La siguiente historia es una traducción del fanfic I Leave You, My Pride de la autora WildRhov, todo el crédito le pertenece única y exclusivamente a ella, yo sólo pedí su autorización para traducirlo al español
Hiro Mashima es el dueño de Fairy Tail. Todo esto es por mero entretenimiento.
ADVERTENCIA: LEMMON (estará entre líneas y lo indicaré por si no quieren leerlo, sólo se lo brincan y la historia sigue normal. Esto fue algo que la autora hizo por comodidad de los lectores que no desean leer este tipo de historias, así que seguí su ejemplo)
Capítulo 3: El amor de un león
La tumba estaba vacía. Todo el mundo lo sabía, incluso estando alrededor de ella y escuchando el sermón del funeral. Después de todo, la persona para la que estaba destinado ni siquiera había sido un humano, y no tenía cuerpo para ser enterrado.
Cuando Loke murió, simplemente se desvaneció.
Toda la multitud vestida de negro no dejaba de mirar a Lucy. Ellos sabían que esto era más duro para ella. Tal vez ella no había estado allí durante los tres años en que se hizo pasar por un humano, pero Loke había sido su leal Espíritu Celestial durante mucho tiempo... algunos dicen que fueron "más que amigos" Algo que ella solía negar ferozmente mientras se ruborizada.
Nadie se atrevía a burlarse de ella ahora.
Gray la miró un poco más que los demás, se aseguró de estar a su lado durante las oraciones y sermones sobre la lápida. Se dio cuenta de que ella no estaba llorando. Sus ojos, oscurecidos por el sombrero con velo negro, estaban vacíos. Se quedó mirando la lápida como si ni siquiera existiera. Él sabía muy bien que había llorado y lo hizo durante varios días después de la muerte de Loke. Ahora, nada. Tal vez sus lágrimas estaban agotadas. Gray no estaba seguro, pero una cosa era cierta.
Algo más estaba mal con Lucy. No se veía precisamente afligida. Se veía preocupada, como si algo aún peor que perder a su fiel amigo pesara en su mente.
Después del funeral, la multitud se dirigió a la sede del gremio por bebidas. No hubo fiestas salvajes en esta ocasión, no hubo música escandalosa y bulliciosas competencias de bebidas. Hubo murmullos de "Todavía no puedo creer que se haya ido", repentinos estallidos en llanto, gente alabando a Loke, hablando de las peleas que lo habían visto ganar, las veces que se batieron en duelo contra él cuando se hizo pasar por humano, y para las chicas, las veces que había coqueteado con ellas; todos hablaban amargamente. Incluso Erza admitió que echaría de menos sus intentos de coqueteo... aunque ella casi lo mata por hacerlo.
La gente quería oír hablar a Gray sobre Loke como compañero de misiones, pero para el mago de hielo, hablar del pasado era inútil. Eso solo aumentaba la tristeza, él no quería eso en ese momento, no cuando estaba más preocupado por Lucy. Bebía para aplacar el dolor -que podía llorar cualquier otro día- y mantuvo un ojo en la mujer vestida de negro, con su pelo rubio brillando contra esa mórbida ropa. Lucy estaba sentada sola. Parecía que nadie estaba realmente seguro de cómo hablar con ella y ella evitaba el contacto visual con todo el mundo.
Como una viuda en un funeral, algunos susurraron, pero Gray no veía eso en ella. Vio a alguien ensimismado, más preocupado por otros pensamientos que por un funeral sin cuerpo.
Lucy parecía aún más pálida con la ropa negra y el sombrero con velo. Estaba mal de su parte pensar de esta manera, especialmente en un día como este, pero Gray apenas podía dejar de pensar que el negro lucía sexy sobre Lucy. Apartó ese pensamiento a un lado por el momento. Por fin ella se había puesto de pie y estaba caminando en su dirección.
