La siguiente historia es una traducción del fanfic I Leave You, My Pride de la autora Wild Rhov, todo el crédito le pertenece única y exclusivamente a ella, yo sólo pedí su autorización para traducirlo al español
Hiro Mashima es el dueño de Fairy Tail. Todo esto es por mero entretenimiento.
Capítulo 9: Limitaciones
Gray había comenzado a asentarse en la casa de Jellal y Erza. A medida que avanza el embarazo, él ayudaba más y más con las labores de la casa. Pasaron los meses rápidamente y pronto Erza tuvo que dejar de hacer misiones. Gray ayudaba a la pareja pagando alquiler, comprando alimentos, e incluso ayudó a Jellal a preparar la habitación del bebé. Pasaba la mayor parte de su tiempo en el gremio, riendo con sus amigos, competencias de bebida con Cana y, por supuesto, congelando los pantalones de Natsu cada vez que el cerebro de llamas le molestaba.
Casi podía fingir que todo había vuelto a la normalidad, a excepción de cuando se giraba hacia el banco donde Lucy siempre se sentaba, a punto de preguntarle quién tenía razón, él o Natsu, sólo para ver el asiento vacío. O veía algún volante en el tablero de misiones que él sabía sería perfecto para Lucy... si ella todavía estuviera allí.
No era ni de cerca lo normal, ¡pero Gray estaba determinado a arreglar eso!
Todos los otros momentos libres los pasaba entrenando con sus Espíritus: llamando a Plue cada vez que necesitaba compañía, escuchando cantar a Lyra, o conocer a sus nuevos Espíritus. Tenía a Eric, el Auriga con él que retó a una carrera a Jet, aunque perdió. Se fue de excursión con los hermanos Strauss y utilizó a Pyxis para guiarlos. Llamó a Draco, el Dragón, exclusivamente para molestar a Natsu.
En los momentos de soledad, Gray meditaba, tratando de hacerse más fuerte. A menudo trataba de invocar a los Espíritus más poderosos del Zodiaco, pero todavía lo drenaban gravemente. Simplemente llamar a Tauro lo dejó con deficiencia mágica por una semana.
Jellal le advirtió acerca de centrarse demasiado en una forma mágica y no trabajar su principal magia, la creación de hielo, pero Gray se sentía confiado al respecto. Su magia de hielo era la mejor en Fiore, o por lo menos igual a la de Lyon. Él había entrenado toda su vida cómo dar forma a la magia, y sentía que podía confiar en eso por ahora, mientras que aprendía a llamar Espíritus Celestiales.
Una decisión de la que pronto se arrepentirá.
Era el final del verano, la estación de Leo, y Gray ya había comenzado a buscar un lugar para vivir en cuanto naciera el bebé de Erza. No quería estar cerca de todo eso, tener que cambiar pañales y los biberones a las dos de la mañana. Ese día en particular, estaba ayudando a Jellal en el pequeño jardín detrás de su casa. Droy les había dado algunas semillas de calabacín a principios de año y las plantas estaban floreciendo bastante bien. El pelinegro empezaba a odiar el olor a calabacín guisado.
Terminaban de llenar otra cesta llena de largos y verdes vegetales, cuando Gray escuchó un sonido extraño, pero curiosamente familiar. Puramente por instinto, él levantó las manos.
– ¡Creación de Hielo: Escudo! –
Jellal se debió de haber perdido en sus pensamientos, preocupado por Erza y el bebé, porque tardíamente alzó la vista al tiempo que una bala mágica rompía el borde externo del escudo de hielo.
Luego vinieron los gritos. Ambos se pusieron de pie, la magia lista para lo que obviamente era un ataque. Los invasores que ahora saltaban sobre la cerca eran horribles, hoscos, con las bocas sucias y reflejos malvados en sus ojos. Gray tomó una postura defensiva y empezó a enfriar el aire a su alrededor. A continuación, tras volverlo a pensar, optó por sacar sus llaves.
