Capítulo 2

La ciudad que nunca duerme

Esa misma mañana me desperté inusitadamente bien para sólo haber dormido cinco horas después de mi turno en el club, aunque el café que en ese momento me estaba tomando comenzaba a despertarme casi instantáneamente, ayudando bastante en ese sentido, como siempre hace. De fondo se oía la tele, normalmente no suelo desayunar con ella puesta, aunque esa mañana me sentí algo más animada a ello, oyendo las noticias de fondo.

-¡Weazel News, dando las verdaderas noticias! Liberty City se despierta en otro baño de sangre y violencia entre bandas, la policía ha encontrado esta madrugada en un apartamento en Cerros de la Cerveza, Dukes, los cuerpos de una pequeña banda hondureña que había estado haciendo movimientos en el distrito vendiendo droga y otras sustancias ilegales. Hasta el momento no se descarta nada, aunque la policía baraja un posible ajuste de cuentas, con ciertas conexiones con los Spanish Lords, aunque por el momento no hay nada probado.

No pude evitar sonreír con elocuencia, ya que después de todo estaban hablando de mí. No me preocupaba lo más mínimo, ya que como bien decía el presentador no había pruebas, puesto que me encargué de ello antes de abandonar el lugar. Si algo había aprendido después de todo ese tiempo callejeando en esa ciudad era que no se debía dejar ningún rastro tras de ti que posteriormente te pudiera relacionar, siendo además algo muy importante que hasta el más manido puede llegar a pasar por alto.

En ese justo momento me comenzó a sonar el móvil, viendo que se trataba de Alfonso y cogiéndolo de seguido.

-Hola Alfonso, justamente iba a ir a verte ahora.

-Hola Sunset. No hace falta que te pases por aquí, de hecho te quiero ofrecer una oportunidad de negocio que puede que nos venga bien a todos.

-Tú me dirás.

-Te cuento, nos hemos puesto en contacto con una narcotraficante puertorriqueña independiente que ya lleva un tiempo asentada aquí y la está empezando a ir bastante bien, por lo que la hemos sugerido aliarnos y así extender un poco más nuestras redes. No nos ha dicho que no, pero antes nos ha pedido que la hagamos un par de favores para comprobar que somos de fiar.

-Comprensible ¿de qué se trata?

-No nos ha dicho nada, aunque la he hablado de ti y la he dicho que te ibas a encargar tú, ve a verla, vive en los pisos de protección oficial en Fortside, se llama Elizabeta Torres.

-Vale, estoy justo al lado, iré a verla.

-Estupendo, haz todo lo que te pida y en cuanto estemos listos me dará un toque. Esta es una gran oportunidad, ya lo verás.

-Me parece bien, siempre y cuando pague.

-Descuida que lo hará. Mantenme informado.

Tras la llamada concreté el desayuno y una vez que estuve vestida, armada y lista, me dirigí hacia allí andando puesto que realmente me quedaba al lado.

Aun a pesar de que se llegaron a construir varios pisos de protección oficial en el distrito, habiendo un total de ocho, uno en Fortside, tres en Bohan Sur y otros cuatro en Northern Gardens, la inflación no se redujo lo suficiente como para subsanar las múltiples carencias de Bohan, por lo que esos esfuerzos fueron en vano y no hicieron más que subir las rentas en todo el distrito, empobreciéndolo un poco más de lo que ya estaba. Por mi parte se refería no tenía muchos problemas a la hora de pagar mis principales gastos, agua y luz, aunque en su momento el apartamento en el que ahora vivo me costó su buen dinero, y tuve que ahorrar bastante para pagarlo, además de usar una buena parte de un dinero que mi madre me dejó para mí cuando murió. Por lo que tenía entendido muchos de esos pisos no estaban en las mejores condiciones, y muchos vecinos se quejaban de lo hacinados que vivían, aunque no demasiado, ya que vivían después de todo, y eso de por sí ya es todo un lujo en esa parte del distrito.

En cuanto llegué localicé el apartamento de esa tal Elizabeta usando los buzones, estando en el sexto piso, y subiendo por el ascensor. Llamé a la puerta y me abrió un tipo algo fondón y con aspecto hispano, de pelo corto, tez morena y perilla de candado, el cual inquirió.

-¿Qué busca?

-Soy Sunset Shimmer, vengo de parte de Alfonso Vásquez, me dijo que viniera…

-¡Jorge! ¿Quién es?-inquirió entonces una voz femenina potente al otro lado de la puerta.

-Ah, sí, jefa, dice que se llama Sunset y que viene de parte de Vásquez…

-¡Ah, sí, déjala entrar!

El tal Jorge me dejó pasar y nada más entrar me encontré frente a frente con una mujerona en el amplísimo sentido de la palabra; su solo aspecto denotaba que no era de allí, siendo de tez morena, mucho más morena que Jorge, aunque de un tono algo más cálido. Aunque si Jorge estaba fondón ella se llevaba la palma, teniendo un evidente sobrepeso que la hacía distinguirse rápidamente, además de una delantera enorme que la hacía destacar aún más. Nunca en toda mi vida había visto unas tetas tan grandes, yo a su lado estaba prácticamente plana en comparación. En cuanto me vio se dirigió a mí como si me conociera de toda la vida, exclamando de seguido.

-¡Hey, hola, tú debes de ser Sunset! ¡Alfonso me ha hablado de ti, pasa, pasa, no te quedes en la puerta!

-Usted debe de ser Torres…

-¡Así es, soy Elizabeta Torres, pero puedes llamarme Elizabeta, nunca me han gustado las formalidades!

-Está bien… Elizabeta.

-¡Mucho mejor! ¡Pero bueno, hablemos de negocios! Alfonso me ha comentado que estáis interesados en una alianza, yo nunca digo que no a una oportunidad de negocio, después de todo así es como comencé, pero antes debo asegurarme que estoy tratando con la gente adecuada ¿entiendes lo que te digo?

