Capítulo 4
Es cosa nuestra
La infiltración en la comisaría haciéndome pasar por fiscal del distrito fue mucho más sencilla de lo que yo misma esperaba. Lo primero y más importante fue conseguir un vestido formal que ayudara a la consecución del plan, y para eso me dirigí a Algonquin, donde la cadena de ropa formal Perseus tenía un par de tiendas. La que más cerca me quedaba era la que estaba situada en Middle Park Este, y donde el propio Flash me dijo que me acercara.
Nada más entrar me recibió un hombre de nombre Marcus, el cual no tenía más pluma porque no quería.
-¡Buenos días, querida, bienvenida a Perseus! Oigh, por favor, no te lo tomes a mal, cariño, pero déjame decirte que tu estilo es de lo más chabacano y hortera que he visto en casi toda mi vida…
-Vaya, gracias, no es como si mi cartera me permitiera pasarme por aquí más a menudo…
-Bueno, bueno, tonta, no te pongas así, hermosa, que tampoco es para tanto. Aunque si estás aquí supongo que es para cambiarte ese look por uno más auténtico y genuino.
-Se podría decir así, vengo de parte de Flash Sentry.
-¿Sentry? ¿Ese guapo y aguerrido oficial de policía? Oish, me caigo muerta, no me digas que tú eres la afortunada…
-No somos nada, pero algún que otro roce ha habido…
-¡Oh, ladrona, pero qué suerte la tuya! En fin, vayamos al lío, ¿qué estás buscando, encanto?
-Algo formal, que me haga ver como una ejecutiva…
-Huy, tengo las piezas ideales, ven conmigo, te voy a dejar hecha un pincel, el señor oficial se va a poner a tono en cuanto te vea, eso por descontado. Qué lástima…
Me dejé guiar por él mientras me aconsejaba hasta a que al final di con el conjunto ideal, compuesto por una falda de vestir negra y ceñida, una camisa blanca de cuello amplio y una chaqueta negra de manga larga, rematado con unos zapatos de tacón de igual color. Me lo probé para verme con él puesto, gustándome el resultado, y Marcus opinó al respecto.
-Oh, ahora sí, querida, qué duda cabe, mírate, estás deslumbrante.
-Sí, me gusta, me lo quedo.
-¡Estupendo! Me comentó el oficial Sentry que él se haría cargo de los gastos…
-Sí, pásaselo a su cuenta o algo.
-Está bien, lagartona…
Ante eso tan solo esbocé una zalamera sonrisita, puesto que después de todo era cierto.
-Ay, señor, cuanto tienen algunas y qué poco tienen otros…-murmuró entonces él.
-Bueno, depende de cómo se mire.
Una vez que tuve el vestido fue turno de Flash para hacerme pasar por la fiscal, siendo particularmente sencillo para él crear una documentación falsa al poder acceder a los medios necesarios para ello. Quedé con él un par de días antes de la operación para que me proporcionara los medios necesarios para hacer esto.
-Bueno, pues ya está, aquí tienes tu acreditación, te hará pasar por fiscal.
-Bien, aunque… ¿qué hay de la fiscal real?
-Se la espera para primera hora de la mañana, vive en Dukes y suele venir por el puente de la bahía de Dukes, por lo que puedo hacer algo al respecto para que se retrase.
-Espera ¿vive en Dukes pero es la fiscal del distrito de Bohan? ¿Cómo es eso?
Ante eso Flash se encogió de hombros, comentando de seguido.
-Ni idea, supongo que no tiene por qué vivir en el distrito para ser fiscal del distrito, no sé cómo funcionará eso, pero si va por el puente de Dukes puedo hacer algo para que se retrase; hay un peaje que va hacia Bohan desde el otro lado del puente, veré lo que puedo hacer.
-Ya, vale, pero si luego llega y ven que no se trataba de la verdadera fiscal ¿entonces qué?
-No te preocupes, yo me encargo.
Ante eso alcé una ceja con gesto inquisitivo, cosa que el chico vio, replicando enseguida.
-¿Qué pasa? ¿No confías en mí?
-No es que no confíe en ti, es que no me estás dando garantías de que esto vaya a funcionar.
-Créeme, funcionará ¿vale? soy yo el que se la está jugando, tú necesitas esas pruebas y yo también, así que los dos saldremos ganando.
Ante eso opté por fiarme de él, aunque por otro lado preferí no confiarme demasiado, teniendo que ser especialmente cautelosa en ese aspecto. Observé mi acreditación, viendo que ahora me llamaba Susan Haley.
-Está bien, aunque más te vale no cagarla, Flash…
-Descuida, sé lo que está en juego.
Una vez que estuvo todo claro ambos nos preparamos para el gran día, el cual vino poco después de nuestra reunión.
La hora de llegada a la comisaría era a las diez de la mañana, por lo que tuve que levantarme temprano, vestirme y esperar a la señal de Flash, el cual debía de ser el primero en hacer su movimiento. Estuve esperando a pocos metros de la comisaría, con el coche aparcado en un callejón cercano, y al cabo de unos pocos minutos de espera vi a un coche patrulla saliendo de la misma, consiguiendo distinguir a Flash conduciéndolo. Inmediatamente después contactó conmigo a través de un walkie-talkie que me había dado previamente.
-Vale, me dirijo al peaje del puente, en cuanto todo esté listo te avisaré.
-¿En qué has pensado?
-En provocar un atasco monumental que deje el puente impracticable, voy a montar un poco de revuelo, pero en realidad será un paripé, un informante mío, un irlandés, me ayudará con ello.
-Está bien, quedan quince minutos para las diez ¿os dará tiempo?
-Sí, de sobra.
-Bien.
A partir de ahí tan solo restó esperar, por lo que opté por encender la radio para no aburrirme; en ese momento sonaba Blow ya mind de Styles P featuring the LOX and Swizz Beatz, dejándome llevar por sus ritmos más relajados y pausados, siendo un tema un tanto distinto de los que solían sonar en The Beat. El estribillo era particularmente pegajoso, llegando a rapear a la par cuando sonaba.
Lo cierto era que, sin música, las cosas en este distrito serían muy distintas, ya que el rap más actual provenía de estas mismas calles en las que crecí a marchas forzadas, arropadas por sus versos cargados de ironía, realidad y una pizca de rabia. Alguna que otra vez había llegado a considerar meterme a rapera, ya que no se me daba nada mal, aunque para eso se necesitaba tener una amplia lírica y algo de conocimiento musical, siendo mis habilidades mucho más básicas en ese sentido.
En un momento dado la canción fue interrumpida por el DJ, Mister Cee, el cual anunció.
-¡Muy bien, gente, muy bien, hacemos una pausa para las noticias y ahora volvemos con más temas del momento, no os vayáis, que os estoy vigilando!
Finalmente, y tras una cuña de The Beat, el noticiero comenzó a sonar.
-¡Weazel News, dando las verdaderas noticias! Suceso de última hora, se acaba de registrar un incidente en pleno puente de la Bahía de Dukes, en el cual se ha montado un monumental atasco que ha dejado a multitud de personas atrapadas entre el fuego cruzado de un policía y lo que parece ser un criminal, el cual supuestamente trataba de escapar tras un atraco a mano armada. El helicóptero de Weazel News se ha traslado al lugar de los hechos para comprobarlos de primera mano ¿Cuál es la situación, Robert?
-¡Hola, Albert, pues no es para nada alentadora, una larguísima maraña de coches se encuentran ocupando gran parte del puente, y tanto el policía como el criminal se encuentran enzarzados en una cruenta lucha disparándose mutuamente, pero sin llegar a darse como tal! O el policía tiene una puntería terrible o el criminal es un paquete, pero desde aquí arriba apenas podemos distinguir gran cosa…
Al escuchar eso comprendí al instante que se trataba de Flash y su compinche, confirmándolo inmediatamente después en cuanto el chico se puso en contacto conmigo.
-¡Está hecho, Sunset, es tu oportunidad, acabo de ver a la fiscal y está atrapada!
-Bien, voy para allá.
Me bajé del coche y me dirigí a la comisaría, consultando mi reloj y viendo que quedaban escasos tres minutos, yendo algo justa de tiempo. En cuanto llegué junto a la puerta sostuve mi maletín para dar un poco más el pego con fuerza y entré en el lugar con paso seguro y gesto decidido, para dar un mayor aire de fiscal.
Me paré frente al mostrador y me dirigí al policía que lo custodiaba.
-Buenos días, soy la fiscal del distrito, vengo a revisar las pruebas del incidente entre los albaneses y los Spanish Lords de hace varios años atrás.
-Ah, sí, es verdad, que era hoy… documentación, por favor.
Le entregué mi identificación y la estuvo comprobando durante unos cuantos minutos que se me hicieron eternos; de vez en cuando iba despegando la mirada de la acreditación, observándome largo y tendido durante varios segundos que parecieron horas. Por mi parte permanecí tranquila y serena, para no mostrarme insegura ni nerviosa. Tras el mostrador dos policías conversaban entre sí, llegando a captar retazos de su conversación.