– ¡Ábrete, puerta del arquero! ¡Sagitario! –
Hubo un puf. – ¡Moshi-Moshi! –
En las manos de Jellal brillaba un círculo mágico. – Gray, esta no es tu lucha. Quédate atrás. –
– ¡Estás loco si crees que lo haré! –
– Entonces utiliza magia de hielo, ¡por amor de Dios! Es mucho más apropiado para la batalla, y eres bueno en con ella. –
Gray testarudamente lo ignoró. También se estaba volviendo bueno en invocar espíritus. ¡Lo demostraría!
Un hombre con una cicatriz en la cara con una larga capa dio un paso adelante. – ¡Bien, bien! Jellal Fernández. No fue tan difícil cazarte. ¿De verdad creíste que podrías escapar a una vida sencilla después de todos los pecados que has cometido? –
Gray se burló del hombre. – ¿Quién diablos es ese? –
Los ojos de Jellal se endurecieron, y con una voz suave, ligeramente triste, susurró, – Alguien a quien hice daño en el pasado. Gray, te encargo que protejas a Erza. Ella está embarazada y no debe luchar. Ellos irán por ella, sabiendo que es mi debilidad. Por favor, protégela con tu vida. Yo me encargaré de él. –
Gray asintió con firmeza. – Entendido. Sagitario, ¡sígueme! – Corrieron hacia la casa mientras que el atacante comenzaba el típico monólogo de villano. Erza trataba de avanzar con su enorme vientre, pero Gray corrió hacia ella. – Quédate aquí. Jellal quiere que estés a salvo. –
– Puedo luchar, Gray, – dijo tercamente.
– ¿Vas a desobedecer a tu marido? – desafió.
Erza frunció el ceño, se dio la vuelta y se dejó caer en el sofá.
– Jellal es fuerte. Él puede manejar esto – dijo el moreno para mantenerla calmada. El médico le había advertido a Erza sobre no elevar su presión arterial en esta etapa del embarazo. – ¿Esto sucede a menudo? – preguntó, sólo por distraerla.
– Más a menudo de lo que me gustaría. A la gente no le importa si alguien ha recibido el perdón del rey. Algunos pecados no son tan fácilmente limpiados. –
– Al menos deberían tener runas para proteger la casa. –
– Las tenemos. Estos hombres las deben de haber reescrito. –
De repente, Sagitario gritó, – ¡Gray-dono! –
Gray oyó el sonido vibrante de flechas y gritos de dolor. Tenía que admitirlo, era raro ver a alguien más pelear por él, pero no había mejor arquero que Sagitario. Sin embargo, incluso el arquero podía tener un punto ciego, por lo que una ráfaga de magia golpeó directamente al Espíritu.
– ¡No! – Gray gritó, al ver a su amigo con cabeza de caballo desaparecer con una cara llena de dolor. Era la primera vez que "perdía" a un Espíritu. Sabía que Sagitario estaría bien, pero ver como desaparecía lo sorprendió demasiado. Un día, él tendría que llamar a Lucy. Lucharía por él, al igual que los demás. Incluso podría recibir ataques por él, sacrificándose por su bien. ¿Podría soportar ver algo así?
– Gray, ¡reacciona! – gritó Erza.
Gray parpadeo su aturdimiento. Un grupo de hombres se había colado en la casa. Tal como Jellal le había advertido, el caos en el patio trasero sólo era una distracción para mantener a Jellal ocupado, mientras que la mayoría del grupo venía por Erza. Cuando Gray escuchó a un hombre da la orden de "No matar a la dama", se dio cuenta de que probablemente planeaban usarla como rehén.
¡Tendrían que matarlo para pasar sobre él!
Uno de los tipos se adelantó y corrió, dispuesto a agarrar a Erza, aún sentada en el sofá, quien lucía vulnerable con vientre masivo. Con un destello de magia, un sable de esgrima estaba en la mano de Erza, y antes de que el hombre pudiera frenarse, corrió directo a la espada.
– No es lo suficientemente profunda para matarte. – dijo en voz baja Erza, sacando la espada ensangrentada.
