Capítulo 5

—Jack, Thomas , vuelvan con el señor Neal, yo termino con el niño bonito.

—Pero Gianni, el señorito Neal dijo…

—¡Están sordos maldita sea! Dije yo acabo con Grandchester. Suéltenlo y esperen en el carro con el jefe.

Gianni Marochinno, jefe de los guardias contratados por Neal Leagan. El muchacho, un ex boxeador de 25 años, de descendencia italiana; alto y fuerte, un metro ochenta y cinco de estatura, cabello lacio negro como el azabache, tomado en una coleta discreta, de cuerpo musculoso y atlético, facciones marcadas en un rostro delgado cuyos ángulos pese a la barba naciente eran el ejemplo de la virilidad italiana, poseedor de unos profundos ojos verdes, cubiertos por unas largas y abundantes pestañas oscuras.

Uno a uno, los matones de Leagan salieron a regañadientes del departamento.

Gianni tomó a Terry por la camisa ensangrentada y lo tiró cual saco de patatas sobre el sofá de tres cuerpo.

Terry como pudo se acomodó sobre los cojines y trató de enfocar la vista hacia el guardaespaldas, mientras con la manga sucia de la camisa se limpiaba la boca y la nariz.

—Que se supone que debo hacer ahora, ¿Agradecerte por sacarme ese par de gorilas de encima?— Terry ahora se palpaba la quijada.—Dios si que pegan duro.—Trató de sonreír pero lo cubrió una mueca de dolor.

—Mira payaso, te voy a dejar las cosas muy claras, yo sé que Candy estuvo aquí—mientras hablaba con Terry, Gianni se fue acercando lentamente y se sentó sobre la mesita del café para quedar a la misma altura del actor. Sin mucha delicadeza le tiró en la cara un pañuelo bordado que pertenecía a Candy—Éste pañuelo es de ella y estaba bajo tu cama, su perfume aun flota en tu habitación pedazo de mierda. Solo espero que mi principessa se encuentre bien.

—¿Principessa?—Terry entonó los ojos—Muy bien pecosa lo hiciste otra vez—Trató de reír pero una vez más el dolor no lo dejó.

—Lo único que espero es poder encontrarla antes que el enfermo de mi jefe. Y te aconsejo que tu también lo intentes, esta vez Candy fue muy lejos y el perro de Leagan quiere castigarla para vengar su desquiciado orgullo. Ahora ya sabes porqué no dejé que te quebraran las extremidades mis compañeros, las necesitaras para defender a Candice , pero si sé o me entero que mi dulce bambina ha sufrido por la sua causa maledetto, io mismo termino cuela tarea. ¿Capicci?

—Si te entiendo, tranquilo algo se me ocurrirá para salvar a Candy de Neal y de toda su familia.

—Bueno Grandchester, yo me retiro, pero antes…—Tomó una vez más a Terry por el cuello de la camisa— ¡Buenas noches!— Lo noqueó con un certero gancho izquierdo y lo soltó una vez más sobre el sofá.

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—Candy mira hacía la ventana— Karen apuntó con su dedo. La rubia volteó la cabeza y centró la mirada en la ventana de la salita de estar.—Pronto amanecerá querida, Terry debe estar por llegar.—Karen tomó la mano de Candy y la acarició con suavidad para infundirle seguridad de que Terry estaba bien.

—¡Dios Karen! Eso espero, hace muchas horas que no tenemos noticias de él, y sabes, Neal no está solo, tiene tres guardias, y hacen lo que él les ordena—Candy soltó la mano de Karen y se llevó las uñas a la boca y las mordió con insistencia.

—Candy me sorprende que dudes de las habilidades de Grandy—Klaisse le dio una sonrisa torcida idéntica a aquella sonrisa de Terry que tanto adoraba.

—¿Grandy?—Candy miró interrogante y a la vez divertida a Karen.

