Capítulo 7
Tira y afloja
-¡Weazel News, dando las verdaderas noticias! ¡Una brutal explosión de un autobús en Bus Lane se salda con más de treinta muertos y quince personas heridas! Hasta el momento se cree que ha sido un accidente, la policía no quiere dar detalles al respecto hasta aclarar los hechos, sin embargo mucha gente ya ha expresado su opinión de manera contundente.
-¡Pues está claro que ha sido un atentado! ¿¡Qué otra cosa, si no?! ¿¡Un cable pelado?! ¿¡En serio?! ¿¡Se creen que somos tontos?! ¡Esto es lo que pasa cuando dejamos que entre cualquiera a este país, no me extraña que seamos el blanco de terroristas y criminales, somos el puching ball oficial del mundo!
-¡Nos atacan, por supuesto que sí, vienen a atentar a nuestro país y, mientras tanto, la policía diciendo que ha sido un accidente! ¡Mi hijo sí que fue un accidente!
-¡Esto es culpa del gobierno y su mala gestión en materia de control de inmigración, se nos cuelan terroristas en el país y a nadie le importa una mierda, y no es hasta que pasa algo cuando actuamos! ¿Quieren una solución? ¡Yo tengo una! ¡Que cierren los puentes! ¡Ya verás como así no pasa ningún terrorista!
La idea de cerrar los puentes ha calado hondo en muchas asociaciones de víctimas del terrorismo y otras instituciones de carácter social, las cuales han estado presionando al ayuntamiento para que los cierre inmediatamente. Por su parte, el alcalde Julio Ochoa también ha declarado al respecto.
-Desde la alcaldía de Liberty City condenamos cualquier acto de terrorismo que infrinja cualquier tipo de daño sobre la población. He oído muchas voces pidiendo el cierre de los puentes como medida paliativa, la cual estudiaremos detenidamente, pero por ahora nos centraremos en incrementar la seguridad y mantener a la población a salvo. Se establecerán controles a ambos extremos de los puentes principales y se incrementarán las patrullas a altas horas de la madrugada.
Aun a pesar de las medidas tomadas por el ayuntamiento, la gente pide aún más seguridad y protección ante la súbita escalada de violencia, aumentando de esta forma el miedo. Quien quiera que sea el autor de este supuesto atentado, ha conseguido lo que quería: poner nerviosa a la población. Seguiremos informando a su debido tiempo.
-¿Sí?
-Hola, querida, tenemos que hablar, va a haber una reunión urgente dentro de poco en el restaurante, vente, discutiremos acerca de lo que ha pasado.
-Vale, voy para allá.
Tras lo sucedido en Castle Gardens me encontraba un tanto desanimada, tanto por el hecho en sí como por el fracaso absoluto a la hora de hacer lo que me encomendaron. Ya no era sólo por no haber podido detener a Starlight, que lo podría haber hecho perfectamente si hubiera asegurado el autobús, sino por toda esa gente inocente, ahora muerta. Nunca había tenido en cuenta las posibles consecuencias de todo lo que había llegado a hacer hasta ahora, cuando un sentimiento de culpa y desasosiego se apoderaba de mí de una forma que ni yo me esperaba que lo hiciera.
-Agh, maldita sea ¿qué me está pasando?
Nunca había sido una chica especialmente sentimental ni nada por el estilo, pero después de todo lo que me había pasado recientemente con Flash me notaba mucho más sensible que de costumbre. Si algo me había enseñado la vida es que no había espacio para sentimientos en un mundo tan frío y duro como en el que estaba, y aun así no podía evitar sentirme así.
Aun y con todo hice de tripas corazón, tratando de ignorar mi estado, y me dirigí hacia Pequeña Italia a no más tardar. Pude comprobar de primera mano los efectos del atentado, ya que nada más cruzar el puente de Cerros Northwood hacia Algonquin, un control policial me hizo parar para comprobar tanto el coche como a mí. Por suerte no suelo llevar armas sueltas en el coche, y pude pasar desapercibida mi pistola con un poco de maña y soltura, conservando en todo momento mi cara de póker.
Una vez que el control terminó, seguí mi camino hacia el restaurante, llegando en media hora, ya que el tráfico estaba bastante concurrido, sobre todo en esa parte de la ciudad. Aparqué donde pude y entré en el restaurante, encontrándome con Ray nada más cruzar la puerta.
-Hola, Sunny.
-Buenas, Ray ¿están arriba?
-Sí, están esperándote.
-Bien.
Antes de subir las escaleras, el capo de Pegorino me detuvo por un instante.
-Ah, por cierto, puede que Jimmy P se ponga en contacto contigo muy pronto, te lo haré saber o yo o Phil, para que sepas.
-Vale.
Sin decir nada más comencé a subir las escaleras bajo la atenta mirada de Ray, dándome la sensación de que me estaba mirando el culo, por lo que apreté el paso rápidamente hasta que lo perdí de vista.
Finalmente llegué al último piso, llamando a la puerta previamente hasta que oí a Gravelli cediéndome el paso.
-Adelante.
Nada más entrar vi que estaban todos, o al menos casi todos, ya que el asiento donde usualmente se solía sentar el viejo Ancelotti permanecía vacío y solitario.
-Oh, bien, aquí estás, querida, podemos empezar-murmuró Gravelli al verme.
-Oh… vale…
Preferí no preguntar acerca del viejo Ancelotti, ya que me imaginaba las posibles razones por las que no estuviera presente, por lo que me senté en el otro extremo de la mesa. Tanto María Valvona como Harvey Noto y Mark Lupisella se les veía bastante nerviosos, y no era para menos, puesto que la amenaza de Starlight era bastante real, llegando a atentar en la ciudad y contra uno de sus negocios, ni más ni menos. En ese momento Gravelli tomó la palabra.
-Muy bien, pues primer punto del día: tenemos graves problemas.
-Desde luego…
-¿Sólo eso?
-Qué novedad…
-A ver, a ver, vale que estamos todos nerviosos, yo el primero, pero no dejemos que la situación nos supere. Tenemos a un agente externo que nos amenaza directamente, y debemos de tomar medidas rápidamente antes de que la cosa vaya a peor. Harvey ¿cómo están las cosas en el ayuntamiento?
-Tensas, muy tensas, el alcalde está que no caga y no hace más que delegar en su teniente, Bryce Dawkins, que es el que se encarga actualmente de toda la mierda. En la policía están muy activos últimamente, Mark me ha comentado que se están movilizando multitud de patrullas durante todos los turnos, algo que nos podría beneficiar, por muy descabellado que suene, ya que ahora tanto la policía como nosotros tenemos un enemigo en común-explicó Noto.
-Bien, podemos tirar de ahí, mira que más nos pueden ofrecer, toda ayuda es poca-insistió Gravelli.
-De acuerdo.
-Vale, eso por un lado. María ¿qué hay de nuestros principales negocios?
-Están cubiertos, he puesto a trabajar a todos mis hombres, los he armado hasta los dientes y se encuentran protegiéndolos, tienen órdenes de disparar a matar a cualquiera que tenga una actitud sospechosa.
-Bien, bien, muy bien… Mark ¿qué hay de ti?
-Bien, yo también he puesto a muchos de mis muchachos a proteger varios de nuestros negocios, si quieres, María, te presto algunos para que te ayuden…
-Buena idea, cuanto más nos apoyemos entre nosotros, más podremos protegernos…
Por mi parte no dije ni hice nada, ya que estaba siendo una conversación más entre ellos que ni siquiera me atañía a mí; de hecho aún me estaba preguntando que para qué me había llamado Gravelli sin en realidad no había nada que yo pudiera hacer, ya que no pasaba de ser una simple asociada. Sin embargo, en ese momento oí la voz del hombre comentar.
-¿Qué me dices, querida?
Reaccioné de seguido, sin poder evitar sonrojarme y murmurando atropelladamente.
-Ah, eh… perdone, señor Gravelli ¿decía algo?
-Sí, decía que si podemos confiar en ti para ayudarnos a proteger nuestros negocios.
-Ah, por supuesto, claro, sin ninguna duda…-asentí, avergonzada por no haberle escuchado antes.
El hombre me miró por unos breves instantes hasta que finalmente continuó.
-Bien, en estos momentos es cuando más tenemos que mostrar un espíritu y comportamiento de equipo, tenemos que dejar bien claro a esos condenados comunistas que no vamos a permitir que intercedan así sin más en nuestros negocios.
Todo el mundo asintió, con gesto serio, sin embargo en ese momento todo oímos un gran estruendo resonando en la distancia, haciéndonos botar del susto en nuestros asientos.
-¿¡Qué demonios ha sido eso?!-masculló Lupisella.
-Eso ha sonado como…
-… una explosión-masculló Valvona, terminando la frase.
Ante eso Gravelli se alarmó, mascullando de seguido.
-Maldición… ¡pon la tele, querida, rápido!
Como allí había una tele de plasma me apresuré a encenderla, viendo que estaba puesto el canal Weazel; en ese momento estaban emitiendo The Men's Room, sin embargo hubo una abrupta interrupción, seguida entonces por un reporte de Weazel News de última hora.
-¡Weazel News, dando las verdaderas noticias! ¡Noticia de última hora, se acaba de registrar una explosión en el extremo norte del barrio de Easton, al parecer la estatua de Poseidón que hay en el extremo sur de Bismarck Avenue ha sido destruida, y con ella ya se cuentan víctimas mortales! En esos momentos el tráfico era bastante denso, cruzando por allí bastantes personas en taxi, y la pertinente explosión se ha llevado por delante gran parte del tráfico. Todavía no tenemos cifras concretas, pero iremos actualizando conforme vayamos sabiendo más datos.
Ante esa noticia todos nos quedamos a cuadros, yo la primera, ya que no nos esperábamos para nada que fuera a por una simple estatua de piedra. En un momento dado murmuré.
-Qué raro… ¿acaso tienen algo con escultores o algo así?
-No, para nada, está fuera de lugar, esto es reventar por reventar, no tiene sentido…-masculló Gravelli, rojo de ira.
-Quiere provocarnos, y para ello está involucrando al resto de la población… qué hija de puta-hizo lo propio Valvona, igual de atacada.
-Si tiene problemas con nosotros que lo resuelva con nosotros, la ciudad no tiene por qué pagar el pato…-asintió Noto, igual de alterado que los demás.
-Joder, qué locura…-masculló por su parte Lupisella.
Por la tele comenzaron a verse entonces imágenes de los efectos de la explosión, la estatua había acabado completamente destruida y sus restos se encontraban esparcidos por toda la calle colindante, la fachada del edificio que la albergaba también había resultado seriamente dañada y muchos coches alrededor se encontraban volcados y visiblemente dañados. El espectáculo era dantesco, y no me ayudó a sentirme mejor en absoluto.
-Está claro que defendernos no va a ser lo único que tendremos que hacer. No podemos dejar que siga atacando indiscriminadamente la ciudad sólo para provocarnos. No es bueno ni para los negocios ni para la propia ciudad-comentó en ese momento Gravelli.
-Déjenmelo a mí-murmuré entonces.
Los cuatro líderes me miraron con sendos gestos inquisitivos grabados en sus caras.
-¿A qué te refieres, querida?
-A que yo me encargaré de enfrentarla si es necesario. Ustedes enfóquense en proteger sus negocios, yo trataré por todos los medios de localizarla y hacerla frente para que deje de atentar en contra de la ciudad. No puedo tolerar esto…
Ante ese comentario Gravelli frunció el ceño, un tanto inseguro, aunque en ese momento Valvona comentó.
-¿Estás dispuesta a correr ese riesgo? Ten en cuenta que, si lo haces, te convertirás en enemiga de los rusos, y eso a la larga te podría perjudicar.
-Lo sé, aun así es un riesgo que tendré que asumir, no puedo dejar que esa zorra se salga con la suya, no así…
-Suenas como si fuera algo personal, no hace falta que te involucres de esa forma, siempre puedes quedarte atrás protegiendo nuestros negocios, querida…-recordó Gravelli.
-No, no, déjenme hacer esto, por favor…
Los cuatro se miraron entre sí, un tanto confusos por mis palabras, pero en ese momento Lupisella comentó.
-Bueno, si tanto quiere hacerlo ¿por qué íbamos a decirla que no? Por mí adelante…
-Personalmente no entiendo por qué te empecinas tanto, pero si eso es lo que quieres, de acuerdo, tienes mi visto bueno-murmuró Valvona.
-Haz lo que consideres oportuno-añadió Noto.
El único que no dijo nada fue Gravelli, el cual me miró de arriba abajo con expresión austera, sin embargo en ese momento comentó.
-Bien, pues hagámoslo así, que cada uno se centre en proteger los principales negocios, y recordad, cuanto más nos apoyemos entre nosotros, mejor para todos.
Tras eso la reunión se dio por concluida y los demás líderes comenzaron a retirarse; sin embargo, en cuanto me fui a ir de allí, Gravelli me detuvo.
-Espera un momento, querida.
Lo cierto era que no tenía muchas ganas de hablar con él, ya que me imaginaba que querría hablar conmigo; aun así me dirigí a él de la forma más respetuosa posible.
-¿Sí, señor?
Gravelli me miró fijamente, llegando a asentir ligeramente en el proceso, hasta que finalmente habló.
-Asumo que no se trata sólo de ella ¿verdad?
Ante eso no pude evitar mirar hacia otro lado, sin saber muy bien qué decir al respecto. Sin embargo el hombre se apresuró a comentar.
-No te culpes así sin más, querida, lo que ocurrió, ocurrió y ya está.
