8. Stay with me - The dictators
Mad había concertado su primera cita con el médico para una semana después, por el momento le habían recomendado que mejorara sus hábitos de sueño por lo que la reprendían cada vez que pretendía trasnochar estudiando. También habían comenzado a controlar su alimentación; en el trabajo Antonio y Lovino se encargaban de darle un colorido almuerzo lleno de vegetales, proteínas, pero por las mañanas quien dejaba un desayuno en su puerta era Alfred. Aparecía con unos frascos de yogurt, granola y frutas; o con paninis de verduras, queso y jamón acompañado de un jugo o un té. Lo que en un principio sonaba delicioso, pero Rose no estaba acostumbrada a comer de mañana y ya a fines de noviembre estaba comenzando a sentir sus primeras náuseas.
La primera vez fue apenas salió de la ducha, Alfred golpeaba, abrió la puerta. Estaba envuelta en una toalla, lucía adorable con su cabello mojado y se veía más baja sin los botines; pero todo esa impresión idílica fue arruinada cuando ella olfateó la mezcla entre el desodorante del americano y el queso chedar del sandwich. La cena del día anterior se volvió su garganta y entonces tuvo que correr al baño sin alcanzar a llegar al vater y tiró todo sobre la baldosa. Alfred dejó la comida sobre escritorio, corrió a verla y lucía aún más indefensa agachada intentando limpiar con papel higiénico, a punto de ponerse a llorar.
-Oye, déjalo, yo limpio, iré por un trapero, tú... cierra la puerta del baño y límpiate, trata de comer algo
-Oh dios no...
-O, no, no comas nada, en el primer receso veré si tienes hambre
Jones estaba agachado con un trapo recogiendo el desastre. Si le daba asco, lo disimulaba muy bien concentrándose en estrujar con sus manos enguantadas y en volver a limpiar. La inglesa detrás suyo se vestía, ni siquiera se preocupó por si el americano se daba vuelta a verla; cuando acabó de limpiar ella estaba sobre la cama arreglando los libros y cuadernos dentro de su bolso.
-No es necesario que vayas a verme al receso- musitó ella con un tono neutral- tampoco es necesario que vengas a dejarme comida todas las mañanas; yo puedo cuidarme sola.
El americano se sentó sobre la cama de su hermana intentando adivinar la forma menos conflictiva de dirigirse a ella
-Sé que puedes cuidarte sola, es solo que quiero que desayunes y yo puedo encargarme de eso, es lo mínimo que puedo hacer después de...
-Tendrás toda tu vida para hacer lo que debes cuando te hagas cargo de esto- le recordó ella mientras hacía la mochila, se la cargó al hombro y le hizo una señal para que saliera del cuarto y así poder cerrar.
-Si quieres te llevo el bol... - detuvo el ofrecimiento al ver el gesto de odio en la cara de la inglesa- ok, no, nos vemos por ahí, tal vez, o mañana
-Hasta luego, Jones.
Rose sabe que está siendo más dura de lo que Jones se merece. Siendo objetiva, no es un mal chico, pero le molesta que anda tras ella como un perrito como si esperara algo de ella solo porque se acostaron y ahora ella está preñada y aceptó parir al crío. De hecho, haber aceptado parir es mucho más de lo que ella se hubiera aventurado a entregar así que el chico debería estar agradecido.
El problema es que junto con ir a buscarla para el desayuno a veces está en los pasillos de sus salones vigilandola, o intentaba llevarla en auto a su trabajo o la iba a buscar al café, pero ella declinaba todo hasta que un día explotó y le dijo "Jones, en serio, no estamos en una relación, corta la mierda, no estoy interesada".