—Es un apodo con el que bauticé a Terry hace algún tiempo, y de veras que le molesta eh—Karen volvió a sonreír—Tranquila cariño, nuestro ingles indomable es imbatible en batalla, nadie puede ganar contra ese par de puños de acero. Te lo digo yo que lo he visto en acción. Vamos prepararé más café, lo necesitamos y seguramente cuando él llegue también necesitará una buena taza bien cargada.

—Si, tienes razón, sin embargo yo esperaré junto a la ventana, quiero ver el amanecer.

—Por supuesto, ve, yo me encargo del café.

Karen fue hacia la cocina, y Candy se apostó junto al ventanal que daba hacía la calle principal, luego de algunos minutos, un estruendo seco se oyó en la puerta de entrada, como si hubiesen tirado un pesado bulto.

Karen salió rauda de la cocina y se paró junto a la puerta, Candy corrió a juntarse con ella, la actriz le hizo una seña para que guardara silencio y lentamente se acercó a la entrada y miró por el ojo mágico.

—No veo nada—Susurró

—¿Qué habrá sido?— le dijo Candy en voz baja.

—Klaisse abre la puerta.—Se oyó una voz masculina y lastimera del otro lado.

—¡Dios mío Karen abre la puerta es Terry!—Candy se descontroló y sacudió a Karen por los hombros.

—Tranquila Candy, no sabemos si es un engaño.

—¡Maldición Klaisse, no estoy jugando! Abre la puta puerta— Él zarandeó la puerta con su cuerpo.

—Si no se identifica, y que es lo que busca, no abriré la puerta y cuide sus modales carajo.—Karen se tapó la boca para no soltar la risa.

—¡Demonios! ¡Soy Grandy! ¡Estás satisfecha pequeña víbora! Y busco a mi pecosa. ¡Abre la maldita puerta mujer!—Rugió Terry como león herido.

Rápidamente Candy se abalanzó sobre la puerta y quitó lo seguros, cuando abrió se encontró con una sorpresa que no se esperaba. Terry estaba sentado en el piso, apoyado contra la puerta. El rostro ensangrentado, su labio superior partido, el ojo izquierdo estaba muy hinchado, lo que no le permitía poder abrirlo en su totalidad; la camisa blanca sucia manchada con sangre seca. Terry cual sediento en el desierto al encontrar ayuda estiró su mano para tratar de llegar a Candy pero en el intento se quejó de un dolor agudo en su costado derecho, perdiendo el sentido. Las dos mujeres como pudieron lo arrastraron hasta el medio de la pequeña sala de estar. Karen movió la mesita del café y acomodaron el largo y pesado cuerpo inerte de Terry.

Candy como buena enfermera comenzó con la inspección.

—Karen, rápido, necesito agua caliente, toallas, desinfectante y tijeras.

—Si Candy dame un momento y lo traigo todo.—Karen salió como un rayo de la sala a buscar todo lo que Candy le había pedido.

Una vez con todos los implementos sobre la mesita del café, Candy comenzó a asear la cara de Terry, tenía sangre seca en el cabello sobre la frente, con mucho cuidado fue limpiando suavemente con agua tibia y una suave toalla húmeda cada rastro sangre, buscando cortes profundos y rasguñaduras, gracias a Dios no habían grandes cortes solo uno en el labio superior y otro sobre la ceja izquierda, la nariz tenía señas de haber sangrado pero no estaba fracturada, tampoco su quijada ni sus pómulos, una vez limpio su rostro y su cuello, pudo ver los grandes moratones y contusiones que le desfiguraban un poco su bello rostro, ahora era tiempo de revisar su tórax y ver su costado del cual se quejó y por el dolor que perdió el sentido, con la tijera cortó la camisa sucia y ajada, cuidadosamente fue retirando los girones de tela que iba cortando, hasta que por fin lo tuvo desnudo desde la cintura para arriba, volvió a remojar el trozo de toalla, lo estrujó con cuidado y comenzó a limpiar cada contusión y moratón que tenía sobre sus costillas, palpó los costados con delicadeza, para comprobar que no hubieran costillas rotas, al parecer solo eran los golpes y el color violáceo que estaban tomando, Candy siguió acariciando suavemente con la yema de sus dedos la carne trémula de los costados de Terry, sin percatarse que él había recuperado la conciencia.