– ¡Agárrenla! – alguien gritó.
Gray se burló. – ¿El objetivo es una mujer embarazada? ¡Qué asco! – cogió las llaves de nuevo.
– Gray, ¿qué haces? – Erza regañó.
– ¡Ábrete, puerta del Carnero! ¡Aries! – Vio el puf rosa detrás de él. – Aries, protege a Erza. Me encargaré de estos tipos. ¡Creación de Hielo: Espada! – Una espada congelada azul pálido apareció en su mano. – Voy a tratar de contenerme lo suficiente para no destruir la casa. No quisiera dañar la habitación del bebé en la que Jellal y yo trabajamos tan duro. –
– No seas engreído – le advirtió.
Cuando Gray comenzó a luchar contra los enemigos que se acercaban, y Aries utilizaba su Pared de Lana para protegerla de cualquier ataque, Titania vio por sí misma que la espada de Gray era más pequeña de lo habitual. Tenía la sensación de que no era porque Gray se estuviera conteniendo. Él ya había llamado a Sagitario y ahora Aries, dos Espíritus del Zodiaco en sólo unos pocos minutos. Normalmente, el sólo llamar a uno lo drena durante un día. Probablemente el moreno había escogido un arma de cuerpo a cuerpo, porque se dio cuenta de que su magia estaba baja.
Una espada de hielo... ¿sería suficiente?
En el Mundo de los Espíritus
Lucy yacía sentada en las orillas del río Vía Láctea, meditando, con la esperanza de poder percibir el mundo humano una vez más. Capricornio la educaba metódicamente, mientras que Aries se encontraba cerca para animar el riguroso entrenamiento de Lucy. De repente, se escuchó el salpicar del agua, como algo cayendo al río. En sus lecciones sobre cómo funcionaba este mundo, descubrió que los Espíritus Celestiales que resultaban heridos en Earthland volvían por el río, que curaba sus heridas al instante. Aun así, se trataba de una experiencia dolorosa, incluso siendo inmortales.
Lucy se levantó de un salto, lista para correr para ver quién era, cuando Aries dijo un pequeño, – ¡Ah! Lo siento. – El Carnero desapareció al instante.
– ¡Oh!, supongo que Gray la llamó. – Sus ojos se entristecieron ligeramente. – Aries suertuda. Vamos, – dijo a Capricornio – veamos quién se lesionó. –
Capricornio la siguió con diligencia, pero su mente estaba en otra parte. Gray incluso ya había llamado a la Cabra, que había tratado de ayudarlo a entrenar, enseñándole técnicas que podrían aumentar su control sobre la invocación mágica. Se preguntó lo que estaba frenando a Gray de invocar a Leo el León. Por supuesto, su concentración siempre había estado en otra forma de magia. Aparentemente se había derrumbado tras llamar a Tauro un día. Además, hasta ahora era incapaz de invocar a Acuario. Capricornio se preguntó si los Espíritus de combate eran más difíciles para un invocador. Crux probablemente sabía algo al respecto.
En medio de sus pensamientos, Capricornio escuchó a Lucy jadear. – ¡Sagitario! – La joven se lanzó al río y ayudó al Arquero a llegar a la orilla. Por el resplandor curativo, ella vio que había sido golpeado por una explosión masiva que casi lo parte en dos. – ¿Qué pasó? ¿Está Gray en una pelea? –
– Leo... dono – gimió, aun recuperándose.
De repente, hubo otra salpicadura, y Aries aterrizó duro en el río.
– Leo – sollozó. – Gray... él está en un gran problema. –
Lucy sintió un escalofrío. La mitad de la cara de Aries fue arrancada y se recuperaba lentamente, pero con ver el estado de estos dos, supo que lo que estaba ocurriendo en Earthland debía ser realmente malo.
– Gray…–
En el mundo humano
– ¡Aries! –
Gray maldijo entre dientes. Aries se había ido, derrotada por un disparo directo a la cabeza, y Erza estaba indefensa. Además se dio cuenta de que estaba demasiado débil para utilizar otra llave. Casi no le quedaba nada de magia, pero tal vez sí la suficiente para un hechizo más.
