Una canción recordada
Bueno, aquí el último capítulo. Gracias por vuestras visitas, espero que os guste. Sé que dije que iban a ser cuatro, pero decidí repartir el tercero entre El Segundo y el cuarto y daros capítulos más largos. Mejor calidad que cantidad. Os aviso que aquí si que hago un par de cambios con la historia original, no adelantó nada para no hacer spoiler
Tendo-Pain6: Y a mí, mi peli favorita junto a la de Shion. Me pareció bonito hacerle un homenaje. Gracias por leer y el review, nos leemos!
Naruto descendió por las inmensas escaleras interiores del complejo acompañado de ese misterioso anbu rubio, rumbo al centro de control del Ryumyaku, para cerrarlo siguiendo las instrucciones de Sãra. Por el camino, su acompañante recibió un grupo de insectos que formaron un mensaje en su mano con presteza.
-Al parecer Anrokuzan ahora mismo es indestructible. La reina tenía razón, debemos de sellarlo cuanto antes, hasta que lo hagamos gozará de una cantidad infinita de chakra…
-¿Como? Entonces es invencible…- respondió con pesadumbre el rubio menor.
-Escúchame, siempre hay una debilidad, sólo debemos de encontrarla.- declaró con firmeza el rubio mayor.
Y hablando del diablo, agarrándose a la gran torre central, esa infernal marioneta de veinte metros apareció tras vencer a los shinobi de la hoja del patio exterior. Al moverse en dirección a los ninja comenzó a derrumbar trozos de la edificación, impactando algunos delante del grupo que lideraba la reina.
-¡Sãra! Sácales de aquí, rápido.- gritó el rubio con preocupación. Mientras ella permaneciese allí, ese maniaco podría hacerla daño. Y el uzumaki no iba a permitirlo.
La joven obedeció y continuó guiando a su pueblo hacía lo profundo de la construcción. El rubio la contempló por última vez, dudando de si la volvería a ver. Ella huiría con su gente y se pondría a salvo, como le ordenó el ninja. Y Naruto no sabía cómo sentirse, por un lado estaba feliz por ponerla a salvo. Y por otro, le dolía la posibilidad de no volver a verla… Pero el ojiazul debía de ganar tiempo para asegurarse de que lograra salir, aunque fuese a costa de su propia vida. Invocó un clon y volvió a tirarse rasengan en mano contra su enemigo, pero este ya se esperaba ese movimiento. Con un simple golpe de su garra le mando a volar, y le habría rematado si no llega a ser por ese anbu rubio, que con una velocidad inexplicable le salvó del golpe. Naruto se extrañó cuando el anbu alabó su técnica, claramente interesado en ella, pero tenía otros asuntos que atender como para indagar sobre ello.
Ambos combatieron contra ese ingenio mecánico, perdiendo cada vez más terreno. Naruto convocó una y otra vez a sus clones para atacarle, pero toda herida que le hacían era automáticamente regenerada. Había perdido ya la cuenta de la cantidad de veces que había acabado en el suelo con el cuerpo dolorido tras recibir otro golpe más. Pronto llegó hasta el final de la escalinata, ensangrentado, sin más terreno al que retroceder. Le faltaba el oxígeno, le dolía el cuerpo, sangraba por la boca y la pierna… no era su mejor día, eso desde luego. Estaba claro que no estaba hecho para los viajes en el tiempo, como le había revelado ese anbu rubio que sucedió cuando esa columna de chakra escarlata que invocó Anrokuzan le impactó en su misión con el equipo Yamato. Iba a proceder a levantarse cuando una mano amable se posó en su hombro. Levantó su vista cansado, y la vio allí. Pudo admirar esas esbeltas piernas, ahora visibles gracias al cambio de look que se había realizado y que le habían sonrojado en su primer vistazo. Y luego ese bello rostro de pelo rojo sonriéndole, con esos hipnotizantes ojos violetas fijos en sus ojos azules. Había vuelto a por él. Ella se preocupaba por él. Y eso le hacía muy feliz.
