Capitulo 4

Aproximadamente a las dos de la madrugada, Terry fue abriendo los ojos lentamente, miró hacia la ventana de su habitación y se percató que aún no amanecía. El cielo nocturno se había despejado y la luna brillaba con todo su fulgor plateado tras la ventana. Fue en aquel instante en que estiró su brazo izquierdo que rosó el cálido cuerpo de Candy, que los recuerdos de su encuentro se vinieron como un flashback ante sus ojos. Una sonrisa de complacencia curvó sus labios.

Con cuidado se acomodó sobre su costado para poder observar a su dulce Candice mientras dormía plácidamente, su pecho cubierto por las sabanas subía y bajaba acompasadamente, la luz de luna que entraba por la ventana, le permitía distinguir cada una de sus delicadas facciones, su pequeña nariz respingada y orgullosa aún cubierta de pequeñas pecas, las tupidas y largas pestañas que ahora reposaban sobre el nacimiento de sus pómulos, y esa boca rellena y perfecta que ahora lucía hinchada después de haber sido besada durante horas. Aquella mujer era una hermosura, y era toda suya. — ¿Que haría ahora?— Pensó Terry— No podría dejarla ir, y menos dejarla en manos del malnacido Neal Leagan.

—Terry no me mires así, me está dando vergüenza.— Dijo suavemente Candy aún sin abrir los ojos.

—Recuerda que te ví pero no te miré.— Con su brazo izquierdo tomó a Candy por la cintura y la acercó fuertemente hacia su cuerpo.

—¡Dios Terry! Eres incorregible— Candy pasó sus brazos por el cuello de él y se fundieron en un beso.

Al terminar Terry le preguntó:

—Estas bien cariño, te noto un poco tensa, ¿te he lastimado?

—No Terry, yo estoy bien, todo esto ha sido magnifico, como un sueño, pero me preocupa el hecho de que en la mansión ya debieron darse cuenta de mi desaparición, y Neal debe estar como un loco en mi búsqueda. Y yo no quiero meterte en problemas Terry.— los ojos de Candy comenzaron a humedecerse, y su voz se quebró.

—Cariño tranquila, ahora estás conmigo, y yo no voy a dejar que te lastimen, es más pecosa, justo estaba pensando en todo esto cuando desperté y te ví a mi lado, esto es lo que quiero en mi vida; a ti… así mía. Quiero despertar y verte aquí a mi lado por el resto de nuestras vidas, y no voy a dejar que otro ponga un dedo sobre ti Candice White.

Candy puso su mano sobre los labios de Terry para callarlo.

—Terry mi amor, esto lo hablamos antes de dar este paso, yo debo cumplir con los Ardley, y tu debes cumplir con Susana, no nos hagamos esto por favor Terry. Esta noche fue nuestra. —Terry le retiró bruscamente la mano a Candy de su boca y saltó de la cama tal como estaba; desnudo. pero la oscuridad de la noche y sus sombras disimulaba sus partes. Candy afligida se sentó sobre la cama, recogió las piernas y se envolvió con las sabanas, Terry fue hasta su ropero sacó una bata de terciopelo azul marino y se la puso. Encendió la lámpara sobre su mesita de noche y volvió a pararse frente a Candy con el rostro y los ojo encendidos.

—No vuelva a repetir aquello señora mía, que se vayan al diablo los Ardley y Susana, y tu puto honor Candice, hoy acepté tu trato, pero ahora lo rompo, eres mía, eres mi mujer y nos encargaremos de solucionar el maldito problema de Neal Leagan.

—Terry es que tu no sabes, Neal se ha convertido en un mafioso en un gánster, yo no quiero que te pase nada mi vida— Candy alzó los brazos hacía Terry— Ven aquí mi amor, ven a mis brazos, olvidemos un momento todo el horror que nos rodea—Candy necesitaba calmar a Terry y ya sabía como hacerlo, el plan debía continuar el trato no se debía romper— Terry ven y hazme tuya una vez mas.

Lentamente y como si fuera un niño Terry caminó hacía el costado de la cama donde se encontraba Candy esperándolo con los brazos abiertos, se sentó junto a ella y la abrazó.

—Tienes un extraño poder sobre mi, te he entregado el control de mi vida. Candy júrame que buscaremos el modo de salir de eso.—le susurró al oído.

