Capítulo 6

—Candy ¿ Segura que quieres seguir con esto?— Karen miraba fijamente a la rubia que estaba sentada frente a ella con la mirada perdida observando el paisaje por la ventanilla del carruaje en el que iban las dos rumbo a la mansión Ardley.—Aún estamos a tiempo de pedirle al cochero que dé la vuelta y nos volvemos al apartamento.

—Karen ya estamos por llegar.—Candy levantó una mano y golpeó enérgicamente el techo del carruaje que se detuvo en el acto. La ventanilla del cochero se abrió solo un poco.

—Diga señorita.—La voz del viejo cochero se escuchó claramente.

—Señor, por favor bajaremos en la esquina de la 5ta y la 59.

—Esa es la mansión Ardley señorita.

—Exactamente.

Y una vez más el carruaje se puso en marcha, en poco más de diez minutos estaría de vuelta a su vida habitual.

Al llegar frente al gran portal de hierro fundido, con la gran insignia característica de los Ardley en el medio. El coche lentamente se detuvo. La rubia tragó fuerte, era el momento de poner el plan en marcha, Karen tomó su mano y le dio un fuerte apretón.

—Vamos Candice, es el momento. Ya tenemos todo claro. Deja que yo hable, solo en caso de ser necesario tu hablarás.

—Si.—Candy retorcía los dedos con nervios.

—Yo bajaré primero, toma estas bolsas y esta caja de sombreros.

—Karen, ese par de hombres que se vienen acercando son los hombres de Neal.—Candy miraba con pavor y los ojos abiertos como platos.

—Candice, tranquilízate, respira. déjamelo a mi.—Karen tomó unas bolsas de compras y abrió la puertecilla del carruaje. Salió lentamente, con mucho cuidado y mucho estilo, los guardia ya estaban junto al coche, habían reconocido a Candy tras el cristal.

—Señores, que atentos y amables de venir a ayudarnos con nuestras compras.—Karen estiró las manos con las bolsas y los hombres se miraron el uno a otro con cara de asombro, quien era esta mujercilla menuda de voz chillona que venía con la desaparecida señorita Candice y dándoles ordenes.

—Disculpe señorita, no somos simples mayordomos, además tenemos expresas ordenes de que en cuanto encontremos a la señorita Ardley llevarla a comparecer de inmediato frente al señor Leagan.

–Bueno, me presento soy Karen Klaisse, amiga de la señorita Candice Ardley y la vengo a dejar sana y salva con su señor. Demás está decir que deseo hablar con él para presentarle mis más sinceras disculpas por haber acaparado a Candice durante todo el día de ayer.–Karen hizo la mueca sutil de una sonrisa.–Ahora ayúdenos con todas las bolsas y avisen a su jefe que hemos llegado.

El par de hombres a regañadientes tomaron todas las bolsas y cajas que el par de mujeres traían. Mientras Karen ayudaba a Candy a descender del carruaje.

Una vez que los hombres se adentraron en el patio principal de la mansión, Karen tomada del brazo de Candy, cada cierto momento la apretaba suavemente para infundirle valor y para relajarla. La rubia cada vez que la miraba con los ojos le comunicaba todos los sentimientos de angustia.

Tras pasar las grandes puerta de roble antiguo y solido de la mansión Candy vio a Dorothy que las sostenía para darles el paso, la mucama le regaló una sonrisa de alivio, otra vez Candice se comunicó con ella solo con la mirada. Más tarde tendría ocasión de hablar con ella para saber de lo sucedido en la mansión en su ausencia.

Candy dio un respingo cuando sintió el cerrar de las pesadas puertas de la mansión, Karen la apretó con más fuerza esta vez, Dorothy paso frente a ellas y les dedicó una pequeña reverencia para salir rápidamente del hall central hacía el área del servicio domestico.

