Capitulo 3
Una vez allí frente a la cama, Terry suavemente depositó a Candy en todo su largo y se dedicó a contemplarla. El camisón de satén azul contrastaba con la colcha blanca de la cama y la luz de luna se colaba por la ventana, iluminando toda la habitación, la imagen de Candy era surrealista, era una diosa sobre su cama y era suya.
Por lo menos por aquella noche
—Supongo que no puedo rechazarte—admitió él bromeando.
—¿Te gustaría verme desnuda?
Eso le devolvió la seriedad de inmediato.
—Quiero sentirte desnuda, amor mío.
Los ojos de Candy brillaron, ante la urgencia de su voz. Luego, Candy tomó aire con dificultad y dijo con voz ronca:
—Y yo quiero sentirte muy dentro de mí.— Aquellas audaces palabras la hicieron sonrojarse furiosamente. Si tan solo la hermana Grey escuchara lo descarada que se había vuelto, gracias a los consejos de su amiga Annie.
Terry contempló su adorable rostro a la luz de la luna y se maravilló con su expresión de niña buena cometiendo una travesura. Le acarició la mejilla y los labios con el pulgar, la besó con delicadeza, y sus cuerpos permanecieron inmóviles mientras ambos se abrazaban. Ella comenzó a responder a sus caricias y deslizó sus pequeñas palmas desde el amplio y bien formado pecho de él hasta el cuello, para juguetear antes de separar los labios y aumentar la intensidad del beso.
Terry introdujo su lengua en la calidez de su boca. Candy se acercó aún más a él y apretó los pechos contra su torso, al tiempo que le pasaba una pierna por encima de las caderas para frotar la fuerte erección que le abultaba los pantalones. Había llegado el momento de desnudarse.
Terry puso sus manos en la cintura de Candy para levantarla con mucho cuidado y la recostó de espaldas sobre el colchón mientras seguía besándola intensamente. Candy apoyó las manos en los hombros de Terry mientras este desataba los lazos del camisón con manos agiles; después, una vez que él le subió la prenda de satén desde las piernas hasta las caderas, la ayudó a sacársela por la cabeza.
Sin dejar de mirarla a los ojos, Terry se llevó las manos a la bragueta, desabrochó todos los botones, y se quitó el resto de la ropa pasando por las caderas y piernas abajo, y la arrojó de una patada al suelo.
Cuando por fin ambos estuvieron desnudos, se inclinó sobre Candy y abrasó sus labios con un nuevo beso, excitándola sin tocar su cuerpo, haciéndola desear lo que estaba por venir. Terry se sentó para observar con detenimiento su hermosa figura iluminada por la luz tenue.
El cabello extendido sobre las almohadas parecía flotar en gruesos mechones ondulados que enmarcaban esos magníficos ojos color esmeralda que lo miraban con una expresión sensual. Tenía las piernas largas, blancas y elegantes que se unían en un suave triángulo de rizos. Su vientre permanecía terso, y sus pechos redondeados tenían la forma perfecta, endurecidos por el deseo.
—Dios, qué hermosa eres pecosa —murmuró con voz cortada mientras deslizaba los dedos por su muslo en una lenta caricia.
Candy esbozó una sonrisa traviesa.
—¿Soy la mujer más hermosa que has visto en tu vida?
Terry se inclinó hacia delante y le dio un beso arrancándole una exclamación de sorpresa.
—No recuerdo a ninguna otra —le aseguró con voz ronca, mirándola a los ojos una vez más.
Candy se echó a reír, hasta que él se metió uno de sus pechos en la boca y comenzó a succionarlo. Ella arqueó la espalda a modo de respuesta.
—Terrence haces que me estremezca de la cabeza a los pies…
Terry se incorporó y la miró a la cara.
—Así que usas mi nombre completo. Me alegro, de causar tan nobles sensaciones.— le sonrió de medió lado y sus zafiros brillaron con intensidad.
Ella lo contempló con expresión divertida, Estiró una de las manos y le pasó los dedos por la mandíbula. Necesitaba comprobar que era real.