Lucy le susurró a Gray que la acompañara. Él se levantó y la siguió sin preguntar, esperando sinceramente que ella le dijera lo que la tenía tan preocupada, no había llorado ni una lágrima durante el conmovedor sermón. Caminaron por entre la multitud de dolientes hasta un desván donde podrían cerrar la puerta y bloquear el ruido. Una vez a solas, Lucy dejó escapar un suave suspiro. Su cara se estremeció por un momento, como si estuviera ocultando el dolor. Una vez más, Gray sintió el tirón de preocupación por ella.
Lucy le acercó su mano, ocultando algo entre sus dedos. Incierto, Gray extendió su palma. Un objeto frío y pesado cayó en esta. Gray miró la llave de oro, luego la miró a ella en confusión. Por un momento, la reunión post-funeral en la sala del gremio se desvaneció. Sólo existía el desván y lo único que podía ver era a Lucy y al pequeño objeto de oro en su mano.
– ¿La Llave de Loke? – preguntó confuso.
– La Llave de la Puerta del León. Mi llave ahora – dijo en voz baja.
– ¿Es tuya? Yo no lo entiendo. ¿Cómo...? –
Lucy levantó el puño, brillando dorado – ¿Necesitas que golpee algo para que te muestre? Todavía no soy muy fuerte, pero puedo hacer eso –
Gray reconoció ese brillo – Esa es la magia de Loke – Entonces se dio cuenta de los anillos que adornaban sus dedos – Y sus anillos – Había sido compañero de Loke, fueron amigos cercanos, aún cuando el espíritu se hizo pasar por un humano. Él conocía ese tipo de magia de luz muy bien. Gray se quedó boquiabierto por la sorpresa, una nauseabunda ola de horror se apoderó de él – ¿Tú... tú eres...? Oh Dios, esto es imposible –
– Raro, pero no imposible – Lucy respondió con calma.
– ¿Cómo? ¿y por qué? ¿Por qué demonios eres tú? – gritó con ira.
Ella bajó su puño brillante – Es un antiguo acuerdo. Si un mago celestial permite que un Espíritu muera, esa persona deberá convertirse en Espíritu Celestial y hacerse cargo de sus funciones – Ella se rió en voz baja – Casi me alegro de que fuera Loke y no Tauro, o de lo contrario hubiera terminado luciendo como una vaca –
Gray apenas podía creer que ella estaba bromeando acerca de esto – ¿Así que estás tomando el lugar de Loke? ¿Es esto algo que tú quieres, Lucy? –
Ella tarareó mientras pensaba en ello – ¿Querer? No estoy segura de que eso siga en juego. Es más como que esto es algo que sé que tengo que hacer. Un instinto, se podría decir. ¿Me quiero ir? Por supuesto que no. Prefiero quedarme aquí contigo, Natsu y Erza. ¿Me opongo a la idea? En realidad no. Creo que esta es una buena forma de expiar la muerte de Loke. También es una gran oportunidad. Quiero decir – dijo riendo – Soy inmortal ahora, Gray. ¡¿No es simplemente asombroso?! ¿Qué persona en su sano juicio no querría convertirse en un Espíritu inmortal? –
– ¿Qué hay de Fairy Tail? – Gritó – ¿Y el equipo? ¿Qué hay sobre... sobre ti? –
Lucy mantenía un rostro pasivo – Técnicamente, sigo siendo un miembro de Fairy Tail – Le mostró la marca rosada del gremio en su mano como prueba – He pasado los últimos dos días organizando todo, despidiéndome de todo el mundo... a mi manera – se corrigió. Ella no había dicho adiós a nadie, pero aclaró algunos asuntos pendientes con sus amigos, y también visitó las tumbas de sus padres para decirles sobre su nuevo destino – Mi casera ya lo sabe, el contrato de arrendamiento expira a finales de la próxima semana. Eso les dará tiempo a todos para recoger algunas cosas. Dejé cartas en mi apartamento para todo el mundo y una carta para todo Fairy Tail explicando lo que pasó –
– ¡Lucy! –
– Gray – lo interrumpió rápidamente. Luego retiró de su cinturón la bolsa con su llavero y le entregó todo a Gray – Esto es tuyo –
– No puedo usarlas – argumentó.