Klaisse estaba absorta observando la opulencia de la mansión, El recibidor donde se encontraba era amplio e iluminado por los dos grandes ventanales situados a cada lado en los comienzos de las elegantes escaleras dobles de mármol con pasamanos de madera oscura y brillante que se juntaban en un recibidor en el segundo piso. Frente a este dos columnas de granito blanco estilo romano que terminaban en una cúpula con un fresco pintado, al parecer con motivos religiosos. Las paredes del recibidor estaban pintadas en color marfil, los bordes, guarda polvos y delicados detalles eran en dorados. Las paredes de cada lado de las escaleras estaban decoradas con multitud de cuadros de diferentes tamaños, al parecer retratos familiares de los Ardley. Cuando nuevamente alzó la vista hacia el cielo para contemplar la enorme lámpara araña de cristal que colgaba de él, escuchó cómo la puertas del lado de la escalera derecha se abría para dar paso al inconfundible talante de Neal Leagan, acompañado de un muy guapo sujeto, seguramente un guarda espalda, podía deducirlo por la contextura de su cuerpo, y de ser así debía ser uno de mucha confianza para él. Lentamente los dos sujetos bajaron en silencio para encontrarse con ellas frente a frente.

—Vaya vaya, miren a quién tenemos aquí.—Neal tenía una mano dentro de un bolsillo de su pantalón, y con la otra se acariciaba lentamente la barbilla—La señorita Candice White Ardley se digna en volver a su hogar—Neal comenzó a pasear alrededor de las dos muchachas inspeccionándolas de pies a cabeza.

—Si me permite presentarme a usted señor Leagan, yo pudiera excusar la desaparición de mi muy querida y apreciada amiga Candice.

—No se lo permito Señorita Klaisse—Neal la interrumpió y lo dijo suavemente—Se muy bien quién es usted, a que se dedica para vivir y las amistades que frecuenta—Neal se paró frente a Karen muy pero muy cerca; cara a cara. Los ojos ámbar de Neal brillaban.—Gianni por favor lleva a Candice a su habitación, yo me ocuparé de la señorita Klaisse, y por favor no la dejes sola hasta que yo llegue.

—Si señor.

Rápidamente Gianni se acercó hasta Candy tomándola de su brazo libre. La rubia por su parte no quería soltar ni dejar sola a Karen aún.

—Vamos señorita Candice. Acompáñeme.—Dulcemente Gianni logro mirar directamente a los ojos de la rubia para infundirle seguridad. Soltó a Karen lentamente y ésta solo con su mirada y un leve asentimiento le transmitió que siguiera las ordenes y que todo estaría bien.

—Neal, todo fue mi culpa. Yo perdí la noción del tiempo junto a la señorita Klaisse, mira viste todas esas bolsas—Candy señaló con su dedo aquel rincón donde reposaban las bolsas y cajas que habían traído— nos fuimos de compras y terminamos muy tarde, Karen me ofreció alojamiento y no le pude decir que no, tenía tantas cosas que contarle, ¿sabes? acerca de nuestro matrimonio, también le pedí que fuera mi dama de honor, por favor Neal trátala bien, es mi amiga.—Gianni tiraba suavemente del brazo mientras la rubia hablaba una palabra tras otra atropelladamente, para excusarse con Neal. Sabía que este no reaccionaba de buenas maneras, y temía por Karen. Intempestivamente Karen corrió hasta donde estaba Candy y Gianni, y abrazó a la rubia con mucha fuerza. Le dio un beso en cada mejilla y le susurró al oído—Tranquilízate por favor y sigue al guardia. Yo me se cuidar y encontraré la forma de seguir en contacto contigo querida.—Candy asintió enérgicamente. Y siguió su camino escaleras arriba con Gianni en dirección a su habitación. Karen se quedó observando al pie de las escaleras como La rubia desaparecía tras una de las puertas del segundo piso.

—Bueno bueno, seguimos con la charada o hablamos con la verdad.—Escupió Neal a sus espaldas.

Lentamente Karen se fue dando vuelta para mirar directamente a Leagan y comenzó a avanzar para acortar la distancia.

