Tailandia siempre había sido una tierra de calor, humedad, bosques, playas hermosas, fiestas, y muchos asentamientos pobres.
Y Poowemna no era la excepción. Era el típico pueblo de casas de madera, metido entre arboles exuberantes y helechos, sin orden aparente.
La pequeña escuela le daba educación a medio centenar de niños y niñas, desde muy pequeños a casi adolescentes, todos demasiado pobres como para tener algún medio de transporte que los llevara a la ciudad más cercana con un edificio como ese.
Ajetreado, con niños que no paraban de correr en los horarios libres, super poblado.
Casi era obvio que Edna hubiese fundado dos escuelas. Las escuelas la habían salvado de la muerte.
Los hermanos Drake y Sullivan fueron conducidos hasta la minúscula oficina de la "directora", por una maestra tailandesa de mirada adorable y ropaje colorido, para esperar dentro del recinto. Ella llamaría a la "directora".
Nathan y Víctor se quedaron casi en la puerta, ya que Sam estaba lo suficientemente nervioso como para caminar por dentro de toda la oficina, como si se tratase de un tigre enjaulado.
- Por dios… Sam…- Lo miró Sullivan- Me estas mareando, para ya.
- Creo que si me detengo, me desmayo…- Dijo él.
- Ahí tienes una ventana abierta, respira…
- Es Edna- Dijo Nate- Como si no la conocieras.
- Lo se…- Se quedó quieto.
- Atención…- Sonrió.
Edna se detuvo en la puerta, mirando a Nathan y Víctor.
Seguía siendo ella aunque con un poco más de años y peso. Su suave cabello marrón suelto y en ondas, su piel caramelo, sus pecas en las mejillas. Su extraña mezcla de Marruecos e India que llevaba en su sangre, su rostro de contorno tosco, sus firmes ojos cafés, su peso que nunca había sido leve. Pero ahora había dejado de lado sus prácticos atuendos normales de alto contenido militar para usar una ropa relativamente típica de Tailandia, de largas telas coloridas.
Con una sonrisa enorme ella abrazó a su medio hermano menor y al excéntrico Sullivan.
Y fue después, que desvió los ojos, que chocaron contra Sam.
Se le acercó deprisa, para propinarle un poderoso abrazo de la misma envergadura con la que lo recibía. Sam la estrujó, enmarcando una sonrisa luminosa, dichoso.
Edna se separó un poco, mirándolo, tratando de asegurarse de que ese era realmente su viejo amigo.
- Ha pasado un rato- Sonrió él- ¿No?
La mujer se tapó la boca, ocultando una mueca de sonrisa emocional con un enorme espejo de angustia mal reprimida.
- Hey…- Le sonrió él, tomando su hombro- Cálmate… Ni que me hubiese muerto.
Ella le dio un golpe torpe antes de abrazarlo de nuevo.
Para Nathan, eso no le parecía extraño. Ambos habían sido muy grandes amigos hasta lo sucedido en Panamá. Él mismo había sido el que se acercó a Edna, luego de escapar, para decirle que Sam no lo había logrado. La había visto desmoronarse en llantos y en apagarse.
La mujer, antes de ese día, siempre había sido enormemente energía, positiva y feliz, cosas que se habían extinto con su supuesta muerte. Él fue el catalizador para que dejara el negocio, para tomar seriedad, para ver las cosas desde una perspectiva no solo muy realista, sino también mucho más precavida.
Y que ahora pudiese volver a abrazarlo, como un milagro de entre los muertos, era un peso evidente.
- Dios…- Murmuró ella, en su cuello- Debería molerte a golpes…
- Si… Yo también te extrañé.
Shaareim le dio un leve puñetazo en el estómago, y luego se quedó al lado, más separada y tranquila, pero con un brazo alrededor de su cintura.
- Elena me dijo que tendría visitas- Ella los miró- Pensé que solo sería Nathan…
- Bueno… Te la debíamos…- Dijo el mencionado- Si hubiese sido por nuestras ideas, tú también hubieses quedado en Panamá.
- Es una suerte que siempre intuyas desenlaces como esos- Sam pasó el brazo por sus hombros.
