Capítulo 5
Dudas
-¡Weazel News, dando las verdaderas noticias! Una explosión en Suffolk se salda con la muerte del líder sindical Joseph Murdock, obligando a paralizar las negociaciones para la recalificación de la zona verde de Castle Gardens como zona edificable, lo cual abre la puerta a un posible acuerdo para el futuro proyecto del Liberty City Hotel & Casino. La policía se encuentra investigando el suceso, por el momento no se sabe qué causó la explosión del coche, pero según testigos presenciales nada ni nadie llegó a acercarse al mismo antes de la explosión, por lo que se descarta algún tipo de intervención por parte de terceros. En el ayuntamiento han guardado un minuto de silencio en memoria del fallecido.
Ese día me permití el lujo de dormir del tirón, ya que lo necesitaba, despertándome cerca de las doce del mediodía y haciendo una especie de desayuno-comida para rendir durante el resto del día. Tras el primer trabajito para la Comisión no habían vuelto a ponerse en contacto conmigo, dándome un poco de margen, aunque algo me decía que no tardarían demasiado en volver a hacerlo, después de todo había cumplido diligentemente con el recado.
Y, como bien supuse, poco después de terminar de comer un número desconocido me llamó al móvil, cogiéndolo de seguido.
-¿Sí?
-¡Sunny! ¡Lo has hecho muy pero que muy bien, aquí la gente está encantada contigo!
-Gracias, supongo… ¿Quién de los cinco es?-inquirí, algo perdida.
-¡Soy Ray, Ray Boccino, hablamos el otro día! ¿Recuerdas? Te dije que tendría algo para ti si lo hacías bien.
-Ah, sí, el invitado especial…
-Exactamente, je, je… el caso es que tengo algo que ofrecerte que nos puede beneficiar a todos, pásate por el restaurante y te cuento más.
-Vale, voy para allá.
No me sorprendió realmente, además, me venía bien seguir relacionándome con ellos, ya que me podía dar la oportunidad de averiguar más cosas sobre la persona que mató a mi madre. Me vestí rápidamente y me dirigí allí a no más tardar.
El viaje no me llevó mucho tiempo, por suerte no había mucho tráfico y llegué enseguida tras atravesar rápidamente la zona sureste del distrito a través de Union Drive Este, un tramo de la larga autopista que bordea todo Algonquin de norte a sur.
Aparqué cerca de allí y entré en el Drusilla's, el cual aún no había abierto; Ray Boccino me esperaba sentado en una pequeña mesa justo al lado de la barra del bar, nada más verme entrar me saludó como si me conociera de toda la vida.
-¡Hey, Sunny, aquí estás! Perdona si me muestro un poco lanzado ¿puedo llamarte Sunny?
-Puede llamarme como usted quiera siempre y cuando me pague.
-Ah, vaya, una mujer de principios ¿eh? Me gusta, me gusta… toma asiento, Sunny ¿quieres algo de beber? Corre a cuenta de la casa.
-No, gracias-murmuré mientras me sentaba.
-Como quieras, yo voy a tomar algo ¡hey, Joey, ponme un vodka!
El tal Joey salió de la barra con un vaso highball lleno de hielo y el vodka, sirviéndoselo diligentemente. Ray dio un sorbo, saboreándolo bien, hasta que finalmente me habló.
-Bueno, pues hablemos de negocios… ¿qué sabes sobre basuras?
-¿Basuras?-repetí, extrañada.
-Sí, basuras, gestión de residuos, el departamento de sanidad…
-Ah… no mucho, la verdad…
-Bien, no pasa nada, yo tampoco, pero me interesa especialmente. Verás, quiero contentar a la Comisión ¿vale? hacer que vean que nos preocupamos de sus asuntos, porque sus asuntos son mis asuntos, quiero estar a la par con ellos, pero si no les ofrezco nada que les pueda ser útil, me puedo comer los mocos.
-Vale… ¿y en qué había pensado?
-En basuras, como bien te he dicho. En esta ciudad todo este tema lo lleva el LSD, una subcontrata privada del ayuntamiento que trabaja por su cuenta, por lo que prácticamente poseen el monopolio de las basuras en Liberty City. Me interesa poseer ese departamento, ya que con él se podrían hacer muchos negocios sin levantar sospechas, por lo que había pensado en hacerme con él y ofrecérselo a la Comisión como una especie de regalo.
-Ya veo, quieres usarlo de tapadera-supuse entonces.
-¡Exacto, eso es! ¡Muy bien, Sunny, eres buena discurriendo, me gusta!-exclamó Ray.
-Lo intento…
-Bien, esto es lo que vamos a hacer, quiero que te infiltres allí y consigas unos documentos para mí, con ellos en mi poder podré mover algunos hilos para cambiar algunos datos y que de esta forma pasen a ser de mi propiedad. Hazlo como mejor te venga, pero me tienes que traer esos documentos.
-Está bien.
-Genial, las oficinas junto con el depósito donde guardan los camiones se encuentran en Lonja Sur, justo al lado del Pier 45, ve allí y hazte con ellos.
-De acuerdo…
Una vez que estuvo todo hablado me lancé a la calle, pensando en la mejor forma de abordar el asunto mientras paseaba por las cercanías. Una opción, la más directa, era ir directamente allí, infiltrarme en el lugar, robar los documentos y salir. Fácil, rápido y sencillo. Aunque por otro lado presentaba algunas dificultades, ya que si me descubrían llamarían a la policía y no podría pasarme por allí de nuevo sin que me reconocieran. Otra opción era ir allí de noche, aprovechando que no habría nadie, coger lo que buscaba y marcharme. Sin embargo también lo deseché, ya que los camiones solían trabajar hasta tarde y probablemente la planta de tratamiento estaría abierta siempre debido a esto. Debía pensar en otras opciones.
En eso estaba cuando un ruido familiar me sacó de mis pensamientos, alzando la vista y viendo entonces uno de los tantos camiones de basura que recorrían las calles de la ciudad. Lo seguí con la mirada, viendo que llevaba a un hombre colgado de la parte de atrás, parando un poco más adelante, en un callejón cercano. Crucé la calle y me acerqué al camión, viendo que el hombre que iba colgado se acercaba a la cabina y se dirigía al conductor.
-Bueno, Ben, por hoy ya he terminado, mañana te veo.
-De acuerdo, Jim, nos vemos ¿viene alguien a relevarte?
-En principio sí, espera un poco si eso, si ves que no viene nadie ve tirando.
-Vale.