-Joder ¿te has enterado de las últimas medidas del ayuntamiento en materia de prestaciones sociales a ayudas a discapacitados? Ahora pueden venir aquí a trabajar desde autistas a obesos mórbidos, con un plus de dinero por parte de la administración al arrendador.
-¿En serio? joder, Ochoa está desmadrado, parece que no tiene suficiente siendo demócrata, sino que nos lo tiene que restregar por las narices ¡con gente así no me extraña que este país esté jodido!
-Desde luego, y luego van de progres y liberales de la ostia, pero meten aquí a cualquiera… ser policía en esta ciudad está infravaloradísimo ¿Quién me asegura que volveré mañana a casa y no acabaré con un tiro entre ceja y ceja? Y más aún en un distrito como este…
-A dónde iremos a parar…
Finalmente el policía terminó de comprobar la identificación y me la devolvió, dándome indicaciones y entregándome un manojo de llaves.
-Muy bien, todo en orden, señorita Haley, puede pasar, las pruebas se encuentran almacenadas abajo, primera sala a la derecha, cajón treinta y dos.
-Muchas gracias.
Una vez que logré superar la primera barrera no perdí más tiempo y me dirigí al lugar. Abrí primero la puerta a la sala, cerrando tras de mí y comprobando rápidamente el lugar; una serie de archivadores con estrechos pero alargados cajones ocupaban todas las paredes de la sala, con una pequeña mesa cuadrada en el centro de la misma donde se comprobaban las pruebas almacenadas. Cogí la llave del cajón treinta y dos y lo abrí con rapidez, ávida por saber los secretos que ocultaba. Cogí todas las pruebas que había en su interior, las cuales estaban guardadas en bolsitas herméticas, y las puse todas en la mesa para empezar a examinarlas una por una.
La gran mayoría de las pruebas eran fotos de determinados elementos del terreno, ya que las pruebas tangibles más inmediatas tendían a desaparecer o bien por el tiempo o por la acción premeditada del hombre, por lo que muchas de ellas eran fotografiadas para conservarlas como tal. Entre ellas destacaban pisadas de todo tipo, además de los cuerpos de los implicados en el tiroteo, entre ellos mi madre, a la cual no pude evitar ver metida en una bolsa mortuoria cerrada hasta la parte del pecho. Verla de nuevo tras todo ese tiempo hizo que se me revolviera el estómago, notando como mis ojos comenzaban a humedecerse de nuevo.
-Mamá…
Tenía los ojos cerrados con algunos arañazos en la cara, si no fuera porque se trataba de una foto forense parecía que tan solo se encontraba tranquilamente dormida. No pude seguir mirándola más, apartándola de golpe y comprobando el resto, mientras trataba de ignorar mis sentimientos.
Por otro lado había también varias balas metidas en uno de los sobres, todas juntas y revueltas; distinguí sobre todo balas de pistola y de microsubfusil, armas comunes que tanto albaneses como Spanish Lords solían usar usualmente, aunque hubo una que me llamó la atención, y esa fue una bala que era particularmente alargada, acabada en punta y con forma de vaina.
-Un momento, esta es una bala de fusil de asalto…
Eso era extraño de por sí, puesto que ambas bandas no solían usar armas de tan gran calibre, lo más potente que solían usar eran escopetas de corredera o recortadas y alguna que otra granada, pero no algo tan compacto como un fusil de asalto, además de que eran particularmente caros incluso en el mercado negro. Por un momento hice memoria, tratando de recordar quien más podría usar un arma así; en ese instante el moratón en el costado me dio otra punzada de dolor al moverme, y fue entonces cuando recordé quien más usaba esa arma.
-Espera… ¿y sí…?
Revolví las pruebas en busca de algo más concreto hasta que di con algo inusual; en una de las bolsitas herméticas vi entonces una tarjeta de restaurante un tanto sucia, apenas se veía, pero logré distinguir lo que ponía: Drusilla's ristorante italiano, establecido en Pequeña Italia desde 1971. Teléfono de contacto: 555-4320.
Entrecerré entonces los ojos, pensando en una posibilidad. De todas las pruebas recopiladas era la que más fuera de lugar estaba, pero al mismo tiempo era particularmente esclarecedora, haciéndome una idea entonces de quienes habían podido ser los que habían intervenido en la reunión entre los albaneses y los Spanish Lords.
Sin embargo en ese mismo instante mi móvil vibró y lo saqué, viendo que se trataba de un mensaje de texto de parte de Flash que decía: La policía ya está aquí, no podré contener a esta mujer mucho más, termina enseguida. Por mi parte hice una rápida foto de esa prueba, guardándome el móvil en el bolso y recogiéndolo todo rápidamente. De alguna forma sabía que había encontrado lo que buscaba, por lo que no me molesté en seguir buscando más. Cerré el cajón y salí de allí rápidamente, dejando las llaves en el mostrador de recepción.
-¿Ya ha terminado, señorita Haley?
-Sí, ya está, remitiré los resultados tan pronto como me sea posible.
-Muy bien, que tenga un buen día.
Regresé rápidamente al coche y me alejé de allí enseguida, una vez que estuve lo suficientemente lejos me detuve frente a un semáforo en rojo y aproveché para llamar a Flash.
-Ya está hecho, tengo lo que buscaba.
-Oh, bien, la mujer se acaba de ir en una patrulla escoltada, no he podido retenerla más tiempo. ¿Qué has encontrado?
-Algo que me dice que ha sido cosa de los italianos.
-¿Qué, los italianos? Pero eso no tiene sentido ¿por qué querrían los italianos inmiscuirse en este distrito? Ellos juegan a otro nivel…
-Sí, pero las pruebas dicen otra cosa… ¿conoces un restaurante llamado Drusilla's?
-Me suena, creo que estaba en Pequeña Italia, pero…
Por mi parte no dije nada más, pensando en posibilidades, aunque en ese momento el semáforo se puso en verde y vi la ocasión perfecta para cortar la llamada.
-Te dejo, Flash, luego hablamos.
-Ah, espera un momen…
Sin embargo colgué de seguido, dejándole con la miel en los labios mientras avanzaba entre el tráfico e iba pensando por mi cuenta; si realmente los italianos tenían algo que ver con todo este asunto, en tal caso no tenía más remedio que indagar por allí si quería sacar en claro lo que verdaderamente había pasado. Probablemente sería peligroso e increíblemente insensato, pero la mafia no me daba miedo. Descubriría quien había sido el causante de la muerte de mi madre. Por esta.
Durante los siguientes días estuve pensando en formas de abordar el asunto que me atañía, sin saber muy bien cómo proceder. No podía hacerlo así sin más, ya que después de todo eran los italianos, y prefería no llamar demasiado la atención para que no sospecharan que había alguien por allí tratando de averiguar cosas sobre ellos. Si por algo eran conocidos los italianos en el submundo criminal de una ciudad como esta, era por lo cuidadosos y amenazantes que podían llegar a ser, y no era para menos, puesto que la famosa Comisión no era moco de pavo, y básicamente no había nadie que les pudieran hacer sombra, salvo ellos mismos. Debía proceder con precaución.
Por otro lado, y tras acceder a las pruebas, Flash se las arregló para llegar antes que la verdadera fiscal a la comisaría y hacer desaparecer las grabaciones más recientes que evidenciaran mi reciente infiltración. Para cuando llegó la fiscal la policía se quedó con un palmo de narices, la fiscal también, y Flash se ofreció a investigar lo ocurrido, cubriéndonos mutuamente de esta forma. El chico me lo explicó todo cuando quedamos una tarde.
-Vaya ¿y cómo hiciste para adelantarte?
-Tuve que requisar una moto y atajar por callejones y aceras, los semáforos de camino para allá también ayudaron a retrasar un poco a la patrulla, por suerte. Luego tuve que sacar al de seguridad, que casualmente le conozco, y a partir de ahí el resto fue rodado. La fiscal llegó justo cuando estaba interviniendo las cintas, pero al menos la confusión inicial me dio algo más de margen.
-Nada mal… buen trabajo, oficial Sentry, es usted todo un profesional…
-Je, sí, gajes del oficio, por ahora he conseguido que no sospechen de ti apartando tu ficha, pero no sé por cuánto tiempo…
Por un momento me quedé callada, pensando en todo lo que me había comentado, hasta que finalmente esbocé una zalamera sonrisita, murmurando de seguido.
-Oh, vaya, realmente te debo una ahora… ¿cómo podré pagarte este favor?
-Bueno, bien puedes siempre hacer…
Sin embargo no le dejé terminar, poniéndome encima de él y robándole un súbito y apasionado beso. En un momento dado me separé de él e inquirí.
-¿Es suficiente?
Ante eso el chico no supo muy bien qué responder, por lo que comenté.
-Lo tomaré como un sí.
Tras eso me volví a echar sobre él, tumbándonos en el césped y dejándonos llevar. Por un instante el chico se dejó hacer, pero en un momento dado se separó de mí y se reincorporó, comentando entre medias.
-Espera, espera un momento…
-¿Qué pasa?