—Terry por favor.— y comenzaron una vez más a besarse con desesperación, Candy como pudo comenzó a tirar de la bata de Terry hasta que logró arrancársela del todo, él la tomó de entre las sabanas y la sentó a horcajadas sobre sus piernas, esta vez sería distinto, la luz de la lámpara iluminaba sensualmente la escena.

—Por fin pecosa te veré y te miraré.

—Terry eres un descarado— Candy echó la cabeza hacia atrás, para darle acceso a Terry que comenzaba a besarle el cuello.

—Oh mi querida Candy te marcaré a fuego— posó sus grandes manos sobre las pequeñas y redondeadas caderas de ella alzándola y de una sola estocada entró una vez mas en ella.

—Ohh por Dios Terry— Gimió Candy.

—Eso es pecosa, di mi nombre, dilo fuerte— Terrence comenzó a moverse, y con él Candy seguía aquel ritmo cadencioso que los llevaba lentamente a la locura.

—Terry…Terry…Terr…

En aquel momento se sintieron fuertes golpes en la puerta principal. Candy y Terry se detuvieron en el acto y guardaron silencio, una vez más la puerta era golpeada con efusividad, Terry tomó a Candy de su regazo y la volvió a acomodar sobre la cama, rápidamente tomó sus ropas dispersas por la habitación y se calzó a toda prisa los pantalones y la camisa sin abrochar.

—Toma tu encantador camisón cariño, y recuerda agradecerle el gesto a Annie— Terry le guiñó un ojo a Candy.

—¡Terry! Como puedes bromear, en estos momentos, seguro que es Neal el que está golpeando la puerta— Candy también se estaba poniendo la poca ropa que traía bajo el abrigo, tiritaba de miedo, y su voz era de angustia.

—Tranquila amor mío, en estos momentos estoy tan feliz que lo golpearía con un ramo de margaritas.— La agarró por los hombros y la besó en los labios.— Ahora voy a ver quien es, necesito que te quedes aquí, ponte el abrigo y las botas, si resulta necesario escaparemos.—Terry salió de la habitación cerrando la puerta tras de si, Candy se preparó tal como le dijo Terry y se quedó pegada a la puerta tratando de escuchar lo que sucedía en el recibidor.

—¿Quién es? — Preguntó Terry una vez que se encontraba junto a la puerta de entrada.

—Señorito Terrence, soy yo Stuart, el mayordomo de la casa Marlow.

De inmediato Terry abrió la puerta e hizo entrar al viejo empleado de Susana.

—¿Le ha pasado algo a Susana Stuart?— le preguntó Terry con impaciencia agarrando al pobre hombre por las solapas.

—Señor, hace unos momentos un hombre llamado Neal Leagan irrumpió en el hogar de las damas Marlow para entregar nefastas noticias acerca de usted Señor, yo me apresuré en venir, a pesar de que las calles están cubiertas de nieve, tomé el caballo mas rápido de la casa y acorté camino, pero ese hombre desagradable viene con tres guarda espaldas a golpearlo señor, aquel hombre dice que usted tiene en su poder a su prometida— En aquel momento la puerta de la habitación de Terry se abrió y Candy salió caminando lentamente hacía ellos.—Santo Jesús señor Terrence, es verdad que tiene a la señorita Ardley con usted—El mayordomo se agarró la cabeza con sus dos manos—Pobre de mi niña Susy.— Se lamentó.

Candy lo observaba con tristeza se sintió culpable, quizás se merecía ser encontrada por Neal y sus secuaces, las Marlow no merecían estar metidas en este embrollo, la integridad de Terry ahora estaba en juego, incluso el viejo mayordomo estaba sumergido en este dilema, todo por culpa de su estúpido plan.

Terry aún se estaba arreglando la ropa, a grandes zancadas atravesó el salón y miró por el ventanal, Neal había llegado con sus hombres en un automóvil negro, y se dirigían hacia el edificio, corrió hasta un escritorio tomo una pluma y papel y comenzó a escribir, mientras lo hacía se dirigió a Stuart.

