Capítulo 6
Intereses
-¿Sabes por qué te he hecho llamar?
-Bueno, supongo que querrá rendir cuentas después de lo sucedido en la isla de Carga…
-Exacto, yo no olvido tan fácilmente ¿sabes?
-Me lo imagino… usted me dirá.
-Bien. ¿Sabes por qué me preocupo tanto de mis muchachos? ¿Por qué estoy siempre ahí, procurando que hagan las cosas bien y no les falte de nada?
-¿Porque es un buen jefe?
-No sólo por eso, que también. ¿Qué sabes de la Comisión?
-Me han contado cosas…
-¿Por ejemplo?
-Que fue fundada por los Gambetti y los Pavano, uniendo a las demás familias…
-Ajá ¿sabes cuál es la jerarquía?
-Bueno, teniendo en cuenta que fueron estas dos las fundadoras, los Gambetti irán primero, seguidos por los Pavano…
-Exacto, seguidos a su vez por los Messina, después por los Lupisella y finalmente nosotros, que somos el fondo del barril. ¿Entiendes lo que te quiero decir?
-Creo que sí… ustedes son los menos fuertes de todos entonces.
-Exacto, ahí quería yo llegar. No es que me queje, que también, pero no somos precisamente los más boyantes, y eso es algo que me trae por la calle de la amargura. Me cuesta dios y ayuda mantener a esta familia unida, y como no somos los más fuerte tenemos que encargar a los Albaneses o a los irlandeses que nos hagan el trabajo sucio por nosotros. Sé que los demás se lo callan, pero somos el hazmerreír de la Comisión. Y eso no me gusta.
-Entiendo, todo el mundo quiere sentirse útil e importante después de todo…
Lo cierto era que esa reunión con Giovanni Ancelotti estaba siendo más tranquila de lo que en un principio pensé que sería; de buenas a primeras supuse que me quería hablar sobre lo ocurrido en la isla de Carga, cosa que estaba haciendo, pero el hombre, que ya peinaba canas y tenía sus años, no tenía las mismas intenciones para conmigo que las que yo misma supuse que tendría. Eso me reconfortó bastante, aunque por el otro lado enseguida obvié para qué me quería.
-No es sólo cuestión de sentirse útil, es cuestión de fortalecernos, de hacernos respetar, de demostrar a Gravelli que valemos algo, que no estamos aquí sólo para aparentar. Me parece muy bien que todo esté bien entre todos, pero si no nos respeta nadie o nos toman por el pito del sereno ¿dónde quedamos nosotros, por mucha Comisión que haya? En su día tuvimos lío con los Gambetti y los Messina, por aquel entonces el propio Gravelli casi mata a mi tío, que era el líder de los Ancelotti, y aun así le perdonó la vida, y no sé para qué, si siguió sin respetarle. Esa es la tragedia de nuestra vida, el respeto…
-Entonces quiere recuperar ese respeto que alguna vez tuvieron…
-Ah ¿lo tuvimos? No lo sé, a estas alturas hasta yo lo dudo, pero sí, como tú dices necesitamos más respeto, ser más fuertes. Sé de muy buena tinta que a Gravelli el asunto de los rusos le quita el sueño, por lo que si le complazco en esto, obtendré su favor.
-Ajá, y quiere que yo le ayude al respecto.
-Ahí le has dado. Conozco a una pequeña banda de matones rusos que está bajo las órdenes de Petrovic, el mandamás ruso que controla el sur de Broker. Vamos a darle un golpe para debilitar un poco las fuerzas de Petrovic. Quiero que vayas a Playa de Hove, que es donde paran, y des buena cuenta de ellos para mí. De esta forma puede que así logre contentar a Gravelli.
-Muy bien, pero le aviso, señor Ancelotti, que le va a costar…
-Sí, ya me dijeron que eres exigente, pero si haces esto para mí, te recompensaré bien. Ve allí, hazlo y luego hablaremos de dinero.
-De acuerdo.
-Muy bien, llámame cuanto esté hecho.
Me despedí de él y me fui de su apartamento, situado en un edificio del barrio de The Meat Quarter, echándome la capucha nada más salir, ya que ese día había amanecido bastante lluvioso. The Meat Quarter destacaba por haber sido uno en su día de los barrios más industriales a ese lado de Algonquin, teniendo aún muchos almacenes, viejas industrias manufactureras y terminales de carga ahora cerradas, aunque algunos habían sido reconvertidos en pisos, ya que el barrio destacaba por estar en pleno proceso de gentrificación. Aun así su aspecto era un tanto pobre y deprimente en comparación con otros barrios de Algonquin, las calzadas de por allí estaban bastante desgastadas y llenas de socavones, evidenciando que aún había mucho trabajo por delante.
Subí al coche rápidamente antes de mojarme mucho y me puse en movimiento rápidamente. Desde allí podía llegar a mi destino más rápidamente si iba por el puente de Broker, por lo que tuve que dar un poco de vuelta pasando por Suffolk y Pequeña Italia para llegar hasta el Barrio Chino, donde el acceso oeste al puente desembocaba a ese lado de Algonquin.
El puente de Broker era el puente más famoso de toda la ciudad, seguido inmediatamente después por el de Algonquin, aunque éste no era tan conocido en comparación. Tras haber salido en multitud de películas y series de televisión, donde normalmente o bien era objetivo de terroristas o bien era desde donde las mafias locales se deshacían de sus cadáveres, sus dos grandes pilares de piedra alzándose sobre el río Humboldt eran su mayor característica. Poseía dos carriles en ambos sentidos y por el medio discurría un paseo peatonal no tan usado en comparación, ya que ese puente era más propenso a sufrir atascos al no ser tan ancho como el de Algonquin. Por suerte no tuve muchos problemas a la hora de cruzarlo, llegando al otro lado enseguida y entrando de esta forma en el distrito de Broker.
Broker era un distrito muy distinto, más multicultural y propenso a recibir inmigrantes de todo tipo; se decía que repentinamente se había puesto de moda vivir allí, nadie sabía exactamente por qué, pero ahora la densidad de población era mayor que hace diez o veinte años. Todo el distrito en su totalidad destacaba por la gran presencia de inmigrantes, sobre todo rusos al sur, jamaicanos al este y una amalgama de nacionalidades repartidas a lo largo y ancho del resto de sus barrios. De entre todos ellos, Playa de Hove era el favorito de los rusos a la hora de asentarse, siendo ese el barrio al que tenía que ir. Apenas había pasado por allí antes, por lo que tuve que guiarme un poco por el GPS.
Nada más entrar en Hove enseguida noté ese ambiente extranjero impregnado en sus calles, las cuales eran eminentemente residenciales y sin apenas mucho comercio en ellas, con estilos arquitectónicos bastante variados para ser un barrio residencial. Localicé enseguida el escondite de esa banda mediante un mensaje que me envió el propio Ancelotti, parando a la altura del 1333 de Crocket Avenue, al lado del viejo parque de atracciones de Firefly Island, actualmente cerrado.
Aparqué el coche al lado de la parada del tren elevado y fui andando hasta la puerta; por el camino oí a mucha gente a mi alrededor hablando en ruso o en otros dialectos parecidos, aunque no supe identificarlos, ya que no tenía ni idea de ruso. Según el mensaje de Ancelotti debía de encontrar a un tal Caballeron y su banda, unos medio rusos medio españoles que se dedicaban al tráfico de obras de arte exóticas y de tesoros antiguos.
Dado que ir directamente y preguntar por ellos sería tonto y contraproducente al mismo tiempo, preferí optar por un acercamiento algo más táctico; sin embargo, y mientras pensaba en algún plan, vi una sombra moviéndose por los tejados de las casetas y las tiendas cerradas del parque de Firefly Island. Intrigada, y notando como una especie de presentimiento resonando en mi cabeza, me desvié un momento, cruzando la calle en cuanto nadie pasaba y comenzando a buscar un lugar por el que colarme sin que nadie me viera. Un poco más adelante había un callejón que llevaba hacia el extremo oeste del parque, el cual estaba cerrado a cal y canto. Sin embargo un contenedor cercano se encontraba situado justo al lado de un toldo rígido, por lo que no me lo pensé mucho más y comencé a trepar por allí.
No me costó demasiado llegar a los tejados, comenzando a moverme por ellos con cuidado para no caer y que no me vieran; traté de localizar a la anterior sombra que antes vi, pero parecía haberse desvanecido en el aire. Desde allí arriba se podía ver todo el interior del parque, incluyendo la noria Liberty Eye, la figura de la famosa montaña rusa de madera Screamer al fondo y la altísima torre de salto en paracaídas, con muchas más atracciones desperdigadas a lo largo de todo el parque. En su momento ese parque fue bastante transitado, siendo un importante enclave financiero y de ocio de Broker, sin embargo fue cerrado a finales del S XX ya que había dejado de ser rentable al ser bastante antiguo, permaneciendo cerrado y abandonado desde entonces. Se decía que lo iban a remodelar y transformarlo en un complejo más moderno, al estilo de la ciudad de Las Venturas, sin embargo no había nada seguro por el momento.
Me moví entre los tubos de ventilación, dirigiéndome hacia el sur, hasta que finalmente logré llegar a distinguir a un grupito de personas al lado de una vieja atracción que permanecía tapada con varias lonas. Me fijé un poco mejor y vi entonces que se trataba de Caballeron y su banda, ya que tenía varias fotos de los susodichos para poder identificarlos.
-Vaya, menuda suerte… ¿qué harán aquí?-me pregunté, extrañada.
Eran en total cinco hombres, Caballeron destacaba por ser un hombre alto y corpulento, de pelo moreno ondulado y ojos verdes penetrantes bastante intensos; vestía como una especie de explorador. Los que le acompañaban tenían más pinta de matones que otra cosa, habiendo de todo, desde un tío del tamaño de un armario con la cabeza rapada y barba de varios días sin afeitar hasta una especie de dandi vestido finamente, con un sombrero de ala corta como si estuviera en los cincuenta y gafas de sol.
Dado que el lugar estaba desierto, aparte de ellos, logré captar algunos retazos de su conversación, aunque sus acentos eran particularmente durillos.
-¿Para cuándo llegará la mercancía?
-Paciencia, estará aquí en breve.
-Qué ganas tengo de echarles el guante a esas preciosidades… ¿de cuánto dinero estamos hablando, jefe?
-Del suficiente como para vivir bien durante los siguientes años, amigo mío, eso por descontado.
-Oh, sí, qué maravilloso futuro nos espera…
-Ya ves… ¿armas, drogas? Bah, por favor, aficionados, lo que da verdadera pasta son las obras de arte y tesoros antiguos…
-Desde luego, no hay nada mejor que traficar de esta forma para sentirte vivo… ah, cómo lo disfruto-murmuró Caballeron, con gesto gallardo.
-Menuda panda de frikis…-pensé por mi parte, con gesto seco.