-Pues eso, que no sé lo que pasa, me gustaría que me lo aclararas…
Ante esas palabras enseguida supuse por dónde iban los tiros, traté de alejarme, pero entonces me sujetó de la cintura con sus piernas, inmovilizándome de seguido.
-¿Qué haces? Suelta…
-Ah, ah, de eso nada, esta vez no te me escapas…
-¿De qué vas? Quítate de encima…
-No hasta que me contestes a mi pregunta…
-¿Qué pregunta? No me has preguntado nada…
-No escurras el bulto, Sunset, sabes de lo que hablo, quiero aclarar esto que tenemos tú y yo…
-¿Para qué? No tiene caso, si no quieres follar me lo dices y ya está…
-No es eso, escúchame…
Realmente no quería escuchar ni hablar con él acerca de ese asunto, pero me tenía atrapada y apenas podía hacer gran cosa, traté de liberarme usando los brazos para obligarle a soltarme, pero Flash me cogió de las manos, mirándome atentamente a los ojos, e inquiriendo de seguido.
-¿Qué soy para ti, Sunset? ¿Significo algo?
No respondí al principio, sin saber muy bien qué decirle, aunque en un momento dado inquirí.
-¿Y tú?
-No me respondas con otra pregunta, contesta.
-No hace falta que seas tan galante conmigo, responde tú primero.
Flash me miró de hito en hito, no muy seguro, pero finalmente respondió.
-Si insistes. Tal y como yo te veo, eres una chica que desperdicia su vida y enfocada demasiado en la venganza por lo de tu madre, lo cual puedo entender hasta cierto punto, pero aun así no me parece bueno que te enfoques única y exclusivamente en eso. Y en cuanto a lo de mis sentimientos, eres una chica muy guapa, aunque no te conozco tanto como a mí me gustaría…
-¿Conocerme? ¿Para qué?
-¿No es obvio? Porque quiero ayudarte, y comprenderte mejor… ¿eso responde a tu pregunta?
Alcé una ceja en un gesto entre inquisitivo y extrañado a partes iguales; por mi parte se refería lo tenía bastante claro, gracias a él había conseguido lo que quería y no tenía por qué continuar con todo este paripé, aunque por otro lado tampoco quería deshacerme de él así sin más, ya que tal vez, y solo tal vez, me podría volver a ser de utilidad. Después de todo era un oficial de policía, y siempre venía bien tener a uno de aliado.
-Eres un tío extraño, no quieres follar y hablas de sentimientos. Sabes que no me importa que te metas en mi cama…
-No todo se reduce a la cama…
-Ya, claro… en fin, me voy yendo ya, tengo cosas que hacer.
-Aún no has respondido a mi pregunta-me recordó entonces él.
Me quedé callada momentáneamente, no muy segura de si decirle algo o no, pero al final esbocé una sonrisita y murmuré.
-Mmmh… creo que no lo haré.
-¿Qué? ¿Por qué no? Yo te he dicho mi porqué, ahora deberías decir tú el tuyo.
-Sí, pero creo que no lo haré… después de todo un secreto hace mujer a una mujer ¿no crees?
Ante eso el chico no supo qué decir y yo aproveché para retirarme rápidamente, sin darle tiempo a reaccionar ni responder, dejándole con la intriga. Después de todo no quería sacar más el tema, aunque por otro lado algo me decía que el chico no se daría por vencido así sin más. Mientras tanto, seguiría jugando con él. Eso por descontado.
Por otro lado seguí trabajando, ya que los encargos seguían surgiendo todos los días; Elizabeta confiaba bastante en mí después de repartir bastantes paquetes por todo Bohan y lo mismo ocurría con Little Jacob, con el cual también seguía en contacto de vez en cuando. En cuanto a trabajo se refería no me iba tan mal después de todo.
Sin embargo un buen día recibí una angustiada llamada de Betty, la cual me habló con tono lloroso, alarmándome de improviso.
-¡Sunset, tía, por favor, tienes que ayudarme!
-¿Betty? Hey ¿Qué te pasa, por qué lloras?
-Es que es muy fuerte, en serio, no me lo puedo creer, me siento humillada, me siento… una mierda…
-A ver, a ver, con tranquilidad, respira hondo ¿Qué te ocurre?
-Es que… prefiero contártelo en persona ¿puedes quedar?
-Sí, claro ¿dónde estás?
-En Bahía Chica, en la esquina entre Sing Sing Avenue y Flanger Street, ven rápido, por favor…
-Vale, en unos minutos estoy allí.
Algo preocupada por la chica, no perdí más tiempo y me dirigí hacia allí en coche, aparcando cerca y paliando el resto de metros andando. No me hacía mucha gracia volver a recorrer las calles de ese barrio por obvias razones, pero aun así hice de tripas corazón y fui a ver a mi amiga.
Nada más verla me llevé una grata sorpresa, ya que estaba ligeramente distinta a como la llegué a ver la última vez; y es que se podía notar que había perdido unos kilitos, viéndose algo más esbelta y no tan ancha como antes.
-¡Sunset!-exclamó ella al verme, abrazándome.
-¡Betty! Hey, has perdido peso, qué bien te veo…
-Sí, llevo varias semanas yendo al gimnasio y haciendo dieta y me está haciendo maravillas… pero es que es precisamente por eso…
-¿Qué? ¿Estás mal porque estás adelgazando? ¿Cómo así? Eso no tiene sentido…
-No, a ver, yo estoy contenta, el problema es que… me han echado del trabajo, tía…
-¿Qué? ¿Cómo así?
-¡No lo sé, el caso es que mi jefe me ha dicho que ya no le soy útil y me ha echado así sin más! Traté de que me explicara por qué lo hacía, y tan solo me ha dicho, textualmente, "delgada no me sirves". No entiendo nada…
Esbocé un gesto extrañado, ya que, como ella bien decía, no tenía mucho sentido.
-Espera ¿delgada no le sirves? Sí que es raro, sí…
-Te he llamado porque no sé qué hacer, me siento impotente, intento cambiar y pierdo mi trabajo… qué mierda todo…-masculló la chica, al borde del llanto.
Por mi parte la di un sentido abrazo para que se sintiera un poco mejor, dejando escapar toda la rabia e impotencia que sentía. Realmente no tenía mucho sentido esa situación, aunque de cierta forma me llamaba la atención el hecho de que la hubiera echado sólo por haber adelgazado. Sin embargo ver así a mi amiga me dolió bastante, y me dio bastante coraje por ese bastardo que la echó así sin más, sin mayor justificación. Por lo que decidí tomar cartas en el asunto sin pensarlo mucho más.
-Esto no va a quedar así, iremos a hablar con él ¿dónde está?
-En la gasolinera, al otro lado de esta calle, junto al puente.
-Vale, vamos.
-Espera ¿qué vas a hacer?-inquirió Betty, extrañada.
Sin embargo preferí no contestar, comenzando a caminar a paso ligero y comenzando a pensar a toda velocidad las posibles razones de tan súbito despido, que a todas luces parecía improcedente. Me enervaba por el hecho en sí, y de cierta forma comenzaba a sospechar una posible explicación, pero aun así preferí salir de dudas primero, apretando el paso.
Dicha gasolinera pertenecía a la corporativa multinacional RON, una de las compañías de combustibles más famosas y destacadas del país, con presencia en todo el mundo también. Esa gasolinera en concreto ocupaba todo un solar bastante amplio al lado del acceso al puente de la Bahía de Dukes, y poseía un total de seis surtidores además de la pertinente tienda. No había nadie repostando en ese momento, por lo que aproveché la oportunidad, aunque antes de entrar en la tienda Betty me detuvo, insegura.
-¡Espera! ¿Qué vas a hacer?
-Hablar con ese tipo y dejarle las cosas claras, le apretaré las tuercas si es necesario.
-¿Cómo las tuercas? Espera… ¡Sunset, espera!
Aún a pesar de su llamado entré en la tienda y vi a un tipo de mediana edad, de facciones rectas, pelo moreno, ojos oscuros, y vestido con el uniforme de RON reponiendo algunos productos en estanterías cercanas. Al oírme entrar se dio la vuelta y saludó.
-Buenos… un momento ¿Qué haces tú aquí? Te he echado hace nada, vuélvete por dónde has venido-masculló entonces al ver a Betty.
-El caso es que estamos aquí por eso, señor…
-Howard, Howard Sawicki… ¿y tú quien coño eres?-le espetó el hombre de mala manera.
Ante eso Sunset tan solo esbozó una fugaz sonrisita, murmurando de seguido.
-Soy una amiga de Betty, me ha contado lo que ha hecho con ella y vengo para aclarar este malentendido…
-Ja, no hay ningún malentendido, simplemente la he echado y ya está…
-¿Con qué razón?
-¡Con la razón que me sale de la punta del ciruelo! ¡Soy el encargado y yo decido qué hacer con mis empleados, y si quiero despedirla, la despido! ¿¡Estamos?!
Por su parte Sunset no dijo nada por un momento, volviendo a hablar al poco rato.
-Parece que no termina de entenderlo, Betty me ha dicho que la ha echado sólo porque había adelgazado ¿en serio cree que esa es una razón más que justificable para echar a alguien?