-Naruto, ¿estás bien?- preguntó con preocupación la joven tras fijarse en las heridas del ninja. ¿Qué si estaba bien? Estaba para luchar otros diez asaltos tras verla.- ya están todos a salvo.
-Genial, pero… ¿por qué no fuiste con ellos?- inquirió un confundido uzumaki
-No… no podía irme y dejarte así… no quería irme…- respondió la pelirroja dirigiendo su vista al suelo con un suave sonrojo.
-Sãra…- contestó el rubio mientras posaba su mano en la mejilla de la fémina. Sus miradas se cruzaron un segundo, como si fuesen metal y un imán, pero esa diabólica marioneta les interrumpió con un rugido mientras avanzaba hacia ellos.- ¿alguna idea con él?
-Mientras el Ryumyaku siga abierto, Anrokuzan será invencible. Debo de cerrar la fuente de chakra, sólo así le venceremos.
-Bien, vamos allá. Yo te daré tiempo, no te preocupes.
La reina asintió y corrió en dirección al centro de la torre principal. Naruto sintió el suelo temblar y se volteó para luchar contra ese ser. Invocó clones, rasengan, lo pateo, lo golpeó… lo que fuese. Si cedía, aunque fuese un segundo, ese ser llegaría hasta Sãra. Y eso sólo ocurriría por encima de su cadáver. Pero había una gran diferencia entre querer hacer algo, y conseguirlo. Salió volando tras un potente zarpazo del autómata mecánico y atravesó la puerta que daba a la sala donde se encontraba la ojivioleta. Se trataba de una gran sala circular, con un puente erigido sobre una inmensa piscina de chakra púrpura suave que llevaba a un pilar central dónde estaba el centro de control del Ryumyaku. Esta gritó su nombre al verlo caer pesadamente sobre el frío suelo y luego ser rodeado por la cola del titiritero, pero de nuevo volvió a aparecer ese rapidísimo shinobi rubio para rescatarle.
Tomaron una distancia prudencial y procedieron a atacar conjuntamente. Ese shinobi misterioso le ayudó a convocar un gigantesco rasengan de colores azul y verde, y luego le señaló que atacase el lado izquierdo del pecho del ingenio mecánico, el lugar donde se refugiaba el titiritero. Después de dar las órdenes, el rubio mayor atacó con un kage bunshin no shuriken, dandole el tiempo necesario para cargar de nuevo contra el ingenio mecánico. Mientras tanto, la ojivioleta se aproximó al centro de la construcción, dispuesta a cerrar la fuente de chakra. Concentró su energía interna como su madre le había enseñado, y el Ryumyaku comenzó a drenarse, debilitando a su enemigo. Anrokuzan intentó mover su inmensa marioneta, pero sin el poder del Ryumyaku le fue imposible hacerlo de manera fluida, por lo que sólo pudo levantar una mano torpemente. Naruto saltó contra el, rasengan en mano, y logró impactarlo en el lugar exacto. Una inmensa explosión reveló que Anrokuzan había sufrido daños graves, irreparables. La victoria era suya.
-Maldita sea, mi plan para dominar las cinco naciones… perdido… por una chiquilla endeble y un imbécil de la hoja…- bramó con furia el titiritero, mientras la vida le abandonaba.- pero no me iré sin llevármela. ¡Di adiós, Sãra!
En un ataque suicida, Anrokuzan se arrojó con los restos de su marioneta a la inmensa piscina de chakra, desequilibrando el flujo de energía. La piscina tornó de su color púrpura pálido a uno escarlata intenso, comenzando a provocar pequeñas explosiones alrededor del pilar central, donde se encontraba Sãra. Naruto sintió su corazón acelerarse al ver cómo la reina era rodeada de columnas de fuego, y corrió con rapidez para salvarla. Con aprehensión vio como la joven cayó por uno de los bordes del puente tras deshacerse el suelo bajo sus pies, y sólo por pura suerte pudo llegar a sostenerla.