A mí todo eso de las obras de arte y tesoros me traía sin cuidado, yo tan solo estaba allí para cumplir con mi cometido y nada más. Sin embargo tenía un problema, ya que no sabía muy bien cómo abordar el tema en cuestión; eran muchos para el poco armamento del que disponía, mi desert Eagle y poco más, y aunque fuera muy potente, su corta cadencia de tiro no sería suficiente como para abarcar a todos los objetivos. Podría abatir al menos a uno desde donde estaba, pero el resto probablemente tendría tiempo de reaccionar, cubriéndose e incluso huyendo de allí si era necesario.
Sin embargo en ese momento me pareció ver algo detrás de la plataforma de la atracción y justo al lado de donde todos estaban; me fijé un poco más, viendo entonces que se trataba de una bombona de butano, comprendiendo al instante la oportunidad que se me presentaba. Hice mano de mi arma rápidamente, pero en ese momento apareció en escena una furgoneta que entró desde el otro lado del parque, parando al lado de Caballeron y los suyos. El propio Caballeron fue el que la abrió, comenzando a sacar de todo de ella.
-Mirad lo que tenemos aquí…
-Oh, sí, mirad qué hermosuras…
-Ven con papá, nene…
Había de todo, desde cuadros, vasijas antiguas, alguna que otra estatua de piedra y hasta viejos libros ajados y un tanto descuidados. Sin embargo mi nuevo objetivo seguía intacto e inamovible, además, muchos de ellos se habían congregado justo al lado, incluso uno se había puesto justo enfrente de él, viendo que era mi oportunidad, ya que estaban distraídos.
Sostuve mi arma con ambas manos, respirando profundamente y concentrándome al máximo. Otra cosa no sabía, pero puntería tenía un buen rato, y cuando me concentraba lo suficiente podía llegar a hacer que la bala llegara a dónde yo quería que fuese. Por lo que eso mismo hice, apuntando a la bombona y sin fijarme en nada más que eso. Inhalé, exhalé y, al segundo siguiente, disparé.
El disparo fue lo primero que se oyó, seguido por una súbita explosión que alcanzó a todos por igual, lanzándolos como muecos de trapo e incluso moviendo ligeramente la furgoneta, la cual dio un bandazo hacia un lado, lanzando todo su contenido y rompiéndose varias cosas en el proceso. Al segundo siguiente el tiempo volvió a correr, viendo que todos se encontraban tirados en el suelo, sin volver a moverse. Todos excepto uno. Caballeron, al estar lo suficientemente lejos, logró sobrevivir a la explosión, levantándose atropelladamente, aún aturdido, y mascullando en el proceso.
-¿¡Qué demonios ha sido eso?!
Aproveché entonces su estado para rematarle, apuntando a su cabeza y disparando de seguido. Como apenas se movió recibió el disparo de lleno, desplomándose en el suelo y sin volverse a levantar nunca más.
-Hecho-pensé entonces, esbozando una sonrisita satisfactoria.
Me levanté y fui a irme de allí, sin embargo algo al otro lado del parque me alertó de improviso, viendo que se trataba de la sombra que vi antes, la cual me apuntaba con otra arma de gran calibre. Reaccioné de golpe y me eché al suelo, al tiempo que un disparo resonaba y la bala rozaba el aire justo a mi lado, sin llegar a darme; por mi parte respondí enseguida con otro disparo, pero apenas apunté y se me fue muy arriba. Me levanté enseguida y eché a correr lo más agachada posible, al tiempo que otros disparos volvían a aullar, rompiendo con la tranquilidad del abandonado parque. Volví a disparar dos veces, esta vez con algo más de precisión, pero no logré dar a quien me amenazaba. Sin embargo aproveché para apretar el paso hasta llegar al lado por donde había subido, rodando para evitar otro posible disparo y bajando de un salto. Caí de pie como los gatos sobre el contenedor, sintiéndolo sobre todo en las piernas y ahogando un grito de dolor. Aun así me forcé a correr para alejarme de allí lo más rápidamente posible, guardando mi arma para no llamar la atención y mezclándome entre el gentío para pasar desapercibida.
Di una vuelta completa a la manzana antes de volver a mi coche, poniéndome en movimiento enseguida y alejándome lo más rápidamente posible de Playa de Hove. Una vez que me sentí segura hice mano de mi móvil y llamé al viejo Ancelotti para avisarle.
-Ya está hecho.
-¿Ya? Caramba qué rapidez… Vale, ve a ver a mi capo, Tony, él te dará tu pago.
-Tony… espere ¿Spoleto? ¿El que me dio tan cálida bienvenida?
-Sí, el mismo, puede llegar a ser muy persuasivo ¿verdad?
-Sí, fue todo un amor…-murmuré, con sorna.
-Je, je… ahora mismo se encuentra en Bohan, le diré que vaya a verte, espérale tras las pistas de tenis de El Bulevar.
-De acuerdo.
Volver a Bohan fue rápido, en poco menos de media hora me presenté allí y estuve esperando hasta que finalmente apareció. Nada más verme se dirigió a mí.
-Vaya, pero si es mi invitada favorita…
-Sí, sí, déjalo ya, Spoleto, me da igual.
-Muy bien… aquí tienes lo tuyo.
El hombre me alcanzó un sobre y lo cogí, contando el contenido hasta obtener unos míseros cinco mil dólares; no tardé mucho en opinar al respecto.
-¿Qué? ¿Esto es todo? ¿Mil por ruso? ¿En serio?
-Eh, es lo que hay, guapa, o lo tomas o lo dejas…
-¿Es lo que hay? No te lo crees ni tú, por lo que hecho tendría que recibir al menos o el doble o el triple, joder, si es que hasta Ray Boccino paga mejor que vosotros.
-No mentes al diablo, nos da igual cuánto te page esa sabandija, si no hay más es porque apenas tenemos ni para pagar a nuestros hombres, esto es lo que nos da la Comisión a cambio de nada. Si tienes quejas, házselas llegar a Ancelotti si quieres, pero no te prometo que te haga caso al respecto, si no hay dinero, no hay dinero. Siempre puedes devolvérmelo si no estás conforme…
Ante eso preferí no soltar lo poco que tenía, después de todo el dinero siempre me venía bien, aunque me pareciera irrisorio frente a otros pagos más sustanciales como los de Ray o los de los Messina. Finalmente preferí cortar por lo sano.
-Está bien, pero más vale que todo esto os sirva de algo.
-Sí, lo mismo llevamos diciendo desde hace años nosotros…
Spoleto se despidió sin decir nada más, dejándome allí con mis someros cinco mil dólares. Al menos me daría para algún caprichito tonto.
Desde el incidente con los rusos en el cual me topé con un tercer implicado no identificado, no volví a saber nada más ni de este ni del viejo Ancelotti, el cual parecía estar currándose de lo lindo lo de mejorar su respeto. El incidente en sí fue reportado en las noticias, anunciando la muerte de unos traficantes de obras de arte y tesoros antiguos, junto con la destrucción de gran parte del cargamento robado.
Los demás encargos se siguieron sucediendo con normalidad, volviendo a la rutina de siempre, aunque con el añadido extra que era ahora trabajar con Flash. El chico ya había demostrado que sabía manejarse por su cuenta, sin tener que sacarle las castañas del fuego en ninguna ocasión, y durante unos días estuvo "desaparecido" mientras buscaba a un confidente en la policía que le pudiera ayudar a llegar hasta lo que necesitaba.
Por mi parte se refería le dejé hacer, ya que después de todo él mismo me pidió que no me metiera a no ser que fuera estrictamente necesario o él mismo me pidiera ayuda. En ese sentido me sorprendió gratamente, ya que de buenas a primeras me esperaba que me fuera a avasallar con preguntas relacionadas con mis círculos y contactos, pero en vez de eso guardó las formas y no preguntó nada al respecto.
Sin embargo, y unos días después de su petición, recibí una llamada del chico bastante apurada a altas horas de la noche, la cual respondí rápidamente.
-¿Sí?
-¡Sunset, necesito tu ayuda!-exclamó en ese momento Flash, con un tiroteo ensordecedor de fondo.
-¿Flash? ¿Dónde estás, qué es todo ese barullo?
-¡Estoy en la universidad de Vespucci, en Cerros de la Peña, me han cercado unos narcotraficantes, son un huevo, necesito tu ayuda!
-¿Qué?
-¡Sí, son una ramificación de los North Holland Hustlers, van muy en serio, como tienen chanchullos varios con algunos estudiantes y profesores de aquí no quieren perderlos! ¡Son demasiados incluso para mí, necesito tu ayuda!
-¡Vale, voy para allá, aguanta ahí!
-¡No tardes!-exclamó el chico antes de colgar.
Sin pensarlo mucho más me puse en camino hacia el lugar, cogiendo el coche y personándome allí enseguida, ya que apenas había tráfico por las calles. Cerros de la Peña era un barrio eminentemente residencial, siendo la residencia principal de la universidad de Vespucci, la más grande y prestigiosa de todo el estado de Liberty. Apenas me había pasado por allí, pero enseguida pude averiguar el paradero de Flash siguiendo el eco de los disparos que provenían del otro lado del campus; avancé rápidamente sin que me vieran hasta llegar al lugar, viendo entonces cuál era la situación. Flash se había atrincherado tras las columnas de la biblioteca, con un buen puñado de narcotraficantes dominicanos asediándole desde el otro lado. Disparaban a matar y no parecían querer irse de allí hasta verle muerto.
Aprovechando entonces que estaban todos concentrados en un solo punto, hice mano de una granada que cogí antes de salir del coche, acercándome a ellos un poco más, quitándole la anilla y echándola a rodar dándola un buen impulso. El arma rodó hasta pararse justo al lado de uno de los traficantes, el cual notó cómo le golpeaba en el pie, dándose la vuelta y mirándola de refilón.
-Ah, una granada… ¡una granada!-exclamó entonces, alarmado.
Sin embargo fue demasiado tarde, el arma hizo explosión, abriendo entonces una brecha en las líneas enemigas y deteniendo de golpe el ataque. Aproveché entonces para adelantarme, disparando a los que más cerca se encontraban y atravesando sus defensas hasta llegar donde estaba Flash.
-¡Sunset!-exclamó el chico al verme.
-¡Ya estoy aquí! ¿Estás bien?
-¡Sí, menos mal que has venido, comenzaba a temerme lo peor!
-¿Qué haces aquí peleándote con estos capullos?
-¡Le estoy haciendo favores a un inspector de la policía para que averigüe cosas por mí, es algo recíproco, si le ayudo a limpiar el distrito, él me ayuda a mí!
-¡Entiendo!
-¡Me dijo que sospechaba que había una red de distribución de drogas entre los North Holland Hustlers y algunos implicados de la universidad, y no se equivocaba, me ha enviado a que los despache!
-¡En ese caso despachémoslos juntos!
Entre los dos, y coordinándonos mutuamente, pudimos dar buena cuenta de todos esos traficantes; la acción de la granada había dejado aturdidos a un buen montón de ellos, lo cual aprovechamos a nuestro favor. Avanzamos hacia delante, espalda contra espalda, mientras disparábamos sin parar hasta cubrirnos tras una fuente, obligando al resto a moverse hacia el otro lado del campus.
