Nota: Los drabbles del 18 al 26 están ambientados en la saga del Episodio G y contienen Spoilers de su contenido, principalmente del tomo 1 al 6 y un poco del 16. Se da mucha información por supuesta por lo que para su comprensión recomiendo leer los spoiler aclaratorios si no han visto esa saga. Si los spoilers les son o no útiles, déjenme saberlo en un comentario o.-

Spoiler del episodio G: El episodio G trascurre seis años después de la muerte de Aioros, cuando los dorados más jóvenes tenían trece años, y Saga tenía veintiuno. La historia gira en torno a Aioria, a quien retratan como un chico rebelde y resentido contra todos los dorados por haber matado a su hermano. Aioria tiene dos escuderos, un hombre, Garan, al que le falta un brazo (por lo que utiliza una prótesis) y una muchacha, Lithos, a quien salvó en una de sus misiones.

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18 – Matices – Aioria y Shaka

La casa de Leo había caído en un tenue silencio. Lithos lloraba un poco, francamente impresionada: Garan –el viejo escudero de Aioria– había caído bajo el control de una energía poderosa y maligna que lo obligó a atacar a su maestro, hiriéndolo, aunque no de gravedad.

El joven había dudado en los primeros instantes, pero después se había negado firmemente a lastimarlo, incluso había aceptado un fiero golpe en la sien a cambio de preservarle la vida.

Shaka había sentido la energía maligna desde el primer momento, era algo terriblemente poderoso, su instinto le había indicado de inmediato que su destino estaba a unos metros, en la casa vecina inferior. No había dejado espacio a la duda, presuroso había abandonado el templo de Virgo para entrar al de Leo sin mayor invitación.

Su presencia no había sido bien recibida y además –al final– había resultado inútil, pues Aioria resultó capaz de hacer frente a la situación por su cuenta. El escudero había terminado ileso, solo había perdido su prótesis, la fuente del cosmos enemigo.

–Ayúdalo, Lithos.

Dijo finalmente Aioria, ligeramente mareado. Estaba claro que la niña poco podría hacer para ayudar a un hombre del tamaño de Garan; quería alejarla de Shaka, que –en su opinión– solo había ido allí a fastidiar. Sin preocuparse por la sangre que le escurría por el costado de la cabeza se le quedó viendo con disgusto.

–Tú, ven.

De mala manera guió a Shaka fuera del templo, allí el aire estaba elevándose y hacía frío. Aioria seguía húmedo por su reciente baño y estaba vestido únicamente con un pantalón holgado; no podía ofrecer una imagen más distinta a la del Santo de Virgo que portaba la armadura y el manto, solo le faltaba el casco para ser una efigie perfecta.

El rubio no se molestó por la falta de protocolo, desvanecido el enemigo no tenía nada que hacer allí, debía volver a sus propios asuntos. No aprobaba del todo las acciones de su compañero (de haber estado en su posición él no habría dudado en matar a cualquiera de sus sirvientes, por la seguridad del Santuario, de la orden y de sí mismo) mas era reconfortante ver que Aioria tenía aquellos matices en su personalidad; poco práctico, poco inteligente, pero muy afectuoso.

–No vengas aquí a decir lo que tú quieras – comenzó su diatriba – ésta es la Casa de Leo, mi casa. No te metas en mis asuntos.

Shaka no perdió ni un ápice de calma, sabía que en los próximos días tendría que enfrentarse al griego muchas veces. Otro pensamiento le urgía.

–Esa energía lóbrega… ¿la percibiste?

Para Aioria, que el otro ignorara sus palabras fue insultante; hizo un mohín, negándose a responder y girándose, se metió de nuevo al templo.

Virgo no reacciono a su falta de modales, tenía otros asuntos –más importantes– de los que ocuparse, tenía que ir a ver al patriarca e informarle; ya Aioria se ocuparía de los asuntos en su casa, como tan fervientemente le había asegurado.