—La verdad fue dicha señor Leagan, Candy es mi amiga, salimos de compras como dos chicas neoyorkinas y nos perdimos en los departamentales de Blomingsdale.—Karen se arregló el cabello dramáticamente al terminar de hablar.

—De verdad usted señorita Klaisse cree que yo soy un redomado idiota—Neal se pasó la mano derecha por el rostro en signo de que pronto perdería los estribos.—¿No pudo enviar una maldita nota con su mayordomo para avisar del paradero de mi prometida?

—¡Muy por el contrario mi señor! Usted es muy inteligente y asertivo, pero da la casualidad que mi personal de servicio está de vacaciones. No contaba con quién enviar un mensaje. Acuso mi error—Karen hizo un leve reverencia.

—Definitivamente tu mujercita de poca monta quieres verme la cara de imbécil. Yo se quien eres, sé que actúas para la compañía Stratford y que eres compañera del maldito de Grandchester, y como dicen las malas lenguas del medio; ustedes mas que compañeritos, son amantes y engañan a la pobre invalida de Susana.—Neal se encontraba peligrosamente frente a frente con Karen, pero ella no se veía amedrentada en lo absoluto.

—¡Eso es una jodida mentira! ¡Yo no soy amante de Terry!—Karen enterró su índice en el pecho de Leagan—Quédese tranquilo que hoy usted ganó esta batalla, pero tenga presente que no ha ganado la guerra. Y si me permite, yo me retiro, ya no tengo nada que hacer aquí.—Solo con su índice Karen Klaisse empujó el cuerpo de Neal para hacerse camino hacia la salida.

—Espero que le quede claro señorita Klaisse que su presencia no es bienvenida aquí en nuestro hogar, ni cerca de mi prometida, y si insiste en acercarse me veré obligado en tomar medidas un poco mas peligrosas para su integridad.—Neal volvió a ocupar aquel tono medido despreocupado y meloso.

Karen que ya había llegado junto a la puerta se volteó enérgicamente. Al mismo tiempo Dorothy hacía su aparición casi corriendo para abrir la puerta principal.

—No se librará tan fácil de mi presencia señor Leagan recuerde se soy la dama de honor, y eso en caso de que se celebre aquella boda—Nuevamente Karen hizo una reverencia y un ademan con su mano derecha, pero esta vez de forma muy teatral y exagerada.—Que tenga un buen día señor Leagan.—Karen volteó hacia la puerta que ya se encontraba abierta de par en par, y asintió en forma de despedida hacia Dorothy y por fin atravesó rumbo hacia la salida. Dorothy rápidamente cerró la puerta tras Klaisse y se disculpó con una reverencia frente a Neal y corrió hacia área de servicio.

Neal por su parte lentamente se dirigió hacia las escaleras, ahora era el momento de arreglar cuentas con su querida prometida.

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—Ca..ndy…Ppecosa…no…no me abandones—Terry balbuceaba y se retorcía en la cama.

—Shhhh, tranquilo cariño— Eleonor acomodaba otra vez una compresa fresca sobre la frente febril de su retoño.—Tienes que ponerte bien mi vida, para poder ayudar a tu pecosa—Los ojos de Eleonor estaban amenazando en desbordarse por la pena de ver a su hijo en aquella condición.

Karen luego de salir de la mansión Ardley, se dirigió de inmediato donde Eleonor, necesitaba la ayuda de ella para atender y contener a Terry, sobre todo cuando despertara y se enterara que Candy había vuelto con Neal. Lo que nunca esperó era que al volver al departamento, Terrence había empeorado con un cuadro febril y delirio.

—Eleonor aquí está el té con las gotitas de Láudano que recomendó Candy—Karen entró en la habitación y se acercó a la madre de Terry.

—Vas a tener que ayudarme cariño, para poder darle el Té a Terrence.—Eleonor le indicó que dejara la taza sobre la mesita de noche, la misma donde estaba el pequeño lavatorio blanco de loza, donde Eleonor refrescaba las compresas para aliviar la fiebre de su hijo.

