- ¡Nate! ¡Llama a una ambulancia!- Gritó Sam.

- Relájate- Murmuró Edna, haciéndole señas al hermano menor- No es un infarto… No estoy tan vieja.

- ¿Entonces?- La observó Víctor, alerta.

- Costocondritis… Una infección, en la unión de las costillas y el esternón… No es serio- Ella se frotó el pecho- Duele un poco… Es curable.

- ¿Necesitas que te traiga algo?- Samuel frotó su espalda.

- Estoy bien- Se enderezó, lentamente- Suele aparecer con el frio… o estrés…

- Edna… lo lamento… todo.

- Está bien, Sam. Te conozco, eres buena persona. Un poco torpe a veces, pero buen sujeto…- Ella suspiró- Creo que le daré un vistazo a lo que sea que tengan…

Un timbre tintineante sonó en el edificio, a lo que Shaareim miró a un lado, como si supiese lo que sucedería luego. Un griterío de niños se hizo presente de inmediato, con muchos correteando por el pasillo que daba a su puerta abierta. Un pequeño niño de cuatro años correteó hacia dentro, con ropa bastante andrajosa y unas zapatillas sucias de un par de tallas más grande, que no lo detuvo de correr hacia Edna y abrazar sus piernas.

- Creo que vamos a tener que discutir eso en otro momento muchachos…- Dijo ella, acariciándole el cabello al niño.

- ¿Qué tal hoy a la noche?- Preguntó el mayor de los Drake- Podemos cenar todos en algún sitio, contarnos historias, ver los planos…

- Yo puedo encargarme de buscar un buen sitio- Dijo Víctor- Y que Nathan te avise.

- Claro- Sonrió ella, antes de mirar hacia abajo y al niño que tiraba de sus ropas- Si, Yuse, te veo ¿Qué sucede?

El niño señaló a Samuel, murmurando algo muy bajo. Edna se agachó para levantarlo en brazos y tenerlo más cerca.

- Repítelo, que aún no se leer los labios- Le dijo ella.

Yuse volvió a murmurarle algo, cerca del oído, que la hizo reír un poco.

Sam también sonrió, enternecido. Solamente ella podría sacar esos enormes deseos de formar una familia.

- ¿Qué dijo?- Preguntó Nate, divertido por la escena.

- Que el gran sujeto es alto- Sonrió ella y miro al niño- Si Yuse, es alto. Sobre todo porque tú eres pequeñito.

El niño volvió a hablarle en el oído.

- No, no- Le contestó ella- No es malo. Son pajaritos. Recuerda que los malos se tatúan cosas feas… Sam ¿Podrías…?

Samuel se acercó, haciendo que el niño se redujera, temeroso. Abrió un poco el cuello de la camisa dejándole ver su tatuaje de aves.

- ¿Ves?- Le dijo Edna- Pajaritos. Si te gustan los pajaritos, Yuse…

El pequeño extendió la mano, apuntando con el dedo índice. Sam se había acercado lo suficiente, así que el niño pudo tocar torpemente las marcas, uno a uno, con su dedo.

- ¿Cuántos pajaritos son?- Le preguntó ella.

- Uno… Dos…- Comenzó a contar Yuse, despacio, tocando uno a uno- Tres… Cuatro…

- ¡Si!- Edna le hizo cosquillas, haciéndolo reír- ¡Bien!

La mujer miró a sus acompañantes.

- Muchachos…- Dijo ella- Tendrán que disculparme… ¿Hablamos a la noche? ¿A las siete? Ahora mismo estoy un poco atareada.

- Reservaremos la mesa y te avisamos- Le dijo Nate.

- Perfecto. Yuse, diles adiós- Ella saludó, siendo imitada por el pequeño- Adiooosss…

Edna les sonrió a sus amigos y salió por la puerta, con el niño aun saludando, mientras Sam le devolvía el saludo con una sonrisa tonta en su cara.

- Bueno- Suspiró Nathan- Todo salió bien después de todo.

- Y ella se mantiene bastante bien- Dijo Sullivan, a propósito.

- ¿Bastante bien?- Sam lo miró de reojo mientras empezaban a salir- ¿La viste? Esta radiante.

- Bueno… Subió un poco de peso…

- Radiante y adorable- Repitió, ignorándolo.

Tanto Nathan como Victor rieron por lo bajo, nada había cambiado con él.