-Pero lo podría haber evitado. Abrí el capó del motor, vi los cables cortados, podría haber salvado a esa gente, señor Gravelli…
-No, no te fustigues, es lo peor que puedes hacer en una situación como esta. No podías saber que habían hecho algo más al motor, simplemente seguiste tu instinto para tratar de encontrar a esa perra, que era la prioridad.
-Tenía que haber disparado, cuando la ubiqué ese chico joven que estaba con ella la dio algo, debió de ser un detonador, fue en ese momento cuando obtuvo el control total. Debí haberla disparado, pero aun así no lo hice, yo… tan solo me puse a escuchar lo que me decía y… joder… maldita sea…-mascullé, rabiosa.
-De nuevo, no te fustigues. Entiendo tu rabia, pero no llegarás a nada si solo te enfocas en lo que podría haber sido. Lo que ha pasado, ha pasado, y ya no podemos hacer nada por corregirlo. Pero sí podemos evitar que vuelva a ocurrir ¿entiendes?
Las palabras del hombre me hicieron pensar por un momento, viendo que, a efectos prácticos, llevaba razón. Por mucho que hubiera podido interferir, no hubiera podido hacerlo si no sabía que habían plantado una bomba en ese autobús. Sí, era una tragedia terrible, y aun así no podía evitar sentirme ligeramente culpable. Pero, tal y como decía el propio Gravelli, teníamos que evitar que volviera a suceder. Y en eso sí que podía hacer algo.
-Tiene usted razón, señor Gravelli. Ya no se puede hacer nada por esa gente. Pero como bien dice, podemos evitar que vuelva a pasar. Gracias-murmuré, sintiéndome un poco mejor.
Ante eso el anciano sonrió, sorprendiéndome gratamente, ya que nunca antes le había visto sonreír a nadie. Fue entonces cuando murmuró.
-Por supuesto que sí, entre todos lo conseguiremos. Eres una buena chica, Sunset. Muy buena chica.
No pude evitar sonrojarme un poco ante ese halago.
-No creo que sea para tanto, pero gracias…
-Claro que sí, te has ofrecido desinteresadamente a detener a esa cerda comunista y terrorista sin pedir nada a cambio, eso dice mucho de ti, cualquier otro miraría por su culo, pero tú has decidido coger el toro por los cuernos y enfrentarlo. No todo el mundo estaría dispuesto a hacer lo que has hecho tú.
Esas palabras me dieron que pensar, quedándome un tanto intrigada. Nunca antes me había considerado una buena persona, sin embargo, tal y como lo ponía Gravelli, lo que había hecho no era precisamente un acto egoísta. Realmente estaba dispuesta a asumir los riesgos con tal de detener a Starlight, ya habíamos visto lo que era capaz de hacer, y dos veces, ni más ni menos. ¿Hubiera dicho que no si realmente fuera mala persona?
-Gracias por sus palabras, señor Gravelli, significan mucho para mí…
-Nada, hombre, con tranquilidad. Mantenme informado si te enteras de algo.
-Por supuesto.
Finalmente me despedí de él y me fui de allí, mientras empezaba a pensar por dónde empezar para tratar de localizar o, al menos, predecir cuál sería el siguiente movimiento de Starlight. Esta vez no dejaría que volviese a atentar contra la ciudad. Eso por descontado.
Los siguientes días pasaron de forma un tanto pesada, ya que se podía notar cierta tensión en el ambiente desde el último atentado; esa vez la policía no pudo decir que se había tratado de un accidente, admitiendo que había sido un atentado, y desde entonces, el nivel de alerta había sido elevado. Como consecuencia, había muchos más policías patrullando por las calles, los controles se habían multiplicado y la gente estaba más paranoica y recelosa que nunca.
Por mi parte continué mi ritmo normal de trabajo, al tiempo que buscaba pistas que me pudieran llevar hasta Starlight. Sin embargo parecía que la tiparraca se había desvanecido en el aire, ya que no pude volver a encontrar ningún otro indicio de su presencia. Era como si estuviera esperando al momento apropiado para volver a atacar, dejándonos sin apenas margen para reaccionar o contraatacar. Tenía que admitir que la tía era bastante lista, como bien me advirtió el contacto de U.L. Paper, el cual no había vuelto a ver desde la última vez.
Esa tarde me encontraba en Honkers trabajando y espiando al mismo tiempo a los Pegorino, tratando de enterarme de algo para contarle a Valvona, pero ese día apenas había miembros de la familia por allí, por lo que apenas pude enterarme de nada. Cuando se terminó mi turno fui a irme, pero entonces Phil Bell se acercó a mí y me comentó.
-Ah, Sunset, antes de que se me olvide, me ha pedido Jimmy P que te diga que vayas a verle mañana por la mañana, necesita que te encargues de algo por él.
-Ah, está bien.
Finalmente podría saber algo más sobre el propio Pegorino, por lo que era una oportunidad perfecta.
-Vive en una de las mansiones en Westdyke, al oeste, concretamente en el 1116 de Beaverhead Avenue.
-Vale, me lo apunto.
-Ah, sí, y ponte algo formal cuando vayas a verle, no le gustan las informalidades-añadió Bell, señalando a mi ropa.
-Está bien…
En ese sentido no tenía problema, puesto que podía utilizar el conjunto que me llegó a comprar Flash.
Al día siguiente, y tras vestirme, me dirigí hacia allí a no más tardar, sin embargo nada más salir de casa me topé con Flash.
-Anda, Sunset, justamente venía a verte…
-Ah, pues ahora no puedo, he quedado…
-Ya veo, ya, vas muy guapa…
Ese comentario hizo que me subieran ligeramente los colores, aun así hice como si nada hubiera pasado, comentando de seguido.
-Sí, bueno, lo que tú digas, ahora si me disculpas…
-Apenas te veo últimamente, estás como distante… ¿va todo bien?
-Ah, sí, sí, es sólo que he estado muy ocupada, eso es todo…
Realmente no quise decirle nada más al respecto, puesto que no quería involucrarle demasiado en todo este asunto, bastante tenía ya con los suyos propios para luego andar mareándole con los míos. Sin embargo Flash se adelantó comentando.
-Bueno, siempre podemos quedar un día de estos… ya sé, te invito a cenar a un sitio elegante ¿qué me dices?
-¿Eh? ¿A cenar?
-Sí, que no se diga, hasta ahora tan solo hemos comido en sitios más baratos… ya sé, te llevaré al Superstar Café de Cruce Estrella, más elegante que eso no sé qué puede ser-anunció entonces el chico.
-Pero ese sitio es carísimo…
-¿Qué más da? Además, yo invito ¿recuerdas?
-Bueno, está bien, si insistes…
-Reservaré para dentro de dos días, ya te llamaré para concretar.
Finalmente el chico se despidió, dejándome un tanto insegura al respecto, pero aun así lo dejé estar, ya que tenía una cita importante a la que debía acudir.
El viaje hasta Alderney fue un poco largo, ya que tuve que pasar por unos cuantos controles de camino hacia allá, pero finalmente llegué al sitio especificado, viendo que se trataba de una modesta pero aun así bastante vistosa mansión situada en el extremo oeste del barrio de Westdyke. Aparqué el coche en una calle contigua, ya que el acceso era a un área privada, y me acerqué a la susodicha andando.
Nada más llegar toqué el timbre y esperé unos breves segundos hasta que me abrió un tipo alto y fortachón, de pelo moreno y vestido formalmente.
-Buenas, soy Sunset Shimmer, vuestro don me había llamado…
-Ah, sí, un momento… ¡jefe! ¡Ya está aquí la chica esta!
-¡Pues hazla pasar, joder, Anthony! ¡Dios santo! ¿Qué voy a hacer contigo?
El tal Anthony me dejó pasar y me guio hasta un pequeño despacho nada más entrar a mano derecha, donde Pegorino se encontraba; nada más verme el hombre me saludó cordialmente.
-¡Sunset Shimmer, aquí estás, tenía muchas ganas de trabajar contigo! Ray me ha comentado que eres una chica de lo más eficiente…
-Bueno, siempre intento estar a la altura de lo que me mandan-murmuré, sin dudar.
-Bien, bien, eso es bueno, muy bueno… déjanos solos, Anthony.
El aludido salió del despacho, dejándonos a solas; fue entonces cuando Pegorino se puso serio, mirándome fijamente.
-Tenemos serios problemas. Y sé que en Algonquin también los tenéis.
-Sí, ha sido una semana ajetreada…
-Y tanto que sí. Me he enterado de lo que ocurre y parece ser que esos comunistas os están presionando. Y sé de muy buena tinta que también lo están haciendo aquí-anunció entonces Pegorino, para mi sorpresa.
-¿Qué? ¿En Alderney? ¿Para qué iban a querer venir aquí?
-¿No está claro? ¡Pues por mí, claro está! ¡Quieren joderme a mí ahora que tengo más probabilidades de entrar en la Comisión! ¡Pues no se lo voy a permitir! ¡Este estado es mío!
Traté por todos los medios de ahogar una risotada. Realmente se lo tenía muy creído, si supiera lo que pensaban de él en la Comisión no tendría tanta fe, eso por descontado. No se lo iba a decir, ni mucho menos, al menos me entretenía pensando en lo graciosa que era toda esa situación. Probablemente no sería Starlight quien estuviera detrás de los que querían joderle, pero dado que me iba a pagar igual, veía estúpido contarle nada.
-Está bien ¿qué tengo que hacer?
-Quiero que eches un ojo mis negocios más rentables al sur de aquí, tengo varios locales en los barrios de Acter y Tudor que necesitan supervisión. Vigílalos, y si ves a alguien sospechoso en las cercanías, cárgatelo. Que sepan esos rusos que aquí no hay sitio para ellos.
-Muy bien.
-Estupendo.
En ese momento Anthony volvió a aparecer de improviso, dirigiéndose a su jefe.
-Esto… jefe, ha llamado Sonny, quiere hablar con usted…
-¡Por dios, Anthony! ¿¡No ves que estoy hablando aquí?! ¿¡Y qué te he dicho de no nombrarle directamente?! ¡Está bajo mi expresa protección y tú vas repitiendo su nombre por ahí como un papagayo! ¡Por dios, Anthony, me desquicias, en serio!-exclamó Pegorino, volviéndose a enfadar.
-Lo siento, jefe, no pretendía…
-¡No pretendías, no pretendías, sí, claro, por supuesto que no pretendías! ¡Dile que ahora le llamo! ¡Dios, dame fuerzas! ¿Tú te crees que se puede estar al mando con semejante elemento?-masculló el hombre, dirigiéndose entonces a mí.
Quise decir algo, pero el hombre me cortó antes de que pudiera decir nada.
-¡Da igual, da igual, ve a hacer lo que te he pedido! Toma, aquí tienes una relación de mis negocios, te vendrá bien conocerlos un poco.
-Está bien…
No perdí más tiempo y me dirigí a los lugares citados, llegando más o menos rápido desde allí.
Tanto Acter como Tudor eran dos barrios prominentemente industriales, debido sobre todo a la cercanía del Polígono Industrial de Acter; Tudor era el más prominente de los dos, destacando por la existencia de almacenes, fábricas menores y negocios relacionados, mientras que Acter era algo más residencial, aunque con una renta que tendía a ser baja, ya que muchas de las casas y negocios de allí estaban bastante abandonados. Sin embargo este mismo detalle permitía que los negocios ilícitos estuvieran a la orden del día, siendo en ese sentido un sitio perfecto.
Me pasé primero por Acter al ser el que más cerca me quedaba, yendo por la zona oeste del mismo, donde algunos de los negocios de Pegorino se encontraban; vi varias casas de apuestas ilegales, tiendas de venta de vehículos robados, fumaderos e incluso varias inmobiliarias, pero no vi nada raro por las inmediaciones.
Al poco rato me pasé a Tudor, donde la gran mayoría de negocios más rentables se concentraban, viendo sobre todo almacenes cerca de la costa donde se comerciaba con todo tipo de artículos robados, desde bienes embargados hasta armas. Lo cierto era que, aun a pesar de lo poco formal e iluso que llegaba a ser, Pegorino lo tenía bien montado, y en ese sentido no era ningún mindundi, al menos en este estado. Otra cosa era lo que pensaran de él en la Comisión, un chiste malo, que lo era igualmente, pero aun así algo tenía, y ya era algo de por sí.
Estuve vigilando sobre todo los almacenes, que eran los que más actividad tenían, hasta que vi una furgoneta acercarse a ella desde el otro lado de Emery Street. Yo estaba apostada detrás de unos viejos almacenes justo al lado de la costa, por lo que le vi llegar perfectamente, sin embargo hubo algo que me llamó la atención nada más verle.
-Un momento ¿ese no es…?
Cogí mis prismáticos y enfoqué a la cabina de la furgoneta, confirmando así mis sospechas; y es que su conductor era ni más ni menos que Party Favor, el chico joven que llegó a darle a Starlight el detonador la primera vez que nos vimos. Le acompañaba otro chico algo más mayor, de pelo plateado y ojos azules.
-¿Qué harán estos aquí? No puede ser bueno…-pensé, preocupada.
Hice mano de la lista de negocios que el propio Pegorino me pasó antes de irme, viendo que el almacén al que entraron era un importante punto de venta de armas. Fruncí el ceño, pensando en una posibilidad, y decidí ir a echar un vistazo sin que me vieran.
Me dejaron pasar al decir a los guardias que iba de parte de Pegorino y los estuve buscando hasta dar con ellos al otro lado del almacén; me escondí tras unos palés, ya que estaban teniendo una conversación con el encargado del almacén.