-¡Los tenemos, sólo un poco más!
-¡Vamos a flanquearnos para que no escapen, ve por el otro lado!-le indiqué.
Ambos nos separamos para luego reencontrarnos justo delante mientras peinábamos el resto, nuestras armas tronaron hasta que tan solo quedó uno, el cual soltó el arma al verse solo y, con los brazos en alto, trató de resarcirse.
-¡Oh, joder, tíos, venga ya, estoy desarmado! ¿En serio queréis esto? ¡Vamos, no le hagáis daño a este pobre negro!
-¡No es cosa nuestra, no debisteis involucraros con esta institución!-exclamó Flash, apuntándole.
-¡No era cosa mía en realidad, yo sólo soy un mandado! ¡Oh, tío, por favor, no me jodas, yo sólo hacía lo que me decían!
-¡Eso no es excusa! ¡Tuviste tu oportunidad y la desaprovechaste!
-¡Pero no fue cosa mía, en serio! ¡Mira, si me dejáis vivir puedo deciros nombres! ¿Vale? ¡Un montón de nombres, conozco a los que dirigían este tinglado, y si me matáis ahora, no sabréis quien está detrás, y no os servirá de nada! ¡Por favor, sed buenos con este negro!
Ante esa tesitura Flash dudó, mirándonos por el rabillo del ojo; por mi parte comenté.
-Es cosa tuya, Flash, haz lo que creas conveniente.
-¡En serio, os puedo decir quién es el que está detrás! ¿Os suena el nombre de Playboy X?
Fue en ese momento cuando reaccioné por primera vez, recordando entonces a ese imbécil de la fiesta de Elizabeta, el que quería apuntar alto. Flash se percató de mi cambio de gesto y murmuró.
-¿Te suena de algo, Sunset?
-Sí, lo llegué a conocer en una fiesta, es un imbécil rematado que se cree el rey del mambo, me cayó de culo. Igual a tu inspector le podría interesar lo que este pringado nos está ofreciendo.
-Sí, ciertamente… ¿dices que ese tal Playboy está metido en el ajo?-inquirió Flash.
-¡Oh, sí, ya lo creo que sí, y más incluso! ¡Si me dejáis vivir os lo contaré todo!-aseguró el tipo.
Ante eso el chico se quedó callado, sopesando opciones; por mi parte se refería el poder joder aunque sólo fuera un poco a ese idiota me llamaba la atención, aunque solo fuera por puro placer personal más que por otra cosa. Finalmente Flash decidió, murmurando de seguido.
-¡Está bien, tomaremos tu oferta! ¡Acércate y no hagas ningún movimiento brusco!
El hombre obedeció y se acercó a nosotros con las manos en alto, una vez a nuestro lado Flash, sin mediar palabra, le asestó un culatazo con su arma, dejándolo de esta forma inconsciente.
-Mejor prevenir que curar. Ayúdame a cargarlo, vamos a llevarlo hasta el parque de aquí al lado.
Entre los dos llevamos al infrascrito hasta dicho parque, donde había una especie de monumento memorial adscrito a la propia universidad; lo ocultamos allí y Flash se apartó un momento para hacer una llamada, volviendo al poco rato.
-He puesto sobre aviso al inspector, vendrá en breve.
-Vale… ¿Quién es, a todo esto?
-Es un inspector de bajo rango de la comisaría de Westminster que quiere reunir méritos para llegar a ser comisario de barrio, luego de distrito y, después, comisario jefe de toda la policía de Liberty City. El hombre apunta alto pero, según él, no puede hacer esto él sólo, por lo que me ofreció lo que necesitaba a cambio de mi asistencia para limpiar la lacra del crimen en toda la ciudad. Se cree una especie de caballero andante o algo por el estilo.
-Pues claro lo lleva…
-Ya, pero él está convencido de que una Liberty City limpia y segura es posible, aunque luego él no se moje para nada en el proceso. Es un incompetente, pero si puede ayudarme a llegar hasta la verdad, pues oye, bienvenido sea.
-O sea, un poli corrupto que deja hacer su trabajo a otros criminales y luego colgarse él la medalla. Por qué será que no me sorprende…-murmuré, aburrida.
Estuvimos esperando unos pocos minutos más hasta que finalmente apareció un hombre de mediana edad, de pelo castaño muy bien peinado, bigote a juego y vestido con un traje negro y corbata verde. Se bajó de un Cavalcade negro y se dirigió a Flash con gesto queda.
-¿Y bien, cual es el problema?
-Este de aquí se ha ofrecido a colaborar, me ha dicho que puede decir nombres, y dado que usted busca méritos ajenos me he dicho: puede que al inspector McReary le interese.
El tal McReary miró fijamente a Flash, luego a mí, y finalmente al narcotraficante inconsciente, como si estuviera pensando mucho, hasta que al final murmuró.
-Bueno, quizás sí que pueda sacar algo de todo esto. Eres un buen hombre, Flash Sentry, un buen hombre…
-Sí, supongo… y sin embargo me apartaron del servicio por ello.
-Razón de más, entonces, eso evidencia la problemática actual en esta ciudad. ¿Sabéis? En realidad es bien simple, no hay bien ni mal, tan solo sombras de puto gris. Esta ciudad tiene lo que se merece, sin embargo siempre hay una oportunidad de redención, de purgar nuestros pecados, y eso es precisamente lo que yo quiero hacer. Me lo debo a mi mismo, y a esta ciudad, y la mejor forma de combatir al fuego, es con más fuego. Gracias, muchacho, muchas gracias, te recompensaré por todo lo que estás haciendo por mí.
-Sí, aunque aquí Sunset también me ha ayudado, el mérito no es sólo mío…
-Ah, sí, tu amiga… gracias, querida, muchas gracias, en nombre de la policía de Liberty City y el mío propio, Francis McReary. En cuanto sea comisario jefe, podré poner orden en este gran caos.
-Sí, seguro que sí…-murmuré yo, con fingido interés.
-¡Ya lo verás, querida, ya lo verás! Me llevo a este malhechor…
Tras eso el investigador cargó con el traficante y lo metió en su coche, despidiéndose de nosotros y yéndose rápidamente, dejándonos solos allí. Flash y yo nos miramos sin decir nada, aunque en ese momento el chico murmuró.
-Gracias por venir, Sunset, si no hubiera sido por ti…
-No ha sido nada.
Ante eso el chico me sonrió y yo, sin apenas darme cuenta, le devolví el gesto tímidamente; lo cierto es que nunca antes había llegado a compenetrarme con alguien antes de esa forma, y menos aun trabajando codo con codo como lo habíamos hecho.
-En fin, me vuelvo ya para allá, por hoy he terminado…-comentó en ese momento el chico.
-¿Quieres que te acerque?
-No hace falta, tengo el coche aquí cerca.
-Ah, vale… bueno, pues… nos vemos otro día…-murmuré entonces, sin saber muy bien qué decir sin ninguna razón aparente.
-Sí, nos vemos…
Hubo un breve y un tanto incomodo silencio hasta que finalmente nos separamos tras un rápido gesto, yéndose cada uno por su lado. Por mi parte me mostré un tanto confusa, llegando a pensar para mis adentros.
-¿Qué coño ha pasado?
Sin embargo no obtuve respuesta, por lo que preferí no darle más vueltas y volver a casa. Mientras tanto, Liberty City trasnochaba, como de costumbre.
Dado que la Comisión no volvió a ponerse en contacto conmigo, aproveché entonces para abordar otros asuntos importantes, entre ellos el trabajo de topo para María Valvona, para el cual tuve que pluriemplearme, por así decirlo.
La propia Valvona llegó a comentar que los Pegorino poseían un club de striptease en Alderney y, tras informarme un poco, decidí entrar a trabajar allí para obtener más información sobre ellos. Dicho club, el cual se llamaba Honkers, estaba situado en el barrio de Tudor, y no me fue muy complicado entrar a trabajar en él, puesto que en cuanto vieron mi físico, combinado con mi atractivo, me contrataron casi sin dudarlo.
Al contrario que el Triangle Club, el Honkers era mucho más pequeño en comparación, ya que tan solo constaba de una sola sala más larga que ancha, con una barra de bar que ocupaba casi toda su longitud, la cual tenía justo en el centro un escenario con varias barras donde las bailarinas hacían sus performances mientras los clientes se tomaban algo. Aparte, y al fondo del todo, se encontraban las salas para los bailes privados. Alrededor de la barra del bar había otras mesas para que los babosos se sentaran y disfrutaran del espectáculo.
Para mi buena suerte tan solo me tocó estar en las barras, algo que se me daba especialmente bien, llegando a dar un buen espectáculo que satisfizo bastante al encargado del lugar, un hombre cuarentón muy bien vestido de nombre Phil Bell.
-Ah, hola, tú eres la nueva, Sunset ¿no?
-Sí…
-He visto cómo te mueves, eres buena, del tipo de chicas que sabe cómo moverse, eso me gusta.
-Gracias, señor.
-Te quiero ahí arriba siempre ¿vale? así mantienes entretenida a la gente mientras beben como esponjas.
-Está bien.
Eso me daba cierta ventaja, ya que me permitía estar cerca de la propia barra para poder escuchar todo lo que se cocía en torno a los Pegorino. En cuanto a los clientes en sí había de todo, aunque identificar a los Pegorino era inusitadamente sencillo, siendo siempre los que más y mejor vestían, apareciendo casi siempre durante gran parte de la mañana y la tarde, aunque yo no me quedaba tanto tiempo. Aun así pude llegar a enterarme de algunas cosas mientras bailaba, sin embargo un buen día me sonó la campana de una forma increíble, y nunca mejor dicho, ya que vino en compañía del propio Bell.
Esa mañana estaba siendo tranquila, apenas había gente en el club, y yo me aburría como una ostra; en ese justo momento vi a Bell entrando en el club y comencé a moverme un poco, sin embargo me quedé del todo helada cuando vi que entraba acompañado ni más ni menos de Ray Boccino y un hombre cuarentón, cerca de la mediana edad, de pelo grisáceo y algo lacio, que vestía con un traje marrón claro. Su porte era un tanto intimidante, y de alguna forma algo me dijo quién podría ser.
Los tres hombres se acercaron a la barra y pidieron algo de beber, al principio no se dio cuenta, pero en cuanto levantó la vista y me vio, Ray me reconoció al instante.
-¿¡Sunny?!
Tuve que responder a ese llamado, girándome y fingiendo sorpresa.
-Anda, Ray… ¿qué estás haciendo aquí?
-Lo mismo te digo, guapa…-murmuró el hombre, haciendo un gesto al verme que no se me escapó.
-¿La conoces, Ray?-inquirió en ese momento Bell.
-Sí, claro que sí, fue ella quien me ayudó a hacerme con el servicio de basuras de Liberty.
-¿En serio?-inquirió entonces el hombre que les acompañaba, mirándome de arriba abajo con gesto interesado.
