2. Don't wanna be an american idiot- Green Day
En la primera vez que Rose Kirkland interactuó con Alfred Jones, fue en una cena de a tres en un restaurante de carnes en que el chico, por un acto de disculpa, le había dicho que pidiera lo que quisiese. La estudiante británica ordenó un pato estofado y un guiso de cebollas. Aparentemente una elección nefasta, pero la chica demostró que podía empeorar la situación pidiendo una enorme jarra de cerveza negra y por supuesto eruptando sonoramente cuando era necesario.
Le tocó contar nuevamente quien era, de dónde, qué estudiaba y qué hacía en Estados Unidos, pero también le tocó escuchar otra presentación. Era Alfred Jones, mellizo de Mad, él se había quedado con su papá en Estados Unidos y cada uno tenía un apellido distinto, de la madre o del padre. Estudiaba Ingeniería y ciencias aplicadas y su personalidad habladora e infantil era totalmente contraria al silencio calmado de Mad.
-Entonces si recién llegaste, significa que no tienes novio - comentó él mientras terminaba su filete.
La británica levantó una ceja perpleja, Mad miró de reojo para vigilar que no intentasen matarse; de nuevo. Rose contestó a quemaropa.
-No tengo novio ni ningún interés en tenerlo
-Pero vamos, esto es América, ¿cómo no vas querer un romance americano?- insistió Jones en un tono infantil de quien busca provocar un pleito.
-Oh, no precisamente por eso
-¿Qué pasa? ¿no te gustan los chicos?
-No me gusta la estupidez
-¿Y si encontraras a alguien inteligente?
-¿En Estados Unidos?, lo dudo enormemente
-Podrías conocer a alguien no americano, un canadiense, un francés- el crío seguía insistiendo y Rose solo quería comprobar si los cubiertos podrían ser un arma para degollarlo.
-Oh no, franceses no...- ladró Rose y Mad le miró interesada por lo que la británica aclaró- mi ex, recuerda, el francés de la posición misionera...un polvo flojo- la canadiense soltó una risita y su hermano casi se atraganta con la comida, lucía rojo, ya sea porque se ahogó unos segundos o porque el tema lo hizo avergonzarse.
-No deberías hablar de esos temas en la mesa - comentó por fin el muchacho cuando recuperó su aliento.
-Creo que cuando salgo con mi única amiga en el país y su estúpido hermano que me debe una disculpa, me he ganado el derecho de decir la estupidez que se me dé la puta gana.
El hermano de su amiga no había querido contestarle nada, de hecho, se mantuvo en silencio por el resto de la velada y luego de media hora estaba pagando por la comida y despidiéndose. A Mad, por suerte, le había causado mucha gracia que alguien por fin dejara callado a su hermano. Rose por su parte, realmente esperaba, por su paz, no tener nunca más que lidiar con ese yankee.
Pero sus deseos no siempre se cumplían. Porque a veces se encontraban en la biblioteca, donde ella consultaba los libros que no se podían llevar a la habitación; él se sentaba lejos con un varios libros y escribía en el cuaderno, probablemente haciendo ejercicios. A veces muchos se sentaban alrededor de él y nadie estudiaba porque hablaban demasiado, reían y entonces venían a reprenderlos por el ruido o a veces nadie venía y Rose debía levantarse e irse a otro lado.
Una tarde debió pasar al lado de ellos y uno de los simios gritó: "Oye linda, ¿por qué tan enojada?" a lo que ella había respondido con un simple "Chúpame la pija".
Otra vez, en que quiso aprovechar el tibio aire primaveral, salió a leer al pasto donde podía tomar té de su termo, fumar y escuchar música de sus audífonos. Comenzó a notar que la gente a su alrededor se removía y cuando subió la vista desde su libro, vio al equipo de Lacrosse trotando unos metros más allá y entre ellos, el hermano de Mad que lucía más simio que nunca con su uniforme del equipo agitando ese palo con todos los demás tras él.
Entonces la inglesa ya tenía una imagen formada de Alfred Jones. Era el hermano de Mad, se comportaba como un crío de cinco años; tenía demasiados amigos y todos eran como una manada de perritos que necesitaban que alguien es tirara una pelota y les dijera lo que debían hacer "Patéticos".