—Daré la vuelta, me sentaré en la cabecera y levantaré a Terry para dejarlo semi-sentado, así podrás darle el té a cucharadas—Karen rodeó la cama e hizo todo tal cual lo mencionó. Mientras Eleonor trataba de presionar las mandíbulas de Terry y batallar con la negativa de este de sorber el brebaje.

—Vamos amor mío, solo toma un poco, es por tu bien, con esto te sentirás mejor. Vamos bebé. Mamá está contigo— Eleonor con su mano libre acariciaba los cabellos de Terry y los peinaba con sus dedos para acomodarlos hacia atrás.

Terry entre su fiebre y los delirios de ésta fue abriendo a medio filo sus ojos, o mejor dicho, lo que le permitía la hinchazón de aquel ojo más maltratado tras la golpiza.

—Madre, Quiero a Candy, ¿Dónde está Candy? —comenzó a removerse con violencia en la cama; Karen lo abrazó con fuerza para detenerlo—Candy mi amor, no me abandones otra vez.

—Tranquilo hijo mío, bebe esto y te pondrás mejor, y podremos ayudar a Candy.—después de haber dicho esto Terry abrió sus labios y dejó que Eleonor posara la taza de té y así bebió todo su contenido. Una vez que terminó dejó la taza sobre la mesa de noche y Terry como pudo sostuvo la blanca y delicada mano de su madre y la apretó con dulzura.

—Gracias mamá.—lentamente Terrence fue cerrando los ojos y cayendo en el sopor provocado por el fármaco administrado. Esta vez el sueño fue plácido, pero Eleonor no se movió en ningún instante de su lado, siempre refrescándolo para que la fiebre no volviera a atormentar a su hijo.

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—Gianni, estoy nerviosa.—Candy estaba sentada a los pies de su propia cama, el italiano la había llevado hasta la habitación, justo como Neal lo había pedido.—Gianni, ¿Qué sucede? No me has dirigido la palabra. Estamos a solas, sabes que podemos hablar tranquilos—El guardia estaba de espaldas a Candy, observando desde el gran ventanal que daba al jardín principal, el italiano sostenía las cortinas para ver claramente hacía afuera.

—Estuviste con él—El guardia habló, mas no volteó para encarar a la rubia.

—¿Perdón? Gianni, no entiendo lo que quieres…

—No vale la pena que me mientas Candy, *io Non sono il maledetto di Neal.— El italiano no volteaba a ver a Candy, pero apretaba la cortina fuertemente.—Encontré tu pañuelo bordado bajo la cama de Grandchester.

—Yo, esto…Puedo explicarlo Gianni, yo…

—No quiero escuchar *la tua spiegazione, principessa, yo no soy nadie, no soy más que el perro guardián de tu carcelero—Por fin Gianni se había volteado a ver directamente a Candy a los ojos—Y ya sé la respuesta que saldrá de *tua dolce bocca.—Gianni avanzó por la habitación a grandes zancadas, hasta quedar frente a Candy, tomándola de las manos y cayendo de rodillas frente a ella.—No sé lo que pasa por esa cabeza tuya, ¿Sabes el miedo que sentí anoche cuando no te encontrábamos?, ¿Sabes la angustia de pensar que no te vería más?. Y ¿sabes el dolor que sintió mi alma al encontrar ese pedazo de tela en la habitación de Grandchester?

—Tu Gianni, ¿sabes lo que le pasó a Terry? ¿Sabes quién lo golpeó?—Gianni sonrió de medio lado y sus ojos brillaron—¿Fuiste tu?—Candy se paró rápidamente empujando al italiano y ahora ella cruzó la habitación hasta el ventanal.—Eres un Animal.

—Candy, le salvé de morir a manos de Jack y Thomas. No lo voy a negar, me di la satisfacción de noquearlo, pero fue por su propio bien—Gianni se incorporó, y trató de seguir a Candy, pero ella lo detuvo a gran distancia.