Vi entonces una oportunidad de oro para colarme, aunque primero necesitaría el uniforme de ese hombre, por lo que le seguí sin que me viera, sin alejarme demasiado del camión. Aproveché entonces que se metía en un callejón para abordarle por la espalda, cogiendo el palo de una vieja escoba por el camino y atizándole con ella. El hombre cayó inconsciente y le despojé de su uniforme, el cual consistía en una sudadera verde con el escudo pequeño en el pecho y las siglas del LSD en la espalda, un suéter verde oscuro por debajo y unos pantalones azul claro. Me quedaría algo holgada, pero servía para lo que quería hacer.
Una vez vestida le escondí tras un contenedor y salí a la calle en dirección hacia el camión, esperando que no se hubiera marchado. Por suerte seguía allí, por lo que me acerqué a la puerta y la di un toque al tiempo que exclamaba.
-¡Relevo!
-Oh, bien, pues ponte atrás, tenemos que cubrir un par de manzanas antes de volver al depósito.
Me así al agarradero y el camión echó a andar. No me conocía el recorrido, pero tampoco pasaba nada, en cuanto se detuviera esa sería la señal de que había que recoger, por lo que esperé a alguna parada. Cierto era que no me esperaba tener que ejercer como tal recogiendo basura, pero necesitaba dar el pego, por lo que hice de tripas corazón e hice el trabajo, ignorando el olor.
Hubo unas cuantas paradas a lo largo de las siguientes calles, cogiendo todos los cubos y volcándolos en el interior del triturador. No era precisamente el mejor trabajo del mundo, pero tenía que hacerlo si quería pasar desapercibida; eché en falta un poco de ayuda, pero tampoco había mucha basura, por lo que yo sola pude con todo.
Finalmente, y tras recoger el último cubo, nos pusimos en marcha de vuelta al depósito. Lonja Sur era un barrio eminentemente comercial, junto con Lonja Norte conformaba el núcleo comercial más importante a ese lado de Algonquin, especializado eminentemente en industria pesquera y manufacturera, con varios muelles de carga y descarga además del depósito del LSD junto con la correspondiente planta de tratamiento de residuos.
El camión entró por el único acceso disponible y aparcó justo al lado de la entrada al edificio. Me descolgué rápidamente y me escabullí sin que nadie me viera. La actividad en el interior no era muy alta, por lo que me podría colar dentro sin levantar sospechas, aunque primero tendría que localizar las oficinas.
El interior de la planta era bastante amplio, al otro lado del recinto se encontraban los compresores de basura, la incineradora y una pequeña sección de reciclado que apenas se utilizaba, ya que Liberty City no era precisamente la ciudad más ecológica del mundo. Se intentó hace varios años atrás concienciar para aumentar el reciclaje, pero los ciudadanos no estuvieron por la labor, prefiriendo generar la misma basura, ya que es normalmente lo que cualquier buen americano haría. En cuanto a las oficinas se situaban en la parte superior del complejo, siendo más pequeñas de lo que yo misma me esperaría, ya que tan solo estaban compuestas por un par de módulos prefabricados y poco más.
Subir a la zona superior no fue complicado, ubicando enseguida las escaleras y avanzando a paso lento pero seguro, para no llamar mucho la atención. Rodeé el primer módulo y me asomé ligeramente a una ventana semi abierta, viendo al posible encargado, el cual se encontraba hablando por teléfono.
-Sí, por aquí está todo bien, estamos logrando cubrir la producción de todo este mes, a marchas forzadas, pero al menos conseguimos cubrir los gastos…
-…
-Sí, el presupuesto se ajusta, por suerte, aunque la incineradora no da más de sí, vamos a tener que sustituirla por una nueva o bien comprar otra…
-…
-¿No podéis hacer que el ayuntamiento interceda o algo? Siempre podemos decir que hay una crisis de basura, o ponernos en huelga y dejar que la ciudad se sumerja en su propia mierda…
-…
-Ya… después de todo son los contribuyentes los que pagan ¿no? Que paguen ellos esta vez, no es como si no lo hubieran hecho antes igual…
-…
-¡Ja, ja, esa es buena! Bueno, si no dicen que no…
-…
-Está bien, te lo dejo anotado entonces… venga, hasta luego.
En ese instante dejó de hablar, pero un grito en la parte inferior del complejo me hizo reaccionar, apartándome un poco para que no me vieran.
-¡Jefe! ¡Le necesitamos aquí abajo, es urgente!
El jefe salió un momento del módulo, asomándose por la barandilla y hablando a grito pelado.
-¿¡Qué pasa ahora?!
-¡Tenemos un problema con uno de los compresores, se ha atascado!
-¡Joder, pues llamad al puto técnico! ¿¡A mí que me contáis?! ¿¡Es que lo tengo que hacer todo yo?!
-¡Lo hemos hecho, pero es que nos ha dicho que va a tardar, le dice de su parte que se encargue usted, que sabe de estas cosas!
-¡Hay que joderse! ¡No me pagan lo suficiente como para aguantar esta mierda! ¡Vale, ya bajo!
El encargado se dirigió a la escalera por donde yo subí, no me vio ya que me había escondido a tiempo tras unas cajas al lado del módulo, en cuanto se fue me asomé y vi que se había dejado la puerta abierta, siendo mi oportunidad.
El interior del módulo era pequeño, pero suficiente como para albergar todo el papeleo y la documentación pertinente relativa al departamento; una pequeña mesa llena de papeles y con un ordenador se encontraba al fondo del lugar, rodeada de archivadores que se veían bastante llenos. Una pequeña mesa de juntas se encontraba justo enfrente de la puerta, y otra mesa algo alargada a mano izquierda tenía una cafetera junto con otros enseres y más papeles desperdigados. Probablemente no tendría mucho tiempo, por lo que me moví enseguida.
Lo primero que comprobé fueron los archivadores más cercanos a la mesa, estaban ordenados alfabéticamente, lo cual me ayudó mucho a la hora de encontrar lo que me interesaba. Por suerte no tuve que buscar mucho, encontrando los contratos de arrendamiento y propiedad buscando por la P. Estaban todos bien diferenciados en su correspondiente carpeta, con el sello del departamento de Sanidad en ellos, remitiéndolos directamente a dicha oficina, situada en el Centro Financiero.
-Aquí están.
Cogí toda la carpeta para curarme en salud y me centré esta vez en salir de allí sin que me descubrieran. Me acerqué a la puerta, asomándome desde el otro extremo, y fue entonces cuando vi al encargado, el cual se encontraba volviendo subiendo las escaleras.
-¡Y no me volváis a llamar por otra chorrada, que ya estoy lo suficientemente ocupado!
-Mierda…
Miré hacia todos los lados, buscando otra salida por la que poder ir sin que me viera, pero el único acceso era por donde el hombre se encontraba volviendo hacia mí. A mano izquierda la pasarela continuaba hasta la pared izquierda del complejo, aunque vi que justo debajo había un contenedor de tamaño medio donde depositaban la basura aún no tratada. Solté un respingo, viendo que no quedaba otra.
