Disclaimer: Todos los personajes me pertenecen desde que la ley "Adopta a un ficker" es obligatoria a nivel internacional.

Advertencia: SLASH/HIJACK/AU/LIME. Disfruten armando el rompecabezas.

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2

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Los gemidos del chico debajo de él se ahogaban con cada nueva embestida. Era cálido, caliente, quemaba, sentía que podría derretirse dentro de su cuerpo en cualquier momento. Sudaba, el ambiente se había vuelto caluroso a su alrededor como un intenso complemento al inmenso placer que estaba sintiendo. Se levantó levemente, apoyando las palmas a ambos lados de la persona que recibía se estocadas, aquel que se ensamblaba morbosamente a su pelvis, pudiendo observarle en toda su nívea perfección.

Podría haber acabado por segunda vez sólo con verle.

Su inmaculada piel estaba completamente desnuda para él. Rodeando su cintura con esas temblorosas piernas, respondía con un estremecimiento a cada una de sus reiteradas penetraciones.

Pero si su cuerpo le parecía erótico en forma sublime, tragó fuerte cuando le miró a los ojos. La expresión socarrona y burlona que solía lucir se había ido por completo, dando paso a una azulada mirada llorosa junto a un rubor que recorría su cuello, extendiéndose notoriamente por sus mejillas, subiendo finalmente hasta la punta de sus orejas. Cada movimiento que su parte baja acogía, producía en su garganta los más reprimidos, vergonzosos e impacientes sonidos. Una voz débil le imploraba que no se detuviera mientras el desesperado autor de la misma le rodeaba el cuello con los brazos, enviando un escalofrío a través de su nervosa columna vertebral que terminó dolorosamente en su entrepierna.

- ...un poco más, ya... - suplicó debajo de él para luego hundir los dientes en su hombro succionándole suavemente.

Contenerse no le había sido fácil, aún menos cuando el otro obstinadamente se empeñaba en intentar mandar su autocontrol al diablo. Sin embargo, hizo un último esfuerzo porque sabía lo doloroso que había resultado ser para el menor aquella primera intrusión. Inclinándose, sostuvo su propio peso en un brazo para firmemente asistir con la otra mano el levantamiento de cadera del extasiado chico. Era tiempo de terminar con esa dulce e insoportable agonía.

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Había visto cómo el otro sacaba un tubo de loción de la última gaveta de la cómoda junto a un preservativo para luego de quitarle el plateado envoltorio posicionarse frente a él, colocándoselo lentamente con esas que parecían sus características manos frías. Eso, era demasiado. Había hecho un esfuerzo sobrehumano por no correrse, esa era la primera vez que alguien le tocaba de esa forma. No pudo evitarlo, eyaculó con un estremecimiento justo en sus manos, que de no ser porque el peliblanco se apartó milagrosamente a tiempo, el líquido seminal le hubiera terminado en la cara.

- Lo-lo siento ¡ARGH! ¡De verdad lo siento! - se disculpó repetidas veces queriendo morir a causa de tanta vergüenza; la ebriedad y el desconcierto habían huido súbitamente de su cabeza.

- No duras nada por lo que veo - ignorando sus disculpas a la vez que suspiraba con una resignada sonrisa.

- Es que yo... - desvió la mirada completamente ruborizado - yo nunca, nunca había hecho algo como esto.

- Tú... - le miró fijamente con una repentina expresión seria - ¿Nunca habías tenido sexo? ¿Con ninguna chica?

- No. - admitió - Sé que es extraño, pero...

No pudo continuar, le tomaron de las mejillas atrayéndole para un tierno beso. Al separarse, en algún instante después, se sorprendió al ver una sonrisa en ese travieso semblante, evidenciando cierta emoción que no pudo definir ¿Alegría?

- Haddock, - señaló con el índice hacia su propia entrepierna - yo todavía sigo así, aunque te hayas corrido no pienso detenerme ahora ¿Lo entiendes, verdad?

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- ¿Qué hora es? - inquirió, girándose lentamente hacia él, envuelto completamente por las celestes sábanas, dejando a la vista sólo por encima de su nariz.

- Las cinco de la mañana - bostezó dejado el reloj despertador en su sitio - ¿Por qué te levantas tan temprano?

- A veces, antes de clases, voy a una fundación para niños. - respondió con pesadez arrastrado las palabras - Supongo que se me habrá olvidado desactivar la alarma.

- ¿No irás? - acercándose al escandinavo para volver a cubrirse con el mullido cobertor a sus pies.