—Viejo Stuart, se que me odias y deseas verme colgado del palo mayor, pero necesito que me hagas un favor, la señorita que vez frente a ti corre peligro en manos de Neal Leagan, ellos acaban de llegar y deben venir subiendo, necesito que te lleves a Candy, a esta dirección, y le entregues esta nota a esta persona.— Terry se acercó a Stuart y le pasó el papel y las llaves de su automóvil—Mi auto está aparcado detrás del callejón, yo me haré cargo del caballo de las Marlow, nos encontraremos allá Stuart no te preocupes.

—Señor. Yo dejaré a la señorita donde usted me dice, por el bien de ella. No creo que quiera ver todo lo que el señor Leagan prometió que le harían en casa de mi señora.—Stuart tomó la nota y las llaves.—Por favor Señorita Ardley debemos darnos prisa.— el mayordomo abrió la puerta y salió del departamento.

Candy miraba con horror todo lo que estaba pasando, cuando se dio cuenta que Terry abría un cajón del escritorio y extraía un arma que de inmediato se acomodó en la cinturilla del pantalón tras su espalda. Candy corrió hacia él y se colgó de su cuello.

—Por favor Terry no vayas a cometer una locura— Candy lloraba abrazada a su pecho.

—Cariño, ellos son cuatro y yo debo de defenderme. Pero tranquila, solamente la usaré en un caso extremo, lo juro. Ahora vete con Stuart por favor.— La separó de él y la encaminó hacia la puerta, miró hacia ambos lados y le señalo al mayordomo por donde estaban las escaleras de emergencia. El viejo Stuart desapareció tras la puerta de emergencia.

—Terry donde me llevan.

—Ya vas a ver, por favor Candy no hagas mas preguntas y vete, Neal esta por llegar en cualquier momento.

—Bésame Terry, bésame por favor.

Terry la tomo de la cintura con fuerza y le estampó un beso con pasión que les quitó el aliento a los dos y los dejó vibrando.

—Ahora amor mío ve, espérame, no te muevas de donde te lleva Stuart, aun que me retrase, no salgas, una vez que nos reunamos pensaremos como saldremos de esto. ¿Está bien Candice?

—Está bien.

El timbre del ascensor sonó, Candy corrió hacia las escaleras y Terry cerró la puerta del departamento, lentamente se dirigió a su pequeño bar y se sirvió un whisky solo y lo tomo de un sorbo, allí estaba Terrence Greum y su Colt americana esperando a Neal Leagan y sus tres guardias.

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Durante todo el trayecto hacia al que Terry la había enviado junto a Stuart, fue en completo silencio, a veces Candy sentía que el mayordomo de las Marlow le lanzaba miradas furtivas de reproche; y no era extraño. Él era un empleado fiel de Susana y su madre. Ella, Candice White era la intrusa en esta historia, además había roto lo prometido hace un par de años. Ella debía hacerse a un lado y ahora había vuelto llena de problemas, ahora le daba vueltas la cabeza, toda esta locura de su plan la comenzaba a hacer sentir mal.

—Señorita Ardley creo que hemos llegado.— Stuart detuvo el automóvil y apuntó un bloque de departamentos.— El mayordomo descendió del carro y fué a abrir la puerta del copiloto.

—¿Donde estamos Señor Stuart?—Candy miraba ansiosa hacía todos lados.

—Bienvenida a Brooklyn señorita,— El viejo mayordomo tomó la mano de Candy y la ayudó a salir del automóvil.— Ahora sígame por aquí.

Stuart se dirigió a una escalerilla cubierta de nieve, y subió junto a Candy hasta el tercer piso, cuando llegaron frente a la puerta del departamento 302B Stuart golpeó insistentemente hasta que una luz se coló por debajo de la puerta. Y una voz femenina somnolienta y chillona rugió desde el otro lado:

—¿Quién diablos se atreve a molestar a esta hora?... Grandchester juro que si eres tú una vez más borracho te pateo y ¡dejo que tu lindo traserito se congeles en la calle!

—Señorita Klaisse — Stuart carraspeó—Disculpe que la interrumpa a estas horas de la madrugada, soy Stuart Willis mayordomo de la familia Marlow, el señor Terrence Grandchester le envía una nota y a la señorita aquí presente.

La puerta se abrió de par en par y dejó ver la menuda figura de Karen Klaisse envuelta en una mullida bata de dormir, con los ojos abiertos como platos y la boca haciendo una gran o.

—Dios mío Candice White Ardley eres tu, ¿Que haces aquí?—Candy se lanzó a los brazos de Karen sollozando.