Luego de eso el acoso emocional, como ella lo consideraba, había declinado y ahora solo preguntaba por sus controles prenatales, por su salud y le llevaba los desayunos. Y ella debería alegrarse con eso, porque odiaba la atención constantemente sobre ella. Eso no impidió que sintiera una absurda ira cuando divisó de lejos a Jones y una de las zorras del equipo de animadoras colgada de su brazo. El problema con Braginski era porque era el caso típico de una barbie rusa ignorante que de lo único que se preocupaba era de su apariencia y mujeres como esa degradaban al género y mandaban toda la lucha por la igualdad al carajo. Eso se dijo, pero igualmente no pudo evitar sentirse humillada, porque ella era la marimacha preñada y claro, eso la dejaba en desventaja ante los ojos de cualquiera. No era como que ella pudiera ir a cazar tipos en el estado en que se encontraba y era una mierda porque sí se sentía caliente, mucho más seguido que antes incluso.
En el trabajo, Lovino solidarizaba con el americano, explicándole que era natural que si estaba todo el día encima de ella y no le daba pelota, quisiera buscar una amable compañía por otro lado. Pero Rose detestaba todo: la condescendencia inicial, sentirse indefensa, que todos andaban alrededor de ella como si fuera de vidrio y que luego intentaran remplazarla con una descerebrada. También odiaba darse cuenta de que todo su flujo de ideas era signo de que se estaba volviendo loca, a veces en las mañanas despertaba tan feliz que incluso bromeaba con Jones al verlo; al día siguiente le faltaba poco para patearlo; a veces lo veía con sus ridículos sandwiches y jugos y le daban ganas de ponerse a llorar, porque era un recordatorio de que estaba hundida en una mierda grave y no podía huir; entonces lo echaba a gritos.
Hasta Lovino se daba cuenta de que estaba actuando como una loca. Se hizo más evidente cuando en la cafetería la canción "No suprises" la hizo llorar en serio. Lovino se estaba burlando de cómo cantaba la canción como una niñita emocionada y luego al ver que lagrimeaba paró en seco y "Mierda, Rose ¿estás llorando?". Ya a mediados de diciembre con la inminente navidad, había comenzado a sentirse sola. Estaba sola, preñada y lejos de su casa, sin que sus padres supieran lo que le pasaba, el tipo que la preñó la hizo seguir con el embarazo y se iba con una barbie y de pronto se sintió tan insignificante que había dejado que Lovino la abrazara para contenerla. El italiano había susurrado tiernas palabras de consuelo y ella cayó en cuenta que debía inspirar mucha lástima para que él fuera tan suave y caballeroso.
Fue el maldito italiano quien tuvo la culpa de que Jones comenzara a ganar terreno, porque luego de ese quiebre, Lovino había llamado a Mad y acto seguido, Jones la había ido a buscar el auto y había insistido en llevarla a comer. Rose tenía los ojos hinchados y estaba callada en un principio, entonces él tomó su mano ella había explotado en un sin fín de idioteces y ¡diablos!, ¡malditas hormonas! ¡y maldito Jones que la humillaba siendo maduro! Sin escándalo, sin nada tomó su mano y le dijo un simple "No estás sola" y ella había roto a llorar de nuevo.
Alfred pensó que era tan extraño. Era como si Rose, la fiera de hielo, se hubiese transformado en otra persona. Él había estado leyendo al respecto porque él también se había estado volviendo loco con los vaivenes de la inglesa, pero había aprendido que el aumento de estrógenos y progesterona hacían que " incluso la mujer más segura puede volverse frágil y experimentar cambios de humor bruscos que van de la risa al llanto, de la euforia a la tristeza o de la alegría al mal humor". También decía que la pareja debía ser comprensiva, pero ellos no eran pareja, como Rose le había aclarado muchas veces, así que no sabía bien cuál era su papel en eso.
-Eres el padre del bebé así que te toca cumplir el papel como si lo fueras- ordenó Maddie cortante y por eso la había ido a buscar al trabajo cuando volvió a tener una explosión emocional. Y qué podía decirle entonces ¿que la quería?, en ese momento no sabía si era eso, se decía a sí mismo que solo estaba constantemente preocupado por ella por razones obvias y le tenía cariño como amigo. Además ella podía lanzarle una llamarada si llegaba a ser cursi con ella. Pero ella misma había empezado a gritar que era una mierda que ella tuviera que dejar de fumar, de beber y salir de noche y tuviera comer avena cuando él podía seguir con su vida como si nada y andar muy feliz por el campus con Braginsky del brazo. Alfred debió morderse las mejillas, porque tuvo muchas ganas de reír e instigarla con ¡estás celosa!, porque ¡Dios!, ¿cuántos en el campus podrían alardear de poner celosa a Rose-fiera de hielo cejas infernales- Kirkland?