- No, más tarde les explicaré que un imbécil me dejó el culo dolorido, no podré sentarme días. - ante su expresión de preocupación rió muy bajo - Estoy bien, alguna pomada tendré en el botiquín.

- Lo siento - uniendo se cálidos cuerpos en un mimoso apretón como gesto de disculpa.

- Déjalo, yo te traje aquí en primer lugar - dando por terminada la conversación al corresponderle el abrazo, recostando cómodamente la cabeza en su pecho.

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Suaves, esos labios eran muy suaves. Sentía como los mismos se apoderaban completamente de su boca al tiempo que una lengua ansiosa se abría paso a través de ella. Pero el beso no era lo único que percibía, dos manos le desabotonaban la camisa mientras se hacía consiente del peso sobre él.

¿Alguien estaba sentado encima?

Abriendo los ojos lentamente se sostuvo sobre los codos para alzarse un poco. Estaba oscuro y la persona arriba de él se había detenido. Entrecerró los ojos para distinguir a su alrededor.

¿Dónde estaba?

Cuando un hilo de cordura comenzaba a orientarle se vio de nuevo empujado hacia abajo, haciéndole chocar contra una superficie firme pero suave

¿Una cama?

Enfocó de nuevo la vista reconociendo en medio de su ebrio y vago desconcierto aquellas hebras de cabello blanco enmarcando esas delgadas facciones

¿Jack Frost?

Bueno, Jack Frost volvía a besarle, lo hacía muy bien tenía que admitir, tanto que apenas percibió cuando algo comenzó a frotarse insistentemente en su parte inferior. De igual forma se percató con tardanza de que su cuerpo comenzaba a reaccionar al estímulo. Dentro de sus pantalones algo se sentía muy apretado.

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- Hazlo, quiero que entres - señaló abriendo las piernas, sujetando su escroto para insinuar el hecho en cuestión, llevándose el brazo libre a la cara para fallidamente cubrir su avergonzada expresión.

El descendiente de vikingos tragó fuerte frente a la erótica imagen delante de él. Colocándose entre sus piernas posicionó la punta de su nuevamente duro falo en la ya dilatada entrada del menor. Inclinándose hacia adelante se afirmó en la cama para dar una vacilante primera estocada. El semblante del menor se contrajo en una mueca de dolor que no pudo disimilar.

- Sigue - pidió, apretando lo dientes, respirando profundamente.

Dudó pero hizo lo que pedía. Un jadeo angustioso no se hizo esperar, el cual se vio acompañado por las lágrimas que rodaron por sus mejillas. Inmediatamente notó como su interior se estrechaba a su alrededor.

- Duele, demonios, duele - apartándose el brazo del rostro mostrando una expresión de molestia consigo mismo.

- ¿Estás bien? - por muy placentera que fuera la sensación, estaba preocupado, sólo él parecía disfrutar de la situación.

- No, no lo estoy. - exhaló posando la mirada en él brevemente - Sabía que la primera vez sería dolorosa pero esto es demasiado - bufó en clara señal de rendición.

- ¿Primera? Pero tu tienes... - aclarándose la garganta para en vano intentar ocultar su bochorno - lubricante y esas cosas.

- Las compre pensando en ti, idiota.

Soltó, por lo visto, arrepintiéndose al instante. Maldijo muy bajo dando una ojeada a la habitación dónde se encontraban, evitando el contacto visual a toda costa.

Momentáneamente, el conjunto de expresiones que ese chico en un par de horas le había mostrado le parecieron sumamente adorables ¿Ese era Jackson Overland Frost? ¿Desde cuando había estado interesado en él de esa forma? Podría responder a todas las interrogantes después, ahora, una necesidad se apoderaba lentamente de sus acciones.

Tomándole de la barbilla sin atender a su sorpresa, le besó suavemente, sin prisa, disfrutando de estar encima, aún sensiblemente unido a él. Por primera vez en la noche tomaba la iniciativa de besarle, la noción de dominio le estaba agradando cada vez más. Le haló con los dientes el exquisito labio inferior pudiendo ver cómo esos iris de un escudriñador tono índigo se clavaban expectantes en los suyos. Uniendo nuevamente sus bocas, introdujo su lengua para profundizar, aquella deliciosa cueva húmeda le daba la bienvenida, abriéndose lentamente a su indiscreta intromisión.

No pasó mucho tiempo antes de que el frenesí aumentara entre ellos y las manos del castaño recorrieran frenéticamente toda la nevada piel que se le ofrecía. El cuello, el pecho, el abdomen, los muslos, regresando a los testículos, deteniéndose al llegar a su erección. Descubriendo con ansias cuán placentero era tocarle.