– Lo sé, pero puedes protegerlas. No quiero terminar con un mal dueño. No tienes que llamar a ninguno de nosotros. Sólo tiene que protegernos, ¿de acuerdo? –
Vacilante, Gray tomó la bolsa. De alguna manera, esas llaves pesaron enormemente en su mano – Esto es lo que quisiste decir antes: poner tu vida en mis manos por el resto de la mía –
– Sí – asintió con la cabeza – Tengo un contrato contigo –
Los ojos grises se abrieron con sorpresa – ¿Qué? ¿Cómo? No firmé ningún contrato –
– Cuando te comprometiste a protegerme, lo sentí entonces. Esa promesa fue nuestro contrato. Me protegerás y voy a luchar por ti... como tu Espíritu del León –
– Espera – Se frotó la tensión de sus ojos, limpiándose hábilmente una lágrima mientras estaba en ello – No lo entiendo en absoluto. ¿Un contrato? ¿Conmigo? –
Ella se encogió de hombros tímidamente – Tú eres mi dueño, Gray –
– Pero no puedo invocarte – exclamó.
– Como dije, no tienes que llamarnos. Sólo tienes que protegernos –
– ¡Al diablo con eso! – gritó con furia – ¿Cómo se supone que voy a verte de nuevo? Si eres realmente Leo el león, y yo soy tu dueño... Lucy – suspiró con frustración – Yo no puedo ser tu dueño. Lo siento, pero no funcionará. No puedo usar tu llave. Quedarás atrapada. Podría darle la llave a otra persona, alguien que pueda usarla... –
– Gray, no puedo confiar en nadie más – insistió – Fácilmente podría terminar en las manos de alguien abusivo, o incluso que me utilizara para luchar contra Fairy Tail. Yo no quiero hacer eso, pero no tendría otra opción. No confío en nadie tanto como confío en ti –
– Maldita sea, Lucy, ¡no soy un mago celestial! –
Ella bajó la cabeza y sonrió con tristeza – Estoy siendo una mala amiga, obligándote a llevar esta carga. Lo siento –
Gray apretó los dientes, pero de repente envolvió a Lucy en un fuerte abrazo. La abrazó como si fuera a desaparecer en ese mismo momento – Gracias – le susurró al oído – Podrías haber elegido a cualquiera para proteger estas llaves, así que... gracias por elegirme –
Lucy se veía aliviada cuando lo sostuvo – Desearía poder quedarme contigo todo el tiempo, Gray. Escuchar tu confesión... me hizo tan feliz – se rió tensa – y tan triste de no poder devolver esos sentimientos, sin importar lo mucho que quiera hacerlo. Tal vez algún día pueda ser lo suficientemente fuerte como para cruzar libremente a través de mi puerta, pero hasta entonces... – Ella sollozó – Tengo miedo de decir las palabras sólo para alejarme de ti para siempre. Esto... no sería justo... para ti... o para mí –
Ella inhaló de manera temblorosa y los resoplidos estremecieron su pecho. Lucy se trató de contener lo más que pudo, para mantenerse fuerte, pero todas esas emociones que había estado conteniendo durante toda la semana de repente se vinieron abajo. Ella agarró los hombros de Gray con fuerza, aferrándose a él como si fuera un ancla para mantenerla en este mundo.
– No quiero irme – dijo entre sollozos.
Gray la abrazó mientras lloraba en su hombro. Podía sentir las gotas humedad que fluían de sus ojos, el pecho temblando por las emociones, y el agarre de sus manos... mucho más fuerte que cualquier otro que jamás haya dado. Las manos de ella, al menos, eran sin duda más fuertes que antes. Permanecieron así durante varios minutos. Cualquier persona que pasaba por el desván y escuchaba el sonido de los sollozos de Lucy pensaba que finalmente mostraba su luto, y la dejaba sola. Gray la abrazó, pidiendo a cada estrella en el cielo poder sostenerla así por toda la eternidad.
Después de un rato, Lucy se apartó y se secó los ojos. Se sentía drenada físicamente y emocionalmente abatida, pero el llanto había sido catártico y levantó la pesadez de su corazón.
