El grupo lentamente bajó sus vasos vacíos. Uno de ellos con un par de ideas rondándole la mente.
- Entonces- Samuel se apoyó en la silla- Un quinto para cada uno.
- ¿Un quinto?- Ella lo miró- ¿Acaso tienen a alguien más?
- Somos cuatro en la mesa, más Elena… Matemáticas…
- Yo no quiero nada. La poca información que les di, era de favor.
- Es relativo, además, ya en terreno, a todos les toca lo mismo.
- ¿Terreno? Yo no voy a ir…
- Sam…- Lo detuvo su hermano- Dijimos que vendríamos solo por información. Sabes muy bien que ella está fuera de esto.
- Bueno- Se acomodó él, mirándola- Yo nunca dije que lo fuese a hacer. En parte vine a convencerla.
- Típico…
- No voy a ir- Le repitió ella.
- Si es lo que suponemos que es, un quinto te alcanzará para tapizar Tailandia con hospitales y escuelas.
- Eso no hará que vaya…
- ¿Qué te preocupa? ¿Lo peligroso que sea? Es lo normal, y no tenemos competencia.
- ¿Has visto mi estado físico? ¿Acaso crees que puedo escalar lo mismo que ustedes? No podía escalar bien con quince años, mucho menos a mis cuarenta y tres.
- Es lo de menos, no creo que sea tan complicado. Y ten en cuenta de que te podrás retirar de verdad. Todos lo haremos. Es… nuestra última aventura.
- Si claro… Eso dijeron tantas veces…
- Esta vez es en serio. Además, tú lo dijiste hoy, Nathan ya está retirado, Víctor debería estarlo hace rato, y yo tengo demasiada suerte. Y quiero usar esa poca suerte que me queda para hacer esta última aventura juntos, antes de que cada uno se pierda en su excitante vida de planchar los fines de semana y cortar el césped en verano…
- Lo dices como si la vida hogareña fuese terrible…
- No lo es, pero seguramente debes extrañar los paisajes, los acertijos, el pensar como pasar a ciertos puntos, la adrenalina, los nervios…
Edna se quedó mirándolo, como si muy dentro de ella, una duda comenzara a crecer gracias a las maquiavélicas palabras de Drake.
- Escucha- Sam palmeó su mano- Te daremos una parte, aunque te quedes aquí. Y si vas, tampoco es que irás a tirarte del abismo más grande que encontremos, tan solo irás como… apoyo, por si no vemos algo evidente, o necesitamos un perro. Ni siquiera tienes que decidirlo ahora. Nosotros nos vamos en dos días, al mediodía, así que, consúltalo con la almohada...
La mujer desvió la mirada. Conocía los ojos de Samuel y lo fácil que podía hacerla cambiar de opinión.
El resto de la cena terminó con la misma tranquilidad y familiaridad con la que habían comenzado.
Ya en su pequeña cabaña de madera, Edna se acostó, con la mente perdida en el techo. Hacía años que no se sentía así. Tan feliz, ligera y completamente viva. Tan nerviosa y confundida. Tras quince años, casi había olvidado el por qué sentía en los hermanos Drake, una familia.
Era obvio que después de tanto tiempo, Nathan ya no era su pequeño hermanito. Pero debajo de su nueva seriedad de casado, su musculatura, sus ojos maduros, seguía siendo su pequeño hermanito.
Y Samuel ya no era su querido casi hermano mayor y mentor. Mucho menos con sus cicatrices extra, sus años, sus nuevas arrugas, su conducta levemente más seria tras tanto tiempo en prisión. Pero seguía siendo su familia.
Seguía amándolos, de la manera más pura e inocente. Al menos a Nathan.
Y lo que él había dicho, rondaba sus ojos. En algo estaba en lo cierto, extrañaba las aventuras con ellos, el sabor de los nervios, el dormir por turnos, el esconderse en huecos imposibles, el descubrir misterios y paisajes. En lo más profundo de su alma quería vivir esa última excursión con ellos.
Ella suspiró, acomodándose en la cama. Intentaría dormir y que su mente le diera la respuesta, mañana.
Era temprano, los tres viajeros se habían levantado hace rato y estaban desayunando en una pésima mesa de su barata habitación de hotel. Desayunando y planeando los pasos a seguir, los pasaportes, los papeles falsos, lo usual.