-Ah, sí, así es, como bien ya sabes fue un favor personal hacia usted, Don…-murmuró entonces Ray, dirigiéndose a él con un repentino e inusitado fervor.
Tuve que hacer un esfuerzo para no reírme en voz alta, ya que, si mal no recordaba, según sus palabras fue un "regalo para la Comisión", comprendiendo entonces ciertas cosas que probablemente le interesarían a Valvona.
El Don me miró mientras asentía con la cabeza, murmurando de seguido.
-Muy bien, muy bien… baja aquí, encanto, y hablemos de negocios.
Bajé del alargado escenario y me dirigí a ellos, el Don me habló directamente en cuanto llegué.
-Vale ¿sabes quién soy?
-No, pero me hago una idea…
-¿Ah, sí? ¿Quién soy entonces?
-Bueno, Ray le ha llamado Don, por lo que usted debe ser el líder de los Pegorino…
-Así es, soy James Pegorino, pero puedes llamarme Jimmy. Y tú eres…
-Sunset, Sunset Shimmer.
-Así que Sunset Shimmer… Ray me llegó a hablar de ti, hiciste un buen trabajo haciéndote con el departamento de basuras, es un buen comienzo para adentrarme en Liberty City, pero yo aspiro a más, y como supongo que sabrás, estoy tratando de conseguir un asiento en la Comisión.
-Sí, algo me contó Ray…
-Bien, el caso es que te voy a pedir expresamente que me ayudes. Hasta ahora he tratado de hablar con los Pavano, pero entre una cosa y otra no han hecho más que darme largas y está claro que no van a ayudarme así como así…
-Huy, si tú supieras...-pensé para mis adentros, divertida.
-…por lo que he pensado en los Ancelotti, que son los más débiles de todos, y puede que tengamos una oportunidad de negocio con ellos. Nosotros aquí en Alderney somos los amos del cotarro, por lo que les podemos ofrecer trabajar con nosotros para aumentar su poder, quiero que hables con el viejo Ancelotti y le ofrezcas una oportunidad de negocio conmigo ¿lo harás?
-Sí, puedo intentarlo, por qué no…
-Estupendo, siempre viene bien tener a gente con la que puedes confiar, gracias, Sunset Shimmer.
-No es nada, señor.
-Sunny es una chica de lo más eficiente, Don, estoy seguro de que podrá ayudarte con lo que sea.
-Bien, bien, muy bien, estaremos en contacto entonces.
Tras esa conversación tanto Ray como Pegorino se fueron al poco rato, dejándome allí sola. Mi turno acabó al poco rato, por lo que nada más salir hice mano de mi móvil para llamar a Valvona.
-Hola, querida ¿tienes algo para mí?
-Y tanto, se va a reír mucho, la cuento…
-Por teléfono mejor que no, no me fío de estos cacharros, ven a verme en persona, de hecho ahora mismo estamos aquí Giovanni, Harvey, Jon y yo, estamos hablando de nuestras cosas, ven al restaurante.
-Vale.
No tardé mucho en llegar, aparcando el coche cerca y subiendo al último piso, en la misma sala de reuniones de la última vez; nada más entrar el propio Gravelli me dio la bienvenida.
-¡Querida, aquí estás! Ya nos dijo María que venías, toma asiento ¿te apetece algo para beber?
-No, gracias…
-Bueno, pues cuéntanos…
-Siéntense, siéntense todos, que les voy a contar un chiste de Lepe.
Les conté entonces de forma resumida todo lo que había visto y lo que el propio Pegorino me había pedido, en cuanto acabé hubo unos breves segundos de silencio antes de que todos prorrumpieran en carcajadas. Quien más fuerte se reía era Gravelli, el cual musitaba.
-¡Ay, ay, por dios, mi corazón, basta, basta!
-¡Que quiere trabajar conmigo! ¡Madre mía, está desesperado, qué bueno!-exclamó el viejo Ancelotti, igual de atacado.
-¡Que le damos largas, dice, si sólo fuera eso, ay, dios, querido, lo que te estás perdiendo!-masculló Valvona, secándose las lágrimas.
-¡Pero, pero, pero! ¿Es en serio? madre mía como están las cabezas…-murmuró Harvey Noto, divertido.
Tan fuerte se reían que yo misma acabé también contagiada, llegándome a reírme por lo bajo, sin embargo Gravelli al verme comentó.
-¡Ríete, querida, ríete, es bueno para el alma!
Finalmente me solté y yo también me reí, ya que si se pensaba fríamente realmente era bastante chistoso; un don nadie al otro lado del West River tratando de inmiscuirse en una organización tan antigua para sentirse importante, no era precisamente el mejor ejemplo de seriedad, y quieras que no, tenía su gracia.
-Bueno, bueno, tiempo muerto, que sufro del corazón, tened piedad-pidió en ese momento Gravelli.
-Pues oye, ahora tengo curiosidad, sólo por ver qué me ofrece… y por las risas, claro-comentó en ese momento Ancelotti.
-Te dejo que lo intentes si quieres, Giovanni, no creo que suceda nada que tú y tus chicos podáis resolver-le dio el visto bueno Gravelli.
Por un momento Giovanni quiso decir algo, pero al final se quedó callado; yo le miré con gesto inquisitivo, pensando en una posibilidad, sin embargo en ese momento Valvona tomó la palabra.
-Está claro que ni él sabe qué hacer, propongo seguirle el juego, sólo por mera diversión, a ver cómo se desarrollan los acontecimientos…
-Vale, a ver dónde llega todo esto-asintió Harvey Noto.
-¿Y yo qué hago?-inquirí en ese momento.
-Tú sigue vigilándole, y si te pide hacer algo, hazlo, mantenme informada en todo momento-me ordenó la mujer.
-Está bien.
-Madre mía lo que se está perdiendo Mark… aunque no sé yo si lo pillaría, eso sí ¿dónde está, a todo esto?-inquirió Harvey.
-Resolviendo algunos asuntos, me dijo que estaría ocupado, no es ninguna reunión formal después de todo-explicó Gravelli.
Durante los siguientes minutos siguieron hablando de sus propias cosas, más mundanas, lo cual me sorprendió en cierta forma, ya que no todos los días me esperaba llegar a ver a los grandes líderes criminales de la ciudad hablando de una forma tan casual, informal y distendida. Se notaba que se conocían desde hace mucho tiempo, y eso en cierta forma definía sus relaciones y su forma de comunicarse entre ellos. Por mi parte no quise molestar más y me fui, Gravelli me animó a quedarme a charlar, pero preferí irme de todas formas, ya que tenía mis propios asuntos que atender.
En su momento me extrañó que no estuvieran todos en la última reunión no formal, ya que tan solo estaban cuatro de los cinco líderes de las familias; recordaba lo que comentó Gravelli en su momento, llegándome a llamar ligeramente la atención, aunque sin darle mayor importancia.
Sin embargo, y pocos días después, llegué a recibir una llamada de un número desconocido, la cual cogí sin más remedio y haciéndome a la idea de quien podría ser.
-¿Sí?
-Hola ¿Sunset Shimmer?-inquirió una voz al otro lado.
-Sí ¿Quién es?
-Soy Mark, Mark Lupisella, líder de la familia Lupisella.
-Me lo suponía…
-Sí, muy lista y todo eso, he oído muchas cosas de ti, los demás te han pedido favores, y bueno, yo tampoco voy a ser menos ¿no?
-Sí, ya que estamos…
-Exacto. Ven a verme a mi casa en Castle Garden City, al lado del WTF Center, piso quince, apartamento 200.
-Vale, voy para allá.
Colgué de seguido, con gesto molesto.
-¿Va todo bien, Sunset?
-Sí, pero me tengo que ir, Betty, ya lo siento…
-Vaya, qué pena, estás muy solicitada últimamente, apenas te veo…
-Ya, lo sé, a ver si consigo sacar un poco de tiempo para mí. Ya lo siento, en serio...-murmuré, un tanto molesta conmigo misma.
Y es que era cierto, con tanto encargo y tanta mierda entre la Comisión y los repartos apenas tenía tiempo para mí, cada vez me notaba más cansada, y ahora que había sacado algo de tiempo para quedar con Betty me salía esto. Y me molestaba, ya que desde la última vez había pasado un tiempo, y durante ese tiempo Betty había hecho unos progresos extraordinarios, perdiendo varios kilos por el camino y viéndose mucho más esbelta y guapa que antes incluso. Aún conservaba algo de peso en las caderas y un poco de barriga, pero la diferencia estaba ahí y era más que visible. La propia Betty se veía más segura y confidente consigo mismo, y se la notaba sobre todo al hablar.
-¿Seguro que está todo bien? No sé, te noto cansada, tienes unas ojeras terribles…
-Sí, sí, estoy acostumbrada, mucho trabajo, eso es todo.
-Entiendo que hagas lo que haces, pero aun así ten cuidado, Sunset, puede llegar a ser peligroso…
-Lo sé, no creas que no, me arriesgo todos los días, no es nada que no sepa a estas alturas…
-Ya, pero aun así… no puedo evitar preocuparme por ti.
Ante eso no pude evitar esbozar una sonrisa, mirándola con un gesto cariñoso.
-Gracias por tu preocupación, pero no hay ningún problema. Quedamos otro día ¿vale?
-Vale, llámame cuando puedas.
Nos dimos un rápido abrazo y yo me dirigí hacia el coche para ponerme en camino a no más tardar.
El World Trade Financial Center (siglado WTF) formaba parte de un complejo de edificios de carácter comercial y económico que ocupaban toda la zona sur del barrio de Castle Garden City, rodeados de apartamentos de lujo de alta densidad donde solía vivir gente en su mayoría de renta elevada, por lo que tenía sentido que un líder de la mafia viviera allí. Además, desde allí había unas vistas preciosas al West River y la isla de la Felicidad, lo cual le daba más caché a la zona.
Nada más llegar subí hasta el piso quince, donde me encontré a un guarda frente a la citada puerta que me estuvo cacheando antes de entrar, encontrando enseguida mi Desert Eagle.
-Nada de armas en presencia del Don. Luego se la devolveré.
El interior del apartamento lucía tan lujoso como bien me supuse, aunque no era algo particularmente ostentoso o muy recargado, siendo más austero de lo que en un principio me imaginé. Junto a un amplio ventanal vi entonces a quien sería Lupisella, era un hombre cincuentón, de porte algo informal y un aspecto que, de buenas a primeras, no daba la sensación de que fuera muy listo. De pelo moreno, bien peinado y ojos oscuros, se las apañaba para imponer con un gesto que parecía balancear entre sereno y enfadado, como si no estuviera seguro de cuál de las dos cosas escoger.
-Sunset Shimmer…-murmuró al verme.
-Mark Lupisella…-hice yo lo propio.
-El mismo… a ver, a ver ¿qué sabes de mí, qué te han dicho sobre mí?
-Nada… nada relevante.
