Haz lo que tengas que hacer

Otro capítulo más de los cuatro de esta historia. No me viene mal de la que organizó un par de cosas en Kitsune no Kibo, está siendo refrescante. El de hoy es el más largo, tampoco quiero poneros el guión entero de "la torre perdida", sólo aportar detalles en las partes importantes, así que personajes como Minato aparecen testimonialmente, y algunos aspectos, como lo del viaje en el tiempo, los doy por sabidos. Esta historia busca centrarse en Sãra y Naruto, no en su relación paterna o cosas así. Hoy tenemos el punto de vista de Sãra en esta historia y su evolución interna. Disfrutadlo, un saludo.

-aaaaaaaa- personaje hablando

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Obviamente, Naruto y la torre perdida no me pertenecen, son de kishimoto, yo solo escribo sin ánimo de lucro. No autorizo el plagio, inventa algo nuevo, seguro que será mejor que mis historias.


Sãra se sentó frente a las vidrieras de uno de los edificios de su ciudad, lejos de todos, abrumada por sus sentimientos. Primero, el descubrir que alguien había intentado asesinarla cuando estuvo en ese balcón. En un principio, cuando ese rubio gritón e insolente le dijo que la habían empujado, ella lo atribuyó a su propia torpeza. Ella era Sãra, la alta reina de Rōran, era amada por cada uno de sus súbditos, todos vivían felices, nadie podía tener un motivo para matarla. Convencida de ello, fue sorprendida cuando se alejó de su maleducado guardaespaldas de camino a sus aposentos por un grupo de asaltantes, que, amenazándola con hazas y palos, le exigieron que "los devolviera". ¿Devolver? ¿A quién?. Contestó con furia a esos chantajistas que ella era la reina, pero no pareció afectarles.

Suerte que estaba él, ese rubio que, a pesar de su insolencia y falta de respeto a la autoridad, ya le había salvado la vida dos veces en escasas horas. Su corazón latió más rapido cuando su fuerte brazo la puso tras él, interponiéndose con una brillante espada azul entre ella y sus secuestradores, dispuesto a mover montañas por ponerla a salvo. Como uno de esos príncipes de las historias que su madre le leía de niña. Combatió su sonrojo con fuerza, ¿Qué la estaba pasando? Era un súbdito, le debía lealtad, no tenía porqué sentirse feliz porque lo hiciese. Su confusión se volvió mayor cuando los aterradores secuestradores rápidamente se amedrentaron ante el uzumaki y tiraron sus armas, rogando por sus vidas. Tras encender las luces del lugar y constatar que se trataban de mujeres y niños, Sãra descubrió que eran sus propios súbditos, y que al parecer buscaban a sus familias, que habían sido secuestradas. Y acusaban directamente a su gobierno, y a Anrokuzan en particular.

Sãra lo negó todo, ese hombre había sido su único apoyo desde que su madre murió, lo más cercano a un padre que tenía. Era imposible, debía de tratarse de un error. Y lo averiguaría. Salió de ese desvencijado almacén donde había tenido lugar el hilarante secuestro y se dirigió a las calles de su ciudad, dispuesta a llegar a palacio. Pero se detuvo para admirar una de las cientos de cabalgatas que sus ciudadanos organizaron para honrar a su difunda madre. A pesar de sólo verles la espalda, se los veía tan felices… ellos eran la única razón por la que no la vencía la tristeza, su bienestar y el de esa ciudad era lo más importante para ella, más que su propia vida.

Pero las palabras de sus súbditos/secuestradores la sacaron de su mundo de ensueño: todo era una mentira. Aquellos eran marionetas, no sus súbditos. Ella lo negó con vehemencia, y entonces el rubio se acercó a la multitud. Tras examinar a uno de los asistentes, que extrañamente hacía como si no pasase nada, lo trajo al lugar donde se encontraba la ojivioleta, arrancándola un grito de horror. No era un ser humano, ese ciudadano era una marioneta. Su boca, rodeada de madera marrón, todavía se movía, emitiendo aclamaciones por su reina. Con un tono hiriente, una de las mujeres que la había secuestrado declaró que era "un súbdito marioneta para una reina títere". Sãra casi se derrumba ante ese comentario cruel, incluso la mujer que parecía el líder de ese grupo de ciudadanos disconformes le dio un toque de atención a su compañera. Y entonces llegó el golpe de gracia: de un balcón, una marioneta exactamente igual a ella se asomó a saludar, suplantándola. Salió corriendo entre lágrimas, siendo seguida por su incansable protector, hasta que llegó a ese lugar.

