Disclaimer: La prueba de lo mucho que me ha enriquecido este morboso pasatiempo está en el estatus de mi cuenta bancaria.

Advertencia: SLASH/HIJACK/AU.

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- ¿Acaso no me escuchaste? Apártate de mi camino.

Con el capuz cubriéndole la cabeza impidiendo ver sus expresiones, metiendo las manos en el bolsillo del suéter, no parecía dispuesto a conversar en absoluto.

- Yo... - era ahora o nunca - vine a disculparme por lo de ayer, yo...

- Disculpado ¿Algo más? - miró a un costado con gesto hastiado e impaciente.

No, en absoluto había sido disculpado ¿A dónde se había ido ese chico soñoliento que tiernamente disgustado se aferraba a su cintura cuando no deseaba levantarse? Suspiró, se había encargado perfectamente de él. Evidentemente no iba a ser tan fácil como había creído, después de todo su comportamiento era en gran medida justificable. Sólo debía lograr entenderle, esforzándose lo mejor que podía. Aún si tenía que impedirle el paso a su propia casa.

- ¡Ah sí! - tendiéndole el set de pequeñas cajas carmesí decoradas con ostentosos lazos negros - No sabia si te gustaban los dulces así que, bueno, compré algunos...

Mientras se explicaba atendía a cada uno de los movimientos del chico por lo que observó cómo tras tomar de sus manos las unidas cajitas veía a ambos lados del paso peatonal en busca de algo, dirigiéndose allí cuando al parecer lo hubo divisado. Su objetivo era, un bote de basura. Tras arrojar los postres como un desperdicio cualquiera se devolvió inexpresivamente. Justo entonces la palabras huyeron de su vocabulario.

Mas su benevolente naturaleza intentó encontrar un motivo a sus acciones.

- Al parecer no te gustan - alzó las cejas, forzando una sonrisa cuando le tuvo lo suficientemente cerca.

- Sí me gustan - devolviéndole a su vez una irónica sonrisa pese a que su rostro mantenía una mueca de fastidio.

Claramente la había jodido en niveles astronómicos. Al intentar decir algo inteligente, algo que en momentos como esos no se le daba muy bien, fue empujado contra la barandilla de la entrada haciéndole dar un traspié que casi le hace caer. El más bajo pasó por su lado sin miramientos aprovechando el reciente espacio para entrar a su casa, cerrando la puerta tras de sí.

- ¡Frost! - alcanzó a gritar al tiempo que recuperando el equilibrio, le seguía.

No fue lo suficientemente rápido, ya la puerta se había cerrado. Sabía que no existía la menor intención por parte del menor por dejarle entrar, por lo menos, no en unos cuantos siglos. Como esperaba, todos sus llamados fueron ignorados.

Alzó la vista al cielo, resoplando. Ya había estado esperando un buen rato, si ahora decidía quedarse un poco más no haría ninguna diferencia, no tenía nada más importante qué hacer. Se sentó en la alfombrilla rústica de la entrada con la espalda apoyada en la puerta.

- Entiendo Jackson, me quedaré esperando eternamente aquí, de verdad quiero hablar contigo - habló en voz baja, más para sí mismo que para ser escuchado.

La gente que regresaba de festejar al pasar le dirigían una mirada de extrañeza de soslayo. Él a su vez al ver a todas esas familias de padres orgullosos con chiquillos revoloteando a su alrededor sólo podía anhelar los viejos tiempos. Realmente extrañaba aquello que consideraba su hogar.

A pesar de la nostalgia que le invadía, en ese momento sólo tenía cabeza para un rebelde dos años menor. No podía juzgar su comportamiento y era demasiado tarde para meditar en sus propios actos ¿Por qué estaba allí en primer lugar? ¿Por qué era tan importante para él hacer lo que estaba haciendo? ¿Perseguirle? Cualquiera habría hecho lo mismo ¿Cierto?

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- ¿Haddock? ¿Por qué demonios sigues aquí?

Distinguió a través de la somnolencia un conocido rostro pálido cerca del suyo, muy cerca, demasiado cerca. Sobresaltado, alzó la cabeza con brusquedad sin pensar, chocando estrepitosamente con la nariz del otro.

- ¡Lo siento! ¡ARGH! ¡De verdad lo siento!

