3. Groovy times - The Clash

Era una desgracia que en la misma cafetería hubiera dos personas que tuvieran tan mal carácter. Por suerte, el dueño era un bonachón de ánimo ligero y despreocupado que no se hacía problema y decidió poner a la fiera inglesa tras la caja registradora solo a ocuparse de los pagos y a la fiera italiana a cargo de hacer las bebidas. Ambos lejos de la atención al cliente. Aún así, se las arreglaban para "animar" el ambiente, porque Rose desde la caja y Lovino haciendo los expresos, se gritaban insultos para entretenerse ante la divertida, y a veces horrorizada, mirada de los clientes.

Antonio, el jefe, era un español de unos treinta años, la segunda generación familiar en Estados Unidos; era un misterio cómo se había vuelto dueño de un negocio siendo tan malo para las fiananzas. Rose no era precisamente una máquina, siendo su especialidad la literatura, pero era ordenada y se daba cuenta de qué cosas se podrían hacer mejor. Elizabeta era una de las meseras, la favorita, era bonita, femenina, amable, pero cuando la encontraban, tenía un humor de perros. Luego estaba Lili, que era la menor de todas; tenía permiso de su hermano mayor para trabajar después del colegio y era tan dulce que los clientes le daban propinas extras. Antonio, también atendía mesas por gusto y como el café era pequeño, Rose casi nunca debía salir del mostrador a cubrir a nadie.

Fue una verdadera mala suerte que justo el día que Lili llegó tarde de la escuela, el café estuviese lleno, Eliza estuviese repartiéndose entre tres mesas y el estúpido hermano de Mad llegara a sentarse con su laptop. Rose esperó un momento, Eliza debía desocuparse, pensó, pero el tiempo pasaba y eso no sucedía; como último recurso, pidió a Lovino que por favor asistiera la necesidad de una dama en desgracia, pero él muy caballerosamente la mandó a la mierda. Antonio estaba en la cocina horneando bollos, así que ella, en medio de insultos hacia su compañero de mesón, fue a atender al nuevo cliente.

-Buenas tardes, bienvenido al café Aragón, en qué le puedo ayudar - lo dijo con una voz fastidiosa y acartonada. Detrás, incluso en medio de las conversaciones de la gente, Rose pudo oír a Lovino reventar de risa.

-Hola, ¿Rose?

La inglesa lo miró cabreada y asintió.

-Jones, qué vas a pedir

-¿Qué me recomiendas?- preguntó el americano entretenido con la situación. Ella estaba obligada a ser amable con él, porque era un cliente, o al menos eso creía él. Antonio estaba en la cocina escuchando Gipsy King a todo volumen mientras hacía sus malditos bollos, así que nadie debía enterarse de que era grosera.

-Mira, a mi no me pagan por tomar la decisión por los clientes, así que usa ese cerebro de maní, lee el menú y elige algo rápido,

La sonrisa del chico desapareció, siendo reemplazada por una mueca de sorpresa. Ella sonrió triunfante, seguro el muy petulante creía que estaba en control de la situación.

-Quiero un rollo de canela y un mokaccino venti.

-¿Seguro que puedes con todo ese café, chico malo?

Alfred le dirigió una mirada dolida y la inglesa gritó a Lovino.

-¡Oye, Rodolfo Valentino! ¡Un mocachino y un chuche de canela!

-¡Vete a la mierda Virginia Woolf!- gritó Lovino desde el mesón. Ella le hizo un gesto vulgar levantando sus dedos índice y medio y el italiano levantó su dedo medio.

-Orden tomada, ¿algo más?

-¡Dios, no!, ¡qué miedo!, es increíble que tengan clientes.- se quejó el americano.

-Pues mira a tu alrededor, chico bonito.

Alfred miró y el lugar estaba decorado como una taberna pirata. Tenía un ambiente lóbrego y los clientes eran tipos góticos, hipsters y personas oscuras varias.