-Muy bien, pues tenemos una amplia remesa de C-4 con sus correspondientes detonadores. Nos habéis dejado secos, muchachos, después de semejante venta no podremos reponernos hasta finales de mes.
-Bueno, siempre podemos buscarnos otro proveedor para la próxima compra…-murmuró Party Favor, como quien no quiere la cosa.
-Bueno, bueno, quien dice un mes, dice semanas ¿sabes? Ya sabéis cómo funciona esto, es oferta y demanda después de todo, pero os podemos avisar cuando repongamos.
-Eso está mejor…
-Sí, bien, el cliente siempre tiene razón. Eso sale a un total de veinticinco mil dólares, muchachos.
-Bien, nos lo llevamos. Double Diamond, ayúdame a cargarlo todo-indicó Party Favor al chico que le acompañaba.
Entre los dos comenzaron a cargar la furgoneta, viendo que había más de veinte cajas llenas hasta arriba de explosivos. No hacía falta ser ningún lince para obviar que esos explosivos iban a ser utilizados en futuros atentados, y que los compraran aquí en Alderney daba una idea aproximada acerca del por qué. Y es que, al comprarlos en un estado diferente, evitaban ser rastreados por la policía de Liberty, siendo en este caso competencia de la policía del estado de Alderney.
-Ya veo, tíos listos…
Aun así no podía permitir que se hicieran con esos explosivos, por lo que esperé a que cargaran del todo la furgoneta. Una vez que terminaron se alejaron un momento para formalizar el pago, y fue entonces cuando aproveché para escabullirme y entrar en ella. Vi entonces que no tenía las llaves puestas y mascullé.
-Mierda, pues toca improvisar…
Dándome toda la prisa posible, busqué algo con lo que desatornillar la placa de debajo del volante, encontrando una navaja en la guantera y usando su filo; me llevó un rato largo, pero finalmente conseguí quitar la placa. Cogí los cables de contacto, los corté y los pelé, juntándolos entre sí y haciendo contacto entre ellos. El motor arrancó, aseguré los cables y aceleré de seguido al ver que se acercaban corriendo. Atravesé el almacén a todo trapo y salí a la calle, perdiéndome rápidamente en la distancia.
-¡Bof, por los pelos!-exclamé, algo azorada.
Por un momento pensé en deshacerme del material para que no pudieran hacerse de nuevo con él, sin embargo me lo pensé mejor y decidí hacer una visita a Pegorino. Nada más llegar le vi en el porche delantero de su mansión, fumándose un puro, y al verme se quedó extrañado, comentando de seguido.
-¿Qué haces aquí? ¿Has hecho lo que te pedí?
-Sí, de hecho le va a hacer gracia lo que tengo aquí…-murmuré, bajándome de la furgoneta.
Le estuve entonces explicando lo que había visto junto a mis deducciones, el hombre me estuvo escuchando atentamente durante todo mi planteamiento. Una vez que terminé Pegorino miró a la furgoneta, luego a mí, hasta que finalmente se pronunció al respecto.
-Espera, espera, a ver si lo he entendido… me estás diciendo que he estado proveyendo de armas a los rusos que han estado atentando en Algonquin, sin ni siquiera darme cuenta de ello…
-Sí, básicamente…
Ante eso Pegorino se quedó callado y con cara de circunstancia durante unos breves segundos hasta que al final explotó.
-Hay que joderse… ¡hay que puto joderse! ¿¡En serio?! ¿¡En puto serio?! ¿¡Entiendes ahora cuando te digo que estoy rodeado de inútiles!? ¡Esto es increíble, inadmisible, como se enteren en Algonquin que les he estado armando me van a denegar entrar en la Comisión de por vida! ¡Joder! ¿¡Por qué a mí?! ¡¿Por qué puto a mí?! ¡¿Es que acaso no puedo querer expandirme, formar parte de tan distinguidas familias y colaborar todos juntos en paz y armonía?! ¡Es increíble! ¡No me lo puedo creer!
Por mi parte no dije nada, esperando a que se le pasase el cabreo, sin embargo en ese momento masculló.
-No puedo permitir que se enteren… tú de esto ninguna palabra ¿eh? No le digas absolutamente nada a nadie allí, como me entere que te has ido de la lengua…
-Señor Pegorino, yo sólo he hecho lo que me ha pedido y evitado un daño mayor ¿cree que estoy en condiciones de decir nada a nadie más?
Ante eso el aludido se quedó callado, mirándome fijamente, hasta que finalmente murmuró.
-Sí, sí, tienes razón… aun así esto no puede salir de aquí, debe quedar entre tú y yo…
-Descuide, no diré nada.
-Bien… déjame eso ahí, ya veré lo que hago…
-Si quiere mi consejo deshágase de ello para evitar que nadie más lo posea, y avise a su gente, que dejen de hacer tratos con ellos.
-Sí, sí… puedes retirarte, ya te llamaré…
-Vale, pero le recuerdo, señor, que yo tengo un precio…
-Ay, sí, espera aquí.
Se ausentó un momento entrando en su casa, y al cabo de unos breves minutos salió con un sobre que me entregó.
-Toma, por las molestias.
-Muchas gracias, señor Pegorino.
Me marché de allí mientras contaba el contenido, saliéndome un total de seis mil quinientos dólares; no era nada boyante, pero para lo que había hecho no estaba tan mal, ya que probablemente habría evitado una catástrofe mayor. El hecho en sí me ayudó a sentirme un poco mejor conmigo mismo, animándome a seguir adelante. No permitiría que Starlight se volviera a salir con la suya. Eso por descontado.
El día de la cena llegó más rápidamente de lo que yo misma me hubiera esperado, teniendo que prepararme apropiadamente. En un momento pensé en llevar el mismo modelo para la cena, pero entonces recordé lo que hablé con Betty la última vez, viendo que era la ocasión perfecta para llevarme a Flash a la cama. Por lo que opté por algo nuevo que me ayudara a ello.
Regresé al Perseus de Middle Park Este, volviéndome a encontrar con Marcus, el dependiente que me atendió la última vez.
-Anda, querida, dichosos los ojos que te ven…-murmuró el hombre al verme.
-No voy a andarme con florituras, necesito algo con lo que llevarme a cualquier hombre a la cama.
-Huy, vaya, parece que la leona va a salir de caza… muy bien, encanto, déjame que te vista con nuestras mejores galas.
El resultado se materializó en un deslumbrante vestido de color rojo zafiro brillante, con remates dorados y un largo corte en la falda que llegaba hasta la altura de la cintura.
-Ole, mírate, cualquier hombre con la testosterona lo suficientemente alta caerá rendido a tus pies…
-Me gusta mucho, me lo llevo.
-Ya veras, corazón, vas a triunfar… y mientras tanto, otros a dos velas, qué injusticia…
-Será porque no lo intentas…
-Si lo intento, cariño, lo intento, pero es que nadie se fija en una servidora. En fin, que tengas buena caza…
-Huy, sí, ya lo creo…
Hablar con Marcus me ayudó a sentirme un poco más segura de mí misma, sin embargo era más fácil decirlo que hacerlo. Y es que, en cuanto llegó el momento de encontrarme con Flash abajo, el mismo día de la cena, unos incomprensibles nervios salidos de ninguna parte se apoderaron de mí. Me había maquillado un poco para verme algo más guapa y, sin embargo, me daba la sensación de que estaba peor que antes.
-Agh, maldita sea, me va a ver y estoy hecha unos zorros… coño con el rímel…-mascullé, tratando de arreglar el desaguisado.
No comprendía por qué estaba tan nerviosa, no era más que una simple cena, con Flash de postre. ¿Qué podía salir mal de todo esto? Apuré como pude los últimos minutos, consiguiendo arreglarme un poco, y en ese momento el telefonillo sonó, al tiempo que mi corazón daba un vuelco al oírlo, sin saber muy bien por qué. Nada más descolgarlo oí a Flash anunciar.
-Ya estoy aquí.
-¡Va… vale, ahora bajo!-exclamé a trompicones.
-Agh, maldita sea, cálmate ya, es sólo una estúpida cena…-pensé, terminando con el pelo.
Una vez que estuve más o menos presentable cogí mi bolso y me dirigí abajo tras cerrar la puerta; nada más salir a la calle vi a Flash apoyado en su coche, nada más verme se quedó alelado perdido, mirándome fijamente, como si no hubiera visto bien.
-Bueno… ¿qué tal estoy?-inquirí, azorada.
-Ah, estás… radiante-murmuró el chico, extasiado.
El comentario consiguió que se me subieran los colores, aunque por suerte el poco colorete que me había dado los maquilló un poco.
-Gracias… tú también te ves… bien-murmuré, algo insegura.
Lo cierto era que iba especialmente guapo, con un traje de color negro y una corbata de color azul eléctrico que conjuntaba con su sempiterno pelo en pincho.
-Gracias… ¿vamos?
-Ah, sí…
El chico me abrió la puerta del copiloto y entré en él, siendo Flash el siguiente en subir a él y poniéndose en movimiento enseguida.
El viaje hasta el restaurante no fue muy largo, en poco menos de tres cuartos de hora llegamos, aunque tuvimos que aparcar cerca de Middle Park e ir andando desde allí, ya que el tráfico en el Cruce Estrella casi siempre estaba petado a cualquier hora del día, y de noche especialmente. Sin embargo, era de noche cuando más destacaba el famoso cruce, brillando intensamente y con su publicidad veinticuatro horas expuesta, día sí y día también. Aun a pesar de este detalle era conocido en todo el mundo, y destacaba sobre todo por ser el lugar donde toda la ciudad se reunía cada treinta y uno de diciembre para celebrar el año nuevo. La cuenta regresiva se mostraba en uno de los tantos paneles del edificio sur y, tras eso, un festival de fuegos artificiales lanzados desde la isla de la Felicidad remataba las celebraciones.
-Vaya, no me habitúo a pasar por el Cruce Estrella andando… suelo venir aquí con amigos para celebrar el año nuevo ¿y tú?-inquirió Flash en ese momento, para dar un poco de conversación.
-No ¿para qué? Mucho gentío, además, este lugar está sobrevalorado, la gente parece haber olvidado que antes este sitio era donde se concentraban las casas de juego y lupanares a este lado del Humboldt, las putas se contaban a pares, y los callejones estaban llenos de camellos hasta altas horas de la madrugada.
-Ya, bueno, pero luego Giulanni estuvo adecentando y limpiando el sitio, consiguiéndolo-recordó el chico al predecesor de Julio Ochoa.
-Sí, ahora todo eso se concentra en Bohan, prueba a pasear una noche por Polígono Industrial o Chase Point, está hasta arriba de señoritas…
-Oh, vamos, tampoco lo decía así, no tienes por qué ser tan pesimista…
Ante eso suspiré, murmurando de seguido.
-Lo siento, es sólo que… la vida me ha hecho ser muy pesimista. Es lo que tiene tener que sobrevivir en una ciudad como esta.
Ante eso Flash no dijo nada al respecto, tan solo me abrazó por los hombros y me arropó con su brazo; el gesto en sí me ayudó a sentirme mejor conmigo misma, dejándome hacer por él y llegando a sonreírle en el proceso sin ni siquiera darme cuenta.
Finalmente, tras un agradable paseo, llegamos al Superstar Café de allí, el cual se encontraba haciendo esquina entre Denver-Exeter Avenue e Iron Street; aunque técnicamente estábamos en el barrio de El Triángulo, ese tramo seguía siendo parte del propio Cruce Estrella, ya que además se encontraba justo al lado del teatro Canyon, uno de los tantos teatros que allí había. Flash me abrió la puerta y, nada más entrar, una chica joven nos atendió.
-¡Buenas noches, bienvenidos al Superstar Café! ¿En qué puedo ayudarles?
-Hola, tenemos una reserva para dos a nombre de Flash Sentry…-murmuró el chico.
-Ah, sí, síganme por favor.
Nos dirigimos al piso superior, donde estaban las mesas del restaurante, y nos sentamos en una mesa para dos; el interior del café destacaba por estar decorado con motivos cinéfilos bastante luminosos, aunque arriba la iluminación no era tan fuerte, incluso en las mesas había un par de velas para darle un toque más único, e incluso romántico. Nos trajeron las cartas para que pidiéramos, viendo que la gran mayoría de platos eran todos propios de la alta cocina, de esos con nombres super extravagantes y rimbombantes que llaman la atención y que luego consisten en raciones enanas que apenas llenaban. Yo no era mucho de ese tipo de cocina, prefiriendo antes una buena hamburguesa o un plato combinado de un diner, pero aun así hice de tripas corazón y me pedí lo que más comestible sonaba.
Aun así la velada fue bastante llevadera, Flash y yo estuvimos hablando de manera agradable y distendida y, por un instante, hasta yo misma me sorprendí.
-¿Qué pasa?-inquirió el chico, al ver mi cara.
-Ah, no, es sólo que… no me esperaba que llegáramos a estar así de bien…
-¿A qué te refieres?
-Me refiero a… esto, esta situación, ya sabes…
Ante eso el chico frunció el ceño, no muy seguro de a qué me refería exactamente; por mi parte traté de explicarme un poco mejor.
-Nunca pensé que llegaría a estar en esta situación contigo, de esta forma… lo cierto es que nunca te llegué a considerar alguien… especial.
-¿Especial en qué sentido?
-Pues en el buen sentido, ya sabes, ese sentido…-murmuré, sintiéndome cada vez más y más nerviosa.
-¿El actual?-inquirió Flash.
-Sí, el actual, eso es…
-¿El de dos amigos en una cita?