– Lo siento – susurró tardíamente. El suave toque de Gray en sus mejillas mojadas le mostró a Lucy que él la perdonó – Tengo que irme. Permanecer en este mundo por todo este tiempo esta realmente empezando a doler – Eso era cierto, y su largo llanto sólo aumentó la tensión en su cuerpo. Se enderezó y se limpió la cara. Luego sonrió tensamente a Gray – Encuentra un buen hogar para el resto de llaves, o si no, no las pierdas –
Ahora era Gray quien parecía a punto de llorar, pero ella vio que él estaba tratando de ser valiente. Aún así, sus ojos brillaban con lágrimas no derramadas, apretando sus dientes hasta que una vena en su cuello comenzó a latir – ¿Cómo puedo volver a verte? – le preguntó con voz tensa.
Lucy suspiró mientras pensaba en su propio dilema – No puedo dejar el mundo de los espíritus, a menos que alguien me invoque. Tal vez después de algún tiempo, si puedo conseguir hacerme más fuerte, y en las manos de un propietario muy fuerte, entonces tal vez yo pueda salir por mi cuenta, pero... –
– Loke decía – Gray interrumpió – que el amor hace a un Espíritu Celestial más fuerte –
Lucy se quedó inmóvil y lo miró fijamente por un momento. Vio tan firme determinación en su rostro que se quedó sin palabras. Poco a poco, esos sentimientos que él estaba tratando de transmitir la estaban hundiendo, y la rubia se mordió el labio con tristeza. Aún así, el rostro de Gray no se dejó intimidar.
– Yo te sacaré – juró con severidad – Voy a traerte de vuelta –
La protesta saltó de inmediato en su garganta – Este es un deber que tengo que hacer ahora en el lugar de Loke y... –
– Eso está bien – la interrumpió de nuevo – Si tienes que ser Leo el León, de acuerdo. Pero sigues siendo Lucy Heartfilia, y yo voy a encontrar la manera de traerte de vuelta, incluso si es sólo por breves visitas – Su frente se tensó aún más. Ferozmente, dijo con sorna – ¡No voy a renunciar a ti! –
Las emociones de Lucy se salieron de control. Felicidad, tristeza, esperanza, desesperación: todos ellos se enfrentaron a la vez y la dejaron con una sola acción. Arrojó los brazos alrededor de Gray y lo besó. Unos brazos fuertes la agarraron a cambio, sosteniéndola posesivamente. La boca de Gray la besó de forma húmeda, tomó posesión de sus labios y lengua, mientras que sus dientes chocaban entre sí con fiereza. Lucy apretó su cuerpo contra él tan fuertemente como pudo sin rasgar la ropa.
Gray estaba sin aliento y apenas era capaz de retirar sus labios a medida que preguntaba – ¿Puedes permanecer durante una hora? –
Lucy se apartó un poco y lo miró confundida. Los dos estaban jadeando duramente con pasión, ella ya se sentía mareada, ya sea por los efectos del mundo humano o por la oleada hormonal, no lo sabía.
– Ven a mi casa – susurró Gray, frotando seductoramente las manos arriba y abajo de su cuerpo – Sólo por un tiempo –
La pasión desmedida en sus ojos le decía lo que conscientemente no podía preguntar. Lucy tragó saliva con sequedad. Ella sabía lo que él quería hacer, un último momento juntos, algo impulsivo y desesperado, una última noche juntos, algo que ninguno de los dos olvidará jamás. Estaba nerviosa, avergonzada, pero increíblemente excitada y desesperada por tener una última experiencia de emoción y placer en este mundo. Tragándose sus incertidumbres, ella asintió con la cabeza.
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Veinte minutos más tarde, se detuvieron en el apartamento de Gray, besando y abrazándose entre sí. Gray apenas tuvo tiempo de cerrar la puerta detrás de ellos antes de que Lucy lo estrellara contra la pared, moviendo su cuerpo con fiereza contra él. Ella nunca se había sentido tan salvaje y desinhibida antes, parte de ella se preguntaba si era debido a su nueva fase como el León.