-¿Y qué? ¡No se meta donde no la llaman!
-Oh, el caso es que sí me meto ¿sabe por qué? Porque Betty es una vieja amiga mía, una amiga que creía que no volvería a ver, y si estoy aquí es porque sé que debo de defenderla de cabrones chupasangres como usted, no pienso permitir que la tomen por el pito del sereno-mascullé entonces.
Ante eso la chica se quedó ciertamente emocionada, llegando a murmurar por lo bajo.
-Sunset…
-¿De qué me habla? ¡Fuera de aquí ahora mismo!
-Oh, sabe de lo que hablo, eso por descontado. Puede que solo sea una simple matona del tres al cuarto, pero eso no significa que sea tonta ni mucho menos. Hace poco que el alcalde Ochoa da un plus de dinero a negocios que contratan a discapacitados, para incentivar la inserción laboral, pero como ahora Betty está adelgazando eso le impedirá acceder a ese dinero ¿verdad? Dinero que, seguramente, se lo quedará usted en vez de enviar a la compañía la cantidad correspondiente.
He de reconocer que me tiré un poco a la piscina haciendo todas esas suposiciones, pero el arriesgarme al final dio sus frutos, puesto que la cara del hombre al escucharlo fue un auténtico poema, delatándose a sí mismo de forma casi involuntaria y reaccionando de seguido.
-Usted… cómo… ¡no tiene pruebas!
-¿Que no? ¡Betty misma es una prueba! ¡Si no hubiera adelgazado probablemente seguiría trabajando aquí, y sin embargo usted la ha echado! ¡Porque ha adelgazado! ¡No es ninguna disminuida, tan solo es obesa de grado uno o dos como mucho! ¿Qué tiene que decir al respecto?
Al verse acorralado el hombre se dirigió al mostrador, en un intento por refugiarse allí, y yo le seguí. Se le notaba nervioso, por lo que había dado en el clavo. Era el momento ideal para apretarle las tuercas, y eso se me daba especialmente bien.
-¿No va a decir nada?
-¡No tengo por qué decir nada! ¡Además! ¿Qué va a hacer usted al respecto? ¡Nada!
Ante eso alcé las cejas en un gesto sorprendido, a lo que respondí con contundencia; saqué una pistola y la dejé sobre el mostrador, intimidando de esta forma tanto al hombre como a Betty, la cual se puso nerviosa.
-¡Espera, Sunset, déjalo, no tiene importancia, no merece la pena!
-No te metas, Betty, esto es entre él y yo. No pienso dejar que este desgraciado se vaya de rositas…-musité, con rabia.
-Pero…
La miré con expresión queda y ella se calló, echándose un poco hacia atrás. Por su parte el señor Sawicki siguió tras el mostrador, intimidado.
-¿Y bien? ¿Qué vamos a hacer entonces?
Nos cruzamos las miradas, le miré con un gesto decidido y sereno y él me devolvió el gesto con un latente y palpable miedo en su mirada. Aun así, y contra todo pronóstico, en cuanto tuvo la oportunidad la cogió y me apuntó con ella. Betty reaccionó, pero yo ni me inmuté.
-¡Sunset! ¡No, por favor, señor Sawicki, me iré, pero no dispare!
-¡Cállate, perra, por tu culpa no voy a recibir el dinero! ¡Si quieres culpar a alguien, cúlpate a ti misma, por querer cambiar!
-¡No, no! ¡Sunset!
Aun así no dije ni hice nada, sosteniéndole la mirada fijamente sin apenas inmutarme. El señor Sawicki me miró con furia y, al segundo siguiente, disparó.
Sin embargo lo único que se oyó fueron dos secos clics, que evidenciaron lo evidente. Sawicki se quedó desconcertado y yo, esbozando una grata sonrisa, cogí mi Desert Eagle que guardaba en el bolsillo trasero rápidamente y le encañoné. Ante eso el hombre no flaqueó, sino que se rió tontamente, murmurando de seguido.
-Es un farol, está descargada…
Ante eso solté una divertida risita, disparando a una botella de The Mount Distilling whisky que tenía en los mostradores, justo al lado de su cabeza. La botella reventó, esparciendo el líquido hacia todas las direcciones y empapando en parte al señor Sawicki, el cual se asustó, ésta vez de verdad. Me tiró la pistola descargada y trató de huir por el otro lado del mostrador, pero actué deprisa y disparé hacia el otro lado para cortarle el paso y que no escapara. El hombre cayó al suelo temblando y me acerqué a él con el arma en la mano.
-No… no, por favor… no me mates, readmitiré a tu amiga, haré lo que sea, le enviaré a RON el dinero que le corresponde, pero por favor…
-¿Por qué debería confiar en usted? Si ha sido capaz de esquilmar al ayuntamiento, a hacienda y a RON, no tendría por qué fiarme…
-Yo… necesitaba el dinero… mi familia…
Ante esa confesión pude ver que realmente no mentía. Una familia… el tipo tenía una familia. Justamente lo que yo no tenía. Saqué el dedo del gatillo y le ayudé a levantarse.
-Oh, gracias, gracias, muchas…
Aun así preferí desquitarme asestándole un seco culatazo en la cara, tirándole al suelo de nuevo.
-Lo siento, pero le tenía ganas. No voy a matarle, pero espero que actúe en consecuencia…
-Sí, sí, claro…
-Aunque le debe a Betty una disculpa…
-Ah, sí… lo siento… pásate mañana.
Ante eso la aludida tan solo asintió con la cabeza, sin decir nada más.
-Bien… no me haga tener que volver aquí.
Tras eso me guardé mi Desert, cogí la pistola descargada y me fui de allí mientras la limpiaba, tirándola a un contenedor cercano.
Durante todo el camino de vuelta ninguna de las dos dijo nada, aunque en un momento dado Betty murmuró.
-Sunset…
Antes de que dijera nada más yo me adelanté.
-Hice lo que tenía que hacer, nada más.
Ante eso la aludida tan solo asintió, esbozando una sonrisa y murmurando.
-Gracias… eres una buena amiga… y muy buena persona.
Ante eso negué con la cabeza, comentando de seguido.
-No me considero tal cosa, pero… me alegro de que hayas vuelto, Betty.
Fue entonces cuando, sin previo aviso, la aludida me dio un súbito abrazo, correspondiéndola de igual forma. Realmente la agradecía que volviera a aparecer, antes de que lo hiciera no tenía a nadie más, todos mis antiguos amigos habían desaparecido o se habían mudado, y salvo Alfonso no me quedaba nadie más. Y también estaba Flash… aunque enseguida le eché de mi cabeza, sacudiéndola brevemente, como si así se fuera a ir.
Una vez que estuvo todo aclarado las dos nos separamos, Betty prometió seguir poniéndose en forma en el gimnasio y por mi parte la dije que si volvía a tener problemas me llamara. Después de todo era mi amiga. Y ésta vez no la volvería a dejar atrás.
Los días fueron pasando anodinamente, el trabajo seguía como siempre, y por mi parte finalmente me decidí a dar el paso e investigar por mi cuenta a los italianos, aunque no iba a ser fácil. Si por algo destacaba la Comisión era por lo hermética e impenetrable que llegaba a ser, sólo los miembros de las cinco familias podían llegar a tener contacto con el resto de integrantes, y de sus empresas tapadera, negocios y demás entramados ya ni hablamos. La única pista de un negocio conocido que tenía era el Drusilla's, por lo que sin muchas más opciones, un buen día me dirigí allí para investigar sobre el terreno.
Pequeña Italia era, como bien dice su nombre, un pedacito de Italia en medio del bajo Algonquin, un barrio de no más de quince mil o veinte mil kilómetros cuadrados que ocupaba un par de manzanas y media, un par de calles, sus colindancias y poco más. Curiosa e irónicamente su población de inmigrantes italianos ha estado decreciendo con el paso del tiempo, y ya no es lo que antes era, sin embargo la presencia de la Comisión por sus calles seguía estando ahí. Aun así seguía conservando su marcado y único estilo, con calles adoquinadas, bocas de incendios con los colores de la bandera italiana, algunos edificios con la misma estética, farolas y banderines colgados de los edificios.
Aparqué el coche en un callejón del barrio colindante de Suffolk y me dirigí directamente hasta la calle del Drusilla's, una pequeña porción de Denver Avenue. El restaurante estaba situado en la planta baja de un antiguo edificio cuya fachada estaba pintada con los colores italianos, había gente en su interior comiendo, nadie tenía pinta de ser un mafioso encubierto, sino una amalgama de propios y turistas. Di la vuelta a la manzana y vi un callejón que la partía en dos, un acceso trasero llevaba al restaurante, pero su puerta se encontraba cerrada. Busqué por las inmediaciones alguna otra pista que me pudiera ayudar, justo al lado del edificio del restaurante había un amplio solar vallado, tenía pinta de que iban a construir allí, por lo que entré a echar un vistazo. Aun así no encontré nada, lo cual me frustró un poco, pero en un momento dado una voz tras de mí murmuró.