—Le gusta lo que ve señorita enfermera—Terry le habló con una voz que sonaba a recién despertado, bajo y con un poco de dolor en el timbre de su voz.

—Oh Terry como me he asustado, te veías tan mal, creí que te habían hecho más daño—Candy seguía pasando sus dedos delicadamente por los hematomas en los costados de su cuerpo.

—Bueno entonces ¿Cuál es el diagnostico señorita enfermera?— el castaño trató de sonreír pero el dolor en su quijada y cada vez que respiraba las costillas parecían pincharle los pulmones, hizo una mueca de dolor.

—Bueno señor Grandchester, a primera vista le puedo decir que no veo fractura costal alguna. Y si, tiene un par de cortes en su cara, uno sobre la ceja izquierda, y otro sobre su labio superior, su ojo derecho se encuentra cerrado por inflamación, seguro por un gran golpe, y tiene unos grandes hematomas en su costado derecho y algunos más pequeños en su costado izquierdo, de seguro le producen un gran dolor cada vez que respira, nada que no cure un buen analgésico un par de días de reposo en cama.—Candy le sonrió con suficiencia y ternura.

—Cariño te haz convertido en una linda, profesional y dedicada enfermera—Terry alargó su mano hasta que encontró la pequeña y delicada mano de Candy que se encontraba aún posada sobre su costado más maltratado. Con suavidad la llevó hacia su boca y depositó un dulce beso sobre los nudillos de ella.

—Grandy, perdón que los interrumpa.—Karen salió como un tornado de su recamara.—Tu habitación está preparada, y la tina está lista con agua caliente para que te des un baño.— La actriz había preparado todo mientras Candy le había dado los primeros auxilios a Terry, también se había cambiado de ropa, y estaba lista para salir.—Candy voy al mercado y a la panadería, traeré pastelillos, leche y frutas. Ayuda a Grandy a darse un baño, sobre la cama dejé un pijama y su bata, vez aquella puerta de más allá, esa es la habitación de Grandy, él es mi huésped mas asiduo, tiene sus pertenencias regadas por mi departamento, ya habrá tiempo para contarte todas aquellas jugosas anécdotas querida Candy.—Karen tomó su bufanda, y salió rápidamente del departamento antes de escuchar la replica de Terry a sus comentarios.

—Si, corre como una comadreja pequeña víbora venenosa.—Terry se tomó el costado más maltratado y se encogió de dolor.

—Terry por favor no te agites, eso no ayuda a tu recuperación—Candy lo regañó.

—No entiendes, Klaisse me saca de quicio. Odio que me llame Grandy.

—Terry vamos a hacer un esfuerzo para que te pares y podamos llegar hasta el baño, y puedas entrar en la tina, ¿Crees que serás capaz?

—Si pecosa, déjame yo me voy a poner de pie.— Lentamente y emitiendo algunos quejidos de dolor, Terry se afirmó en la mesita del café, y Candy lo ayudó con mucho cuidado a ponerse de pie.

Una vez incorporado, caminaron juntos, Candy sirviéndole como una suerte de bastón, hasta que llegaron al cuarto de baño.

—¿Terry crees que puedes hacer esto tu solo?—Candy preguntó con algo de pudor.

—Si cariño, yo puedo hacerlo, aun que un poco de compañía no me vendría mal—Como pudo le guiñó el único ojo que podía abrir y cerrar.

—No te cansas verdad—Candy puso las manos sobre sus caderas como jarra.

—De ti pecosa. Jamás.

—Terry. Yo voy a por ropa, Karen dejó algunas cosas en su habitación, necesito abrigarme. Tú mientras te desvistes y entras en la tina yo vuelvo para ayudarte, ¿Está bien?

