Lonely boy - Sex Pistols

En la sala de espera había algunas mujeres embarazadas, otras mujeres ya mayores y otras jóvenes como ella, seguro en una situación similar. Rose nunca se había visto en eso antes porque siempre había sido cuidadosa, ya sea con preservativo o con la inyecciones, cuando estaba con Francis con exclusividad y podía darse el lujo de no usar el condón al estar en una relación exclusiva. Pese a todo lo que se decía de él, ella sabía que el francés solo había estado con ella en esos tres años, si es que su examen libre de infecciones al final del periodo eran algún indicador.

Estuvo esperando una media hora, sintiéndose nerviosa al mirar las revistas de maternidad y otros folletos acerca de las enfermedades que podía contagiarse. Cuando por fin la llamaron, debió explicar la situación al ginecólogo que instruyó a la matrona de examinar que no hubiera infecciones internas donde el objeto estuvo atrapado. Le tomaron análisis de sangre y de mucosa y en minutos comprobaron que estaba libre de ITS; le explicaron que a veces si el acto era muy vigoroso, la penetración era muy profunda, si el preservativo de mala calidad o quedaba suelto, era posible que se atascara en el canal o en la cervix y que entonces había riesgo de infección o embarazo. Le advirtió que era tarde para tomar la píldora de emergencia porque habían transcurrido más de setenta y dos horas y que si hacían unas pruebas en ese momento lo más probable era que los resultados no fueran fiables ya que la hormona gonadotropina coriónica comenzaba a ser detectada cuando el embrión se implanta, es decir entre seis y diez días de transcurrida la fecundación.

Le recomendó hacer una cita en diez días más y entonces harían las pruebas de sangre. Con un nudo en la garganta, la inglesa aceptó y salió de la clínica. Aún estaba en ascuas; debía estar toda una puta semana y más en incertidumbre y ahora ni siquiera tenía ganas de llamar a Jones para seguir con el rollo. Incluso, pensar en él le enfadaba mucho, porque no era justo que ella, que había tomado las precauciones del caso tuviera que cargar con las consecuencias de una noche solo porque a Jones se le pasó la mano con el vigor. Seguro el muy idiota andaba jugando con su palito lanzando la pelota a sus amigos simios y luego se iba a jugar con su calculadora como si nada mientras ella se comía la cabeza pensando en lo caro que le iba a salir un aborto. "Qué fácil es ser varón", pensó irritada.

Estaba pensando seriamente en volverse creyente solo para poder rezar.

En la semana intentó concentrarse en su tesis, en el curso optativo que ha tomado para tener más créditos y en los turnos de la cafetería. Lovino pudo notar que algo estaba raro con su amiga, pero ella lo había tranquilizado diciendo que era "la puta tesis y el viejo de mierda que me guía que nunca me dice qué quiere". Él le había creído y ofreció tomar su turno si alguna vez necesitaba tiempo extra.

Mad en cambio no le había creído, pero al menos tuvo la decencia de no insistir y solo le dijo que cuando quisiera hablar, ella iba a estar ahí para escucharla. Cuando plazo por fin se cumplió, Rose, apesadumbrada se dirigió a la consulta ya deseando solo acabar con el asunto, sin importar cual fuera la respuesta; luego vería cómo deshacerse del problema si es que lo había.

La matrona tomó las pruebas de sangre con absoluta seriedad, pero luego al darle las noticias, su rostro era casi de condolencia. Con los papeles en mano y con una crisis de pánico, Rose había tenido que mirarlos unas cinco veces sentada en un banco de un parque para convencerse de que estaba embarazada y que apenas tenía dinero para alimentarse y cubrir los gastos comunes del dormitorio. Se sentía humillada, pero no le quedaba más remedio que pedirle ayuda a la otra parte responsable, así que tomó su móvil y mandó un mensaje a Jones para que fuera al café a buscarla luego de su turno.

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Cuando Alfred vio el mensaje de Rose pensó que el momento de la verdad había llegado. Se había imaginado que ella quería dejar de lado la incómoda situación entre ambos y decirle que volvieran a ser semi amigos, como antes y olvidaran lo del Halloween. Una parte más ingenua y esperanzada de él, deseaba que ella lo invitase a salir o hiciese una galantería cruda y masculina típica de ella, aunque sacudió la idea de su cabeza, porque sabía que era altamente improbable.

