— EL OTRO ADVENTURE BAY —
El Otro Ryder
— Tú... no eres Ryder —aseguró, lleno de temor y temblando.
Los ojos escarlata oscuro del niño parpadearon un par de veces antes de que empezase a reír. Una risa melodiosa que hizo que Rubble perdiera todo miedo de él.
— ¡Pero por supuesto que no soy Ryder! —exclamó el niño, recuperándose del ataque de risa, y acercándose al pequeño Pitbull, viéndose totalmente preocupado por la pata escayolada de este— Yo soy el Otro Ryder, tu verdadero dueño.
Rubble había perdido todo miedo del niño bastante rápido, pero no sabía si era porque se parecía mucho a Ryder o porque se veía como un buen niño. Tal vez era por ambas cosas. Pero aun así había cosas que no entendía.
— No sabía que Ryder tuviese un doble... —susurró el cachorro para si mismo.
Pero el niño le escucho perfectamente.
— Todos lo tienen —explicó, señalando al Rubble de peluche para dar más énfasis a lo que acababa de decir— Ahora, debes cenar, después la Otra Katie sabrá que hacer con esa pata tuya.
Rubble no habría podido negarse aunque quisiera, pues justo en ese momento le sonaron las tripas de forma bastante audible.
El Otro Ryder rió quedamente y él le imitó, un tanto avergonzado. Y se llevó la segunda sorpresa del momento, pues el bol era más grande de lo que creyó en un primer momento y en no había solo comida para perros a un lado, si no también galletitas para perros, muslos de pollo recién cocinados... en resumen, un auténtico banquete para él solo con todas las comidas que le encantaban. Pero lo que más le llamaba la atención, es que todo estaba perfectamente colocado para formar la frase "Bienvenido a Casa" con comida.
Rubble levantó la vista y se dio cuenta de que el Otro Ryder no había dejado de sonreírle. Sintió como su corazón bombeaba más rápido, por alguna razón, se sentía más querido que en toda su vida.
— ¿Bienvenido a... casa? —no pudo evitar preguntar.
El Otro Ryder asintió, Rubble pudo notar algo de melancolía en sus ojos rojos.
— Sí, veras Rubble, tu verdadero hogar es este. Pero eras un cachorrito recién nacido cuando, por mi culpa, te perdimos de vista... y cuando volvimos a saber de ti, estabas colgando de un árbol en ese otro mundo —el pequeño Pitbull sintió un escalofrío. Era verdad que no recordaba nada anterior al día que conoció a la PAW Patrol pero ¿viajes entre mundos?— Me habría gustado hacer algo por ti, pero yo no puedo viajar entre los mundos como tú. Por eso envíe a "Mini-Rubble" con la esperanza de que lo encontraras alguna vez y volvieras conmigo. Y al fin lo has hecho.
Rubble no se dio cuenta de que estaba llorando hasta que sus lágrimas cayeron por sus patitas y, antes de pensarlo siquiera, se abrazó al Otro Ryder, como si fuera algo muy importante que temía que desapareciese en cualquier momento, dejándole solo. Ni siquiera le importó el dolor sordo en su pata cuando el niño lo acunó entre sus brazos.
Al fin estaba en casa.
Tras cenar, el Otro Ryder cumplió su promesa de llevarle con la Otra Katie. Rubble le preguntó si no la molestarían a esa hora, pero él le aseguró que a la Otra Katie no le importaría en cuanto le viera de nuevo. También le preguntó porque sus ojos eran rojos, el Otro Ryder solo se encogió de hombros, en señal de que ni lo sabía, ni le importaba. Cuando echó la vista atrás por el camino hasta la clínica, por poco se queda sin aliento, pues se dio cuenta de que el Puesto de Observación no era un Puesto de Observación, si no una casa normal y corriente de dos pisos y un mirador en el techo.
Fue en ese momento que se dio cuenta de algo.
— Esto, ejem... —quería preguntar, pero no sabía como hacerlo, por miedo a la respuesta. El Otro Ryder le miró, esperando la pregunta— Dijiste que todos tenían dobles... ¿mis amigos del otro mundo también?
El niño parpadeó, sin entender.
— ¿Quienes?
— Pues Chase, Marshall... en fin, toda la PAW Patrol —entonces, se quedó sin aliento— ¡No me iras a decir que son todos peluches! ¿Verdad?
El Otro Ryder se golpeó mentalmente. ¡¿Cómo pudo fallar es eso?! Fingió una sonrisa de seguridad.
— ¡Pues claro que la Otra PAW Patrol existe, y no son peluches! Ellos deben de estar con el Otro Jake en este momento —mintió.
— ¿Por qué están con el Otro Jake? —quisó saber, el niño seguía tan neutral como se había mostrado hasta el momento.
— Porque él es su lider —contestó como si fuera obvio.
— ¡¿Qué?!