-Benvenuta, amica.
Me di la vuelta, tratando de reaccionar a tiempo, sin embargo la culata de un fusil de asalto, concretamente un AK-47, me golpeó de improviso en toda la cara, dejándome del todo alelada. Traté de recomponerme, pero el golpe fue tan fuerte que me tambaleé y caí de espaldas al suelo. Lo último que llegué a oír antes de caer inconsciente fue una grave voz decir.
-Gracias por ahorrarnos el tener que buscarte.
No supe muy bien cuánto tiempo estuve inconsciente, pero la torta que me despertó al poco rato fue particularmente real. En cuanto pude enfocar bien vi que me encontraba en un sótano, maniatada en una silla y con un hombre bastante grande enfrente de mí.
-Ah, por fin, ya has despertado…
Dicho hombre era de mediana edad, de frente ancha y pelo castaño cortito; vestía con un traje gris de ejecutivo, corbata roja y zapatos negros.
-Mírame bien… que me mires te digo-masculló el hombre, cogiéndome del mentón y obligándome a mirarle.
Por un instante nos sostuvimos las miradas, frías como el témpano, hasta que finalmente me soltó. En un momento dado se sacó un cigarro y se lo comenzó a fumar pausadamente, al tiempo que preguntó.
-¿Sabes quién soy yo?
-No ¿debería?
-Pues ahora que lo dices… sí, deberías. Después de todo me he tomado la molestia de conocerte a ti.
-¿Ah, sí? ¿Y quién soy?
Ante eso el hombre sonrió dejadamente, dando una calada y retomando la conversación.
-Así que quieres jugar… muy bien. Eres Sunset Shimmer, asociada de los albaneses, una matona a sueldo que se gana la vida de cualquier forma y a cualquier precio…
-No está mal, aunque no es nada del otro mundo…
-… no he terminado. También estas asociada con los Spanish Lords, el cártel de Torres y recientemente con los jamaicanos. Ah, y también trabajas de stripper en el Triangle Club.
-Muy bien, qué diligente, ha hecho los deberes…
-Yo siempre los hago. Y ahora te toca a ti ¿Quién soy yo?
-Je, no tengo ni puta idea, ilumíneme-murmuré, divertida.
-Muy bien. Soy Anthony Spoleto, caporegime de los Ancelotti, o capitán, por si no estás enterada…
-Encantada…
-Sí, claro que sí. ¿Sabes por qué estás aquí?
-No lo sé ¿por qué estoy aquí?
-Oh, lo sabes perfectamente… verás, hace relativamente poco alguien atacó a varios de mis hombres en uno de nuestros muelles en isla de Carga, robándonos en el proceso… ¿adivinas quién pudo ser?
Ante eso tan solo pude esbozar una divertida sonrisita, sin poder evitar siquiera reírme por lo bajo.
-Entonces, Sunset Shimmer… ¿a ti te parece bien matar así sin más a mis empleados?
-Bueno… si se apropian de cosas que no son suyas… pues sí, está bien.
-¿Perdón?
-Lo que oye, esos sedantes no eran suyos, eran de un contacto mío que los dejó a cargo de sus chachas particulares, y sus hombres se tomaron la libertad de apropiarse de ellos así sin más.
-Oh, ya veo… pero ¿sabes lo que pasa?
-¿Sí?
-Que me da igual de quienes eran, simplemente nos los robaste.
-¡Yo no robé nada, simplemente los recuperé, ustedes los robaron!
-Sigue diciendo eso…
-¡Las veces que haga falta, mire! ¡Ustedes robaron esos sedantes, yo lo único que hice fue recuperarlos y devolvérselos a su legítimo dueño!
Fue en ese instante cuando Spoleto no se hizo de rogar, dándome un puñetazo que me tumbó a mí junto a la silla en el suelo; escupí un poco de sangre y miré mal al hombre, el cual se palpaba el puño, a lo que yo respondí.
-¡Sí, golpéeme todo lo que quiera, pero eso no quitará lo que son! ¡Unos simples y burdos ladrones que se creen los dueños de todo! ¡Y se lo diré a usted y a quien sea a la cara, no me importa, no me dan miedo!
Frente a eso Spoleto se rió como si le hubieran contado un chiste malo, hablando de seguido.
-¿Sabes de qué me río? Tiene mucha gracia, porque claro, si me lo dices a mí, se lo dices directamente a mi jefe, y si se lo dices directamente a mi jefe… ¿sabes a quien más se lo dices?
-Cuénteme más…-mascullé entonces con sorna.
La verdad es que me sentía bastante enervada, y no era para menos, ya que realmente me estaba tocando mucho las narices ese espagueti del tres al cuarto. Me daba igual quien fuera ese tío, en ese momento me sentía vapuleada, y no iba a permitir que me pisaran así sin más.
Por su parte Spoleto fue a hablar, pero entonces se lo pensó mejor y murmuró.
-No, espera… ¿sabes qué? Este es tu día de suerte, Sunset Shimmer, tienes la oportunidad de decir todo eso a quien quieres decírselo.
Sin decir nada más, me levantó, me desató y luego me encañonó, diciéndome.
-No intentes nada estúpido o te coso a tiros. Camina.
Me puse por delante y fui a dónde me iba indicando, subimos unas escaleras cercanas hasta llegar al interior del Drusilla's, que en ese momento estaba vacío y aparentemente cerrado. Tras pasar por el comedor nos dirigimos entonces a otras escaleras que subieron directamente al piso superior, aunque continuamos sin parar hasta el último piso, justo al lado de unas puertas dobles.
-Ábrelas, te espera una sorpresita dentro.
Obedeciendo abrí ambas puertas de par en par, irrumpiendo entonces en lo que parecía ser una reunión; había un total de cinco personas sentadas en una alargada mesa, la cual era presidida por un hombre de avanzada edad, casi calvo y de facciones arrugadas. A los otros lados de la mesa había un total de tres hombres y una mujer, casi todos eran de una mediana edad avanzada. Los cinco me miraron con gestos extrañados, al tiempo que Spoleto entraba tras de mí; al hacerlo uno de los hombres que estaban sentados a la derecha, el más mayor de todos sin contar el que presidía la mesa, se dirigió a él. Parecía tener más de setenta años así a ojo.
-Anthony ¿qué es todo esto? ¿No ves que estamos de reunión? ¿Qué afrenta es esta?
-Lo siento, Don Ancelotti, pero digamos que tenemos un problemita, aquí la señorita tiene algo que decirles a todos ustedes. Diles lo que me has dicho a mí, encanto.
Para entonces ya estaba lo suficientemente nerviosa, ya que en un momento y lugar como ese, hasta yo podía ver quiénes eran esas personas. Estaba más que claro. Me había traído ante la mismísima Comisión. Y ahora estaba a su merced.
-¿Qué pasa, preciosa, se te ha comido la lengua el gato? Diles lo que me has dicho a mí, no están para perder el tiempo.
-Exacto-masculló la única mujer allí, mirándome severamente.
El único que no parecía mirarme mal era el anciano que presidía la mesa, el cual me observaba con una inusitada curiosidad. Solté entonces un pequeño suspiro, viendo que no había vuelta de hoja. Me aclaré la garganta para acto seguido hablar.
-Bueno, pues lo que le decía aquí al señor Spoleto, era que todos ustedes no son más que una pandilla de ladrones que se creen los dueños de esta ciudad y que todo les pertenece.
El silencio posterior cayó como una losa pesada, todo el mundo me taladró con la mirada, con pintas de querer matarme allí mismo. Sin embargo, y en ese justo instante, el anciano que presidía la mesa comenzó a reírse abiertamente, con voz cascada y llegando incluso a aplaudir en el proceso, lo que descolocó a todos los presentes. En un momento dado se levantó entonces de la mesa, dirigiéndose a mí aun riéndose y murmurando por el camino.
-Bueno, bueno, bueno, hacía años que no me reía tanto. Ole tus ovarios, querida mía, me gusta tu sinceridad, eso desde luego. ¿Cómo te llamas?
-Sun… Sunset Shimmer…
-Así que Sunset Shimmer… bonito nombre. ¿Dices que somos unos ladrones? Eso es una acusación muy seria ¿por qué lo dices? Ponme en situación, por favor, todo esto me da muchísima curiosidad…
-Señor Gravelli, con todos mis respetos, creo que todo esto está fuera de lugar…-murmuró en ese momento uno de los hombres.
-Cállate, Harvey, deja hablar a la señorita…
El tal Harvey se quedó un tanto cortado, y yo aproveché para explicarle de forma resumida toda la historia, aunque sin dar nombres para no inmiscuir ni a Alfonso ni a Dardan en todo esto. Una vez que estuvo todo aclarado, el tal Gravelli se quedó pensativo, rumiando la historia mientras se rascaba la barbilla en un gesto pensativo, hasta que finalmente habló.
-Sí… puedo entender por qué nos llamas eso, y ciertamente los chicos de Giovanni no tenían por qué haber cogido así sin más ese sedante…
-¿Qué? Pero señor Gravelli…-murmuró en ese momento el tal Giovanni, un tanto molesto por esa afirmación.