– ¡Creación de Hielo: Iglú! – gritó
Se creó una cúpula de hielo alrededor de Erza, protegiéndola de todos los ataques, pero también significaba que ella no podía ayudarlo, ni salir de ella. Nadie sería capaz de romper esa cúpula excepto otro creador de hielo. Sin embargo, fue mucho más difícil de lanzar ese hechizo de lo que recordaba.
Gray supo en ese momento, que era debido a él. –Ya no tenía magia en absoluto, todo lo que quedaba era la espada en sus manos, sin embargo, conforme hacia frente a los enemigos invasores, los trozos que volaron de la espada de hielo ya no se reparaban inmediatamente. La espada era sólo hielo ahora y el hielo... es frágil.
En medio del combate, se acordó de Jellal advirtiéndole de no descuidar su magia de hielo. Ahora se daba cuenta por qué. Era naturalmente más fuerte en la creación de hielo que en llamar Espíritus Celestiales. Tendría que haber estado al tanto de su entrenamiento. Además, como Jellal acababa de decir, su magia era más útil en batalla. Si hubiera conservado su magia, derrotar a estos hombres habría sido fácil. En cambio, obstinado como estaba con la necesidad de probarse a sí mismo, Gray había cambiado a sus llaves del oro.
Tanto Jellal como Erza le habían regañado y no los escuchó.
Observó como su espada se rompía en trozos congelados. Fue golpeado y cayó de rodillas. Miró desafiante a los hombres que ahora lo rodeaban, pero estaba demasiado débil incluso para levantar sus brazos. Patadas al estómago, un pesado garrote en la cabeza, una rodilla a la cara... una y otra vez. Gray trató de ponerse en posición fetal para defenderse, pero los golpes no se detenían.
– ¡Gray! – Erza gritó.
Miró de nuevo hacia ella, estaba a salvo en ese iglú. Entonces vio por qué ella estaba gritando. Un hombre se acercó al cuerpo golpeado de Gray, enroscado sobre la alfombra ahora empapada con su sangre. El sujeto levantó una pistola y apuntó directo a la cabeza del moreno. Estaba a punto de recibir un disparo, y no tenía ni la magia ni la fuerza para detenerlo.
¡No! No, no quiero morir. No he llegado a ver a Lucy de nuevo. Tengo que invocarla. Tengo que proteger a todos mis Espíritus. Si muero aquí, quién sabe con qué tipo de propietario podrían terminar. No puedo morir aquí. Tengo que vivir. Tengo que verla. Lucy... ¡Lucy!
– Lucy – susurró con tristeza. Se encogió cuando escuchó el sonido del seguro de la pistola ser removido. Él quería verla, sólo una vez más. Sostenerla. Darle un beso. – Quiero a Lucy. Quiero... ¡Leo el León!
Cuando de repente…
– ¡Resplandor del León! –
Hubo un estallido de luz dorada y cuando Gray trató de mirar, el brillo lo cegó, haciendo que sus ojos picaran. Trató de protegerse de la luz, pero era como mirar al sol.
El enemigo con el arma recibió un puñetazo tan fuerte, que voló hacia atrás y chocó contra la pared. A través de la ráfaga dorada, Gray oyó más golpes y patadas. Hubo destellos dorados aún más brillantes que la explosión que cegó a los enemigos y aliados por igual. Cuando los puños y los pies brillantes golpeaban, un hombre gritaba de dolor. Uno por uno, los enemigos iban cayendo ante la fuerza abrumadora que sólo el más noble de los animales podría reclamar.
Un enemigo disparó un arma de fuego hacia el iglú. Gray sabía que una simple bala no podía penetrar la barrera de protección, pero aun así, gritó.