Rubble se sorprendió tanto por esa respuesta, que por poco se cae del regazo del Otro Ryder. Pero el niño tenía buenos reflejos y lo cogió a tiempo.
— Perdón —se disculpó Rubble—, es solo que me sorprendió. En el otro mundo el líder de la PAW Patrol es Ryder, ¡quiero decir, tú, quiero decir, el otro tú! ¡Ah, esto muy complicado!
Para tranquilizarle, el Otro Ryder le sonrió de oreja a oreja. Rubble se dio cuenta de que sonreía mucho, y eso no le gustaba, le encantaba.
— Bueno, supongo entonces que ese Ryder debe ser un niño ocupado. ¡Menos mal que yo solo construyo sus aparatos y no tengo ese problema!
Entonces, algo hizo clic en la mente del Pitbull. Este Otro Ryder no era el líder de la PAW Patrol, él mismo no pertenecía a la PAW Patrol en ese mundo. Entonces... no eran más que un cachorro y su humano, un niño totalmente normal con tiempo para él y solo para él.
Por poco y no se echa a llorar de nuevo. Jamás se había sentido tan feliz.
— Seguro dentro de nada podrás verlos —la voz del Otro Ryder le sacó de sus pensamientos.
— ¿Qué? —preguntó Rubble, perdido.
El niño rió.
— La Otra PAW Patrol, Rubble, de seguro dentro de nada podrás verlos.
— ¡Ah, sí! —asintió un poco avergonzado.
Justo entonces llegarón a la Clínica de Mascotas. El cachorro se sorprendió de ver las luces encendidas, pero no dijo nada. Entraron. La Otra Katie estaba en una esquina, en compañía de la que debería ser la Otra Cali. Pero pasó algo raro. En cuanto escucharon la puerta abrirse, la gata salió corriendo y la niña clavó sus ojos rojos asustados en el Otro Ryder, como si él la hubiera pillado haciendo algo que no debería. Pero el niño no cambió su expresión y la Otra Katie pronto se dio cuenta de la presencia de Rubble con una gran sonrisa. Así que el cachorro pensó que se lo había imaginado.
— ¿Pero a quién tenemos aquí? —dijo ella, contenta de verle, acercándose a ambos y cogiéndo al cachorro en brazos— ¡Rubble! No tienes ni idea del susto que nos diste... ¡Ah! ¿Y esa pata? —ella no le dio tiempo a contestar— ¡No importa! Te la curo enseguida.
La Otra Katie hablaba mucho, pensó Rubble. Sin embargo, eso no le incomodaba, más bien le divertía. Tuvo la impresión de que podía quedarse horas y horas escuchando hablar a la Otra Katie, sobretodo viendo los movimientos extraños que hacía acompañando a sus palabras. La niña estaba diciéndole al Otro Ryder, a través de una verborrea interminable, que "eso" que habían estado preparando el Otro Granjero Al y la Otra Granjera Yumi ya estaba listo, mientras le quitaba la escayola a Rubble.
— ¿Qué es "eso"? —preguntó curioso el pequeño Pitbull.
— Pronto lo sabrás —le contestó simplemente el Otro Ryder, de forma misteriosa.
Rubble estaba impaciente.
— Vamos a ver... —susurraba la Otra Katie para si misma viendo la pata hinchada.
— La Katie del otro mundo decía que el hueso ya se me había vuelto a unir. Que tenía que reposar y se curaría solo.
— ¡Tonterias! —exclamó la Otra Katie, asustando un poco a Rubble por la reacción— Un perrito tan jovencito y activo como tú obligado a reposar sin poder divertirse. ¡Simplemente es una gran tontería!
— ¿Por qué no usas barro? —sugirió el Otro Ryder mirando hacía otro lado, obviamente avergonzado por la actitud de la niña.
— ¿Barro? —preguntó extrañado el Pitbull.
Pero la exclamación de la Otra Katie le silenció.
— ¡Por supuesto, es una gran idea! —y sin más, corrió hacía el almacén.
— Creo que iré a ayudarla —dijo el niño, dejando momentáneamente solo a Rubble en la camilla, quien todavía necesitaba digerir un poco todo eso, sin notar la cara de enfado del Otro Ryder.
La Otra Katie suspiro momentáneamente dentro del almacén, creyéndose a salvo. Tomó un bote lleno de barro entre las estanterías y tuvo que ahogar un grito cuando se dio la vuelta para encontrarse al Otro Ryder obstaculizando la entrada, con cara de asesino.
— ¿Qué hacías hablando con ese bicho sarnoso? —su voz era muy distinta a la que había usado hasta ahora. Sonaba arrastrada, peligrosa y gutural, como si de una bestia se tratase. Sus ojos escarlata oscuro no podían dar más miedo.
La Otra Katie tragó saliva, con el bote en peligro de resbalar de sus manos temblorosas. Parecía que estaba considerando seriamente arrodillarse en el suelo y suplicar clemencia.