El apasionado beso que había continuado a pesar de las cortas interrupciones, fue completamente detenido ante la dificultad para respirar que la falta de oxígeno provocaba en el menor, quien con insistencia estaba siendo masturbado.

Desencadenar esas sensaciones en el otro lo había desarmado. Quería ver más, oír más, desesperarle completamente.

Aún cuando había intentado dominarse, no razonó cuando la excitación se apoderó de sus sentidos, le embistió. Y como si sus pensamientos hubieran sido escuchados obtuvo una concesión inmediata.

- Continúa. - gimió a su oído con voz ronca - Maldición, esto se siente muy bien.

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La percepción que el recuerdo de su voz causó terminó por arrancarlo de sus sueños como un balde de agua fría arrojado directamente a su cara.

Antes de poder asimilar lo ocurrido se miró la entrepierna, sabiendo de antemano lo que allí encontraría, una notable rigidez elevaba la tela de su pantalón de algodón.

Corrió al baño antes de seguir manchando la tela que le cubría, bajando el elástico reveló su palpitante miembro. No, eso no era una típica erección matutina.

Mientras las lascivas imágenes de aquellos fragmentos permanecían recurrentes en su cabeza, se hizo cargo de ello.

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Seguía en el cuarto de baño, debía confirmar esos sueños. Parándose al frente del gran espejo dorado del fondo, humilde accesorio más en ese penthouse rentado, se quitó la camisa rápidamente. No tuvo que buscar demasiado, un cardenal se formaba en el lado derecho de su cuello y otro más pequeño se alojaba en su hombro izquierdo. ¿Cómo no se había percatado de esas marcas el día anterior? Suponía que debido a que sólo ahora sabía el lugar exacto dónde él había hincado sus dientes. Al parecer, tal como aquel personaje mitológico, al escandinavo le gustaba repartir mordidas.

Dejando la camisa en el suelo tras quitarse los pantaloncillos, se metió en la ducha bajo una lluvia de agua cálida. Bien, era el momento de ordenar sus pensamientos o por lo menos intentarlo.

Sabía que se había acostado con el tipo pero la realidad lo golpeó de forma demoledora volviendo a estremecer su bajo abdomen ¿Quién podría olvidar algo así? Sólo él, al parecer. La gente olvida cosas como los cumpleaños de sus amigos, el lugar dónde dejaron las llaves o una agenda, el número telefónico de la compañía de seguros. No, la gente no olvidaba intensas experiencias como aquella.

"Por cierto, agradece que yo haya sido tu primera vez, eres condenadamente malo, tener sexo con mi mano es mucho más placentero. Vete, tu cara de arrepentimiento me está empezando a dar náuseas"

Si bien esas habían sido sus palabras, tan pronto como acudieron a su memoria, fueron reemplazadas en su mente con el esbozo de esa sonrisa tímida después de haber dicho.

"Vamos, duerme un poco más"

¿Y cual había sido su inteligente respuesta?

"Lo siento Frost, no recuerdo lo que sucedió, debo irme"

Cerró el grifo, apoyando la mano en la pared viendo como la espuma bajaba por el desagüe. Había actuado como un completo cretino. Eso no era sexo casual, él quería que se quedara.

- Demonios.

Tomó la toalla para secarse con rapidez al tiempo que se dirigía al pequeño vestidor, sacando ropa interior, descolgando unos jeans de color negro junto a una camisa verde olivo. Colocándose los tenis en un par de movimientos apresurados tropezaba torpemente con los muebles a su paso, cogiendo las llaves del coche, el móvil y su billetera. Debía aclarar la cosas inmediatamente.

Al salir del estacionamiento era ya mediodía, siendo sábado debería haber poco tráfico pero las calles estaban a reventar. El auto era un regalo de sus padres, pocas veces solía usarlo pero en es momento sentía una imperiosa inquietud de ir a la casa del menor lo más pronto posible. Después de todo, por lo que recordaba, el peliblanco vivía apenas a dos estaciones de tren.

Cuando finalmente enfiló la avenida principal se encontró con la desagradable sorpresa de estar atestada de gente. Resopló con molestia, aparcando al lado de los demás automóviles, no tenía más remedio que continuar su recorrido a pie. Habían escogido el peor día para decidir armar una feria gastronómica navideña en mitad de la vía.

