Spoiler del episodio G: Cuando siente la energía maligna en Garan, Shaka decide advertir al patriarca, que llama a una reunión de todos los caballeros Dorados. Mu y Dohko no asisten, pero envían disculpas formales por escrito.

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20 – Mar – Shaka y Death Mask

Shaka rara vez salía de su templo, prefería apartarse del ruido y la maledicencia, de los enfrentamientos inútiles y las habladurías. Pero aquella mañana había llegado hasta su templo el edicto oficial anunciando una reunión dorada y no tardaría en reunirse con sus compañeros, por eso procuró no irritarse cuando uno de ellos se presentó en las estancias del templo, tendría que verlos a todos al final del día.

–Virgo – saludó de forma escueta el recién llegado, llevaba la armadura y la capa; una sonrisa irónica le adornaba el rostro.

–Cáncer– contestó Shaka por protocolo – ¿deseas algo de este templo?

–Té – le hizo un gesto lleno de chulería – quiero té.

Sus palabras eran equívocas, pues su entonación no era la apropiada, pero siempre era así. Shaka mantuvo su rostro de soslayo, con los ojos cerrados, analizando su energía por un rato antes de invitarlo a pasar. Él también estaba ya vestido formalmente pero faltaban horas para la reunión, tendría que pasarlas con aquel individuo.

Death Mask era un conjunto de cosas incomprensibles, Shaka sabía de su natural crueldad y búsqueda de fuerza, y aunque no aprobaba aquello sabía que el Patriarca mismo no disentía, y por ello no tenía nada que decir. Sabía que su compañero solía atormentar a los aprendices, herirlos y causarles tal daño que algunos habían muerto y sin embargo a él nunca lo había molestado, ni siquiera en sus primeros años, cuando aun no controlaba del todo su energía.

No eran amigos pero solían verse de vez en cuando, en aquellos momentos que el italiano encontraba tan aburrido que tomar el té en silencio era mejor que nada. Así pues, Shaka lo invitó a pasar, lo hizo sentar en sus dependencias privadas y le ofreció una pequeña taza de té blanco con frutas.

Death Mask no agradeció la taza pero la tomó entre sus dedos. Se dedicó a olfatear, poco a poco su cerebro descifró aquel magnifico conglomerado de olores, delicioso a pesar de lo dulce. Cuando probó el té no le supo a nada, pero siempre era así: en aquellas infusiones lo que importaba era el aroma, jamás le había podido tomar sabor a ninguna.

El italiano no estaba seguro de por qué el otro le permitía interrumpir sus meditaciones y robar su tiempo, y no le importaba demasiado pues sabía de sobra porqué él mismo lo encontraba fascinante: era igual que con el té, uno de sus sentidos decía una cosa y el otro la contradecía totalmente. Porque Death era muchas cosas, y una de ellas es que era muy inteligente. Había sabido desde el primer momento en que vio a Virgo la fuerza que escondía en ese cuerpo tan delgado y larguirucho. La sensación que le daba su cosmos, aquella fuerza inconmensurable y destructiva – como un mar incontenible– le resultaba muy atractiva. Era el mismo tipo de fascinación que lo había atado a Saga.

Bebieron té por horas, hasta que el momento de partir llegó, la hora de reunirse con los otros dorados.