-Sí, ese mismo…
Fue entonces cuando me di cuenta de mis palabras, poniéndome rojísima y con Flash riéndose, divertido.
-¡Ah, no, espera, lo que quería decir es…! ¡Serás idiota!
-Je, je, lo siento, lo siento, no he podido evitarlo…
-Joder, me abro un poco y tú vas y te lo tomas a guasa…-murmuré entonces, molesta.
-No, a ver, tampoco es eso, perdona si te he ofendido, es sólo que me hacía gracia verte así…
-¿Así, cómo?
-Tan nerviosa, tan tú misma, tan… normal. Además, te pones muy mona cuando te sonrojas.
Ante semejante piropo volví a encenderme por enésima vez, notando como mi corazón palpitaba repentinamente. ¿Era esto a lo que se refería Betty acaso? Quizás sí que me gustara Flash después de todo…
-Flash, yo…
-¿Sí?
Abrí la boca para hablar, sin embargo no llegué a decir nada, quedándome callada y comiendo un poco para evitar tener que hablar. El chico tampoco dijo nada al respecto.
Finalmente, y tras terminar de cenar, Flash pagó la cuenta y me llevó de vuelta a casa. Me abrió la puerta para que saliera y me acompañó hasta el portal.
-Muchas gracias, caballero…
-Señorita…
Ante eso los dos nos reímos tontamente, sin decir nada y mirándonos fijamente. Fue en ese mismo instante cuando empecé a sentir cosquillas en el estómago, al tiempo que jugueteaba con mis llaves; supe entonces que ese era el momento adecuado, formulando entonces la pregunta en mi cabeza.
-¿Quieres pasar y follamos?
Sin embargo no salió eso de mi boca, sorprendiéndome gratamente incluso a mí misma.
-Me lo he pasado muy bien…
-Y yo también…
-Sí… ¿quieres… quieres pasar y tomamos algo?
-Ah, vale.
Durante la subida por las escaleras me llegué a preguntar por qué demonios no me había lanzado sin más, sin embargo comencé a sentir algo cálido y agradable brotando de mi pecho cada vez que Flash me lanzaba una sonrisa, haciéndome sonrojar por enésima vez. Una vez en casa serví dos wiskis en sendos vasos y le entregué uno a Flash, mientras nos sentábamos en el sofá.
-¿Chin chin?-le sugerí entonces.
-Claro… por las segundas oportunidades-sugirió Flash.
-Por que todo vaya bien-opté yo.
-Por nosotros-añadió entonces él.
Esa última frase hizo que me revolviera un poco, aun así lo acepté y brindamos, dando un sorbo a nuestros vasos. Fue entonces en ese momento cuando me dije.
-Ahora… vamos, no es tan complicado, lo he hecho más veces, me abalanzaré sobre él…
Fui a dejar el vaso para pasar a la acción, sin embargo en ese momento Flash inquirió.
-¿Puedo preguntarte algo, Sunset?
-Ah… sí, claro…-murmuré, teniendo que detenerme un momento.
-¿Qué era lo que me querías decir antes en el restaurante?
No me esperaba esa pregunta para nada, pillándome con la guardia baja, y murmurando al respecto.
-Ah… pues… no era nada importante en realidad…
-¿Segura? No te vi muy cómoda… ¿fue por lo que dije? Si realmente te molestó que bromeara, lo siento, no era mi intención ofenderte…
-No, no, no es eso, es sólo que…
-¿Fue por mí?
-¡No!-exclamé entonces.
El chico me miró de cabo a rabo, a lo que respondí rápidamente.
-Perdona… no, es solo que… me chocaba el momento en sí, eso es todo.
-¿Por qué?
-Pues porque… porque… nunca pensé que llegaría a verte como algo más que un simple revolcón, y… porque… simplemente te usaba… porque eras policía…
Eso cogió por sorpresa a Flash, el cual me miró un tanto extrañado; la mirada que me echó fue tal que me hizo sentirme aún más culpable, llegando a las lágrimas rápidamente.
-Yo… lo siento, de verdad, antes no eras más que una herramienta para mí, pero ahora, después de todo este tiempo yo… yo… no sé cómo sentirme, y…
Antes de que dijera nada más, el chico me abrazó de repente y yo le miré; nos miramos fijamente a los ojos y, entonces, Flash me cogió del mentón, se inclinó sobre mí y me besó. Y fue entonces cuando mi corazón se encogió. No se sintió como un beso cualquiera, como cuando nos enrollábamos; no fue un beso lleno de lujuria ni furia, sino uno suave, tierno y hasta cariñoso. Me sentí como si me hubiera dado mi primer beso, y me dejé llevar por esa sensación, completamente nueva para mí. Rápidamente fue escalando, pero en todo momento conservó ese cariño y delicadeza que lo caracterizaba. Por un momento nos separamos y Flash fue a mi cuello, dándome pequeños besitos en él. Dejé escapar un ligero aspaviento, comenzando a notar una incipiente excitación proveniente de lo más hondo de mi ser.
-Oh, Flash…-susurré.
El chico me acarició la cabeza y la espalda hasta alcanzar la cremallera del vestido, comenzando a bajarla lentamente. Noté entonces como mi espalda iba quedándose al descubierto poco a poco, intensificando un poco más las sensaciones. Solté un hondo suspiro y, en cuanto llegó hasta el final, el chico me volvió a besar, con más fuerza que antes. Yo respondí a ese gesto con la misma intensidad, dejándome llevar por el torrente de sensaciones que empezaban a apoderarse de mí. Mi corazón martilleaba en mi pecho cada vez con más fuerza, y una cálida sensación nos iba envolviendo poco a poco. Me así al chico y comencé a desabrocharle la camisa, pasando las manos por su pecho, mientras que él hizo fuerza hacia dentro del broche de mi sujetador, desabrochándolo a la primera.
Sin decir nada nos pusimos en pie y nos dirigimos a la cama sin dejar de besarnos y desnudándonos mutuamente a cada paso que dábamos. Mi vestido cayó a mis pies junto a mi sujetador, y la camisa de Flash fue la siguiente. Caímos sobre la cama sin apenas hacer ruido, el chico fue explorándome a fondo mientras nos dejábamos llevar por la pasión. Mi corazón latía con tanta fuerza que parecía que me iba a estallar, y la excitación crecía entre los dos a pasos agigantados.
-Flash…-mascullé en un gemido.
-Sunset…-hizo lo propio el chico, antes de volver a besarme.
Entrelazamos nuestras lenguas en una frenética danza, mientras que nos dejábamos llevar, arrastrados por una furiosa marea imparable de sentimientos. Y así, envueltos entre las sabanas, jadeantes y sudorosos, pasamos la noche.
Afuera, Liberty City seguía despierta.
Al día siguiente, todo fue diferente. Y no sólo porque había sido el mejor polvo de toda mi vida, sino porque, a partir de ese momento, todo parecía cambiar. Al principio no supe identificarlo del todo, ya que hacía mucho tiempo que no me había vuelto a sentir así, pero finalmente lo supe al mismo instante en el que volví a escuchar esas mismas palabras que me dijo él y yo le dije a él en el momento clave de la noche.
-Te quiero.
Fue tan fácil pasarlo por alto que ni siquiera me di cuenta, pero así era. Realmente me gustaba Flash, nunca antes había sentido algo así por nadie, y el simple hecho de saberlo parecía cambiarlo todo. Y me hacía feliz. Más feliz de lo que nunca había llegado a ser desde que murió mi madre.
A partir de entonces mi humor cambió por completo, dejando de lado los comentarios pesimistas y abriéndome completamente a los demás. La primera en enterarse fue, por supuesto, Betty, con la que quedé poco después para darle las buenas nuevas.
-¡Sunset, tía! ¡Huy, qué contenta te veo! ¿Es lo que yo creo que es?-inquirió la chica, con tonito.
-Sí… nos acostamos…
-¿Y bien?-inquirió ella de nuevo, canturreando las palabras.
-Y… fue el mejor polvo de mi vida… y le dije que lo quiero… porque realmente le quiero…
-¡Oh, genial, tía, me alegro un montón por ti!
-¡Y yo! O sea, es como… ¡uauh! ¿Sabes? Jamás me había sentido tan feliz desde lo de mi madre, y es como… como…
-Qué bien, tía, en serio… deberías salir adelante, ya sabes, ahora que estáis juntos…
La idea me llamaba poderosamente la atención, incluso quise hacerlo nada más ella me lo sugirió, llamar a Gravelli directamente y decirle que lo dejaba. Sin embargo mi sentido común se interpuso enseguida, haciéndome ver lo evidente. No podía hacerlo. No así sin más. Además, Starlight seguía suelta, y aunque la hubiese atrasado otro posible atentado, la posibilidad de que volviera a la carga seguía ahí y era muy real. Ante eso mi sonrisa flaqueó un poco, cosa que Betty notó enseguida.
-¿Qué pasa?
-No es tan sencillo, Betty… no puedo dejarlo así sin más.
-¿Por qué no?
-Te lo explicaría, pero… mierda, no, no puedo hacerlo, hay demasiado en juego…
-¿Qué? ¿A qué te refieres, qué ocurre?
-No, no, no puedo, sencillamente no puedo…
-Pero si no me explicas lo que…
-¡No puedo! ¿¡Es que no lo entiendes?! ¡Te pondría en peligro!
Betty me miró, un tanto asustada, y yo me di cuenta entonces de mi error; dejé escapar un sentido suspiro, sintiéndome entonces impotente.
-Lo… lo siento, Betty, no te quería gritar, es sólo que… mierda, joder, lo siento…-mascullé, con tono lloroso.
Y, sin apenas darme cuenta, comencé a llorar, dejando escapar todo lo que había estado guardándome para mí desde que todo comenzó. El pesar por toda la gente que había muerto hasta el momento no se había ido, de hecho nunca lo hizo, y el pensar en que realmente no podía dejarlo, reavivó esa llama. Por primera vez experimenté remordimientos por todo lo que había hecho a lo largo de toda mi vida. Y lloré, lloré como cuando me enteré que mi madre había muerto, y hacía ya bastante de eso.
Sin embargo en ese momento estaba Betty, y ella me ofreció su hombro para que lo soltara todo, cosa que hice sin ningún tipo de miramientos. De poco me importó que estuviéramos en plena calle y la gente se volviera a mirar como lloraba.
Finalmente, y cuando logré calmarme un poco, mi amiga preguntó.
-¿Mejor?
-Sí… gracias, Betty…
-Entiendo que no me quieras decir nada, después de todo sé que es un mundo peligroso… pero Sunset, sabes que yo siempre voy a estar ahí para ti como tú estuviste ahí para mí. Es lo mínimo que puedo hacer, porque eres mi amiga, y te quiero.
Esas palabras me hicieron reaccionar, abrazándola con fuerza e induciéndome el llanto de nuevo. Realmente era así, Betty era mi mejor amiga, y ahora lo veía con más fuerza que nunca.
-Gracias, Betty, gracias, de verdad…
-No es nada. Ahora sé feliz con ese chico ¿vale? tiene mucha suerte… y tú también.
Ante eso sonreí, de acuerdo con esa afirmación. Sí que tenía mucha suerte. Tenía una amiga maravillosa y un novio al que querer como nunca antes había querido a nadie. Y eso ya era más que suficiente para mí.
Esa misma noche, en el tramo inferior de Frankfort Avenue entre El Triángulo y The Meat Quarter, el tráfico estaba siendo bastante denso. Y es que, por algún tipo de casualidad, esa misma noche actuaba por primera vez después de mucho tiempo en uno de los teatros de Burlesque un muy famoso y conocido grupo musical de los ochenta, Love Fist, y un buen montón de fans del hard rock se encontraban dirigiéndose hacia allá en taxi o por sus propios medios. Y eso para Ahmed era una bendición y maldición al mismo tiempo, ya que le daba trabajo, pero el tráfico tampoco ayudaba a ganarse las perras más rápido.
-Joder, puto tráfico y puta ciudad… ¡vamos, coño, que tienes un hueco ahí delante!-masculló el taxista, tocando el claxon.
Sin embargo a sus pasajeras, tres chicas veinteañeras de lo más punkis y alocadas, poco parecía importarlas.
-¡Love Fist, tías, sí, a tope, han vuelto!
-¡Ya ves, cuando Jezz Torrent anunció en Bleeter que volvían casi me caigo muerta, qué fuerte! ¿Cuánto hacían que no tocaban juntos? ¿Veinte, treinta años?
-Sí, por ahí, la primera vez fue en Vice City a mediados de los ochenta, qué pedazo de concierto, lo vi en vídeo antiguo y fue una pasada total…
-Ya ves, tía, yo lo vi en vídeo beta, una cosa antiquísima, pero qué pedazo de concierto, por dios…
-¡Y ahora están esta noche aquí en Liberty City! ¡Oh, dios, oh, dios, no puedo esperar!
-¡Sí! ¡Todas juntas! ¡Love Fist, Love Fist, Love Fist!
El tráfico seguía moviéndose lentamente hacia el norte, sin apenas avanzar, ya que parte de la vía estaba ocupada por varias furgonetas del servicio técnico de la ciudad; dos operarios se bajaron de una, como con prisa, y se marcharon de allí rápidamente, dejándose la puerta abierta.