– ¡Erza! –
En lugar de la pelirroja, Gray escuchó un grito de otra mujer, – ¡Impacto de Regulus! –
El enemigo fue lanzado contra la puerta de cristal trasera, rompiéndolo y chocando contra un enrejado en el jardín, llevándose en el camino a tres enemigos con los que Jellal había estado luchando, entre ellos el líder. El hombre del tatuaje se quedó sin enemigos para luchar, aturdido ante la intensa magia que sintió en ese breve momento. Con asombro, Jellal miró boquiabierto hacia la casa parcialmente destruida.
Gray observó con asombro como el humo se disipaba, la luz se desvanecía y, finalmente, pudo ver a su salvadora. El cabello sobresalía como la melena de un león, dorado como el sol, la ropa impecable como alguien de la nobleza, relucientes anillos en los delicados dedos y una sonrisa que habría avergonzado al glorioso resplandor de los cielos.
No había necesidad de ver de cerca, ya sabía quién era. Sólo una persona en el mundo podría usar la magia de Regulus de esa forma. Su cerebro se negó a creer, hasta que la vio con sus propios ojos.
– ¿Lucy? – susurró con incredulidad.
Efectivamente, Lucy le sonrió mientras se sacudía el puño y luego se enderezó su chaqueta con un toque majestuoso.
– Me di cuenta de que mi dueño estaba en graves problemas. Supongo que eso me dio la fuerza para cruzar la puerta por mi cuenta. –
– ¡Lucy! – Gray gritó. Se puso de pie con tal prisa, que resbaló dos veces en hielo. Corrió hacia ella y chocó contra sus brazos, haciéndola retroceder un par de pasos.
– Caray, también estoy feliz de verte – ella se rio, divertida por su entusiasmo. Entonces lo sintió temblar y escuchó sollozos enterrados en su hombro. Ella suspiró y acarició la cabeza del mago. – Ha sido un largo tiempo para ti. Lo siento mucho. –
– Lucy – se lamentó, apretando su agarre – Estás aquí. Realmente estás aquí. –
– Sí, estoy aquí, Gray. Supongo que esto es sólo una prueba de que la barrera entre Humano y Espíritu se desmorona a nada ante el poder de nuestro amor*. –
Erza se burló en voz baja. – De alguna manera ella heredó las terribles galanterías de Loke. –
A Gray difícilmente le importaba. Sólo escuchar su voz era un milagro. La apretó entre sus brazos. – No quiero perderte nunca más. –
– Nunca me has perdido Gray. He estado a tu lado todo el tiempo. –
– Pero yo no podía verte – lloró. – No podía sostenerte, no de esta manera. –
– Lo sé – suspiró. – Te extrañé, pero estoy segura de que tú me extrañaste mucho más. Por desgracia, todavía tengo que vivir en el Mundo de los Espíritus la mayor parte del tiempo, pero quiero estar contigo tan a menudo como me sea posible a partir de ahora. –
– Ambos trabajaremos duro – Gray estuvo de acuerdo, sorbiendo las lágrimas. – De esta manera podremos estar juntos. – Sus manos recorrían su cuerpo, tocando todo lo que podía, con la esperanza de convencerse que ella era real.
Lucy asentía mientras sus fríos dedos encontraban las áreas que le causaban escalofríos. Había extrañado su frío toque que la hacía sentir tan caliente. – No puedo creer que hayan pasado tantos años. – Ella lo forzó a separarse y levantó sus mejillas para mirarlo. – Te ves tan diferente– dijo con asombro.
– ¡Y me lo dices tú! – se rio, pasando las manos por el salvaje cabello de su amada.
Fue ahí cuando ella vio su cara magullada, además de que sangraba donde lo habían golpeado y pateado los enemigos. – Estás lesionado. –
– Eso puede esperar – dijo con desdén. En ese momento, Gray no sentía dolor en absoluto. Tomó las mejillas de la chica en sus manos, sosteniendo la cara que había querido ver de nuevo por más de dos años. – ¡Dios, te extrañé tanto! –
– Yo igual – susurró ella con tristeza.