-Más le vale a Ray pagarme bien después de esto…-pensé, anticipando mi incipiente asco.
Así con fuerza la carpeta y, de golpe y porrazo, eché a correr yendo lo más deprisa posible y levemente agachada para que no me viera. En cuanto llegué a la altura del contenedor salté sin pensar para acabar aterrizando entre bolsas de basura y un pestazo increíblemente denso. Me quedé quieta aguantando la respiración, rezando para que no me hubiera visto, y echando un leve vistazo entre las bolsas. El hombre se acercó a donde estaba, echando un leve vistazo con el ceño fruncido, como si no estuviera del todo seguro de lo que había visto, hasta que finalmente lo dejó estar, volviendo a entrar en el módulo. Aproveché entonces para salir de allí por el lado de la pared, volviendo a respirar de nuevo, aunque sin poder evitar sentir unas cuantas arcadas.
-Dios, qué asco, me muero…-musité por lo bajo.
Salí de allí aprovechando la cobertura de algunas máquinas y componentes cercanos hasta que finalmente estuve fuera del depósito de basuras con el encargo casi cumplido.
-Bueno, pues ya está, se lo voy a llevar a Ray.
El viaje de vuelta fue más rápido, cogí un taxi que olía incluso peor que yo que me dejó justo enfrente del restaurante, entrando en él. Ray estaba allí, acompañando a la clientela, acercándose a mí en cuanto me vio entrar.
-¡Hey, Sunny, aquí estás! Ostia, apestas cosa mala…
-Sí, es lo que tiene colarse en el depósito de basuras… aquí está lo tuyo-murmuré, tendiéndoselo.
-Sí señor, así me gusta, buena chica, Sunny…-murmuró el hombre, ojeando los documentos.
-Espero que me pagues en consonancia, me he bañado en mierda por ti, literalmente.
-Por supuesto, Sunny, yo recompenso fielmente a los que me ayudan, y tú me has ayudado mucho. Espera aquí.
Estuve esperando junto a las escaleras para no apestar demasiado a los clientes, Ray vino al poco rato con un abultado sobre que me entregó.
-Aquí tienes.
-Gracias…
-Si tengo algo más para ti te llamaré. Ahora, si no te importa…
-Sí, sí, tengo una ducha que darme…
Salí del restaurante y regresé al coche, donde estuve contando el dinero que me dio, saliendo un total de nueve mil quinientos dólares.
-Bueno, al menos paga bien…
Tras eso arranqué y me puse en camino de vuelta a casa, ya que apestaba cosa mala y el coche empezaba a sufrir las consecuencias. Mientras tanto, Liberty City respiraba.
Tras el encargo de las basuras nadie más ni de la Comisión ni de los relacionados con ellos volvió a ponerse en contacto conmigo, por lo que volví a mis trabajos de siempre, alternando entre las entregas de Elizabeta, las de Jacob o las de Alfonso. También volví a trabajar en el Triangle Club, lo cual no me hizo particularmente gracia, pero después de varias semanas de asueto volver se hacía necesario, ya que según los Trúnchez era una chica potente, y algunos clientes me echaban de menos.
Esa misma noche estuve brincando entre las mesas, tratando de captar clientes para bailes privados y cayendo unos cuantos, aunque cerca de las tres de la mañana apareció uno al que no había vuelto a ver allí dese hacía un tiempo.
-Sunset, tenemos que hablar.
-Hombre, señor oficial, cuánto tiempo sin verle por aquí, le echaba de menos…-murmuré, graciosa, mientras comenzaba a provocarle un poco.
-Sí, de eso quería hablarte, han pasado muchas cosas, tenemos que hablar.
-Muy bien, vamos a un sitio tranquilo, sigue mi culito-murmuré mientras lo contoneaba al caminar.
Una vez en una sala privada él se sentó y yo comencé a bailar ante él, sin embargo el chico apenas me prestó atención, comenzando a hablar.
-Me han suspendido de empleo y sueldo.
Eso me hizo detenerme de golpe, inquiriendo de seguido.
-¿Qué? ¿Por qué, qué ha pasado?
-Básicamente porque me acercaba a la verdad, estaba cerca de descubrir quien había influido en la decisión del juez, pero al final el comisario se ha adelantado. Ahora estoy apartado del cuerpo y con un expediente disciplinario abierto.
-Oh, vaya, qué mal…
-Sí, estoy que me subo por las paredes…
Y así era, al chico se le notaba particularmente nervioso, moviendo repetidamente la pierna y mirando al suelo con gesto dolido. Por mi parte se refería podía entenderlo, aunque por otro lado me molestaba, ya que ese mismo detalle hacía perder valor a Flash, ya que no tendría acceso a una parte del cuerpo de policía.
Sin embargo no podía evitar sentir algo de pena por él, su gesto de rabia combinado con algo de tristeza le hacía ver particularmente mono, por lo que me apiadé de él y decidí regalarle un buen momento.
-Bueno, no pasa nada, yo haré que te relajes un poco…-murmuré mientras me echaba sobre él, retomando el baile.
-Necesito tu ayuda, Sunset-anunció entonces el chico.
Eso hizo detenerme de nuevo, mirándole mientras me ponía de cuclillas sobre su regazo.
-¿Ayudarte?
-Sí, puede que me hayan apartado del cuerpo, pero eso no me detendrá, pienso reunir las pruebas necesarias y denunciarles al ayuntamiento si es necesario. Pero no puedo hacerlo yo sólo, necesito ayuda, y tú eres la que mejor conoce este mundo, así que…
Lo cierto era que no me esperaba para nada que me fuera a pedir ayuda, por un lado me hacía mucha gracia, aunque por otro lado podía notar que iba en serio, ya que me miraba con un gesto seguro y firme que, a decir verdad, me estaba poniendo muy a tono.
-Uf… está bien, chico duro, te ayudaré…
-¿De veras?
-Sí, pero antes… déjame que te ayude a sentirte un poquito mejor…
A partir de ahí me dejé llevar y comencé a moverme lo más provocativamente posible, pegándome a él y dejando que me magreara un poco. El chico también se dejó llevar, al tiempo que yo también iba sucumbiendo rápidamente. Eché un rápido vistazo hacia el pasillo y murmuré.
-Se supone que no está permitido, pero voy a sudar de eso un poco ahora…
Me llevé las manos a la espalda y me desabroché el sujetador, quedándome sólo con el tanga puesto. Para entonces Flash estaba tan a tono como yo, dejándonos llevar por la pasión y el deseo.
-Puedes tocarme un poco si quieres…
El chico no se hizo de rogar y me recorrió con sus manos de arriba abajo, volviéndome loca hasta que no pude más.
