- Sam…- Murmuró ella, bastante rato después.

- ¿Mjm?

- Voy a intentar dormir.

- Bien… Haré lo mismo- Se acomodó un poco junto a ella.

- Despiértame si algo sucede o si tienes demasiado frio.

Samuel separó un poco el rostro, mirándola, confundido.

- ¿Qué?- Sonrió Edna- ¿Acaso crees que solamente tú puedes preocuparte?

- Tienes que ser la adorable de ti- Sonrió, negando- Permiso.

Luego le dio un fuerte y largo beso en la frente, para luego estrujarla en un cómodo abrazo.

- Ahora si- Dijo él, suspirando y cerrando los ojos- Que descanses.

- Descansa- Rio ella.

Para ninguno de los dos le era imposible no dormirse en esa situación. A pesar del lugar y las pocas comodidades, ambos se sentían confortables y cálidos. El cansancio los venció relativamente pronto.

En el medio de la noche, Edna se despertó, sintiendo frio. Se frotó las manos, miró la hora en su muñeca, con los ojos empequeñecidos, viendo que aún eran las 2 am, luego se levantó levemente, mirando la chimenea por encima de Drake, viendo que el fuego estaba bastante bajo.

Medio bufó, ya que debería despertar a Samuel y levantarse.

- Sam- Lo llamó.

Todo lo que oyó era al sujeto, roncar.

- Sam- Palmeó suavemente su mejilla- Despiértate.

- ¿Qué?- Abrió los ojos, intentando mirarla.

- Lo siento, pero tengo que levantarme…

- ¿Qué? ¿Por qué?- Se frotó un ojo.

- Hay poco fuego ¿No sientes el frio?

Drake miró hacia atrás, suspirando al ver la llama penosa de la chimenea, que casi parecía una vela.

- Veo…- Se medió quejó él- Tienes razón, hace frio.

- ¿Me dejas pasar?

- No…- Le palmeó el brazo- Yo voy. Mantenme el sitio caliente ¿Quieres?

- Si- Bostezó ampliamente mientras Samuel se levantaba.

Y recostada en el sitio, medio dormida, lo miró buscar la leña de la despensa, colocarla en su lugar, avivar las llamas, sacudirse las manos.

Él se quedó un momento frente al fuego, tomando calor, extendiendo las manos junto a las flamas.

- Samy…- Se quejó ella con voz dormida- Tengo frio…

El sujeto sonrió mientras suspiraba. Edna estando tan somnolienta, era la cosa más adorable que alguna vez hubiese conocido.

Se acercó al intento de cama, viendo como ella se hacía a un lado y le permitía acostarse. Una vez hecho eso, Shaareim inmediatamente se enganchó a su cintura.

- Déjame acomodarme al menos- Susurró él, enternecido, tapándose.

La mujer murmuró algo en su cuello, casi durmiéndose al instante.

- ¿Edna?- Susurró él, sin creer que ella ya estuviese dormida.

Él sabía muy bien que ella debía estar sumamente tranquila para poder dormirse de esa manera en un lugar como ese. Ya había ocurrido con trabajos anteriores, donde las noches tenían un tinte de peligrosidad. Aun cuando el peligro era mínimo, Edna no se dormía. Prefería quedarse despierta y vigilando.

El sol estaba empezando a acariciar la cordillera Qilian, besando la punta de la montaña Mahoma Shan. El cielo estaba despejado, la nieve brillaba con una suave tonalidad naranja, y hacia un frio de mil demonios.

Pero dentro de la cabaña de madera, aún estaba cálido al igual que el par de viejos amigos, dormidos como troncos.

- ¡Sam!- Sonó Nate, en el comunicador, con fuerza, en el medio del silencio.

- ¿¡Que!? ¿¡Que!?- Edna se despertó sobresaltada, igual que Samuel.

- ¡Sam! ¿Me oyes?

- Dios- Drake tomó el comunicador, aun medio dormido-Si… Si… ¿Qué quieres?