—Oh Karen, querida que alegría verte otra vez, no sabía donde venía, estoy metida en un lio enorme y arrastré a Terry y a este amable señor, ahora a ti.—la rubia perdió el control y comenzó a llorar profusamente en los brazos de Klaisse.

—Señorita Karen aquí está la nota del señor Grandchester, quizás le sea de ayuda para entender todo esto, por mi parte me retiro, mi trabajo aquí termina y mis servicios son requeridos en la mansión Marlow. Si me permite,—Con un asentimiento mutuo de cabezas, Stuart dejó a Candy y Karen en la puerta del departamento, y salió raudo del edificio.

Karen hizo entrar a Candy a su departamento, la ayudó a sentarse en el sofá mientras ella se dirigió hasta la pequeña cocina donde comenzó a preparar café. Candy necesitaba algo para calmarse, además venía fría como un témpano.

Una vez listo el brebaje Karen se acomodó con ella en la pequeña salita del apartamento Mientras la rubia bebía un poco de café, Karen se dedicó a leer la nota de Terry.

—Bueno querida, aquí en la nota de Grandchester no dice mucho el porqué estás acá, solo escribió que lo esperemos, y que no nos movamos por ningún motivo. Además dice que tú me contaras que es lo que ha pasado y que te provea de ropa abrigada.—Karen le dirigió una mirada inquisitiva a Candy que la hizo sonrojar.

—Dios Terry es imposible—Por fin Candy esbozó una sonrisa.

—Muy bien Candy ahora quiero la historia completa, con detalles y exagera por favor.—Karen tomó su gran taza de café y se la llevó a los labios. Ella ya intuía que lo que quedaba de noche sería muy larga y el café no debía faltar.

Candy se alisó los pliegues de su abrigo y comenzó por el principio.

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—Abre la puerta maldito bastardo, ya sé que estás ahí, y se que ella está contigo—Neal vociferaba y golpeaba la puerta con toda sus fuerzas.

Terry sentado en el sofá esperaba el momento indicado para abrir la puerta.

—Grandchester infeliz, abre la puerta o la echo abajo maldito.

—Tiempo de que el show comience— Se dijo a si mismo—Esta será la actuación de mi vida.

Caminó hacia la puerta y la abrió lentamente, Terry se apoyó en el marco de la misma con su arrogante porte y clásico cinismo, le dijo:

—¿Escuché que alguien me busca?—Le sonrió, con aquel brillo de sarcasmo en sus ojos.

—¿Dónde tienes a Candy maldito?—Siseo con los dientes apretados, el odio traspasaba por los ojos de Neal.

—¿Candy? Yo no he visto ha Candy...déjame pensar...Ya van a ser casi dos años que no sé nada de ella.

—¡Mientes!

—¿Quieres entrar y revisar por ti mismo Leagan? Adelante, dile a tus perros guardianes que pasen y busquen, aquí no hay ninguna Candy.— Terry se hizo a un lado de la puerta y con su mano derecha les hizo un ademan muy educado para que pasaran.

—¡Gianni entra, ve y busca por todos lados! que no quede rincón de este departamento de mala muerte que no sea revisado, si encuentras algo me avisas. ¡Jack, Thomas! tomen a este payaso sabelotodo y sujétenlo junto a aquella pared.

Terry no alcanzó a reaccionar cuando aquel par de matones lo tomaron por los brazos y lo llevaron contra la pared frente a la puerta de su habitación, Neal entro detrás de ellos y cerró la puerta principal, y se posesionó frente a Terry, mientras el tercero de los guardias inspeccionaba todo el departamento dejando un desastre tras de él.

Neal no dejó de percatarse que sobre la mesita del café habían dos vasos, uno vació y uno medio lleno, fue hasta ellos y los olió. Whisky.

—Que interesante Grandchester, tienes dos vasos sobre la mesita, uno medio lleno, ¿Tuviste visitas hoy?

—Sabes Leagan tengo la mala costumbre de servirme dos vasos de whisky cuando llego del teatro, tomo uno y luego el otro, ya sabes, cosas de hombres solteros,— Terry le dedicó una sonrisa.