- No es intuición- Ella lo miró- Es tener un cerebro puesto en la tierra. Ustedes pueden ser muy perspicaces, pero también viven en la fantasía… Y que estén aquí… Incluido Víctor…
- Necesitamos tu ayuda en algo…- Dijo Sullivan.
- Dios…
Edna se separó de Sam, mientras caminaba por la oficina frotándose el rostro.
- ¿Qué?- Se ofuscó ella- ¿Qué clase de trozo de mampostería se les cayó en la cabeza? Después de todo, después de Panamá, después de medio morirse todos, un par de veces ¿Qué clase de idiotez los hace volver a lo mismo? ¿No han aprendido nada en quince años?
- Es algo relativamente simple- Se justificó Sam, apoyándose en una mesa- Y nos permitiría retirarnos.
- ¡Ya estaban retirados! Nathan se casó con Elena, Víctor esta medio retirado desde que le salió el primer cabello blanco, y tú, después de todo, deberías estar apreciando la última de tus nueve vidas antes de ir por más problemas.
- Si logramos encontrarlo, podríamos vivir como reyes- Dijo Víctor- Es simple, sabemos dónde está… Casi.
- Estamos un poco perdidos en realidad- Dijo el joven Drake- Tenemos los datos, pero nos falta una mirada perspicaz como la tuya.
Edna suspiró, mirando el techo de vigas y paja.
- Vinieron por una "mirada perspicaz"- Medio sonrió ella- No por mí. No para visitarme por primera vez en casi veinte años… Y si debo suponer, supondré que han pensado en otra docena de "miradas perspicaces" antes de mi… Es decir, que si no tuviesen ese tesoro, ni siquiera hubiesen vuelto… Conmovedor…
- No- Sam la increpó, enderezándose- No voy a dejar que me acuses de ser materialista.
- Claro…
- Primera.
- ¿Primera qué?
- Fuiste la primera persona que se nos cruzó por la cabeza cuando pensamos en una mente astuta y leal.
- Gran cambio- Se arqueó de hombros- Sigo siendo un canal a algo.
- ¿Tú crees que no queríamos venir antes? ¿Qué yo no quería venir a saludarte después de salir de prisión?
- Fue Elena la que me dijo que estabas vivo… Un año después de enterarse. No tú, ni Nathan, ni Víctor…
- Y era Elena la única que sabía dónde estabas. Y a Nathan le dijiste expresamente que estabas fuera del negocio, fuera de todo, que querías estar sola, que no le diera la información a nadie, que únicamente buscabas tener una vida, apartarte del pasado, olvidarte. Me lo dejó muy en claro, me lo repitió hasta el cansancio. Y yo tuve que pensarlo mucho, esforzarme.
- ¿Esforzarte?
- Para no venir. Se la clase de bonachona que eres, sé que has estado haciendo mil obras para los más necesitados de aquí, sé que has gastado toda tu parte en escuelas y albergues. Y se de las cosas que sucedieron en el pasado, se la clase de recuerdos que regresan con solo mencionarnos… Tu padre… Marruecos… Y nosotros sabíamos que de aparecer, eso volvería, sí o sí. Pero si nos ayudas con esto, tendrás una parte… Podrás seguir salvando gente…
- ¿Y tú crees que recuerdo a Marruecos y a mi padre, solamente cuando oigo sus nombres?- Lo miró, triste- Es una cruz diaria, Sam, no circunstancial…
- Pero se lo dijiste…
- Se lo que dije hace quince años- Lo interrumpió- Aun estaba media escondida y aterrada cuando apareció con Rafe, lastimado, destrozado, diciéndome que te habían baleado en la huida… Ellos tomaron una vía, yo otra, con tu nombre agregado al de mi gente y mi familia. Lo que menos quería era hacer otra cosa que no fuese ocupar mi mente en no recordarlos. Cosa que jamás funcionó.
- Edna…
- Y peor aún, crees que prefiero verte por el simple beneficio de una parte del tesoro, antes de verte por afecto…
- Lo siento… En serio- Se le acercó.
La mujer hizo una leve mueca de dolor, mientras se colocaba la mano en el pecho. Samuel la sujetó de inmediato, asustado.