-Sí, aunque te adelanto que Alfonso es un hombre de palabra, y si eres capaz de confiar en mí, puedes confiar en él.

-No lo dudo, pero en ese caso debéis probarme que sois los más indicados para este trabajo, por lo que os voy a pedir un par de favores antes de empezar a formalizar futuros tratos ¿te parece?

-Me parece, aunque supongo que comprenderás que yo no trabajo gratis…

-¡Claro que no! Después de todo… ¿Quién hace eso? ¡Ja, ja! Vale, estupendo, en ese caso quiero que te encargues de la protección de un nuevo cargamento de heroína que llega justo hoy en barco directamente de Puerto Rico y sin rendir cuentas siquiera al pez gordo de Vice City, por lo que en cuanto la pongamos en la calle se venderá a precio de oro. Ve a los muelles de Polígono Industrial, junto al puente, allí te estará esperando uno de mis hombres, Andreas, acompáñale y asegurad que ese barco llega a la costa norte de Bohan, os estarán esperando en la playa.

-Muy bien.

-¡Estupendo pues! ¡Espero muchas cosas de ti, Sunset Shimmer, me das buenas vibraciones!

-Igualmente, Elizabeta.

-Sí. Guárdate mi número, así estaremos en contacto.

Guardé su número en la agenda del móvil, tras eso me despedí de ella y me puse en movimiento, dirigiéndome al lugar acordado. Polígono Industrial era un barrio que ocupaba una buena parte de la zona sur de Bohan, y se caracterizaba por estar lleno de antiguas industrias, la gran mayoría abandonadas e inoperativas, almacenes, garajes y un pequeño muelle, además de los restos de un puente que se empezó a construir hace poco con la intención de cerrar el proyecto urbanístico de la autopista norte, la cual se pretendía que rodeara todo el lado este del distrito e interconectarla con el sur mediante la construcción de un puente que uniera los barrios de Polígono Industrial y Chase Point. Pero el ayuntamiento se quedó sin dinero y se tuvo que paralizar las obras, quedándose el puente inacabado y permaneciendo así desde entonces.

En el muelle justo delante del puente me encontré con un hombre también de aspecto hispano, aunque más delgado y de constitución algo más débil, junto a una lancha rápida Jetmax, nada más verla inquirí.

-¿Andreas?

-El mismo ¿Sunset?

-Sí.

-Bien, Elizabeta me avisó, monta, tenemos que salir ya.

Abordamos la lancha al tiempo que Andreas arrancaba el motor y nos poníamos en movimiento. Salimos de la cala por el oeste, bordeando Bohan por el sur y luego subiendo por el río Humboldt hacia el norte, pasando por debajo del puente de Cerros Northwood, el cual une los barrios de Northwood en Algonquin y El Bulevar en Bohan, y virando hacia el oeste, encarando la costa norte de Algonquin.

-¿A dónde vamos?-inquirí en ese justo momento en voz lo suficientemente alta como para hacerme oír por encima del ruido del motor y el agua chocando contra el casco de la lancha.

-¡Al otro extremo de la ciudad, a unas pocas millas de distancia de las costas de Alderney, el barco entrará por allí, debemos escoltarlo directamente hacia la playa de Bohan!

-¡Sí, ya me dijo Elizabeta! ¿Esperamos algún tipo de resistencia?

-¡En teoría nada, pero con la guardia costera nunca se sabe, a veces pasa por aquí cualquiera como Pedro por su casa y otras veces te encuentras con barricadas de lanchas policiales Predator cercando los ríos, depende de cuán inspirados estén en ese momento!

-¡Espero entonces que esté tranquilo!

-¡Sí, yo también!

El resto del viaje fue algo más silencioso, con algún que otro comentario dispar, aunque aproveché también para averiguar más cosas acerca de Elizabeta.

-¿Cuándo se estableció Elizabeta en Bohan? ¡El caso es que es la primera vez que oigo su nombre y sé de ella!

-¡Vino de Puerto Rico en 1991 con tan solo catorce años, y a sus quince años empezó a hacer sus primeros trapicheos, aunque comenzó muy lentamente, es quizás por eso por lo que no te suene!

-¡Es posible! ¿Y cuándo se estableció por su cuenta?

-¡En realidad ella siempre fue por su cuenta, de ahí a que tardara tanto en hacerse un nombre al menos aquí en Liberty City, pero en Puerto Rico ya era muy conocida! ¡Se dice que se hizo respetar después de hacerle comer sus propios huevos a un caudillo de allí, literalmente hablando! ¡Se los cortó con un cuchillo y se los metió en la boca justo cuando estaba gritando! ¡Después de eso nadie se atrevió a tocarla!

-¡Normal, ningún hombre lo suficientemente hombre tendría los huevos suficientes como para sacrificar los suyos propios, y más aún de esa forma!-exclamé yo, genuinamente impresionada.

-¡Tras eso comenzó a hacer multitud de tratos y a expandirse allí, y luego se vino aquí! ¡Y esa es la historia de la señora Torres!

-¡Interesante, ciertamente!

Durante casi toda la conversación paliamos el resto de metros, dejando atrás Alderney y las costas de Westdyke, para adentrarnos en pleno océano Atlántico, recorriendo unas cuantas millas más hasta que finalmente vimos la figura de un pequeño bote pesquero Reefer acercándose. Andreas disminuyó la velocidad hasta detenerse justo a su lado, al mismo tiempo que el bote hacía lo mismo.

-¡Andreas, ahí estás! ¿Quién es la gringa que va contigo?-inquirió uno de los hombres a bordo del bote, situado en el techo del mismo y fuertemente armado.

-¡Es una mujer de confianza de la jefa, viene a ayudar! ¿Está todo el cargamento bien?

-¡Entero y dispuesto, sólo queda llegar a la ciudad!

-¡Bien, vámonos, id delante, nosotros os cubriremos la retaguardia!

El bote se puso en movimiento y nosotros fuimos detrás siguiendo su estela, aunque en comparación era mucho más lento que nuestra lancha rápida, lo cual hizo que nos tuviéramos que equiparar a su velocidad y alargando un poco más el viaje de vuelta.