Candy dejó escapar un gemido de placer y cerró los ojos con fuerza a medida que la pasión crecía.
—Mi corazón solo late por ti, Candy —dijo él, llevándose una de sus pequeñas y delicada mano al pecho para que pudiera sentir los salvajes golpeteos de su corazón.
Antes de que ella pudiera responder ante la agradable sensación, la cayó una vez más y la besó con ternura mientras se tendía junto a ella. Le echó las caderas hacia delante y colocó un muslo sobre sus piernas.
Empezó a acariciarle la piel con la yema de los dedos. Pasó desde la cintura hasta la zona que quedaba por debajo del brazo, y notó que a ella se le ponía la piel de gallina. Respirando cada vez con más dificultad, Terry jugueteó con su lengua mientras alzaba la mano para cubrirle el pecho y masajearlo suavemente.
Candy soltó un gemido gutural ante la exquisita tortura. Terry deseaba poseerla, pero quería alargar ese momento, era la primera vez que estaban juntos, esperaría hasta que no pudiera soportarlo más. Candy arqueó la espalda pidiéndole más, y él la complació. descendiendo para besarle la zona del escote. Candy gimió con fuerza y comenzó jadear mientras se aferraba a sus hombros. Terry se maravilló ante los sonidos de deleite que escapaban de los labios de ella a medida que la acercaba más al placer final que con tanta desesperación anhelaba.
Parecía no poder hartarse de ella; su sabor era tan dulce y se mostraba tan suave que de pronto sintió la urgente necesidad de hundirse en su interior y dejarse llevar. Le pasó las manos por el vientre dándole suaves caricias.
Quedaron cara a cara, respirando entrecortadamente. Terry aún tenía una mano bajo ella y jugueteaba con su cabello mientras deslizaba la otra hacia arriba por su cadera para llegar de nuevo hasta el pecho. Ella le recorría la espalda de arriba abajo con las manos, pero colocó una de ellas sobre el pecho cuando Terry se apoderó de su boca y comenzó a besarla de manera apasionada.
Candy pasó la mano con suavidad y le acarició la piel con dedos suaves como plumas, y entonces él la sujetó por el trasero para apretarla con fuerza contra su erección.
La observó para ver cómo reaccionaba, deseando que se sintiera cómoda en su cama, ardiente de deseo. Ella aspiró el aire con los dientes apretados.
—Sí… —susurró.
Terry estuvo a punto de acabar en ese mismo instante.
Intentó, recuperar un poco el control antes de continuar, pero Candy instintivamente colocó una pierna encima de la suya y se meció contra él a fin de frotarse contra su miembro.
Terry la sujetó por las caderas para detener el movimiento.
—Si haces eso, me correré —murmuró con voz tensa.
Ella abrió los ojos una vez más. Por un segundo, Terry creyó haber atisbado una sonrisa satisfecha en su rostro, pero ella bajó los párpados de nuevo y se quedó inmóvil, a la espera.
—Me alegra saber que lo estoy haciendo bien —dijo con un hilo de voz.
Él le besó la nariz.
—Lo estás haciendo a la perfección. Ni te imaginas lo que siento cuando te frotas contra mí de esa manera.
—Y tú no te imaginas lo maravilloso que es sentir lo duro que estás por mí. —ronroneó ella sin abrir los ojos.
Terry tragó saliva con fuerza al ver su rostro sonrojado y escuchar sus rápidos jadeos.
—Jamás he deseado a una mujer tanto como te deseo en estos momentos, Candy —Lo dijo con voz ronca.
Ella abrió los ojos unos instantes para dejar al descubierto su par de esmeraldas llenos de lágrimas y una expresión de puro amor. Terry supo que atesoraría ese momento para siempre, que recordaría esa mirada mientras viviera.
No había nada más que decir.
La empujó con ternura para tenderla totalmente de espaldas en la cama y comenzó a sembrar un reguero de besos sobre su cuerpo.
—Eres hermosa… —susurró.