—¿Te crees muy listo bastardo? Thomas por favor muéstrale a nuestro amigo un poco de nuestro cariño—El Tipo empuñó la mano derecha y la levantó con todo el impulso que pudo y la estampó en la boca del estomago de Terry, Este de inmediato perdió todo el aire y se dobló por la mitad mientras el par de hombres volvían a levantarlo por la fuerza. Leagan se rió

—¡Maravilloso Tommy! Hiciste callar a este brabucón.— Neal rodeó a Terry y lo tomó fuerte por el cabello para poder mirarlo a los ojos.— Así me gustas Grandchester, Sin aire y en silencio te vez más bonito.— Lo soltó con brusquedad, y Terry con dificultas volvió a enderezar la cabeza.

—Te sientes muy hombre Leagan, acompañado de tres matones para enfrentarte a mi.— Terry con gran dificultad resopló aquellas palabras.—Si hace algunos años me pareciste un americano cobarde y sin clase, hoy me lo terminas de verificar.

—Ladra todo lo que quieras. Duque de cuarta, esta pasada la he ganado yo; en un poco más de un mes me desposaré con Candy, y será mi mujer, noche tras noche, ¿Te puedes imaginar aquello Grandchester?— Una carcajada gutural salió desde el fondo de Neal, y sus ojos brillaron con sucia lujuria

—¡Eres un sucio bastardo Neal Leagan! Dile a este par de gorilas que me suelten y arreglemos esto como hombres ¿Recuerdas. Como en los recreos del San pablo?— Terry se sacudía con violencia entre los brazos de sus captores.— ¡Suéltenme malditos!

—Uy que miedo, ¿Donde quedó el Terry sereno y divertido de hace un momento? Te saqué de quicio con la noticia de mi matrimonio con la huérfana del hogar de Pony.—Otra vez aquella horrible risa se escapaba desde las entrañas de Neal.

—¡Sobre mi cadáver hijo de puta!— Más que un grito desesperado aquello sonó como un rugido desde el Alma de Terry.

En ese momento el otro secuas, salía desde la habitación que estaba revisando en busca de Candy.

—Señor, he buscado en todos lados, di vuelta cada mueble, busqué en cada rincón, pero no hallé nada, además la habitación es pequeña, ni una muestra de que la señorita Candice hubiese estado aquí.

—¡Maldición! Estúpida huérfana, ¿Dónde estás, con quien estarás?— Neal se paseaba como un león enjaulado.

—¿Qué hacemos ahora señor?—Preguntó Gianni.

—Volveremos a la Mansión, esperaremos que se haga de día para continuar la búsqueda.—Neal sacó un par de guantes de piel del bolsillo de su abrigo y comenzó a calzárselos en sus manos.

—¿Que hacemos con este tipo?—Preguntó Thomas.

—Denle una buena paliza, no lo maten, déjenlo bueno para nada por unos días.

No quiero que se entrometa en la búsqueda de Candy, pero quiero que viva para que nos vea casados.—Neal se terminó de acomodar el abrigo y la bufanda. Con movimientos lánguidos y pesados Lentamente se posicionó frente a Terry y este volteó el rostro no quería mirarlo, Leagan tomo otra vez con fuerza la cabeza de Terry por los cabellos y lo obligó a verlo directo a los ojos.

—Sabes Grandchester, este es uno de mis sueños hecho realidad, verte sumiso, indefenso ante mi, creo que esta noche dormiré como un bebé.

—Cobarde.— Siseo entre dientes. Terry tomó un gran hondo y desgarrado respiro y le escupió el rostro a Leagan.—Eso va con toda mi esencia y mi amor por ti perro.

Neal se pasó la mano por el rostro para quitarse el escupitajo con asco y ardió en ira.—Acaben con este bastardo infeliz, los espero en el automóvil. No demoren.

Mientras abandonaba el departamento a sus espalda, comenzó a escuchar como sus hombres estampaban sus puños en la carne del actor, podía escuchar los quejidos de Grandchester hacer eco en sus oídos, y aquello le producían choques de un placer enfermo por todo su sádico ser.


Actualización! See gracias a todas por sus Reviews! Las amo las adoro. Espero que este capitulo sea de su agrado. Perdón por la demora, pero tengan bien presente que no las dejaré sin un final, no se preocupen, si me demoro un poco es por falta de tiempo.

Nos vemos pronto! Y que vengan las musas! Xoxo