Menudo acto de torpeza. Se abalanzó sobre él para examinar su estado beneficiándose del hecho de que ambos habían quedado sentados frente a la entrada tras el impacto. El primero palpándose la cabeza y el segundo llevándose ambas manos a la nariz con expresión dolorida. Descubriéndole el rostro, le tomó de la barbilla, inspeccionándole cuidadosamente en busca de sangre. No le había partido el tabique, por suerte. Pero no podía decir que el hecho de lastimarle estuviera mucho mejor, haciéndole estar casi al borde de las lágrimas.

- ¡Duele, mierda, cómo duele!

Hipo tragó. Su cara debía ser un poema porque inmediatamente el escandinavo abrió desmesuradamente los ojos como si hubiera confesado la cosa más espantosa del universo, ruborizándose hasta las orejas.

Un aura de vergonzosa incomodidad se ciñó sobre ellos, más ninguno de lo dos se atrevía a dispersarla.

Ese momento específico de la rememorada noche atizó al mayor fuertemente, aun así, gracias a eso recordó el verdadero motivo de haber esperado. Fijándose en su alrededor notó que la tarde había caído, coloreando el cielo en tonalidades naranja y turquesa. ¿Cuánto tiempo había dormido? La voz a su lado le sacó de su efímera preocupación.

- Pretendo fingir que nada sucedió pero no me estás ayudando Haddock - comentó en tono bajo desviando la vista a un lado, se había recostado en la pared contraria a una ridícula precavida distancia.

- No quiero que finjas - frunció el ceño decidido, era la verdad después de todo.

Recibió una escrutadora mirada que se fue tornando triste lentamente. Cuando el chico al parecer se hizo consciente de sí, tomó la capucha con ambas manos halándola hacia adelante como si intentara desaparecer dentro de la oscura tela. Doblando las rodillas hundió la cara entre ellas, apretando aún los puños, tanto que sus nudillos lograban resaltar en su clara piel.

El castaño reaccionó. La puerta debía seguir abierta. Sujetó al otro por el brazo, dándole un fuerte jalón hasta que ambos terminaron dentro de la casa, con la puerta cerrada tras ellos.

- ¿Qué estás...? - el resto de la pregunta quedó en el vacío del silencio.

¿Qué era ese sentimiento? En el momento que observó su solitaria expresión sintió una tormentosa obligación por abrazarle, protegerle, reclamarle posesivamente para él y eso había hecho. Ahora sentía como su corazón latía desbocado. Él únicamente le estaba estrechando entre sus brazos ¿Por qué se había detenido el tiempo sólo para ambos?

Tras un largo momento en el cual ninguno habló, decidió separarse, percibiendo cómo la mejillas de Jack Frost mostraban un ligero enrojecimiento. Aún así, seguía en un manifiesto estado de shock.

Su rostro. El rostro de Jackson Overland Frost ¿Por qué nunca se había fijado en lo atractivo que era? Con esas oscuras cejas enmarcando sus vivaces ojos azules. Esas largas y perfectas pestañas. Su pequeña nariz sonrosada. Sus delgados labios de tonalidad rosácea. Ese alborotado cabello blanco asomándose por debajo del gorro.

Le descubrió el semblante al tomarle el rostro entre sus manos. Aquellos enrojecidos ojos aún le observaban con desconfianza ¿Enrojecidos? Se le oprimió el pecho y apretó lo labios con impotencia. Deslizó ambos pulgares por la zona, a lo que el escandinavo reaccionó repentinamente intentando apartarle con violencia.

Más sus impulsos le dominaron una vez más. Cuando la conciencia de sus acciones volvió ahí estaba él, besándole, sintiéndose agradecido con el universo por ser alguien que habitualmente se dejaba gobernar por su impetuosa personalidad. Por Odín santísimo, Thor y toda su descendencia, aquellos labios eran mucho más suaves de lo que recordaba, acomodándose delicadamente a los suyos. Sin embargo, cuando se disponía a saborearlos en su totalidad, fue apartado.

- ¿Quién te dijo que podías besarme?

Tenía dos opciones, la primera, hacer caso a sus palabras alegando demencia ante su conducta, la segunda, hacer caso a ese rubor que se extendía fugazmente por toda su cara ¿Perdería algo si se arriesgaba? En absoluto.

Un segundo después le estaba arrinconando contra la pared más cercana, teniendo un brazo por encima de su cabeza y el otro rodeándole la cintura para acercarle, devorándole los labios con premura. Había escogido la opción correcta ¿Qué era ese deseo? Había salido con algunas chicas pero nunca consideró siquiera hacer esas cosas con un chico. No sabía que abrazar a un tipo flacucho llegaría a sentirse tan bien. Tan placenteramente bien. Redescubriendo el delicioso sabor de besarle, la cálida sensación de su cercanía o la egoísta demanda de su entrega, finalmente el menor le rodeó el cuello con los brazos.