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La vez que salieron a comer la compañera de cuarto de su hermana fue terriblemente grosera y Alfred se sintió muy ofendido. No estaba acostumbrado a no ser tratado con adoración. Normalmente las compañeras de piso de su hermana terminaban arrojándose a sus brazos en el momento que lo conocían. Era así con casi todas las chicas de la facultad, excluyendo a las emparejadas y lesbianas. ¿Qué diablos estaba mal con esta chica?
Era británica, de pronto los ingleses tenían un gusto especial en el cual él no encajaba; aunque más bien sospechaba que era un asunto personal de ella. No era que le quitara el sueño, él hacía demasiadas actividades entre el estudio, el equipo de Lacrosse y el entrenamiento en el voluntariado como para preocuparse por no caerle bien a una chica histérica.
A veces la veía en la biblioteca, rodeada de montañas de libros de la sección de lectura en sala. Tomaba apuntes como loca, a mano, en un cuaderno siempre con los audífonos puestos. Siempre vestida de negro o con ropa rota, o a veces pantalones de tela escocesa color rojo. Siempre las mismas botas militares y todo eso más sus piercings y cara de odio intimidaban porque nadie se sentaba cerca de ella. Ni siquiera él se atrevía a saludarla aunque ya los hubiesen presentado.
Varios días se encontraron en la sala de estudios de la biblioteca, se sentaron lejos sin mirarse, cada uno concentrado en lo suyo. Sus amigos a veces se acercaban a él a hacerle preguntas acerca de cálculo o álgebra y terminaba trazando ecuaciones en un enorme block para que toda la mesa lo viera y escuchara su tutoría improvisada. A veces los hacían callar o los echaban del lugar y entonces y podía ver a la británica sonriendo con malicia desde la otra mesa, pero a veces nadie venía y ella se veía tan furiosa como si fuera a asesinarlos a todos con sus propias manos, entonces se ponía de pie y salía hecha una tormenta del lugar.
Un día de esos, su amigo Feliciano notó que la miraba de reojo y le preguntó quién era ella. Alfred contestó que era la compañera de cuarto de su hermana y que era una loca, violenta desagradable. El italiano le había dicho que era solo una chica, que todas las chicas funcionaban igual y se lo quiso demostrar lanzándole un comentario a su paso que quiso ser piropo a lo que ella contestó con furia: "Chúpame la pija", dejando al pobre italiano resoplando con temor.
El grupo celebró el contraataque de la inglesa palmoteando la espalda del italiano por su fracaso. Alfred secretamente se sintió admirado por ella y la asertividad con la que había salido de una situación que normalmente es molesta para cualquier chica. Por supuesto, con tanto el ruido vino un funcionario de la biblioteca y los echaron de todos modos.
Días más tarde, la vio en la feria de actividades, interrumpiendo a un tipo que molestaba a las chicas del coro llamándolas "Divas facilonas". Escuchó desde lejos que alguien gritaba, luego una voz inglesa, femenina y rasposa se interponía y decía algo sobre "¿Te hace sentir machito molestar a un grupo de chicas?", "Vendrías tú siendo el macho del harem de zorras?". La respuesta no fue verbal, Rose sin preámbulo le dio una patada tan precisa y fuerte en el abdomen que el tipo cayó estrepitosamente en medio de gritos y maldiciones; las chicas del coro aplaudieron y algunos se agolparon impresionados, otros ayudaron al chico.
Alfred vio como la inglesa hablaba con las chicas que antes había defendido y se despedía de ellas para luego seguir su camino como si nada. Incluso después de eso, nadie parecía acercarse a ella, en la facultad había miles de estudiantes y muchas chicas bonitas, femeninas, bien vestidas; nadie iba a poner la atención justamente en la que parecía una vagabunda grosera. Entonces Alfred Jones se dio cuenta de que él sí la estaba mirando, que llevaba semanas viéndola de lejos y él no era un cobarde.
Así que tenía que hacer algo al respecto.
Nota: Gracias a sus lecturas y comentarios. Ahora estoy trabajando ya en los capítulos centrales. Esto va lento ahora, pero en el próximo les aseguro interacción directa entre ellos.