¿Tener ese trabajo también le daba un lado salvaje y animal?
No tuvo tiempo de considerarlo pues Gray ya le estaba desgarrando la ropa negra que llevaba. Sus propias ropas habían desaparecido en algún lugar en el camino, probablemente en el pasillo que conduce al departamento. Esos dedos rápidos se deshicieron de su blusa y la hicieron volar como un cometa oscuro. La tomó de su estrecha cintura, luego deslizó las manos a lo largo de sus costillas hacia sus pechos. Llegando rápidamente detrás de ella, con un poco de jugueteo alrededor, comenzó a destrabar los ganchos del sujetador, entonces este también se fue volando.
– Gray – gimió mientras el aire frío de su apartamento le hormigueaba en la piel.
Sin dejar de besarse, él la empujó insistentemente en dirección al dormitorio. Lucy lo siguió, caminando hacia atrás, dejando que él la guiara mientras seguía desnudándola. Cuando la parte posterior de sus piernas golpeó el borde del colchón, se sentó y rápidamente se giró a sí misma para quedar en su almohada. Gray se arrancó lo último de su ropa -Lucy realmente escuchó el desgarre de la tela- y se subió encima de ella.
– ¡Gray! – Ella lo había visto desnudo antes muchas veces, incluyendo el primer día que se conocieron. Sin embargo, mirarlo de lejos era completamente diferente a sentir su piel contra su cuerpo desnudo. Lucy se sintió mareada por el asalto de pasión.
El mago sentía en sus manos cada trozo de piel que podía tocar mientras la besaba con avidez en los labios, las mejillas, la nariz, las orejas, el cuello, la clavícula, y poco a poco bajó hasta alcanzar sus pechos. Él se aferró a uno de ellos, fascinado al escuchar su grito de asombro y al ver como su espalda se arqueaba hacia arriba. Succionó con fuerza, rodando su lengua alrededor del tenso pezón, mientras que su mano torcía y se pellizcaba el otro. Lucy gimió ante sus toques.
Entonces Gray cambió, chupando el otro pezón mientras jugaba con el que estaba húmedo. Le hubiera encantado pasar horas solo en sus enormes pechos, pero recordó a Lucy decir que su estancia en el mundo humano era dolorosa. Así como la tensión de su erección, por lo que decidió que ambos necesitan aliviarse rápido del dolor, sin embargo, él todavía quería hacer una cosa más antes de que ella lo dejara.
Gray se deslizó por entre sus piernas y, separando los rizados labios, contempló el brillante color rosado de su apertura.
– Gray, ¿qué estás haciendo? – preguntó ella, sorprendida.
– Admirando la perfección – respondió antes de empujar su lengua dentro de ella. El grito de Lucy fue cualquier cosa menos tímido.
– ¡Oh Gray, eso se siente... oh Dios... tan bien! – ella se estremeció.
Apenas podía creer lo fuerte que sabía y, sin apenas provocarla, vio el líquido salir de ella. La lamió, degustando el sabor de su concentrada feminidad, cualquier deseo de reducir la velocidad para saborear lo que probablemente fuera su primera y única vez juntos, se quebró bajo el deseo abrumador.
– ¿Qué quieres, Lucy? – preguntó, trazando círculos con su lengua alrededor de su clítoris.
Ella se retorció con cada toque de su caliente lengua – Te quiero dentro de mí antes de que esto empieza a doler de peor forma –
Saber que ella estaba sufriendo le resultaba problemático a Gray. Su rostro se levantó y la miró con preocupación – ¿Tienes que irte ahora? Si te duele mucho –
– ¡Cierra la boca y cógeme, Gray! – rugió.
Los ojos del mago de hielo se abrieron al escuchar el ronroneo de un gruñido bestial bajo una demanda tan carnal. Totalmente no como Lucy, más como... ¡un animal! Esa fue la primera vez que realmente esa idea se le cruzó a Gray.
