Disclaimer: no, no soy J. K. Rowling.En primer lugar, muchas gracias a todas esas personitas que añadieron la historia a favoritos y que decidieron darme una oportunidad. ¡Me ha hecho muchísima ilusión! No os entretengo más, ¡a leer!
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Draco Malfoy nunca se había considerado a sí mismo una persona especialmente emocional. Pero lo cierto es que se negaba a ver la realidad. Era una persona emocional y, tras la guerra, esta faceta suya había aumentado. Por esta razón, cuando, durante el banqauete de bienvenida, McGonagall les había dicho que las mazmorras aún estaban hundidas, Draco notó como si se le clavara algo en el estómago. Entonces, ¿donde se suponía que iban a dormir los pocos Slytherin que había? La respuesta no tardó en llegar: en una de las torres recién reconstruidas del ala este. Se trataba de un cambio temporal pero, tal y como les explicó Slughorn, si les gustaba, podría ser un cambio definitivo.
Lo cierto es que la torre que les asignaron no estaba mal, había sido decorada con motivos verdes y plateados y los muebles se sentían nuevos. Y libres. Libres de los espíritus de las personas que habían pertenecido a su casa. Libres de prejuicio. Libres de maldad. A Draco, a diferencia de unos cuantos de sus compañeros, como Blaise y Pansy, este cambio le había encantado. Había algo especial en despertarse con la luz del sol en su rostro (en las mazmorras no había ventanas de verdad, únicamente ventanas encantadas). Había algo especial en la falta de húmedad, como si estuvieran siendo protegidos por un hechizo de calor todo el tiempo. Se sentía más seguro de lo que se había sentido en años.
Solo había una pega: estaban peligrosamente cerca de la Sala Común de Gryffindor. Draco no sabía exactamente donde estaba pero no era normal lo mucho que se encontraba con Potter y compañía. Había pensado que se vengarían de él, que aprovecharían su nueva posición de poder para ello. Sin embargo, lo ignoraban: Potter hacía como si fuera invisible. Weasley le echaba miradas de odio, como si le quisiera echar un Cruciatus, pero no hacía nada más. Aunque, sin duda alguna el comportamiento más extraño lo tenía Granger. Últimamente Draco pasaba mucho tiempo en la biblioteca, era el único sitio donde podía estar completamente solo sin ser molestado. Así que, obviamente, había coincidido mucho, mucho, con ella. Y no solo dentro, muchas veces hacían el camino a la biblioteca juntos. En silencio.
Al principio había sido muy tenso. Una situación extraña. Granger y Malfoy andando juntos. Hacia el mismo sitio. Ella le miraba con desconfianza y algo que Draco había identificado como rencor. Él la miraba con nerviosismo y un poco de miedo, esperando su reproche por todo lo que le había hecho. Pero pasaron los días y ninguno de los dos había cedido: no iban a cambiar su horario ni sus costumbres por otra persona. Así pues, para sorpresa de muchos, Draco Malfoy y Hermione Granger iban juntos (y regresaban juntos) a la biblioteca. En una rutina extraña. Y aunque no lo sabían, frágil.
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Para Hermione, sus días en la biblioteca no estaban siendo todo lo productivos que esperaba. No sentía la paz que había sentido previamente, no sentía esas ansías por el conocimiento que siempre había tenido. Lo cierto es que solo iba a la biblioteca para huir. Huir de la mirada de soledad de Harry. Huir del ruido de Ron. Huir de la mirada triste de Lavender quién, desde que casi había muerto a manos de Fenrir Greyback, había cambiado radicalmente. Huir de las niñas y niños que la miraban con profunda admiración y que susurraban a su paso. En definitiva, huir de todo.
No estaba sola en su huida. Malfoy había empezado a asistir a diario (incluso más que ella) a la biblioteca. Al principio Hermione había creído que se trataba de una estrategia muy poco discreta para hacerse su amigo y empezar a limpiar el enlodado nombre de los Malfoy. Se imaginó las disculpas, que iban a sonar ensayadas y falsas, y se imaginó a sí misma rechazándolas, como si unas disculpas fueran a borrar de golpe todo lo que Malfoy le había hecho.
Pero... lo cierto es que él la había ignorado. Bueno, ignorar no era la palabra adecuada, ya que Hermione notaba su mirada dirigida hacia ella a menudo. A veces era una mirada distraída, como si ella no existiera. Otras veces era una mirada muy oscura, indescifrable. Ella también lo miraba, a pesar de ser bastante alto, se encogía sobre sí mismo y se veía pequeño. Frágil. Un adjetivo que nunca imaginó que usaría con Malfoy. Se veía pensativo y a veces se concentraba en escribir furiosamente en una libreta de cuero negro que parecía llevar a todas partes. Malfoy se tocaba el pelo casi compulsivamente, en un gesto distraído, justo antes de escribir algo en su libreta.