-¿Ah, no? ¿Y eso por qué? ¿Por qué lo harían? ¿Porque piensan que soy tonto, que tengo bajo cociente intelectual? Sí, sé lo que dicen sobre mí ¿sabes? Que soy un tonto, un tonto violento… bueno, pues yo te lo diré, tonto no soy, pero violento… sí que soy un poquito-masculló el hombre, con un tic nervioso en el ojo derecho.
-Entiendo…
-Si soy violento o no me la trae sin cuidado, pero dime una cosa ¿lograría un tonto eludir la evasión fiscal llevando las cuentas de su organización criminal al día?
-¿Cómo?-inquirí, anonadada.
-Sí, raro ¿no? Una organización criminal con contable y en nómina, quien lo diría. Y luego yo soy el tonto-murmuró Lupisella, gesticulando mucho.
-Bueno, no suena tonto, eso desde luego…
-¡Precisamente! ¡Y pensaban que no sería capaz de llevar las cosas por mí mismo! Sólo porque a mi querido tío le ha dado un ramalazo de Alzheimer de buenas a primeras, oh, vaya, qué mala fortuna, ya no le pueden juzgar. Y luego yo soy el tonto…
-Entiendo por dónde va…
-Por supuesto que lo entiendes, es bien sencillo de entender, hasta un tonto lo entendería, diablos, hasta yo lo entiendo, y se supone que soy tonto-masculló el hombre, cada vez más y más nervioso.
-¿Está bien, señor Lupisella?-inquirí entonces, preocupada por su errática actitud.
Ante ese llamado Lupisella pareció relajarse de golpe, aunque sin dejar de retorcerse las manos y conservando en todo momento el tic en el ojo derecho. Puede que no fuera tan tonto, pero algo tenía, eso por descontado.
-Sí, estoy bien. Perdona, es que estoy un poco nervioso ¿sabes? Se trata de nuestro contable, está bajo amenazas, y me da que la poli va tras él para hacerle hablar en nuestra contra. Aunque normalmente no me preocuparía, ese cabrón medio judío podría vendernos a las primeras de cambio si le diera la gana. Aun así le necesito, gracias a él evitamos que nos acusen de evasión fiscal, lo que nos da muchas garantías. Lo único que necesitamos es esconderle por una temporada hasta que se calmen los ánimos. Tú lo escoltarás y lo llevarás a un lugar seguro que tenemos preparado para él.
-Está bien.
-Le pediría a mi socio de mayor confianza esto, pero no puede hacerlo, ya que tiene que pasar desapercibido por un tiempo, así que por eso recurro a ti. Abajo hay un Vincent gris aparcado, cógelo y ve a recoger a mi contable en Westminster, una vez allí llámame y te diré a dónde hay que llevarlo.
-De acuerdo.
Me dio las llaves, aprovechando entonces para recordarle algo.
-Ah, por cierto, señor Lupisella, no sé si lo sabrá, pero yo tengo un precio…
-Sí, ya me dijeron que eres exigente, no te preocupes por el dinero, te pagaré bien.
Asentí con gesto queda y me fui de allí, el guarda me devolvió la pistola y, una vez en la calle, busqué el coche hasta encontrarlo al otro lado de la calle. Me subí a él, arranqué y me puse de camino hacia el barrio de Westminster.
Al igual que The Meat Quarter, Westminster era una extensión del anterior barrio, ya que también poseía antiguas fábricas y almacenes ahora en desuso, aunque estaba más gentrificado en comparación con el otro, lo que le daba algo más de valor al mismo. Aun así la huella de la industrialización seguía presente e incluso visible, destacando la presencia de una antigua línea de tren elevado, ahora inutilizable y abandonada.
Me paré al poco rato de llegar en el extremo norte de Galveston Avenue, antes de entrar en el barrio de Purgatorio, y un hombre de casi setenta años, vestido elegantemente, con una prominente calva y pelo lacio por la parte de la nuca, de gafas ovaladas y que portaba un pesado maletín al que se aferraba con todas sus fuerzas se acercó al coche, dirigiéndose a mí de seguido.
-¿Sunset Shimmer?
-Sí, soy yo… ¿es usted el contable?
-Sí, soy Moe, Moe Schwartz.
-Vale, suba.
El hombre abordó el coche y se sentó en el asiento de atrás contrario al mío, suavizando el gesto en cuanto cerró la puerta.
-Bof, menos mal que ha venido, estoy muerto de miedo, siento que van a venir por mí en cualquier momento…
-No se preocupe, señor Schwartz, le llevaré a un lugar seguro-murmuré mientras hacía mano de mi móvil.
-Gracias, muchas gracias, de verdad.
Llamé a Lupisella, el cual me cogió rápidamente.
-Tengo a su hombre.
-Bien, ahora llévalo directamente a los pisos de protección oficial de Northern Gardens en Bohan, le estarán esperando allí.
Me llamó la atención el sitio en sí, ya que no me esperaba que fuéramos a ir allí; si se trataba de esconder a alguien tan importante, hubiera sido más conveniente sacarlo de la ciudad y ocultarlo en algún piso de baja renta de los barrios de Acter o Tudor en Alderney, por ejemplo.
Aun así acaté la orden y me puse en movimiento rápidamente aprovechando un semáforo en verde. Los siguientes minutos fueron tranquilos, aunque Moe Schwartz se mostraba nervioso en todo momento.
-No hay nada que temer, señor Schwartz, está conmigo ahora…
-Lo sé, querida, y se lo agradezco, pero no puedo evitar sentirme inseguro en todo momento, llevar las cuentas de los Lupisella me está restando años de vida, vivo en constante alerta, apenas duermo, es horrible…
-Debe ser duro.
-No se lo imagina…
-Bueno, ahora relájese un poco, voy a poner la radio ¿qué emisora le gusta?
-Ah… The Journey está bien.
-Buena elección…
Y no era para menos, ya que destacaba por ser la única emisora de música ambiente y chillout de toda la ciudad; también destacaba por su host, el cual era un ordenador con voz mecánica. En ese momento comenzó a sonar por todo el habitáculo Pruitt-Igoe de Philip Glass.
N. del A. Leer los siguientes párrafos con Puritt-Igoe de Philip Glass
-Ah, Pruitt-Igoe. Fue un gran proyecto urbanístico que se levantó en la ciudad de San Luis, en Missouri, a mediados de los años cincuenta. Se pretendía que fuera un moderno y vanguardista barrio que albergara todas las comodidades posibles. Pero la segregación racial y la pobreza extrema tomaron todo el complejo en poco tiempo, y tras veinte años de decadencia, se demolieron los treinta y tres edificios que lo conformaban. Fue un gran fracaso que reflejó las consecuencias de una urbanización imparable y descontrolada. Se suponía que iba a ser un barrio moderno y sostenible. Pero fue reducido a escombros en menos de una semana-explicó Schwartz.
Por mi parte no dije nada, aunque no tenía ni idea de lo que decía, por lo que le seguí escuchando.
-De cierta forma Pruitt-Igoe es como esta ciudad, la única diferencia es que Liberty City se mantiene en pie, mientras que la primera ya forma parte del pasado y de la historia. Su crecimiento y caída refleja de cierta forma los límites del ser humano y lo falibles que somos. Sin embargo, esta ciudad sigue aquí aun a pesar de todo. Esto demuestra que incluso las ciudades más prósperas tienen su parte decadente. Como Pruitt-Igoe.
Yo tan solo asentí con la cabeza, sin comprender del todo a qué venía esa perorata, aun así comenté.
-Es usted todo un filósofo, señor Schwartz…
-Bueno, lo intento, aunque sólo soy un simple contable. Te agradezco la charla, querida, el anterior hombre que me protegía era un auténtico muermo, y eso que era más mayor que yo…
-¿Ah, sí?
-Sí, era un miembro muy antiguo de la familia, muy confiable y respetado por los suyos, nunca supe su nombre… no he vuelto a saber de él desde la última vez que le vi.
Quise saber algo más, llena de curiosidad, pero en ese momento las sirenas de la policía sobresaltaron tanto a mí como al contable, al tiempo que una voz amplificada decía.
-¡Policía de Liberty City, está detenido, Moe Schwartz, detenga el vehículo!
-¡No! ¡Oh, no, es la policía!-exclamó el aludido, muerto de miedo.
-¡Tranquilo, señor Schwartz, los perderemos de vista, déjemelo a mí!
Nada más decirlo aceleré de golpe y puse el coche a ciento veinte por hora mientras empezaba a esquivar el tráfico, al tiempo que Schwartz se aferraba a su maletín. Fui todo recto por Galveston Avenue, atravesando como una bala todo Purgatorio, sin embargo antes de llegar a un cambio de rasante al otro lado del barrio vi que otra patrulla se acercaba desde el carril contrario, por lo que giré a la derecha antes de encontrarme con ella, saliendo al extremo noroeste del Cruce Estrella, justo al lado de la esquina suroeste de Middle Park. Desde la calle del hotel Majestic también se acercaba otra patrulla, por lo que giré a la izquierda y me dirigí hacia el norte por Frankfort Avenue.
-¡Nos siguen, nos siguen!-exclamó Schwartz.
-¡Sí, sí, lo sé, señor Schwartz, relajase, todo saldrá bien!
Le di un poco más de cera al coche, atravesando rápidamente toda ese tramo de avenida hasta llegar a Holanda Norte, donde las calles se entrecruzaban y probablemente tendría una oportunidad de perderles de vista. Callejeé por allí, atravesando los barrios de Holanda Norte, Holanda Este y Northwood, eludiendo todas las patrullas que nos salían al paso y tomando las curvas usando el freno de mano para no perder mucho tiempo al girar. Al pasar por el extremo norte de Vespucci Circus vi entonces un pequeño túnel peatonal que atravesaba el puente de Cerros Northwood por debajo y no lo dudé ni un instante, colándome por allí y saliendo a la parte norte de Northwood.
Atravesé un parking privado y salí a Grummer Road, la carretera que bordeaba la costa norte de Algonquin; a ese lado del barrio había una extensa amalgama de viejos muelles y almacenes que ya no se usaban, por lo que opté por entrar en uno de ellos para ocultarme de la policía. Para entonces las sirenas se oían ya bastante lejos, y al cabo de unos cuantos minutos terminaron por apagarse, confirmando lo evidente.
-Bien, los hemos perdido.
-Oh, menos mal, gracias, querida, conduces estupendamente…-suspiró Schwartz, más tranquilo.
-Sí, aunque deben de estar buscándonos ahora mismo… ah, ya sé, aquí cerca hay un Pay'n'spray, vamos a pasarnos.
El desvío no nos llevó mucho tiempo, de hecho quedaba justo al lado, entrando en su garaje y atendiéndonos rápidamente, ya que no había nadie en esos momentos.
-Buenas tardes ¿qué necesita?-inquirió el mecánico.
-¿Cuánto tardas en repintarlo en otro color?
-Poca cosa, media horita como mucho, aunque no tengo a nadie, por lo que tal vez tarde menos.
-Pues ponte a ello.
-Sí, señorita.