-Vamos a casa…-musité.
-Sí…
El resto de la noche se volvió algo más difusa mientras nos entregábamos el uno al otro, olvidándonos del resto y dejándonos llevar. Afuera, Liberty City volvía a trasnochar como siempre hacía.
-Entonces… ¿cómo vas a ayudarme?
-Bueno, dado que ahora te has pasado al lado oscuro, se va a hacer complicado hacer algo desde fuera, a no ser que te busques a un informante que ya esté dentro, pero claro, supongo que en tu departamento ya te habrán señalado…
-Exacto.
-En ese caso siempre puedes encontrar a alguien de otro departamento que pueda hacerte favores, pero claro, para eso necesitarás algo más que palabras.
-Ya, me lo imagino…
Nunca pensé que llegaría a despertar con Flash acompañándome en mi cama, pero ahí estábamos ahora, charlando animadamente sobre asuntos que, normalmente, sólo me concernían a mí. Ahora las tornas parecían haberse cambiado, y a decir verdad se sentía un poco raro, aunque supongo que sería cuestión de acostumbrarse.
-Si se trata de contactos yo misma te puedo ayudar, conozco a bastante gente, aunque a partir de ahí ya sería cosa tuya.
-Entiendo…
Desayunamos los dos juntos mientras le iba pasando algunos contactos míos, apuntándole varios nombres, cuando de repente me llamaron al móvil. Eché un rápido vistazo antes de cogerlo, descubriendo que se trataba de un número desconocido. Aun así lo cogí, un tanto intrigada.
-¿Sí?
-Buenos días… ¿Sunset Shimmer?-inquirió entonces una voz de mujer madura y con unos cuantos años encima.
-Sí, soy yo ¿Quién es, cómo ha conseguido este número?
-Bueno, digamos que un pajarito me ha dicho que le has hecho un favor a Ray Boccino, y con un poco de esto y de aquello, me hice con tu número.
-Ajá… déjeme adivinar ¿de los cinco?
-Bingo. María Valvona, líder de la familia Pavano. Me gustaría hablar contigo acerca de negocios. Ven a verme a la suite del ático del hotel Majestic, frente a Middle Park. Te espero.
Tras eso la mujer colgó, dejándome con la palabra en la boca. Flash comentó en ese momento.
-¿Va todo bien?
-Ah, sí, tengo que irme dentro de poco, eso es todo.
-Oh, vale…
-Si necesitas algo, lo que sea, dame un toque.
-Está bien.
Terminé de desayunar, cogí mis cosas y me dirigí a la puerta, aunque antes de salir Flash me detuvo.
-Ah, Sunset…
-¿Sí?
-Gracias por ayudarme.
Nos miramos por un momento sin decir nada, pude ver una gratitud real en sus ojos y esbocé una pequeña e inconsciente sonrisa.
-No es nada.
Tras eso me puse en marcha a no más tardar.
El hotel Majestic es uno de los tantos hoteles de lujo de la ciudad, el cual estaba estratégicamente situado en el lado sur del Middle Park, ofreciendo unas vistas espectaculares de ese lado del parque, lo cual aumentaba bastante el caché del mismo. Tenía treinta y una plantas y destacaba además por tener un servicio de lo más atento y diligente.
Aparqué donde pude, ya que era una zona bastante transitada, y entré en el lobby, el cual era bastante amplio y tenía una decoración exquisita. Por suerte no había nadie en la recepción, dirigiéndome al hombre tras la barra de madera de nogal labrada.
-Perdone, estoy buscando la habitación de María Valvona…
-Sí, la señorita Valvona se encuentra alojada en la suite del ático, piso treinta y uno, puerta doscientos dos.
-Gracias.
Me dirigí a los ascensores, los cuales estaban a mano derecha, y subí hasta la planta treinta, ya que no había acceso hasta la treinta y uno, teniendo que usar las escaleras hasta llegar a la puerta doscientos dos. Me planté ante ella y llamé con los nudillos, abriéndome enseguida un gorilón que me miró de arriba abajo sin decirme nada.
-Soy Sunset Shimmer, María Valvona me dijo que viniera.
Sin decir nada el gorilón me cacheó, encontrando eventualmente mi desert Eagle.
-No se permiten armas en presencia de la señorita Valvona. Luego se la devuelvo-anunció el hombre, quedándosela.
Una vez que terminó el cacheo me guio hasta ella, pasando por la suite, la cual destacaba por ser bastante amplia y muy lujosa, incluso parecía un apartamento más que una suite. Pasada la puerta principal había un pequeño hall que precedía a un amplio salón con chimenea, sofá, una pequeña mesita y un reloj carillón de pie. Pasado el salón entre unas columnas de mármol se entraba al comedor, el cual tenía una alargada mesa justo al lado del acceso a la cocina, la cual se encontraba encajonada en un alargado hueco junto a las escaleras. En el primer piso se encontraba la única habitación de la suite, y un poco más arriba se encontraba el acceso al ático a través de una luminosa cristalera cerrada.
El ático en sí era bastante amplio y muy luminoso, junto a la cristalera había un pequeño merendero decorado con plantas varias y una barbacoa con un tanque de gas metano, hacia el otro lado se extendía un extenso solárium que incluía además un tanque de agua. Fue en este solárium donde vi a quien, a todas luces, sería la tal Valvona. El gorilón se acercó a ella y la habló.
-Ya está aquí la señorita Shimmer.
-Muy bien… bienvenida querida ¿cómo estás?-inquirió la aludida, dirigiéndose a mí y mirándome con interés.
Era una mujer sesentona pero que se conservaba bastante bien, tenía una muy buena figura para su edad, con una larga cabellera rubia, algo apagada, y unos ojos claros que resaltaban bastante. Vestía con un conjunto bastante formal de color negro, rematado con unos zapatos de tacón de igual color.
-Bien…-respondí lacónicamente.
Valvona me miró de arriba abajo, como si me estudiara, hasta que finalmente volvió a hablar mientras contemplaba las vistas.
-La verdad es que al principio no me dabas muy buena espina. Fuiste muy descarada enfrentándonos así sin más. Sin embargo ya me han dicho que resultas ser una chica de lo más mañosa. Y precisamente lo que busco es gente que sepa hacer bien su trabajo.
-Lo que hago lo hago bien, así que…
-Sí, ya me contaron… le hiciste un favor a Ray Boccino ¿verdad?
-Así es, él me lo pidió y me pagó, por lo que no tenía motivos para no hacerlo.
-Sí, es lógico. Sin embargo no me fío de Ray, diablos, ya de paso no me fío de nadie de esa familia de forasteros. De Alderney ¿y pretenden que los tomemos en serio? por favor…-murmuró Valvona, como con asco.
