adelante, agente Haruno. ¿Continúas conmigo?

Saku parpadeó confusa. ¿La dejaba continuar? O, mejor: ¿le pedía que continuara con él?

—¿No me vas a obligar a abandonar?

Sasuke sonrió con sinceridad y negó con la cabeza.

—No. Eres mi pareja. Acabemos juntos con esto.

Sasuke le ofreció la mano con la palma hacia arriba. Era una palma curtida, de hombre adulto, fuerte; una en la que podría apoyarse y una que la protegía siempre. Saku la tomó decidida y Sasuke le ayudó a levantarse.

—Kiba, por favor —dijo seguro de su decisión—. Traéme esas inyecciones y danos un buen chute. Encargaos de lo que ha pasado aquí. Pero no levantéis revuelo, porque eso podría hacer que los villanos se dieran cuenta de que seguimos vivos. Creen que todavía estamos en sus manos. Saku y yo todavía tenemos tiempo suficiente como para llegar a la isla y darles una sorpresa.

—Sí, señor —contestó.

—Shino —el negro oscuro de Sasuke brilló con decisión.

—¿Sí?

—Pásame al subdirector Jiraiya.