—Ve rápido antes de que me arrepienta. Necesito que vengas a tallar mi espalda con mucho jabón.—Esta vez la carcajada le brotó desde el fondo del pecho, y el dolor fue insostenible, Terry se dobló por la mitad, y tuvo que afirmarse del borde de la bañera.—Ve Candy, y vuelve pronto jadeó.

Candy corrió hasta la habitación de Karen, y tomó las prendas que ella le había dejado preparadas, había desde ropa interior nueva aún en sus cajas, medias de seda, una enagua, y un delicioso traje de Redfern en casimir verde, con falda plisada, en conjunto con una chaquetilla entallada sin solapas, abotonada desde el escote hasta la cintura con botones forrados en raso verde. El ligero pero sentador escote en v adornado por un coqueto borde de encaje blanco, y un gran cinturón a juego que resaltaba su estrecha cintura. Un modelo a la moda invernal adecuado para el clima de las resientes nevada que se habían dejado caer en Nueva York. Por último sobre la cama una caja con un par de delicados y resistentes botines Bally.

Mientras Candy se vestía, se fue dando cuenta que la habitación de Karen estaba llena de bolsas y cajas de tiendas exclusivas de ropa y zapatos sin desembalar, Karen Klaisse, era una amante de la moda, le recordó a su primo Archivald. La nostalgia se apoderó de ella extrañaba aquellos días junto a sus primos y a sus amigas.

Fue en ese momento que una idea se cruzó por su cabeza; necesitaría que Karen le ayudará con algo para volver a la mansión y así inventar una excusa para aminorar las represalias por parte de Neil.

Candy una vez lista volvió al cuarto de baño para ayudar a Terry.

Cuando entró lo vio ya sumergido dentro de la tina con la cabeza hacia atrás y una toalla húmeda sobre su rostro, se veía tan pacífico y relajado. La rubia no quiso interrumpirlo y menos asustarlo así que carraspeo delicadamente.

Terry se quitó la toalla que le cubría el rostro y giro lentamente para observar a su pequeña enfermera.

—Cariño te demoraste. Necesito algo para el dolor esto me está matando— La mueca de dolor que cubría su cara y el brillo opaco de los ojos azules daban cuenta del cruel tormento que estaba viviendo.

Candy rápidamente corrió hasta la bañera y de rodillas tomo la mano de Terry para acariciarlo lentamente.

—Terry debes ser valiente, Karen salió a hacer las compras y traerá algunos medicamentos que le encargué para aliviar tus dolores ya no debe tardar— Candy se llevó la mano de Terry hasta sus labios y dejó un suave beso sobre sus nudillos.

Una vez que Candy sintió que el agua de la bañera comenzó a enfriarse, hizo que Terry saliera de ella, como pudo lo ayudó a incorporarse y lo arropó con un par de toallas, lentamente lo ayudó a dirigirse a la habitación que Karen anteriormente le había señalado. Mientras Terry como podía se calzaba la ropa.

—¡Demonios!—Grandchester peleaba con la ropa.

—Terry, déjame y te ayudo con eso, te lastimarás más.— El pelinegro le arrebató con poca delicadeza una prenda de las manos a Candy.

—¡No soy un maldito inútil por el amor de Dios! Me dieron una paliza, me duele hasta el alma ¡maldita sea! No me hagas sentir menos hombre Candice por favor déjame solo un momento.

Candy lo miró impávida, ciertamente lo entendía. Aquel hombre estaba acostumbrado a zurrar a sus adversarios, y hoy por ella Terry recibió la paliza de su vida. Después de reaccionar corrió a la cocina para preparar té. Terry necesitaba un brebaje caliente después del baño. En ese instante por fin Karen regresaba de las compras.

—Dios Candy como me costó encontrar láudano en las boticas cercanas.—la pelirroja dejaba las bolsas con las compras sobre una mesada en la cocina.

—Shhhh baja la voz.—Candy le hizo una señal a Karen que Terry no debía escuchar.—Él no debe saber que le administraremos láudano. No querrá ser sedado. Escúchame Karen, harás dormir a Terrence durante tres días, te dejaré las dosis exactas para que Terry pueda dormir y recuperarse más rápido. Pero no debes pasar la dosis ni en una sola gota.