Destrozado la atmósfera que tanto le había costado construir, el teléfono en su bolsillo delantero comenzó a vibrar insistentemente. Decidió ignorarlo, mucho más si al parecer no era el único que lo quería así. El dulce beso que le ofrecían no se detuvo, siendo correspondido de forma simultánea.

Muy a su pesar, el móvil no paró de reclamar atención. Tenía que atender, tarea que le resultó sumamente difícil al observar aquellos preciosos ojos deteniéndose en los suyos. A regañadientes, con la intención de separarse mordió su labio inferior, halándolo con suavidad. Sorprendentemente una sonrisa tímida iluminó ese encantador rostro. Zeus, Odín, Buda, Jesús, Krishna, Ra, Björk ¿Qué estaba ocurriéndole? Jack Frost era tan endemoniadamente lindo.

Aún dosificando cortos besos en su boca, se sacó el celular del pantalón, viendo con asombro el nombre de la persona que llamaba. Mierda. Manteniendo al ojiazul pegado a su cintura como si temiera que escapara, contestó.

- ¿Hola? ¿Mamá? - carraspeó cuando su voz sonó demasiado aguda para su gusto.

- Hola, Hipo, hijo estoy frente a tu departamento pero por lo que veo no estas aquí.

- ¡¿Estás en el país?! ¿Por qué no me avisaste? - aparentemente era el último en enterarse de muchas cosas.

- Tu padre y yo vinimos por asuntos urgentes de la embajada, vamos a quedarnos unos días por lo que trajimos a tus hermanos y...

Justo en es instante de la conversación, Jack, que hasta ese momento le había estado viendo con curiosidad, hundió la cabeza en su pecho, rodeándole la cintura con ambos brazos. Tanta ternura acabaría causándole un coma diabético ¿Ése era el mismo chico que en su segundo día de carrera había tirado un balde de pintura negra sobre el decano o, el que sin miramientos había arrojado aquellos dulces a la basura? Al parecer sí.

- Hipo ¿Me estás escuchando?

- ¿Ah? Sí, sí, por supuesto, algo sobre la enfermedad de las vacas locas ¿Cierto?

- No - se escuchó un suspiro - ¿Dónde estás?

- Ehm, yo, en casa de un... ¿amigo?

- ¿Qué tan lejos? ¿En qué zona?

- Mm... al final de la Avenida Principal Norte, cerca de los canales ¿Por qué?

- Voy para allá, espérame en la calle, te llevaré a los pequeños. Te llevaste el auto ¿Cierto?

- Claro mamá - exhaló - ¿Qué? ¿A los pequeños? - reaccionando al fin - ¿A los trillizos?

- Hijo, estás más distraído de lo normal. - rió en la línea con tono maternal - Sí, te decía que tu papá y yo estaremos ocupados en el congreso este fin de semana, probablemente sólo hoy y mañana. Luego tendremos algunos días libres antes de regresar por lo que trajimos a tus hermanos, aprovechando que estás de vacaciones queríamos compartir contigo, hace mucho que no te veíamos.

La última vez que vio a su familia sería casi alrededor de un año. Por fin podrían estar juntos otra vez aunque sólo fuera por un corto tiempo. No obstante, todavía había algo que no entendía ¿Llevarle a los pequeños? Claro, ahí comprendió, si iban a estar ocupados necesitaban a alguien de confianza que cuidara de ellos. Quién más que su hermano mayor que conocía perfectamente lo traviesos y revoltosos que eran.

- Bueno, - finalizó su progenitora a falta de respuesta antes de colgar - nos vemos allá.

Respiró profundamente, volviendo su interés a la persona que le regresaba la mirada atentamente aún rodeándole el torso como si hubiera descubierto que no quería soltarle.

- Mi madre - explicó, claramente el otro ya lo sabría.

- ¿Trillizos? - alzó las cejas con reciente curiosidad.

- Sí, mis hermanos, se quedarán conmigo durante el resto del fin de semana - aclaró.

- No sabía que tuvieras hermanos.

- No muchos lo saben, mi familia se encargó de ellos cuando sus padres fallecieron en un arranque desesperado por encontrar a su desaparecida hija - bajó la vista porque era cruel, había obtenido a los mejores hermanos del mundo a causa de un hecho que los marcaba de por vida, adoraba a esos niños, ellos no merecían eso.

- Ya veo.