Por suerte tardó incluso menos, en quince minutos justos, y usando una máquina de pintura, el coche estuvo listo, mostrándose con un color azul clarito bastante discreto. Dado que repintar no costaba nada en esa cadena de talleres, en cuanto estuvo listo salimos de allí, dirigiéndonos directamente hasta nuestro destino.
El repintar el coche nos salió a cuenta, puesto que nos llegamos a encontrar con dos patrullas atravesando el puente de Cerros Northwood, pasando desapercibidos fácilmente, ya que probablemente estuvieran buscando un Vincent gris y no uno azul clarito. Una vez en Bohan me moví como pez en el agua, llegando enseguida a los pisos de protección oficial de Northern Gardens; paré al lado de uno de los edificios, al tiempo que un par de hombres trajeados salían del mismo mientras le abría la puerta al contable.
-Gracias por traerme, querida.
-No ha sido nada.
-Habéis tardado ¿qué ha pasado?-inquirió uno de los hombres.
-Hemos tenido algo de lío con la policía, pero al final pudimos evadirlos-expliqué.
-Por aquí, señor Schwartz-le indicó el otro hombre, llevándoselo adentro.
-Bien, muy bien, informaré al señor Lupisella al respecto. Me ha dicho que te de esto-comentó entonces el hombre, entregándome un sobre.
Lo abrí y comprobé rápidamente su contenido, contando un total de siete mil dólares, nada mal por una simple misión de escolta.
-Bien, gracias.
-El señor Lupisella agradece tu ayuda, se pondrá en contacto contigo cuando sea necesario. Me llevo el coche.
-De acuerdo.
Tras eso el hombre se subió al Vincent y se lo llevó, dejándome allí con mi pago. Dado que estaba en Bohan fui hasta casa andando mientras llamaba a un taxi para que me recogiera, ya que había dejado el coche en Castle Garden City y tenía que ir a por él. Mientras tanto el sol iba declinando, pintando las fachadas de la ciudad de un rojo pardo intenso.
Tras el último encargo por parte de la familia Lupisella, la Comisión no volvió a ponerse en contacto conmigo, aprovechando entonces para usar un poco de tiempo para mí, quedando varias veces con Betty, Jacob o Packie. Incluso llegué a quedar una vez con Flash, el cual me llegó a invitar a comer una vez después de hacerle otro favor al inspector McReary.
-¿Y qué se cuenta el cruzado McReary?
-Pues sigue igual de iluminado, me sigue pidiendo que me encargue de su mierda, mientras que él trata de averiguar algunas cosas por aquí. Al menos paga.
-Sí, eso es importante, que paguen… ¿es por eso por lo que me has invitado, porque te ha pagado?-inquirí entonces yo, divertida.
-Na, eso es porque me apetecía verte…
-¿Te apetecía verme? ¿Cómo así?
-Bueno, te echaba de menos, llevas un buen tiempo desaparecida, apenas te veo…
-Yo también me muevo, ya sabes, tengo contactos…
-Claro…
-Sí… así que me echabas de menos…
-¿Qué pasa? ¿No puedo albergar sentimientos profundos por ti después de todo?
Eso me pilló con la guardia baja, enrojeciendo de golpe y mirando fijamente a Flash, el cual esbozó una sonrisita divertida.
-Qué gracioso que eres…-murmuré, volviendo a mi hamburguesa.
-No, simplemente te sigo el juego, eso es todo.
-Ah ¿no lo decías en serio?
-Ah ¿pensaste que iba en serio?
De nuevo volví a enrojecer sin evitarlo, al tiempo que el corazón me daba un vuelco sin razón aparente. ¿Qué narices me estaba pasando?
-Agh, cállate ya…-le espeté entonces, mirando hacia otro lado.
Hubo un breve silencio entre los dos hasta que finalmente Flash murmuró con tono serio.
-Sunset…
Alcé la mirada y le observé atentamente, viendo entonces un gesto decidido dibujado en su rostro que, por un instante, me dio la sensación de que esta vez realmente iba en serio.
-¿Sí?-inquirí yo, algo nerviosa sin saber bien por qué.
El chico me cogió entonces de la mano que tenía libre, mirándome fijamente a los ojos y cruzándose entonces con mi nerviosa mirada. Parecía que tardó una eternidad, pero finalmente el chico murmuró.
-¿Tienes cambio? A mí no me queda.
La atmósfera murió entonces de repente, sintiéndome sumamente cabreada sin entender por qué.
-¡Serás gilipollas!
-¿Qué pasa? Es cierto, no tengo suelto, iba a pedirte un poco…
-¡Vete a cagar! ¿A qué viene entonces toda esa mierda del ambiente?
-¿Qué? ¿Qué ambiente, de qué hablas?
-¡No te hagas el Bogart, sabes de lo que te hablo!
-Eh… en realidad no…
Ante eso quise decir algo, muy cabreada, pero al final no me salió nada, quitándome el hambre de golpe y mascullando de golpe.
-Ah, me largo…
-¿Por qué?
-¡Porque no quiero verte, me tienes harta, vete a la mierda, joder!
-¿Pero qué te pasa, por qué te alteras tanto?
-¡Pues porque creía que… que…!
-¿Qué?
Los dos nos miramos por un momento, al tiempo que mi cara se volvía encender; para entonces me sentía totalmente perdida, sin saber cómo sentirme, hasta que finalmente opté por largarme de allí, dejando a Flash solo, sin llegar a ver cómo el chico esbozaba una sibilina sonrisita mientras seguía comiendo.
Tras ese encuentro con Flash comencé a sentirme extraña, sin saber muy bien del todo por qué. Evidentemente eso no reducía para nada mi trabajo, siguiendo realizando encargos, pero algo parecía haber cambiado en mí, y no supe muy bien saber el qué exactamente. Incluso la propia Betty notó que algo había cambiado en mí, haciéndomelo saber cuándo volvimos a quedar.
-¿Qué te pasa, Sunset? Te noto como… melancólica…
-¿Qué? ¿Melancólica, yo? No, no es eso…
-¿Entonces qué es? No sé, es que me extraña, nunca te había visto tan… tristona.
-No, no…
-¿Entonces qué es?
Ante eso la chica suspiró, sin otra salida, y decidió contarla lo que la ocurría, añadiendo lo que había pasado recientemente. Una vez que estuvo enterada, Betty comentó.
-Aclárame algo, ese chico… ¿qué es para ti? ¿Habéis llegado a algo más?
-Si lo que preguntas es si me lo he tirado, sí, lo he hecho, y varias veces. No es nada, simplemente es un rollo, nada más, me lo tiro de vez en cuando, sí, pero ya está…
-¿Segura? Porque me da la sensación que no se trata sólo de sexo…
-Sí… o sea ¿qué otra cosa va a ser si no? Es que… no entiendo por qué me importa tanto si sólo es sexo…
-Es obvio… porque ahora no es sólo más que eso.
-¿Qué quieres decir?-inquirí, cada vez más confusa.
-Es simple, Sunset, creo que a estas aturas hasta tú lo sabes, simplemente no lo quieres reconocer…
-¿Reconocer el qué?
Ante eso Betty me miró con gesto obvio, murmurando de seguido.
-Que ese chico te gusta.
Mi cara fue un poema durante los siguientes segundos hasta que finalmente logré reaccionar, mascullando de seguido con la cara encendida.
-¿Gustarme? Pero… pero… ¿qué dices? ¿Cómo me va a gustar?
-No sé, tú me dirás, aunque algo debe de tener para tenerte tan tonta…
-¡Oye!-exclamé entonces, molesta.
-¡Ajá, te pillé, entonces sí que te gusta!
-¿Qué? Espera, no ¿qué? Un momento… espera…-mascullé entonces, entre trompicones verbales.
Betty tan solo se rió con ganas, viéndome cómo me trababa y enrojeciendo por enésima vez en el proceso, y no sólo por el hecho en sí. Por mi parte exclamé algo molesta.
-¡Oye, tú, lianta! ¿Desde cuándo estás tan suelta?
-Ah, pues desde que bajé veinte kilos en casi un mes… te tengo que dar las gracias, nena, me has abierto los ojos…
-Me alegro por ti, aunque ahora seas más metiche...-murmuré yo, resentida.
-Ah, venga, no seas así, tonta, no tiene nada de malo que te guste… si te soy sincera desde que adelgacé me están saliendo tíos de hasta debajo de las piedras, estoy solicitadísima…
-No es un triunfo hasta que te los tiras…
-Ah, pues entonces ya he triunfado…
-¿¡En serio?!
-Huy sí, el otro día, un chico del gimnasio, me puso mirando a Ohio, qué hombre…
-Bravo por ti, supongo…
Betty me miró con gesto pensativo hasta que finalmente murmuró.
-Hagamos una cosa, si realmente no sientes nada por él y es sólo sexo, como tu bien dices, en ese caso vuélvetelo a tirar… a no ser que ya lo hayas vuelto a hacer…
-Qué va, con tanto curro y tanta mierda no hemos vuelto a follar…
-Pues mira, es tu ocasión perfecta, llévatelo a la cama, si no sientes nada por él entonces será un polvo como otro cualquiera. Sin embargo, si hay algo más, será diferente.
-¿Qué puede tener de diferente? Es un simple polvo…
-Eso es lo que tendrás que averiguar.
Me quedé callada, sopesando todo lo que Betty me había dicho. No estaba del todo segura si un polvo más era la respuesta a mis dudas, sin embargo no perdía nada por intentarlo, además, me vendría bien desahogarme después de tanto trabajo acumulado.
-Está bien, lo intentaré…
-Genial, ya me contarás. Quién lo diría, nunca pensé llegar a verte así de colada por alguien, ya sabía yo que tenías un lado tierno…
-Agh, cállate ya…
Tras esa conversación con Betty tuve oportunidades de quedar con Flash y tirármelo, pero por alguna extraña razón, no me salía como tal. Normalmente no me hubiera costado nada llamarle y decirle llana y directamente si quería follar, pero esta vez había algo extraño que me impedía hacerlo. Y no sabía qué era. O tal vez sí. La cosa era que ya no me resultaba tan sencillo decirlo como hacerlo, y preferí dejarlo estar por el momento, ya que seguía habiendo encargos que atender.
Ni la Comisión ni Jimmy Pegorino volvieron a dar señales de vida, pero recientemente había empezado a recibir mensajes e indirectas muy extrañas; lo primero fue una especie de tarjeta blanca metida en mi buzón, en la que se podía ver el símbolo de igual impreso en un costado. Al principio no supe qué podía pasar y lo tomé por publicidad extraña, por lo que la tiré y lo dejé pasar. Sin embargo volvió a aparecer en los lugares más insospechados, sobre todo cuando volvía de realizar algún encargo o incluso después de quedar ya fuera con Betty, Jacob o Packie. Y no fue lo único, puesto que también empezaron a aparecer extrañas pintadas que parecían estar relacionadas. Al principio eran solo martillos rojos, pero luego empezaron a ser hoces, viendo enseguida el patrón y dejándome aún más descolocada si cabía. Y no fue lo único, puesto que luego pasaron a ser las figuras de Karl Marx y Lenin superpuestas una encima de otras, al lado de la hoz y el martillo y el signo de igual, todo junto. Para entonces estaba más que claro que alguien me estaba vigilando, incluso llegó al punto de llegar a intervenir en uno de los encargos.
