09 – Hambre – Shaka y Kanon – 500 palabras
–¿Quién está allí?
La pregunta fue lanzada sin curiosidad, solo contenía algo de fastidio: Shaka detestaba que interrumpieran su meditación. Llevaba pocos meses en el Santuario y era el único aprendiz de virgo, todos lo subestimaban: habían tratado de obligarlo a realizar los ejercicios físicos con los que comenzaban todos y a partir de los cuales accedían al control de sus cosmos. Él no necesitaba eso, sabía que su camino era a través de la meditación y la paz mental.
Los santos de mayor experiencia lo habían entendido, lo difícil era hacérselos comprender a los otros aprendices. Lo habían retado varias veces, con resultados no demasiado agradables. Por eso, en cuanto sintió una presencia un poco apagada y muy activa a su alrededor decidió comenzar con el enfrentamiento y acabar cuanto antes.
Kanon frunció el seño, no había esperado que el niño se diera cuenta de su presencia, había creído que podía pasearse alrededor de él sin hacer ruido y sin que llegara a enterarse. Le había llegado el rumor de que era ciego y por eso se había sentido con la confianza de salir de las sombras y jugar un poco. Hizo un mohín infantil y se enfurruñó.
–Nadie, te lo estás imaginando.
La cualidad de su voz calmó a Shaka, no parecía buscar pelea, había una gran fuerza escondida allí pero no irradiaba agresividad ni violencia.
–¿Un fantasma, entonces?
Le preguntó por diversión. Kanon volvió a enfurruñarse e ignoró la pregunta, caminó un poco alrededor del menor, no rondándolo sino examinando la habitación. Había allí una figura de madera de un hombre extraño, con las orejas demasiado largas y debajo, en un estante, un plato con dulce de sémola, el aroma hizo que al griego se le olvidara el enojo. Apenas iba a acercar su mano cuando Shaka se levantó.
–¿Qué haces?
Había una arruga en su frente, estaba consternado por la evidente falta de respeto del extraño.
–Oh, vamos, no me vas a decir que esta estatua tiene hambre, ¡y yo sí que tengo!
Por un momento el menor se sintió indignado pero luego se echó a reír. Tenía allí mismo un fantasma hambriento, nada menos; asintió con la cabeza y Kanon finalmente pudo devorar aquel delicioso postre y satisfacerse, durante todo aquel rato, Shaka se dedicó a estudiar su energía.
–Me parece haberte sentido antes… no sé exactamente dónde pero estoy seguro de que te he visto anteriormente.
Sus palabras hicieron burbujear el nerviosismo de Kanon.
–¿Ver? ¿Cómo que ver? ¡Tú estás ciego!
–No estoy ciego – rebatió Shaka con algo de indignación–, mantengo cerrados mis ojos por voluntad, pero no tengo ninguna discapacidad física, es una forma de entrenamiento, ¡podría abrirlos ahora mismo!
Fue a hacerlo pero un plato vacío y sorprendentemente limpio se presionó contra su nariz.
–¡Oye, pero qué…!
Sostuvo la pieza de cerámica para evitar que se rompiera y en los segundos que tardó en apartarla de su cara el otro había desaparecido. Al final iba a resultar que sí era un fantasma.