-¿Habla de los Pegorino?-inquirí, no muy segura.
-Así es, se creen que con hacernos un par de favores les aceptaremos en la Comisión, van listos, eso desde luego, nadie con dos dedos de frente admitiría así sin más un nuevo asiento.
-¿Puedo preguntar por qué?
Esta vez Valvona se dio la vuelta, mirándome con seriedad e inquiriendo de seguido.
-¿Qué sabes de la Comisión?
-No mucho, la verdad…-admití enseguida.
-Bueno, supongo que no está de más un poco de historia. La Comisión se fundó en 1931 para poner fin a las eternas disputas y luchas entre las cinco familias, que por aquel entonces negociaban y trabajaban por su cuenta sin ningún tipo de control. La idea original fue de Sonny Cangelosi y Mario Valvona, mi antiguo marido, que en paz descanse. Cangelosi era el tío de Gravelli, y se llevaba muy bien con mi marido, el cual siempre tenía los pies en la tierra, por lo que entre los dos idearon la Comisión como un órgano de control y gobierno, logrando reunir a todas las partes y calmando así los ánimos, que estaban muy alterados. Gracias a la unión se instauró un nuevo orden, una nueva época de paz y prosperidad en la que las familias salieron muy beneficiadas, hasta hoy, cuando una panda de aldernianos se cree que pueden venir aquí como Pedro por su casa y pedir de buenas a primeras que les demos hueco. De eso nada, no lo pienso permitir.
Me quedé callada, pensando en lo que me había explicado. De cierta forma comprendía su reticencia a confiar en los Pegorino y, por ende, en Ray, ya que como bien decía ella habían estado ahí desde el principio, siendo los Pegorino una familia más de segunda que quería un trozo del gran pastel. Aunque de cierta forma debía de haber algo más.
-Comprendo, aunque supongo que no será sólo por eso…
Ante eso Valvona esbozó una media sonrisita, murmurando de seguido.
-Chica lista… exacto, no se trata sólo de eso, ya que, con tal de ganar un asiento, se están acercando a nosotros pidiéndonos alianzas que no pienso realizar.
-Ajá… ¿y qué quiere que haga yo al respecto?-inquirí, curiosa.
-Quiero que los vigiles, que me digas todo lo que te diga Ray a mí, y puede que te pida que intervengas en algún que otro negocio de los suyos. Tienen muchos en Alderney, destaca sobre todo el Honkers, un club de striptease donde paran muchos de sus miembros. Quiero saberlo todo de ellos.
-Ya veo, quiere que sea su topo…-obvié.
-Exacto. ¿Qué me dices? ¿Lo harás?
Me quedé callada momentáneamente, sopesando las posibilidades. Por poder podría hacerlo, lo único malo que le veía era que me comería algo más de mi tiempo, aunque había algo que condicionaba el hecho en sí y determinaría si al final lo haría o no.
-En principio sí, siempre y cuando me pague…
-Por supuesto, eso por descontado.
-En tal caso de acuerdo.
-Estupendo, contigo a bordo estoy segura de que podremos averiguar más cosas de esos impresentables.
Las dos sellamos el trato estrechando las manos en un gesto más de hombres que de mujeres, aunque no le di mucha importancia. En ese momento apareció un chico algo más mayor que yo, tendría unos veintipocos años y, a decir verdad, estaba como un tren.
-Oh, querido, aquí estás…-murmuró entonces Valvona, acercándose a él.
-Mi amore…-murmuró entonces él, dejándome muerta.
-Oh, tú siempre tan sagaz… Sunset, este es Mario Venturella, Mario, esta es Sunset Shimmer, mi nueva asociada.
-¿Vas a trabajar para mi amore? Ten mucho cuidado entonces, puede llegar a ser muy incisiva…
-Oh, bribón…
Los dos empezaron a hacerse mimos, lo que fue mi señal para largarme ya de allí, sin muchas ganas de verles en ese plan.
-Bueno, no quiero molestar, así que me voy yendo ya, llámeme cuando sea si eso…
-Descuida, querida, lo haré.
Me fui de allí rápidamente, el gorilón me devolvió mi pistola al salir y volví a mis quehaceres cotidianos, aunque un poco más conectada que antes. Trabajar como topo podía llegar a ser un poco estresante, aunque sin duda merecería la pena, puesto que me ayudaría un poco más a encontrar a quien estaba buscando. Mientras tanto, la ciudad seguía respirando.
Trabajar a la par con Flash y en el mismo bando, por así decirlo, fue raro al principio. Estaba acostumbrada a trabajar sola y por mi cuenta, haciendo principalmente recados de todo tipo, y aunque en un principio se sentía extraño, la compañía de Flash no fue tan intrusiva como en un principio llegué a pensar. Aún a pesar de que había sido poli, el chico demostró adaptarse rápido, acompañándome a muchos repartos y viendo de primera mano cómo era el sórdido y frío mundo en las calles de Bohan.
-Vaya, he trabajado durante toda mi vida en este distrito combatiendo la delincuencia, y ahora que lo miro desde esta perspectiva, todo parece cambiar…
-La gente va por su cuenta en esta ciudad, sobre todo en este distrito, no todo es de color rosa o como lo ponen en la tele. La realidad es mucho más dura y compleja que todo eso, es algo que sé muy bien.
-¿Desde cuando llevas en esto?
-Desde toda mi vida, mi vida entera se reduce a este mismo instante. Puede parecer deprimente, pero es todo lo que tengo…
-¿Desde lo de tu madre?
Por un momento me quedé callada, sopesando si responder a esa pregunta o no, hasta que al final dije.
-Sí, desde lo de mi madre…
-Lo siento.
-Nah, es igual, después de todo lo tengo asumido desde hace tiempo, no puedo aspirar a más en la vida.
-Eso no es cierto, puedes salir de todo esto si quisieras…
-¿Y por qué iba a querer hacerlo? No he conocido otra cosa, y en el caso de querer, dudo que pudiera hacerlo como tal.
-¿Por qué?
-Pues porque…
Nos miramos por un momento, no muy segura de qué decirle al respecto. El chico me lanzó una mirada inquisitiva, a lo que yo tan solo pude dejar escapar un seco suspiro.
-Pues mira, no lo sé, pero es lo único que tengo. Alfonso cuidó de mí y me enseñó todo lo que sé, y ya solo con eso es suficiente para vivir. No es como si pudiera ir a la universidad y estudiar un grado, eso es algo inconcebible para mí, además, no soy tan lista para eso.
-Pero eso no puedes saberlo hasta que lo intentes…
-Ya lo intenté una vez en la escuela de Fortside y apenas funcionó, fue precisamente gracias a mi madre, pero no pudo seguir pagándome la matrícula y me tuve que ir. Yo tan solo vivo la vida de la mejor forma posible, ganándome el pan y luchando por sobrevivir.