Fue en uno de los encargos de Elizabeta, tuve que ir a recoger el paquete a las ruinas de un antiguo almacén abandonado en el barrio de BOABO, en Broker, pero nada más llegar vi que el paquete había sido saboteado, y su contenido se encontraba esparcido por todo el solar lleno de basura, cascotes y escombros. Traté de encontrar al responsable, pero lo único que vi fue otra tarjeta con el signo del igual cerca de allí. Lo peor fue que no pude entregar nada y Elizabeta se acabó enterando, echándome la bronca por ello.
-¡Sunset! ¿Qué coño ha pasado? ¿Por qué no has entregado el paquete?
-Lo siento, Liz, no pude hacerlo, alguien lo encontró y lo saboteó, echándolo a perder.
-¿¡Qué?! ¿¡Quien ha sido?!
-No tengo ni idea, si lo hubiera sabido ten por seguro que habría ido a pedirle cuentas…
-¡Joder, eran cinco kilos de coca de la buena, había costado una pasta! ¡Cómo encuentre al que haya hecho esto lo va a pagar, lo malo va a ser ahora contentar al comprador!
-Lo siento, Liz…
-No te preocupes, nena, esto es un negocio después de todo, y los negocios se pueden joder, es parte del trabajo. Pero bueno, veré cómo puedo compensar las pérdidas, vamos hablando.
-Vale.
Para entonces estaba más que claro que, quienquiera que fuera la persona que estaba interfiriendo en mis negocios, iba estrictamente a por mí, y no a por ningún otro, ya que no tenía mucho sentido que nadie quisiera joder a Elizabeta a través de un simple contacto suyo.
La cosa llegó a su punto álgido cuando, una buena mañana, recibí la llamada de un número oculto que me puso en alerta nada más verla. Algo nerviosa decidí cogerlo, actuando con precaución.
-¿Sí?
-La has cagado, pero bien-anunció una voz femenina a otro lado.
-¿Qué? ¿Quién es, de dónde llama?
-No te hagas la tonta, tía, que bastante hemos tenido con lo de Firefly Island. Joder, me has puesto en un serio aprieto, y encima vas y atraes a la persona menos conveniente de todas. Hay que joderse.
-¿Qué? No entiendo nada ¿Quién es usted?
-Por aquí no, tenemos asuntos que atender, pero no es a mí a quien tienes que rendir cuentas. Ven a verme al edificio del U.L. Paper, en la esquina con Iron Street y el tramo en obras de Columbus Avenue en El Triángulo.
Quise decir algo, pero la misteriosa voz colgó de improviso, dejándome con la miel en los labios y más confusa que nunca. Después de las pintadas y las tarjetas esto ya era lo último, optando entonces por ir directamente a donde me habían dicho que fuera a no más tardar.
El Triángulo era uno de los barrios previos antes de entrar al bajo Algonquin, era un barrio medio comercial y medio residencial, conocido sobre todo por albergar dos de los edificios más conocidos de la ciudad: el edificio del Triángulo, el cual destacaba por su forma de triángulo rectángulo, y la torre Rotterdam, el edificio más alto y significativo de Liberty City, con un total de trescientos cincuenta y dos metros de altura desde el suelo, incluyendo su gran antena.
El edificio donde me habían citado resultó ser la sede de un periódico independiente del cual ni siquiera había oído hablar, justo al lado del tramo en obras de Columbus Avenue. Aparqué justo al lado y, nada más salir del coche, una chica de pelo gris opacado con destellos blancos y ojos violetas se dirigió a mí.
-Ah, aquí estás, sí que te has dado prisa en venir…
-Vale, no sé quién coño eres, pero quiero respuestas ¿eres tú la que me ha estado siguiendo recientemente?-la espeté, enfadada.
-¿Qué? Claro que no ¿tan tonta eres? No, yo soy la que te disparó aquella vez en el parque de atracciones de Firefly Island ¿o es que ya no te acuerdas?
Fue entonces cuando recordé la sombra que me llevó a subir a los tejados, mascullando de seguido.
-¿Qué? Entonces, no…
-No, no, pero te cargaste a Caballeron y los suyos ¿en qué estabas pensando? Y encima vas y destruyes unas obras de arte importantísimas, nos has costado un dineral. Joder, iba tras esos tíos para meterles en la cárcel y proteger esas obras, muertos no me sirven ahora, y las obras se han perdido. Todo por tu culpa.
-¡Oye, perdona, yo sólo soy una mandada! ¿De acuerdo? ¡Yo no tenía nada que ver con esa gente, simplemente me mandaron disponer de ellos!
-Ya, ya… pero no es a mí a quien tienes que dar explicaciones. Sígueme, te llevaré ante mi jefe.
La seguí hasta el piso veintitrés del edificio, entrando en uno de los tantos despachos que allí había; la chica, nada más entrar, murmuró.
-Ya está aquí, jefe.
-Bien, muy bien, puedes retirarte, Daring, gracias por tu ayuda-murmuró un hombre tras un sillón dado la vuelta.
La tal Daring le hizo un gesto y se marchó, dejándome sola con ese hombre, el cual murmuró.
-Hola, Sunset Shimmer.
-Hola… quien quiera que sea usted.
-Irrelevante, no necesitas saber esas cosas. Pero sí que necesitas saber lo que has desencadenado.
-¿Ah, sí? ¿Y qué he desencadenado?
Nada más decirlo el hombre se dio la vuelta, mostrándose como tal. Se trataba de un hombre de mediana edad, de pelo canoso, muy bien peinado, y vestido con un traje negro, camisa blanca y corbata gris. Llevaba puestas unas gafas de pasta rectangulares negras y sostenía un puro humeante entre sus dedos, dándole una calada antes de volver a hablar.
-Pues un conflicto de intereses importante. Tan importante que incluso salpica a un amigo mutuo nuestro.
-¿Amigo mutuo? ¿De quién habla?-inquirí, perdida.
-Piensa un poco, después de todo sé que eres una chica lista. ¿Quién crees que puede estar tras de ti?
Me quedé pensativa por un instante, reordenando todo lo ocurrido hasta el momento. Por orden del viejo Ancelotti, me deshice de esa panda de rusos traficantes de obras de arte; luego empezaron a aparecer una serie de símbolos a mí alrededor. La hoz y el martillo, Marx, Lenin y un signo de igual. Fuera quien fuera, no iba a ser precisamente capitalista, sino comunista hasta la médula. Y, pensando en comunistas, tan solo pude recordar a una persona que tuviera problemas con ellos.
-Gravelli…
-Exacto, muy bien, has pensado bien. Mi viejo amigo Jon me comunicó sus inquietudes para con los rusos, y me pidió que le ayudara, dentro de mis posibilidades. Pero ahora vas tú y te cargas a unos posibles contactos que nos hubieran podido decir más cosas acerca de ellos…
-No fue él, fue Giovanni Ancelotti quien me ordenó que lo hiciera, como un favor hacia Gravelli…
Ante esa nueva información el hombre levantó las cejas, con gesto elucubrador, y murmurando al poco rato.
-Está claro que ese hombre le va a dar problemas en el futuro, pero esto no tiene nada que ver con él, así que lo dejaremos pasar, al menos por el momento. No, esto es importante, debemos de tomar cartas en el asunto antes de que esto vaya a peor.
-¿Quién va tras de mí?-inquirí cortante.
El hombre se revolvió en su silla, acercándome entonces una ficha que cogí y empecé a ojear, viendo en una foto una chica joven, más o menos de mi edad, aunque posiblemente algo más mayor. Tenía los ojos de color violeta oscuro, un pelo recogido en una larga cola de caballo y un recto flequillo, con destellos violáceos y azules claros. Vestía con una blusa azul claro y una falda de vestir larga y negra. Tenía una mirada dura y decidida y esbozaba una media sonrisa que la confería un aspecto un tanto intimidante.
-Se llama Starlight Glimmer, por lo que sabemos es una de las mujeres de confianza de Kenny Petrovic, es una comunista exacerbada que lo tiene todo, es marxista, leninista y aboga por un igualitarismo recalcitrante. Es muy conocida por los bajos fondos de Moscú, Volgogrado y San Petersburgo, de donde es oriunda. Posee un carisma que arrastra y tiene una facilidad de palabra pasmosa, por lo que su poder de persuasión es bastante alto, lo que la convierte en una mujer peligrosa, ya que es capaz de convencer a cualquiera de lo que sea. Se dice que también es muy violenta, pero nunca se la ha visto ejercer la fuerza bruta, ni mediante palabras ni armas de ningún tipo. Sospechamos también que emplea la tortura para sonsacar la información que necesita, pero hasta el momento no hemos podido confirmar nada.
Me quedé callada y visiblemente chocada, sin saber muy bien qué decir y qué pensar de todo esto hasta que finalmente logré mascullar.
-¿Quiénes son ustedes? ¿Del FIB?
-¿FIB? ¿Acaso te parezco homosexual?-me espetó entonces el hombre, con tono ofendido.
Ante eso me encogí de hombros, sin saber qué responder, pero el hombre enseguida recalibró la conversación murmurando.
-No importa, nada de eso importa, lo que importa es que esa mujer está aquí por orden de Kenny Petrovic, y ahora va a por ti por lo que has hecho. No sabemos a ciencia cierta a qué ha venido exactamente, pero una cosa es segura, no es de fiar, y no es bueno ni para mí ni para Jon que esté aquí, así que vamos a tener que ponernos las pilas para detenerla.
-Espere, espere ¿vamos?
-Sí, vamos, señorita mía, vamos, sobre todo usted, que ha sido la responsable de que Glimmer esté ahora aquí. Yo actuaré como enlace entre usted y nuestro amigo en común, pero vamos a necesitar un poco de coordinación. Ve a verle y él te explicará el resto, estaremos en contacto.
-Espere un momento, aún no me ha explicado ciertas cosas…
-Eso es todo por ahora, puede irse, señorita Shimmer.
-Pero…
-¡Daring, acompañe a la señorita Shimmer a la salida!
En ese momento apareció la tal Daring, la cual me llevó de vuelta a la calle; traté de sonsacarla algo, pero no sirvió absolutamente de nada.
-¿Quiénes sois, qué es todo esto, por qué tengo que encargarme yo de vuestra mierda? ¡Respóndeme, maldita sea!
-Está todo hablado, no necesitas saber nada más, tan solo acata las órdenes que has recibido.
-Pero…
-Que tengas un buen día.
Antes de que pudiera terminar la frase, Daring desapareció en el interior del edificio y yo me quedé ahí con una cara de lerda profunda. Aún no comprendía del todo lo que había pasado, pero una cosa era segura: me había metido en algo muy grande sin ni siquiera darme cuenta.
Sin otra posibilidad fui a ver a Gravelli, nada más entrar me dirigí a él con contundencia.