Sin embargo bastó una rápida mirada por parte del propio Gravelli para que Giovanni se callara, sin volver a decir nada más. Por su parte Gravelli volvió a hablar.
-Tu actuación para con los chicos de Giovanni está más o menos justificada, sin embargo eso no quita lo que hiciste. Mataste a unos cuantos de sus muchachos, y quieras que no, eso ya es grave de por sí.
-Exacto, eran mis hombres, buenos hombres, y ahora les tengo que decir a sus viudas que no los van a volver a ver, y conozco personalmente a un par. Eso no se hace-masculló entonces Giovanni, molesto.
-Normalmente no te toleraría que me interrumpieras así sin más, Giovanni, pero ahí llevas razón. Comprendo lo que te llevó a hacerlo, pero esa gente era parte de lo que somos aquí, servían para un propósito, pero ahora están muertos. Entonces… ¿qué vamos a hacer?
Comprendí al instante que se trataba de una pregunta directa, por lo que debía responder como tal; parecía que no había opciones para mí, pero entonces vi una posible salida e inquirí de seguido.
-¿Cuántos hombres eran?
-Diez, y un par de hombres heridos-respondió Giovanni enseguida.
-En ese caso están de enhorabuena, señores, porque yo misma valgo por diez hombres justos.
Esa declaración cogió de improviso a todo el mundo, mirándome como si estuviera loca, incluso algunos llegaron a opinar al respecto.
-Qué descarada…-masculló la única mujer, mirándome molesta.
-Habrase visto…-hizo lo propio otro de los asistentes.
Sin embargo a Gravelli no pareció importarle, de hecho se volvió a reír con voz cascada, comentando de seguido.
-¡Ja, ja, ja! ¡Madre mía, querida, hacía mucho que no me reía tanto, no sé yo si eso va a ser bueno para mi pobre y desgastado corazón, pero me gusta, me gusta! Aun así dime una cosa… ¿es concluyente? Piensa en dónde te estás metiendo…
Las palabras del hombre me sorprendieron y extrañaron a partes iguales, ya que de cierta forma me estaba dando a elegir, y teniendo en cuenta con quienes estaba hablando, de por sí ya era decir mucho. Sin embargo me encontraba donde quería, de todas esas personas aquí presentes había alguien que, muy probablemente, sabe algo acerca de quien provocó la muerte de mi madre. Sí, era arriesgado, y me exponía a mucho, pero algo me dijo que la nueva situación me abría nuevas posibilidades, por lo que finalmente murmuré.
-No soy de las que se achantan por nada, así que sí, considéreme una nueva asociada.
-¡Espléndido! Justamente estábamos tratando un asunto importante que nos concierne a todos, y necesitábamos a alguien para hacer un determinado trabajo…
-¿De qué se trata?-inquirí entonces, sin pestañear.
-De un caso complicado, Harvey, explícala un poco de qué va todo esto.
El tal Harvey se revolvió en la silla, no muy a gusto con esa situación, pero enseguida comenzó a explicarse.
-Eh… vale, a ver ¿conoces el proyecto del Liberty City Hotel & Casino que se ha proyectado para construirse en la zona verde de Castle Gardens?
-Sí, algo me suena de haberlo visto en las noticias…
-Vale, el caso es que el promotor de dicho proyecto, un multimillonario árabe, quiere hacerlo realidad, ya que traería mucha liquidez a la ciudad, además de una importante oportunidad de negocio que nos beneficiaría a todos. El ayuntamiento también quiere avalarlo, pero no las tiene todas consigo, el sindicato de trabajadores y obreros se opone al proyecto ya que según ellos no reúnen todas las condiciones laborales necesarias y no sé qué más historias que, la verdad, ni me van ni me vienen. El proyecto ha de hacerse, pero el líder sindical no hace más que ponernos trabas, y la verdad es que es un verdadero dolor de muelas, por lo que hemos elaborado un plan para hacernos con el sindicato y así asegurar el proyecto.
-Déjeme adivinar, disponen del líder sindical, coloca a alguien de su confianza y de esta forma se infiltran en el ayuntamiento y hacen que el proyecto siga adelante.
Mi suposición fue correcta, ya que todo el mundo se quedó gratamente sorprendido al ver que lo había deducido tan rápidamente; Gravelli me miró esbozando una satisfecha sonrisita, murmurando por lo bajo.
-Chica lista…
Por su parte el tal Harvey asintió someramente, sin decir nada más. Por su parte Gravelli volvió a hablar.
-Bien, entonces ésa será tu prueba de fuego. Dispón del líder sindical, y si haces esto bien, te recompensaremos apropiadamente. Me das buenas vibraciones, Sunset Shimmer. No veo más que cosas buenas contigo, muchacha.
Por mi parte no dije nada, dejando que fuera él quien hablara y asintiendo con la cabeza. Los demás no me hicieron mucho caso, aunque tampoco se les notaba muy interesados en mí, Gravelli era el único que sí parecía esperar algo de mi persona.
Como debían de seguir con la reunión me hicieron salir, teniendo que esperar fuera. Al cabo de unos cuantos minutos más la reunión finalizó y todos salieron de la sala, el primero en hacerlo fue el tal Giovanni, el cual se dirigió a mí al verle.
-Has tenido suerte, le has caído en gracia a Gravelli, pero personalmente no termino de fiarme de ti. A Giovanni Ancelotti no se le golpea así sin más. Espero que cumplas con lo pactado.
Por mi parte no dije nada, asintiendo con la cabeza y observándole marcharse; el siguiente en dirigirse a mí fue el tal Harvey.
-Ah, por cierto, antes de que me olvide, aquí tienes una foto del líder sindical, su nombre es Joseph Murdock, trabaja en el edificio municipal de Algonquin, al lado del ayuntamiento.
El hombre era joven, así a ojo tendría como unos treinta y pocos años, era de pelo moreno, ojos claros y vestido cual ejecutivo, con un traje negro y corbata roja.
-Bien… ¿les corre prisa?-inquirí entonces.
-No mucha, aunque cuanto antes lo hagas, mejor.
-Vale.
-Esto es importante, más te vale no cagarla. Apunta mi número por si surge algo, soy Harvey Noto, de la familia Messina.
Añadí su número en la agenda y, tras eso, se marchó rápidamente. Tras él vino la mujer sesentona, que no dijo nada, tan solo se limitó a mirarme con gesto receloso antes de marcharse, seguida por el último hombre que ni me miró. El último en salir fue Gravelli, el cual se sostenía con un bastón.
-Bueno, querida, pues todo tuyo, espero que no nos defraudes…
-Sí, no me apetece acabar en el fondo del Humboldt con unos zapatos de cemento-murmuré, en una mezcla de seriedad y cachondeo.
Sin embargo Gravelli volvió a reírse, murmurando de seguido.
-Qué salero tienes, querida, me encanta, aunque como detalle te diré que ya no se hace eso, el cemento está muy caro hoy en día.
Tras eso se despidió de mí y bajó las escaleras en dirección hacia el restaurante, viendo que se marchaban de allí por la puerta de atrás; fui a irme yo también cuando un hombre de mediana edad, pelo moreno, corto y porte elegante me detuvo.
-Hey, hola, tú debes de ser Sunset ¿verdad?
-Eh… sí, soy yo…
-Bien, me han contado sobre ti, hay que tenerlos bien puestos para enfrentarte de esa forma a los cinco, eso desde luego…
-Sí, bueno, cosas de la vida, supongo… ¿es usted también de la Comisión?
-Bueno, sí y no.
-¿Sí y no? ¿Qué quiere decir eso?
-Digamos que soy un… invitado especial, por así decirlo. No formo parte de ninguna de las cinco familias, pero estoy en contacto con ellas, de hecho este restaurante es mío. Me llamo Ray Boccino, encantado.
-Igualmente… ¿y de qué familia es usted?
-Soy el caporegime de la familia Pegorino, la cual está asentada en Alderney, el Don de esta quiere conseguir un asiento en la Comisión, y yo hago de intermediario entre él y ésta para intentar convencerles.
-Ya veo…
-Pero bueno, mucha suerte con tu encargo, si te sale bien y demuestras lo que vales puede que tenga algo para ti.
-Bien, gracias.
Una vez que estuvo del todo hablado salí a las calles de Pequeña Italia, sintiendo que había avanzado exponencialmente; de forma particularmente espontanea ahora era una asociada de la Comisión, con un encargo por delante que, de buenas a primeras, no sabía cómo abordar. Observé de nuevo la foto que me dieron, en el reverso de la misma se encontraba apuntado su nombre con la siguiente información: despacho 56, trigésima segunda planta, edificio municipal de Algonquin, Ayuntamiento.
Entrecerré los ojos, pensando en posibilidades, aunque por ahora no se me ocurría nada inmediato, por lo que opté por pensarlo bien antes de hacer nada. Ahora trabajaba para la Comisión, y debía de ser profesional y mantener las formas. Ya habría tiempo de asestar el golpe final.