Ella abrió los ojos, embriagada por el deseo, y lo miró mientras se lamía los labios con increíble sensualidad. Aún jadeando, Terry creyó que explotaría en ese preciso instante.
Aspiró con fuerza con los dientes apretados, le levantó un poco las piernas para colocarse frente a la entrada de su cuerpo y, sin dejar de mirarla, comenzó a hundirse en su interior.
Pero a medida que fue poseyéndola despacio, Candy dejó de sentir aquella sensación tan desapacible. Un poco incómoda, sí. Y muy íntima, desde luego. Pero no insoportable.
Sin embargo, le daba vergüenza, y no se atrevía a mirarlo a la cara mientras él entraba en su cuerpo. Lo único que podía hacer era permanecer allí tendida y quieta, debajo de él.
—Relájate —le murmuró Terry al oído—. Será más fácil para ti.
—¿Cómo lo sabes? —replicó ella escépticamente—.
Terry soltó una carcajada, luego la besó con ternura, distrayéndola de lo que estaba sucediendo.
Al cabo de unos segundos, Candy notó que se sentía mejor. Tenerlo dentro le provocaba una sensación de calidez que no había esperado.
Terry se quedó inmóvil, cuando topó con la barrera de su virginidad, allí estaba y se apartó para mirarla a los ojos.
—¿Estás segura de que quieres hacerlo? —le preguntó suavemente, apoyado sobre ella.
Había llegado el momento. El instante de perder la virginidad. Candy tragó saliva, con enorme nerviosismo.
—Sí, estoy segura.
—Ahora, bésame, Candy —le susurró—. Bésame con fuerza.
Candy oprimió los labios contra los de Terry y succionó la lengua del hombre. Terry no pudo resistir. Exhaló un hondo gemido, le sujetó fuertemente las caderas y la alzó mientras derribaba la frágil barrera. Sintió que Candy le clavaba los dientes y soltaba un sollozo sofocado, pero no retrocedía.
Al sentirla caliente, húmeda y apretada, perdió el control. Le pareció irresistible, tibia, dulce y ansiosa, y la devoró como un hambriento, hundiéndose más profundamente, creyendo que la unión con Candy lo haría morir de placer.
Ahora él estaba dentro de ella de una forma tan íntima que Candy no podía escapar de él… ni de los hechos consumados. Que Neal se fuera al infierno, ahora Candy era suya. Era su mujer maldita sea.
Dejó escapar un gemido gutural al deslizarse entre las cálidas paredes femeninas y trató de percibir todos y cada uno de los matices de su cuerpo, de sentir cada uno de los relieves que la hacían única. Aunque estaba completamente mojada, los músculos estaban tensos a su alrededor; no obstante, segundos más tarde comenzó a relajarse y le permitió hundirse hasta el fondo en ella, con lo que sus caderas entraron por fin en contacto.
Candy dejó escapar un gemido ahogado y cerró los ojos una vez más.
—Es tan… maravilloso tenerte dentro…Terry
Él intentó apaciguar un poco los latidos de su corazón. Respiró hondo y apretó los párpados, negándose a retirarse o a besarla hasta haber recuperado el control necesario.
—No te muevas —le dijo con una voz tensa—. Por Dios, esto es el paraíso…
De pronto sintió que ella le acariciaba las sienes y las mejillas con la punta de los dedos. Pero no deseaba su ternura, al menos todavía. Quería que se corriera para darle el mejor recuerdo posible de esa noche.
Decidido, se inclinó hacia delante y capturó su boca mientras levantaba un poco las caderas . Le dio un beso largo y profundo.
—Candy… —susurró contra sus labios.— Eres mía, mía, mía
—Si mi amor, solo tuya
Ella le rodeó el cuello con las manos y se aferró a él. Candy gimió de nuevo y meció las caderas contra él.
Terry se sintió arrastrado hacia el punto en el que no había vuelta atrás. Pero deseaba satisfacerla primero, sentir su orgasmo alrededor de él, percibir esas contracciones que lo llevarían al abismo. Se concentró en el rubor de su rostro y se retiró un poco antes de quedarse quieto para acariciarla.
