Samuel decidió sentarse al fin en el sillón, tapándose con las tres mantas que le correspondían, mirando a la mujer ir de un lado para otro.

Pronto Edna le alcanzó una taza llena de un perfumado té caliente, la cual él tomó, mirando el contenido.

- ¿Té?- La miró, mientras olía la bebida- ¿De dónde sacaste té?

- Del mismo lugar que estos- Le dio un par de barras de chocolate puro, sentándose al lado- De mi mochila.

- Ho- Sonrió, soplando la taza- Me había olvidado que tú traes de todo allí dentro.

Ella lo miró, como si fuese obvio, mientras se tapaba un poco con las mantas y tomaba su propia taza.

- Hey- Él golpeó imperceptiblemente el muslo de su compañera.

Edna lo miró mientras lo veía entreabrir su propia manta e indicarle el lugar, a su costado.

- Vamos… Tengo frio- Le murmuró Sam.

La mujer medio sonrió, acercándose con todo, taza y mantas, hasta acurrucarse en su pecho y sentir como él la medio tapaba con sus cobertores y pasaba el brazo por debajo de la tela, en su cuello, para tenerla lo más cerca posible.

Ella bebió un buen trago de su bebida caliente, oyendo el viento golpear la caseta, sacudir tablones, rechinar maderas.

- Dios…- Tembló ella- Espero que esto no se venga abajo.

- Lo dudo- Bebió.

Shaareim empezó a frotarse el pecho, un poco incómodo y adolorida.

- ¿La infección?- Notó él, frotándole el brazo.

- Si- Se medio quejó- Entre el frio y el miedo…

- ¿Miedo? ¿Qué dices? ¿A qué?

- A que se me caiga el techo encima… Y los fantasmas…

- No empieces, por favor…- Bebió su te.

- Tú no sabes en qué estado está el techo…

- No te hagas la tonta, sabes muy bien de lo que hablo.

- Que tú no creas no hace que no exista- Murmuró, terminando su taza de té.

- Trata de no mencionar eso…

- ¿El qué?- Dejó la taza aparte y se volvió a acurrucar a su lado- ¿El manicomio de Quebec?

- Dios- Suspiró, también terminando de beber.

- Lo viste, Sam, lo viste. La puta silla se movía sola.

- Era un desnivel, Edna…- Apartó la taza.

- ¿Acaso se dio la casualidad de moverse por ese desnivel luego de cincuenta años? ¿Y la…?

- La etiqueta que se cayó de la caja- Se adelantó él- Si… Ya te dije que estábamos los tres allí. Lo más obvio es que generamos una corriente de aire y se cayó por eso.

- ¿Y la sombra?

- Para cuando viste la sombra ya estabas demasiado histérica de tanto ver fantasmas- Rio él.

- No te rías, no es gracioso…- Se puso seria.

- Solamente tú viste todo eso… Ni Nathan, ni yo.

- Es cuestión de tener la capacidad para verlos. Si fuese tan simple, todos lo verían.

- Exacto. Nadie los ve. Y aun cuando tú si los ves, jamás te han hecho nada. Aun si hubiese un demonio ancestral aquí, lo máximo que puede hacer, es absolutamente nada.

- Aquí seguramente alguien se ha muerto de frio, y su alma sigue rondando estas paredes, mientras tú le haces burlas al mundo de los espíritus- Ella negó con la cabeza.

- Claro…

- Estamos en el Oriente, aquí está lleno de entes, hay historias más antiguas que tus cuentos de piratas.

- No es lo mismo la biografía de un saqueador marino que la experiencia subjetiva de un fantasma cualquiera.

- Ten más respeto Sam…

- Nadie se murió, cálmate- Sonrió- Y si se murió, no importa, porque los fantasmas no existen.

- Bien…- Murmuró.

- Es increíble que con lo observadora que eres, aun sigas creyendo en eso…

- Samuel…

- Habiendo visto tantas cosas, analizado miles más, aun te preocupa una completa y teórica masa de ente etéreo que no hace nada.

- Morgan…

Él se quedó callado, a pesar de que tenía más cosas para decir. Edna únicamente lo llamaba por su apellido "real" cuando estaba acercándose al límite de su paciencia. Sabía que si seguía después de ese punto, lo más probable era que se enfadara en serio. Y ella, enfadada, era de temer. No por los daños físicos, ya que ella jamás lo golpeaba más que en broma, sino porque se tornaba muy sarcástica, muy acida e inclusive, levemente hiriente. Por suerte ella apenas si se había enojado tan severamente un par de veces.

Y Samuel debía reconocerlo, odiaba traspasar el nivel "Morgan" de enojo. La adoraba, justamente, por su forma de ser dulce y adorable, cosas que desaparecían cuando se enojaba.

En su mente recordó que tampoco solía llamarlo Drake, salvo por momentos de seriedad profesional frente a terceros. Y pocas veces lo llamaba Samuel. Ella vivía nombrándolo Sam. Aunque, había un apodo más. Samy. Él continuamente buscaba el modo para que ella lo llamara así. Amaba oír el modo en que ella lo decía, más aún porque ella lo usaba cuando necesitaba algún favor o estaba extrañamente muy cariñosa. Y en esos casos, su voz se tornaba extremadamente dulce y melodiosa.

Había sido esa misma palabra lo que le hizo darse cuenta de que estaba enamorado de ella, cuando él cumplió 21 años. En ese entonces, ya después de algún tiempo con ella, sospechando sus sentimientos, la mujer apareció en su cumpleaños, con una caja de cigarros cubanos de la mejor calidad, robados de algún lado.

Edna le había dicho "Estabas buscando uno de estos, así que lo robé para ti. Feliz cumpleaños Samy", mientras le ofrecía una de sus sonrisas más adorables. Fue en ese instante cuando la flecha de Cupido lo atravesó por completo. Esa palabra fue la punta de la flecha.

Dejando de pensar, él miró a su lado. La mujer seguía acurrucada en su pecho, pero con una leve mirada seria matizada de preocupación.

- Hey- Intentó ver sus ojos, agachándose un poco- Princesa. Perdona ¿Si? Solo quería distraerte.

- Mjm…- Miró a otro sitio.

- ¿Estas enojada conmigo?- Puso su mejor rostro de cachorro.

- No eres el eje del universo, Sam- Lo miró.

- ¿Entonces? ¿Por qué esa cara tan larga?

- Porque estoy escuchando cosas… afuera- Volvió a mirar a un lado.

- Hay un viento de mil demonios, deben estar volando hasta los osos…

- Mjm…

- Edy…- La estrujó un poco contra él, con voz tierna- Si aparece un fantasma, yo me encargo. Si algo te ataca, te defenderé. Sea un lobo, Pie Grande, un monje tibetano loco o un demonio poseído. ¿Si? Estoy aquí.

- Aquí puede haber Jigous, no Pies Grandes- Sonrió ella.

- Si te ataca no voy a preguntarle su nombre o especie, voy a romperle el cuello.

- De acuerdo…

- ¿Estamos bien?- Volvió a intentar ver sus ojos, con mirada adorable.

- ¿Cuándo no?

Edna acomodó bien un pedazo de manta que se había movido y desabrigado un poco a Drake. Él la volvió a estrujarla con fuerza, encantado por su trato. A pesar del miedo a los fantasmas y su enojo pasajero, ella siempre encontraba el modo de cuidarlo a su manera.

Jigou es el nombre tibetano de los Yetis