14 – Mayoría – Aioros y Kanon – 500 palabras

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La mayoría de los habitantes del Santuario ignoraban su existencia. No llegaba a comprender por qué, pues no era muy discreto sobre sus actividades. Robaba y golpeaba cuando quería, paseaba a veces a la hora del crepúsculo porque sabía que a esa hora Saga se encontraba ocupado en el templo. No quería que su hermano se enterara pero no terminaba de creer que nadie pudiera diferenciarlos, que nadie se percatara de que eran distintos, que eran dos.

Vivir así era una pesadilla, siempre tenía que estar solo, casi nunca hablaba con alguien. Pero a veces tenía suerte, desde hacía unas semanas se encontraba con otro muchacho, el Caballero de Sagitario y eso le había alegrado los días.

El encuentro se había dado por casualidad, mientras él molestaba a unos escuderos, Aioros había interferido para detenerlo, pero lo había hecho de una forma agradable y pícara; luego se había quedado platicando con él con curiosidad y normalidad, casi con afecto.

Para Kanon había sido extraordinariamente especial, ese encuentro lo había hecho sentirse persona, como si lo hubiera liberado de ser la sombra de su hermano, estaba agradecido y feliz. Se habían encontrado muchas veces luego de eso, pues siempre lo perseguía y acechaba en espera de otra oportunidad. Ese día lo esperaba a la entrada del tercer templo, Saga había sido enviado fuera por el patriarca y eso lo hacía sentirse libre y confiado.

Aioros incendió su energía al entrar, nervioso y alegre.

–Me alegra encontrarte, por un momento creí que te habías ido. Te he traído higos del jardín principal, sé que te gustan.

La cara de Kanon había iniciado con una sonrisa, mas pronto se deformó en incomprensión y luego palideció de ira y de incredulidad.

–Yo detesto los higos.

Realmente lo hacía, era Saga el que gustaba de ellos. Fue el turno de la cara de Aioros para descomponerse, de incomprensión y duda.

–Yo… creí que podrías llevártelos a tu misión.

Kanon no pudo escuchar nada más, dándose la vuelta se metió al templo y encendió la ilusión para que Aioros no pudiera seguirlo. Este lo intentó, dio vueltas y carreras hasta que tuvo que rendirse; no alcanzaba a comprender nada. Había sido amigo de Saga desde su niñez, al llegar a ser caballeros se habían ido separando, enfrentados por la competencia; siempre buscaba un momento para halarle y cuando aquel había vuelto a abrirse y a conversar había estado muy agradecido; no había sabido que su nuevo amigo no era el viejo (ni siquiera lo sospechaba) y lamentó haberlo perdido otra vez sin llegar a comprender siquiera el porqué.

Kanon se sintió profundamente herido, traicionado; odió a Aioros más que a nadie por lo sucedido, por esa ilusión terrible que se rompía dentro de él. Cuando Saga regresó le contó su plan: había que matarlo, tomar el poder. Así nadie sabría de su ingenuidad y su vergüenza; así podría desquitarse por todo el dolor que sentía, que había sentido siempre. Solo así podría librarse de su recuerdo.