Puede ser que la vida, te guíe hasta el sol

Puede ser que el mar te lleve en sus olas

La joven cantó esa bella canción que su madre le tarareaba cuando ambas descansaban y se divertían juntas. Esa canción le calmaba, le daba fuerzas para seguir. Era como si su madre siguiese con ella y no estuviese totalmente sola. Una voz la sacó de sus pensamientos.

-Estás cantando esa canción…- dijo Naruto, con un tono curioso.- la de la primera vez que te vi…- Sãra no pudo evitar sonrojarse levemente, sonaba muy romántico lo que acababa de decir.

-Mi madre me la solía cantar cuando era niña…- expuso la pelirroja reponiéndose del sonrojo. Normalmente no compartiría eso con nadie, pero con ese ojiazul se sentía segura desde que la recogió de su caída con sus fuertes brazos… era extraño, como estar a salvo por primera vez.- Anrokuzan convenció a mi madre para usar el poder que guardábamos, el Ryumyaku, para darle una vida mejor a nuestro pueblo. Con la habilidad de mi madre para controlar esa energía y la ingeniería de Anrokuzan, Rōran se transformó en una gran ciudad de cientos de gigantescas torres de la noche a la mañana. Pero mi madre murió en un accidente antes de que sus sueños para esta ciudad pudiesen realizarse, y yo quedé al cuidado de Anrokuzan con el deber de cumplir el sueño de mi madre... No… no tengo a nadie más… él no puede haberme hecho esto…

-Entiendo de lo que hablas.- declaró el rubio, mientras se acercaba a la ojivioleta.- yo tuve un maestro, lo llamaba ero sannin (sabio pervertido).- Sãra miró al rubio con una ligera mueca divertida, y el uzumaki le regaló una inmensa sonrisa que se quedaría grabada en su memoria para siempre.- él ya no está aquí, pero me legó algo muy importante: la voluntad de no rendirse y de luchar por lo que crees siempre. Creo que tu madre hizo algo parecido contigo, ¿no?

-Si.- contestó con algo de duda la pelirroja. Esas palabras la estaban atrayendo irremediablemente, tanto como ese joven que las decía. Naruto se apoyó en una barandilla cercana mirando al horizonte, marcándose su fuerte espalda a través de ese peculiar chandal.- "¿Por qué no puedo dejar de mirarle?".- pensó una extrañada Sãra

-Pues ahí está la clave.- continuó el ojiazul, ignorante del debate interno de la reina.- debes de pensar en el sueño de tu madre y en cómo cumplirlo, sin importante las dificultades. Estoy seguro de que encontrarás las respuestas, sólo mira en tu interior. Haz lo que tengas que hacer, y yo te ayudaré. Tú, simplemente, no te rindas.- Sãra, por un momento, tuvo miedo, pero solo tuvo que contemplar esos ojos azules llenos de determinación para encontrar el valor. Él le inspiraba eso: valor, fuerza, ganas de luchar y de mejorar.

-Debo de averiguar la verdad. Como reina, puedo rastrear el Ryumyaku hasta su origen. Allí hallaremos respuestas.

-Perfecto, pues vayamos allí. Yo estaré contigo pase lo que pase.- prometió Naruto, para después salir de ahí. La reina vio al uzumaki de reojo mientras lo hacían, con una mirada de sincero agradecimiento por todo lo que estaba haciendo por ella. O quizás con algo más que eso, viendo cómo su corazón parecía querer escapar de su pecho en ese momento.

Avanzaron con algunos de sus antiguos secuestradores hasta el centro de la ciudad, donde se encontraba el poder del Ryumyaku, y se infiltraron sin ser vistos, a pesar de que otra vez su salvador rubio estuvo allí para rescatarla cuando cayó al vacío desde uno de los conductos por donde se infiltraron. Ya se estaba haciendo una costumbre el acabar en esos fuertes brazos. Una costumbre que podría llegar a ganarse su apego, cabe añadir. Dentro del edificio la ojivioleta confirmó sus sospechas: Anrokuzan había esclavizado a su pueblo para producir un ejército de marionetas. Y sãra iba a ponerle fin. Llegaron hasta el centro de control del Ryumyaku y la pelirroja uso su poder para apagar cada máquina del lugar. Y entonces, Anrokuzan apareció con sus infernales autómatas.