—Sí… —la animó él con un suave susurro—. Dime dónde te gusta…
Ella se giró un poco y jadeó de nuevo. Cuando Terry cambió el ritmo, echó la cabeza hacia atrás y apretó los ojos con fuerza.
Se dedicó a disfrutar de esa extraordinaria tensión que sentía en el vientre, lista para explotar.
—Hechicera… ¿También tienes que… robarme el alma?
—Sí. —Él le había robado la suya; ¿por qué no podía hacer ella lo mismo?— Sí… sí… —repitió, mientras la vibración que sentía en su interior hacía éco hasta llegarle a la cabeza.
—Ay, sí… —murmuró ella.
—Córrete para mí, Candy —susurró él—. No puedo aguantar más…
De pronto, Candy se apretó contra él y le rodeó las piernas con las suyas al tiempo que emitía un mudo sollozo.
De repente, los puntos negros explotaron, la habitación se llenó de luz y de color, tan brillante que Candy temió quedar ciega.
—¡Sí! —gritó.
Terry lo percibió de inmediato y disfrutó de las sensaciones; era fabuloso notar cómo aquellos músculos se contraían rítmicamente en torno a él mientras ella alcanzaba la cúspide. Y tal como había sospechado, esa sensación lo llevó más allá de los límites de la cordura.
Con un estremecimiento, la embistió una vez más, dos. Y en ese momento Terry estalló dentro de ella y Candy pudo sentir cada una de las exquisitas pulsaciones mientras se derramaba en su interior.
Terry la besó mientras pudo, pero después tuvo que apartarse para tomar aire. Como un muñeco de trapo se desplomó exhausto sobre ella con un gruñido y permaneció inmóvil, unido a ella en aquel delicioso agotamiento, jadeando con fuerza.
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—¿Señor Leagan?—La señora Marlow venía bajando la escalera.
Neal se encontraba sentado en un gran sofá en la sala principal, tras él sus tres guardaespaldas de pie, intimidando.
Lentamente Leagan volteó para ver a la señora Marlow.
—Efectivamente señora Marlow. Permítame presentarme formalmente, Yo soy Neal Leagan a sus ordenes.— Solamente hizo un ademan con su cabeza, tampoco fue capaz de levantarse ante la presencia de la dama.
—Quisiera decir lo mismo señor Leagan, pero su presencia a estas horas en mi hogar no me complace en lo más mínimo, así que le rogaría que fuera al grano y se retire lo más pronto posible de mi hogar.
—Pero que modales señora Marlow, yo quiero ser su amigo, su aliado, junto a su preciosa hija Susana.—Los ojos de Neal brillaron con malicia.
—A mi hija señor Leagan puede dejarla fuera de esto, se que viene a hablar de Grandchester, y ella en estos momentos se encuentra muy delicada de salud, cualquier mala noticia que provenga de aquel ser, repercute fuertemente en su salud física y mental. No sé si usted me entiende.—Por fin la señora Marlow tomó asiento frente a Neal.
—Entiendo claramente Señora Marlow.—Chasqueó la lengua con desdén— bien iré al grano. Le cuento que yo, soy el prometido de Candice White Ardley, y en un par de meses seremos marido y mujer.—Neal le dio un largo sorbo a la copa de brandy que tenía en su mano que amablemente Stuart le había servido para amenizar la espera mientras la señora Marlow bajaba a su encuentro.
—Ese nombre me suena conocido, pero no veo que tenemos que ver con su prometida señor Leagan.
—Candice mi querida señora Marlow es la antigua novia de Grandchester, ella es...Como decirlo, a quién abandonó por comprometerse con su hija después de tan lamentable accidente.
—Bueno, pero aún no entiendo en que nosotras tenemos que ver o porque usted irrumpe en medio de la madrugada en nuestro hogar.—Molesta la señora Marlow se puso de pie .—Le ruego que si ya terminó con su historia; se marche de mi casa de inmediato. No estoy para estar escuchando cuentos sobre aquella muchacha y usted señor Leagan.