Abordar el encargo no fue sencillo, teniendo primero que realizar unas investigaciones previas antes de decidir hacer nada. Empecé realizando una vigilancia en torno al objetivo y su entorno, para averiguar cuál era su rutina y modo de vida. Iba a trabajar todos los días, con un horario bastante amplio, de ocho de la mañana a cinco de la tarde. Vivía cerca de su lugar de trabajo, concretamente en Suffolk, uno de los barrios colindantes a Pequeña Italia, y durante sus tardes libres solía salir a correr por el paseo de Castle Garden City. Era soltero y no tenía hijos, por lo que no tenía familia, aparte de sus padres. De buenas a primeras parecía un tipo de lo más normal, y me sorprendía de cierto modo que la Comisión se hubiera fijado en él. Sin embargo preferí no pensarlo demasiado, enfocándome en la tarea a realizar.
No supe muy bien cómo hacerlo, al menos al principio. Estuve barajando varias opciones, entre ellas infiltrarme en el edificio municipal, seguirle y luego asaltarle en el paseo de Castle Garden City, o bien interceptarle de camino al trabajo, pero deseché todas ellas al considerarlas demasiado directas. Necesitaba algo más sutil. Y en esos momento no sabía muy bien cómo hacerlo. Y, para rizar el rizo, la Comisión me llegó a dar un toque.
-¿Cómo va eso?
-Estoy en ello, me encuentro barajando formas de hacerlo.
-Pues no te demores demasiado, el ayuntamiento está cediendo a las presiones del sindicato, y como se echen atrás nuestra intervención no servirá de nada. Debes hacer esto, Shimmer. Te hemos dado un voto de confianza, no nos decepciones.
-Descuide, no lo haré.
-Bien, estás avisada, por si luego nos vienes con que no te advertimos.
Aun a pesar del toque de atención, seguí estando en las mismas, ya que seguía sin saber muy bien cómo abordar el asunto a tratar.
Mientras tanto seguí trabajando tanto para Elizabeta como Jacob, el cual siempre tenía trabajos que encargarme. En uno de esos trabajos me tocó llevar un paquete a las piscinas públicas de Steinway, en Dukes, donde me esperarían para hacer el intercambio. Lo hice de noche cerrada, ya que de día hubiera sido un canteo, además de que me podrían haber descubierto. Me colé en las piscinas saltando la valla y busqué al contacto hasta encontrarlo escondido tras los vestuarios. Al verme llegar un tipo algo bajito, de pelo muy corto casi rapado, de mirada penetrante, ojos claros, y vestido con una camisa de rayas verdosa y unos pantalones de pana azulados se dirigió a mí.
-¿Traes la mercancía?
-Sí, aquí está-murmuré, sacando el paquete de mi chaqueta de cuero.
El hombre comprobó rápidamente el contenido del mismo, murmurando de seguido.
-Es maría de calidad… bien, yo creo que por esto podríamos dejarlo en unos… ¿trescientos dólares?
-Cuatrocientos, eso no se cultiva solo ni mucho menos.
-Sí, y tratarlo es aún más fácil… trescientos veinte.
-Trescientos cincuenta, ni para ti ni para mí.
Ante eso el hombre esbozó una graciosa sonrisita, murmurando de seguido.
-Je, buena negociadora…
-Lo intento.
-Está bien, trescientos cincuenta.
Formalizamos rápidamente el trato, sin embargo en ese momento irrumpieron en el lugar una serie de hombres con pintas de asiáticos que nos encañonaron rápidamente.
-¿¡Qué demonios?!-mascullé entonces.
-¡Oh, mierda, vosotros otra vez! ¿¡Me queréis dejar en paz de una vez, amarillos?!-les soltó entonces el hombre.
Uno de ellos se adelantó para ir a por él, sin embargo yo le puse la zancadilla rápidamente y se dio de morros contra el suelo, acabando inconsciente debido al golpe. Fue entonces cuando los dos aprovechamos y comenzamos a abrirnos paso a tiros, para tratar de huir de allí cuanto antes.
-¿Quién es esta gente?
-¡Las tríadas, están enfadados conmigo porque, según ellos, les vendí droga de mala calidad! ¡Que se lo creen ellos, los billetes son más verdes que la maría y la puta Irlanda juntos!
-¡Bueno, pues díselo a ellos!
-¡Ya lo hice, pero no atienden a razones, se ponen a parlotear en mandarino y sólo se entienden ellos! ¡Que les jodan, larguémonos de aquí!
-¡Tengo el coche aquí al lado!
Los dos corrimos hacia la carretera, saltando la valla y entrando en mi coche, el cual arranqué rápidamente; sin embargo los chinos nos fueron pisando los talones, subiéndose a sus coches y persiguiéndonos.
-¡Mierda, los tenemos encima!
-¡Joder, son peores que unas ladillas cojoneras! ¡Déjamelos a mí, tu conduce!-exclamó el hombre, sacando un microsubfusil y abriendo la ventanilla.
Se asomó por ella y comenzó a tirotearles desde donde estaba mientras yo me enfocaba en la carretera; dado que era de noche cerrada apenas había problemas de tráfico salvo algún que otro coche puntual o los que estaban aparcados junto a la acera. Por suerte tampoco había nadie por la calle, por lo que nos libramos de que la poli se sumara también a la fiesta.
Recorrimos casi todo el barrio de Steinway durante casi toda la persecución, el hombre disparaba ininterrumpidamente y yo trataba de esquivarles en la medida de lo posible conduciendo en zigzag y atajando por callejones. Finalmente logramos darles esquinazo tras varios minutos que parecieron interminables.
-¡Por fin, madre mía, parecía que no iba a acabar!
Si, al fin…
-¡Uauh, vaya viaje! Gracias por sacarnos de allí, te debo una…
-Ah, no ha sido nada, no es como si no me viera en esta situación de vez en cuando…
-Aun así te has desenvuelto bastante bien, tal vez te pida ayuda más a menudo… aunque no me he presentado, soy Packie McReary.
-Sunset Shimmer, encantada.
-Igualmente… vaya, eres una mujer de lo más mañosa, me gusta, no suelo ver eso todos los días…
-Sí, bueno, procuro sobrevivir…
-Ah, pues como todos en esta condenada ciudad… en fin ¿podrías acercarme al Steinway Beer Garden?
-Claro.
No estábamos muy lejos, por lo que me puse en marcha hacia allí, llegando enseguida. El Steinway Beer Garden era una taberna típicamente irlandesa situada en un bonito patio que ocupaba toda una parcela, envuelto en árboles que daban buena sombra durante los calurosos días de verano. Me detuve justo enfrente del arco de entrada.
-¡Ya estamos aquí! Mierda, creo que tengo algo en… espera aquí.
Packie se bajó un momento del coche, dirigiéndose al interior del patio y trasteando en el hueco de un árbol cercano; inmediatamente después volvió con un paquete en la mano, tendiéndomelo.
-Toma, esto es para ti, como agradecimiento por haberme ayudado.
Llevada por la curiosidad abrí el paquete, encontrándome entonces con una especie de bomba casera con varias cargas acopladas a un viejo móvil conectado a las mismas mediante varios cables.
-Es casera, se puede acoplar a la parte baja de los coches, el móvil es el detonador, llamas a este número y… ¡boom! Te olvidas del asunto.
Fue en ese momento cuando vi claramente que mis problemas hasta el momento se despejaban de un plumazo, ya que con esto podía eliminar al líder sindical sin acercarme demasiado a él. Era perfecto.
-Vaya, muchas gracias, Packie, la daré un buen uso.
-No ha sido nada, gracias a ti por ayudarme a deshacerme de esas molestas tríadas.
Me despedí de él y, aprovechando el momento y las circunstancias, me dirigí directamente al barrio de Suffolk aprovechando que era de madrugada y apenas habría gente por la calle. Aparqué en un callejón cercano y me acerqué al coche del líder sindical, un Presidente negro. Me aseguré de que nadie me veía y, de golpe y porrazo, me tumbé en el suelo para alcanzar la parte baja del vehículo. Localicé el depósito de gasolina rápidamente y acoplé la bomba bajo el mismo, activándola de seguido para que estuviera lista para explotar en cuanto hiciera la llamada.
Una vez que estuvo lista me retiré rápidamente de allí y volví a mi coche, estableciendo entonces una vigilancia nocturna. Eran las tres de la mañana, por lo que me puse la alarma de mi reloj a las siete por si me acababa durmiendo, cosa que seguramente pasaría, puesto que había estado despierta casi todo el día. Intenté permanecer vigilante, pero finalmente cedí al sueño y acabé cayendo en redondo.
Cuatro horas después me terminó por despertar el insistente pitido del reloj, parándolo de seguido y desperezándome todo lo posible en el asiento del coche. Estaba hecha prácticamente un cromo, me dolía la espalda y apenas podía mantenerme del todo despierta, necesitando urgentemente un café bien cargado. Sin embargo ahora mismo tenía entre manos la consecución del recado, por lo que tuve que ignorar mi estado, centrándome en el coche del líder sindical. Estuve esperando durante los siguientes minutos hasta que finalmente el objetivo salió de su casa, subiendo a su coche y poniéndose en movimiento hacia el edificio municipal.
