Spoiler del Episodio G

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Cuando la guerra de declara del todo y comienzan a luchar directamente contra los titanes Camus cierra el camino con su hielo para tratar de contenerlos. Pero Lithos es secuestrada y el francés decide abrir el camino para Aioria. Cuando éste se ve en peligro, Mu los llama a todos para ayudarlo..

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26 – Fogata – Aldebarán y Camus

En medio de los terribles ataques y de la angustiosa violencia de la guerra hubo un momento de calma. Camus movió despacio la punta de sus dedos para comprobar su sensibilidad, había perdido mucha sangre, mas su cuerpo le respondió bien, quizá una centésima de segundo más lento de lo normal pero podría compensarlo.

Encendió su energía y dejó que el hielo creciera sobre sí mismo, bloqueando nuevamente la entrada al laberinto de Cronos que Aioria acababa de traspasar. Tendría que ir a apoyarle, estaba seguro, pero intuía que el momento se presentaría por sí mismo y bajo las órdenes adecuadas, por el momento debía esperar y aprovechar aquellos momentos para descansar un poco.

Una presencia tras su espalda lo hizo alertar, mas al volver no encontró a un enemigo, sino a un compañero.

–Aldebarán – saludó con un gesto casi imperceptible.

El aludido llevaba la capa cubriéndole el torso y cuando la apartó, Camus se dio cuenta de que entre los brazos llevaba algunos enseres de curación y un odre de vino. El vago pensamiento de rechazar su ayuda no duró mucho tiempo en la mente del francés. Debía reponer fuerzas.

–¿Estás herido tú también?

Preguntó en voz tenue mientras Aldebarán encendía una pequeña fogata para alejar el frío, y comenzaba a coserle los cortes más apremiantes con una aguja tan pequeña como la uña de su pulgar.

–No demasiado, ya he me he atendido las heridas.

Terminó la apretada sutura y le vendo firmemente, su cosmos se encargaría de cerrar aquellas lesiones, pero los primeros auxilios aceleraban el proceso. Sus cuerpos seguían siendo humanos, después de todo. Aldebarán le tendió una barra de pan basto y el odre de vino. Camus lo paladeó y lo encontró excesivamente dulce, pero comenzó a comer en silencio mientras el brasileño se ocupaba de las heridas de su espalda.

Al masticar fruncía el seño y pensaba que había pasado mucho tiempo desde que tuviera que someterse a un trato así, era difícil que lo hirieran, generalmente mataba con el primer golpe. Era una situación extraordinaria y peligrosa, se preguntó si podrían salir de ella con vida.

Aldebarán por su parte solo se preguntaba si el aura fría de Camus evitaba que las heridas se inflamaran pues los cortes estaban tumefactos pero parecían recién hechos, los bordes de la piel a penas y se levantaban, lo que dificultaba un poco el tomarlos con la punta curva de la aguja.

Terminó y le vendó el pecho, luego le observo ponerse la armadura de nuevo. Camus se encontró de pronto con que no sabía muy bien qué decir, por suerte Aldebarán no esperaba mucha efusividad de su parte, quizá algún comentario sobre el enemigo que se les venía encima. Camus se mordió discretamente la punta de la lengua un par de veces, pensando. Sin embargo ninguno de los dos alcanzó a decir nada, sintieron un aguijonazo en sus mentes, alguien les llamaba a otro lugar donde hacían falta, era tiempo de volver al campo de batalla.