-A nadie le importa una mierda que nos saquemos la madre a gritos.

-Bien, mierda, como sea, si vas a roma haz lo que los romanos - Dicho eso, el estudiante de ingeniería siguió trabajando en su laptop y resolviendo ejercicios en su cuaderno. Luego de dos horas se había olvidado de que lo había atendido la sicótica compañera de habitación de su hermana, el café estaba bueno, el rollo de canela también, incluso la música estaba buena - era una lista interminable de Radiohead, Travis, Duran Duran, Depeche Mode otras bandas inglesas- y aparte tenía una buena conexión a internet. Probablemente la gente volvía por eso.

Alfred no tenía ni la más remota idea de que Rose atendía allí; sabía que trabajaba en una cafetería cerca del campus, pero eso era todo, él solo había decidido ir allí porque parecía un lugar de bajo perfil al que no iban sus compañeros, y lo necesitaba porque en la biblioteca ya no se podía estudiar tranquilo con tantos de primero y segundo desesperados por los parciales y tanta gente acercándose a saludarlo o pedirle ayuda. Eran los gajes de ser un héroe.

Volvió al otro día, que era viernes y luego el sábado. Pidió otras variedades de café y bollos pero, por suerte, lo había atendido una mesera más amable. Era un lugar tranquilo salvo cuando las discusiones de "los ogros del mesón", como él los bautizó, subían de volumen. "Te haces la mala y luego escuchas a Tom Yorke lloriqueando y se te caen los calzones", "No es cierto", "Seguro en tu casa escuchas Coldplay", "Vete a la mierda tú escuchas a Laura Pausini" , "Pero yo no me hago el malo, como tú" "Nadie te creería con esa cara de galán de porno italiano".

El domingo la cafetería estaba cerrada, la semana de parciales comenzaba al día siguiente y la desesperación en el campus estaba tocando el punto cúlmine. Era imposible estudiar en la biblioteca y desde hacía días que lo iban a acosar a su cuarto, así que llegó a pedir asilo a la habitación de las chicas. Su hermana lo miró como quien ve a una cucaracha, un gesto muy feo seguro aprendido de su nueva compañera de cuarto. Así que el recurrió a su pose de cachorro herido: "Por favor Maddie, mañana tengo examen de derivación de funciones de varias variables", Maddeleine lo evaluó unos segundos, ella tuvo esa materia. Sabía que era algo difícil, se dirigió hacia su compañera.

-¿Podemos dejar que Alfred estudie acá?

La inglesa no levantó la vista de libro, se mantuvo en silencio unos segundos, solo para aumentar el suspenso y dijo despectivamente: -Está bien, pero quiero comida Tai al almuerzo y unos dulces árabes para él.

-A su orden, milady - enunció el nuevo refugiado solemnemente entrando al cuarto, abriendo su laptop para hacer de comida por internet y luego dejando sus libros y cuadernos de ejercicios sobre el escritorio de su hermana. Maddeleine comprendió que le tocaba leer sobre su cama, aunque ella también debía hacer ejercicios.

-Toma mi escritorio, yo puedo escribir en mi laptop desde la cama - le ofreció Rose llevándose el aparato a su cama y despejando el espacio para ella.

-Eres la mejor compañera que he tenido...

-Si eso es verdad, entonces siento mucha pena por tí.

Eso lo había dicho como una obvia ofensa a sí misma. Rose no solo actuaba como una loca sádica, sino que sabía que lo era, pero Alfred se daba cuenta que era muy atenta con Maddie; que era muy parsimoniosa al preparar y beber el té, además de ser puntual al hacerlo a las cinco de la tarde. Otra cosa que notó, era que pese a sus desastrosas elecciones indumentarias, era muy ordenada para estudiar, ya que tenía todos sus libros marcados con banderitas de colores y cuando se ponía a escribir, podía tener una hora completa de concentración sin parar. Entonces se preguntaba ¿Qué emocionaría a Rose? ¿Qué cosa podría romper esos esquemas bajo los que vivía? ¿Qué podría ponerla vulnerable y sentimental? el americano sabía que había muchos aspectos de ella que probablemente no contaba a nadie y que él se moría de ganas de conocer.