Ella lo estaba esperando en la puerta con las manos en los bolsillos de su chaqueta y una expresión fúnebre. El americano se acercó, pero no supo con qué tono saludarla así que solo dijo.

-Rose...

Ella levantó la cabeza y le dijo.

-Vamos unas cuadras más allá, hay un café, no quiero hablar acá, no quiero que nos escuchen.

Alfred asintió y la siguió. Ella no quiso ordenar nada, así que él, por no ocupar el espacio sin consumir pidió un jugo y una porción de galletas.

-Estoy embarazada- soltó ella sin anestesia y de pronto, Alfred había perdido el apetito- sé que es difícil creerme, por cómo me veo, cómo hablo y la actitud de mierda que tengo, pero eres la única persona con la que me he acostado en este país, así que bueno... no quisiera presionarte y créeme que si tuviera el dinero me habría callado, pero...

-Te creo, y no es necesario que me expliques - Alfred interrumpió alcanzando sus dedos fríos por debajo de la mesa - yo te ayudaré en todo y... no estás sola en esto.

-Bien - suspiró aliviada ella- porque estuve averiguando en el Servicio de la mujer acá en Princeton y cobran trescientos dólares, sé que es un poco excesivo, pero si lo hacemos antes de las nueve semanas, saldría incluso más barato y yo tengo apenas dos y media...

-¿De qué estás hablando?- Alfred tuvo que preguntar, porque le daba la impresión de que Rose estaba buscando la salida fácil.

-De deshacernos de esto, por supuesto.

-Rose... cuando te ofrecí mi ayuda, fue pensando en los cuidados de tu embarazo, en el parto, en la crianza, nunca en un aborto.

-Jones, por favor - comenzó a razonar ella con un tono duro - tenemos cuanto...¿veintidos? ¿veintiuno tienes tú?

-Veinte...

Rose levantó los brazos en un gesto que indicaba la obvia gravedad del asunto.

-Somos demasiados jóvenes para esa mierda, tienes toda la vida para tener bebés con una mujer con la que quieras hacerlo, no debemos castigarnos ahora por un maldito accidente.

-Estás loca si crees que me convenciste con eso...

Alfred iba en serio. Su tono de voz se había elevado y la miraba con la seriedad de un octogenario. Rose no lo podía creer.

-No me interesa que seamos jóvenes, somos adultos, debemos lidiar con las consecuencias de nuestras acciones, además es solo un bebé, no es como que tu vida se vaya a acabar

-¡No me vengas con eso!- Rose comenzó a gritar desesperada - ¡tú lo dices porque no eres tú quien va a lidiar con esto después, yo no quiero ser madre, no quiero parir, no quiero estar preñada! ¿es muy difícil de entender?... por supuesto que sí, porque no es tu problema

-¡Dios, qué pasa contigo!, debiste ser más precavida si tanto odias la idea de estar embarazada..

-¡DEBIMOS ser más precavidos! ¿Crees que no tienes culpa? ¿¡Crees que yo planifiqué esto!?, no estaba entre mis planes llegar a estudiar y tirar con un tipo y luego preñarme, la oportunidad se dio y usamos protección y falló y ahora quiero ser responsable y acabar con un problema que podía jodernos a ambos, con tu ayuda...

-No te ayudaré con esto, de hecho, no quiero que sigamos siquiera hablando de aborto

-Bien, entonces no hablaremos más de ello.

Sin querer seguir escuchando estupideces, Rose se levantó de la mesa hecha una furia y salió con rumbo desconocido.

Alfred la fue a buscar a los dormitorios, pero no llegó esa noche ni la siguiente y francamente no sabía qué pensar. No podía contarle a Maddie porque tendría que perder tiempo con un sermón. Ni siquiera tenía su horario para poder encontrarla así que hizo guardia fuera de la cafetería donde la vio salir con Lovino después de su turno. Parecía tranquila, aunque se veía fatal con esa ropa que le quedaba demasiado holgada y que seguro era del italiano. El americano asumió que él la había estado escondiendo y de pronto tuvo rabia con los dos; Lovino no tenía derecho a meterse, no era asunto suyo. Cuando salió de su vehículo a enfrentarlos no alcanzó a llegar a la vereda de enfrente porque ambos tomaron inmediatamente el auto de Antonio y Alfred debió ir tras ellos en el suyo porque no podía permitir que se le excluyera de esa forma.