Algunas veces él la pillaba espiando y le mantenía la mirada, entrando en una especie de trance solo interrumpido por los pasos de la señora Pince. Hermione sentía una conexión extraña con Malfoy, como si en su silencio fuera capaz de comprenderla.
Después de varias semanas siguiendo la misma rutina, Hermione se había acostumbrado a su presencia. Parecía mentira que el único sitio que siempre le había proporcionado paz, se la estuviera proporcionando también a su peor enemigo. No, no era su peor enemigo. Desde hacía mucho tiempo que no lo era... Y ella no sentía que fueran enemigos. No tenía fuerzas para seguir teniendo enemigos. Ni ganas, la verdad sea dicha. ¿Qué sentido tenía tener enemigos si la vida era tan corta?
Y así eran sus días: una rutina silenciosa con Malfoy que se sentía mucho más intima de lo que habría esperado nunca. Ambos caminando juntos, en silencio, desde que sus caminos se cruzaban. Ambos en la biblioteca hasta que cerraba. Ambos sintiéndose extrañamente cómodos con el otro. En su soledad compartida. Por eso, cuando Harry se ofreció a acompañarla a la biblioteca a mediados de octubre, Hermione tuvo una sensación muy extraña en el pecho. Como si estuviera traicionando algo. O a alguien. Este sentimiento aumentó cuando se cruzaron con Malfoy y este le apartó la mirada.
—Hermione, creo que Malfoy nos está siguiendo... — murmuró Harry, cuando faltaban a penas unos metros para llegar a la biblioteca, preocupado. —¿Crees que querrá intentar algo?
—¡Harry!— susurró furiosa, temerosa de que Malfoy lo hubiera escuchado. —¡Claro que no! Siempre viene a la biblioteca... creo que quiere estar solo. —. "Como yo." pensó, mientras observaba de reojo a Malfoy. Este estaba mirando al suelo, mientras caminaba muy cerca de las paredes, como intentando pasar desapercibido.
Cuando llegaron a la biblioteca dejaron sus cosas en la mesa y Hermione había empezado a escribir en un pergamino cuando Harry le habló otra vez.
—¿Por qué crees que habrá decidido volver este año?— preguntó, pensativo, mientras se rascaba la barbilla con una pluma.
Hermione, como de costumbre, no levantó la cabeza del pergamino para responderle.—Yo qué sé, Harry. No me interesa. Supongo que habrá venido a intentar recuperar la normalidad.
—Escuché que ahora los Slytherin viven en la torre más cercana a la nuestra. Se le debe hacer muy raro no dormir en la habitación en la que no durmió durante siete años.
—Yo creo que lo debe hacer feliz.
—¿Por qué lo dices?
—¿No has visto lo mucho que le afectan a Neville algunas zonas del castillo? Nosotros no vivimos lo que ellos vivieron aquí... Las torturas, el miedo.— explicó, reflexionando por primera vez sobre el tema. Harry, Ron y ella no eran los únicos que podían tener traumas. Miró a Harry intensamente, sintiendo pena por ella, por él y por todos los que habían perdido su adolescencia para siempre. Harry debió entender lo que le estaba comunicando, porque le cogió de la mano sin decir nada y ella se sintió mejor. Se sintió un poco más en casa.
Quizá después de todo seguían siendo capaces de entenderse.
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Draco sabía que Potter y Granger estaban hablando de él. Había aprendido a reconocer esa situación. Se le hizo extraño pensar en Granger hablando de él, ¿qué opinaría ella de él ahora? ¿seguiría odiándolo? El ya no la odiaba... No estaba seguro de haberla odiado de verdad en algún momento. Se sentía terriblemente arrepentido de todo lo que le había hecho pasar. Tendría que llevar esa cruz, junto con muchas otras, toda la vida.
Siguió observando atentamente a la pareja que se había sentado a un par de mesas de distancia y vio algo que le llamó poderosamente la atención: estaban cogidos de la mano. ¿Qué clase de giro había dado la conversación? ¿Estaban juntos? Sería lo normal, después de todo siempre habían parecido más cercanos de lo que sería platónicamente correcto. Draco, sin saber muy bien porqué, se sintió más solo que nunca. Recogió sus cosas lo más rápido que pudo y se marchó dignamente sabiendo que nadie lo echaría en falta.
Sin embargo, unos ojos marrones siguieron su marcha discretamente.
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¡Y hasta aquí hemos llegado! ¿Qué opináis de mi Draco de la posguerra? Me ha gustado mucho más de lo que imaginaba narrar su punto de vista, espero haberle hecho justicia. ¿Qué imagináis que pasará en el siguiente capítulo? Por primera vez tendremos un punto de vista más optimista, con un capítulo guiado por Ron principalmente. ¡Dejadme una review con vuestra opinión sobre el capítulo, por favor!