Pasando la primera cuadra, a duras penas por la marea de gente, le vio. Reconocería esa sudadera azul y esa risa estridente a kilómetros de distancia. Al intentar acercarse al llamativo stand de concursos dónde estaba, sus miradas se encontraron. Su semblante pálido se tornó agrio en el mismo instante. La multitud obviamente no estaba de su parte porque bastó un abrir y cerrar de ojos para engullir a ese universitario de blanca cabellera sin dejar rastro.

La hora siguiente estuvo dando vueltas entre la festiva verbena intentando dar con su paradero, resultando su búsqueda en un total fracaso. Resignado y exhausto se recostó en un pequeño banco peatonal. No se daría por vencido tan fácilmente, aún le quedaba la primera opción. Estirando los brazos y sacudiendo la piernas se dispuso a caminar el resto de la avenida hasta la casa del sujeto que esfumándose en un santiamén tenía sobradas razones para evitarlo.

Debido al calor o la gran cantidad de personas el camino se le hizo extremadamente agotador por lo que respiró aliviado cuando hubo llegado a su destino. Una vivienda de diseño vanguardista, estrecha, alargada, frente ladrillado, grandes blancos ventanales y entrada doble al estilo del siglo XVII, toda una pequeña mansión digna de un coleccionista holandés. Tan sólo había estado allí el día anterior pero el sitio le ponía extrañamente nervioso aumentando esa ansiedad que en sobremanera le incomodaba. De pie frente al ornamentado acceso principal, contando con la posibilidad de encontrarse con un familiar, no teniendo una explicación razonable para justificar el estar allí, tocó el timbre antes de retroceder arrepentido.

Nada.

Llamó nuevamente, la respuesta fue la misma, un absoluto silencio. Suspiró, al parecer no había nadie en casa.

Devolviéndose sobre sus pasos entró a una pintoresca pequeña cafetería pidiendo un mokaccino helado para llevar. Mientras pagaba, unos dulces fríos llamaron su atención desde el mostrador ¿A Jack le gustarían lo dulces? No perdía nada con comprar algunos. Llevando un tiramisú de café humedecido en ron, una gelatina bavarois con frambuesas y un budín de Sticky Toffee inglés en crema de vainilla, se dirigió por segunda vez al sitio de su interés.

Al ver que aún nadie atendía se sentó en los escalones de la entrada dando pequeños sorbos a su congelada bebida, preparándose para esperar cuánto tiempo fuera necesario.

Allí estaba él persiguiendo a un tipo con el que se había acostado, aparentemente en una noche de ebriedad y desenfreno.

"Señor ahora me van los chicos"

No, en absoluto, ahora no le gustaban los hombres, sólo sentía excesiva curiosidad por uno en particular. Además, él sólo estaba allí para disculparse ¿O no? Aunque, al evocar su cuerpo, sus labios, su piel, sus expresiones...

- ¿Qué mierda estás haciendo aquí?

Y, a pesar de que la persona frente a él le miraba con desprecio, no pudo evitar sentir sus mejillas arder ante el lascivo recuerdo.

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Notas finales:

Me disculpo por la demora he estado viajando demasiado. Yo seguiré escribiendo esta morbosidad para mí y para ustedes.

Agradecimientos:

Gracias, en serio, muchísimas gracias por sus bellos, preciosos, hermosos, adorables reviews, como no había recibido la notificación pensé que realmente la había cagado con la trama repetida o mi tendencia a exagerar.

Coxizzi: GRACIAS por ser mi primer review, no sabes cuán feliz me hizo, casi lloro. No sé escribir yuri, quizás es porque nunca lo he intentado, igual lo pensaré. Gracias a ti me enteré de que existe el Hansoff, lastima que no encontré ni uno en fanfiction. Yo también he pensado en una escena de celos, a ver si la coloco o no.

Mora: GRACIAS, espero que continúes leyendo. Yo también lo imagino como un pasivo dominante, tengo debilidad por los semes idiotas sin experiencia(?).

Bakaa: GRACIAS. Cuando dices "Si fuera diferente no tendría mucho sentido con la historia" me hace reír de nerviosismo ¿Se supone que tendría que tenerlo? Yo pensaba que la trama era una excusa para el sexo desenfrenado que a mi parecer aún no han tenido.

Naruko: GRACIAS. Pensé en incluir un capítulo desde el punto de vista de Jack, pero me gusta la idea de que Hipo lo vaya conociendo poco a poco. A ver que sale de mi mente.

GatoChocapic: GRACIAS. Esta trama da para mucho por eso como que no la supero todavía. Espero que este capítulo también te haya gustado (Adoro pasivizar(?) tipos).

¿Nos vemos en el próximo?