10 – Espejos – Mu y Aioros

Mu jugaba en la sala de audiencias, su maestro estaba ocupado y él no estaba tan loco como para interrumpirlo, pero ya había terminado todas sus tareas asignadas y no estaba seguro de que más hacer. No podía acercarse al trono, no se atrevía y ni siquiera se le ocurría. Se entretenía jugando entre los cortinajes que bordeaban la sala y los espejos que había detrás. Reía divertido con el eco de sus pasos, de sus aplausos y de las risas mismas, giraba entre la seda medio desorientado y bastante feliz.

Sin previo aviso un par de manos se cerraron sobre su cuerpo por encima de las telas, atrapándolo y cegándolo. Mu se entiesó por completo, asustado, ¿sería su Maestro?, ¿estaría molesto por su falta de respeto?, ¿estaba a punto de ser castigado? Tembló y –sin poder controlarse– se le aguaron los ojos.

Aioros había tenido un par de palabras con el patriarca, al salir había visto al niño jugando de aquella forma tan inocente y al principio se había escandalizado, mas luego lo había superado y se había sentido profundamente conmovido. Abrazarlo sorpresivamente fue un acto de mero infantilismo, esperaba que aquel preguntara su nombre o que se removiera… no había esperado que el chico se echara a temblar. Impresionado, se dio prisa en remover las cortinas, eran capas y capas de gruesa tela que tuvo que tirar hacia atrás para destapar al niño que, extremadamente pálido, le miraba con los ojos abiertos, húmedos y llenos de espanto.

Mu se calmó de inmediato al ver que aquel no era Shion, pero no podía regresar sus lágrimas al fondo de sus ojos, éstas escurrieron a lo largo de sus mejillas. Reconoció a aquel muchacho, uno de los caballeros dorados, alguien en quien su maestro tenía puesta su confianza y de pronto le entro de nuevo el miedo de que pudiera acusarlo ante a su maestro.

Aioros se sorprendió por los cambios en su expresión, y desconociendo la causa de su temor, rindió una rodilla sobre el mármol del suelo par aponerse a su altura y le sonrió con calidez.

–Oye, ¿eres el aprendiz del Patriarca? ¿Cómo te llamas?

Mu asintió a la primera pregunta pero no atinó a responder la segunda, sentía la garganta totalmente cerrada.

El mayor hizo un gesto apaciguador con las manos.

–Yo soy Aioros, el caballero de Sagitario. ¿A qué estaba jugando? Parecías divertirte.

Mu asintió de nuevo, preocupado.

–Me escondía…

Aioros sonrió con tristeza, conmovido otra vez.

–¿Te escondías tú solo?

–No tengo nadie que me busque.

Aioros le acarició el cabello, ¿no era así con Aioria también? Siempre solo, siempre triste, olvidando que era un niño…

–¡Yo te buscaré! Anda, vuelve a esconderte.

Mu dudó un instante, pero la oportunidad de jugar con otra persona era un tesoro. Pronto estuvieron gritando y saltando, enredándose entre los espejos y los cortinajes; reían a carcajadas, olvidado el miedo a ser descubiertos. No tenían razón para preocuparse, Shion los observaba desde atrás de los cortinajes y sonreía.