Finalmente alcanzamos las costas aldernianas, pasar al lado del estado fue sencillo y sin apenas percances, por lo que llegamos rápidamente a pasar al lado del alto Algonquin sin hacer nada de ruido. Por un momento pareció que el recado ya estaba del todo hecho, pero en cuanto nos acercamos a las costas de Bohan vimos entonces de repente dos lanchas policiales cerrándonos el paso y acercándose rápidamente hacia nosotros, al mismo tiempo que otras dos llegaban por detrás desde Algonquin para tratar de cerrarnos el paso.

-¡Esta es la Guardia Costera de Liberty City, detengan las lanchas ahora mismo!

-¡Mierda, ya decía yo que estaba todo demasiado tranquilo! ¡Hay que defenderles como sea!

-¡Pues no sé yo si mi Desert Eagle será efectiva contra lanchas como esas!

-¡No te preocupes, aquí detrás hay varias armas ligeras cortesía de Elizabeta, úsalas, yo me mantendré lo más cerca posible de ellos!-indicó Andreas.

Me di la vuelta y comprobé el arsenal disponible, habiendo sobre todo subfusiles MP10 con su correspondiente y abundante munición y una amplia remesa de granadas M26 de gran calibre. Cogí un subfusil y comencé a disparar contra las lanchas que trataban de flanquearnos por detrás, ocupándome de ellas; los policías de abordo respondieron con otra ráfaga, pero me agaché a tiempo antes de volver a disparar, peinándome ligeramente.

-¡Acelera, los tenemos encima!-exclamé, volviendo a disparar.

-¡No podemos ir desde aquí a la playa y guiarles hasta el punto de entrega, tenemos que perderles de vista!-exclamó Andreas, maniobrando.

-¡En ese caso dirígete a la bahía de Dukes, los perderemos allí y daremos la vuelta al distrito, así les daremos tiempo de sobra a huir después!-sugerí entonces.

-¡Buena idea! ¡Santiago! ¿Me oyes?-inquirió en ese momento Andreas por radio.

-¡Sí, te oigo!

-¡Dirígete hacia el sur, daremos la vuelta a toda Bohan, así nos dará tiempo a lidiar con la guardia costera!

-¡Vale! ¡Media vuelta, Manito!

Tanto el bote Reefer como nuestra Jetmax maniobraron rápidamente, pasando bajo el puente de Cerros Northwood y yendo río abajo por el Humboldt al menos en ese tramo. Las cuatro lanchas de la guardia costera se reagruparon y siguieron presionándonos desde detrás, al tiempo que seguía disparando como una cosaca.

-¡Agh, son muchos! ¡Voy a intentar algo!

Cogí entonces una granada, le quité la anilla y comencé a contar; en cuanto llegué a cinco la lancé con todas mis fuerzas contra una de las lanchas, llegándose a colar en el interior de la misma. En cuanto los policías vieron lo que había sido eso abandonaron rápidamente la lancha echándose al agua y ésta estalló, hundiéndose en las frías aguas del Humboldt.

-¡Una menos, bien!-exclamé, cogiendo de nuevo el subfusil y volviendo a presionar.

En un momento dado viramos hacia el oeste, pasando bajo el tramo norte del puente de Borough Este y adentrándonos de lleno en la bahía de Dukes, donde todo se debía de concretar. Seguí disparando contra las lanchas policiales, llegando a detener en seco a una en el proceso en cuanto el motor acabó lo suficientemente dañado, quedando sólo dos con las que lidiar.

Sin embargo en ese justo momento oímos el familiar ruido de unas aspas, al tiempo que un helicóptero Maverick de la policía hacía acto de aparición para apoyar a los guardacostas.

-¡Oh, mierda, tenemos un problema!-exclamé, preocupada.

-¡Lo he visto! ¡Que no cunda el pánico!-exclamó Andreas.

-¿¡Que no cunda el pánico?! ¡Sí, muy buen consejo, Andreas, me va a servir de mucho!

Ignoré el helicóptero, ya que con lo que tenía no podría derribarlo ni de coña, y me centré en las dos lanchas que quedaban, lanzando un par de granadas; una cayó al agua, haciendo explosión inmediatamente después y creando una fuerte ola que desestabilizó por un momento ambas lanchas, pero en el bamboleo otra de las granadas logró colarse en una de las lanchas, haciendo explosión inmediatamente después y alcanzando de refilón la otra lancha, que también acabó reventando.

-¡Bien, tengo las lanchas, aunque aún falta el helicóptero!

Nada más decirlo dos policías nos empezaron a disparar con sendas carabinas y tuvimos que salir disparados, aunque el helicóptero fue tras nuestro en cuanto nos empezamos a mover.

-¡Mierda, no vamos a poder derribarlos!-exclamó Andreas.

-¡Estamos en su campo de visión, somos un blanco fácil, tenemos que cubrirnos de algún modo!

Fue entonces en ese instante cuando vi al otro lado de la bahía el puente de la Bahía de Dukes, el cual unía los barrios de Polígono Industrial en Bohan con el de Steinway en Dukes, teniéndolo bastante claro.

-¡El puente, rápido, vayamos al puente, cubrámonos bajo él!

-¡Buena idea! ¡Al puente, Santiago!

Dado que no estaba muy lejos llegamos enseguida y a tiempo para cubrirnos de otra ráfaga por parte de los policías; paramos justo al lado del Reefer, dirigiéndonos a los demás.

-¡Hay que derribar a ese pájaro!

-¡Sí, tomad esto, menos mal que lo cogimos antes de salir!-exclamó entonces uno de los puertorriquenses, pasándonos entonces un lanzacohetes RPG-7.

-¡Oh, sí! ¡Todo tuyo, Sunset!-exclamó Andreas.

-¡Cuidado, sólo tenemos tres cohetes!

-¡Tranquilos, otra cosa no sé, pero puntería tengo un rato!