El más joven de los hermanos sintió vibrar su teléfono, por lo que lo encendió, mirándolo un momento y sonriendo después.
- Sam….- Nathan le acercó el teléfono.
Su hermano lo tomó y miró la pantalla. Era un mensaje de Edna.
"Maldigo el poder de convencimiento de tu hermano. Perro rastreador dentro"
Como siempre, ella no era partidaria de dar demasiada información por otro medio que no fuese cara a cara. De ser necesario, siempre escribía con múltiples sentidos. Pero para ellos era claro. Ella era el perro rastreador, y se unía a la causa.
Él sonrió, amplia y dichosamente, devolviéndole el aparato.
- Aja- Dijo Víctor, mirando su cara- Es obvio que Edna se unió. Pareciera que Cupido le dio una patada en la cara…
- Hablando de eso…- Nathan se acercó a su hermano- Supongo que sabes que esta es la oportunidad perfecta para que se lo digas…
- Lo se…- Se puso serio, mientras se apoyaba en la pared- Pero no sé si pueda hacerlo…
- Sam… Los planetas prácticamente se alinearon. Ella sigue soltera, vamos a buscar una aventura épica, tú ya actuaste como un caballero medieval, solo te falta decírselo cara a cara.
- Ya lo sé… Y eso es lo que me aterra.
- Casi parece que evitaras hacerlo…
- ¿Tú crees que me gusta estar solo, sin Edna?- Lo miró, con leve amargor- Llevo casi la mitad de mi vida amándola. Pero sé que si me acerco a ella, como amigo, siempre tendré una bienvenida. No quiero decirle la verdad y sentir su rechazo… Me destruiría.
- Lamento entrometerme- Dijo Víctor- Pero… ¿No crees que sigue sola porque te está esperando?
- No te burles ¿Quieres?- Bufó Samuel.
- Lo digo en serio, chico. ¿Durante la cena? No te diste cuenta, pero la química que hay entre ustedes es más que obvia. ¿Su modo de recalcar su búsqueda de una pareja pensante? ¿Crees que conoce a muchos hombres que puedan ser una rata de biblioteca? En esa mesa había quizás los únicos tres pensantes de toda Tailandia. Nate está casado, yo no soy su tipo… Pero tú…
- Claro, claro- Caminó por la habitación.
- Y hay más. Cuando apareciste. El abrazo que te dio no era de amistad, el modo en que contuvo las lágrimas tampoco lo eran, el modo en el que pareció rompérsele el corazón cuando supo que viniste antes por información que para verla, tampoco fue de amistad.
- Y hay algo que ninguno de ustedes vio- Dijo Nathan- El modo en que lloró cuando le dije que habías muerto. Sam… Tuve que sujetarla, tuve que quedarme para asegurarme que no se mataría ella también… Recordar eso hace que piense en cómo te podrías si te enteraras de que ella ha muerto.
- Una vez lo pensé…- Medio sonrió Samuel, con los ojos vidriosos- ¿Sabes? Había salido ya de la cárcel, y me tome un día para imaginarme la noticia de que Edna había muerto. Lloré como un maldito bebe… Y cielos… Aun se me cierra la garganta… cuando me acuerdo.
- De todos modos tendrás que decírselo- Víctor encendió un puro- No querrás llegar a viejo, preguntándote que hubiese pasado. Además, si terminamos esto y no se lo dices, eventualmente nuestros caminos se irán por lugares diferentes, y quizás no la encuentres…
El mayor de los Drake se sentó, lentamente, suspirando. Su hermano se paró al lado, poniendo la mano en su hombro.
- Tienes todo el viaje para juntar agallas- Le dijo Nate- Si para el momento en el que tengamos que despedirnos, no se lo has dicho, lo haré yo.
- Ni se te ocurra- Murmuró él.
- Edna es amiga mía también. Se merece saber la verdad. Y… así te verás obligado a decírselo tú.
Samuel miró al piso. No dudaba de que su hermano lo fuera a hacer. Su reloj había comenzado a correr, y la marcha atrás estaba en juego. Edna se enteraría cuando el contador llegara a cero, más allá de quien se lo dijera.