- ¿Están vivos?

- No, estamos muertos del susto que nos diste…- Se frotó la cara.

- ¿Edna?

- Mjm…- Murmuró ella, con la cara bajo las mantas.

- Bueno, vayan despertándose- Dijo el joven Drake- Llamen cuando estén listos, tenemos buenas noticias.

- Si, si- Samuel lo apagó- Molesto.

Él suspiro, frotándose la frente, mientras oía a Edna bostezar como bestia en su hombro.

- Detente... Que me…- Él bostezó también, ampliamente- Contagias…

La mujer rio, torpemente.

Con poco deseos de hacerlo, se levantaron y se expusieron al aire frio, desperezándose un poco, bebiendo agua helada. Drake se despertó casi del todo cuando se vio obligado a salir a orinar al exterior, entre la nieve.

- ¡Dios!- Exclamó él, entrando como bala, para pararse frente al fuego, con la cintura hacia adelante- ¡Casi se me congelan las…!

- ¡Hey!- Lo detuvo ella, hurgando en su mochila.

- Manos… Iba a decir manos.

- Si claro- Ella abrió un pequeño frasco- Extiéndelas.

- ¿Las…?

- ¡Manos!

- ¡Cálmate!- Las extendió, viendo que le ponía un líquido en ellas- ¿Qué se supone que es?

- Alcohol en gel. Que no haya agua no quiere decir que puedas ser un cerdo.

- Que sutil- Se refregó las manos- ¿No tienes que ir a…?

- Ni loca. Soy mujer, tendría que bajarme los pantalones hasta las rodillas. Se me congela el alma de solo pensarlo… Prefiero aguantarme hasta que me sea imposible.

- Pintoresca situación… Y… Supongo que no tendrás café en tu mochila ¿Cierto?

- No- Le dio una especie de caramelo bastante grande, color oscuro- Tengo de eso.

- ¿Una ciruela congelada?- La miró comer uno.

- Pastilla de cafeína- Masculló con dificultad- No la muerfas.

- ¿Cómo? ¿Muerfas?- Rio- ¿Muerfas del verbo morfer?

- Gracioso- Lo miro con mala cara.

Él aun reía un poco cuando se puso el caramelo en la boca. Sabía a café, muy concentrado, y era más duro que su propia terquedad.

- ¿Y?- Sonrió ella.

- Bueno- Murmuró con la pastilla a un lado- Complicado.

- ¿Ves?

- ¿No había… más… granfes?

Edna rio con fuerza. Samuel adoraba esa risa, aun cuando había una pastilla gigante de por medio. Así que, optó por algo cómico, como era usual en él. Le hizo señas y tomó el comunicador.

- Nafhan- Llamó él, viéndola reír un poco apartada.

- Sam- Contestó pronto- ¿Están listos para las buenas noticias?

- Aja…

- La tormenta ya pasó y no parece que vaya a regresar en unos cuantos días. Tenemos tiempo de sobra para ir y volver.

- Fafuloso.

- ¿Fafuque?- Se confundió Nate- ¿Qué? ¿Estas comiendo algo?

- No- Mintió.

- En fin- Suspiró- Empiecen a salir. Suban hasta el teleférico y tomen la silla hasta la torre. Los estaremos esperando para bajar hasta la cueva.

- Fenomenalf.

- Que tonto eres… Corto y fuera.

- Coto y fuefa.

Él volvió a mirar a Edna, aun riendo, con la mano en la boca para no escupir el enorme caramelo.

- ¿Nos famos?- Preguntó él, fingiendo elegancia.

Tan simple como eso, un poco de tontería absurda y la mujer brillaba de alegría.

Era todo lo que necesitaba para subir todo el largo trayecto de nieve blanda hasta el teleférico, paso a paso, lentamente. Al menos la enorme pastilla de cafeína era absurdamente eficaz. Se sentía como si hubiese tomado un par de tazas de café.