Me llevé el arma pesada al hombro y calibré la mira, aunque desde donde estaba apenas tenía ángulo.

-¡Andreas, no tengo tiro, sal un poco!-pedí entonces.

Dando marcha atrás la lancha salió un poco de bajo del puente y fue entonces cuando tuve un tiro limpio, apuntando rápidamente al helicóptero, el cual apenas se movió.

-Mira al pajarito, capullo.

Acto seguido disparé y el cohete salió embalado hacia un indefenso y desprevenido helicóptero, el cual no maniobró a tiempo y recibió de lleno el impacto; la explosión fue brutal, cayendo los restos a la bahía y hundiéndose rápidamente.

Todo el mundo vitoreó en cuanto el pájaro cayó, aunque por mi parte tan solo esbocé una satisfecha sonrisa.

-¡Vía libre! ¡Vamos, a la playa de Bohan!

Retomamos enseguida el viaje, bordeando Bohan por el este y pasando al lado del mirador de Bahía Chica; nada más verlo duros recuerdos regresaron a mi memoria, puesto que ahí era muchas veces donde iba con mi madre en nuestros paseos, contemplando los atardeceres juntas ya que había muy buenas vistas desde allí. Sin embargo aparté enseguida esos recuerdos de mi cabeza, ya que la misión aún no había terminado.

Finalmente llegamos a la playa de Bohan, parando al lado de los viejos muelles y embarrancando justo ahí; una furgoneta se encontraba a pocos metros de la orilla, nada más desembarcar los puertorriqueños se pusieron en movimiento, comenzando a cargar los fardos de heroína y metiéndolos en la furgoneta. Estuve ayudando un poco a cargarlo todo, y en cuanto terminamos Andreas se dirigió a mí.

-Y ese era el último. Muchas gracias, Sunset, sin tu ayuda hubiera sido imposible.

-No ha sido nada, es lo que me había encargado Elizabeta después de todo.

-Sí, la diré lo bien que has estado, estará contenta contigo. Toma, tu pago.

Recibí entonces de él un total de doce mil dólares, guardándomelos rápidamente. No estaba mal para una simple misión de protección en alta mar.

Tras eso se despidieron de mí, la furgoneta se retiró y Andreas hizo lo mismo en su lancha, dejándome a mí en la playa junto a la Reefer. Aproveché entonces para llamar a Elizabeta para informarla.

-Tus hombres tienen lo suyo.

-¡Ésa es mi chica! Estupendo, muchas gracias, Sunset, esta alianza seguro que nos reportará grandes beneficios para todos. Estaremos en contacto.

Colgué y regresé a la carretera desde donde estaba. El Bulevar era el barrio más norteño del distrito, siendo eminentemente de ocio, ya que nadie vivía en él; albergaba el parque de Bohan, el Welhalm Parkway, además de varias canchas de tenis, un centro comunitario y un campo de beisbol donde el equipo local Liberty Swingers solía entrenar de vez en cuando.

Como no estaba muy lejos fui andando hacia Fortside, pero en cuanto llegué al lado de las canchas de tenis vi a alguien que me sonaba subido en un coche patrulla, esbozando una tonta sonrisita en cuanto confirmé que se trataba de él. Sin que me viera me acerqué al coche patrulla por detrás, yendo agachada para que no me viera, y en cuanto llegué me puse de pie de improviso y le quité la gorra, echando a correr inmediatamente después.

-¡Hey! ¡Vuelva aquí inmediatamente, el robo de parte del uniforme del cuerpo es un delito tipificado!

Aun así no dije nada y seguí corriendo, pero en un momento dado noté como me placaba de improviso, cayendo los dos al suelo; me inmovilizó con sus piernas contra el suelo, al tiempo que exclamaba.

-¡Muy bien, va a responder por lo que ha hecho!

-Oh, no, me ha atrapado, no me haga daño, oficial Sentry…-murmuré entonces, con tonito seductor.

En cuanto me vio el aludido se me quedó mirando con gesto cansado, murmurando de seguido.

-¿Otra vez metiéndote en líos, Sunset?

-Oh, vamos, señor oficial, si tampoco era para tanto, era una pequeña bromita de nada…

-Si llega a ser cualquier otro te hubiera metido en el calabozo durante unas cuantas horas.

-Oh, sí, ya ves, por una simple gorra… que por cierto, me queda estupenda ¿no cree?-inquirí entonces, poniéndomela y esbozando una carita mona.

-Déjalo ya-murmuró entonces el oficial, quitándomela y apartándose de encima de mí.

-Oh, no se corte por mí, después de todo estaba cómoda…

-Ya, ya…

-¿No va a ayudar a una dama?

Ante eso el oficial rodó los ojos y me ayudó a levantarme; una vez de pie me acerqué a él contoneando las caderas e inquiriendo de seguido.

-¿Está de servicio, oficial Sentry?

-Me temo que sí, ahora mismo estoy cubriendo mi ronda… y deja de llamarme así, no te pega ser tan formal.

-Jo, qué pena… me preguntaba si podrías ayudarme con esa pequeña cosita que te pedí…

-Por última vez, Sunset, no puedo ayudarte, y más te vale que dejes de meterte en líos, tu ficha habla por sí sola…

-Jo ¿Por qué no? Creía que tú y yo teníamos algo especial…

-Déjalo ya, por favor, eso no fue más que un simple error…

-Oh, sí, pero el caso es que no decías lo mismo la última vez… ni la vez anterior a esa, ni la anterior, ni la anterior…-le recordé entonces, con tono seductor.

Ante eso no dijo nada, con un ligero rubor en las mejillas y mirando hacia otro lado.