– Seduje a una leona caliente – se rió alegremente – Trata de evitar morderme –
– Lo haré si no me complaces completamente – sonrió ella con una chispa de lujuria que hacía que sus ojos marrones casi brillaran en la tenue luz.
Gray se estremeció, cautivado por su cara tan lasciva – ¡Maldición! – dijo entre dientes, apretando los músculos del estómago antes de correrse justo ahí.
Si había algo que lo frenaba, se desvaneció bajo esos ojos de león. Con una amenaza tan deliciosa como esa, Gray subió por su cuerpo y se colocó en su entrada. Lucy se ruborizó, jadeando, abriendo sus muslos con total entusiasmo. Gray rió suavemente. No era como había imaginado que sería el sexo con Lucy, pero, carajo, ¡era caliente!
– Muy bien – advirtió antes de presionar contra ella.
No estaba seguro de qué esperar. Ella nunca había hecho el amor antes, eso lo sabía, pero una de las duras batallas anteriores le causo el pronto desgarre de su himen. Ella había sangrado y se negó a ver a nadie, excepto a Mira, Erza y Levy. Gray oyó decir a Mira cuál era el problema y se compadeció de Lucy. No era como si algo como eso no la hiciera virgen, pero podía imaginar lo embarazosa y potencialmente vergonzosa que podría ser una lesión tan común en una chica. Así que él sabía que, al menos, la resistencia sería menor.
Sin embargo, no esperaba la estrechez. Él realmente tuvo que hacer fuerza para empujar. Ella se apretaba alrededor de su falo y sus gritos eran los mismos que si se hubiera forzado dentro de ella. Tal vez su himen no se había desgarrado por completo en esa batalla. Hubo incluso una pequeña cantidad de sangre, pero ni de lejos tanta como había temido. Mientras miraba, la gota de sangre se desvaneció en destellos dorados.
– Mierda – Gray se quedó sin aliento, mirando las partículas espirituales – Realmente eres un Espíritu Celestial –
Lucy jadeó, abrumada por la sensación de tener a Gray dentro de ella – Todavía soy una mujer – le aseguró – También soy una mujer increíblemente caliente, así que deja de mirar y empieza a empujar –
Gray rió mientras se deslizaba dentro y salía lentamente – Me gusta este tipo de Lucy –
Lucy se retorció debajo de él. Sus pulmones estaban ardiendo debido al aire venenoso del mundo humano, la succión de su magia hacía que le doliera, pero bajo el placer puro del cuerpo de Gray, el dolor desapareció. Ahora entendía por qué Loke había tomado tantas mujeres mientras se hacía pasar por humano. Ella podía sentir al espíritu de Gray rodeándola como una burbuja. Esas emociones eran como un escudo contra los efectos del mundo. Dentro de esa esfera espiritual de amor, ella realmente se sentía más fuerte.
– Gray – gimió en voz alta.
Él no hablaba mucho. La miraba, observando cada suspiro, cada vez que ella arqueaba la espalda para empujar hacia arriba contra él, escuchando sus jadeos, resoplidos y maullidos. Se preguntó cómo diablos podía esperar que la dejase ir, y mientras hacía el amor con ella, su determinación se reforzó.
Él la protegería durante el resto de su vida, aprendería como traerla de vuelta a sus brazos... aunque se llevara toda la vida en ello. Cada empuje era un juramento a sí mismo, cada gruñido que se le escapaba una promesa verbal.
Él la amaba y no iba a abandonarla.
– ¡Gray! – Gimió – ¡Oh Dios! M-Más... ¡ahhh! –
Lucy prácticamente se sacudía debajo de él. Sus uñas se clavaron en sus hombros, arañándolo como un animal luchando por liberarse. Él la sintió que se resistía al clímax, y aceleró. Quería domar a esta leona. Quería atarle el cuello para que todo el mundo supiera a quien pertenecía, quien era en verdad su maestro.
Su voz bramó ruidos incomprensibles, ya ni siquiera eran humanos, sólo femeninos y salvajes. La sintió estrecharse, apretando y temblando a su alrededor. Sus uñas se clavaron en su piel y la sensación de dolor le hizo perder el control. A pesar de su anhelo de seguir con esto todo el día y la noche, a pesar de saber, y temer, que cuando esto terminara ella lo iba a dejar, no podía aguantar más, no con Lucy mirándolo tan eróticamente en medio de su orgasmo.