-Suenas tan derrotista… ojalá pudiera ayudarte…
-No puedes ayudarme, Flash, ya no, no tendría sentido.
-Aun así… no te hacía tan pesimista, o sea, eres una mujer fuerte, valiente e independiente, podrías hacer cualquier cosa si te lo propusieras.
Ante eso no pude evitar sonrojarme ligeramente, mirando para otro lado mientras conducía.
-No digas tonterías…
-No son tonterías, sólo digo lo que veo, y yo veo a una mujer fuerte que no ha tenido mucha suerte en la vida, pero que con ayuda podría salir de este sórdido mundo.
-¿A qué viene todo esto, por qué te preocupas tanto por mí?
-¿No es obvio? Porque me importas…
Eso me dejó un tanto perpleja, sin saber muy bien qué decir. ¿Realmente le importaba? No pude evitar sentirme un tanto azorada, aunque respondí enseguida comentando.
-Si es una estrategia para meterte en mi cama no te va a funcionar…
-No es nada de eso, realmente me importas, Sunset…
-¿Por qué?
Esta vez el chico no dijo nada, mirándome fijamente y diciéndomelo todo en nada. Por mi parte tampoco dije nada, prefiriendo no opinar al respecto, aunque sin poder evitar sentirme un poco avergonzada sin razón aparente. Nunca había sentido nada por nadie, y en el caso de Flash no era el caso, pero aun así no sabía muy bien cómo sentirme después de una confesión semejante. Sin embargo en ese momento el chico anunció.
-Además, sabes perfectamente que no me hacen falta estrategias para meterme en tu cama…
Ante eso no pude evitar reírme un poco por lo bajo, después de todo tenía razón. El chico esbozó una zalamera sonrisita y yo le imité, algo colorada.
-Eres imbécil.
-Sí, lo sé.
Nunca antes me había sentido atada a nadie, sin embargo, y aunque en un principio no significara nada, Flash era el primero en apegarse a mí de forma distinta. Aun así preferí no pensarlo demasiado, centrándome en lo que verdaderamente me motivaba a seguir.
El tiempo fue pasando anodinamente, los encargos se seguían sucediendo, y el dinero circulaba bastante bien para todos. La Comisión no volvió a ponerse en contacto conmigo desde la última vez con María Valvona, y desde la inclusión de Flash al entramado, el negocio no hacía más que crecer, y eso reportaba cuantiosos beneficios para todos, aunque especialmente para Elizabeta, la cual últimamente nadaba en oro y no tardó mucho en demostrarlo, montando una gran fiesta en su casa e invitando a un buen montón de gente, la gran mayoría contactos suyos y conocidos. A mí también me invitó, personalmente no era mucho de fiestas, aun así opté por pasarme para saludarla y estar un rato.
Nada más llegar un fuerte olor a porro y el ritmo machacón del reggaetón me dieron la bienvenida, el piso de Elizabeta estaba bastante petado de gente, la gran mayoría bailando o bien reunida en grupitos pequeños. Nada más verme Elizabeta me saludó.
-¡Sunset, nena, aquí estás, cuánto tiempo sin verte! ¿Cómo te va todo?
-Bien, casi tanto como a ti, menuda fiesta tienes aquí montada…
-Ah, rodéate de coca y te saldrán capullos de todas partes.
Ante eso no pude evitar reírme por su socarronería, al tiempo que ella misma comentaba.
-Pero bueno, aun así siempre es bueno, después de todo son esos capullos los que mantienen el negocio…
-Desde luego, qué haríamos sin capullos.
-¡Di que sí, nena! ¡Ja, ja, ja! ¡Me encantas, venga, ven a bailar!
-Na, deja, estaré un rato por aquí si eso…
-Bueno, vale, aunque en ese caso déjame presentarte a unos nuevos amigos míos…
La seguí hasta el otro lado del salón, donde un hombre joven, de unos treinta y pocos años se encontraba sentado en un sofá; vestía con una chaqueta de cuero con el logo de un águila en el costado y un escudo en la espalda con una especie de heráldica o escudo en la que ponía: The Lost.
-Sunset, este es Johnny, Johnny Klebitz, el segundo al mando de los Lost. Johnny, esta es Sunset, una amiga.
-Encantado.
-Igualmente…
-Johnny me ha estado ayudando a repartir gran parte de mi mercancía por la zona sur de Alderney, me ha sido de gran ayuda.
-Ah, ya sabes Liz que yo lo hago encantado, lo que sea por ayudar a mis hermanos y sacarlos adelante-murmuró él.
-Lo sé, si quieres a alguien leal, Johnny es tu hombre.
-Lealtad ante todo, colega, después de todo eso es lo que nos mantiene unidos. Hermanos de por vida, Lost para siempre.
-Tengo que admitir que me gusta tu forma de pensar, ojalá todos los hombres fueran como tú, Johnny…-comentó Elizabeta.
-Ah, me halagas, Liz, tampoco es para tanto…
Tras conocer a Johnny nos dirigimos al otro lado del salón, aunque de camino nos encontramos con un par de caras conocidas.
-Hombre, Jacob, tú por aquí…
-Hey, Sunset, rasta ¿cómo te va? ¿Has venido a la fiesta y tal?
-Sí, Elizabeta me invitó… supongo que a ti también…
-Así es, después de todo somos socios ¿ves? No es que me mole especialmente, pero uno tiene que trabajar en eso, es importante para el negocio y tal…
-Sí, desde luego… ¿qué tal te ha ido con el chico que te recomendé?
-Ah, sí, hablas de Flash ¿no?
-Sí…
-Pues bien, se nota que fue poli, pero se desenvuelve bien y tal… es tu novio ¿no?
Ante eso no pude evitar que se me subieran los colores, murmurando rápidamente.
-Eh, no, no, para nada, sólo es un conocido…
-Entiendo, está bien, yo también tengo muchas conocidas y tal… si sabes a lo que me refiero.
Ante eso me reí por lo bajo, murmurando de seguido.
-Sí, sigo tu rollo…
-Pues eso está bien ¿ves? Cada uno tiene su rollo y ya está, respeto.
-Sí… te veo luego.
La segunda cara conocida me vino directamente de la propia Elizabeta, la cual me presentó a alguien que ya conocía.
-Hombre, pero si es Sunset Shimmer…
-Anda, Packie, cuánto tiempo…
-¿Os conocéis?-inquirió Elizabeta, sorprendida.
-Desde luego, aquí esta mujer me ayudó a deshacerme de unas molestas tríadas, y luego la devolví el favor-explicó Packie.
-Sí, gracias de nuevo por ese favor, me sirvió de mucho-añadí yo.