Fue entonces en ese momento cuando todo tembló. Se sucedió entonces una tremenda explosión a un lado de la vía que reventó esa parte de la calzada, destrozando las fachadas colindantes y lanzando elementos y cascotes hacia todas las direcciones. El área de la explosión fue tal que llegó a afectar a los vehículos adyacentes, formando así una reacción en cadena letal que sacudió toda la calle de arriba abajo. Todos los coches cercanos reventaron, sin que nadie pudiera hacer nada por reaccionar a tiempo, y la calle entera reventó, literalmente hablando, ya que las explosiones llegaron a afectar a los tubos del gas que pasaban por debajo. El gas prendió, y el agua se mezcló con los cascotes, los amasijos de hierro y la sangre.
Los gritos cesaron y un denso silencio se echó sobre Liberty City, la cual sangraba profusamente tras semejante herida infringida. Y, acto seguido, se desató el caos.
-¡Weazel News, dando las verdaderas noticias! ¡El terrorismo vuelve a llamar a la puerta de Liberty City! Ayer se suponía que iba a ser un día especial para Love Fist y sus fans, sin embargo otro ataque a una concurrida calle y de noche cerrada ha obligado a sus integrantes a aplazar el concierto. El ataque se ha saldado esta vez con más de cuarenta personas fallecidas y una veintena heridas de diversa consideración, además, todo el tramo de Frankfort Avenue entre El Triángulo y The Meat Quarter ha quedado completamente destrozado, lo que ha obligado a cortarlo al tráfico. Los daños han sido tales que puede que las obras se posterguen hasta nuevo aviso.
Por otro lado, esta nueva escalada de violencia ha hecho reaccionar a la gente, la cual ha seguido presionando a la alcaldía para que cierren los puentes.
-¡Esto es una vergüenza! ¡¿Cuántas veces nos tienen que atacar para que el ayuntamiento haga algo al respecto?! ¿¡A qué esperan para cerrar los puentes o dar caza a esos criminales?! ¡Es increíble, América está bajo ataque y no hacemos nada para evitarlo!
-¡Exacto, otra vez, si es que se venía venir, y ahora a depurar responsabilidades! ¿¡Quién paga los impuestos, quién aporta dinero para las obras, quién paga las pensiones de viudedad?! ¡Un servidor, por supuesto, de entre otros muchos servidores de esta ciudad! ¡Y nos siguen atacando! ¡Bien, muy bien, Ochoa, sigue así de bien!
Se ha convocado una manifestación enfrente del ayuntamiento para esta misma tarde y seguir presionando para que se tomen medidas drásticas, entre ellas el cierre de los puentes, la cual resuena cada vez con más fuerza tanto entre la población como en el propio ayuntamiento. El alcalde Julio Ochoa ha declarado de nuevo para tratar de tranquilizar a la población.
-¡Libertianos, por favor, sé que tenéis miedo, sé que estáis asustados, pero no podemos dejar que los terroristas nos minen así sin más nuestra fuerza de voluntad ni nuestro afán de protagonismo! ¡Estoy dispuesto a defendernos, y tened por seguro que se hará algo con los puentes, pero por el momento no podemos aislarnos así sin más, debemos permanecer fuertes y unidos ante esta amenaza que se cierne sobre nuestra ciudad!
Para entonces no quise oír más y apagué la radio con gesto mohíno. Lo había vuelto a hacer. Y esta vez de forma más abierta y bestia, para más inri. Atacar una calle entera, sin ningún tipo de pauta ni modus operandi, era de cierto modo una estrategia para confundir aún más a la policía y al gobierno, mientras nos metía más presión en el cuerpo. Sin duda alguna Starlight era una mujer peligrosa, y no podía permitir que siguiera atentando así sin más en la ciudad. Era hora de actuar.
Nada más pensarlo recibí entonces una llamada, viendo que se trataba de Gravelli, cogiéndolo de seguido.
-Señor.
-Tenemos que hablar, Sunset, esto es grave, ven a verme a mi casa.
-Voy para allá.
No tardé mucho en llegar hasta allí, aunque tuve que aguantar unos cuantos controles, los cuales se multiplicaron e intensificaron tras el último atentado, y con toda la razón del mundo. Una vez en Bajo Easton subí directamente al apartamento del hombre, encontrándome con él allí.
-Tenemos graves problemas-murmuró Gravelli nada más abrirme.
-Sí, desde luego, qué me va a contar…
-Por el momento hemos podido proteger todos nuestros negocios de forma satisfactoria, pero esa cerda comunista no parece estar centrada en atacarnos a nosotros, sino a la propia ciudad. Evidentemente está claro por qué lo hace, es una forma indirecta de provocarnos, sabe perfectamente que nuestros ingresos provienen de la propia ciudad, por lo que si ataca a la ciudad, nos ataca a nosotros. Es muy lista, demasiado…
-¿Y qué podemos hacer? Entiendo el planteamiento, pero si no podemos predecir el próximo movimiento de Starlight, poco podremos hacer…
-Sí, por nuestra propia cuenta no tenemos muchas opciones, es por eso que le he pedido a nuestro amigo en común un poco de ayuda. Deben de haber llegado ya…
Nada más decirlo el telefonillo sonó y Gravelli fue a atenderlo, descolgándolo de seguido y hablando por él.
-Buenas. Vale, ahora baja.
Tras eso se dirigió a mí.
-Han llegado unos amigos de nuestro amigo en común.
-Caramba, cuantos amigos tiene usted, señor Gravelli-murmuré en ese momento, divertida.
Ante eso el anciano se rió con ganas, murmurando de seguido.
-Huy, si tú supieras, querida… pero bueno, ve con ellos y ayúdales en todo lo necesario ¿vale? parece que están sobre una pista buena que pueda conducirnos a esa perra comunista.
-Bien.
Bajé a la calle y allí me encontré con varios hombres trajeados esperándome junto a una furgoneta de reparto de pizzas.
-¿Sunset Shimmer?-inquirió uno de ellos, el cual ocultaba su mirada tras unas gafas de sol.
-Sí, soy yo.
-Bien, adentro, tenemos que irnos.
Me subí a la parte trasera de la furgoneta a no más tardar, viendo que en realidad era un centro de operaciones móvil; en él vi a un pequeño equipo conformado por cuatro personas, entre ellas una chica joven, aproximadamente de la edad de Daring, de pelo tintado de dos colores, rosa y violeta, y de ojos azules.
-Buenas…-saludé.
-Ah, tú debes de ser Shimmer ¿no?
-Sí…
-Bienvenida, yo soy Bon Bon, la jefa de este comando, nos han asignado para localizar y detener a la terrorista Starlight Glimmer. Por lo que me han comentado, tú ya has entrado en contacto previo con ella, por lo que tu ayuda será determinante para darla caza.
-Muy bien ¿qué tengo que hacer?
-Por el momento hacer todo lo que yo te diga, ahora nos pondremos en marcha. Vámonos-indicó Bon Bon a la cabina.
Al punto la furgoneta se puso en movimiento, alejándonos de allí y dirigiéndonos hacia ningún punto en concreto y comenzando a dar vueltas por toda esa parte del distrito. El sistema de vigilancia y escucha integrada en la furgoneta trabajaba a pleno rendimiento, y el resto del equipo se concentraba en usarlo.
-Tenemos razones para creer que Glimmer quiere realizar otro ataque por esta zona, por lo que patrullaremos por los alrededores. Aunque antes quiero hacerte un par de preguntas acerca de la susodicha.
-Bien. No es que la conozca mucho, tan solo llegué a hablar un poco con ella…
-Me es suficiente. ¿Cómo definirías su personalidad?
-Pues obviamente está como una cabra, siempre está con la mierda de que todos debemos ser iguales, el proletariado y todas esas memeces…
-¿Trató de inculcarte algunas de sus ideas?
-Sí, de hecho me dijo que sería igual, como todos los demás, y que no soy libre, que me esclavizan… pero si estoy aquí es porque yo misma decidí estar en su día, nadie me ha obligado a esto, de hecho me dieron a elegir, y yo escogí.
-Bien… hasta el momento creemos que no es ella misma quien se encarga de realizar estos atentados, sino que delega todo el proceso a sus seguidores ¿podrías confirmarme esto?
-Sí, así es, de hecho puedo darla un par de nombres…
-¿De veras? Cuéntame…
-Hay un chico joven, de unos veintipocos años, pelo azul oscuro, muy bien peinado, y ojos claros, de nombre Party Favor.
-Ajá…
-Y hay otro que lo vi hace poco acompañando al anterior, de la misma edad, de pelo plateado y ojos azules, de nombre Double Diamond.
-Bien. Pasa estos a nombres a inteligencia y que nos digan algo al respecto-indicó entonces Bon Bon, dándole la nota a uno de los técnicos que operaba el sistema de vigilancia.
-Ahora mismo, señora.
Mientras hacían su trabajo, la furgoneta seguía su curso sin apenas detenerse, Bon Bon me estuvo explicando un poco cómo funcionaba todo.
-Este centro de operaciones móvil cuenta con la tecnología más avanzada, nos permite adentrarnos en todas las redes posibles y espiar desde dentro cualquier cosa, además de estar constantemente comunicados con diferentes agencias de todo tipo.
-Ya, como en el FIB… y no, no me pareces homosexual.
Ante eso Bon Bon esbozó una desdeñosa sonrisita, murmurando de seguido.
-Je, te sorprendería… pero no necesitas saber nada de eso. Por ahora nos centraremos en tratar de encontrar a algunos de los seguidores de Glimmer, probablemente puedan llevarnos hasta ella.
En ese momento uno de los operarios se dirigió a ella.
-Tenemos algo, señora, inteligencia ha podido averiguar más cosas sobre los nombres que me proporcionó.
-Cuéntame.
-Tanto Party Favor como Double Diamond son oriundos de San Petersburgo, llegaron recientemente a la ciudad y se instalaron en algún lugar no especificado de Broker…
-¿Playa de Hove?-sugerí entonces.
-Posiblemente… continúa-pidió Bon Bon.
-Hemos podido averiguar sus números de móvil y correos electrónicos, estamos interviniendo los mensajes, pero he pensado que podemos peinar todos los barrios de por aquí mientras buscamos la frecuencia de onda de sus móviles, tal vez así podamos localizarlos.
-Buena idea, poneos de inmediato con eso, avisadme si veis algo sospechoso en sus mensajes.
-Sí, señora.
A partir de ahí todo se redujo a una vigilancia constante desde la furgoneta, trazando esta vez una ruta definida que atravesaba gran parte de los barrios del este de Algonquin, desde Bajo Easton hasta Lancaster, cubriendo de esta forma un terreno bastante extenso. Pasamos incluso por isla Colonial, donde normalmente no hay nada, obteniendo los mismos resultados: nada. Y, aun a pesar de la distancia abarcada, no llegamos a encontrar nada, lo que en cierta forma me frustró un poco.
-¿Nada? ¿No se supone que creían que estaban por aquí?
-Supusimos que podrían estar por aquí, ya que hasta el momento se han enfocado sólo en Algonquin, pero aún quedan muchos barrios por peinar, nos pasaremos al otro lado si eso.
-¿Cómo se lo pueden tomar con tanta calma?-inquirí, extrañadísima.
-Es nuestra forma de actuar, no podemos dejar que nos descubran, trabajamos encubiertos, si fuéramos con prisas sería sospechoso-explicó Bon Bon.
-Sí, además, la vigilancia encubierta lleva su tiempo, sobre todo en una ciudad como esta. Piense que estamos buscando las frecuencias de onda de dos móviles en concreto; en esta ciudad hay un poco más de ocho millones de personas viviendo en ella, ocho millones de teléfonos móviles funcionando al mismo tiempo, cada uno con su propia frecuencia de onda. ¿Pilla por dónde voy?-añadió uno de los técnicos.
-Sí, lo pillo…
-Es por eso por lo que solemos tardar, es un tanto pesado, pero al final conseguimos encontrar algo que nos pone sobre la pista correcta-asintió Bon Bon.
-Está bien…
Les dejé hacer sin otra posibilidad, sintiéndome un tanto desplazada y sin saber muy bien para qué me necesitaban exactamente si se estaban encargando ellos de todo.
En un momento dado, y en torno a la hora de comer, nos paramos al lado del Burger Shot de Holanda Norte, uno de los técnicos se quitó los cascos y murmuró.
-Bueno, vamos a tomarnos un descanso ¿no?
-Sí, tengo hambre ¿Quién quiere una hamburguesa?
-Yo…
-Vale, yo me encargo ¿qué os apetece?
-A mí pídeme un menú Torpedo con una Sprunk.
-Píllame un Money Shot con extra de queso y una Orang-O-Tang.
-No tengo mucha hambre, pídeme una Meat Free y agua con gas.
-No he desayunado, me muero de hambre, pídeme una Heart Stopper… e insulina para beber.
-A mí lo de siempre, Mike-murmuró Bon Bon.
-Bien… ¿y usted?-inquirió entonces el tal Mike, dirigiéndose a mí.
-Ah, pues un menú Bleeder y patatas…
-¿Y de beber?
-Una eCola.
-Muy bien, ahora vuelvo.
Tardó unos cuantos minutos, pero finalmente volvió con todos los pedidos metidos en sus correspondientes bolsas; había una que era especialmente grande y consistente, dando a entender cuál era.
-A ver, el Heart Stopper… luego llamo a la ambulancia si eso…
-Sí, por favor…
-¿Torpedo y Sprunk?
-Para mí.
-¿Money Shot y Orang?
-Mía.
-¿Meat Free y agua?
-Servidor…
-Esta es para mí… lo suyo, jefa.
-Gracias, Mike.
-Y la Bleeder con eCola para usted.
-Gracias.
Comimos allí mayoritariamente en silencio, con algún que otro comentario puntual por parte de los técnicos. Por mi parte se refería aún seguía preguntándome qué estaba haciendo allí, cosa que le señalé a Bon Bon.