-Saca a tu gente de aquí Sãra.- declaró con seriedad a la reina mientras se preparaba para luchar.- yo debo de capturar a ese tipo.

-Pero, Naruto…- contestó con aprehensión Sãra, sintiendo su pecho oprimirse ante la perspectiva de que al uzumaki le pasase algo.

-tranquila, estaré bien.- repuso el uzumaki con seguridad.- corre

La joven obedeció, y se encaminó a poner a su pueblo a salvo. Su camino se vio cortado por un grupo de marionetas armadas con gigantescas cuchillas, pero otra vez su paladín la puso a salvo. Tras exclamar kage bunshin no jutsu, el héroe rubio invocó una copia de si mismo y se lanzó a por sus enemigos mientras invocaba una potente bola de energía azul en su mano derecha. Para sorpresa de Sãra, el joven se abrió camino a través de los imponentes autómatas como si fuesen simples monigotes de papel, abriéndola un hueco para huir con facilidad. Admiraba esa fortaleza del uzumaki. Siguió corriendo mientras Naruto continuaba destrozando marionetas a diestra y siniestra con su espada de color azul brillante, pero pronto se detuvo. A su espalda, Naruto había sido capturado, y ahora era prisionero de una inmensa marioneta de cerca de diez metros de altura.

-¡Naruto!- grito una atemorizada Sãra, mientras el rubio forcejeaba por escapar y Anrokuzan se jactaba de que no podría.- por favor, para esto Anrokuzan.- rogó la pelirroja

-Debo de agradecerte lo que has hecho Sãra.- declaró un tranquilo Anrokuzan, vestido con su traje, sombrero y capa blancos y acariciándose esa barba castaña mientras se aproximaba a la indefensa reina.- si no hubieras tomado el lugar de tu madre yo no habría podido continuar con mi plan. Pero me temo que ahora eres inútil. Es hora de que mueras… como tu madre.

-No… no puede ser…- contestó una impactada ojivioleta. Ese tono con el que dijo la última frase no dejaba lugar a dudas.- tú… ¿la mataste?

-Tú madre rechazó colaborar con mi plan, así que no me dejó otra opción.- confesó el demente titiritero, mientras Sãra sentía las lágrimas agolparse en sus ojos.- y contigo conseguí la marioneta perfecta para conseguir hacer mi plan, una marioneta completamente controlada por mi. Pero creo que ya es hora de manejar esta ciudad por mi cuenta…- reveló el hombre mientras sonreía de forma sádica.

Sãra se bloqueó, intentando asimilar lo que acababa de pasar. Su madre murió a manos de la persona a la que quiso como a un padre. Y luego la usó para esclavizar a su pueblo. Ella era la causa de todas esas desgracias. Era una niña inútil y mimada, ciega al peligro. Vivió toda su vida creyéndose a pies juntillas las mentiras de ese hombre, sin tan siquiera bajar nunca a preocuparse personalmente por su pueblo, creyéndose superior a todo y todos. Era una idiota, una imbécil… y ahora pagaba las consecuencias.

-Anrokuzan, ¡yo soy tu enemigo! ¡Déjala en paz!- gritó Naruto, mientras ese maniaco se acercaba a una derrotada y llorosa Sãra.- Sãra, tú no eres una marioneta, ¿me oyes? ¡Aléjate de él!- intentó hacerla reaccionar, pero la joven sólo cayó al suelo, llorando como no hacía desde la muerte de su madre.

El titiritero convocó con sus hilos de chakra varias cuchillas, y las preparó para usarlas contra Sãra. Una muerte rápida, y su plan estaría completo. Dirigió las cuchillas al cuello de la pelirroja, que no se defendió. Pero Naruto no iba a permitirlo. No iba a permitir que ella sufriese daño, ella era inocente. Y una parte de si mismo gritó aún más alto: no iba a quedarse sin ver esos ojos violeta, sin ver ese pelo rojo que le había conquistado. Sin oír esa melodía que ahora era parte de él. Invocó cada ápice de su chakra, que tomó un tono rojizo, y lo lanzó hacia el arma del titiritero, desviándola en el último momento. Anrokuzan contempló con temor al uzumaki, eso era supuestamente imposible.