Aprovechando que Tailandia era climatológicamente paradisiaca, ellos optaron por una cena normal, en exteriores, bajo el manto de un cielo que oscurecía. Una mesa relativamente apartada, de buen tamaño, cuadrada, colocada debajo de un toldo y bien iluminada, con suave música étnica. Y por supuesto, como el mayor de los Drake había planeado, Edna sentada cerca suyo. Mujer que había dejado su atuendo previo para acudir con un simple jean azul y una camisa color salmón, fiel a su estilo práctico.

La comida fue la menos picante que pudieron pedir, casi absurdamente barata y exageradamente sustanciosa, cargada de arroz y vegetales de todos los colores.

Whisky de dudosa calidad para los caballeros, el agua más normal del mundo para la única mujer abstemia en kilómetros a la redonda.

Durante la comida, el tema del tesoro no fue mencionado ni cerca, tan solo se dedicaron a contarse historias, ponerse al tanto de otras muchas, reírse en demasía.

La comida se había desvanecido, pero la charla aún continuaba.

- Nosotros esperábamos tener que discutir con tu esposo y mentirle en la cara- Dijo Víctor, mientras encendía su cigarro- ¿No está en la zona o qué?

- ¿Tengo cara de casada?- Edna lo miró, fijamente.

- Tienes arrugas… Tienes alguna que otra cana…- Le señaló el pelo con su cigarro.

- Gracias. Que dulce- Le dijo, sarcásticamente- Y no, lo que tengo es cara de trabajo. No soy como tú que tiene la vida resuelta ¿Sabes?

- ¿Y por qué no?- Preguntó Nathan, conociendo que esa pregunta rondaría la mente de su hermano.

- Bien sabes que mi problema principal cuando era niña, era que pensaba demasiado. Luego me involucro con gente que adora los acertijos, los datos históricos y la cultura. Luego vengo y hago escuelas… Es bastante obvio que mi problema principal es el mismo: soy muy cabezota y me aburro muy fácil si hablo con alguien que no lo es. Y por dios que aquí nadie sabe nada de nada…

- Sigues siendo una rata de biblioteca…- Dijo Sam.

- Moriré siendo una rata de biblioteca. Y aquí… no quiero sonar mal… pero no hay bibliotecas.

- Por eso estás haciendo escuelas como posesa- Rio Víctor.

- No voy a quedarme aquí para siempre, pero al menos quiero dejar un poco de mi "fanatismo de biblioteca"… Lamentablemente tengo que decidir entre mi salud mental y mi salud física.

- ¿A qué te refieres?

- Por mi salud mental, yo estaría en Suecia o Finlandia, internada entre museos, disfrutando de libros… Pero por más que me encante el aire fresco, la lluvia y la nieve, por mi salud física, necesito un clima cálido. Al menos hasta que me haga el trasplante de médula, pero para eso falta bastante…

- ¿De médula?- Se preocupó Samuel.

- Mi Costocondritis es soportable con medicamentos, antinflamatorios, esteroides… Pero la cura suele venir o con un combo de medicamentos extremadamente destructivos, o con trasplante de medula. El trasplante es simple, lo complicado es encontrar un donante compatible.

- Edna…- La tomó del hombro un momento- A penas terminemos esto, me haré un estudio de compatibilidad. Y sino soy compatible, lo hará Nate, Elena, Víctor y todo el que me encuentre en la agenda.

- Gracias- Palmeó su pierna.

- Eres casi la más joven del grupo y tienes una salud de mierda…

- Si, tú sigue fumando y veremos en unos años quien está peor…

- ¿Cómo sabes que no lo dejé?

- Soy un maldito perro ¿Recuerdas? ¿La fuente de Saint Miguel? ¿La que encontré por el olor a azufre? Si pude encontrarla en una cueva con todo el olor a guano, es obvio que pueda oler el humo en tu ropa…

- Puede ser de Víctor ¿No crees?

- Reconozco el olor de un caro cigarro cubano típico de Víctor, se diferenciarlo de tus cigarrillos comunes y baratos… Lo que si no entiendo por qué jamás te veo fumar, solo te huelo.

- Por qué respeto el hecho de que no seas fumadora y odies el humo en tu cara. Es más, es hasta sano para mí tenerte cerca. Ahora mismo seguramente estuviese fumando, si no estuvieses.

- Aw, es casi un cumplido…

Víctor, silenciosamente, apagó lentamente su puro.

Dato: La Costocondritis de hecho existe. Todo lo descripto es real, exceptuando la severidad del mismo. En la realidad, es una condición pasajera que no necesita medicamentos poderosos ni trasplante de médula. Es normal que desaparezca por si sola tras un corto tiempo.