-Por fin…-mascullé entonces, arrancando el motor y poniéndome en movimiento yo también.
Puse varios coches de distancia entre el suyo y el mío, para asegurar mi seguridad, y esperé a que algún semáforo nos detuviera. Uno de ellos cerca de Ayuntamiento y al lado de una iglesia se puso en rojo y aproveché entonces para sacar el móvil y hacer la pertinente llamada al móvil detonador. Suspiré, del todo decidida, y le di al botón de llamar, al tiempo que empezaba a marcar. Los siguientes segundos pasaron lentamente, como si no quisieran hacerlo, hasta que finalmente la carga hizo explosión. El coche se vio súbitamente empujado hacia arriba, convertido en una bola de fuego con ruedas y dando varias vueltas de campana en el aire hasta caer en medio del cruce entre Emerald Street y Liberty Lane. Todo el mundo se detuvo, los peatones más cercanos huyeron despavoridos y algunos coches salieron en desbandada, incluyendo el mío, dando la vuelta rápidamente y alejándome del lugar. Eché un último vistazo por el retrovisor hasta que perdí de vista los restos llameantes en cuanto doblé la siguiente esquina.
Una vez que estuvo listo llamé a Harvey Noto, el líder de los Messina, para avisarle del éxito de la misión.
-Está hecho.
-¿Ya? Menos mal, el ayuntamiento estaba a punto de ceder, bien hecho, nos pondremos en movimiento enseguida.
-Bien ¿qué hay de lo mío?
-Ah, sí, pásate por la comisaría de Westminster, mi caporegime, Mark Volpe, te pagará por mí, ahora le llamo.
-Muy bien.
Sin más dilación me puse en camino hacia allí, algo extrañada por el sitio, pero sin darle mayor importancia. Aparqué junto a un 60 Diner que había justo enfrente de dicha comisaría, al otro lado de la carretera, cruzándola por un cercano paso de cebra hasta llegar a la comisaría. Había un estrecho callejón en el lado izquierdo que llevaba hasta la parte trasera de la misma, donde había aparcado un coche patrulla, junto a una puerta había un hombre de mediana edad ataviado en una gabardina de color caqui al que me dirigí.
-¿Volpe?
-El mismo ¿Shimmer?
-Sí.
-Vale, buen trabajo, aquí tienes lo tuyo-murmuró, tendiéndome un paquete.
Lo desenvolví en parte y lo conté rápidamente, saliéndome unos treinta mil dólares en total, nada mal por quitar una vida.
-Gracias.
-A ti.
Sin decir nada más yo me fui de allí y el hombre entró en la comisaría. Aproveché entonces para desayunar en el diner de enfrente, cosa que necesitaba encarecidamente para poder enfrentar el resto del día con alegría y dinamismo. Mientras tanto Liberty City se iba despertando.
-Y cuéntame, rasta ¿cómo te está yendo todo y tal?
-Bueno, no me puedo quejar, los encargos siempre me vienen bien, así que…
-Badman y yo te estamos muy agradecidos por toda tu ayuda, me gusta, respeto.
-Nah, gracias a vosotros por confiar en mí…
-No te quites mérito, te lo has ganado ¿ves? Eres una tía legal y tal, respeto, eso es lo importante.
-Gracias, Jacob.
Esta vez fue el turno de Jacob y la bola blanca salió disparada, rebotando en uno de los bordes laterales y llegando a empujar de refilón la bola rayada doce, la cual tan solo necesitó un ligero empujoncito para entrar en la tronera. Bufé algo apurada, ya que sólo le quedaban tres bolas cuando a mí me faltaban al menos la mitad.
-Uauh, eres bueno…-murmuré entonces, dándole un sorbo a mi whisky.
-Años de práctica ¿ves? Veamos…
Esa tarde de billar estaba siendo bastante entretenida, Jacob me llamó ofreciéndome unas partidas de billar y yo acepté para relajarme un poco, quedando con él en el Homebrew Café, donde había una mesa para jugar. El interior del café era más pequeño de lo que parecía desde afuera, la decoración emulaba el estilo jamaicano, no estaba muy iluminado y una brumilla proveniente del humo de los canutos de la gente que allí había complementaba el entorno. Y, para rematar, se podía oír de fondo el reggae y el dub de Massive B Soundsystem, una de las tantas emisoras de la ciudad, particularmente popular entre la población jamaicana de ese lado de Broker. En ese momento sonaba Real McKoy de Mavado.
Esta vez, aun a pesar de que intentó golpear a la bola más cercana, no logró darla, incurriendo de esta forma en falta.
-Mierda, rasta… ¿ves? Aun a pesar de la práctica la suerte también influye… toda tuya-murmuró el chico, pasándome la bola blanca.
La coloqué entonces de forma que me favoreciera y así asegurarme un buen golpe, logrando meter de esta forma la bola lisa cuatro en la tronera más cercana.
-Bien…-murmuré.
-Buen tiro, rasta-me animó Jacob, dándole una calada a su canuto.
Me preparé para lanzar de nuevo, aunque en ese momento el chico me comentó.
-Por cierto, he oído por ahí que habías cabreado a los italianos y tal…
Eso me pilló con la guardia baja, ya que no me esperaba para nada ese comentario por su parte, sin embargo mantuve las formas e inquirí.
-Algo así… ¿cómo te has enterado?
-Ah, esta ciudad tiene ojos, tronca, al final todo se sabe…
-Sí, bueno, supongo, aunque al final conseguí arreglarlo.
-Ya… ten cuidado, Sunset, con los italianos mejor no pasarse de la raya y tal o te calan enseguida ¿ves? No te aconsejaría hacer negocios con ellos…
-Sí, lo sé, es un riesgo que por ahora prefiero correr…
-Bueno, tus razones tendrás, supongo…
-Así es.
Tras eso hubo un súbito silencio y la bola logró golpear su objetivo, sin embargo no conseguí moverla mucho, quedándose el intento en nada. Jacob fue el siguiente en tirar.
-Bueno, si algo sé de los italianos es que son tíos con muchos recursos, si consigues caerles en gracia tal vez puedan hacerte algunos favores…
-Sí, por ahora he conseguido caerle bien a uno, un tal Gravelli ¿te suena?
-¿Gravelli? Joder, rasta, eso sí que es suerte y tal… ese pavo es el líder de los Gambetti y además el cabeza de la Comisión. Si tienes a ese tío en nómina, prácticamente tienes en el bolsillo a la Comisión al completo ¿ves? Jo, tía, como te lo montas…
Eso me dio que pensar, viendo entonces la oportunidad que realmente tenía entre manos. Si alguien podía saber algo sobre quién mató a mi madre, precisamente era él. Sin embargo, y aunque tenía su beneplácito, debía de trabajármelo mejor si quería acercarme lo suficientemente a él. Y eso se traducía en más encargos por parte de él o bien del resto de la Comisión.
-Lo tendré en cuenta-murmuré entonces, sin darle mayor importancia.
-Aun así ten mucho cuidado, rasta, ahora eres un blanco visible y tal. Si necesitas ayuda o de mi artillería, no dudes en llamarme.
-Sí, gracias, Jacob.
-No es nada ¿ves? Respeto, colega.
Tras eso el chico volvió a tirar, colando otra bola y estando un poco más cerca de ganar. Afuera Liberty City respiraba.
¡Y aquí está el nuevo capítulo de Crónicas de Liberty City! oh, sí, qué ganas tenía de meter a la Comisión en la trama, ésta moverá la misma en gran parte y condicionará también muchas cosas, ya que pretendo hacer una especie de precuela a los acontecimientos acaecidos en GTA IV, siendo el primero el de las obras en Castle Gardens. De esta forma muestro cómo la Comisión se cuela en todos los recovecos y entramados de la ciudad, dominándola poco a poco. Todos los Don de las respectivas familias irán apareciendo y encargarán distintos trabajos a Sunset, mientras que ésta trata de averiguar quién se inmiscuyó en el trato entre los Spanish Lords y los Albaneses. Hasta ahora he introducido a tres: Jon Gravelli, Giovanni Ancelotti y Harvey Noto, líderes de las familias Gambetti, Ancelotti y Messina respectivamente. De los tres el único que parece estar basado en alguna personalidad real es Gravelli, que tiene muchas similitudes con Carlo Gambino, precisamente el antiguo líder de los Gambino, la familia en la que los Gambetti se basa. Por otro lado la Ancelotti se basa en la Colombo y la Messina en la Bonnano.
Por otro lado he introducido otro personaje, Packie McReary, el cual intentaré que tenga una participación algo más activa, aunque tengo que admitir que ha sido algo más obligado, ya que necesitaba de sus bombas caseras, pero bueno, a ver cómo lo ato. Jacob reaparece en una actividad de amigo que he querido emular, y para ir integrándolo poco a poco en la vida de Sunset. Betty y Flash han tenido sus momentos, Flash se ha quedado algo más a medias, pero seguiré trabajándole a él y a Sunset en subsiguientes capítulos.
Y eso es todo por ahora, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