-Si realmente todo se reduce a dar vueltas por la ciudad mientras peinan frecuencias ¿qué hago yo aquí? ¿Para qué me necesitan?
-Nunca se sabe cómo puede acabar una vigilancia, la acción se presenta en el momento menos esperado, persevere, quizás podríamos necesitar de sus habilidades.
-Si usted lo dice…
En cuanto terminamos de comer retomamos la vigilancia, comenzando esta vez a peinar todo el lado oeste de Algonquin, desde Cerros de la Peña hasta Castle Garden City. Al igual que la otra vez nos llevó casi tres horas, sin llegar a encontrar nada relevante. Sin embargo, pasando por Castle Drive, uno de los técnicos llegó a anunciar.
-¡Creo que tengo algo!
Eso nos hizo reaccionar a todos de golpe, concentrándonos entonces en su monitor al tiempo que explicaba.
-¡Está aquí cerca, a pocos metros de distancia!
-¿Estás captando la frecuencia de su móvil?-quiso saber Bon Bon.
-¡Sí, he logrado intervenir su frecuencia, si hace algún movimiento o llamada nos enteraríamos al instante!
Nada más decirlo se oyó entonces un pitido indicando algo, fue entonces cuando el técnico masculló.
-Está haciendo una llamada…
-Sube el volumen-indicó Bon Bon.
Al cabo de unos pocos segundos de espera finalmente logramos escuchar la conversación, sin embargo nos dimos con un canto en los dientes nada más escucharla.
-Privet, my vozvrashchayemsya seychas.
-Oh, vaya, están hablando en ruso…-mascullé yo, contrariada.
-No hay problema, Mike sabe ruso-reveló Bon Bon.
-Sí, está diciendo que se vuelven ya-aclaró Mike rápidamente.
-Pokhozhe na khorosheye mesto… zdes' mnogo lyudey.
-Hablan de un lugar, señala que hay mucha gente…
-¿El paseo de aquí?-inquirí.
-Es posible…
-Da, my postarayemsya snova postavit' sebya, ne volnuysya.
-Dicen algo de proveerse de nuevo, sin preocupaciones… no parecen nerviosos ni mucho menos.
Fue entonces cuando fruncí el ceño, al tiempo que algo me decía que sabía a qué se podrían estar refiriendo.
-Kak dlya drugogo mesta... kak khotite.
-Hablan de otro lugar, que como el interlocutor prefiera.
-Nu, v takom sluchaye my idem tuda.
-Parece que se dirigen a ese lugar…
-Khorosho, my potratili togda.
-Se van a pasar… si les seguimos sabremos a dónde van.
-Bien, hagámoslo, a ver a dónde nos llevan ¿qué vehículo es?
-Estoy calculando la distancia en base a la longitud de onda de la frecuencia… a ver…
El tráfico no era muy denso ya que esa calle era de doble sentido, lo que permitía un flujo más o menos constante.
-Lo tengo, está a unos trescientos metros desde aquí.
-Esos son como unos cinco o seis coches de distancia… a ver-murmuró Bon Bon, sacando unos prismáticos y enfocando hacia delante.
-Déjame a mí, podré identificarlos enseguida-pedí entonces.
-Cierto, toma.
Hice mano de los prismáticos y enfoqué a los coches de delante, buscando en cada uno hasta encontrarlos subidos en una furgoneta un poco más adelante.
-¡Allí están, en esa furgoneta Pony gris de allí delante!-indiqué entonces.
-¡Bien, los tenemos, sigámoslos!-indicó Bon Bon a los agentes de la cabina.
-Sí, señora.
A partir de ahí las cosas se resumieron enseguida, sin perder de vista en ningún momento a la furgoneta y siguiéndola la pista de cerca, aunque no demasiado, ya que no queríamos llamar su atención. Nos llevaron por toda esa parte de Algonquin, atravesándola de oeste a este a través de los barrios de Suffolk y Bajo Easton hasta Easton, concretamente al norte del mismo barrio y parando justo enfrente de un lugar familiar para todos.
-Oh, no…
-Joder, mierda…
-Más les vale que no intenten nada…
Y es que se habían detenido justo enfrente de la Grand Easton Terminal, la principal estación de tren de la ciudad; con un estilo arquitectónico Beaux-arts bastante pronunciado, era la estación más concurrida, ya que cubría multitud de trayectos hacia diferentes condados, dentro y fuera del estado de Liberty, entre ellos Westchester o Dutchess, y Fairfield y New Haven en Connecticut. Y, además, también hacía de nodo principal del metro, sumando un poco más a la mezcla.
En ese momento Double Diamond salió de la furgoneta llevando consigo una holgada bolsa de deporte que nos alertó a todos por igual.
-Oh, no…
-Ya voy yo-indiqué, yendo a salir de la furgoneta.
-Atención a todas las unidades, necesitamos efectivos en Grand Easton Terminal, alta probabilidad de atentado, vigilad las salidas y estad alerta-indicó Bon Bon a un walkie-talkie y pasándome un pinganillo.
Nada más salir de la furgoneta me acerqué a la entrada principal, ocultándome entre el gentío que entraba y salía, y llegué al hall principal, el cual estaba bastante iluminado y, al mismo tiempo, lleno de gente que iba y venía. Una gran bandera de los EEUU se encontraba colgada de lo alto del abovedado techo, y el famoso reloj esférico del puesto de información marcaba las cinco y media de la tarde. Busqué con la mirada a Double Diamond, pero no lo vi por ningún lado.
-¿Alguna novedad?-inquirió Bon Bon en ese momento por el pinganillo.
-Nada, no le veo… ¿qué hay de Party Favor?
-Sigue estacionado enfrente de la estación, ya hay gente vigilando las entradas y salidas, localízalo, podría tener preparado algo.
-Eso intento…
Subí a la balaustrada superior para tener una mejor visión de todo el hall en su conjunto, pero había tanta gente que apenas llegué a distinguir al infrascrito por ningún lado.
-Maldita sea… ¿dónde estás?-mascullé para mí misma, preocupada.
Sin embargo, en ese momento oí a Bon Bon mascullar.
-¡Mierda, se va! ¡No, cuidado, cuidado!
-¿Qué ocurre?-inquirí entonces.
-¡Party Favor se marcha! ¡Joder, puto autobús, rebásalo, rebásalo, lo vamos a perder!
-¿Qué? ¿Acaso ha vuelto Double Diamond?
-¡No, para nada, pero se marcha de repente! ¡Mierda, y ahora un camión, esto es ridículo!-musitó la chica.
Eso me dejó extrañada, pensando a toda velocidad; si Party Favor se iba ya, es que no esperaba a Double Diamond para nada. ¿Y si se habían dado cuenta de que les seguían? Eso explicaría esa maniobra. Aunque por otro lado no podía evitar pensar que se trataba de algo más. La gente seguía yendo y viniendo, y el simple hecho de verlos así me ponía más y más nerviosa, temiendo por la vida de todas esas personas. Vi entonces a alguien cerca de los baños y llevando una bolsa de deporte muy parecida a la que llevaba Party Favor, pero no era él, sino otra persona, probablemente americana por las pintas que llevaba. Giré la cabeza, buscando algún lugar, hasta que entonces me di cuenta de algo.
-Espera… ¿y si…?
Moviéndome rápidamente me dirigí al acceso al metro de allí, el cual conectaba también con la entrada que había a la altura de Burlesque, en el Cruce Estrella; corrí con todas mis fuerzas, mientras trataba de localizar a Party Favor entre la multitud para tratar de probar mi teoría.
-Tal vez… sólo tal vez…
Corrí y corrí, abriéndome paso entre la multitud, hasta llegar al acceso a las líneas tanto interiores como exteriores; busqué el acceso a la línea J +3, que suponía hacer un transbordo entre ese lado de la línea exterior de Algonquin y que conectaba con la línea 3 que llevaba hacia Broker cruzando bajo el puente de Algonquin.
-¿Dónde estás, cabrón?-mascullé por lo bajo, buscándole con la mirada.
En ese momento oí los frenos del tren llegando al andén, alertándome de seguido.
-¡Oh, mierda!-musité, echando a correr de nuevo.
Me dirigí a las escaleras de bajada, sin embargo en ese momento apareció de improviso multitud de personas que habían llegado en ese mismo tren y se bajaban en esa estación, frenándome de seguido. Traté de abrirme paso en dirección contraria, echando un vistazo al andén y viendo a la gente que abordaba ese tren.
-¡Déjenme pasar, a un lado!-exclamé.
-¡Eh, oiga, espérese un poco!
-¡Con cuidado!
-¡Ay, mi juanete!
En un principio no llegué a ver al infrascrito, pero entonces me pareció verle en un vagón cercano y portando la misma bolsa que vi anteriormente.
-No… ¡no!
Aceleré, pero la gente no hacía más que frenarme a cada paso que daba; en ese momento se oyó el silbato del tren y las puertas se cerraron.
-¡No!
Finalmente alcancé el andén, pero fue demasiado tarde, ya que en cuanto puse un pie en él, el tren ya había salido.
-¡Maldita sea!-mascullé, contrariada, y pateando el suelo con rabia.
En ese momento Bon Bon contactó conmigo.
-¡Shimmer! ¿Lo tienes? Dime que sí, por favor…
-Odio decepcionarte… dime que tenéis localizado al otro…
-¡No! ¡Lo perdimos entre el tráfico! ¡Maldición!
Ante eso no pude hacer otra cosa salvo el rabiar, apretando los dientes en el proceso y cagándome en todo lo cagable. Habíamos estado muy cerca de detener a dos miembros importantes, y se nos habían escapado de la forma más tonta posible. Volví afuera, al menos no habían llegado a atentar contra la estación, y eso ya era algo. Me puse en contacto con Bon Bon enseguida.
-Ya estoy fuera ¿dónde estáis?
-Nos hemos tenido que ir para no llamar la atención, ha sido una falsa alarma, ya hablaremos, terminamos por hoy.
-Oh… está bien…
Me quedé con cara de lela por unos minutos, un tanto molesta por cómo había salido todo; sin embargo hice de tripas corazón y, aprovechando que estaba cerca, volví a por mi coche en Bajo Easton andando, ya que estaba justo al lado. Mientras tanto, Liberty City seguía a su ritmo.
-¡Y eso ha sido todo con Jeff Dunham y Achmed, el terrorista muerto! ¡Buenas noches, señoras y señores, gracias por venir!
-¡Silencio, u os mato a todos!
-¡Déjalo ya, Achmed!
Toda la sala, Jacob y una servidora soltamos una última carcajada antes de que el famoso ventrílocuo se retirarse en compañía de su más famoso títere. Esa noche había resultado ser de lo más relajante, notándose que me hacía falta reírme un poco. Resultaba irónico, sobre todo después de todo lo que había estado pasando recientemente, quizás fuera por eso por lo que era tan gracioso.
-Ha estado gracioso, rasta, gracias por invitarme y tal-murmuró en ese momento Jacob, apurando su bebida.
-No ha sido nada, necesitaba despejarme un poco, ha sido una semana dura…
-Sí, la ciudad pasa por un momento delicado, pero aun así la gente sabe divertirse ¿ves? Combatir el miedo con humor es la clave, respeto, ese Dunham es un tío listo.
-Sí, la verdad es que ha estado bien…
-Genial. ¿Puedes acercarme a mi queli, rasta?
-Claro, vamos.
Salimos del Split Sides, un famoso club de comedia local situado en el Cruce Estrella, y nos dirigimos a un parking cercano donde había dejado el coche.
-¿Y cómo te va todo, rasta?
-Ah, pues bien, ocupada con encargos y todo el rollo de siempre…
-Bien… ¿sigues liada con la Comisión?
-Sí, es arduo, pero me está aportando grandes dividendos… pagan bien esos tipos.
-Ah, son gente con dinero ¿ves? No por nada son los amos del cotarro aquí en Liberty. Sin embargo sigo pensando que te arriesgas demasiado, rasta, yo no me metería tanto con la mierda de otro y tal, no sé si me explico…
-Sí, te entiendo, pero como ya te dije, tengo mis razones…
-Y no te digo que no, yo sólo te comento y tal…
-Agradezco que te preocupes por mí, Jacob, pero tranquilo, sé cuidarme sola.
-Desde luego que sí, rasta, todos aquí lo hacemos después de todo. Sobrevivimos, eso es más que suficiente.
-Dímelo a mí…
Una vez en el coche me puse de camino hacia Broker en dirección hacia el puente de Algonquin, que era el que más cerca me dejaba de Schottler; para ello di la vuelta a la manzana y me metí de lleno en el Cruce Estrella para luego girar a la izquierda, el cual esa noche estaba especialmente brillante.
-Ah, el Cruce Estrella, me quedo tonto cada vez que lo veo, y eso que no me paso mucho por aquí-murmuró Jacob.
-Está bien para los turistas, pero los de aquí ya lo tenemos muy visto, no es gran cosa…
-No te creas, rasta, es un gran arma, mira a tu alrededor ¿qué ves? Ahí tienes un cartel de Sprunk, justo enfrente tienes el BAWSAQ, ahí hay un anuncio de la serie 24, y el último modelo de móvil Whiz… ¿pillas lo que te digo?
-Sí, veo por dónde vas.
-Todo este sitio es como una oda al consumo y tal, y aun así la gente viene aquí a empaparse de eso ¿ves? Es muy evidente, y aun así la gente sigue viniendo, porque saben que algo caerá y sus bolsillos menguarán. Es tonto si lo miras fríamente, pero aun así caemos una y otra vez. Eso es lo que define a este sitio ¿ves? Somos personas muy simples si lo piensas.