-No te dejaré caer… sãra.- dijo el uzumaki, clavando sus ojos en los de ella. Y ella sólo pudo sonreír como una colegiala. Pero el suelo bajo el rubio cedió, haciéndole caer también hacia una muerte segura. Ambos cerraron los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Inexplicablemente, una inmensa rama de madera apareció para recogerlos antes de caer y depositarlos en un lugar seguro. Confusos, ambos jóvenes miraron al shinobi que generó ese jutsu, sonriendo el uzumaki de inmediato.- Capitán Yamato…
Un shinobi de pelo castaño, ojos negros y protecciones para cara y brazos apareció en escena, y saludó despreocupadamente al ojiazul. En su brazo izquierdo sujetaba a un joven de pelo blanco, máscara y mirada arrogante. Yamato, tras discutir con el chico, que resultó ser su sensei Kakashi hatake de joven ("joder, como me recuerda al teme..." pensó el rubio tras oírle hablar con un tono soberbio), se dirigió al anbu rubio mayor, llamándole Minato.
-Un… un momento… ¿Minato? ¿Minato namikaze? Te… tengo que hablar contigo.- le expuso Naruto con desesperación. Ese hombre fue quien sello al kyubi en su interior, y ahora tenía la oportunidad de cambiar la dramática noche de su nacimiento, advertirle de todo, evitar que muriese y el kiuby atacase la aldea. Pero ese hombre le interrumpió
-Lo siento, pero no hay tiempo… y debo de sellar tus memorias junto al Ryumyaku para que volváis a vuestro tiempo. Si no podríamos alterar el orden de los acontecimientos, y provocar un desastre.- Naruto iba a intervenir para decir que era una chorrada, pero el rubio mayor le sostuvo la mirada y continuó hablando.- Has luchado bien chico... Si tuviese un hijo… desearía que fuese como tú.
Naruto asintió, impactado por el comentario del yondaime. Minato namikaze, el relámpago amarillo de Konoha, diciéndole eso... era un honor. Y una parte de él se sintió muy afectada, pero no sabía el porqué. Su cuerpo comenzó a brillar, señalando que había comenzado el sellado. Y Naruto entonces se centró en quien iba a dejar atrás… y muy a su pesar.
-En… ¿entonces no te puedes quedar?- preguntó con tristeza la ojivioleta. No sabía cuando, pero sus manos estaban entrelazadas. Acarició con su pulgar el dorso de la mano del uzumaki, y este le devolvió el gesto con ternura mientras la miraba.
-No… no puedo…- reconoció con tristeza. Eran de tiempos diferentes, lo suyo era imposible.- Pero Sãra… - intentó consolarla el ojiazul, aunque también lo hacía para calmar su propia tristeza. No quería separarse de ella, no podía, pero no había remedio. – salvaste a tu gente, eres una gran reina…estoy… estoy seguro de que estarás bien…- concluyó el rubio, intentando más convencerse a su mismo que a ella. Ella pareció notarlo, porque le dirigió una suave sonrisa.
-Te prometo que no te olvidaré Naruto. Puede que Rōran esté en ruinas, pero su gente vive y podemos encontrar un futuro mejor. Y no pararé hasta conseguirlo. Porque es lo que me has enseñado tú, Naruto…- prometió la pelirroja con sus ojos llorosos. Naruto no quería verla llorar, pero en serio se enorgullecía de haber conocido a una mujer así. Tan fuerte. Tan decidida. Una mujer… perfecta.
