Poco les importó cuanto se tardaron hasta volver al avión desde la cueva. Estaban totalmente entusiasmados, excitados, llenos de planes, ideas, teorías. Todo se había resumido a Yuruá y lo que parecía ser el rio que los llevaría directo al tesoro de sus vidas.

Tenían un poco de tiempo muerto, por lo que, antes de partir a Brasil, el grupo decidió tomarse el resto de la noche con más calma. Se merecían dormir bajo techo y con una mínima calefacción antes de un viaje tan largo cruzando el globo. Se acercaron al asentamiento más próximo en la provincia de Gansu y alquilaron una habitación para dos personas, en un hotel barato de una villa extremadamente poco concurrida. La decisión de compartir los cuatro una habitación tan pequeña era debido a una cuestión de seguridad, más que de disponibilidad económica. Si algo ocurría, estarían los cuatro lo suficientemente cerca para lo que sea.

Nathan abrió la puerta de la habitación para nada grande, de paredes rústicas color ladrillo, suelo de madera, un par de camas simples, alguna que otra mesa, una ventana triste y el baño entreabierto.

- Bueno- Dijo Víctor, mirando el lugar- Es suficiente para esta noche. ¿Quiénes duermen en las camas?

- ¡Al demonio las camas!- Edna entró como una fiera- ¡Muero por un baño caliente!

- Relájate… Tenemos tiempo hasta que salgamos.

- Da igual, Víctor… ¿Alguien necesita el baño?

- ¡No Edna!- Sam la sujetó del cuello, suavemente, sacudiéndola un poco- ¡Ve a bañarte!

Ella rio enormemente, divertida. Eso era algo que Samuel hacía muy seguido, de jóvenes, y que siempre la hacía reír como niña. Él no le hacía daño en absoluto, pero por alguna razón, a ella le causaba demasiada gracia, y a él le causaba igual gracia verla tan divertida.

Ciertamente no parecía normal para una mujer de cuarenta y tres, pero a ninguno de los dos les importaba.

Drake la soltó, riendo suavemente, viéndola reír también y llevarse su bolso directamente al baño.

- ¿Qué fue eso?- Murmuró Sullivan, guiñándole un ojo, cuando oyó la puerta cerrarse.

- Algo- Sonrió Nate- De jóvenes Sam solía hacernos eso, bromeando.

- Nathan reía un poco, pero Edna siempre se moría de la risa- Dijo Samuel, sonriendo- Pensé que se le había pasado con los años, pero sigue igual.

- En ella muchas cosas siguen igual…

- O mejor- Susurró, suspirando.

- Muchacho… Solo te faltan las mariposas revoloteando- Bromeó Víctor, buscando sus cartas de navegación.

Los hombres se sentaron junto a la mesa, con los papeles y planos de Sullivan, mientras el sonido de la lluvia de la ducha comenzaba a sonar y la noche a caer.

El dueño de la aeronave debía calcular todas y cada una de las paradas en su enorme viaje de China a Brasil. Así que debían discutir cómo, donde, y el largo etcétera.

A pesar de que estaban hablando y que el sonido de la ducha tapaba un poco los sonidos, de todos modos Samuel pudo oír algo. Sonrió ampliamente mientras les indicaba a los demás que escucharan. Allí, entre lluvia y vapor, se oía imperceptiblemente a Edna canturrear "Let It Be". A veces solo lo tarareaba, a veces solamente decía "Let It Be" de manera repetida, a veces murmuraba un par de estrofas, pero allí estaba. Los hermanos Drake ya la habían oído cantar antes, no así Sullivan, que descubrió que no era para nada mala.

Sam caminó suavemente hasta la pared junto a la puerta del baño y se apoyó en el muro, prestando atención, con una amplia sonrisa de satisfacción. Ella casi nunca cantaba, eso lo hacía más especial. Ella realmente debía de haber querido una ducha. Solo volvió a su sitio cuando notó que había dejado de cantar.

Rato después ellos seguían hablando y el agua había parado de caer.

- ¿¡Que mierda!?- Exclamó Edna, de pronto, desde dentro del baño.

- ¿Estás bien?- Preguntó Nathan- ¿Te acabas de ver en el espejo?

- Muy gracioso, Nate- Exclamó nuevamente, con sarcasmo- Que risa, que risa. Me muero. Me… ¡Ven aquí maldita porquería!

- ¿Se puede saber qué haces?- Preguntó Samuel, mientras oía ruidos, intrigado.

- ¡Me depilo las cejas! ¿Tú que crees?… ¡Te tengo! ¡Por dios que eres fea!

- Eres tú, Edna, eres tú- Volvió a molestar Nathan- Se llama reflejo.

- Y lo que tú tienes se llama tontería- Ella salió del baño, con la ropa mal puesta, una toalla en la cabeza y un cubo de basura en las manos- Sam, tira esto.

- ¿Qué es?- Samuel miró dentro del cubo, asustándose al ver una enorme rata- ¡Dios! ¿Y te bañaste con esto allí?

- No sabía que había una maldita rata escondida…- Volvió a entrar al baño.

El mayor de los Drake se apresuró a tirar fuera el enorme animal salvaje que no lucía para nada feliz o bonito.

La puerta del baño se abrió poco después. Edna salía fresca, reluciente, liviana, energética y, para Samuel, preciosa.

- ¡Ahora sí!- Ella se estiró, dichosa, con el cabello húmedo- He recuperado parte de mi vida.

- Se nota- Sonrió Víctor, sentado con los demás.

- Entonces…- Ella se apoyó en el hombro de Sam, mirando los planos- ¿Qué tenemos?

- Tenemos un viaje interminable en hidroavión- Rio Nate.

- ¿En serio?- Suspiró.

- Bien…- Comenzó a explicar Sullivan, mostrando el plano- Tenemos unas tres horas desde aquí hasta Chengdú. Desde allí, son otras tres horas hasta Katmandú. Otras tres horas hasta Dubái… Tres más hasta el Cairo… Diez horas más hasta Nuakchot, aunque seguramente debamos hacer una parada antes en algún aeropuerto, para cargar. Tres horas más hasta Monrovia, cargar todo el combustible para llegar las trece horas hasta Georgetown… En el medio del Océano Atlántico… Y diez más hasta Brasil… Desde Natal hasta Manaos serian otras seis horas. Una hora más hasta Tefé, el último aeropuerto disponible. Luego todo es a pie, bote, caballo, o vehículo, hasta Juruá.

- Esos son…- Pensó Samuel- Unas cuarenta horas… Un par de días en el aire.

- Tengo autonomía de tres mil kilómetros- Comentó Víctor- De veintiuna mil totales en cuarenta horas con unas siete u ocho paradas para combustible.

- Fantástico- Dijo ella, con sarcasmo- Aunque no entendí mucho de lo que dijiste… Aún estoy procesando las malditas cuarenta horas.

Los hombres rieron. Si a Edna le costaba tolerar un vuelo normal, sufriría de verdad estando dos días enteros en el cielo.