6. No feelings - Sex pistols

Cuando Mad por fin llegó a la noche siguiente, no hizo más que transmitir acerca de los animales que vio en l reserva; eventualmente habla de Gilbert y de lo paciente que había sido ayudándola a recolectar datos. Luego, terriblemente, había llegado al tema de la fiesta y "¿Cómo la pasaron ustedes?". "Estuvo bien" contestó ella secamente y siguió preguntándole acerca de su viaje, finalmente la canadiense comentó.

"Qué limpio está el cuarto, Rose, no era necesario"

Pero claro que lo era. Porque Rose había dado vuelta la habitación limpiando toda evidencia, asustada de que un condón hubiese salido volando. Porque solo los dioses saben de lo movidas que podían ser sus incursiones sexuales y juzgando por el desorden de la habitación y el revoltijo en el suelo, lo habían hecho en todos lados. Rose recordaba al menos una que empezó en una silla y terminó en la cama, otra en el escritorio y luego contra la pared... los detalles eran borrosos. Al final solo había encontrado un condón usado en el basurero y otro bajo la cama, se contentó pensando que con la borrachera era imposible que hubiese otro y terminó de pasar la aspiradora y ventilar la habitación que olía a encierro y a otras cosas.

Afortunadamente, el hermano de Mad no había dado señales de vida ese día y ya durante la tarde del sábado, Rose pudo ir a trabajar sin resaca. Lovino le susurró algunos detalles de su vida sexual con el jefe y ella demostró su interés haciendo ingeniosos comentarios y preguntas. Y eso le había servido para distraerse, ya en la hora de cierre, casi se había olvidado del incidente.

+0+0+0+0+0+0+0+

Fue una fortuna que justo en el momento que necesitaba de una distracción el campeonato de Lacrosse estuviera en su punto culmine. El primer lunes de Noviembre, debió viajar a Washington a jugar un partido del campeonato y luego llegó apurado a un entrenamiento de necesario en el voluntariado.

Porque como si no tuviera suficientes cosas que hacer, Alfred era voluntario de la compañía de bomberos de Princeton que estaba dividida en tres cuarteles, todos ellos voluntarios. Esa semana les iban a enseñar los procedimientos en accidentes automovilísticos. Comenzaron con una clase teórica, luego les enseñaron a destrabar puertas y sacar víctimas con cuidado de no agravar lesiones. Luego tuvieron un ejercicio en que debían sacar un muñeco de un auto en llamas y posteriormente evaluaron la eficacia del procedimiento. Los conocimientos de Alfred como ingeniero siempre eran bienvenidos a la hora de analizar las características del siniestro y la mejor forma de perpetrar un proceso y eso era lo que le gustaba. Que por una vez sus conocimientos fueran útiles y valiosos en un mundo real e hicieran una diferencia.

Llevaba diez meses en entrenamiento y hasta ese entonces solo lo habían hecho participar de rescates menores o lo dejaban de guardia en la compañía atendiendo el teléfono, sin embargo, el teniente le había avisado que para el próximo siniestro haría mucho más que contestar llamadas y recibir personas desde abajo. Lo dejarían entrar en acción y un subidón de orgullo y adrenalina se apoderó de él, porque eso era lo que había estado esperando.

Aunque claro, pensar en los momentos de adrenalina de su vida lo llevó inevitablememente a pensar en Rose. A veces quería golpearse a sí mismo por no poder parar de pensar en ella. Si era honesto consigo, no se sentía enamorado, no era tan profundo, era una mezcla entre la atracción que sentía por ella, la impotencia que le hacía sentir al ser tan inalcanzable y la simpatía que le tenía por ser la amiga de su hermana.

Alfred nunca tomaba esas cosas a la ligera. Si salía con una chica, lo hacía con planes de concretar algo y sino, era perfectamente capaz de mantenerse con los pantalones puestos. Lo que había ocurrido en Halloween había sido una situación aislada. Yao, su superior en la estación, le había dicho una vez que él se comía la cabeza pensando en qué especialidad seguir, que no debía preocuparse tanto por el posible futuro que podía tener, que eso le haría perderse el presente; pero Alfred era un estudiante de ingeniería, por lo que por deformación profesional tendía a pensar demasiado en el futuro y actuar de acuerdo al plan.

Con Rose nada de eso se podía hacer, así que pensó que debía evitar actuar a su ritmo; pensó en darle espacio para que ella decidiera cuando acercarse o si es que quería hacerlo. Se estuvo mensajeando con Maddie; su hermana le contó sobre su viaje y le preguntó si se había divertido el viernes con Rose. Alfred imaginó que la inglesa había evitado el tema y pensó que si él también lo hacía, Maddie iba a comenzar a sospechar que algo había pasado, así que la entretuvo con cuentos sobre lo bobos que se veían bailando la danza del pollo con sus disfraces ñoños. Su hermana pareció contentarse con el relato y luego le dijo que tuviese cuidado en el voluntariado y que se juntaran a comer en la semana.

A comer ¿sería capaz de cenar con las chicas como si nada?

+0+0+0+0+0+0+0+

El primer martes de noviembre para Rose fue un día tremendo porque había tenido que hacer una breve presentación de su proyecto a sus compañeros y luego irse a trabajar con la cabeza abombada. Compadeciéndose de su agotamiento, Antonio le pidió que se quedara y cuando cerraron la cafetería, preparó un estofado con ingredientes mediterráneos entre los que incluyó zetas, camarones, olivas y una salsa de paprica. Hablaron sobre que le faltaba una distracción. "No puedes llevarte entre clases, el trabajo y luego encerrarte en tu cuarto" "A veces salgo de noche", "Y las borracheras para desquitarte..." había comentado Antonio "¿no sería bueno que tuvieras un rollito por allí para relajarte de vez en cuando". Rose le dijo que ella no creía que una distracción de ese tipo fuera ayudarle a concentrarse en sus estudios. Recordó con culpa e incomodidad lo que había sucedido con Jones y luego caminó hacia su casa sintiéndose una mala amiga con Mad y una mentirosa con Lovino.

Luego pensó que toda la situación no debía ser tan tremenda. Había tenido un buen follón. El chico había estado bastante bien; por mucho que quisiera pretender que había dejado todo atrás, tampoco podía engañarse. Alfred físicamente le gustaba y sexualmente había sido una revelación. No había que sentir culpas; eran adultos, si ella manejaba sus cartas de forma adecuada podía que de vez en cuando y sin drama ni compromiso, el chico aceptara hacer una costumbre eso hacer algo de cardio con ella tras bambalinas.

Y esa fue su resolución la tercera noche después del encuentro al llegar del trabajo; iba a llamar al chico o mandarle un mensaje para acordar algunos términos. De solo pensarlo le daban ganas; tal vez sería bueno aprovechar que Mad estaba fuera para darse una ducha y relajarse un poco, y jugar un poco, por qué no. Cuando por fin dio el agua, lo primero que vino a su mente fue la imagen mental de Jones en el traje de cuero y su torso marcado, instintivamente llevó sus manos hacia el espacio entre sus muslos cuando sintió "algo" caer en sus manos, un objeto pegajoso. Miró a hacia "eso" y descubrió que era un preservativo usado ¿Cómo había llegado eso allí? o peor ¿cuándo?

Era cosa de recordar eventos pasados y la respuesta se volvía obvia, y eso significaba una cosa. Habían pasado ya tres días y si las posibilidades estaban en su contra, estaba en un tremendo problema.