-Se que lo harás Sãra.- declaró el rubio con una sonrisa triste. Le encantaría verlo… esto era injusto. Limpio una de las lagrimas de la mujer mientras ella cerraba los ojos, sintiendo el tacto.- te… te puedo prometer que te echaré de menos…
La princesa lo miró con pura adoración. Puede que pareciese poco, pero para ella era muchísimo lo que le había prometido. Sonrió y se acercó a abrazarle. Un abrazo aunque fuese, eso sí que se lo merecía. No podría ser un beso, porque estaban seguros de que, como sus labios se juntasen, sería imposible seguir adelante cuando el otro faltase. Pero ese abrazo era al menos algo que podrían tener el uno del otro. Ella se aproximó con esa sonrisa que Naruto quiso ver desde que la oyó cantar en esa catacumba. Todo comenzó a iluminarse. Pero, antes de disolverse, pudo sentir su fina piel al tacto. Era suave. Perfecta. Como ella.
Naruto se despertó repentinamente en el frío suelo de esa cripta donde había cargado a ciegas contra ese titiritero diabólico. Se sentía dolorido, entumecido, y tenía un dolor de cabeza brutal, pero comenzó a mejorar cuando sintió a su lado esa presencia tan familiar aplicándole su chakra médico. Sakura chan estaba junto a él, curándole las heridas y preguntándole por su estado con esa mirada de preocupación en el rostro que siempre le regalaba cuando hacía alguna de las suyas. La contempló con esa mirada de admiración que la ofrecía siempre, pero, por un momento, le extrañó que el pelo no fuese rojo suave. "¿Rojo suave? El pelo de Sakura chan siempre ha sido rosa, dattebayo… me debo de haber golpeado la cabeza".
Obvió esa interrupción y lo atribuyó al obvio golpe en la cabeza que se debía de haber dado mientras se rascaba la nuca con nerviosismo. No había otra explicación lógica para su pérdida de memoria, porque sabía que le habían borrado algo pero no sabía el qué, a pesar de que su amada pelirrosada le aclaró que no habían pasado ni tan siquiera dos minutos desde el ataque. Salieron renqueantes del lugar, pero afuera se encontraron a una bella mujer esperándoles. Su piel era blanca, impoluta, su pelo era de un rojo pálido, y vestía ropas de viaje cómodas. Pero lo que inquietó al uzumaki fueron esos ojos violeta. No sabía porqué, pero le resultaban familiares. La joven les explicó que ella era la guardiana del lugar, y que había detectado una perturbación en el Ryumyaku. Cuando le preguntaron sobre ello, ella explicó que hacía unas dos décadas, un héroe ayudó a su madre a salvar a la gente de la ciudad y sellar ese poder, y en su honor custodiaban ese lugar.
-Esta es la espada de ese héroe.- declaró orgullosa la joven pelirroja, mostrando una oxidada hoja de metal con el símbolo de la aldea de la hoja. Naruto la contempló impactado, y palpó su vaina buscando la suya. No la tenía. ¿Acaso esa…?- mi madre la guardó toda su vida como su tesoro más preciado… como si le recordase a alguien.- reconoció la ojivioleta, mientras el uzumaki sintió una extraña opresión en el pecho y mostró un gesto de profunda tristeza. Cosa en la que reparó Sakura, que arqueó una ceja.- Bueno, no quiero entreteneros mucho, que he de volver con los míos. Me alegra que estéis bien.
La mujer se dio la vuelta y procedió a marcharse, mientras la Haruno se dirigió al uzumaki con una mueca de enfado. Realmente no entendía el porqué, tampoco es que hubiese hecho nada raro ese baka, pero algo dentro de ella hervía de rabia tras ver a Naruto poner esa mueca. Y una extraña sensación, que Sakura negaría por siempre que fuesen celos, la hizo atribuirlo a un intento de ligue del uzumaki con esa niña.
-¿tú que estabas mirando?- preguntó con un tono acusador la ojijade.- ¡sólo es una niña!
-Sa… Sakura chan, te juro que no es eso… es que me resulta familiar.- se excusó el rubio, temeroso de llevarse un capón de la Haruno.
-Ya, ya… pervertido…
Mientras discutían, la joven mujer de la espada comenzó a tararear la canción que su madre le enseñó cuando era pequeña, una que al parecer su abuela le había transmitido antes. Algo le decía que debía de cantarla, así que puso su mejor voz a ello.