Flash Sentry era un segundo oficial de policía, de la comisaría principal del distrito, al cual llegué a conocer unos pocos años atrás y con el que mantengo una especie de rollete o follamistad, nada serio en realidad, aunque si lo hacía era principalmente porque sé que la policía del distrito tiene guardadas una serie de pruebas concernientes al tiroteo en el cual mi madre murió; desde hace un tiempo estoy tras esas pruebas, ya que probablemente alguna pueda guiarme hacia el hombre que mató a mi madre. Sin embargo, como el caso se cerró hace ya tiempo, esas pruebas están custodiadas desde entonces y no es fácil acceder a ellas, y es por eso por lo que me interesa tener cerca a Flash. Aparte el chico era guapete, y bastante bueno en la cama, pero eso no significaba nada, claro está.

-¿Qué pasa, Flash? ¿Es que no significo nada para ti? ¿No soy más que una de tus tantas putas baratas?

-¡Yo no he dicho eso!-exclamó él rápidamente.

-¿Entonces cuál es el problema? Vamos, ayúdame a acceder al archivo, sabes que no es tan difícil para ti…

-Por última vez, no puedo hacer eso, Sunset, esas pruebas están archivadas, además, necesitaría el permiso del comisario del distrito.

-Pues obtenlo.

-No es tan fácil.

-¿Por qué? ¿Acaso tienen que darte una medalla o algo así?

-No se trata de medallas, sino de que es un caso cerrado de hace más de ocho años, y para eso se hace necesario una serie de permisos… pero vamos, que no tengo que estar contándote nada, no voy a ayudarte, punto.

Ante eso no dije nada, mirándole de reojo y pensando en una posibilidad, aunque aun así preferí asegurármelo por si las moscas.

-Está bien, no me lo cuentes si no quieres, pero si al final te lo piensas mejor y te apetece hablar ya sabes dónde encontrarme…

-¿Ah, sí? ¿Dónde?-inquirió él, ceñudo.

-Mira mi ficha-murmuré, guiñándole un ojo con gesto sugerente.

Esa contestación le dejó un tanto cortado, como si no se esperara algo así, fue entonces cuando aproveché para irme y dejarle con la duda, despidiéndome rápidamente.

Si algo me gustaba especialmente era jugar con ese particular detalle, en la gran mayoría de los casos los hombres piensan casi siempre con la polla, por lo que era particularmente fácil, sobre todo para mí, ya que después de todo si algo había heredado de mi madre era su astucia y su zorrería, siendo capaz casi siempre de obtener lo que me proponía. Y con Flash no iba a ser menos.

Aproveché ese momento para llamar a Alfonso y comentarle ese último trabajito.

-Hola, Alfonso, ya le he hecho el primer recado a Elizabeta.

-Ah, bien ¿cómo ha ido?

-Bastante bien, me pidió que ayudara a que entrara un cargamento de heroína en la ciudad y ha salido bien, supongo que me pedirá algo más, así que esperaré a que me diga algo.

-Estupendo, cuanto más la ayudemos más confianza nos tendrá, y eso será bueno para que las negociaciones lleguen a buen término. Sigue así de bien, guapa, ya te iré contando.

-Está bien, nos vemos.

Tras colgar me dirigí directamente a casa, para descansar un rato e ir a comer algo, pero al poco rato el móvil me volvió a sonar de nuevo.

-Agh ¿y ahora qué?

Miré la pantalla y vi que se trataba de un número desconocido; por un momento no quise contestar, ya que no sabía quién podría ser, pero por una extraña corazonada decidí hacerlo.

-¿Sí?

-¡Hola Sunset! ¿Te acuerdas de mí?-inquirió una voz al otro lado que se me antojaba extrañamente familiar.

-Eh… no estoy segura, pero tu voz me suena ¿Quién eres?

-¿No te acuerdas de mí? Caramba, sí que pasan en balde los años… ¡soy Betty, tu vieja amiga de la primaria! ¿Te acuerdas ahora? ¿De la escuela de Fortside?

Con esas pistas finalmente llegué a sumar dos más dos, acordándome al instante y exclamando.

-¡Ah, sí, ya sé quién eres! ¡Anda, cuanto tiempo! ¿Qué es de tu vida?

Cuando mi madre vivía y yo era pequeña llegué a matricularme por un año en dicha escuela, y allí llegué a conocer a Betty, una niña de mi edad con la que congenié bastante. Sin embargo no volví a saber nada de ella, puesto que al año de estar cursando el primer año mi madre no pudo seguir pagando las tasas y tuve que dejar de ir, corriendo el resto de mi educación por parte de mi propia madre, la cual me enseñó el resto, por así decirlo.

-Pues aquí, sobreviviendo como podemos, ya sabes cómo es esto aquí en Bohan…

-Qué me vas a contar…

-¡Pero bueno, por fin he podido encontrarte! Tenemos que ponernos al día ¿quieres quedar y comemos juntas? así recordamos los viejos tiempos...

No estuve muy segura de qué decirla, ya que después de todo había pasado mucho tiempo y probablemente las cosas no serían las mismas, pero aun así el volver a saber de ella me animó de cierta forma, por lo que finalmente accedí.

-Está bien ¿dónde quedamos?

-¿Te viene bien quedar en el Burger Shot de Fortside?

-Sí, perfecto, lo tengo justo al lado de hecho.

-¡Genial! ¡Nos vemos en una hora!

-Bien, allí estaré.

Tras colgar me dirigí hacia allí andando, ya que por lo menos tan solo tenía como unos diez minutos desde donde estaba, aunque por otro lado me quedé particularmente sorprendida, ya que no esperaba volver a encontrarme con ella después de todo ese tiempo. De lo poco que recordaba de Betty era sobre todo lo cariñosa y alegre que era, aunque no podía evitar pensar en cómo serían las cosas después de diez años al menos. Aun así apreté el paso, llegando enseguida al sitio y sentándome en la terraza de fuera, esperándola allí.

Unos cuantos minutos después alguien me picó en el hombro mientras miraba mis últimos mensajes del móvil.

-¿Sunset?

Me di la vuelta, esbozando una sonrisa, pero en cuanto vi lo que vi se me cayó el alma a los pies; algo insegura inquirí.

-¿Betty?

-¡Sí, soy yo! ¡Cuánto tiempo, estás igualita a como te recuerdo, y sigues igual de guapa que siempre!

