Capitulo 2
—Disculpe la intromisión Señora Marlow, hay un joven en el vestíbulo que impaciente espera por usted.— El mayordomo de la familia Marlow estaba de pie junto a la puerta del dormitorio de la madre de Susana, incluso él se encontraba en pijama y bata.
—¡Madre de Dios! es media noche ¿Qué hora es está para hacer visitas? Stuart dile a ese tal…¿Cuál es su nombre?
—Neal Leagan señora, además déjeme decir que viene acompañado de tres hombres, y no se ven nada amistosos.
—¡Pues diles que se vayan! Estas no son horas de recibir visitas en las casas de las familias decentes.
—Mi señora, el señor Leagan dijo que no se movería de aquí, si no hablaba con usted o con la señorita Susana. O armaría un escandalo.
—¿Susana?— Helena Marlow perdió el color de su rostro.— Y que tendría que hablar mi hija con aquel tipo.
—Señora, él nombró al joven Grandchester. Dijo que tenía noticias urgentes que discutir con ustedes.
—¿Hablar de Terrence? Dios nos libre. En que problemas se ha metido ese actorcillo de cuarta.—La señora Marlow tomó su bata de mala gana y se la puso para por fin bajar y hablar con aquel caballero.— Stuart una cosa más, yo hablaré con él, no es necesario despertar a Susy, seguramente son noticias desagradables y la delicada salud de mi niña está primero.
—Como usted diga señora Marlow, mientras usted baja yo le serviré algo a los señores.
—Por favor Stuart.
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—Candy, yo siento tanto por lo que has tenido que pasar.— Terry la miró con ternura y comprensión.
—Gracias Terry, yo sabía que tu me entenderías.
—Pecosa, ahora yo quiero que me digas en que puedo ayudart
Candy lo miró con sus grandes ojos verdes brillando con emoción, se puso de pie. Con una mano corrió la botella, el cenicero, la cigarrera y se sentó sobre la pequeña mesa de café, frente a frente con él. Tomó fuerte mente con sus pequeñas y delicadas manos las de Terry.
Ese acto arrebatado por parte de Candy y el golpe eléctrico y calórico del contacto, hizo que a Terry se le despertaran aquellos impulsos adolecentes que activaron su torrente sanguíneo. Dios como la había extrañado.
—Terry…Yo…tu.— a Candy le temblaba la voz. Pero no soltaba las manos de él. Terry podía sentir su agarre, como el de un naufrago a su tabla salvavidas.
—Pecosa, tranquila. Estás aquí con migo, confía en mi.
Terry le dio un fuerte apretón, y su mirada tranquila y llena de dulzura le dieron la suficiente fuerza para continuar.
—Terrence Grandchester.— Candy se detuvo y tragó duro.—Quiero que me hagas mujer.
Terry soltó las manos de Candy como si se trataran de dos trozos de carbón al rojo vivo. Se levantó del sofá como un resorte y comenzó a pasearse como león enjaulado, tratando de digerir lo absurdo de la petición que la rubia le acababa de hacer.
Candy lo miraba asustada y otra vez sacó su pañuelo y comenzó a estrujarlo entre sus manos.
Hasta que por fin Terry se detuvo y de dos zancadas atravesó la sala para enfrentar a Candy, la tomó por los hombros y la paró frente a el.
—¡Te has vuelto loca!— La mirada de Terry era furia líquida, sus ojos azules relampagueaban.
—Terry por favor suéltame, me haces daño.— Candy se sintió aterrorizada, ella conocía esa mirada.
Terry la apretó un poco más y luego la soltó con fuerza sobre el sofá. Candy comenzó a llorar.
—¿Escuché bien? Que tu quieres ¡¿Qué?!.
Caminó hacia el otro extremo de la habitación una vez más.
—Terry, por favor, quiero que tu tomes mi virginidad, No quiero que Neal sea el dueño de ese privilegio. Yo quiero que tu, seas el primero. Lo he soñado desde que me invitaste a venir contigo aquella vez ¿recuerdas?
—Dios bendito Candy. Yo también lo deseaba. No te mentiré aun lo deseo pero no así. No así.— Una vez más Terry se enterró los dedos en el cabello y no paraba de caminar de un lado a otro.
—Terry, esto nadie lo sabrá. Ni mi familia, o Neal y menos Susana.—Al nombrar a la rubia Terry giró lentamente y la miró directo a los ojos.
—Susana es lo que menos me importa en estos momentos. Lo que me interesa es solucionar este problema de tu matrimonio con Leagan. Y no que vengas a mi a inmolar tu virginidad Maldita sea.
—Terry por Dios, no hay nada que hacer al respecto. El matrimonio es inminente, te lo ruego Hazme tuya, permíteme conocer la felicidad de tu mano.
—No sabes lo que me estas pidiendo.
—¡Si lo sé!—Candy se puso de pie una vez más.—Lentamente se acercó a él y lo enfrentó.—Hazme tuya por favor.—La rubia lo dijo casi en un susurro.
—Y después que, dímelo Candy, ¡maldición!, ¿que haré después?
—Después debes dejarme ir.
—Que fácil suena ¿no?, Te hago el amor, y luego te dejo para que te cases con otro. Entiendes lo cruel y macabro de tu plan.
— Dios Terry te amo desde el día en que te ví en la cubierta del Mauritania. Regálame la dicha de ser tuya. Dame el recuerdo que servirá de bálsamo para mi alma en el futuro que se avecina.
—Sabes que esto no es justo pecosa, tu debilitas mis defensas. Y nublas mi razón. Sabes que nada en mi ha cambiado.
¡Dios santo! La situación empeoraba por momentos.