Puede ser que la vida, te guíe hasta el sol
Puede ser que el mar te lleve en sus olas
O que toda tu risa, le gane ese pulso al dolor
Puede ser, que vuelvas a la luz
Naruto escuchó esa melodía y de inmediato desconecto de la discusión, apagándose de golpe ese habitual brillo en sus zafiros azules. Incluso obvió la mirada de preocupación que le dirigió la ojijade, que no entendía porqué, derrepente, el siempre alegre rubio acababa de perder toda esa felicidad innata en él de golpe. No lo había visto así nunca, ni cuando fracasó para traer de vuelta a Sasuke. Era como si se hubiese acordado de algo extremadamente doloroso. Ignorando el intento de sostenerle la mano de la pelirrosada, corrió hacia la ojivioleta.
-Di… disculpa… una última duda… tu… tu madre… ¿fue feliz?- preguntó con su mirada extrañamente cansada. Normalmente la joven habría reaccionado con duda, pero algo en él le inspiraba confianza. Era como si de verdad necesitase saber eso, como si fuese vital para el.
-Creo que si… aunque… a menudo se acordaba de ese héroe… creo que amaba a ese hombre, incluso más que a mi padre. Nunca la vi tan feliz como cuando me hablaba de él…
Naruto miró al suelo con una sonrisa triste, mientras la joven se despedía educadamente y continuaba su marcha. Sakura llegó a su lado, sin saber si abrazarlo o darle espacio. Era extraño, le veía… vulnerable.
-Naruto… ¿estás bien?- preguntó, sinceramente preocupada.
-Si… si.- contestó, forzando una sonrisa. No quería preocupar a su amada ojijade… aunque viendo su gesto, la joven no le creyó.- es sólo que ando desorientado, no te preocupes. Debe de ser por el golpe. Se me pasará.
-Está bien… - concedió la Haruno. Sabía que el uzumaki mentía, se le daba fatal mentir. Pero no parecía buena idea insistir. Claramente necesitaba espacio.- pero cuando lleguemos a la aldea irás conmigo a un chequeo, ¿vale?
El ojiazul asintió, deseando dejar el tema. Cuando su equipo se alejó, se permitió dejar escapar una lágrima. Puede que no recordase exactamente lo qué pasó. O cómo era ella. Pero esa canción no podía borrarse de su cabeza. Formaba parte de él, como el respirar o el andar. Y echaba de menos oírla. Como desde entonces hasta el final de sus días…
Y... final. Si, lo se, lacrimógeno, dramático, "no le puedes dejar así al pobre Naruto"... la culpa es del señor kishimoto, que parece que sólo quiere ponerle a Naruto mujeres perfectas para el a su alcance para luego quitárselas cruelmente (Sara, Shion, Sakura...). Aunque en un futuro haré otra historia larga a parte de Kitsune no Kibo en la que aparecera Sãra como uno de los personajes principales, digamos que ahí, como pillare a Naruto desde el principio, podré darle mi enfoque a la historia más libremente. De momento, esta historia enlaza con Kitsune no Kibo y explica porque en ella Naruto se acuerda de Sãra.
Quise dejar de lado la relación de Naruto con Minato, así que aceleré algunas partes en las que padre e hijo hablan (sin saber que lo son, creo que esta peli está situada antes del ataque de Pain. En la película cometieron el error de mezclarlo TODO al final, y claro, uno de los dos momentos emotivos (reencuentro familiar o despedida de Sãra) iba a quedar opacado. Y. Por desgracia, fue este último. Así que hice las modificaciones necesarias en esa parte únicamente y le concedí el protagonismo que se merecía. Repito, Kishimoto creo un gran personaje (sobre todo si metes a Naruto en la ecuación), pero no lo aprovechó. Como con Shion.
Espero que os haya gustado, nos leemos!