-Ah, pues… ¡qué bien! ¿No?-murmuré yo, forzando una sonrisa para tapar como fuera mi desconcierto.

-¡Ya ves! ¡Dame un abrazo!

Tuve que abrir mucho los brazos para abarcarla por completo, y no era para menos, puesto que se me hizo necesario. Y es que de la pequeña y pizpireta Betty que yo recordaba tan solo quedaba el nombre, puesto que se había convertido en una mujer enorme, en todo el amplísimo sentido de la palabra. Elizabeta a su lado era un palillo, y eso probablemente no era quizás lo más destacable de todo. No pude evitar preocuparme por ella, puesto que no me esperaba para nada semejante giro de los acontecimientos, sin embargo no supe muy bien cómo sacar a colación el asunto sin ser demasiado ruda al respecto.

-¡Bof, madre mía, chica, estoy hambrienta! ¿Vamos pidiendo si eso?

-Eh… está bien, vamos.

Las dos entramos en el establecimiento y nos acercamos al mostrador, siendo Betty la primera en pedir.

-Voy a tomar dos números nueve, un número nueve grande, un número seis con extra de salsa, un número siete, dos números cuarenta y cinco, uno con queso, y una soda Sprunk grande.

Tanto la cajera como una servidora nos quedamos flipadas, sin decir nada al menos al principio, aunque finalmente la cajera murmuró.

-Esto… ¿no es eso mucha comida?

-¡Para nada, es que si no me quedo con hambre!

Para entonces yo ya quería que me tragara la tierra, sin embargo mi preocupación por Betty no hacía más que aumentar con cada segundo que pasaba. Después pedí yo.

-Para mí un menú bleeder con patatas y bebida... normal.

-¿Sólo eso? ¡Pero chica, pide algo más, que estás en los huesos, te vas a quedar con hambre!

-No, no, tranquila, estoy bien así…

Esperamos a que salieran nuestros respectivos pedidos y salimos afuera, yo sosteniendo mi bandeja y Betty cargada hasta los topes con los suyos. Nada más sentarnos Betty empezó a atacar sus pedidos, mientras que yo sólo empecé probando las patatas.

-¡Y cuéntame! ¿Qué es de tu vida, a qué te dedicas?

Por mi parte me quedé momentáneamente callada, no muy segura de qué decirla, hasta que finalmente murmuré.

-Oh, pues un poco de esto, otro poco de aquello, ya sabes, diversifico…

-Sí, haces bien, hoy en día nada seguro y los contratos se los lleva el viento.

-Ya… ¿y qué hay de ti?

-Trabajo de dependienta en la gasolinera de Bahía Chica, va por horas, es un poco pesado, pero al final me renta porque según el dueño desgravo, y eso me permite ganar más dinero. No es el mejor trabajo del mundo, pero bueno, voy tirando. Seguro que tú tienes más caché que yo…

-Eh, bueno, no sé yo si caché es la palabra más acertada…

-Seguro que sí, con el salero que siempre has tenido y lo mona que eras… que ojo, sigues siendo mona, te veo estupenda, cielo.

-Gracias… eh… sí, gracias.

Realmente no sabía cómo sacar el asunto sin hacerla daño, pero sentía que debía hacerlo, por nuestra vieja amistad.

-Aun así sigue habiendo problemas, sobre todo a la hora de hablar con otros, porque claro, no hacen más insultarme, y eso quieras que no me afecta…

-¿Quién te insulta?

-¡La gente por la calle! ¡Me llaman gorda a mí! ¿Te lo puedes creer?

Finalmente no pude soportarlo más, por lo que decidí coger el toro por los cuernos y murmuré.

-Vale, tiempo muerto, Betty. ¿Puedo hacerte una sincera pregunta?

-Eh… sí, claro.

-Vale. ¿Qué te ha pasado?

-¿A mí? ¿Por qué lo dices?

-Que por qué lo… ¡Betty, por dios, sabes a lo que me refiero! ¡Mírate! ¡Te recordaba tan esbelta como yo o incluso más, y eso que éramos pequeñas! ¿Qué demonios te ha pasado? ¿Cómo has podido hacerte esto?

Ante eso la chica me miró con una cara de pan tremenda, como si no supiera muy bien qué decir al respecto; dejó entonces la hamburguesa en la caja y miró hacia abajo con gesto reprimido. Por un momento pareció que no iba a decir nada, pero finalmente murmuró.

-Pasó después de que tú te fueras. Un buen día me desperté y descubrí que mi padre ya no estaba, y en su lugar dejó a mi madre un buen montón de deudas que apenas podía hacer frente. No supe como tomármelo, y desde entonces me refugié en la comida, pensando que así todo estaría bien. Mi madre nunca me dijo nada y me dejó hacer, pensando que igual así ahogaría mis penas sin necesidad de hacerlo ella misma. Luego vino todo lo demás, aunque antes pagó sus deudas para no cargármelas a mí. Y el resto… bueno, supongo que ya te harás una idea.

Tras esa breve pero contundente explicación me quedé de una pieza, sin saber muy bien qué decir al respecto. Aunque después de semejante confesión sentí que debía de ser igual de honesta de lo que ella había sido conmigo. Por lo que me armé de valor y comencé a relatar.

-Mi madre lo hizo todo con tal de que saliera adelante. Traficaba con armas, drogas e incluso con su propio cuerpo, todo con tal de que no me faltara de nada y fuera feliz. Y yo, de cierta forma, era feliz, ya que ella estaba conmigo, a mi lado. Pero un día, y durante un trato entre los Spanish Lords y los Albaneses, unas terceras personas irrumpieron en el trato y atacaron. Muchos Lords y albaneses murieron, pero también lo hizo mi madre, y yo acabé destruida por dentro. Y ahora busco al cabrón que mató a mi madre.

Tras eso me quedé callada y las dos nos miramos por un momento, sin decir nada al respecto. Finalmente Betty rompió el silencio comentando.