– Lucy... ¡me vengo! –
– No pasa nada – gimió – Soy un Espíritu ahora, así que está bien hacerlo dentro. Córrete en mí, Gray. Quiero sentir que me llenas –
Escuchar su áspera voz ordenarle eso lanzó a Gray sobre su límite. Su rostro se tensó y todo su cuerpo se puso rígido. El moreno dio un duro empuje extra mientras se sentía explotar. Los aplastantes músculos de Lucy lo succionaron mientras olas de placer pulsaban por fuera de su ingle. Gray se estremeció y sintió como si Lucy pudiera succionar todo su espíritu de su cuerpo... y él habría dejado con gusto que lo tomara.
Él casi colapsa. Realmente parecía que acababan de succionar toda su energía. La miró, sonrojada y sudorosa, jadeante y agotada por la pasión. Poco a poco, sus ojos se abrieron y Lucy le sonrió débilmente.
– Te amo – declaró el chico, en una cansada exhalación jadeante. Gray no podía pensar en ninguna otra cosa que pudiera decir después del sexo alucinante.
– Quédate conmigo – susurró ella entre respiraciones trabajosas – Durante el tiempo que pueda estar aquí, por favor, no me dejes sola –
Gray le apartó algunos mechones rubios húmedos y asintió con la cabeza – Nunca voy a dejarte Lucy – Se inclinó y le dio un suave beso, muy suave y dulce después de tanta pasión salvaje. Luego sonrió y frotó la nariz con la suya – Te amo – le susurró de nuevo con ternura, sintiendo una inmensa felicidad opacada por el conocimiento de que pronto se iría. Las dos emociones le daban ganas de reír y llorar al mismo tiempo. En cambio, él simplemente le dijo: – Yo siempre te amaré... siempre –
SE ACABA LA OFERTA DE LIMONES ***
Poco a poco, las sombras de la noche invadieron el dormitorio, cubriéndolo de negro y púrpura con un poco de brillo naranja proveniente de una farola. El sol se había puesto, dejando a Gray y Lucy abrazados juntos, el brazo del chico alrededor de la cintura femenina y la espalda firmemente contra el varonil pecho. Ella lo miró en la creciente oscuridad mientras que varios pensamientos revoloteaban en su mente, en su mayoría los de arrepentimiento. Ella había preparado su corazón para aceptar su destino, pensando en él como un castigo por dejar morir a Loke. Ella sabía que eso significaba dejar atrás a sus amigos, pero también sería el mero castigo que merecía.
¿Por qué estaba sonando como Virgo, queriendo ser castigada?
Aun así, tenía el apoyo de sus amigos los Espíritus Celestiales. Ellos la amaban y la aceptaron, al igual que Fairy Tail la había amado y abierto sus brazos a ella como su nakama... no, ¡como familia! Odiaba dejarlos, pero se había convencido de que todo iba a estar bien. Podía aprender a abrir su propia puerta como Loke lo hacía y visitar Fairy Tail en cualquier momento que quisiera.
Al menos, eso fue lo que se dijo.
Ahora, el pesimismo volvía. ¿Y si ella no podía abrir su propia puerta? ¿Y si le había tomado siglos a Loke el ser tan fuerte? Además, el tiempo fluía de manera tan diferente en el mundo de los espíritus.
Podía imaginárselo ahora, mientras miraba hacia las sombras de la habitación de Gray. Aunque le tomara un mes de duro entrenamiento conseguir ser lo suficientemente fuerte como para abrir su propia puerta, si un día en el mundo de los espíritus eran tres meses en Earthland, eso significaba que en treinta días... treinta veces tres es noventa y... con doce meses en un año...
¡Más de siete años! Un mes en el mundo de los espíritus equivalía a siete años en el mundo de los humanos.
Ella perdería otros siete años de su vida.