-No ha sido nada, tía, dame un toque si necesitas otra, estaré encantado de ayudarte.
-Bueno, pues si os conocéis puedo ahorrarme las presentaciones. Por mi parte se refiere, Packie es mi trébol de cuatro hojas…
-Bueno, bueno, no te pases ¿eh, tía? Que no sólo los billetes son verdes…
-¡Ahí le has dado! ¡Ja, ja! Gracias a Packie he podido aumentar un poco más mi red de distribución por buena parte de Dukes, al final los irlandeses sí que dan buena suerte después de todo…-murmuró Elizabeta, divertida.
-Ah, sí, ahora damos suerte a todo el mundo excepto a nosotros mismos. Echo de menos los tiempos en los que teníamos nuestra propia reputación y controlábamos parte del oeste de Algonquin, en el barrio de Purgatorio… ¿te he contado por qué se llama así, por cierto?
No supe muy bien qué decir, aunque Elizabeta saltó enseguida comentando.
-Bueno, ya estamos otra vez…
-¡Cállate, Liz, déjame que me explaye a gusto! Como te iba diciendo, antes el barrio de Purgatorio era nuestra principal base de operaciones, la familia McReary era tan conocida que la gente tenía miedo a salir a la calle y se quedaban en sus casas, de ahí a que se llamase así.
-Ya veo…
-Pero luego el barrio comenzó a gentrificarse y eso nos obligó a movernos… ay, echo de menos los viejos tiempos…
Tanto Elizabeta como yo nos miramos, no muy seguras sobre qué decir al respecto, aunque el propio Packie enseguida se repuso, comentando de seguido.
-Pero bueno, los tiempos cambian, supongo…
-No te sientas mal, Packie, al menos tienes algo…
-Sí, es algo…
Tras hablar con él, Elizabeta me presentó a alguien más, un hombre algo más joven que Johnny y Packie, de color y de pelo corto, casi rapado. Vestía una llamativa sudadera de varios colores.
-Sunset, este es Playboy X, un narcotraficante de Holanda Norte, me ha ayudado mucho a ampliar mis negocios por toda la parte norte de Algonquin. Playboy, esta es Sunset, una asociada mía.
-¿Qué hay, colega?
-Hola…
-¿Tú también apuntas a algo? ¿Estás en el ajo?-inquirió entonces Playboy.
-No te sigo…-murmuré, confundida.
-Ah, entonces es que no apuntas… no como yo, yo sí que apunto a algo, apunto a algo grande, quiero esta ciudad ¿comprendes?
-Ah, sí, Playboy y sus sueños de grandeza…-murmuró Elizabeta.
-No me seas tan condescendiente, Liz, los dos sabemos de qué va todo esto…
-Lo sé, lo sé, y agradezco tu ayuda, no creas que no…
-Eso mismo pensaba yo. Si no apuntas a algo no serás nada en la vida, eso por descontado. Quiero a gente que sepa hacer bien su trabajo, no a débiles.
-No soy débil, y lo que hago, lo hago bien…-murmuré entonces, algo molesta.
Realmente no me estaba cayendo muy bien ese tal Playboy.
-Lo que tú digas, pero deberías trabajar un poco en tu ambición, chica, o no lograrás nada. Y no lo digo por decir, o sea, sé lo que es esta mierda, la he vivido ¿sabes?
-¿Ah, sí? ¿Pues sabes qué? Yo también he vivido lo mío, y a juzgar por lo que veo, me da que no has vivido tanto como bien dices…
Por un momento nos miramos fijamente, yo con un gesto molesto en mi cara y él con una expresión dejada y adusta. Al final el chico se rió tontamente, comentando de seguido.
-Je, tu chica tiene agallas, Liz, eso desde luego…
-Sí, es mi chica de confianza después de todo-añadió ella, guiñándome un ojo.
-Muy bien… nos vemos luego.
Por mi parte tan solo asentí, aunque realmente no tenía muchas ganas de hacerlo, por mí se podía volver a su agujero en Holanda Norte y no volver, aunque preferí no pensarlo demasiado e ignorarle.
No me quedé mucho rato más en la fiesta, después de todo tenía cosas que hacer, marchándome enseguida. Conocer a ese tal Playboy X me había puesto de mal humor, por lo que decidí relajarme un poco y tomarme el resto del día libre. Después de todo me lo merecía.
-Y cuéntame, querida ¿qué tal con los demás? ¿Te han dado mucho trabajo?
-No demasiado, le hice un favor a Ray Boccino y María Valvona me ha pedido que le haga un favor también…
-Oh, sí, el metiche Ray, el "estoy aquí porque puedo" Ray. Supongo que María te habrá contado sus inquietudes…
-Así es…
-Je, no la culpo, cualquiera con dos dedos de frente las tendría. Sin embargo, por mi parte se refiere, Ray no me preocupa tanto…
-¿No?
-No. Voy a serte franco, querida: estoy enfermo. Tengo ochenta y dos años, con más de treinta años de trabajo a mis espaldas, cargando el peso de sostener la Comisión por mí mismo, evitando que esto sea un pandemónium de cuidado, y te puedo asegurar que una panda de cuatro gatos de Alderney no es el mayor de mis problemas, eso por descontado.
-Y si Ray no le preocupa… ¿Quién lo hace realmente?
Ante eso el gesto de Jon Gravelli se torció, siendo la primera vez que le vi hacerlo, y no era para menos teniendo en cuenta de quién se trataba.
Cualquiera diría que eso era de todo menos una reunión formal, y así era, puesto que el mismo viejo me había llamado simplemente para hablar, cosa que no le dije que no, puesto que me interesaba acercarme a él. Me citó en su casa, un ático del barrio de Bajo Easton, y ahora nos encontrábamos hablando tranquilamente sobre lo que más le inquietaba.
-Lo que más me preocupa… puf, si tú supieras. ¿Sabes cuántos años llevamos en este negocio?
-Bueno, la señora Valvona me dijo que la Comisión la fundó su tío junto con el difunto marido de la misma en 1931, por lo que más de setenta años así a ojo…
-Concretamente setenta y cuatro años, pero sí, así es, setenta putos años construyendo un imperio. Lo hemos tenido todo, hemos estado en todos los rincones de la ciudad controlándola desde dentro: limpieza de ventanas, líneas de autobús, infraestructuras, pequeños y medianos negocios, cultura, deportes, y hasta comisarías e incluso el puñetero ayuntamiento. Y ahora esos cabrones rusos se creen que pueden venir aquí y tocar impunemente todo lo que hemos construido…
-¿Los rusos? ¿Esos son los que le preocupan?