-Bueno, al menos a ti te decían lo que hacer, porque lo que es a mí…

-Sólo hasta cierto punto, pero bueno, ahora que vivo sola tomo mis propias decisiones. Y sí, lo de encontrar a ese cabrón es decisión mía y mi máxima prioridad.

-Lo entiendo, yo también lo haría, al menos mi madre pudo elegir, la tuya no tuvo esa opción.

-Sí… pero tú también puedes elegir, Betty. Al menos llevas una vida normal, no como yo.

-Ya, pero aun así… ¿de que serviría si después de todo nadie se preocupa por mí?

-Yo sí-anuncié con gesto decidido.

Eso pareció coger a la chica con la guardia baja, la cual inquirió.

-¿De verdad?

-Pues claro. Después de todo no somos tan distintas…

Ante eso Betty sonrió e hizo un amago de ir a abrazarme, yo tan solo me levanté y fui a abrazarla; hacía tiempo desde la última vez que había llegado a tener un momento tan especial y cariñoso como ese, y de cierta forma lo agradecí inmensamente.

Tras el momento dulce todo volvió a la normalidad, aunque con algo totalmente nuevo y hasta renovado; Betty tan solo se comió una pequeña parte de todo lo que había pedido, y el resto se lo dio a un indigente cercano que había al otro lado de la calle. Por mi parte me terminé mi menú y, tras eso, nos despedimos, ya que ella tenía que volver al trabajo, pero con promesas nuevas.

-Trataré de comer menos y de bajar de peso… sobre lo tuyo, entiendo por qué quieres hacerlo, pero ten cuidado, Sunset, la venganza puede llegar a cegarnos hasta puntos insospechados.

-Ya ¿pero qué quieres que haga, Betty? ¿Quedarme de brazos cruzados mientras contemplo la tumba de mi madre todos los días? No, ese cabrón debe de pagar por lo que ha hecho…

-Lo entiendo. Espero que puedas encontrarlo.

-Por su propio bien él mismo querrá que no lo encuentre. Pero lo haré, eso por descontado. Y cuando lo tenga delante… ya sé lo que haré.

Ante eso Betty tan solo asintió, respetando mi decisión, lo cual agradecí enormemente. Finalmente la chica se fue y yo me quedé allí, pensando mucho. Betty había vuelto y nuestra vieja amistad había resucitado, dándome de cierta forma esperanzas de algo mejor en mi vida. Y solo por eso me sentí un poquito más feliz. Mientras tanto Liberty City respiraba.


-Gracias por acogerme en tu humilde morada, amigo mío, necesito pasar por un tiempo desapercibido, y qué mejor forma de hacerlo que aquí, en la América más auténtica.

-Ah, ni lo menciones, después de todo te lo debía, por lo que puedes contar con mi ayuda. Y, por supuesto, tienes al resto de mi gente a tu entera disposición.

-Gracias, muchas gracias, amigo, me honras.

-No es para menos, después de todo jamás he conocido a un tío tan íntegro y eficaz como tú.

-Oh, ni lo conocerás, eso te lo aseguro.

-Sí, eso desde luego… pero bueno, igualmente te quería comentar ¿Qué hay de eso de lo que ya te hablé? ¿Hablaste con los capos?

-Sí, les hice saber acerca de tu disposición, aunque no parecen muy convencidos, después de todo debes de tener en cuenta que se mueven en círculos muy cerrados…

-Lo sé, pero es por eso por lo que te tengo a ti, amigo mío, espero que puedas llegar a un acuerdo con ellos para que me escuchen…

-Haré todo lo que esté en mi mano, después de todo a mí me respetan, por lo que me escucharán.

-Bien, bien. Mis hombres te han preparado un pequeño apartamento en ya sabes tú dónde, puede que no sea gran cosa, pero ahora que debes permanecer escondido es el sitio ideal.

-No te preocupes, me acostumbro rápido a los cambios.

-Estupendo. Gracias por todo, es estupendo poder contar contigo.

-Lo mismo digo, P, lo mismo digo…

-Sí. Mi caporegime te ayudará, pégate a él, es un tío legal.

-Bien.


Esa noche me tocaba ronda entre las mesas en el club, y era quizás lo que más detestaba de ese trabajo, ya que al menos en la barra no te movías, todo el mundo te veía y ganabas igualmente sin tener un contacto directo con los babosos de turno. Entre las mesas sin embargo había que estar siempre atenta para captar a potenciales clientes, y dejarse atrapar también, por así decirlo, ya que tampoco podíamos elegir así sin más a quien hacerle un baile pegado.

Por suerte apenas había gente esa noche, aunque en ese momento me encontraba justo al lado del bar, observando el lugar con gesto aburrido; me encontraba ataviada con un conjunto que me quedaba un tanto ajustado, para marcar un poco más mis atributos y así llamar más la atención, aunque por mi parte tenía suerte, ya que otras solían tener especificaciones algo más extremas, incluyendo dos trozos de esparadrapos en los pezones como método de que no se viera todo y así excitar aún más al personal.

-Eh, Sunset, no te quedes ahí parada, date vidilla-me comentó en ese momento uno de los propietarios.

-Lo haría, señor Trúnchez, pero es que hoy no hay casi nadie.

-No me repliques, perra, harás lo que yo te diga y punto.

-Pues vale…-murmuré entonces por lo bajo, moviéndome un poco.

De los tres hermanos, Javier Trúnchez era el que menos luces de todos tenía, eso por descontado, ya que hablar con él era como hablar con un idiota, rematando todas sus frases con un "perra" o "puta", demostrando lo listo que era en realidad. Según él lo hacía para verse duro e intimidante, pero ninguna de las chicas, entre las que yo me incluía, lo tomábamos nunca en serio.

Me insinué a dos clientes que estaban sentados en un reservado, hablando entre sí, pero ninguno quiso venir conmigo, lo cual agradecí inmensamente. Sin embargo en un momento dado vi a alguien entrando en el club desde donde estaba, esbozando entonces una divertida sonrisita; de alguna forma me lo esperaba, por lo que me acerqué a él sin que me viera y lo abordé por detrás, murmurando en su oreja.