Un atisbo de tristeza cruzó fugazmente la expresión del menor pero decidió no indagar, parecía un recuerdo desolador. Sólo le abrazó por segunda vez. A lo lejos pudo escuchar un par de cornetazos que se superponían entre sí. Al parecer había traído al combo protocolar completo.

- Ya vienen - frunció el ceño llevándose el pulgar y el índice a la frente.

- ¿Hasta acá? Pero... - vio a su alrededor dudosamente.

- No - adivinando sus pensamientos - ella está ocupada con alguna cuestión parlamentaria, sólo iré a recibir a mis hermanos para llevarlos a casa.

Dicho esto el peliblanco no se inmutó pero quitó los brazos de su torso para abrir la puerta tras de sí ¿Realmente él creía que simplemente se iría? Pues, si así lo esperaba, estaba muy equivocado. Le tomó del rostro dándole un breve beso antes de que pudiera reaccionar. No se atrevía a decir "nunca" aún, pero mientras nada se lo impidiera, no cabía la posibilidad de dejar de querer besarle.

- Ven, quiero que conozcas a mi madre.

Y como si no se cansara de hacer lo que prefería sin preguntar o siquiera considerar la opinión del escandinavo, le tomo por la muñeca, atrayéndole consigo a la caravana que se detenía algunos metros a la derecha del paso peatonal, compuesta por dos camionetas negras que flanqueaban una alargada e inmensa limusina del mismo color con un escudo identificando cada una de sus puertas. Valka Hooligan pertenecía al parlamento islandés sin lugar a dudas.

- ¡¿Qué?! No, oye, yo no...

Claramente sus quejas iban a ser rotundamente ignoradas, el islandés lo arrastró a su lado sin dejar de sostenerle. A unos diez metros del tropel gubernamental, la puerta trasera del lujoso auto se abrió dejando salir a tres pequeñitos e idénticos niños con grandes rizos rojizos adornando sus cabecillas, los cuales se lanzaron corriendo a su encuentro vestidos con pantaloncitos color beige y camisitas aceitunadas. Cuánto habían crecido, la última vez que los vio iban en pijama la mayoría del tiempo. Se arrojaron a sus piernas chocando contra él, haciéndole dar un traspié que por poco le hace caer. Agachándose para estar a su altura los estrujó a los tres en un gran abrazo.

- ¿Cómo han estado pequeños revoltosos? - halando las mejillas y revolviendo los esponjosos cabellos a cada uno.

Por respuesta los tres le mostraron una gran sonrisa exhibiendo sus irregulares dientecitos de leche.

- Yo también pero los he extrañado un montón ¿Qué tal la escuela?

Se hicieron los desentendidos, uno mirando al cielo, otro al suelo y otro silbando mientras hacía pequeños círculos con el pie.

Exhaló, ya habría tiempo para aclarar eso. Por el momento algo detrás de sí había captado la curiosidad de los chicos. Claro, lo había olvidado.

- Harris, Hubert y Hamish, él es Jack. - poniéndose en pie, viendo cómo el peliblanco, que había permanecido alejado, se acercaba - Y Jack, él es Harris, él Hubert y él Hamish. Sé que al principio son difíciles de diferenciar pero...

- Lo capto - le interrumpió inclinándose hacia los trillizos - tú eres Harris, tú Hubert y tú Hamish. Muy bien, Hamish se esconderá para que Harris, Hubert y yo lo busquemos.

Los niños se le quedaron viendo fijamente por lo que ante su inmovilidad el mayor de los cuatro continuó dirigiéndose al que identificó como Hamish.

- Vamos ¿Qué esperas? - mostrándole un divertido gesto "terrorífico" - sólo tienes cinco segundos y no pueden salir de la acera.

El niño reveló una enorme sonrisa astuta para luego salir corriendo y saltando mientras los demás, fingiendo no haber visto a dónde había ido, comenzaban a contar.

¿Cómo lo hacía? En primer lugar, ellos no solían confiar en la gente al primer momento; en segundo lugar, los había identificado con sólo saber cuál era cual, la mayoría de la personas asentían al escuchar sus nombres cuando en realidad ni siquiera habían prestado atención.

Tras escuchar como la puerta de un auto se cerraba, se giró para finalmente encontrarse con su madre, una mujer joven de origen letón, alta, delgada, de largo cabello castaño rojizo como el otoño, vestida con un traje color negro a la medida, que se acercaba a él con una cariñosa mirada. Al alcanzarle en vez de usar palabras sólo le estrechó entre sus brazos, a lo que él correspondió de la misma manera.