-Así es, llevan ya un tiempo en la ciudad, pero es ahora cuando están empezando a ganar notoriedad. El primero en aparecer fue ese Kenny Petrovic, alardeando de su poder fuera de aquí y con intenciones de traerlo a la tierra del tío Sam, consiguiéndolo en parte, pero al menos le pudimos echar el cerco para que no llegara a tocar Algonquin, haciéndose prácticamente con todo Broker, particularmente con el barrio de Playa de Hove, donde se reúne toda esa chusma comunista. Luego se marchó fuera, pero dejó en su lugar a un subalterno suyo, Mikhail Faustin, el cual ahora está al cargo allí. Hasta ahora tan solo se limitaban a moverse y expandirse al otro lado del Humboldt, pero ahora están dando muestras de querer saltar el río y tocar lo que es nuestro por derecho. Antes muerto que dejar que esos cerdos comunistas se hagan con nuestros negocios.
-Entiendo, visto así los Pegorino son un mal menor…
-Exacto, esos son solo unos don nadie de Alderney que pretenden ser partícipes de algo que ni les incumbe, simplemente me hacen reír y ya está. Pero los rusos son otra historia, esos sí que son peligrosos. No podemos bajar la guardia, tenemos que vigilarles.
-Bueno, no parece nada que pueda hacer por usted…
-Ah, eres muy amable, querida, pero por ahora prefiero dejar bien atadas las cosas por aquí, aunque si hubiera algo supongo que sí que podría contar contigo.
-Por supuesto.
-Sí… ¿quieres algo de beber, a todo esto? No te he ofrecido nada…
-No, gracias, no se moleste.
-Bueno, a mí sí me apetece algo, espera…
El hombre se acercó a un mini bar cercano y sacó una botella de vino, sirviéndosela diligentemente en una fina copa.
-Costa del Perro, uno de los mejores caldos que se cultivan en los viñedos del sur de San Andreas, es de importación ¿seguro que no quieres?
-No, muchas gracias.
-Bueno, como quieras. Siempre he sido muy sibarita con esto del alcohol ¿sabes? Me ayuda a pensar en otra cosa…
-Sí, está bien desconectar de vez en cuando.
-Desde luego, si no lo haría me volvería loco, eso te lo puedo asegurar. Aun así me sorprendes, querida…
-¿Y eso por qué?
-Bueno, digamos que aceptaste casi sin dudar trabajar para nosotros y, míranos, estamos aquí y ahora, tú y yo, hablando de las cosas mundanas de la vida. Es curioso ¿no crees?
-Sí, digamos que, si algo he aprendido después de todo este tiempo viviendo esta vida, es a aprovechar las oportunidades que se me presentan.
-Y haces bien, eso desde luego, aunque tengo curiosidad ¿qué es lo que te motiva?
Esa pregunta me vino de madre, puesto que tampoco quería sacarlo a colación así sin más, viendo mi oportunidad perfecta.
-Bueno, hay algo que sí me anima a seguir haciendo lo que hago.
-¿Oh?
-Pasó hace ya diez años… mataron a mi madre en una emboscada.
-Oh, vaya por Dios, lo siento mucho, querida.
-Como tal lo he superado, aunque he estado buscando al bastardo que me arrebató a mi madre, sin embargo no he hecho más que dar palos de ciego desde entonces…
Ante eso Gravelli me miró atentamente, dando un sorbo a su vino y comentando al poco rato.
-Bueno, tal vez pueda hacer algo por ti… aunque en ese caso tú tienes que hacer algo por mí.
-Lo que usted me diga, señor Gravelli.
-Bien, muy bien, pero todo a su debido tiempo, eso sí, no conviene forzar la situación, no sé si me explico.
-Perfectamente.
-Por ahora las circunstancias, aunque complicadas, se mantienen estables. Los Pegorino no dan mucho el coñazo, Ray se cree el rey del mambo, y eso nos conviene. Por otro lado están los rusos, no parece que estén dispuestos a moverse por ahora, pero convendría saber en lo que están pensando. En caso de necesitar algo te lo diré, pero te voy a pedir que estés alerta por lo que pueda pasar. Si te pasas alguna vez por Playa de Hove y te enteras de algo, dímelo ¿vale?
-De acuerdo, gracias por la oportunidad, señor Gravelli.
Quizás la situación fuera incierta, pero después de semejante oportunidad, no podía echarme atrás, no ahora. Si contentaba a Gravelli, probablemente podría averiguar quién mató a mi madre. Y eso lo averiguaría sí o sí. A cualquier precio.
Vale, he de admitir que me encuentro particularmente inspirado para con esta historia y la de Los Santos, probablemente porque esta ultima está más o menos cerca del final, lo que me obliga a hilar fino con ambas. Probablemente el siguiente de Los Santos venga enseguida, y no descarto centrarme en estos dos un poco más. Pero bueno, hablemos de este capítulo.
Como ya he dicho en previos capítulos, quiero hacer una especie de secuela a los acontecimientos previos de GTA IV, y existen multitud de situaciones que me dan pie a ello. La Comisión es una de ellas, en GTA IV se muestra a las cinco familias bastante fragmentadas las unas de las otras y no tan unidas como deberían estar, mientras que yo las muestro más unidas, pero con situaciones que dejan entrever esta futura fragmentación, que luego se da en la historia que cuenta el juego. Tal es el caso de Ray Boccino y el servicio de basuras, ya que en GTA IV hay una misión en la que se involucra este servicio, el cual para entonces ya es propiedad de Ray. Por otro lado María Valvona nunca es vista en el juego, lo que también me da cierto margen, además, también hay lío posteriormente en GTA IV entre los Pavano y los Pegorino, los cuales condicionarán de cierta forma la trama al igual que hacen en GTA IV. La misma tónica sigue la conversación entre Sunset y Gravelli, siendo todo lo que cuenta lo que sucede posteriormente en la historia del juego.
Aunque me he dado cuenta que estoy dando mucho foco a los personajes de GTA IV, quizás demasiado, por lo que a partir del capítulo siguiente trataré de meter a otros personajes que tengan que ver más con MLP, para nivelar un poco más la balanza, ya que salvo Sunset y Flash, el resto de personajes son los del propio juego; más que un crossover esto parece un fic de GTA, y evidentemente no se trata de eso, por lo que ya veré qué personajes de MLP puedo meter a partir de ahora.
Por otro lado he ahondado un poco más en la relación entre Sunset y Flash, y la nueva situación me da pie para construir a los dos al mismo tiempo, haciendo evolucionar tanto a uno como al otro. Habrán más momentos entre los dos, eso por descontado.
La fiesta en casa de Elizabeta ha sido más para continuar mostrando algunos personajes secundarios, los nuevos presentados son un cameo más que otra cosa, ya que no quiero liar demasiado la trama, aunque Packie y Jacob seguirán apareciendo, eso sí.
Y eso es todo, espero que os guste, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