-Sí, realmente…
No lo parecía a simple vista, pero Jacob tenía una vibra filosófico-existencialista que le hacía ver más profundo de lo que aparentaba ser; si lo veías sin más, encontrabas a un chico joven con aspecto pobre y con un canuto siempre consigo entre sus manos, sin embargo había mucho más detrás de su simple aspecto.
-Eres un tío de lo más peculiar, Jacob, pareces muy simple, pero en realidad eres como un erudito de la vida…
Ante eso el aludido sonrió, murmurando de seguido.
-Ah, es precisamente eso ¿ves? Todo lo que sé me lo ha enseñado la propia vida, y el resto lo pienso por mi cuenta. Soy muy de pensar y tal, sobre todo cuando me fumo mi canuto, me aclara la mente y las ideas, aunque a veces hace que me emparanoye de más. Aun así gracias por tus palabras, Sunset, eres una tía legal, respeto.
-No es nada.
Paré frente a dos taxis, ya que el semáforo del cruce central estaba en rojo; el tráfico a esas horas de la noche siempre era denso en esa parte de la ciudad, una característica bastante común en ese sitio. Sin embargo, un poco más adelante, me pareció ver a alguien familiar subido a un Ingot bordó de cuatro puertas acompañado de alguien más. Me fijé un poco mejor, viendo entonces quien era y confirmando así mis sospechas.
-No puede ser…-mascullé.
-¿Qué pasa, rasta?
Miré un momento a mi lado, recordando entonces que iba acompañada y, por un instante, no supe qué hacer. Party Favor estaba a escasos metros de distancia, y parecía no haberme visto. Iba acompañado de una chica de pelo violeta algo opacado, de corte recto, algo ondulado y recogido en un moño que la hacía ver como si hubiera salido de los años setenta.
-¿Estás bien, tronca? Estás pálida…
Quise decir algo, pero en ese momento el semáforo se puso en verde y el tráfico comenzó a rodar; sin quitar los ojos de encima al Ingot comencé a seguirlo, viendo que se dirigía hacia el sur sin ni siquiera darme cuenta. Jacob se dio cuenta de esto, comentando de seguido.
-Oye, rasta, te has pasado el cruce y tal, el puente de Algonquin está hacia allá…
-Eh… ya, ya, es sólo que he pensado que podemos ir por el puente de Broker…-murmuré, no muy segura de si decirle o no lo que ocurría, ya que no quería inmiscuirle.
-¿Por el puente de Broker? Pero daríamos una vuelta tontísima, habría luego que salir hacia la autopista Broker-Dukes por el nodo de Apartamentos Firefly, yendo por el puente de Algonquin es mucho más rápido…
-Ya, ya, es que no he podido girar a tiempo…
-¿Pero qué dices? si estábamos en el carril correcto… Sunset, tronca ¿me vas a decir ya qué coño te pasa y dejar de darme largas o te lo tengo que sacar a ostias?-inquirió entonces Jacob, con tono molesto.
Ante eso suspiré y, sin otra salida, me decidí a explicarle más o menos lo que pasaba.
-Vale, a ver, es una larga historia, pero para hacerlo rápido y sencillo: en ese Ingot de ahí delante va uno de los compinches de una mafiosa rusa que es la responsable de los atentados que han estado sucediendo recientemente aquí en Algonquin.
La noticia cayó un mazazo para Jacob, el cual me miró con cara de circunstancia hasta murmurar.
-¿Qué?
-¡Sí, lo sé, suena a locura, pero es cierto! lo siento, Jacob, pero estoy metida hasta el cuello, recientemente me convertí en la enemiga de esa tipa, que es muy peligrosa, pero que lo hace todo a través de sus seguidores. No te quise decir nada para no involucrarte…
Ante eso el chico se quedó con la boca abierta y gesto en blanco durante varios segundos hasta que finalmente murmuró.
-Los rusos… ¿me estás diciendo que los rusos están detrás de todo esto?
-Sí, Keny Petrovic quiere expandirse hacia Algonquin y le ha relegado la tarea a esta psicópata, la cual está presionando a la Comisión presionando al mismo tiempo a la ciudad para afectar sus negocios y desestabilizar así la economía local. Y esos de ahí son sus compinches.
-Me cago en la puta y tal… ya sabía yo que esos comunistas no serían buenos para la ciudad. Nunca antes habían dado muestras de querer de salir de Broker, nadie se mete con ellos porque allí son fuertes ¿ves? pero esto… joder, sigue a esos cabrones, a ver a dónde nos llevan.
-Eso mismo quería hacer…
Siguiéndoles nos llevaron hasta el Barrio Chino, ya que el acceso al puente de Broker estaba a ese lado, y lo cruzamos a cabo a rabo, saliendo directamente a Playa de Hove en la primera salida.
-Playa de Hove, no me extraña nada, todos los rusos de la ciudad paran aquí…-comentó en ese momento Jacob.
-Sí, ya había estado aquí antes…
Se dirigieron hacia Crockett Avenue, bordeando Firefly Island, hasta entrar en lo que parecía ser una urbanización residencial privada de alto standing con un control de paso vigilado por un guarda de seguridad con sendas barreras bajadas.
-Oh, Beachgate…-murmuró entonces Jacob.
-¿Beachgate?
-Sí, es un pequeño barrio residencial privado, es uno de los pocos lugares a este lado del Humboldt con gente más o menos acaudalada y tal. Aunque es una putada, no vamos a poder entrar…
-Ya, supongo que no dejarán pasar a cualquiera…
-Bueno, al menos ya sabemos algo, esos cabrones están por aquí, y yo siempre puedo pasarme de vez en cuando…-murmuró en ese momento el chico.
-Eh, espera, Jacob, esto es algo que no te incumbe, será mejor que te quedes al margen…
-¿Estás de coña, rasta? ¿Crees que voy a dejar que esos malnacidos sigan atentando a la ciudad así sin más? Puede que la Comisión esté jodida, pero por aquí hay personas que lo está pasando mal, mi gente incluida, y no voy a dejar que unos cerdos comunistas nos jodan a todos así sin más ¿ves? Es una cuestión de respeto, precisamente lo que no tienen. Me cago en todos sus muertos y tal, no pienso consentirlo-masculló Jacob, visiblemente alterado.
No pude evitar esbozar una sonrisa ante la nobleza del chico. De alguna forma me esperaba que me fuera a decir algo parecido, y a esas alturas de la vida le conocía lo suficientemente bien como para saber que hablaba en serio.
-Está bien, pero si ves algo raro, si te enteras de algo, dímelo inmediatamente.
-Por supuesto, rasta, estamos en esto juntos. Vámonos de aquí, no vaya a ser que nos vean.
Nos alejamos rápidamente de allí y nos dirigimos a Schottler para dejar a Jacob en su casa. Paré justo enfrente y el chico se despidió de mí.
-Gracias por traerme, Sunset, eres una tía legal, respeto.
-No es nada, Jacob.
-Y ya sabes, vigilaremos a esos bastardos para ver si les podemos golpear un poco y tal.
-Bien.
El chico entró en su casa y yo me dirigí a la mía, sintiéndome un tanto cansada. Por otro lado no podía evitar preocuparme también, ya que la aparición de Party Favor no podía presagiar nada bueno. Al parecer, y teniendo en cuenta su súbita aparición, volvían de algún lugar, ya que el Cruce Estrella cruza el medio Algonquin de norte a sur, facilitando el tráfico en ese sentido volviendo del norte, principalmente. Fruncí el ceño, pensando en una posibilidad, y deseando con todas mis fuerzas que no fuera nada de eso. Mientras tanto, Liberty City trasnochaba, como siempre hacía.
La guerra civil fue un hecho que marcó profundamente a todo EEUU, tanto a nivel económico, político y sobre todo social. Los momentos posteriores fueron muy duros para todos los americanos, sin embargo el periodo de Reconstrucción fue más llevadero gracias a su principal benefactor Ulysses Grant, decimoctavo presidente de los Estados Unidos. Participó de forma activa al final de la guerra civil como comandante general del ejército de la Unión y aconsejó varias veces al presidente de por aquel entonces, Abraham Lincoln. Y no sólo eso, ya que durante su mandato hizo todo lo posible por que todo estuviera bien, protegiendo a los afroamericanos y fomentando la prosperidad económica.
Por todo esto siempre era recordado por ser un muy buen presidente, y su tumba se encontraba en medio de un pequeño parque situado en Middle Park Oeste. Se trataba de un imponente y señorial panteón de planta cuadrada, con escalinata, columnas dóricas de estilo romano, fachada con un dintel decorado, y un pequeño torreón circular también con columnas dóricas rematado con un tejado de piedra cónico a dos aguas. Era un monumento destacado que recibía la visita de muchas personas de todo el país para honrar la memoria del que era considerado uno de los mejores presidentes de Estados Unidos.
Esa misma noche el parque estaba vacío y la tumba se encontraba iluminada, con el skyline de Alderney City brillando al otro lado del West River. Parecía que nada ni nadie podía perturbar la paz y quietud que, en esos momentos, reinaba en ese barrio, el cual dormía tranquilamente. Sin embargo, y en menos de un segundo, todo cambió.
Se sucedió entonces una súbita explosión que hizo temblar todos los cristales de las ventanas cercanas, sobresaltando a esa parte de la ciudad; tanto la escalinata como las columnas dóricas que sostenían el dintel de la fachada del panteón se transformaron en un montón de cascotes y escombros, dañando gran parte de la tumba y sepultando la entrada en el proceso. El dintel cedió y cayó, destrozando las finas estatuas que remataban el texto que concedía la posesión de la tumba a Ulysses Grant, el cual también acabó destruido e ilegible.
Por un instante no hubo nada más, pero inmediatamente el tiempo volvió a correr y en la distancia se comenzó a oír el ruido de las sirenas en la lejanía acercándose rápidamente. Por su parte, Liberty City volvía a yacer herida una vez más.
-Tenemos graves problemas…
-No me diga…
-Sí la digo, de hecho la voy a decir más: estamos a esto de que nos degraden por presiones de más arriba.
-Oh, vaya, cuanto lo siento…
-No es su sorna lo que más necesitamos ahora, señorita Shimmer, sino atrapar a esa perra. Vale que destruya una estatua de piedra cualquiera o una porción de calle ¿pero la tumba de Ulysses Grant? No, eso no se hace, es simple paroxismo.
-En ese caso vayan a verla y dígaselo ustedes mismos, está en Beachgate.
-Ya, ya lo sabemos…
-¿¡Cómo?! ¿¡Y no hacen nada al respecto?! ¡Vayan a detenerla si saben dónde está, joder!
-¿Se cree que es tan sencillo? Esto es un asunto de seguridad nacional, no una simple redada policial estándar, piense un poco, no podemos entrar ahí así sin más, necesitamos garantías.
Ante eso dejé escapar un seco suspiro, sin comprender del todo el porqué de toda esa situación. El contacto del U.L. Paper me había vuelto a llamar esa misma mañana, y no era para menos, puesto que el ataque a la tumba del antiguo general y presidente Grant había sido uno de los actos más vandálicos e irrespetuosos que Starlight había realizado desde que llegó a la ciudad. La noticia me pilló desayunando, recibiendo la llamada poco después hasta llegar a ese mismo instante.
-¿Y qué se supone que debemos hacer? ¿Va a hacer usted algo?
-Sí, desde luego, después de todo esto empieza a ir más allá de mí o de nuestro amigo en común. Pero digamos que voy a recibir una ayuda extra. Va a venir a hablar a la Asamblea General del Comité de Civilizaciones de hoy el secretario de Seguridad Nacional Bobby Jefferson, que resulta que es un amigo mío, además de también un amigo de nuestro amigo en común. Va a pedir al Comité que regule con mayor detalle las normas de seguridad en el estado de Liberty, para así poder obtener mayores recursos para poder capturar a Glimmer.
-Muy bien ¿y qué tengo que ver yo en todo eso?
-Va a formar parte de la seguridad, quiero que proteja a Bobby Jefferson en todo momento durante el camino hacia el Comité de Civilizaciones, llegará dentro de pocos minutos al aeropuerto, aquí abajo hay una limusina blindada esperándola, póngase en marcha.
-Qué bien, a proteger la escoria política de este país… ¿me darán una medalla después?-inquirí, sarcástica.
-Y una galleta. Ahora muévase.
Sin decir nada más salí de allí sintiéndome cada vez más cabreada. El hermetismo de ese hombre me ponía de los putos nervios, ya que no me hacía nada de gracia trabajar así sin más para el gobierno, pero dadas las circunstancias me temía que no había otra.
Nada más salir del edificio vi entonces la citada limusina, de color gris con las ventanillas tintadas; un hombre de mediana edad vestido de negro se dirigió a mí nada más verme.
-¿Sunset Shimmer?
-Sí, soy yo.
-Bien, vámonos, el señor Jefferson llegará enseguida, usted conduce.
Abordamos el alargado vehículo y nos pusimos en movimiento rápidamente; nada más salir el hombre hizo una rápida y breve llamada.
-Salimos ya para allá.
Tras esa escueta frase no dijo nada más, ni siquiera a mí, por lo que me limité a conducir con expresión austera. Desde donde estábamos nos dirigimos al puente de Algonquin hacia el norte, ya que era la ruta más rápida para ir al aeropuerto, yendo todo recto por la autopista Algonquin-Dukes hasta la entrada de la misma terminal.