¿Qué tan diferente sería Gray en siete años? ¿El maestro Makarov todavía estaría vivo? ¡Basta pensar cuan grandes serían Wendy, Romeo y Asuka en siete años! Tanto cosas podrían suceder en esa cantidad de tiempo.
Y eso era ser optimista. Si le tomaba más tiempo el conseguir ser tan fuerte, si le tomaba un año...
Se estremeció al darse cuenta de que en un año en el Mundo Espiritual, todo aquel a quien conocía en Earthland estaría muerto.
Sintió que la respiración de Gray era lenta, incluso podía sentir corrientes de aire frío en la parte posterior de su cuello. Estaba durmiendo tan plácidamente, sin embargo, sabía que no había manera de que ella pudiera conciliar el sueño con todas estas dudas y temores que la increpaban. Cada minuto que pasaba aumentaba el dolor en su cuerpo. Ella sufrió con él, negándose a darse por vencida, aceptándolo como castigo por haberse atrevido a enamorarse justo ahora cuando sabía que tenía que irse.
Se estremeció cuando una ola de agonía se apoderó de ella, y vio un flechazo de energía mientras su cuerpo físico luchaba contra los efectos. Sabía que era el momento, sin embargo, no tenía ningún deseo de otra triste despedida. Su primer intento de apartarse de Gray obviamente no funcionó y si lo intentaba de nuevo, sólo sería más amargo.
Se dio la vuelta en la cama para mirar la cara de Gray. Su dedo trazó la cicatriz sobre la ceja, recordando cómo había curado esa herida y le advirtió que dejaría una marca. A medida que la manta se deslizaba un poco, también vio la gran cicatriz en el costado de su pelea con Ultear en la Isla Tenrou. Tenía otras, algunas borrosas, algunas frescas. Podía nombrar como consiguió muchas de ellos. Eran insignias de batalla, recordatorios físicos de su tiempo juntos.
La rubia le sonrió a su rostro dormido – Es hora de que me vaya – susurró lo suficientemente suave para no despertarlo – Espero que no te enojes conmigo por salir corriendo –Se inclinó y besó la cicatriz en la frente – Yo siempre te amaré, Gray –
Quería decir algo más. Quería disculparse, pedir perdón, para asegurarle que, aunque ella siempre atesoraría su amor, estaba bien si él seguía adelante. Después de todo, ella no tenía ni idea de cuándo podría ver de nuevo a Gray. Observó su rostro dormido, grabándolo en su memoria. Entonces le rozó los dedos sobre su piel, con la esperanza de siempre recordar el frescor de su toque y la ardiente pasión de sus besos.
– Realmente... realmente no quiero irme – gimoteó, tratando de contener sus sollozos para no despertarle – Pero no me puedo quedar. ¡Me duele! Todo este mundo me rechaza ahora. Yo... – Tragó saliva mientras una lágrima corría por su mejilla – Lo siento mucho – suspiró ella. Lo besó en la mejilla por última vez y le sonrió – Adiós, Gray – susurró. Luego, en un destello de luz dorada, Lucy desapareció.
Gray abrió los ojos un segundo más tarde y sonrió con tristeza. Él sabía que decir adiós sería demasiado duro ahora que habían hecho el amor. Había decidido fingir que dormía para darle tiempo a escapar. Escuchar las lágrimas en su voz hizo que pretender dormir fuera inmensamente difícil, pero por su bien continúo pretendiendo.
Sólo esperaba que ella no se sintiera demasiado culpable por dejarlo así. Simplemente era más fácil escabullirse. Gray lo sabía, por lo que aun cuando quería agarrarla, abrazarla y besarla por todas partes, él simplemente la dejó ir. Además, él ya estaba determinado.
– Te veré pronto, Lucy... ¡te lo juro! –
*** Ok, es una especie de chiste que si son de México (creo que sólo aquí aplica) y son quienes comprar víveres entenderán, el limón ha estado muy caro los últimos meses, y aquí es gratis XD ... Ok pésimo, lo sé pero tengo sueño...
Espero que lo hayan disfrutado