Así que solo le dijo:
-Braginsky estaba convenciéndome de firmar un acuerdo para que mi equipo le cediera una hora antes la cacha y las porristas tuvieran más tiempo de práctica... no estoy pasándola mejor que tú, no vayas a creer que ando tonteando cuando sé mis responsabilidades, no estás sola- y ella se largó a llorar de nuevo y Alfred pensó ¿Ahora qué hice? y la abrazó diciéndole dulces palabras vacías entre las que salió "Entiendo lo que te pasa", pero eso desembocó otro cambio de ánimo porque ella comenzó a gritar:
-!No creo que nadie entienda, estoy volviéndome loca!, tengo pena y luego estoy muerta de risa y luego estoy furiosa y tengo pena de nuevo... a veces oigo una bocina y me asusto y me dan ganas de gritar y luego quiero vomitar y así todo el día y luego en la noche o me siento sola o me dan muchas ganas de tener sexo y no puedo salir a buscar a cualquiera porque el sexo me metió en este rollo y...
-Hey, hey... ok, está claro, son muchas emociones, de solo escucharlo me mareo, no puedo imaginar lo que es... pero puedo ayudarte con eso, o sea con lo que quieras, excepto con el sexo, a menos que quieras porque...
-Dios, Jones, ¿es que nunca has tenido amigas?
-¿No?- tanteó él inseguro de si era la respuesta correcta.
-Me parece escandaloso que andes soltando esas idioteces, quedas como un coqueto.- reclamó ella aún agarrándolo de la chaqueta, la gente de las otras mesas ya había dejado de mirarlos y Alfred comenzó a acariciar su espalda con cuidado.
-Claro que no, no soy un coqueto, no estoy coqueteando, no espero que caigas en mi trampa ni nada, sé que estás a años luz encima mío...
Alfred, sinceramente, no esperaba nada de ella. Él debía ser ante todo un caballero, un buen amigo y un buen padre para el bebé, pero Maddie no estaba en el cuarto, había dejado en la pizarra escrito que se quedaba con Gilbert y luego Rose le había pedido que entrara y hablaron un rato de las diferencias entre el punk inglés y el americano y de pronto ella misma había comenzado a besarlo.
-No, no, espera, Rose, no quiero que creas que me estoy aprovechando...
-Freddie, por dios, llevo semanas matando mis urgencias hormonales yo sola, ¿te importaría cooperar con eso? es lo mínimo que debes hacer.
Y puesto de ese modo, no era tan grave. Alfred era ante todo un tipo solidario. Y qué diablos. Qué más podría pasar. Ya la había embarazado. La obligó a hacerlo bajo sus términos, porque él había estado leyendo y sabía que la irrigación sanguínea en sus zonas íntimas había aumentado y que podía producirle un sangrado y él no quería provocar nada que fuese peligroso.
Al principio, ella había protestado por la suavidad del americano, pero luego sucumbió porque tenía MUCHAS ganas.
-Te ha crecido el pecho- notó Alfred mientras dirigía sus manos hacia arriba para estimularla.
-Y por supuesto eso te encanta.
-No me estoy quejando... pero se sienten hinchados ¿te duelen?- preguntó por la forma en que ella se removía ante el roce insistente de sus dedos.
-Ahora no siento precisamente dolor... - y calló de pronto porque el americano aparte de lo que estaba haciendo arriba, hizo algo muy bueno allí abajo y le pareció increíble lo que su estado estaba obrando en ella; esa apertura y necesidad patética que sentía por él. Una vez que hubieron terminado, Rose estaba tan relajada que podría haber ronroneado. Alfred se despidió de ella diciéndole que debía cubrir un turno de guardia nocturna, como si ella supiera lo que eso significaba, y se fue.