-¡Sãra! ¡Eres la reina, deja de llorar y lucha!- gritó con vehemencia, mientras ese chakra rojo llegaba cada vez en mayores cantidades, quemando el interior de la marioneta.- ¡Haz lo que tengas que hacer, pero no te rindas!- exclamó con una voz extrañamente distorsionada. Anrokuzan decidió acabar con todo y encerrarle directamente, confiando en que la falta de oxígeno acabase el trabajo. Pero ese chakra no dejaba de crecer. Pronto, el estomago de la inmensa marioneta explotó, saliendo disparado el uzumaki contra su enemigo.- ¡No te atrevas a tocarla!- amenazó el rubio de la que conectaba un potente puñetazo en la cara del titiritero.

Sãra abrió los ojos con dudas y entonces lo vio. El cráneo a medio reventar de Anrokuzan despedía trozos de madera y metal, revelando que era una marioneta más. Pero lo que más le llamó la atención a la reina fue su rival. El joven rubio se levantaba del suelo con tranquilidad, expidiendo una enorme cantidad de poder. Su fuerte espalda. Su pelo rubio ondeando libre. Esa mirada de determinación. Su ángel de la guarda le había vuelto a salvar. Su corazón latió aún más desbocado cuando se acercó a ella y tomó su mano con suavidad, permitiéndola acariciar su caliente y algo ruda piel. La sangre se agolpó en sus mejillas cuando su paladín le limpio los rastros de lágrimas del rostro sin apartar sus zafiros de sus ojos.

Pero el momento se vio interrumpido cuando Anrokuzan volvió a levantarse, completamente reparado, y convocó a decenas de sus marionetas. Incluso el propio cuerpo del demente cambió, tornándose en una gigantesca araña de madera y metal de unos ocho metros de altura que procedió a atacarles. Naruto la volvió a tomar en brazos y la sacó de ahí, pero pronto se vieron rodeados. Todo parecía perdido, pero entonces apareció ese misterioso equipo de apoyo enviado por Konoha, encabezado por ese hombre rubio que a Sãra le pareció muy familiar. Si gritase como un loco a todo el mundo e hiciese latir su corazón al compás de esos ojos, diría que eran idénticos. Combatieron a las marionetas y les dieron el tiempo necesario para salir del cerco. La reina corrió a liberar a su pueblo mientras Naruto mandaba a volar a Anrokuzan con otra de esas impresionantes bolas de color azul. Todos la siguieron con rapidez a la salida, y lograron escapar de milagro entre el humo que provocó la pelea que se desataba a sus espaldas. Nada más salir, todos sus súbditos le agradecieron lo que había hecho, y por un momento se sintió de verdad contenta, pero entonces recordó a quién había dejado atrás. Naruto. ¿Estaría bien? El suelo comenzó a temblar, saliendo de él una inmensa marioneta de unos veinte metros de altura. Y en su cabeza, agarrado como una lapa, estaba Naruto lanzándola improperios.

-¡Naruto!- exclamó preocupada la pelirroja, dispuesta a ir a ayudarle. No sabía qué hacer, pero no iba a dejarle solo. No podía. Pero se frenó cuando el rubio habló.

-¡Sãra! Pon a tu gente a salvo.- ordenó el uzumaki.- eres su reina, debes hacerlo, ¡yo estaré bien!

Sãra obedeció, ignorando como su corazón quería lo contrario, y guió a su pueblo hasta la torre principal, donde sabía que estarían seguros. Tras media hora huyendo, llegaron al lugar y pararon para descansar, estaban exhaustos. Pero un enorme temblor a sus espaldas atrajo su atención.

-¡Sãra! No escaparás de mi- exclamó la inmensa marioneta con la voz de Anrokuzan. Unos hilos de color escarlata salieron de uno de los dedos del ingenio mecánico, rodeando sus piernas y brazos e inmovilizándola completamente. Con crueldad, el titiritero uso las propias manos de la reina para estrangularla, como si fuese una marioneta más. Sãra notó como la faltaba el oxígeno mientras derramaba nuevas lágrimas. A pesar de poner todo su empeño no podía liberarse. Era su fin.- no eres más que una estúpida niña, una marioneta más. Ahora muere.