En poco menos de media hora nos plantamos allí, unos minutos antes de la llegada de Jefferson. Nada más llegar salimos del coche y nos quedamos esperando justo al lado, mientras nos acompañaban dos hombres más vestidos de negro. El detalle me llamó tanto la atención que llegué a comentar.
-Hay que ver qué evidentes sois ¿no, tíos? Lo digo por el traje negro y tal…
Aun así ninguno me dijo nada, uno tan solo me miró de reojo con expresión airada, pero nada más.
-Pues vale…
Estuvimos esperando un rato más hasta que finalmente apareció el tal Bobby Jefferson, pude distinguirle enseguida puesto que iba acompañado de una comitiva de varios hombres que le protegían. Era un hombre de mediana edad, con una incipiente calva, de pelo castaño oscuro y ojos claros, vestía con un traje gris ceniza y una corbata roja y blanca a rayas; iba con él un hombre que no dejaba de hablar con él, tenía pinta de ser su secretario o algo así.
-Después de este discurso tiene una reunión con el comisario jefe de la policía, Mitt Fitzsimmons, y después una visita con el alcalde Ochoa…
-Bien, bien, no perdamos más tiempo… ¿son ustedes mi escolta?
-Señor, usted primero-indicó uno de los hombres, abriéndole la puerta.
Jefferson fue el primero en entrar, siendo seguido por su secretario. El que me acompañó pasó a ser el conductor y el resto nos sentamos en el habitáculo trasero de la limusina, el cual incluía un mini bar y una pequeña televisión de plasma incorporada.
-Bof, qué estrés llevo encima… ¿cómo van las cosas por aquí?-inquirió en ese momento Jefferson, ajustándose la corbata.
-No muy bien, señor, ya ha habido un total de cuatro explosiones, la última ha sido en la tumba del general Grant…
-¿En serio? joder, esta gente no respeta nada, ni siquiera a los muertos… ¿Quiénes se suponen que son?
Antes de que el secretario hablara yo me adelanté y murmuré.
-Los rusos, una socia de Kenny Petrovic.
Los demás me miraron con sendos gestos represivos, como si no me estuviera permitido hablar, sin embargo Bobby Jefferson me miró de cabo a rabo hasta que finalmente murmuró.
-Así que Petrovic… vaya, vaya, me lo temía… ¿y quién es usted a todo esto?
-Soy una amiga de su amigo que es a su vez amigo de su amigo en común…
Ese súbito trabalenguas confundió a todos los presentes excepto a Jefferson, el cual rápidamente murmuró.
-Ah, así que conoces a Jon…
-Sí.
-Oh, entonces debes de ser de fiar, es un muy buen hombre, íntegro, sensato y con dos dedos de frente ¿cómo está? Tengo que ir a verle…
-Bien, como siempre, luchando la buena lucha…
-Sí, el viejo Jon siempre protegiendo lo que es suyo por derecho… dile que su amigo Jefferson le manda saludos.
-Se lo diré.
-Bien, bien… anota en mi agenda ir a visitar a Jon Gravelli-indicó a su secretario.
-Ahora mismo, señor.
El viaje desde el aeropuerto hasta el Comité de Civilizaciones fue algo más rápido y llevadero, llegando en un poco más de media hora, ya que no había mucho tráfico. La alta figura del edificio del Comité alzándose al lado del río Humboldt era una estampa bastante común a ese lado de Algonquin, y aunque el Comité tuviera cierta importancia y presencia internacional, todo Estados Unidos en su conjunto no le hacía mucho caso, pintándose mayoritariamente ineficaz en ese aspecto.
Siempre había una gran presencia policial tanto en los alrededores como dentro del propio complejo, pero nos dejaron pasar de seguido, aparcando justo delante de la puerta; los guardaespaldas que venían con Jefferson se bajaron con él y el resto se quedaron por allí, aunque a mí me pidieron que me quedara allí guardando el coche mientras Jefferson daba su discurso.
-Pues vale…
Aproveché entonces la coyuntura y me metí en el asiento trasero mientras esperaba, encendiendo la tele y poniéndome un whiskito del mini bar. En ese momento pasaban por la CNT en riguroso directo la propia Asamblea General, en la cual participaban representantes de los países de todo el mundo; el secretario general del Comité de Civilizaciones, Kofi Annan, presidía el hemiciclo, el cual era un espacio diáfano bastante amplio, con un buen montón de mesas semicirculares dispuestas de forma concéntrica frente al hemiciclo, sobre el cual se encontraba el logo del mismo Comité: tres monigotes dados de la mano coronados por una diana y rematados con una corona de laurel debajo de los mismos.
-Se abre la sesión plenaria de la Asamblea General del Comité de Civilizaciones del 25 de abril de 2005. Tiene la palabra el secretario general, Kofi Annan.
-Gracias, secretario adjunto. Como todos los años, nos reunimos aquí los representantes de todo el mundo para tratar los temas mundiales más urgentes y que más requieren de nuestra atención. Nuestra responsabilidad para con nuestro mundo se hace latente cada día, y debemos ser conscientes de esto, puesto que de nosotros depende la estabilidad del planeta. Ahora pasemos a las deliberaciones de cada país, tiene la palabra el representante de Afganistán.
Empezaron así los discursos de todas las partes del globo, yendo por orden alfabético, por lo que la cosa iría para largo hasta llegar a los Estados Unidos; y así fue, después de más de hora y media escuchando, o al menos intentándolo, a gente de otros países que ni siquiera me importaban, finalmente llegó el turno de los Estados Unidos. Primero habló el mismo representante, el cual pasó la palabra poco después a Jefferson, que estaba con él a su lado.
-Señoras y señores de todo el globo, me apena inmensamente oír cuán mal están las cosas por Oriente Medio, como a todos los aquí presentes. Sin embargo aquí es que tampoco estemos tocando palmas, precisamente. Como bien sabrán todos, la ciudad de Liberty City, donde nos encontramos, ha experimentado cuatro ataques terroristas en lo que llevamos de mes, y aun a pesar de todo no se han podido realizar las pesquisas necesarias para encontrar y dar caza a los terroristas que ahora mismo campan a sus anchas en esta gran ciudad. Comprendo perfectamente la gravedad de la situación en Afganistán o en Burundi, pero tampoco podemos dejar pasar por alto semejante afrenta a nuestros derechos y libertades. Necesitamos una mayor seguridad y protección, porque si Estados Unidos no es seguro ¿qué otro país del mundo lo es? Sólo el año pasado mandamos tropas para mantener la paz en Oriente Medio, y ni siquiera aquí somos capaces de poner en orden nuestros propios asuntos. Al igual que otros países en conflicto, nosotros mismos también necesitamos protección, y es por eso por lo que pido encarecidamente a la Asamblea General que revise con particular detalle las normas de seguridad de este estado de Liberty en el que estamos, para que de esta forma podamos dar caza a esos desalmados terroristas que pretenden acabar con nuestra libertad y nuestros derechos. América y el mundo se lo agradecerán.
Las palabras de Jefferson fueron particularmente bien recibidas por sus compatriotas, incluyendo al propio representante de Estados Unidos, que también aplaudió como consecuencia. Incluso el propio Annan acabó convencido, murmurando de seguido.
-Muy bien, se estimará su petición, señor Jefferson. Ahora tiene la palabra el representante de Estonia.
Sin embargo no escuché más, llegando a murmurar en el proceso.
-Vaya labia que tiene el Jefferson…
Debía de admitir que tenía carisma, algo bueno de por sí teniendo en cuenta su posición. Al poco rato tras su intervención salió del edificio y volvió a la limusina, teniendo que salir de ella, sin embargo el hombre con el que me encontré al principio se dirigió a mí comentando.
-Ya nos encargamos nosotros a partir de aquí, puedes irte.
-Ah, está bien…
-Estaremos en contacto.
Tanto Jefferson como el resto de hombres se fueron en la limusina y yo salí de allí escoltada por dos policías, ya que no podía estar en el recinto al estar restringido.
Una vez fuera opté por llamar al contacto, comentándole de seguido.
-Su hombre ya ha hablado.
-Sí, lo he visto por la tele, buen trabajo.
-¿Seguro que esto tendrá algún tipo de efecto? Porque me siento como que he perdido un tiempo muy valioso…
-No se preocupe, Shimmer, tiempo al tiempo, ahora tenemos que ver cómo reaccionará Glimmer.
-Oh, sí, esperemos a que atente de nuevo contra la ciudad, será divertido…-murmuré con sorna.
-Se cree que esto es un juego ¿verdad? Pero no se apure, la vía diplomática siempre tiene un fin, y en cuanto la agotemos, no tendrá muchas más opciones y podremos realizar nuestro movimiento. Mientras tanto, espere.
-Lo que usted diga…
-Estaremos en contacto.
Colgué sintiendo que realmente había perdido un tiempo precioso con ese encargo; aun a pesar de que de cierta forma ya estaba localizada, el saber que esta gente no iba a por ella así sin más me hacía hervir la sangre. Si de mí dependiera me tomaría la justicia por mi mano, pero si lo hiciera probablemente perdería el favor de ese hombre o de Gravelli, por lo que tuve que hacer de tripas corazón y seguir sus órdenes, por mucho que me jodiera. Mientras tanto, Starlight seguía por ahí, libre y más peligrosa que nunca.
En un sótano oscuro y cerrado la única luz provenía de una desnuda bombilla que lograba alumbrar algunos materiales dispuestos en varias mesas y en gran parte del suelo. Muchas cajas permanecían cerradas y otras abiertas, con cables y fundas de todo tipo. Por todo el lugar sonaba con fuerza y mucho vigor el primer movimiento de Leningrado, la séptima sinfonía de Dmitri Shostakóvich y su obra más famosa y reconocida. Fue interpretada en la misma ciudad durante el duro sitio que los alemanes la impusieron durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, logrando salir victoriosos tras dos años y cuatro meses soportando hambruna y frío. Su inamovible e inquebrantable voluntad valió la retirada de los alemanes hacia el oeste, contribuyendo de cierta forma su derrota definitiva un año después. Y esta misma voluntad era transmitida a través de unas fuertes y contundentes tonadas, reflejando de cierta forma la dura contienda.
En un sillón apartado se encontraba sentada Starlight Glimmer, con los ojos cerrados y en un gesto de absoluta concentración, dejándose llevar por la música. Sus dedos repiqueteaban al compás de la melodía, la cual alcanzaba su momento álgido en una armonía perfectamente milimetrada. Sonaba con tanta fuerza que parecía ser el sonido de una batalla real, a lo que Starlight llegó a estremecerse. Finalmente, y después de que pasara la contienda, las ultimas tonadas, algo más suaves, comenzaron a sonar, rematadas finalmente por un redoble de tambores hasta que la grabación enmudeció.
Fue entonces cuando Starlight abrió los ojos y una lágrima corrió por su mejilla. No podía evitarlo. Siempre se emocionaba cada vez que escuchaba tan magnifica pieza. Sin embargo, en ese momento tenía otras cosas que atender. Por desgracia no estaban lo suficientemente armados, y el contratiempo en Alderney les había frenado bastante, aun a pesar del último golpe realizado. Ni Party Favor ni Double Diamond la supieron decir quien había sido el responsable de ese fortuito robo. Sin embargo, algo en su interior la podía dar una respuesta. Su instinto no la podía decir otra cosa. Tuvo que ser ella.
-Sunset Shimmer…-masculló la mujer por lo bajo, levantándose y acercándose a un tablero cercano.
En dicho tablero había un buen montón de fotografías donde aparecía la susodicha, casi siempre sola y en diferentes situaciones, junto con varias notas y pósits varios.
-Hasta ahora no he podido hacer todo lo que quería hacer por tu culpa. Me robaste y me vilipendiaste, haciéndonos imposible volver a armarnos. Y ahora… la gran mayoría de mis planes han sido truncados… por ti.
La chica miró fijamente a la fotografía más cercana, con un gesto de furia y odio grabado en su cara.
-Tengo que tomar cartas en el asunto. No voy a permitir que me vuelvas a humillar. Voy a por ti…
Alzó una mano, apartando varios papeles sujetos con una chincheta y revelando así una foto en la que aparecía la propia Sunset, abrazada a una chica delgada y esbelta. Una siniestra sonrisa se dibujó en su rostro, del todo decidida.
-Y ya sé cómo hacerlo.
¡Y aquí está el nuevo capítulo de crónicas de Liberty! Bof, eso me ha llevado un tiempo, el límite de diez capítulos que me he impuesto y pienso cumplir me obliga a meter más contenido, y al mismo tiempo me obliga a ser particularmente meticuloso a la hora de ordenar los acontecimientos. El uso de interludios temporales para espaciar los acontecimientos ayuda bastante en ese aspecto, y también tengo muy en cuenta posibles detalles que me puedan ayudar para atar cabos entre estas crónicas y las de Los Santos, las cuales están próximas a terminar. Hasta el más nimio detalle está particularmente pensado.
Por otro lado en este capítulo le doy un particular énfasis a algunos detalles de la ciudad, como es el caso del Comité de Civilizaciones, clara parodia de la ONU, o la Grand Easton Terminal, que está modelada a imagen y semejanza de la Grand Central Terminal, la terminal principal de trenes de Nueva York. La tumba del general Grant también aparece en el juego, aunque no tiene nombre como tal, por lo que he optado por usar detalles reales.
También está el punto álgido de la relación entre Sunset y Flash, en el cual destacan especialmente los sentimientos a flor de piel en el momento más apropiado. A partir de aquí la relación condicionará de cierta forma a Sunset hasta el final, así que estad atentos a estos dos tortolitos.
Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡nos leemos!
