Los tres sujetos esperaban en el hidroavión de Sullivan, el cual pateó imperceptiblemente la bota de Samuel cuando la vio llegar. Este sonrió al verla.
Edna usaba el mismo estilo de atuendo que llevaba en sus antiguas aventuras. Una camiseta térmica pegada al cuerpo, un chaleco de mangas cortas estilo militar, un pantalón del mismo tipo, botas de suela firme, el pelo oscuro recogido en una coleta, una mochila de muy generosas proporciones, una chaqueta de esquí, negra, colgando. Todo con exceso de bolsillos y en tonos de verde y marrón. Era una manía, copiada de su niñez, gracias padre y su estilo de vida militar.
Y por supuesto, avanzaba con paso firme.
- Buenos días Sargento- Bromeó Sam cuando la tuvo cerca- ¿Sabes que si te perdemos en el bosque, no te veríamos?
- Tengo bengalas- Ella sacudió su mochila sobrecargada.
- Siempre tienes bengalas. Siempre tienes todo encima…
- Víctor… Por favor… Dime que no es el mismo hidroavión- Se quejó ella.
- Es perfectamente funcional…- Dijo Sullivan, palmeando el fuselaje- No sé qué te preocupa.
- Dios… Dormiré durante el viaje… Así no pienso en las altas probabilidades de que este avión se caiga a pedazos…
- Que poca fe…
Ya durante el viaje, comenzaron a poner el limpio el plan. Tenían que detenerse en varios aeropuertos de China, ser escaneados y revisados hasta el cansancio, solo para poder volar dentro de su espacio aéreo. El objetivo principal era Qinghai, una provincia en el centro del país, pero mas precisamente la montaña Mahoma Shan, en la cordillera Qilian.
Debían ser precavidos. Primero, porque los Chinos notarían de inmediato que no eran simples turistas. Revisarían sus pertenencias, por lo que sospecharían una búsqueda de tesoros. Eso hacía que, a penas llegaran, tuviesen que apresurarse para que ningún enviado del estado decidiera observar el área antes.
Luego debían estar atentos a la zona y al clima. La zona era particularmente alta, por lo que el oxígeno en el aire era bastante escaso si subían de más, y más aún en esa época, a mediados de otoño, muy proclive a atraer nevadas intensas, frio y avalanchas. El lugar también era tierra de nómadas tibetanos, que solían llevar sus enormes y feroces perros tibetanos como protección.
Otra razón para hacerlo todo rápido.
Según la información recabada, Mahoma Shan era una montaña donde no había nada más que una torre de comunicaciones a buena altura, un teleférico, nieve y rocas. En una de sus laderas había un largo terreno liso y desprovisto de obstáculos, junto a un hangar que había servido como pista de aterrizaje durante la guerra y que serviría para lo mismo con el avión de Víctor.
También encontraron algo referido a una extraña cueva artificial cercana a un lago de fines turísticos, lo cual era bastante sospechoso.
El plan era llegar a esa cueva, inspeccionarla y ver que les depararía el destino.
Ya con las ideas claras, y aprovechando de que aún faltaba para llegar, Edna se había apoyado en el avión, con la mochila a un lado y los brazos en el regazo. Abría los ojos y los cerraba de vez en cuando, con un poco de sueño. Nathan estaba como copiloto, charlando con Victor, mientras Samuel estaba sentado oportunamente frente a ella, con las piernas extendidas por todo lo largo del asiento y de brazos cruzados.
La miraba de reojo, de vez en vez, sabiendo que estaba medio dormida.
Por un momento la vio observándolo, fijamente
- ¿Qué?- Preguntó Sam.
- Nada… Me acuerdo de la vez que tuvimos que quedarnos despiertos, en Londres- Medio rio ella- Nos caíamos del sueño.
- Si…- Rio- Tuvimos que inventar conversaciones y juegos para distraernos.
- Tenemos unas cuantas buenas historias…
- Y luego tendremos otra más.
- ¿Alguna vez te dije… que me relaja oírte?- Ella se acomodó un poco, con ojos pequeños.
- Si Edna… Infinitas veces…- Sonrió dulcemente.
Shaareim cerró los ojos, para poder dormir un poco, vigilada por Drake.
Luego de tanto vuelo llegaron a China, y después de casi un par de días de puro papeleo burocrático, nerviosos ante los papeles falsos que llevaban, el avión de Sullivan al fin sobrevolaba la cordillera Qilian y bajaba suavemente hacia la pista de aterrizaje improvisada junto a la ladera de Mahoma Shan, mientras el sol amanecía a penas entre los picos.
El hangar provisional tenía las puertas funcionales, por lo que Víctor pudo resguardar su preciado aparato del clima.
Los cuatro estaban parados afuera, mirando los planos, muy abrigados y muy preparados.
- Recordemos los puntos- Nathan puso el plano sobre la tapa una caja- Nosotros estamos aquí. La cueva no está lejos, pero si un poco alta. Por suerte es una zona de esquí para locos extremistas, así que hay un teleférico funcional, desde la base hasta la torre de vigilancia. Debemos ir allí, para luego bajar.
- De bajada siempre es mejor- Dijo Víctor- No es temporada de esquí ¿Cómo vamos a subir con el teleférico apagado?
- Se enciende- Edna se acomodó la mochila- Solo hay que violentar un poco la entrada, el botón de encendido no tiene códigos.
- ¿Dónde aprendiste eso?- Sam la miró, sorprendido.
- Fui a esquiar una vez… Sola… En verano…
- Estás loca.
- Sip.
- Bien- Nate dobló el mapa- Al teleférico entonces. Andando.
Los cuatro seguían caminando, después de varias horas, subiendo la ladera poco a poco, muy lentamente. Pronto llegarían a la zona donde los arboles comenzaban a desaparecer para dar paso a la nieve y a la esperada estación del teleférico.
Y por supuesto, la altura ya comenzaba a molestar un poco.
Samuel estaba detrás de todos, vigilando que la figura femenina que tenía delante, estuviese bien. Y lo estuvo, al menos hasta el mediodía, donde ella se detuvo. El frio y la menor cantidad de aire le habían hecho doler severamente sus costillas.
- Muchachos- Alertó Sam y se acercó a Edna.
Él miro su rostro, y su semblante encorvado.
- Hey…- Sam tomó su brazo- ¿Estas bien? ¿Necesitas sentarte?
- Estaré bien…- Dijo ella, lentamente- Denme solo un momento…
- Podemos parar un rato si lo necesitas- Dijo Nathan.
- No… Ya se irá…- Se frotó el pecho.
- ¿No tienes ningún medicamento para eso en tu mochila?- Preguntó Sam.
- No… No tengo medicamentos desde hace meses… A penas si los venden en la capital. Y si no tengo dinero ni para viajar allá… Mucho menos para comprarlos al precio en que están.
- ¿Estas… torciéndote del dolor desde hace meses?
- Llevo tres años con Costocondritis, Sam… Los antinflamatorios no son sedantes, solo hacen que duelan menos tiempo, no con menos fuerza.
- ¿Por qué no me lo dijiste? Podrías habernos dicho que no tenías la salud para venir, o al menos nos hubieses pedido ir a comprar algunos…
- No iba a hacer que viajaran hasta la capital por una docena de antinflamatorios.
- Edna…
- Y no estoy incapacitada- Lo miró- Me duele a veces, sí, pero se me pasa.
- ¿Qué pasaría si te da un ataque de esos mientras te cuelgas de una saliente o algo? ¡Te caerías!
- No me des razones para colgarme y asunto arreglado.
- Pequeña…- Víctor también se acercó- Es en serio. Si necesitas sentarte o quedarte en el avión, dínoslo.
- No- Ella se enderezó, con mirada seria- Paren. Los tres. Dejen de tratarme como una flor inútil. Fui entrenada por un soldado ¿Recuerdan? No soy menos que ustedes solo por no tener testículos. Caminen.
La mujer avanzó, adelantando a los tres hombres que se habían quedado atrás, mirándola.
- Nunca le gustó ser tratada como una debilucha- Dijo Sam, viendo los ojos de Sullivan.
- Me doy cuenta- Dijo él, caminando.