—A sus ordenes señorita enfermera—Karen le hizo un gesto militar con su mano derecha y le regaló una sonrisa traviesa.—Pero porqué me dices esto Candy, para eso vas a estar tú cuidando de Grandy hasta que se recupere ¿o no?—Karen se tapó la boca con sorpresa.

—Debo hacerlo, debo volver a la mansión. Neal no parará, seguirá dañando a la gente que quiero. Y no demorará en dar con ésta dirección. Terry necesita recuperarse. Yo inventaré algo y Neal no podrá tocarme. Me necesita para llevar acabo sus planes.

—Y como siempre Santa Candice se auto inmola. ¡Bravo!—Klaisse se sacaba los guantes y la bufanda para dejarlos a un lado.

—Karen esto ya lo hablé con Terrence anoche. No entraré en detalles, pero él aceptó dejarme ir.

—Si. Así lo veo. Recibió la paliza de su vida, ocultando tu paradero para dejarte ir con aquel monstruo. ¿Te das cuenta de lo estúpido que suena todo esto Candice?—Karen pasó por el lado de una estupefacta Candy. Tranquilamente preparó una taza de porcelana. Tomó la tetera y sirvió el té para Terry.—Vamos pon la dosis de láudano en su té, hazlo dormir pronto, yo te llevaré de vuelta a tu hogar. Sé que Terry me estrangulará cuando lo sepa. Pero tu eres una mujer adulta, y dueña de tus acciones. Eso si, yo no respondo una vez que Terry se recupere, si ya te tiene y fuiste suya, este hombre no parará hasta sacarte de esa mansión y si para conseguirlo es necesario…dará hasta el último aliento de su vida.

Karen lanzó a las manos de la rubia la botella café con gotario, Candy claramente leyó en la etiqueta "láudano". Con un suspiro administró las suficientes gotas que harían dormir a Terry por bastantes horas, además aquel fármaco poseía las cualidades antinflamatorias y analgésicas que el golpeado cuerpo de Terry necesitaba.

Candy entró a la habitación, Terry se encontraba bajo la ropa de cama sentado con su espalda contra el respaldo, la miró con dulzura y necesidad. Candy le devolvió una sonrisa cálida.

—Ven cariño acompáñame, te extrañé tanto— Terry le reclamó con un puchero infantil.

—No sea así amor, solo te preparé este té, vamos tómalo todo, y me acurrucaré junto a ti.—Candy avanzó con la taza entre sus manos y se sentó junto a él.

Terry tomó todo el contenido de la pequeña taza blanca, el calor del brebaje lo reconfortó, aun que sabía un poco extraño lo bebió todo, no quería desairar a su pecosa, ya tendría tiempo de enseñarle a preparar el té a la usansa inglesa, sonrió mientras se acomodaba entre los pechos de su dulce enfermera, mientras Candy se acurrucaba contra él, el dulce olor a rosas y el calor que emanaba su amada, más el suave arrullo de su respiración y los delicados dedos que se colaban entre las hebras de sus cabellos, los parpados comenzaron a pesar, la respiración se hizo mas lenta, ¿Su pecosa estaba tarareando una nana?

—Esto se siente tan bien cariño, quisiera quedarme así para siempre, abrazado a tu cintura.— La voz le salió traposa.

—Shhh. Duerme amor mío, mañana todo estará mejor.— Una pequeña lágrima rodó por su mejilla. Candy la secó rápidamente. Terry ya había entrado en el mundo de los sueños.


PERDON PERDON PERDON!

Gomenasai lectoras Chan! Se que fué muy grande el tiempo que me demoré en actualizar. Voy a tratar de acortar el lapsus de los capítulos, Pero siempre recuerden que no olvidaré la historia y no la dejaré incompleta...Agradecida de todo corazón por sus comentarios, gracias a ellos se que mis líneas gustan. Las amodoro con todo mi kokoro! Dudas, sugerencias, las leo!

To: Ampi...Gracias 3