Se atacaron el uno al otro al mismo tiempo, besándose con ardiente pasión que se había estado acumulando durante demasiado tiempo. A pesar de que Lucy había visto a Gray hace tan sólo unos días, pudo apreciar cómo los años lo habían cambiado, y sintió en su beso que él había sufrido mentalmente sin ella. Trató de imaginar su situación. Esperar tanto tiempo, trabajar tan duro, entrenar tantos meses... ¿Qué clase de persona hace ese tipo de cosas?, sólo un hombre profundamente enamorado.
– ¡Ejem! –
El beso se interrumpió abruptamente cuando se dieron cuenta de que no estaban solos.
– ¡Oh! Erza, lo siento. – Gray agitó su mano y el iglú se desvaneció en una lluvia de hielo brillante.
Jellal había estado esperando en la pared exterior de la casa, viendo el reencuentro y pensando en su propia experiencia, recordando lo que sintió tras reunirse con Erza después de siete años. No fue una espera tan larga para estos dos, pero seguía siendo difícil y más sabiendo que la otra persona nunca podría comprender la cantidad de tiempo que se estuvo solo. El ex miembro del Consejo se precipitó hacia adelante y ayudó a Erza a levantarse. Cuando estuvo de pie, el bulto de su vientre quedó a la vista.
– ¡Oh, Dios mío! ¡Erza! – Lucy chilló, corriendo hacia ella y tocando el inmenso estómago. – Géminis me habló de esto, pero... ¡wow!, pareces a punto de explotar. –
Mientras Lucy y Erza compartían una charla de chicas, Gray se acercó a Jellal con seriedad. – ¿Ya no hay peligro? –
– El ataque de Lucy se encargó del último de ellos. El ejército de caballeros está en camino para detener a los atacantes. Utilicé el truco para dormir de Mystogan en ellos, por lo que estarán fuera de combate por un tiempo. – Miró a su esposa y su rubia amiga. – Estoy muy sorprendido de que lograras llamarla después de usar tanta magia. –
Gray negó con la cabeza. – Lucy llegó por su cuenta. –
– ¿En serio? Lucy. – La llamó. Ella detuvo la conversación para prestarle atención. Jellal sonrió cálidamente. – Enhorabuena. Realmente eres tan fuerte como un león. –
– Oh, gracias, – ella rio. – En realidad, fueron los sentimientos de Gray los que hicieron posible localizarlo y cruzar la puerta. Además, lo escuché pensar en mí como Leo. Eso de alguna manera ayudó. –
– Fascinante – murmuró Jellal. – Así que, pensar en ti como un Espíritu Celestial, no como un ser humano, ¿es la clave? –
– No, su intenso deseo de vivir y sus fuertes emociones son lo que finalmente cerró la brecha. El amor hace a un Espíritu más fuerte. Después de experimentar cómo hacerlo, estoy bastante segura de que podré abrir la puerta por mi cuenta, o por lo menos cuando esté en problemas. Mi deber es protegerlo, así que cuando su vida peligre, siempre podré aparecer, me invoque o no. Ese es el poder único de la autoridad de Leo el León. –
– Debes quedarte a cenar – insistió Erza. – Cenaremos guisado de calabacín. –
Gray parecía a punto de vomitar ante la mención de lo que se estaba convirtiendo rápidamente en su más odiado vegetal.
– Me gustaría, pero... – Lucy miró a Gray, haciéndole saber en silencio lo que tenía en mente.
Gray se acercó y le tomó la mano. – Creo que vamos a pasar la noche solos. –
– Ya veo – Erza asintió. – Sin embargo, deben de comer en algún momento. El sexo puede ser bastante vigoroso. –
Todo el mundo, especialmente Jellal, enrojeció por su crudeza.
– !ERZA! –
* No pude evitar rodar los ojos con esta, perdón que lo diga, cursi expresión. ¿Alguien más pensó lo mismo? XD
Todos tenemos una Erza en nuestras vidas de una forma u otra, y si no, entonces uno debe ser Erza.
¡Por fin! No puedo imaginar que siente Gray después de casi 3 años, ¿alguien sí?
Cuídense