— Yo... le dije que se fuera de este mundo. ¡La estaba echando! —mentía, y eso él lo sabía muy bien.
Podía notar el olor de la traición a kilómetros de distancia, pero se encargaría de silenciarla.
— Eso me parecia —aseguró—. Curale, y luego encierra a esa gata si la vuelves a ver. ¡No la quiero cerca de mi presa! O si no ya conoces el destino que te espera. ¿Quedó claro?
— Como el agua —contestó, estuvo a punto de desmayarse cuando él dijo "el destino que te espera"—. Por favor, no me mates.
Pero él se dio la vuelta, fingiendo no haber escuchado lo último. Con pies de plomo, ella fue detrás.
— ¿Encontrarón el barro? —preguntó Rubble moviendo su corta colita.
—Aja —contestó el Otro Ryder, sonriendo.
— Ahora, no muevas un solo músculo —le instruyó la Otra Katie.
El asintió y observó atentamente como la niña embadurnaba su pata hinchada de barro. Atónito, vio como segundos después la suciedad desaparecía como por arte de magia, junto con la hinchazón de la herida.
— ¡Wow! —no pudo evitar soltar.
— Trata ponerte en pié.
El cachorro lo hizo sin problemas, lleno de felicidad se puso a dar saltitos en la camilla y comprobó que no le dolía.
— ¡Estoy curado! ¡Gracias Otra Katie! —y con esas palabras, se abalanzó sobre la niña para llenarle la cara a lametones.
Ambos niños rieron, pero la risa de ella sonó más falsa que la de él. Pequeñas lágrimas se confundieron con las babas del cachorro.
— ¿Estas cansado? —le preguntó el Otro Ryder cuando salieron de nuevo a la oscuridad de la noche, iluminada por las farolas de la calle.
Rubble ahora caminaba al lado del niño, pues ya no necesitaba que lo llevasen.
— La verdad es que no —dijo, estaba muy despierto con todo lo que estaba viviendo—. Otro Ryder, me gustaría saber ¿podre volver a ver a mis amigos del otro mundo? ¡No me malentiendas! Me encanta estar aquí pero... seguro a estas horas están preocupados por mi, ya sabes, no me gustaría desaparecer así como así.
El Otro Ryder mostró un semblante serio.
— ¿Los echas de menos?
Rubble no podía mentir.
— Sí, bastante —admitió bajando la cabeza, pero la volvió a subir cuando el niño se la acarició con cariño.
— ¡Eh! No te preocupes, es normal que los extrañes. Tranquilo, cada vez que te duermas, volverás con ellos al despertar.
— ¿Quieres decir que si me duermo ahora, cuando me despierte estaré en el mundo de siempre?
— Bueno, necesitas a Mini-Rubble para eso, pero si.
— ¿Y... para volver aquí?
El Otro Ryder sonrió internamente de forma macabra. Solo una noche y el cachorro ya estaba considerando quedarse aquí, aunque no lo admitiera.
— Exactamente el mismo sistema.
La mirada de Rubble se iluminó.
— ¡Entonces, puedo estar con mis amigos y contarles todo esto...!
Entonces, su cara mutó a un semblante triste.
— ¿Qué ocurre?
El cachorro no se sentía capaz de mentirle al Otro Ryder, por alguna razón.
— Es que... no es la primera vez que me duermo y sueño cosas geniales como está y, en cuanto despierto, descubro que nada ha sido real... Tengo miedo de que esto también sea solo un sueño.
Sorpresivamente, el niño se agachó y abrazó al cachorro. Rubble se fundió en el contacto tras unos segundos, sintiéndolo muy real. El Otro Ryder se separó de él y le miró directamente a los ojos. La luz de una farola iluminaba sus ojos escarlata, dándole importancia a su rostro serio y cargado de sentimiento.
— Escucha Rubble, no importa lo que creas cuando vuelvas de nuevo a ese mundo, ni cuantas veces te digan que no es real. Lo es. Y mientras tengas a Mini-Rubble contigo yo estaré junto a ti. Te perdí una vez, no lo haré dos.
El pequeño Pitbull se quedó mudo por las palabras del niño. El Otro Ryder se levantó y, como si no hubiera dicho nada importante, sonrió.
— Volvamos a casa, los dos debemos dormir.
— ¡Sí! —Rubble estuvo de acuerdo— ¡Vamos, una carrera hasta allí! El último es un Alcalde Humdinger... 3... 2... 1... —en ese momento empezó a correr gritando:— ¡Ya!
— ¡Eh, tramposo, saliste antes de tiempo! —se quejó el Otro Ryder siguiéndole, mientras se reía.
Mientras tanto, entre la oscuridad, unos ojos felinos cuyo color no era para nada rojo, obversaron la escena totalmente preocupados y decepcionados.