Era ya miércoles, Alfred había pasado casi cuatro tardes donde las chicas estudiando. Era agradable, silencioso e incluso las triviales conversaciones se estaban volviendo menos tensas y habían dado paso a divertidas discusiones acerca de películas, bandas e incluso habían llegado a un momento de confianza en que ella se había quejado de lo mucho que odiaba verlo en la biblioteca con sus amigotes. Cuando salieron a comprar comida y a descansar un poco sus cabezas Rose comentó:

-¿Saben?, siento que la estamos pasando muy mal, Mad, tú tienes ojeras, Freddie...

-Es Alfred...

-... tú estás pálido,- como siempre, Rose lo ignoró dramáticamente mientras él la corregía - creo que el viernes cuando terminen los exámenes debemos salir los tres y bebernos nuestro propio peso en cerveza

-Eso es físicamente impos... está bien- Alfred aceptó al ver la mirada asesina de la inglesa.

El jueves en la noche, Gretta, la prefecta del dormitorio de chicas vio a Alfred salir del baño y entrar a la habitación de Maddeleine. Golpéo la puerta y les demandó que Alfred se fuera a su dormitorio porque eran las normas. El americano parecía a punto de ponerse a llorar, miró a su hermana suplicante y entonces Maddeleine le pidió que lo dejara pasar.

-Vamos - irrumpió Rose inesperadamente- el chico lleva estudiando días sin parar, mañana tiene su último examen del periodo, no vamos a hacer un trío ni nada, son hermanos y a mi no me va el incesto.- la británica se mantuvo sarcástica como siempre, pero con una sonrisa juguetona que intentaba ablandar el ánimo de la vigilante.

La alemana puso un rostro severo, pero luego miró alrededor, los libros, hojas, resúmenes y computadoras encendidas y aceptó bajo la condición de que no hicieran ruido.

El viernes a las siete de la mañana, Alfred fue despertado por un cojinazo. Había dormido en la cama de la compañera de su hermana como mucho una hora y media; Rose, quién le había lanzado el cojín, lucía al borde de la muerte mientras desde el escritorio imprimía su avance de tesis.

-Te ves fatal, niño bonito.

-Y tú no eres precisamente una princesa Disney

-Gracias por el cumplido... me dijiste que te avisara a las siete, pero tu examen es en una hora más.

-Es que debo ir a ducharme para despertar, hace cinco días que estudio sin descanso.

-¡Por eso ese olor a lobo salvaje!

-No dije que no me he bañado en todos esos días, Geez, ¡Eres tan mala!

Maddeleine gruñó desde la cama y ambos callaron y comenzaron a susurrar.

-Imagino que lo de hoy en la noche se suspende- reclamó el americano.

-Claro que no, necesito salir.

-Estamos hechos polvo.

-Pues duermes siesta

-No se puede dormir en en mi edificio...

-Te vienes al de chicas...

Alfred la miró exasperado.

-Vamos, llevas dos noches acá, no creo que una siesta de medio día haga daño, llévate mi llave- dijo ella sacando el manojo de la cadena de su cadera.- Mad tendrá un examen a las once y luego queda libre, yo entrego esto y quedo libre, tú sales a las diez de tu examen, vente a dormir y luego vamos todos a comer por la tarde y celebramos que la pesadilla terminó por este mes.

Alfred quería declinar, porque estaba cansado, pero no sonaba mal y en el fondo estaba emocionado. Si ella lo estaba mandoneando es porque lo consideraba parte de su manada y lo quería en su borrachera.

-Nos vemos cuando despierte entonces.

-Te acuestas en mi cama, yo me echaré con Mad, nos vemos.