—No te me acerques, eres un bruto, casi lo matas— le gritó la rubia empuñando las manos en sus costados.—no te lo perdonaré jamás Gianni.

En ese mismo instante Neal abrió la puerta con fuerza haciendo que esta se azotara contra la pared, el italiano instintivamente cubrió a Candy con su propio cuerpo.

—Déjanos a solas—Gruñó Leagan.

—Señor Neal, me disculpará pero no dejaré a la señorita Ardley a solas con usted en esas condiciones.—Gianni continuaba cubriendo la frágil figura de Candy tras su gran espalda.

–Que nos dejes a solas grandísimo perro italiano—Neal vociferó con tal fuerza.

–No te permito que ofendas de esa manera a Gianni—Candy asomó su melena rubia entre los brazos del guardia.

—¡Bravo! Habló la pequeña ramera del hogar de pony—Neal se quiso acercar, pero Gianni alargó un brazo para que mantuviera la distancia.

—Señor Neal, no es necesario ofendernos. Vamos al despacho, tome un brandy fume unos cuantos cigarrillos y después de catalizar su ira, podrá hablar con la señorita Candice.

Neal comenzaba a recular, cuando entró la Tía Elroy en la habitación.

—La servidumbre me avisó que Candice volvió— No dirigió la mirada hacia Neal.—Sal de ahí Niña, quiero verte—Candy lentamente salió de detrás de Gianni.—Está entera, digo sana y salva. No entiendo tanto alboroto Neal.

—¡Pero Tía Elroy!—Neal lo dijo con aire de berrinche.

—Pepepe ¡nada! Vete a tu despacho Neal Leagan, y tu hombrecito—Elroy apuntó a Gianni con su indice despectivamente— Vete con él. Y cuida que no cometa otra locura.—El italiano asintió y cruzó hasta donde se encontraba Leagan. Tomándolo de un brazo salieron los dos de la habitación.

—Gracias Tía Abuela—Candy trató de esbozar una sonrisa tímida e hizo una débil reverencia.

—No me agradezcas nada, desde que llegaste solo enlodas el nombre de los Ardley, pero no voy a dejar que mi sobrino se ensucie las manos contigo, y reza porque William aparezca.— Elroy estaba saliendo de la habitación cerrando la puerta tras de ella—Creo que no tengo que decir que no puedes salir de esta habitación hasta nuevo aviso. Piensa en los errores que has cometido, y piensa que en poco tiempo serás una mujer casada y estos bochornosos episodios no podrán repetirse.—Por fin la tía abuela abandonó la habitación, cerrando la puerta y haciendo sonar el click que le decía a la rubia que otra vez estaba encerrada en su celda de cristal.


*io Non sono il maledetto di Neal.= Yo no soy el maldito de Neal

*la tua spiegazione, principessa. = Tu explicación princesa

*tua dolce bocca.= Tu dulce boca


Y bueeee, aquí estoy, despues de tanto tiempo. Bueno no quiero alargarme con las escusas (como dicen por ahí entre mas disculpas, más se agrava la falta)

Tuve problemas técnicos, mi laptop se arruinó, y aún no puedo conseguir arreglo. (Este cap. Fué entero escrito a dedo en mi telefono :p sorry si hay faltas o está muy fome o aburrido, la inspiración se anduvo escapando por lo mismo)

Gracias por sus reviews hermosos, por sus mensajes internos, por su preocupación por mi. Y les repito, no dejaré la historia sin finalizar, aun que sea con un dedo les voy a dar sus capítulos mis nenas.

Y para terminar, mis más grandes fuerzas, abrazos, besos y apapachos a mi querido pueblo Méxicano, se que gran parte del fandom de Candy Candy es de méxico, y tengo grandes y adoradas amigas a las que quiero un chingo! A ver si con este poquito y este capitulo les doy un poquito de cariño y alegría. Esto es para ustedes. Desde Chile con amor Tamylin!

Ampi 333