Spoiler del episodio G: Cuando siente la energía maligna en Garan, Shaka decide advertir al patriarca, que llama a una reunión de todos los caballeros Dorados. Mu y Dohko no asisten, pero envían disculpas formales por escrito.

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19 – Vanidad – Saga y Dohko

Saga caminaba en círculos en el Templo mayor, estaba escondido bajo el casco de oro y ocultaba las líneas de su cuerpo en los pliegues del manto Patriarcal. Estaba furioso, la rabia amenazaba descontrolarlo.

Aquella misma mañana había convocado a una reunión dorada y dos de los caballeros le habían desairado sin demasiada ceremonia. Le habían enviado una disculpa formal escrita, era verdad, y las palabras eran apropiadas y educadas, cierto, pero eso no bastaba. ¡Tenían que haber estado allí!, la obligación de los caballeros dorados era obedecer al Patriarca, someterse a él.

La rabia finalmente lo hizo estallar, estrelló el puño contra el espejo de pared completa que había en los costados de la sala del trono. El vidrio se llenó de esquirlas y le cayó encima en una lluvia afilada y cortante.

No le importó; en su cabeza corrían ideas locas, tenía que matar a aquel hombre que amenazaba su poder, el Viejo Maestro; estaba seguro de que una vez que estuviera hecho podría reclamar la lealtad de Mu también. El anciano era justamente eso, pensó, un bicentenario arcaico que podía vencer fácilmente. Se rió contra los restos del espejo, cortándose las manos. ¡Lo mataría!, podía mandarle al menor de sus caballeros a que lo atravesara de la forma menos ceremoniosa posible, eso terminaría de asegurar su poder.

Aquel caballero había conocido muy bien al verdadero patriarca y era la única amenaza a su reinado. Si podía eliminarlo terminaría de probarle al mundo que en realidad era él quien merecía ser el Patriarca, el elegido para desterrar a los dioses y gobernar sobre toda la tierra. Y sin embargo… en aquellos seis años no lo había hecho. El pensamiento le turbó pero no pudo alejarlo. En todo ese tiempo había tenido miedo, a ser descubierto… a ser asesinado.

No podía morir antes de cumplir con su meta, tenía que cambiar el mundo, revolucionarlo. Había entregado todo por aquel ideal, su vida, a su propio hermano, a la diosa misma. Y el caballero de Libra se alzaba como el único obstáculo entre él y la victoria. ¡Aquel anciano decadente y absolutamente inútil!, era tan injusto, tan terriblemente odioso e indigno que no le importó el dolor de las heridas en sus puños, tenía que matarlo, ¡lo mataría!

"No vas a hacer nada", le susurró una conocida y detestable voz dentro de su mente, "le tienes miedo, lo sabes digno… no te atreverás a atacarlo. Se ha mantenido alejado, te ha permitido este juego absurdo, ya por eso estás agradecido, lo sabes". Era la expresión misma de su conciencia, la pequeña parte dentro de sí que se mantenía libre de vanidad y leal a Atenea.

Saga elevó su energía hasta el máximo, obligando a aquella voz a volver adentro y dormir. Sin embargo sabía que tenía razón… no se atrevería, no en aquellos momentos, no con el Santuario amenazado por fuerzas terribles que demandaban su atención. Pero llegaría el momento, estaba seguro, algún día ordenaría la muerte de ese hombre.