—Pero a mi si me interesa lo que el señor tenga que decir acerca de Candy madre, por favor deja que prosiga.—Susana venía bajando la escalera en brazos de Stuart.
—¡Dios mío Susana que haces despierta! Y tú Stuart viejo inepto, te dije que no le dijeras a mi hija de la presencia de estos hombres.— La cara de Helena Marlow bullía en ira.
—Madre, no culpes a Stuart, yo estaba despierta cuando escuché la llegada de los señores, y cuando dijo que tenía algo que decir de Terry yo quise bajar, y si Stuart no me bajaba hasta la sala; yo misma me arrastraría escaleras abajo mamá.—
EL mayordomo lentamente depositó a Susana en la silla de ruedas y tapó sus piernas con una mantilla.
—Señorita Marlow que placer el conocerla al fin, cada comentario que escuché acerca de su belleza, créame no le hacen justicia.—Neal se acercó hacía donde estaba Susana y se arrodilló frente a ella, tomó una de sus delicadas y delgadas manos y la besó cálidamente sobre los nudillos.
—Le agradezco enormemente sus halagos señor Leagan pero como le dijo mi madre, me urge saber que es lo que tiene que decir acerca de mi prometido, por favor se lo pido, dígame que pasa con Candy y Terry.—Los ojos de Susana brillaban de tristeza y estaban anegados en lagrimas.
—Hoy mi prometida desapareció de nuestra mansión, y estoy seguro que el maldito de Grandchester la tiene con él. Ahora me dirigía al departamento de ese desgraciado, en busca de mi novia, y hacerlo pagar por su osadía, y ustedes entenderán que mis guardias aquí presentes se harán cargo de tan noble tarea.
Pero me pareció prudente pasar por su casa queridas damas para informarles de la canallada que ha cometido el gran y noble Terrence Grandchester. Espero que ustedes sepan ponerlo en su lugar una vez que mis hombres terminen con él.
—¡No! —Gritó Susana—Señor Leagan no le haga daño a Terry.
—Muy tarde querida, yo solo vine a avisarles, para que no vivan más con la venda en los ojos. Ahora mis hombres lo golpearan un poco, quizás le quebraremos una pierna o un brazo. Pero la Próxima vez, lo mato—Esto lo pronunció con el semblante siniestro. Propio de los Leagan— Espero se lo digan cuando por la mañana lo visiten en el hospital.
—Si eso es todo lo que ha venido a decir, le ruego haga abandono de mi hogar en estos instantes señor Leagan, si no me veré en la obligación de llamar a la policía.—La señora Marlow arrodillada junto a la silla de Susana la contenía, mientras la rubia lloraba a mares por las palabras de Neal.
—No se preocupe señora Marlow en estos momentos me retiro, como les digo tenemos un trabajo que hacer.
Muy buenas noches mis bellas damas ha sido un verdadero placer compartir esta noche con ustedes.—La risa enferma de Neal se escuchó por el pasillo mientras abandonaba el hogar de las Marlow.
Stuart se retiró lentamente hacía la cocina, dejó a su Señora consolar a una histérica Susana. El Mayordomo a pesar de ser solo un empleado en la mansión también le tenia un gran cariño a Susy, mas que mal la había visto crecer y pasar por todo el proceso desde su mal logrado accidente, aun que no le tenía buena voluntad a Terry, sabía que si lograban hacerle daño estos hombres, su niña Susy como el cariñosamente la llamaba; sufriría mucho más de lo que ya lo estaba haciendo, y no se merecía tanto pesar en su corta y mal lograda vida.
Hola! Aquí estoy con la actualización! Muchas muchas gracias por tan linda acogida a esta linda y loca idea gestada en mi mente. Gracias por el apoyo y tan lindos y dedicados Reviews...adoro cuando me escriben y lanzan sus especulaciones y deseos en torno a la trama y los personajes. Alientan mis ganas e imaginación. A cada una de ustedes, besos, abrazos y disfruten de este cap. Nos vemos la próxima semana! XOXO.
P.D.: A que no quedó lindo el lemon :P