—¿Eso es un sí mi rebelde ingles? — La voz de Candy se relajó ante la premisa de una respuesta positiva.
—Eso es un talvez mona pecas. Tu crees que has ganado, ¿no es cierto?
Ella lo miró con ojos ansiosos.
—Sí.
—Eres una bruja manipuladora —susurró él.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Candy.
—Lo sé.
Debatiéndose entre lo correcto y el deber, la atrajo hacia él con brusquedad, apresándola por la cintura. A pesar de que Candy jadeó sorprendida, miró el reflejo en el cristal de sus ojos con una mirada luminosa y triunfante bajo la tenue luz de las lámparas.
Aún quedaban un par de preguntas que hacer.
—Candy ahora dime, si estás casi presa en la mansión Ardley, como es que estás a estas horas fuera de casa.— Terry la apretaba más contra su cuerpo, podía sentir aquel olor a rosas que emanaba de su cuerpo y el aliento cálido de la rubia como siempre olía a fresas. Como deseaba entregarse a la lujuria y besarla duro hasta perder la cordura.
—Escapé.— Candy se puso de puntillas y pegó su frente a la de él.—Annie me ayudó.
—¿Annie sabe donde estás y de tu plan macabro? — El tono de voz de Terry se tornó pesado, seductor.
—Si, Annie sabe todo.— Lo dijo casi en un suspiro.
—Entonces supongo que debemos llevar acabo el plan esta misma noche.—La cordura definitivamente había abandonado a Terry.
—Supones bien.
—Te aseguro que más tarde te arrepentirás de lo que estás haciendo.
—Lo dudo —susurró Candy.— Terry promete que después de esta noche me dejarás ir.
—Pecosa, he aceptado entrar en el juego, no me presiones más. Además voy a hacerlo tan bien que tu no me querrás abandonar jamás—Le regaló aquella sonrisa arrebatadora tan suya.
Entonces Candy lo besó. Fue un beso dulce e inocente, que empujó a Terry hasta el borde de la locura.
Sin pensarlo, se apoderó de su boca, devorándola, mareado por el placer que lo invadía después de llevar tanto tiempo sin besarla. Ella era suya aquella noche, completamente suya, y él pensaba marcarla como su propiedad para el resto de la eternidad. No importaban las tontas peticiones de Candy.
Sin embargo, se sentía aterrorizado. Porque era consciente de que, si se acostaba con ella, probablemente ya nunca querría separarse de su lado. Y no podría cumplir con aquella parte del trato.
Lentamente se fueron separando después de la efusiva y arrebatadora entrega de pasión. Candy se aclaró la garganta:
—Terry antes que eso suceda quiero hacerte una pregunta.— el rostro de Candy tomó un rictus solemne.— ¿Tu has tenido este tipo de intimidad con Susana?
—¿De mi respuesta depende lo que pasará a continuación Pecosa?— Una vez más Terry la presionó sobre su cuerpo, pero está vez la hizo consiente de las consecuencias que le provocaba aquel contacto en su cuerpo. Candy gimió.
—Claro que no, es solo una duda.— quiso sonar indignada, pero su voz era mas bien un suspiro.
—Para tu tranquilidad nunca he tocado a Susana. Quizás un par de castos besos, nada más. Para tu seguridad mi pasión siempre ha sido tuya Candice White.
Con delicadeza Candy se separó de Terry unos centímetros y comenzó a desabotonar su abrigo, aquella declaración merecía un premio. Con dedos torpes debido a la anticipación y los nervios propios. Terry la observaba expectante, cuantas noches en vela había imaginando tenerla entre sus brazos y esta realidad era cien mil veces mejor.
Candy termino con su trabajo, y dejó caer el abrigo a sus pies. Debajo vestía sólo con un camisón de satén casi transparente de color azul claro que se ajustaba a sus deliciosas curvas. Bajo la luz suave de las lámparas, su rubio cabello resplandecía. Con mucho cuidado quitó las horquillas que lo contenían y los rizos espesos cayeron libres sobre su espalda, hombros y sus pechos
Terry no pudo contenerse más así que deslizó sus manos grandes y la mirada ardiente sobre el cuerpo de Candy, y contempló su bien hecha cara, aquella pequeña nariz chata salpicada de pecas, el cabello magnífico, los pechos erguidos, el vientre plano, aquellas piernas largas y flexibles.
Posó sus manos alrededor de su estrecha cintura y la levanto en el aire, Candy en un acto reflejo enrolló sus piernas en la cintura de Terry y escondió su cara en el hueco de su varonil cuello, aspirando su esencia mientras él la conducía hacía su habitación.
Les ha gustado? Hasta aquí las dejo con la promesa vibrante en el aire y con las ganas de querer saber más, ya las imagino y se preguntan... habrá lemón? pues sí, y del bueno!
Muchas gracias por la bienvenida tan coordial que me han dado todas con sus Reviews, son muy lindas! y me dan muchas ganas e inspiración para seguir escribiendo.
voy a contestar algunas preguntas y dudas que me dejaron en los Reviews.
Cada cuanto voy a actualizar: Yo creo que si el tiempo me dá y las musas me acompañan, sería cada semana (Hoy hice una excepción por el cálido recibimiento :P y las ganas de comunicarme con ustedes)
Sí, voy a terminar la historia.
Voy a tratar de no hacer sufrir a ninguna, pero drama es drama.
Me despido, y les recuerdo, las leo! dudas y preguntas en los Reviews. xoxo
Merci beaucoup cher ami pour vos belles paroles, je l'espère, pour répondre à vos attentes. salutation. Tamylin et à votre service.