-Hola guapo ¿cómo es que estás tan solito? Déjame que te acompañe a un lugar cálido y cómodo.

-¿¡Sunset?! ¿¡Qué haces?!

-Anda, Flash, pero qué sorpresa… ¿has venido a verme? Qué detalle…

-No, espera, no te confundas, estoy de servicio, solo he venido a hacerte un par de preguntas…

-Oh, está bien, en ese caso vamos a un lugar más privado para que podamos hablar…

Al principio se resistió un poco, pero finalmente pude llevarle hasta las habitaciones privadas que había al fondo del club, donde se suelen hacer los bailes privados. Le senté en el sillón y comencé a contonearme frente a él, echando hacia delante el pecho y poniendo el culo en pompa.

-¿Te gusta lo que ves?-inquirí entonces, esbozando una divertida sonrisita.

-No estoy aquí por esto, Sunset, déjalo ya y escúchame un momento.

-Oh, pero podemos hablar mientras tanto… te escucho, soy todo oídos…-murmuré, echándome sobre él y poniéndole las tetas en la cara.

Por un momento Flash se quedó en blanco, mirándome fijamente los pechos, pero al cabo de unos segundos se recompuso sacudiéndose la cabeza y murmurando de seguido.

-Esto… ah, sí, es sobre lo que me andas pidiendo desde que te conocí, el caso es que consulté tu ficha y me di cuenta que eres familiar de una antigua asociada de los Spanish Lords, Sunshine Rise…

-Así es… es mi madre, la que me dio todo esto de aquí que ves…-murmuré pasando mis manos por parte de los pechos y las caderas, para luego sujetarme a él por los hombros y poniéndome a horcajadas sobre él.

-Sí, el caso es que vi que tu madre llegó a morir en un altercado entre los albaneses y los propios Spanish Lords que no se llegó a aclarar del todo, y me preguntaba si es exactamente ese caso el que andabas buscando.

-Exacto… hubo unas terceras personas que irrumpieron en el trato, y estoy tratando de averiguar quiénes fueron-añadí entonces, al tiempo que empezaba a mover las caderas rítmicamente y en círculos sobre su pelvis.

-La cosa es que el caso se cerró pocas semanas después alegando pocas pruebas concluyentes, sin embargo se archivaron y guardaron un buen número de ellas tras el cierre del caso, y el fiscal del distrito dio el visto bueno, y eso es raro per se…

-Entiendo… ¿entonces crees que hay algo más?-inquirí con tono de voz seductor, dándome entonces la vuelta y comenzando a mover el culo de arriba abajo sobre su pelvis, echándome un poco más sobre él y rozando mi espalda sobre su pecho.

-Esa es la sensación… que me da…-murmuró el chico, notando cómo empezaba a flaquear.

-Ajá… ¿y qué más?-quise saber, al tiempo que redoblaba un poco más mis esfuerzos en esa pose.

-Pues… quería comentártelo porque… he pensado que… podríamos…

-¿Sí?-musité entonces, en un estertor de placer.

Flash quiso decir algo, pero antes de que pudiera hacerlo me di la vuelta y le besé con fuerza, echándome sobre él y dejándome llevar por la pasión; el chico me devolvió el gesto con fiereza, al tiempo que abandonaba las formas y comenzaba a magrearme, excitándome un poco más de lo que ya estaba. En un momento dado nos separamos y le musité al oído, mientras no dejaba de moverme sobre él.

-Mi turno acaba dentro de nada ¿quieres venir a mi casa y terminamos lo que hemos empezado?

-Vale…-aceptó el chico, tan excitado como yo o incluso más.

El viaje de vuelta se nos hizo eterno, pero nada más entrar por la puerta comenzamos a besarnos apasionadamente y a desnudarnos mutuamente, mientras nos dirigíamos a trompicones a la cama. Caí de espaldas en ella y el chico se echó sobre mí, comiéndome entera y volviéndome loca.

-Oh, Flash…

-Sunset…

Dejándonos llevar por la pasión, el deseo y la lujuria, los dos nos entregamos el uno al otro, dejando pasar el tiempo y recreándonos en ese mismo instante. Una luna cuarto menguante se asomaba entre varios jirones de nubes.

Afuera Liberty City permanecía despierta, como siempre hacía.


¡Y aquí está un nuevo capítulo de Crónicas de Liberty City! dios, cómo hecho de menos esta ciudad... la verdad es que el GTA IV me encantó y quedé prendado del escenario, ese calco perfecto de Nueva York donde todo puede pasar. El escenario perfecto para una protagonista perfecta. No sé si lo he dicho ya, pero por si las moscas lo digo ahora, Bohan está basado en El Bronx, ese borough de Nueva York famoso por el rap y por ser en sus días uno de los más peligrosos de la ciudad, aunque actualmente está en plena gentrificación y le va mejor.

Por otro lado he aprovechado este capítulo para introducir nuevos personajes, especialmente uno que ayudará de cierta forma en la consecución de la trama; y sí, de cierta forma Flash es el típico follamigo para Sunset y poco más, de forma parecida a lo que llegamos a saber al principio de Ecuestria Girls, por lo que me pareció una buena adición. También tiene su buena dosis de acción y otro poco de feels también. En un principio pensé en utilizar otro personaje de Ecuestria Girls, pero al final opté por un OC de la saga GTA, y de esta forma Betty surgió; y es gracioso, ya que de buenas a primeras no tenía intención de retratarla como la típica americana estereotipada promedio (entiéndase obesa al extremo), pero la idea surgió de repente en mi cabeza y acabé por aceptarla. Betty será de cierta forma a Sunset como lo es Roman a Niko en la historia de GTA IV, los que hayan jugado al juego entenderán mejor el planteamiento, pero no os preocupéis los que no sabéis de lo que hablo, las iré desarrollando a lo largo de los siguientes capítulos.

Y eso es todo por hoy, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!