Spoiler del episodio G: Durante la reunión dorada criaturas malignas atacan el santuario y la armadura de Aioria es dañada. AldebaránAldebarán lo acompaña a Jamir para repararla, junto con Lithos.

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21 – Aprovechar – Aldebarán y Aioria

El viaje estaba resultando irritante para Leo, atravesar medio continente para reparar su armadura era una muy buena inversión y no hubiera tenido mayor queja de no ser por la compañía. Aldebarán se entretenía paseando por cada calleja, mirando cada puesto y comprando un sinnúmero de inutilidades arguyendo que "había que aprovechar el viaje y conseguir algunos recuerdos". Se fastidiaba, se irritaba y se enloquecía; pero no se atrevía a decir nada porque Lithos también estaba allí.

Así pues, rumiaba su mal humor, sin siquiera atreverse a expresarlo, como toda su vida: Odiando a todos y sin poder tomar venganza, sin poder hacer que la memoria de su hermano se redimiera, sin poder siquiera expresar su propia emoción. Como fuera se obligó a callar y trató de armarse de paciencia.

Los cambios en su expresión no pasaron desapercibidos para Aldebarán, que disfrutaba lo suyo haciéndolo rabiar. Había convivido muchos años con Aioria antes de que la tragedia marcara su vida. No habían vuelto a hablar amigablemente luego de eso, pero el brasileño era observador y se daba cuenta de muchas cosas, en aquellos seis años había mirado de vez en cuando hacia el griego y cada vez veía más dolor y más ira, dirigida hacia todo, hacia todos.

Aldebarán no creía merecer la parte que le tocaba, pero era lo suficiente maduro como para enfrentarla. Por eso se había ofrecido a liderar al otro en aquel viaje, para sondearlo y ver si había algo que pudiera arreglarse entre toda aquella maraña de resentimientos y culpas. No sabía si podría ser útil pero quería saber dónde estaban parados antes de comenzar la guerra. Entrar en batalla con un supuesto compañero al lado que no dudaría en matarle era poco menos que suicidio.

Aioria finalmente comenzó a manifestar su ira con comentarios mordaces aunque mas bien infantiles. Aldebarán le contestó con burla y falsa seriedad a partes iguales que le provocaron risa. Eso calmó un poco el ambiente entre ambos.

Al anochecer llegaron finalmente al abismo de Jamil y Aioria pudo expresar su violencia en contra de las almas en pena que habitaban el lugar y eso terminó de relajarlo. Comenzaron a caminar por la delgada franja de tierra que conectaba Jamil con el resto de la montaña. Iban despacio, con suma precaución, a penas había lugar para poner un pie y otro, no para girarse ni para volver atrás. Aldebarán aprovecho la situación, era ideal:

–Has cambiado mucho después de ese día…

Se lo soltó así, sin ningún preámbulo; con sutilidad a pesar de que era obvio a qué se refería. Aioria se quedó quieto a mitad del paso, trabado entre el deseo de girarse para agredirlo y seguir adelante e ignorarlo.

–Pero aun somos tus compañeros, Aioria. Tienes que confiar en el resto de nosotros. Hay ciertas cosas que no puedes hacer tu solo.

Al final el griego se decidió por seguir caminando y fingir no haber escuchado aquellas palabras, otros compañeros se las repetirían mucho en los días siguientes.