Sãra intento jalar oxígeno, sin éxito, y cerró los ojos, notando como la vida la abandonaba lentamente. Pensó en su madre, en su gente, en sus seres queridos. Y entre ellos, brillando con luz propia, apareció ese ninja de ojos azules, ese héroe que la hacía sentir cosas que nadie más conseguía. Ese paladín al que querría cantar mil canciones. "Daría lo que fuese por descansar en sus brazos una vez más", pensó mientras el mundo se disolvía. Y casi como si lo hubiese invocado, oyó como el rubio gritó su nombre y notó como esas cuerdas desaparecían por arte de magia. Cayó exhausta de espaldas, tosiendo e intentando recuperar el preciado aire, sin importarle el golpe que se daría contra el pavimento. Pero en lugar del frío suelo se encontró unos cálidos brazos que ya consideraba su segundo hogar. Abrió sus ojos, y vio esos zafiros azules observándola. Los de Naruto.

-Na… Naruto…- dijo como pudo, sin apartar la vista de ese rostro de fuerte mentón y marcas extrañas en las mejillas parecidas a bigotes de un gato. Le parecían tiernas.

-Escúchame Sãra.- repuso con serenidad y un brillo de determinación en sus ojos.- no eres una marioneta. Y ahora, haz lo que tengas que hacer, no te rindas.

Naruto finalizó el discurso ofreciéndole esa extraña espada, que ahora no brillaba con ese tono azul, aunque la pelirroja en esos momentos no estaba pensando en ello, tenía un objetivo mejor en el que pensar. Vio como el joven rubio saltó de pared en pared, de azotea en azotea, rumbo a enfrentarse a esa gigantesca marioneta de veinte metros en solitario, esquivando sus cuchillas y proyectiles. Sãra sintió la congoja en su pecho al ver al uzumaki arriesgar su vida así por ella, y dejó escapar un grito de temor cuando el ojiazul fue impactado por el brazo del ingenio mecánico y salió despedido contra un tejado. Pero Naruto simplemente se levantó, se sacudió el polvo y siguió combatiendo. ¿De dónde sacaba Naruto esa fuerza? Ojalá ella fuese así, una persona capaz de defenderlos a todos, alguien tan fuerte que pudiese defender a las personas que amaba sin importar lo que se interpusiese en su camino. A su madre. A su pueblo. A él… de pronto, en su mente se coló esa canción de cuna de su madre.

O que toda tu risa, le gane ese pulso al dolor

Puede ser, que vuelvas a la luz

Quizás ahí estaba la clave: en vencer el dolor. En creer que se puede ganar. En luchar. Sãra pensó en qué hacer con rapidez. A pesar de que quería ayudar a Naruto, debía de salvar a su gente, el rubio ya se lo había dicho. Y lo iba a hacer. Y una vez lo hiciese, volvería a por él. No se iba a separar de su paladín. Su príncipe de los cuentos que le leía su madre de pequeña. El ninja que le inspiraba valor cuando tenía miedo. El hombre que le hacía palpitar el corazón con fuerza con sólo una palabra. Su primer amor. Y pronto halló una solución para sus dos preocupaciones, pero no podría llegar con esas ropas. El vestido le molestaba y le impediría moverse allí. Llamó a Naruto cuando vio que él y el grupo de ninja de Konoha, que había llegado de refuerzo, tuvieron un respiro de luchar contra Anrokuzan.

-Naruto.- pronunció con fuerza. Ante la mirada asombrada del rubio, la joven se rajó el vestido, quitándose la toga ceremonial y convirtiendo su falda hasta los tobillos en una cómoda prenda a la altura de sus rodillas. Luchó contra el sonrojo mientras se recogía el pelo en una coleta al ver cómo su héroe rubio contemplaba sus piernas sin poder disimular, y continuó hablando.- Anrokuzan usa el Ryumyaku para activar sus poderes. Hay que llegar a la fuente de su poder y cerrarla, así será vulnerable. Yo pondré a mi gente a salvo, fuera de su zona de influencia.

-E… eso es, Sãra.- contestó todavía con un ligero rubor el uzumaki.- por eso Anrokuzan quería matarte... nosotros nos encargaremos de él, tú salva a tu pueblo. Encuentra el coraje para hacerlo, nosotros te protegeremos.

-Lo haré.- contestó con una sorprendente seguridad la reina, mientras se daba la vuelta.

Tras exponer el plan, guió a sus súbditos a las catacumbas, el lugar donde sabía que había una salida oculta de la ciudad, llena de determinación y valor. Lo que le inspiraba su héroe rubio. Y una cosa tenía clara: pasase lo que pasase, volvería a por él. No se iría sin decirle lo que sentía.