- Cuánto te extrañamos. - separándose de él para peinarle con la manos - Icluso tu estricto padre no puede ocultar que le haces falta en casa - refunfuñó, esbozando una delicada sonrisa.

- Lo sé mamá. - ofreciéndole otro duradero abrazo - Yo también los extraño.

No era mentira, si bien sus padres eran diplomáticos siempre habían encontrado la forma de mantener la familia unida, sobretodo cuando hace cuatro años llegaron tres pequeñines más al hogar revolucionando sus vidas. Despertar con la cara rayada de marcador indeleble, desayunar mientras los tripletes corrían por el comedor, la cocina y toda la casa, acompañar a los más chicos a la guardería cada día, papá riendo a la hora de cenar porque los traviesos niños habían pegado los vegetales al techo, mamá fingiendo enojo para enviar a todo el mundo a dormir quedándose a trabajar hasta altas horas de la noche en su despacho. Todo era parte de una rutina que realmente añoraba con frecuencia.

No era el momento de ponerse nostálgico, aún si fuera por poco tiempo, pronto podrían reunirse, disfrutaría así de la compañía de sus peculiares parientes. Volvió la mirada a sus espaldas viendo como Harris y Hamish corrían de un lado a otro, huyendo de un Jack que persiguiéndoles, llevaba a Hubert sobre los hombros. Divirtiéndose ante la escena recordó aquel comentario sobre la fundación. De que hacía cosas como esa, no tenía ni idea porque mínimamente sabía de él. Quizás luego, podría preguntarle más al respecto.

- ¡Frost! - le llamó, después de todo, aunque veía lo bien que le caía a los chicos, no le había traído para hacer de niñera.

El aludido giró y atrayendo a los infantes con él se acercó rápidamente, respirando pesadamente debido a la inesperada actividad física.

- Ella es mi madre, Valka Hooligan. - haciendo un gesto con la mano que la señalaba para luego apartarse un poco - Madre, él es Jackson Overland Frost, o simplemente Jack Frost.

Cuando ambos se saludaron, su madre se les quedó viendo a ambos en silencio, la sabia mujer había advertido algo en ellos. Aprovechando aparentemente que el escandinavo era arrastrado al improvisado patio de juegos, la decidida matrona se inclinó hacia su hijo para preguntarle en tono bajo con total seriedad.

- ¿Él es importante para ti?

Admiraba ese sexto sentido que hacía que al final de cuentas, ella pudiera leer entre líneas sin haber dicho una sola palabra. Además al verle directamente a sus juiciosos ojos esmeralda comprendió que ella no le estaba preguntado "¿Te gustan los chicos?", "¿Están saliendo?", "¿Desde cuándo se conocen?" ni mucho menos recriminándole. Valhallarama sólo estaba preguntado eso "¿Es importante para ti?".

- Sí madre. - volvió a fijar la mirada en aquel que recientemente acaparaba toda su atención - Él es realmente importante para mí.

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Notas finales:

Tardaré un poco en subir el próximo capítulo, aunque la trama esté lista en mi cabeza puede que incluya situaciones cotidianas.

¡Encontré Hansoff! Así que si logro asimilar sus personalidades podría hacer mención de ellos ¿Qué opinan? ¿Continúo con el Kristanna o no?

Agradecimientos:

Nuevamente gracias por sus preciosos reviews, no solía responderlos (básicamente porque considero que mis divagantes opiniones son irrelevantes), pero es mi forma de demostrar que realmente aprecio sus comentarios.

Naruko: Gracias. Me alegra que te haya gustado, espero que este también. Definitivamente había que hacer sufrir un poco a Hipo (aunque personalmente creo que no ha sufrido lo suficiente).

anuraback: Gracias. OMG- me encantó eso de "Jack fucking Frost" definitivamente lo agregaré a mi vocabulario. Algo que me encanta de Hipo es eso, siempre hace lo que menos piensas, por eso es tan divertido escribir sobre él.

GatoChocapic: Gracias, de nuevo. Pienso que hasta a mi me encantaría obviar todo el drama y pasar directamente a la acción o fluffy fluffy everywhere, pero intentaré dar sentido a esta historia, lo intentaré(?).

Constance-Sophia: ¡Gracias! Bueno, ya sabes a donde fueron a parar aquellos dulces. Me divertí interrumpiéndolos cuando quizás pudo haber ocurrido algo más - inserte aquí intento de risa malévola-.

Su apoyo es inmensamente valioso para mí, nos leemos.