Él tenía derecho a saber qué estaba planeando la inglesa porque el problema también era suyo. Cuando por fin se detuvieron y Alfred miró a su alrededor, entendió que estaban en la clínica que Rose le había mencionado y que iba a hacerlo, en ese momento. Se sintió enfermo de solo pensarlo. Entonces corrió tras ella y la tomó bruscamente del brazo.

-¡Oye, yankee de mierda, suéltala ahora mismo!- gritó el italiano haciéndose el valiente aunque notablemente asustado con la idea de un enfrentamiento físico con un tipo que seguro pesaba dos veces más que él.

-Ya lo escuchaste, Jones, vete a la mierda.

-Rose, por favor- Alfred comenzó a suplicarle suavizando su agarre y obligándola a mirarlo.- Sé que tienes miedo, estás sola en el país, viniste a estudiar y tus planes se ven amenazados por esto, a mi la situación tampoco me conviene, pero no sé si seré capaz de vivir conmigo si permito que hagas esto...

-No es tu desición...

-Pero es que, déjame ofrecerte algo... solo dame ocho meses, hasta el parto, luego de eso no tienes que verlo más, yo me hago cargo de todo, yo lo criaré, yo lo mantendré, puedes pretender que no existimos, tú ya tomaste la decisión, no quieres ser madre; yo sí quiero ser padre... aunque sea pronto... por favor, considera mi decisión, piensa en Maddie... es mi hijo, es el sobrino de Maddie...

Lovino estaba ahora mirando a su amiga con la misma expresión suplicante. Él ya había hablado de eso con ella. Que no era necesario abortar, que podía darlo en adopción; él, como católico, no estaba de acuerdo con la interrupción del embarazo y la única razón por la que estaba con ella, era porque Antonio ya le había prestado el dinero y no quería que Rose pasara por el proceso sola, aunque fuera contra sus valores.

La inglesa se estaba mordiendo el labio y sus ojos se aguaban de desesperación.

-Vas a pagarme todo Jones... - comenzó arrepintiéndose incluso mientras lo decía - los controles médicos, las vitaminas, la ropa de preñada e incluso la cirugía plástica si quedo convertida en una bestia

-Lo prometo - juró aliviado el americano.

-Y no me presionarás a que esté ahí siendo la mamá del año, porque no quiero nada de eso.

-No te pediré nada -

-¡Demonios! - maldijo la inglesa sobrepasada y aguantando las ganas de llorar, le dijo a Lovino.-Vuelve con Tonio, yo me voy con este idiota, tenemos que contarle las noticias a Mad.

Y resultó que hablar con Mad no había sido tan fácil para ella, porque habían tenido que empezar contándole que se habían acostado en Halloween, llegar a detalles como el del condón en la cervix; contarle que se dio cuenta tarde, que el examen había salido positivo y que ella había accedido a no abortar sólo porque Alfred le había ofrecido una salida menos honorable. Para Rose fue difícil, y al tratar de aguantar el llanto estaba poniendo los tonos de voz y gestos más extraños y horribles. Porque en la práctica y de forma implícita era como contarle a su única amiga en el país "Me acosté con tu hermano, quise abortar a tu sobrino, pero no lo hice porque acepté parirlo y abandonarlo".

Por supuesto Mad, siempre tenía reacciones inesperadas. Así que la abrazó y le dijo:

-Eres una tonta por no haberme dicho esto antes y pasar por todo tú sola- Rose entonces comenzó a humedecer silenciosamente su hombro y no quiso levantar más la cara. Temblaba de miedo; Mad lo pudo intuir y acarició su espalda maternamente para luego dirigirse a su hermano con un tono más severo - creo que debiste respetar su postura, ahora que ya la convenciste, espero que sepas cumplir tu palabra.

-Le prometí que yo me haría cargo del bebé y cumpliré mi palabra... tú sabes que nunca la dejaría tirada con esto.

-Muy bien, ya, dejen el drama y pongámonos prácticos, yo te acompañaré a tus controles prenatales y luego veré el mejor momento para decirle a nuestros padres...


Brace yourselves. Shit storm is coming.

No, de verdad, acá empezó el drama que quería contar. Antes que me digan lo altamente improbable que es todo esto, argumentaré que he leído sobre el tema y pasa más seguido de lo que se cree. Espero que no me abandonen ahora que hay drama.

besitos 3