-Perdone si me muestro un poco impertinente, pero me va a permitir preguntarle algo. ¿¡Qué coño está pasando?!
-Sí, querida, lo sé, es todo muy confuso, lo único que sé es que una cerda comunista ha empezado a interceder en nuestros negocios y la quiero fuera de este distrito lo más rápidamente posible.
-¡Ese hombre jura y perjura que es cosa mía, pero no hice nada más que acatar las órdenes de Ancelotti!
Al oír ese nombre el gesto de Gravelli se arrugó, murmurando de seguido.
-De Giovanni ya hablaremos en su momento, pero te voy a pedir por favor que no me lo menciones ¿de acuerdo?
-Está bien.
-Vale, ahora, pasemos a lo importante. Esa tal Glimmer ha empezado a inmiscuirse en muchos de nuestros negocios, y no lo pienso tolerar, por lo que te voy a pedir que me ayudes con esto.
-Vale ¿qué tengo que hacer?
-Vamos a empezar por lo básico, ahora mismo está metiendo sus sucias narices marxistas en algunas de las líneas de autobús que tenemos en nómina, concretamente en las que recorren el medio y bajo Algonquin. Poseemos esas líneas desde hace más de cincuenta años, de hecho fueron de los primeros negocios que empezamos a controlar, por lo que no pienso perderlas así como así. Los autobuses se reúnen en Bus Lane, en Castle Gardens, justo al lado del helipuerto de Higgins Helitours, ve allí y dila a esa perra leninista que se marche de aquí si no quiere tener una guerra, que la tendrá.
-Sí, señor Gravelli.
-Tenemos que ganar esto, Sunset, antes muerto que dejar que esos putos comunistas se hagan con todos nuestros negocios-masculló el hombre, un tanto alterado.
-Yo arreglaré esto por usted, tiene mi palabra.
-Gracias, querida, te voy a tener que recompensar por esto... veré a ver qué puedo averiguar sobre tu madre.
-Gracias, señor.
Sin perder más tiempo me dirigí allí a no más tardar, contagiada por la urgencia y el apremio del propio Gravelli. Si realmente todo esto era culpa mía, debía de poner las cosas en su sitio y arreglarlo todo lo más rápidamente posible.
-Joder, joder, quién me mandaría, puto Ancelotti-pensaba mientras conducía.
Bus Lane era una pequeña calle que corría paralela al tramo sur de Union Drive, allí había varias paradas de autobús, y la gran mayoría de autobuses y líneas paraban allí para descansar y repostar, en una suerte de depósito al aire libre. Nada más llegar vi que muchos autobuses estaban allí, algunos parados, y otros esperando a que la gente los abordara. Busqué entre la multitud algún indicio o pista, o bien a alguien sospechoso, sin embargo no vi nada ni a nadie. Un autobús cerca de allí se estaba terminando de llenar, con el conductor a punto de arrancar. Sin embargo el motor ni siquiera reaccionó, oyéndose un seco clac cada vez que el conductor le daba al contacto, como si se hubiera quedado sin batería. Vi entonces que un pequeño cable asomaba del capó trasero del gran vehículo, levantándolo de seguido y viendo que los cables de contacto habían sido cortados.
-Lo han saboteado para que no arranque… pero ¿Quién?
Miré a mi alrededor y, cerca del parque el cual se iba a convertir pronto en los cimientos del Liberty City Hotel & Casino, vi entonces a alguien sospechoso. Era un chico joven, de unos veintipocos años, de ojos azul claros y pelo azul opacado, muy bien cortado y peinado, que me miraba atentamente desde donde estaba. Empecé a ir hacia él y entonces echó a correr, imitándole de seguido y comenzando a perseguirle por todo el parque.
-¡Alto ahí, quieto! ¿Te envía Starlight Glimmer? ¡Contesta!
Sin embargo el chico me ignoró, continuando su carrera sin ni siquiera mirarme.
La persecución duró sus buenos minutos, llevándome directamente hasta el muelle sur de Castle Gardens de nombre Poop Deck, el cual albergaba un hotel y una marisquería en el extremo sur del mismo, en ese momento cerrada. Al acercarme vi entonces que el chico se arrimaba a una figura que me era familiar, entregándola entonces algo que apenas distinguí. Apreté el paso, sacando el arma y exclamando de seguido.
-¡Quietos o disparo!
Aun así ninguno de los dos reaccionó al respecto, y fue entonces cuando me encontré cara a cara con Starlight Glimmer, la cual me esbozó una sonrisita condescendiente, murmurando de seguido con un acento bastante prominente.
-Sunset Shimmer… encantada de conocerte.
-El placer no es mío, me temo. Tú eres Glimmer ¿verdad?-inquirí entonces, mientras la encañonaba.
-Así es. Esperaba conocerte lo antes posible ¿sabes? Quería conocer a la persona que asesinó a nuestros pobres camaradas…
-Si hablas de Caballeron y compañía, que conste que no los conocía de nada.
-Ah, pero yo sí ¿sabes? Todos nos conocemos, todos sabemos quiénes somos, porque somos todos iguales. Compartimos todo, nuestros bienes, nuestros sueños, nuestras metas, nuestras esperanzas. No como tú, como la chusma que vive en esta ciudad. Los capitalistas pensáis que sólo lo vuestro os pertenece, que no necesitáis compartir vuestros bienes más preciados. Me dais pena. Y asco. Estáis demasiado apegados a los bienes materiales. No comprendéis el valor de la igualdad.
-Déjate de discursos comunistas, ya me han dicho cómo eres, no pienso caer en tu juego, olvídate.
-Oh, me temo que no es tan sencillo. El señor Petrovic quiere expandirse, y la vieja Comisión no tiene cabida en sus planes. Debemos limpiar lo viejo, para dar paso a lo nuevo. Todos somos iguales, Sunset Shimmer. Y tú también lo serás.
-Puta loca…-mascullé, cada vez más molesta por su forma de hablar y expresarse.
-Sí, atácame, insúltame, eso es exactamente lo que esperaba que harías. Qué predecible, pensaba que serías una rival a mi altura. Esto va a ser muy fácil.
-¡Corta el rollo ya! ¡No tengo ningún problema en matarte aquí y ahora!-grité, con el arma en alto.
-¿Estás segura de eso? ¿Realmente quieres matarme en frente de este pobre e inocente muchacho que tanto me ha ayudado? ¿Lo ves, Party Favor? No son más que criminales, asesinos, enemigos del proletariado y de todo por lo que luchamos.
-Trató de hacerme hablar, pero no la escuché-masculló el tal Party Favor, dibujando un gesto en su cara espeluznante.
-E hiciste muy bien. Ahora ve con los demás, mi querido muchacho. Volveré con vosotros en breve.
El tal Party Favor se marchó de allí, yo tan solo seguí apuntando a Starlight, la cual en ningún momento alzó las manos o se mostró nerviosa por la situación.
-No voy a dejarte escapar así sin más-la dije, con gesto serio.
-Oh, por supuesto que no lo harás, después de todo tienes órdenes de proteger vuestro sucio y corrupto modelo social. Y es por eso por lo que no eres libre, no eres igual; necesitas liberarte, Sunset Shimmer, ser dueña de tu propia vida, no eres más que un títere en manos de la Comisión, y ni siquiera te das cuenta. Es muy triste…
-¡Cállate! ¡No sabes nada de mí, deja de hablar como si lo supieras todo, joder, me estás encabronando mucho!
-Eso es porque sabes que tengo razón. Cuando somos libres e iguales, somos dueños de nuestro propio destino. No como tú, que estás atada a los designios de cinco viejas glorias que sólo miran por ellas mismas. Es sólo cuestión de tiempo que la Comisión se acabe resquebrajando. Y te arrastrarán con ellos, hundiéndote en su propia mugre. Aún puedes salir de todo esto, Sunset Shimmer. Libérate, sé una persona libre, deja de acatar sus órdenes. El hombre libre elige, el esclavo obedece.
-Vete al infierno, puta loca-musité, sosteniendo mi arma con todas mis fuerzas y apretando los dientes.
Aun así Starlight conservó en todo momento su serenidad, esbozando una sonrisita conforme y murmurando de seguido.
-Una pena. Te he dado una oportunidad, pero si no quieres ser igual, en ese caso tendré que luchar contra ti. Adiós, Sunset Shimmer. Ha sido… una decepción.
Quise decir algo, pero en ese momento algo hizo explosión cerca de allí, haciéndome girar de golpe y viendo lo que había sucedido. Y es que uno de los autobuses había explotado, concretamente el que estaba lleno de gente, matando a todo el mundo. Me quedé horrorizada, y fue entonces cuando, en un visto y no visto, Starlight Glimmer desapareció. Y grité. Grité llena de rabia. Grité por no haberlo visto venir, por no haber podido evitarlo, por centrarme sólo en ella cuando tenía que haber asegurado el autobús. Las sirenas de policía, ambulancias y bomberos comenzaron a resonar en la distancia, obligándome a moverme y salir de allí. Una estela de humo negro comenzó a alzarse sobre el sur de Algonquin, tiñendo el cielo de una Liberty City herida.
¡Surprise, madafacas! XD a ver ¿quién se esperaba que fuera a meter a Starlight Glimmer? sí, no me extraña, ni yo me lo esperaba, pero al final, y por sugerencia de Juanca29, la he acabado metiendo ya que tras mucho pensarlo me puede venir bien para ciertos elementos de la trama y justificar además ciertos detalles que suceden en los juegos y que al final van a coincidir perfectamente. Ya se verá cuales son en los siguientes capítulos, todavía tengo intención de que sigan siendo sólo diez, pero bueno, a ver cómo se desarrolla esto.
En cuanto al personaje de Starlight, como veréis será una antagonista, de hecho será la antagonista principal que la historia necesitaba, puesto que hasta el momento no he introducido a ninguno, y me viene bien que alguien se oponga a Sunset para darle más énfasis a sus sentimientos y su búsqueda de venganza. No creo que meta a Starlight en ninguna otra de mis historias, y si lo he hecho en esta, es para que sea la antagonista, lo que tendría que haber sido en la serie, pero bueno, comentario subjetivo que no viene al caso.
He añadido algunos personajes de MLP para compensar un poco, entre ellos a Caballeron y compañía, que no duran ni un telediario, y a Daring Do, la cual trabaja para un nuevo personaje proveniente de GTA IV y que contemplaba meter en algún punto de la historia: el contacto de U.L. Paper. Para los que hayan jugado a GTA IV y V ya sabrán quién es, y para los menos puestos no pasa nada, que se aclarará de cierta forma su procedencia.
Por otro lado le doy un impulso a la relación entre Flash y Sunset, la cual alcanzará su punto álgido en el próximo capítulo y condicionará también tanto a la trama como a la propia Sunset.
A partir de aquí, y dado que quiero mantener en todo momento la marca de diez capítulos justos, el contenido de los capítulos aumentará, pero lo haré de forma que no sea muy caótico y se pueda seguir bien el hilo de la historia aunque luego pasen un montón de cosas y en periodos de tiempo más espaciados.
Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
