Spoiler del Episodio G

Durante el combate con las criaturas malignas enviadas por los titanes al santuario, Shura recuerda a Aioros y lleno de dudas va a hablar con el patriarca y cae bajo su Satán Imperial

23 – Obra – Shura y Aioros

Los ataques se habían sucedido unos a otros en días anteriores. Shura no había tenido la oportunidad de retar a sus enemigos y la estaba esperando. Pocas veces tenía la ocasión de batirse contra alguien de fuerza similar a la suya.

A solas en su templo buscó recordar la última vez… lo sabía perfectamente, hacía seis años… cuando mató a Sagitario. Aquella memoria era dolorosa y punzante; Aioros era fuerte pero en aquel momento no había utilizado ni su cuerpo ni su energía para atacar, se había dejado abatir sin defenderse. Había sido la victoria menos honrosa de su vida.

Durante todos aquellos años había evitado recordarlo; había sido un tiempo caótico, estado de alarma, movilización de guardias, el ambiente de desconfianza… Aioria hincado sobre el suelo, llorando. Shura se forzó a concentrarse, había eludido aquella sensación de arrepentimiento y de vergüenza… ni siquiera había podido llevar el cuerpo de Aioros al Santuario. Se había escapado llevando la armadura a cuestas… jamás había visto su cadáver, mejor así, no quería esa imagen en su cabeza.

Estaban entrando en una nueva guerra, no debía dudar pero… Aioros había sido amigo suyo, tan unidos como sus circunstancias lo permitieron. Por eso se involucró de forma tan personal cuando cometió traición; habían dado la alarma y los caballeros se habían movilizado; él había sido el más ágil y el más presto para acabar con su vida, para ajusticiarlo.

Lo había dejado marchar con heridas letales, incluso para alguien tan poderoso… Aioros estaba muerto y eso era obra de sus propias manos. Quedaba una duda: si el griego lo hubiera atacado, si hubiera mostrado abiertamente la maldad de sus intenciones o hubiera detectado alguna mancha en su cosmos, eso habría bastado para marcarlo como indigno. Sin embargo había sentido la pureza y la entrega en su energía y eso le desconcertaba.

Salió de su templo y bajo la escalera con pasos trémulos. La Casa de Sagitario estaba silenciosa y en penumbras; helada y hueca como debía estar la tumba de su guardián. Shura caminó hasta el centro del salón y posó una rodilla en tierra. Concentró su energía y comenzó a rezar.

–Diosa de pureza, espíritu inmaculado, aleja mis dudas con el filo de tu espada; dame consuelo con la flor de tu presencia, otórgame la sabiduría necesaria para cumplir mi misión – sus palabras se volvieron exigentes – ¡dame el poder y la victoria, infúndeme la fuerza de todo el ejército de los cielos!, no me permitas dudar por un solo hombre, no permitas que me remuerda su sangre ni su entrega… alza mi brazo en contra de mis enemigos, confiéreme tu escudo para protegerme del ataque de todos demonios y del golpe de mi vacilación.

Se quedó allí un rato muy largo, escuchando la reverberación de su propia voz en aquellos muros, no podía sentir la presencia de Aioros ni respuesta a su plegaria. Tendría que resolverlo por sí mismo, poniéndose de pie se decidió. Hablaría con el patriarca y le sacaría una respuesta.