Ella se había quedado quieta, hundida entre tela y músculo. Había colocado sus manos en el ínfimo espacio que había entre ella y el pecho de Samuel, para calentarlas. Lo sintió moverse un poco, hacer algo sin dejar de tener su brazo en su cuello.

- ¿Quieres?- Él le acercó la mitad de una tableta de chocolate, casi en su rostro.

- Si, gracias…- Ella lo tomó- Tengo hambre.

- No me lo agradezcas, tú los trajiste- Empezó a comer su mitad.

- ¿Y qué?- También comió- Si nos volvemos quisquillosos, podríamos concluir que tu deberías comer más chocolate que yo.

- ¿Y eso por qué?

- Por qué no tienes tanta grasa… Y porque eres hombre. Gastas más energía que yo y tampoco tienes reservas. Si nos quedáramos sin comida, tú morirás antes.

- Eso es científico, no puedo negarme.

- Entonces… comete el resto.

- Claro que no.

- Sam- Subió la mirada para verlo, mientras apoyaba la barbilla en su pecho- Estoy siendo realista.

- Y yo estoy siendo positivo…

- Si algo sucede…

- No sucederá.

- Pero si…

- No- La miro, extrañamente serio para lo que era él, interrumpiéndola- Solo… No.

- Es que…

- No. Tú siempre fuiste la lógica realista, yo soy el positivo que busca otros caminos. Si quieres mantener esa idea en tu cabeza, bien, pero no dejaré que la digas.

- No, tu no entiendes- Apoyó la frente en su pecho- Tengo que ser realista, tengo que tener un plan, sino perdería la cabeza. Ya sé que tú ves caminos de rosas en todos lados, pero yo no.

- Hemos estado en situaciones mucho más peligrosas, y no te has puesto así de fatídica.

- Si, antes. Te olvidas de que luego de todo eso, moriste- Volvió a mirar sus ojos, tristemente- Ya sé que antes no era tan calculadora, ni fatalista, ni paranoica, pero la única vez que no pude planear, fue en Panamá… Y siempre sentí que mi trabajo era mantener a Nathan y a ti, a salvo… Tu… muerte… fue error mío…

- Edna…

- Y descubrir que en realidad estuviste quince años pudriéndote en una cárcel, fue también error mío… Por qué sé que si hubiese insistido en serio, para que dejaran a Rafe afuera… Todo hubiese ido bien, como lo planeamos… No hubieses perdido media vida encerrado. Y todo porque fui una estúpida…- Sus ojos se humedecieron- Lo siento Samy… Yo te falle… Lo siento… De verdad…

Drake la abrazó con fuerza, internamente triste por ella. Odiaba ver sus ojos marrones llenarse de lágrimas. Verlos así solamente hacía que los propios la imitaran.

- Edy… Princesa…- Acarició su cabello- Tú no tienes la culpa de nada… Fuimos nosotros los que decidimos no oírte, fui yo el que pasó por alto tus malas vibraciones de Rafe.

- Éramos un equipo- Gimió, con voz cortada- Todos debíamos pagar los errores… por igual… No solo tú…

- Y doy gracias a Dios que fue así ¿Dónde hubieses terminado tú, si nos agarraban en Panamá? En una prisión de mujeres, en el puto trasero del demonio… Habrán sido quince años, pero al menos sabía que Nathan y tu estaban fuera. No sabes el alivio que era eso…

- Para mi estabas muerto- Ella lo estrujó, angustiada.

- Lo se… Lamento eso…

Samuel se quedó quieto, con la mejilla en sus cabellos y sus brazos rodeándola. Sabía que en el corazón de Shaareim ahora había una mezcla de miedo, tristeza, culpa y dolor, todo acumulado luego de quince años.

- Te hará mal retener eso… Edna…- Frotó su espalda- Sácalo, está bien…

- Yo…- Gimió.

- Estoy aquí- Besó su cabello- Estoy aquí… No me iré…

La mujer comenzó a llorar, de verdad. Él se mantuvo lo más estoico que pudo, oyendo sus lamentaciones en su cuello, sus brazos apretándolo hacia ella, como temiendo que se fuera nuevamente. De vez en cuando besaba su cabello, frotaba su espalda, pero en completo silencio. Ella realmente necesitaba liberarse de tanto peso.

Y él la acompañó, con una tímida gota que salió de su ojo izquierdo, y se deslizó por toda su mejilla.

Mucho rato después la sintió calmarse, la oyó suspirar un par de veces, aun acurrucada.

- ¿Mejor?- Murmuró él.

- Si…- Se secó los ojos- Gracias… Lo necesitaba…

- No te preocupes…

Tras otro minuto en silencio, Sam le acercó otra media barra de chocolate.

- Ten…- Le dijo.

- De acuerdo…- Ella lo tomó.

- Y pensar que todo empezó con medio chocolate…

- Bobo…

Él sonrió levemente.

- Come- Le dijo él, mientras tomaba el comunicador- Voy a dar el informe.

- Bien…

- Nathan- Llamó Sam.

- Casi- Se oyó la voz de Víctor- Él te oye ¿Qué ocurre?

- Estamos bien aquí. Tenemos abrigo, fuego, comida, agua… Así que vamos a intentar dormir un poco aquí, y no morir en el intento… ¿De acuerdo?

- Bien, bien.

- Llamen apenas salga el sol. Mitad para prepararnos, mitad para ver si aún respiramos.

- Entendido. Recuerden tener cuidado y mantenerse cerca del comunicador. Si ocurre algo muy urgente, iremos, aunque tardemos lo nuestro.

- Recibido. Corto y fuera.

- Buena suerte. Corto y fuera.

Ambos se prepararon para dormir. Lo cual implicaba dejar fuego para la noche, asegurarse que todo estuviese en orden, preparar el lugar.

- Bien- Drake sacudió las manos- El fuego va a aguantar hasta el amanecer, creo.

- Entonces…- Ella trabó la extensión del sofá y se levantó- ¿Qué turno prefieres?

- ¿Turno?

- Para dormir…

- ¿Tienes idea cual es la segunda fuente de calor aquí, ahora mismo?

- ¿La que…? Qué se yo…

- Primera fuente- Señaló la chimenea encendida y luego a sí mismo- Segunda fuente. Me extraña de ti, siendo tan experta…

- ¿No es un espacio un poco pequeño?

Samuel colocó una de las mantas sobre lo largo del sofá y luego se acostó casi en el borde, acarreando otras tantas mantas.

- Yo me quedo del lado de la chimenea- Dijo él- Es más cálido, pero también es más seguro de que me caiga al suelo.

- Pero…

- Edna… Quiero dormir y sobrevivir. Ven de una vez ¿Quieres?

La mujer, que también estaba sintiendo el cansancio, se le acercó y lentamente intentó acomodarse en el espacio que quedaba entre el hombre y el respaldo, dificultosamente, notando que Drake la ayudaba a encontrar una posición adecuada, de lado y con el respaldo en su espalda. Y una vez encontrado, Sam se encargó de repartir las mantas sobre ambos, quedando completamente a cubierto.

- ¿Todo bien?- Preguntó él.

- Eso creo…- Tembló.

Samuel se giró un poco, quedando de cara a ella. La abrazó con fuerza, pegándose a ella, colocando el rostro entre sus cabellos, sintiendo que ella estaba bastante fría al tacto.

- Estas congelada…- El hombre empezó a frotar su espalda- Creí que yo era el que la pasaba mal…

- Lo se…

Edna sintió la suave calidez que emanaba su compañero, como una tierna oleada satisfactoria que entraba lentamente hasta sus huesos. No pudo evitar abrazarlo un poco, poner su cara directamente en su cuello tibio e intentar pegarse a él lo más posible.

- ¿Mejor?- Preguntó Sam, sin dejar de frotarla.

- Si… Gracias…

- Espera a que estés tibia para dormirte.

- Si….- Tembló- Dios…

- ¿Por qué no me dijiste que estabas tan fría? Es casi hasta preocupante tu estado.

- No sé, no quería preocuparte de más.

- Típico en ti.

Y por un largo rato, se quedaron silenciosos, abrazados y muy juntos, dejando que poco a poco el calor mutuo los abrigara, mientras se oía el chisporrotear de los leños y el estruendoso aullar del viento sobre la casa.